Actions

Work Header

Pequeño gatito

Summary:

Es temprano por la mañana y Kazutora se despierta producto de los primeros rayos de sol que caen a su rostro.

Rendido de volver a dormir, no haya mejor distracción que mirar a la persona que duerme a su lado.

Notes:

"Creo que solo haré un fic de esta ship...", bueno, aquí me tienen de nuevo, a casi un mes de haber posteado el primero.
Hola de nuevo (?), ¿cómo les va? A decir verdad estas vacaciones el motor de mi inspiración ha sido lo suficientemente potente para que ahora mismo les esté posteando algo nuevo.
El prompt escogido es bastante... simple. Solamente dos novios durmiendo en la misma cama. El KazuFuyu me ha pegado más fuerte de que pensaba que, puede que traiga un tercer fic antes de regresar a mis clases.
No les quito más tiempo, espero que disfruten de la lectura /winks

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Los primeros rayos de sol que llegan a la habitación, caen sin piedad en el rostro de un chico. Al sentir su luz pegando a su rostro, emite un quejido suave, apenas audible y arruga el rostro. Cegado por la luz, su sueño se ve interrumpido lastimosamente y pone su rostro contra la almohada para poder despertar. No era común que despertase a esas horas, mucho menos porque se caracterizaba por tener el sueño pesado. Kazutora abre los ojos, con pereza levanta un poco el torso ayudándose de sus codos. Mira a su alrededor y se da cuenta que aún es temprano, demasiado temprano para su gusto. Algunas prendas de vestir están esparcidas por el suelo, un gato negro duerme a los pies de la cama y, además, a su lado alguien todavía sigue durmiendo. Su mirada se dirige a la mesita de noche, en donde reposa su teléfono móvil. Con torpeza, toma su móvil y apretando el botón de encendido, observa la hora.

Frunce el ceño y suelta un bufido para acto seguido desplomarse boca abajo sobre la almohada en la que minutos antes gozaba de un buen sueño. Otro quejido sale de su ser, dándose cuenta de algo importante: ahora no podía quedarse dormido de nuevo y tampoco le convenía, después de todo, no podría despertar de nuevo y debía trabajar dentro de unas horas más. Kazutora suelta un suspiro, ¿qué podía hacer ahora para no volver a dormir? No podía moverse demasiado porque, de lo contrario, el pequeño felino despertaría y no le apetecía levantarse para darle el desayuno, después de todo, no era su turno aquel día atender al felino.

Su mirada gira hacia la izquierda, encontrándose con un chico quien plácidamente duerme. Kazutora siente envidia de Chifuyu en ese momento, él observa que está en un profundo sueño. Su respiración era lenta y pausada, dormía abrazando una de las almohadas color celeste pastel y su rostro estaba parcialmente cubierto por la almohada. Algunos mechones de su cabello negro cubrían parte de su rostro también, sumado a ello, el pijama azul de algodón parecía darle la calidez perfecta para estar durmiendo plácidamente, su semblante evidenciaba también que dormía tranquilo. Kazutora se acomodó a su lado para poder observarlo mejor.
‘Se ve lindo durmiendo’, es lo primero que se le viene a su mente. Una de sus manos se aproxima a los mechones que cubren en parte el rostro de Chifuyu y, con la mejor sutileza posible, procede a acomodarle los mechones. Observa cómo los párpados de Chifuyu tienen pequeños espasmos por los movimientos que hace al removerle los mechones que caen sobre sus ojos. Su rostro se arruga y Kazutora detiene su accionar casi al instante. Se queda quieto hasta que el rostro se Chifuyu vuelve a relajarse.

Ahora que ha acomodado su cabello, tiene una mejor vista para contemplarlo. No era primera vez que miraba a Chifuyu a la cara, era cotidiano relacionarse con él y vivir el día a día junto a él, pero no siempre tenía la oportunidad de observar mejor los detalles de su rostro: sus pestañas, de cómo éstas le daban una mirada más fina, su piel que en contraste a la de él, era un tanto más pálida, su nariz la cual por la perspectiva que estaba parecía más pequeña y sus labios, finos y delgados.
Su mano, la cual había usado para acomodar los mechones de Chifuyu, descansa ahora sobre la almohada junto a él. Un suspiro sale de Chifuyu, su rostro se ve calmado, la respiración permanece siendo lenta y pausada. Kazutora también suspira. Él ama a Chifuyu.

