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La cosa más humana de todas

Summary:

Tras su lesión, Gai necesita recuperar su salud… y su vida sexual.

Notes:

Tenzou sale mucho en esta historia y tiene un papel muy importante a lo largo de la trama. Sin embargo, tenga en cuenta que esto es KakaGai/Gaikaka, (incluso si puede parecer que hay un poco de Gai/Yamato por ahí). (Decidí usar Tenzou en lugar de Yamato porque me gusta más como suena).

Ya está terminado, subiré uno cada dos días aproximadamente

Chapter Text

Gai sabía que habría consecuencias después de la recuperación por abrir la octava puerta en su última batalla. Había creído que moriría, entonces no hacerlo lo había arrojado directamente a una nueva vida para la que no estaba preparado.

Entendía mucho más de lo que Tsunade creyó que haría y Gai percibió todos esos pequeños cambios desde el momento que abrió los ojos.

Su nueva y precaria habilidad en taijutsu, la poca corriente en su red de chakra, la pierna.

La silla de ruedas.

No necesitaba que un médico le señalara que su vida cambiaría completamente una vez que saliera del hospital. Gai lo sabía mejor que nadie. Lo entendía. Lo aceptaba. Simplemente buscaría una nueva forma de vivir y continuaría construyendo sus sueños como lo había hecho hasta ahora.

Lo que no esperaba era que su vida también cambiaría en otros ámbitos mucho más personales. Incluso si era algo lógico de pensar, probablemente había pasado desapercibido debajo de la euforia de todos sus nuevos entrenamientos y la emoción por haber sobrevivido a una batalla como esa.

— Bueno, Gai — Tsunade barre la mesa de su escritorio con el papel, dando algunos golpes nerviosos y divertidos antes de arquear una ceja en su dirección — Eres joven, no entiendo porque pareces tan impresionado.

Voluntariamente, decide ignorar la sonrisa interesada en Tsunade y baja la mirada a sus pies. El yeso blanco parece brillar esa mañana y Gai parpadea un poco confundido.

— Perdón, Tsunade-sama, pero, ¿esto es necesario?

Tsunade decide reír, asintiendo y pareciendo aún más divertida con la cuestión. Es como si Gai estuviera contando un chiste que no entendía.

— Bueno, lo es, ¿cómo esperas recuperarte entonces? — Su mano con esmalte rojo acaricia la hoja y sus mejillas parecen un poco rojas cuando baja la voz — No es como si pudiéramos ayudarte en ese aspecto.

El rostro de Gai se sonroja gravemente con la línea y sacude las manos delante de él. Afuera algunas aves cruzan la ventana y Gai finge mirarlas para no tener que ver la cara de Tsunade.

— Considéralo una terapia, Gai — el tono serio de un médico profesional regresa a Tsunade en medio segundo — Hiciste toda esa terapia para volver a comer sólidos, para mover los brazos, caminar en un pie, usar la silla de ruedas. Esto no es diferente a un entrenamiento.

La palabra clave es esa y las cejas de Gai se arquean con interés. Podría tener más de treinta, pero todavía era el mismo mocoso que se emocionaba cada vez que alguien lanzaba a la mesa algo ridículamente arriesgado y lo llamaba "entrenamiento juvenil".

La emoción, sin embargo, no dura mucho. Los dedos de Gai se aprietan llenos de sudor en su regazo y necesita tragar cuando habla.

— No sé cómo hacerlo.

Hay un momento de silencio entre sus palabras y la risa de Tsunade que se siente increíblemente espeso y vergonzoso.

Las mejillas de Gai se calientan más, y la risa de Tsunade apenas se controla de ser un ataque de risa cuando aprieta los dientes.

— ¿Qué cosa no sabes hacer? — Tsunade se inclina de nuevo y a Gai le parece que su escote es demasiado llamativo a mitad de una conversación tan vergonzosa y vuelve a ver la ventana, sintiendo el pulso de su corazón en sus oídos.

— Pues, la... masturbación — nunca fue alguien que se avergonzara de la bella naturaleza de una juventud saludable, pero es la primera vez que parece inexperto y ridículamente tonto al respecto.

Tsunade muerde su labio inferior para no reír, mirando a Gai con incredulidad hasta que el contacto se vuelve incómodo y la hace reclinarse en su silla.

