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Call It fate Call it Karma

Summary:

"Más allá de todas las ideas del bien y del mal, hay un campo. Te encontraré allí"
-Rumi

El destino acaba siendo una sucesión inevitable de acontecimientos de la que ninguna persona puede escapar, mientras que el karma le recuerda al ser humano que por cada acción que un individuo cometa habrá una reacción. La existencia del destino da un pequeño rayo de esperanza para los desamparados mientras que el karma siempre es visto como algo malo.
Algunos de nosotros recordamos y otros decidimos irnos, pero él nunca podria mencionarlo aquí y ahora sin algunas lágrimas en los ojos. La idea de culpar al sol por sus errores no desaparecía pues después de todo lo único que ha hecho es esperar por ella.
Todos pensarían que tiene todo bajo control detrás de ese rostro de papel, pero hay una cosa que debe de quedar claro y es que quiere todo su tiempo de regreso, aquel tiempo antes de que ella comenzara a contarle la historia de su vida.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Ize of the world

Chapter Text

"¿Cómo despiertas a alguien que esta desde dentro de un sueño?"

El sol comenzaba a esconderse y por segunda vez en su vida sintió que no estaba viviendo en un mundo vacío; todo esto mientras que caminaba tranquilamente por el campus con flores y hojas secas sobre sus manos.

De un instante a otro, memorias que no sabía que tenía llenaron su mente haciendo que sus sentimientos volvieran a surgir de su corazón, fue ahí cuando se detuvo y su mirada viajó a la onceava dimensión. Es una lástima decir que solo fue una coincidencia que Kenma Kozume se encontrara en su camino en ese momento.

Sus ojos están puestos sobre él mientras que su cabello se movía suavemente por el viento. Su mirada estaba complemente perdida, pero a los ojos del muchacho, ella no dejaba de mirarlo. Todo parecía tan irreal como un sueño desde el punto de vista de Kenma. Él no podía hacer menos más que admirarla desde la distancia.

Marzo, 2013.

En algún punto de su camino su optimismo por la vida se volvió tristeza, a veces sentía como si el mundo se quedara dormido mientras que ella trataba de escapar convirtiéndose en otra cosa menos en sí misma. Los pasillos de la escuela era el peor lugar que haya conocido durante toda su vida o al menos aquel que le ha hecho sentir lo menos cómoda posible; tener aquella sensación de los ojos puestos sobre su persona, o la presión de las hordas de alumnos hacían que su cabeza entrara en caos deseando alejarse lo más antes posible.

Hoy por fin era su último día en la preparatoria Nekoma y aún seguía manteniendo aquella mentalidad de encerrarse en un laboratorio y quedarse dentro de toda su vida cumpliendo su sueño de vivir de la investigación. De hecho, cargaba con plantas secas para poder llevárselas a casa para poder recordarse cada mañana por lo que estaba luchando.

Resistiéndose a empujar a sus compañeros por lo lento que podrían avanzar el brillo de su celular parpadear llamo su atención haciendo que se detuviera secamente en el pasillo. Busco algún lugar en donde podria meterse hasta que sus ojos se posaron en un salón vacío. Entro con prisa y dejo todas sus pertenencias sobre el escritorio para poder tomar la llamada.

—¿Dónde te encuentras?, mamá está desesperada porque no te ve por ningún lado. - se escuchó al otro lado de línea.

—Voy en camino, tuve que desviarme para tomar la llamada, ¿Papá se encuentra con ustedes? - pregunto al recoger las flores secas. El silencio se hizo presente y soltó un suspiro y dejo caer su cuerpo sobre una silla cercana.

—Bueno, él...-

—Prefirió quedarse en casa ¿Cierto? -interrumpió sin dar crédito a lo que acababa de escuchar. La sonrisa que traía había desaparecido de sus labios para dar bienvenida a sus ojos llorosos.

—Tú sabes cómo es papá, no le tomes importancia, podemos ir a comer después de tu ceremonia. - fue lo último que escucho ya que su móvil había muerto temporalmente.

Paso su mano por su rostro en un intento de tranquilizarse y que las lágrimas no salieran. Se levanto de la silla y tomo la perilla de la puerta, pero aquella se había atascado. Giro violentamente la perilla, pero no respondía a su demanda. Comenzaba a entrar en pánico porque en cualquier momento la llamarían para darle aquel diploma por el cual se esforzó los últimos tres años. Hiromi busco otra salida, pero se encontraba en el cuarto piso del edificio principal.

Pasaron por lo menos veinte minutos esperando que algún curioso entrara por casualidad o que alguno hiciera caso a sus gritos, pero eso parecía muy lejano. Se llevó las yemas de los dedos a los ojos y soltó un gran suspiro. El sonido del pomo de la puerta girándose y pasos pesados llamaron su atención, miro hacia arriba para encontrarse con un chico de cabellos rubios y mirada felina. Lo conocía de vista, pero jamás lo había saludado, la única información que tenía sobre él es que era el colocador del equipo de voleibol.

—¡NO CIERRES! - Grito rápidamente llamando la atención del rubio. Se levanto rápidamente del suelo tomando todas sus pertenencias. Se acerco al muchacho y sonrió alegremente. —Gracias por sacarme de este lugar - agradeció, tímidamente la chica haciendo una pequeña reverencia por educación; el otro se quedó estático haciendo menos aquella acción

Al terminar aquel gesto, se reincorporo y con una gran sonrisa siguió su camino hacia el auditorio.

—Espera- grito al aire, todo fuera de sus pensamientos. él mismo entreabrió sus labios sintiendo sorpresa de sí mismo. La pecosa se giró y sintió como si ella pudiera sonreír con los ojos. —¿Cuál es tu nombre? -

—Kishibe, Hiromi Kishibe- dijo con su rostro lleno de confusión pues nunca habían preguntado por su nombre.

—Tus plantas se ven bien, Kishibe. -

—Ammm... Gracias por el halago, los corte en casa de mi abuela, quizás podria llevarte a conocerla. - soltó nerviosamente. Analizo sus palabras y vio los ojos abiertos del rubio. Se dio una palmada mental mientras que sus mejillas se sonrojaban. — Lo siento, no me refería a eso, quiero decir al árbol o plantas. Debo irme- dijo tratando de no avergonzarse más.

Camino lo más rápido que pudo abriendo las puertas del auditorio llamando la atención de unas cuantas personas que se encontraban cerca de la entrada. Pero esta vez no iba sola, detrás silenciosamente él la seguía. Tomo asiento con su grupo y espero ansiosamente que la llamaran por su nombre para por fin irse de aquel lugar. Un pequeño golpe en la cabeza la saco de sus pensamientos, miro hacia arriba esperando recibir disculpas, pero aquellas nunca llegaron. Gruño y siguió escuchando las palabras que el director daba de despedida. Comenzaron a pasar alumno por alumno al escenario hasta que fue su turno.

Sus piernas temblaron al caminar, pero trataba de verse segura de sí misma. Tomo la mano del director mientras que la pecosa escuchaba las palabras de felicitaciones a lo lejos. Su vista se nublo y el aire comenzó a faltarle. Siguió su camino tratando de no caer en el pánico.  Una bomba de emociones comenzó a dominarla sin sentido alguno haciéndola sentir como si no estuviera en su propio cuerpo. Miro al público y sus ojos se perdieron en la gran ola de personas.

—Espabila, Kishibe- escucho la voz sobre su oído derecho. El oxígeno volvió a sus venas y miro al dueño de la voz tomándola del hombro para seguir su camino.