Su concepción sobre el amor siempre había sido poco tocado por su persona. Sus recuerdos sobre sus padres no le daban una concepción sana sobre el amor. Es más, de muy joven entendió que lo que pasaba con sus padres no era amor, teniendo en cuenta el daño físico que infringía su padre hacia su madre. Pero al ser un niño, le restaba importancia, después de todo el tópico entre los niños de su edad no estaba el amor hacia otra persona. Con el transcurso de su adolescencia y su adultez, el tópico no era demasiado relevante para su vida, nunca le tomó el peso necesario, hasta que Chifuyu llegó a su vida. Se habían conocido antes, sí, pero ocurrió de manera fugaz y no de una buena forma. Es más, Kazutora siempre quedó con la sensación de que Chifuyu estaba disgustado de su persona, pero no iba a juzgarle, pues sus pecados no eran fáciles de perdonar.

No obstante, se sorprendió cuando llegó cuando sus 10 años en la cárcel acabaron. Estaba ahí en un auto y cuando Chifuyu iba manejando, le propuso algo que iba a cambiar la dirección de su vida. En realidad, Kazutora no sabía qué hacer con su vida, después de todo, ya habían pasado 12 años casi continuos que pasó tras las rejas, no poseía planes a futuro, salvo seguir perteneciendo a la pandilla que fundó con sus preciados amigos. Pero a esas alturas, todos ellos ya tenían planes, él no. Nunca logró proyectarse en el futuro y en algún momento pensó que acabar con su vida era una vía perfecta para expiar sus pecados. No obstante, la propuesta de Chifuyu le había otorgado una pequeña luz a su vida que poco a poco se fue convirtiendo en el camino que quería seguir a su lado.

De manera espontánea, Chifuyu entró a su vida de manera natural y sutil, dejó que se involucrara en su vida y dejó que confiara en él. Con el paso del tiempo, tenían una seguridad mutua inquebrantable y estaba para él cuando sus debilidades lo atormentaban. Sus palabras lo reconfortaban, eran como un gran abrazo acogedor y cálido, su corazón poco a poco empezó a caer en los encantos naturales de Chifuyu.

El tiempo pasó y las cosas sucedieron de forma natural. Establecieron una relación sentimental, aunque no deseaban contárselo a todo el mundo, era mejor que no todos supieran de su relación, después de todo ya estaban conformes de hacer reuniones mensuales para pasar el tiempo todos juntos: era mucho mejor saber de los demás que anunciar una relación sentimental que muy probable dejaría a muchos boquiabiertos. Pese a que su convivencia en el apartamento de Chifuyu había iniciado una vez que Kazutora había salido de la cárcel, la única diferencia era que antes poseía una habitación para él, ahora dormía junto a Chifuyu. Y estaba ahí, observándolo cómo dormía. En ese momento, Kazutora pensó que Chifuyu parecía un gato durmiendo. Aquel pensamiento hizo que una sonrisa se dibujara en su rostro.

Y en su mente pasó un nuevo pensamiento: ¿debería tomarle una foto? No era una mala idea, al menos para él. Sigilosamente se gira para tomar de nuevo su teléfono móvil. Procura dejar todo en silencio por el momento, incluyendo el sonido de su cámara, no quería que Chifuyu se despertara. Una vez que tiene todo en silencio, vuelve a estar en la posición en la que estaba antes. Con el móvil en la mano enfoca la cámara. No es bueno tomando fotos, así que tarda un poco en poder agarrarle el ritmo. Juega un poco con las opciones que el moderno móvil le entrega: el brillo, el enfoque y los modos de luz, son algunas cosas que configura sin querer y, en la parte superior de la pantalla, infiere que son opciones como el flash y el temporizador, así que decide no tocar nada de aquello. Se siente un poco frustrado mientras hace intentos de enfocar bien y ajustar el brillo lo que provoca que frunza el ceño, tanto tiempo tras las rejas ha hecho que no se pudiese adaptarse bien a las nuevas tecnologías, al menos no tan rápido como los demás, pero no se rinde y continúa acomodando la cámara con tal de capturar la foto perfecta. Su rostro se ilumina cuando por fin logra manejar todo y logra encontrar el que siente como un enfoque perfecto. Su pulgar presiona un gran botón blanco en la parte inferior de la pantalla y la foto ya está tomada. Se emociona cuando va a la galería y la foto está ahí adentro de los álbumes de “Recientes”.

Aquello es más que suficiente para él, por lo que decide que es momento de dejar su teléfono móvil en donde estaba. Apaga la pantalla, no sin antes presionar el botón de Inicio para cerrar la galería de fotos. Se gira para colocarlo sobre la mesita de noche, pero un mal movimiento provoca que el móvil caiga de manera estrepitosa al mueble. El sonido es más que suficiente como para que Kazutora se sobresalte y se congele. Siente que a su lado Chifuyu también lo escucha, pero parece sólo su cuerpo reacciona con un pequeño sobresalto, e intuye que al parecer no despierta. Suelta un suspiro mientras en su mente se dice que debe tener más cuidado para una próxima vez. Nuevamente se acomoda cerca de Chifuyu y vuelve a observarlo, sólo que esta vez, permanece un poco más cerca de él. El tiempo pasa lento, pero es mejor así, de todos modos, él quiere permanecer junto a Chifuyu.