— No es nada sorprendente, solo tómalo con una mano y luego acariciarlo hasta que...

— ¡Sé cómo hacerlo! — la voz de Gai es alta en un tono inusualmente nervioso. Su mano se tambalea junto a la copia de papel que le dio Tsunade — Lo hice antes, pero siempre fue cuando mi cuerpo lo necesitaba, nunca... lo provoqué.

Las delgadas cejas de la quinta Hokage se levantan en entendimiento ante su línea y deja ir un silbido divertido. También hay interés, pero hay más diversión que cualquier otra cosa,  como si estuviera disfrutando fuertemente saber de su vida privada (lo que claramente hacía).

— Entiendo — sus uñas llenas de laca hacen un ruido en el escritorio de madera antes de que sus ojos brillantes lo miren — Generalmente las personas buscan cosas para provocar esa excitación. Ya sabes, pornografía, parejas, prostitutas — su ceja se curva — Así que solo tienes que buscar algo que te provoque excitación e intentarlo hasta que funcione.

Gai traga ante la palabra dolorosa y evita con todas sus fuerzas ver su propio cuerpo. Especialmente, lo que había entre sus piernas, algo que hasta ahora no había dado signos de seguir siendo funcional.

— Si no haces algo por eso ahora tu sistema circulatorio no va a reaccionar después, entre más tiempo dejes pasar, peor será, y menos posibilidades tendrás de volver a ser un chico normal con erecciones.

El ceño de Tsunade es un regaño y una orden. Algo indiscutible con lo que Gai no tiene capacidad para luchar. Además, sabe que Tsunade tiene razón y la sexualidad era natural y saludable para su cuerpo. Recuperarlo era una prioridad.

Gai tiene el impulso de dar un pulgar y sonreír, confiando en que todo va a estar bien y sabrá hacerlo adecuadamente. Lo que sería una mentira muy grande y para lo que no estaba seguro de enfrentarse solo.

Dai había sido muy discreto cuando le dio "la charla" y el resto de las cosas las aprendió en la academia ninja antes de comprender toda la teoría él solo durante su adolescencia.

— Tsunade-sama... no quiero ser irrespetuoso, pero... ¿cómo se supone que lo haré?

Con la poca paciencia de Tsunade, Gai espera que lo eche de la habitación en ese momento. Especialmente cuando había preguntado por un tema sexual directamente a la mujer que tenía fama de romper todos los dientes a cada persona que se había atrevido, pero Tsunade era una profesional.

— Ya te lo dije, Gai, pornografía, parejas, pros...

— Entiendo eso — Gai levanta las manos de nuevo para evitar la parte de las trabajadoras sexuales — Lo que quiero decir es, ¿cómo voy a conseguir una de esas cosas? ¿Cómo sabré si lo que veo está bien? ¿Qué cosas son adecuadas y cada cuánto...?

— Oh, Gai, para por favor — el sonrojo vuelve a Tsunade, aunque esta vez parece más algo de pena — Solo busca algo que te guste. ¿De acuerdo?

Gai se encoge lentamente. Alguna vez Ebisu y Genma hablaron de cosas por el estilo, pero Gai jamás estuvo interesado en cosas sucias y vulgares. Nunca encontró excitación y no sabía cómo empezar a hacerlo.

— Es que... no lo sé...

— ¿No lo sabes? — La voz es más dura y áspera, pero Tsunade luce lo suficientemente intrigada para dejarlo ir — ¿Jamás te preguntaste qué te gustaba? ¿En qué pensabas cuando te masturbabas antes de esto?

Los recuerdos parecen tan lejanos que Gai necesita hacer memoria, mirando a la ventana y pensando en esos días acalorados donde despertaba con una erección y no se iba hasta que la aliviaba en la ducha con caricias avergonzadas y rápidas.

— Nada en particular, solo lo hacía velozmente y me concentraba en la sensación... ¡mi cuerpo nunca necesitó nada más!

Tsunade rueda los ojos ante el tono de voz excesivamente alto, pero no lo reprende. La hoja con los resultados en su mano es una bola de papel ahora y la estira contra el escritorio cuando da una vuelta.

— Escucha, Gai, el personal médico no puede ayudarte con esto — naturalmente, Gai está de acuerdo, pero Tsunade da una especie de señal — Solo tú puedes ayudarte a ti mismo, y si no lo pensaste antes, es hora de comenzar a hacerlo.

Su silla retrocede y Tsunade saca del cajón de su escritorio un pequeño mapa de Konoha, señalando con su dedo largo y fino un punto.

— Aquí puedes conseguir algunas cosas para ti, pero antes de eso necesitas saber tus gustos — sus ojos furiosos lo miran — Tienes treinta y dos años, Gai, eres malditamente joven como para renunciar a tu sexualidad, todavía puedes hacer muchas cosas. ¡Hay tanto sexo esperando delante de ti!

La indignación en su tono es impresionante. Gai la admira y respeta por eso. De alguna manera le da una especie de fuerza para dar un asentimiento efectivo.

— Pídele consejos a alguien con experiencia para iniciar tu vida como un soltero normal y mete esa mano a tus pantalones de una maldita vez. Si no consigues una erección en poco tiempo, no creo que puedas volver a hacerlo.

El discurso termina con Tsunade anotando la dirección en la hoja arrugada y extendiéndosela a Gai bruscamente.

No necesita mirar exactamente para saber lo que es, pero pestañea con miedo cuando ve la dirección de la Sex Shop en un recuadro.

— Bueno, eso es todo lo que puedo hacer por ti — lentamente regresa a su lugar, cruzando sus brazos bajo su pecho — Considera que puede ser doloroso al principio, así que trata de excitarte lo más que puedas para no lesionarte. No recomiendo lanzarte directamente al sexo. Busca estímulos visuales, si aprendes lo suficiente a controlar tu deseo, podrás hacerlo después con una persona real y no habrá razón para que pases el resto de tu vida sin orgasmos.

Es un discurso bastante motivador y Gai asiente, guardando el papel en su bolsa al lado de su silla de ruedas y tratando de dar una reverencia decente antes de retroceder en la habitación.

— Buena suerte, Gai.

Tsunade guiña un ojo de forma amistosa y Gai le devuelve una sonrisa ante sus deseos.

Por primera vez, está seguro de que la necesitará.


El camino a su departamento es agotador incluso cuando solo era una pequeña brecha. Si solo pudiera levantarse, cruzaría todo Konoha en dos segundos, ¡o uno! Gai jamás había contado el tiempo del hospital a su casa porque siempre hacía largas paradas en el campo de entrenamiento, lo que todavía no podía hacer eficientemente sin desmayarse a la mitad.

No excederse era la recomendación y después de que cada persona que conocía lo reprendiera, Gai había aprendido a contener su impulso de entrenar hasta su límite.

Era mejor tomar largos descansos entre entrenamientos y recostarse si estaba cansado. Sakura le había dicho que si seguía sus instrucciones podría volver a entrenar eficientemente y Gai confiaba en eso con todas sus fuerzas.

Tsunade había sido un poco más realista todo el tiempo. Incluso ahora, con esa nueva noticia y el papel enroscado en la bolsa de su pantalón, le reiteraba que todavía faltaba mucho por hacer.

Gai no estaba en contra de recuperarse, pero se había empeñado tanto en su salud muscular y en su entrenamiento como shinobi que la nueva orden era un poco extraña. Repentina. Incómoda. Inusual.

Sin embargo, no hay nada de malo en revivir esa parte de él,  por supuesto, así que decide no sentirse avergonzado y sonríe para sí mismo,  recorriendo la última parte del pasillo antes de entrar a su viejo departamento en la zona habitacional de Konoha.

Desde que salió del hospital, todo había sido recuperación y un logro en sí mismo. Llegar a casa, cocinar, ejercitarse, dormir sin fármacos e intentar no desmayarse antes de terminar cualquiera de las otras cosas eran algunos.

Gai suspira, pensando en comenzar su rutina y tratar de relajarse, pero se conocía lo suficientemente bien para saber que fingiría estar lo suficientemente inmerso en guisar verduras y hacer quinientas flexiones como para prestar atención a su verdadero y nuevo problema.

— Bueno, supongo que no tiene nada de malo si lo intento ahora mismo — Gai sonríe desafiante, suspirando y sintiendo la pequeña hoja quemar en su bolsillo derecho.