“Me pregunto en qué estás soñando”, murmura Kazutora, acto seguido, se aproxima a Chifuyu para darle un suave beso en la frente.

“En realidad, estoy despierto”, dice Chifuyu, provocando que Kazutora se asuste.

“¿¡Eh!?”

Los ojos de Chifuyu se abren de manera perezosa y emite un quejido mientras se restriega los ojos con las manos. Kazutora se siente algo avergonzado.

“¿Desde cuándo que despertaste?”, pregunta Kazutora, incrédulo.

“Hace unos momentos”, responde con voz ronca y perezosa, mientras se estira. “Oí que se caía algo”, añade.

‘Debí suponerlo’, se dice Kazutora a sí mismo. Los estiramientos de Chifuyu hacen que el pequeño felino, quien estaba a los pies de la cama despierte también. El animal se estira y maúlla en una forma de decir un "buenos días" a sus dueños. Chifuyu trata de incorporarse y sentarse en la cama, lo hace con lentitud y pereza. Se rasca la nuca, bosteza y limpia las lágrimas que han salido del bostezo. Kazutora se mantiene ahí, ya que no le apetece levantarse en ese momento.

“¿Y tú?, ¿cuándo despertaste?”, pregunta Chifuyu ahora, volteándose para ver a Kazutora.

“No hace mucho tiempo”, miente. En realidad, lleva más tiempo de lo que él le dice, no sabe cómo calcularlo, no obstante, está seguro de que es mucho más tiempo. Chifuyu parece tragarse esa pequeña mentira. El pequeño felino vuelve a maullar y se acerca a Chifuyu, en búsqueda de afecto y caricias.

“Buenos días”, canturrea Chifuyu con voz suave, mientras consciente al minino. Su mano pasa por la cabeza del pequeño animal y finaliza por el lomo de este. El gato ronronea de felicidad y se acerca más a su humano mientras pide más caricias. Chifuyu le sonríe al gato mientras mantiene sus caricias suaves y pausadas.

Mientras, Kazutora permanece sin moverse, fingiendo dormitar ya que lo único que ha hecho es cerrar los ojos. Era como si de repente toda la energía se la hubiera drenado alguien más y ya no quería levantarse, mucho menos que le tocaba ese día abrir la tienda de mascotas.

“Ah sí”, dice Chifuyu. Kazutora alza una ceja mientras permanece con los ojos cerrados. El contacto de sus labios con los de Chifuyu lo sorprenden y hacen que tenga un pequeño escalofrío que recorre su cuerpo. El tacto es delicado, suave y un poco agridulce. El beso de buenos días no estaba incluido en la rutina de ambos, no obstante, Kazutora no protestó y correspondió. Pero el beso sólo duró unos instantes, el chasquido fue la señal para hacer saber a Kazutora que sólo había sido uno pequeño y corto. “Buenos días a ti también", murmura Chifuyu con suavidad.

“...Buenos días”, balbucea Kazutora.

El beso, a pesar de ser corto, fue suficiente como para que Kazutora se sintiera energizado, aunque sea de manera parcial. Aun así, le es suficiente como para que también se incorpore y se siente en la cama, estando al lado de Chifuyu. Sus brazos, de forma casi mecánica, van en busca de envolver la cintura de Chifuyu. Su cabeza se acuna en el hombro de éste. Chifuyu no parece reaccionar, es más, se había acostumbrado a ese tipo de cercanía y tacto. Fingiendo ignorarle, Kazutora emite un quejido.

“¿Sucede algo?”, inquiere Chifuyu.

“¿De verdad tenemos que trabajar el sábado?”, Kazutora le devuelve la pregunta.

Un sonoro suspiro sale de Chifuyu. No era la primera vez que la pregunta salía a flote. Antes, se enfurecía y lo reprendía, ahora, intentaba darle las mismas respuestas, solo que cambiaba el orden o añadía palabras. “Agradece que los sábados es un horario diferente”, responde él como si se hubiera aprendido la respuesta de memoria, “además, sabes que hay que preocuparnos de los animales”.

El pequeño gato, gira sobre su eje unos momentos para recostarse en el regazo de Chifuyu. Kazutora no parece querer responder, eso o estaba pensando en otra cosa.

“¿No podemos pasar un momento juntos?”, pregunta ahora.

“Eso siempre queda para las noches”, replica Chifuyu sin emoción alguna.

Otro quejido sale de Kazutora. Chifuyu no dice nada, solamente se dedica a acariciar al felino, quien está a gusto sobre su regazo dormitando y ronroneando. Siente como los brazos de Kazutora tratan de moverlo para atraerlo a él. La cabeza de Chifuyu se ladea haciendo contacto con la cabeza de Kazutora.