Antes había tenido suerte con su entrenamiento. Probablemente si lo intentaba sucedería a la primera vez y no tendría nada más porque preocuparse. ¡Todo era cuestión de confiar en su capacidad!

— ¡Yosh! — Gai casi salta a su habitación, dejando sus cosas en la canasta de la ropa sucia mientras elige su pijama y pantuflas interiores del ropero.

En el pasado se había masturbado en la ducha la mayoría de veces. Muy pocas en la cama, donde se arrepintió de hacerlo cuando tuvo que lavar las sábanas y las almohadas después de esos accidentes, por lo que prefería no hacerlo en ese lugar.

Además, había algo mágico en el flujo del agua y el olor a limpio que lo volvía algo íntimo y agradable. Gai siempre lo había considerado de esa manera, era mucho más cerrado y rápido, lo suficientemente controlado para evitar que pudiera pensar demasiado en cualquier cosa.

Lentamente se mueve a la ducha ahora, brincando en su pie bueno sobre la alfombra antideslizante que había llevado TenTen y sosteniéndose de los pasamanos que colocó Lee la primera semana que salió del hospital.

Incluso si eso era diferente, esperaba que su cuerpo reaccionara. ¡Bien! Necesitaba su memoria muscular ahora más que nunca. Tenía fe en que lo podría lograr.

Con un movimiento veloz apoya su cuerpo en una mano cuando cruza al reducido espacio antes de girar el grifo el agua caliente y humedecer un poco su piel. Deja que el vapor lo caliente unos momentos, empañando las baldosas de la habitación hasta que parece estar listo.

Difícilmente coloca un poco de champú en su mano derecha, lo suficiente para que parezca adecuado y suavemente conduce sus dedos a su pelvis.

La piel es extremadamente sensible, pero no de la forma en la que tendría que serlo y Gai hace una mueca, sosteniendo su flácido pene con delicadeza antes de simular una caricia provocadora.

No hay ninguna reacción. El chispazo de la excitación no llega y Gai da un suspiro nervioso, intentando con un poco más de velocidad que se siente doloroso y algo tonto cuando su carne sigue colgando inerte en sus dedos.

Sabe que a los dieciocho años eso hubiera bastado para llevar su excitación a la cúspide, pero no puede pensar en otra cosa además de la cicatriz que cruza su pene desde la base a la punta como un trueno.

Había sido un milagro de la medicina de Tsunade recuperarlo, y había sido un excelente trabajo en su opinión. Apenas una cicatriz blanca cruzaba lo largo, pero por lo demás, lucía exactamente como siempre.

Gai coloca un poco más de champú en su mano para intentarlo de nuevo, pero el pinchazo de dolor en el vientre y la rápida irritación en la piel le dicen que lo está haciendo mal.

Claramente Tsunade tenía razón.

Necesitaba despertar el deseo en su cerebro antes de despertarlo en su cuerpo. Era la lógica simple de una saludable terapia.

Con una mueca de derrota Gai enjuaga sus manos pegajosas por el champú, frunciendo el ceño ante su pelvis intacta antes de girar al chorro de agua cuando abre nuevamente la regadera.

Bueno, no había nada de qué preocuparse todavía.

Solo había sido su primer intento. Gai estaba seguro de que pronto todo volvería a ser como antes si encontraba las herramientas adecuadas.

Pero... probablemente necesitaba un consejo.


La rutina de Gai es un poco simple considerando su rutina antes de la guerra, pero definitivamente es mucho mejor que estar en el hospital, incapaz de ir al baño sin la ayuda de alguien.

Después de su terapia física en el hospital, Gai se envuelve en sus propios retos. Le tomó más de lo que estaba orgulloso establecer un entrenamiento que no terminara en el colapso, pero Gai había aprendido todo con prueba y error. No era la primera vez que terminaba sin poder moverse luego de un entrenamiento satisfactorio. Herirse a sí mismo fue algo con lo que eventualmente aprendió.

Sin embargo, no podía darse ese lujo a menudo. Había decidido que tenía más cosas por hacer en su nueva vida y guardaba energías para seguir arrastrándose en la aldea y hacer un par de cosas extra.

Visitaba el cementerio tres veces a la semana, el resto de los días pasaba a la oficina del Sexto Hokage por un estimulante desafío con su valioso Rival.

La idea de que Kakashi lo siguiera reconociendo como un igual era una de las cosas que lo habían mantenido a flote. Su Rival no parecía mentir cuando se interesaba en un reto y jamás había lucido más honesto compitiendo con él.

Luchar con Kakashi en su condición era algo que todavía no podía permitirse, pero eso no significaba que no podía tener otra clase de asombrosos desafíos.

Aprendió más juegos de mesa de los que pensó que le gustaría, y también ejercicios de resistencia que por alguna razón su Rival no había desarrollado del todo en tantos años siendo shinobi y lo llevaban a un empate demasiado seguido.

Su capacidad para leer a su Rival lo había hecho ganar puntos en algunos juegos de mesa también, aunque Kakashi ganó el mismo número de veces por las mismas razones.

Eso fue algo justo. Compitiendo en términos de igualdad como hasta ahora. Gai no podría sentirse más satisfecho y seguro de sí mismo cuando estaba con él.

Sin embargo, hay algo especialmente incómodo cuando termina con Kakashi esa tarde que no había experimentado antes.

Durante todos sus años de vida había compartido con él todas sus experiencias, gritando cada cosa de su día con emoción y entusiasmo. Pero ahora, por una vez, parecía que Gai necesitaba aferrarse a su privacidad.

— Entonces... ¿seguro que estás bien? — Kakashi murmura sobre las piezas de Shogi, dándole una mirada curiosa antes de hacer su movimiento.

Gai apenas lo escucha, asintiendo y moviendo una pieza en su tablero hacia ningún lugar en particular — Estoy bien, Rival, ¡nada de qué preocuparse!

Su guiño es brillante, pero poco convincente para los dos.

Todo el día había estado pensando en pedirle un consejo a Kakashi. Tsunade había dicho que preguntara a otros solteros de su edad sobre la forma en la que lo hacían, y Kakashi había sido famoso por leer Icha Icha delante de cualquier persona.

No dudaba que su Rival tuviera una sexualidad saludable. Erecciones saludables. Masturbación saludable. Pene saludable.

La idea es increíblemente bizarra, pero absolutamente natural de asumir.

Aun así, no puede hacer la pregunta.

Cada vez que piensa en preguntarle cómo se masturba o con qué, su cerebro parece derretirse adentro.

Había algo particularmente vergonzoso en admitir que no podía tener una erección, especialmente a Kakashi.

No creía que eso lo hiciera menos valioso o menos hombre. Jamás importó. Pero eso no evitaba que un sentimiento desconocido le apretara la garganta. Era peor que admitir una debilidad, había un sentimiento misterioso tirando de sus tripas.

Vértigo.

Inexplicable miedo.

— No pareces tú mismo hoy — el tono neutral de Kakashi disfraza bastante mal su preocupación.

Es algo que usó cuando Gai despertó en el hospital hace un par de meses, y también cuando se rompió todos los huesos a los quince años. No era nada nuevo para escuchar, aunque por primera vez Gai casi lo lamenta.

— ¡Soy yo mismo, Rival, brillante ante la preciosa primavera! — sube un pulgar, al mismo tiempo mueve una pieza y frota su mano con nerviosismo.

No sabía cuál era el problema con decirlo, no creía que Kakashi se burlaría de él (no particularmente) pero al considerar las palabras simplemente se sentía demasiado nervioso.

— Bien — Kakashi se recarga en su escrito, moviendo una pieza con la punta de su dedo antes de mirar a Gai — Entonces, si estás bien, ¿por qué no te diste cuenta de que gané hace cinco minutos?

Gai parpadea hacia el tablero, notando finalmente la posición de las piezas que había ignorado todo ese tiempo de forma impecable. Probablemente Shikamaru vomitaría al ver la jugada mediocre de Gai.

— Ah, lo siento mucho, Rival, creo que estoy algo cansado — Gai se rasca inocentemente la nuca— Solo necesito dormir, no pasa nada, ¡mañana te derrotaré, ya verás!

Claramente su Rival no le cree, pero ambos miran el reloj en la pared y faltan un par de minutos para que la hora que Kakashi dedicaba a Gai terminara.

Para ese punto, Gai comenzaba a despedirse y levantar todo mientras Kakashi hacia su pregunta regular antes de separarse.

— ¿Necesitas algo más, Gai?