“Jefe”

“¿Sí?”

“¿Puedo pedir permiso para...?”

“Ya no tienes más permisos este mes”, interrumpe Chifuyu.

“¿¡En serio!?”

“Te avisé hace unos días”, dice Chifuyu con seriedad, “¿acaso lo olvidaste?”

Kazutora termina soltando un bufido como respuesta. Lo ha intentado de todo para ganar algo más de tiempo, pero se rinde. Sabe que al final y al cabo tendrá que abrir la tienda como le corresponde. Al menos tiene en mente que lo intentó. Alza la cabeza y le da un rápido beso en la mejilla a Chifuyu, como si nada hubiese pasado. Suelta a Chifuyu del agarre, se despoja de las sábanas que cubren parte de la cintura hacia abajo y se levanta de la cama. Se estira de nuevo. El gato, quien estaba atento a los movimientos, abrió de golpe los ojos y maúlla. El felino también se estira y se baja de la cama yéndose de manera casi automática hacia la cocina. Chifuyu alza una ceja ante repentina acción y mira de reojo a Kazutora.

“¿Quieres el desayuno en la cama?”, propone Kazutora.

Chifuyu se sorprende. “¿Qué?”

“Desayuno. Desayunemos en la cama”, insiste Kazutora en un tono inocente.

Tan pronta fue su sorpresa, su semblante cambia a desagrado. No es que la propuesta le disgustara, el problema era que Kazutora no se caracterizaba en ser un buen cocinero y sus habilidades en la cocina eran casi nulas. Además, que mucho de lo que intentaba preparar quedaba no apetecible y, al no contar con demasiado dinero la mayoría de las veces, se veía forzado a comer de todos modos.

“¿Estás seguro de que lo vas a preparar tú?”, ironiza Chifuyu.

Kazutora asiente, seguro de su decisión. “No creo que sea tan complejo hacer huevos revueltos con tostadas”, y se encoje de hombros.

El rostro de Chifuyu se relaja ante la respuesta. Teniendo en cuenta que era algo bastante sencillo, a lo mejor no le quedaría tan mal, ¿qué podría salir mal cocinar huevos revueltos?, la probabilidad de que algo malo pasara era prácticamente baja. Toma un poco de tiempo para que responda, Kazutora ya ha avanzado y espera su respuesta en el umbral de la puerta.

“Hmm, bueno, si tanto insistes”, responde Chifuyu, ladeando una sonrisa.

La respuesta hace que a Kazutora se le ilumine el rostro y una sonrisa apareciera. “Eso sí... ¿puedo pedirte algo?”

“¿Hm? Claro”

“¿Puedes prepararme el café?”

“¿Otra vez?”, se queja Chifuyu, alzando una de sus cejas otra vez.

Kazutora ríe un poco. “Es que sólo tú sabes cómo me gusta el café”, admite.

Chifuyu deja escapar un suspiro y sonríe. El pequeño gato, ya está rondando por la cocina paseándose por los muebles en búsqueda de la comida. Al igual que Kazutora, quien animadamente busca todo lo que necesita para hacer el desayuno. Un ‘ahora mismo le doy de comer al gato’ sale de Chifuyu, quien se levanta y se estira para empezar un nuevo día.

Es un cálido sábado por la mañana. El sol anuncia que el clima será agradable por el día y dos dueños de una tienda de mascotas tienen un largo día por delante.

Notes:

Voy a serles sincero y no me esperaba taaanto apoyo del fandom. Entiendo que en primer lugar, está muy activo por lo que, es obvio que el primer fic haya tenido taaan buen recibimiento. Hasta el día de hoy sigo recibiendo kudos y es tan extraño para mi. Además, el ship es tan lindo que he encontrado gente con la cual intercambiar palabras e ideas sobre la ship que es otro motivo por el cual seguiré escribiendo para ellos, ¿hasta cuando?, no sé y espero poder seguir aportando.
Así que les doy las gracias por el apoyo porque me hace sentir bien. Escribo porque me gusta y lo posteo cuando se me de la gana, así que estoy muy feliz por tener tan buena aceptación por parte de ustedes.

Si desean seguirme en mis redes, en Twitter me encuentran como @iNATTO (sí, nuevo @ porque el otro no me gustaba mucho) y también poseo cuenta de arte en Instagram la cual es @moee.trash (no he subido nada nuevo, lol, pero pronto lo haré y, quien sabe, dibuje KazuFuyu también, pero no sera tan bonis como el de las japos (??))

No les quito más tiempo, kudos y comentarios son bien recibidos y nos estaremos viendo en un nuevo fic. <3