Sus labios se fruncen y por un momento quiere decirlo abruptamente en un impulso tonto antes de sentirse cobarde y volver a negar, dejando que Kakashi le dé una suave palmada en el hombro que dura demasiados segundos.

— No, estoy bien, Rival, gracias.

Kakashi no parece satisfecho con eso pero deja que su mano se resbale de su hombro, permitiendo que Gai se mueva hacia la puerta con el juego de Shogi en su regazo.

— Tal vez pase a tu departamento después — murmura, pero antes de que sus palabras puedan parecer mínimamente creíbles, Shizune ya está adentro, diciéndole un montón de cosas pendientes que dejan a Gai fuera de la escena, haciendo que se escabulla rápidamente por la puerta principal.


Muy rara vez su Rival lo visitaba en su departamento. Hacia promesas de ir casi a diario, pero no era algo que su papel como Hokage podía permitir.

Gai no se quejaba por eso. Ser Hokage era un privilegio asombroso y estaba feliz de que su Rival pudiera cumplirlo. Además, después de que Kakashi se tomara la molestia de sacar una hora para él casi todos días era suficiente. No podía pedir más. Una hora con Kakashi bastaba para sentirse animado de nuevo.

Desgraciadamente no funciona en esta ocasión y cuando cruza hacia la zona departamental apenas tiene fuerzas de tirar de sus ruedas en el camino rústicamente pavimentado.

— ¡Gai-sensei! — la voz de Lee llega como una bendición esporádica y Gai detiene su andar, saludando a su alumno antes de que lo alcance en la esquina, dando una reverencia larga que lo hace sentir vagamente orgulloso.

— Lee, ¿vuelves de tu misión? — Gai sonríe con todas sus fuerzas, escondiendo su preocupación y afortunadamente pasando desapercibida para Lee.

— ¡Sí, sensei! Acabo de terminar mi informe con el Hokage — Lee brilla con su propia sonrisa antes de mirar el camino — ¿Va a casa justo ahora? ¡Tal vez podría llevarlo ahí, contaría como un entrenamiento adicional!

Gai no tiene oportunidad de aceptar, pero no se niega cuando Lee empuja y lo deja descansar unos momentos sobre las calles, sintiéndose afortunado y relajado con la conversación animada de Lee sobre su misión. El chico siempre lo hacía sentir mucho más joven de lo que era.

El camino se siente agradable y corto con su alumno. Joven y fuerte. En la edad donde seguramente estaba experimentando muchas cosas nuevas y propias de su saludable y plena vida.

Por unos momentos, Gai considera contarle a Lee sobre su problema, pero la simple idea de hacer cuestiones raras a su alumno sobre algo tan privado lo hace sentirse como un viejo extraño y baja la cabeza al suelo.

Definitivamente no podía pedirle consejos a su alumno trece años menor sobre sus problemas sexuales, sin importar que Lee fuera un adulto ahora. Todavía creía que estaba mal. No podía hacer algo tan bizarro como eso.

— ¡Tal vez podamos entrenar juntos pronto, Gai-sensei! — Lee grita desde la escalera cuando se despiden, dándole un saludo dramáticamente largo — ¡Nos vemos después, sensei, cuídese!

Gai levanta una mano para decir adiós, sonriendo agradablemente hasta que Lee cruza la calle delante del edificio y desaparece de su vista.

Cuando Gai cierra la puerta tras él, lo único en lo que puede pensar es descansar.


La mañana siguiente ni siquiera lo intenta.

Se ducha rápidamente, prácticamente evitando mirar su propio cuerpo como si no soportara la idea de la flacidez decepcionante entre sus piernas.

Sabe que necesita consejos y estimulación, así que hacerlo solo lo lastimaría y no tenía tiempo para quejarse y ser autoindulgente en su propia ducha.

Necesitaba actuar.

Guarda la dirección de la Sex Shop en su chaleco jounin antes de salir, decidiendo comprar verduras para la cena antes de ir al cementerio y pasar a su entrenamiento rutinario en su habitación.

Tal vez de regreso a casa podría pasar a dar un vistazo al lugar, aunque todavía no estaba seguro de lo que compraría. Ni siquiera sabía qué vendían en ese sitio y estaba temblando ante la idea de entrar y morir de vergüenza.

La plaza es agradable y cálida cuando llega y decide no pensar en eso por ahora, deteniéndose en los puestos de fruta fresca a elegir algunas cosas saludables para su ensalada nocturna que ya podía imaginar cómo increíblemente espectacular.

Desde el final de la guerra, la gente era más agradable con él. Se había vuelto una leyenda viviente y su batalla se contaba entre los ciudadanos. A Gai poco le importaba realmente. Era agradable saberlo, pero no algo que considerara un sueño. Prefería pasar desapercibido como un shinobi regular tal y como lo había hecho antes de romper a Madara en dos partes (y terminar roto en muchas más partes).

Así que Gai no tarda en girar la silla fuera del gentío luego de algunos minutos de charlas esporádicas, avanzando suavemente entre los puestos hasta detenerse en uno de sus lugares favoritos para comprar fruta.

Hay algunas manzanas rojas que llaman su atención y Gai gira la silla silenciosamente sobre el mostrador para levantar algunas frutas en su bolsa.

Tarda algunos momentos en darse cuenta de la presencia familiar, más aun, en realmente notar la figura de espaldas a unos metros de él.

El mundo desde la silla de ruedas tenía una visión un poco diferente, pero Gai reconoce los hombros eternamente rígidos cuando levanta la vista.

— ¡Tenzou, mi querido amigo!— su saludo es agradable y alto, lo suficiente para ganarse algunas miradas antes de que sean los ojos de Tenzou los que giren a él.

Su mirada es suave y su sonrisa a medias es amistosa.

No fueron exactamente amigos antes de la guerra, pero su última experiencia en combate los había cambiado un poco. Gai se hizo más reservado y menos juguetón, y Tenzou dejó de sentirse molesto e incómodo por cualquier cosa.

La paz traía muchas curiosidades consigo. Era realmente interesante ver cómo, de algún modo, los hizo mejores personas a los dos.

— Gai, ¿Cómo estás?— el tono casual de su voz es agradable y Gai sonríe, girando un poco delante de las manzanas.

— ¡Increíble! ¡Disfrutando de mi recuperación! — Tenzou no gira los ojos con sus palabras, solo se ríe brevemente y da un suave encogimiento de hombros.

— Supongo que solo tú disfrutas algo como la terapia física, ¿no? — sus palabras son una afirmación, haciendo que Gai se ría y levante su pulgar.

— Siempre es bueno esforzarse en algo, con esta lesión puedo seguir dando lo mejor de mí.

Su guiño brilla y Tenzou vuelve a reír, dando una negativa juguetona y comenzando a recolectar algunas manzanas en su canasta de mimbre sobre su brazo.

— Es bueno oírte decirlo, Gai, si yo tuviera la oportunidad me hubiera jubilado sin pensarlo — Tenzou suspira, haciendo un ademán con la mano libre como si pretendiera abarcar... toda su vida, probablemente.

Luego de haber sobrevivido al secuestro había sido difícil para él. Kakashi lo retiró permanentemente de ANBU y lo había vuelto un jounin regular con pocas misiones y salarios excesivos. Aun así, como Tenzou solo había uno y todos sabían que era un descanso amistoso que Kakashi le ofrecía.

Pronto volvería a sus misiones de espionaje. Orochimaru era una constante preocupación en los ancianos y todos comprendían que algo como eso solo podría depender de un hombre como él.

Pero por ahora, Tenzou era libre casi a diario, paseándose en la aldea y viviendo la vida que no tuvo oportunidad de disfrutar en algún momento anterior a ese. Kakashi había sido generoso con la gente que peleó en primera fila. Y Tenzou estuvo más que en primera fila, para empezar.

— Espero jubilarme en algunos años más, ¡todavía hay más que la Bestia Verde puede ofrecer a Konoha!

Gai levanta un brazo y casi se queja del dolor muscular en la espalda, aunque sabía que eventualmente estaría mejor y podría pelear dignamente. Sus palabras no eran ninguna mentira. Todo era cuestión de esperar.

Tenzou tararea en afirmación con total seguridad al respecto, aprobando el discurso de Gai como si todos en la aldea supieran que pronto estaría brincando por todos lados otra vez.

— Bueno, entonces espero que pronto vuelvas a las misiones, aunque no creo que Kakashi esté feliz. Con lo paranoico que se volvió, probablemente nos ponga una correa a todos antes de dejarnos salir de los muros.

La risa de los dos es divertida y Gai se pregunta qué pensaría Kakashi de oírlos reírse a sus espaldas. Eran amigos de tanto tiempo, así que una o dos burlas probablemente estaban bien.

Gai termina de escoger sus manzanas y da una sonrisa a Tenzou, listo para despedirse y marcharse a casa, no sin antes dar ese paseo vergonzoso a la tienda rara que Tsunade había dicho para ir ahí completamente solo y sin entender absolutamente nada de...

Las cejas de Gai se juntan repentinamente, cambiando su sonrisa de amabilidad a un gesto de claridad cuando se da cuenta de algo que tendría que ser tremendamente obvio.

Tenzou era un hombre soltero como él, casi de su edad, y estaba ahora mismo tan disponible como Gai lo estaba.

Su expresión se ilumina con la idea, y antes de que Tenzou pueda hacer amago de despedirse Gai da una breve palmada en su cadera para llamar su atención.

— Tenzou, amigo mío, ¿estás ocupado esta noche? Me gustaría poder seguir hablando contigo, ¿qué tal si cenamos juntos?— su sonrisa es suave y amistosa que casi hace que la invitación suene demasiado natural, como si Gai invitara a Tenzou todos los días y no fuera una petición un tanto extraña.

Tenzou tararea, pero no evita la mirada de Gai ni hace un gesto de desagrado al respecto. A los veintidós, Tenzou se hubiera reído de ello y Gai hubiera fingido dormir con sus palabras, pero estaba feliz por el par de hombres maduros en los que se habían convertido.

— En realidad estoy libre, así que supongo que podríamos comer juntos si es lo que quieres — riendo, Tenzou se encoge.

La soledad después de la guerra entre las personas de su generación parecía una extraña característica estándar en comparación a los jóvenes a quienes enseñaron.

Tenzou irradiaba soledad la mayoría del tiempo, así que además de poder charlar con un amigo, podrían acompañarse mutuamente para variar.

— ¡Estupendo!, ¿todavía sabes dónde vivo? — Tenzou asiente a su cuestión, no obviando el hecho de que no podría olvidar nunca el lugar a donde iba a buscar a Kakashi siempre que se perdía — ¡Fantástico, entonces nos vemos ahí a las siete en punto! Haré una cena increíblemente juvenil.

El pulgar de Gai es mucho más discreto esta vez, pero Tenzou lo recibe y lo usa como una especie de pacto y señal.

— Sí, lo que sea, mientras no asesine mi estómago, está bien.

La vieja broma del curry ultra picante los hace reír, y no necesitan mencionar que Gai ya no tiene permitido comerlo (no todavía) para que ambos sepan que estaba fuera del menú por al menos... los próximos doce meses.

— Bien, entonces nos veremos ahí, mi querido amigo.

El guiño contrapuntea con el sol que casi alcanza el medio día y Tenzou da una sonrisa gentil, despidiéndose como el hombre increíblemente recto que es antes de darse la vuelta en la calle, girando solo un momento para decir adiós a Gai.

Un suspiro sale de su garganta cuando está solo y se da cuenta de que todavía sostiene una manzana en su mano.

Por muchos años había conocido a Tenzou solo a través de Kakashi. No fueron amigos directos. No tenían una historia juntos. No había habido más que misiones esporádicas y algunas peleas suaves entre los dos.

Ciertamente no creía que fueran amigos cercanos, o incluso amigos, y aunque Gai todavía moriría por él, ciertamente Gai moriría por cualquier persona de la aldea.

Aun así, no tiene miedo de su elección.

Ebisu era demasiado brusco para eso y Genma demasiado explícito. Kurenai probablemente no entendería por sus diferencias fisiológicas y Gai no tenía más amigos para contar.

Tenzou era inteligente y discreto. El tipo de hombre que se había ganado el respeto de su Rival y su propio respeto a pulso.

Confiaba en Tenzou, incluso cuando se sentía un poco culpable de invitarlo solo cuando  necesitaba de él.

En compensación, ¡Gai haría la mejor cena del mundo!

¡Haría que todo eso valiera la pena!

¡Y definitivamente conseguiría una erección!