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Español
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Published:
2021-05-16
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8,752
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1/1
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No voy a dejarte ir

Summary:

"¿Realmente no te da interés saberlo?"

Una tarde, Stanley le preguntó. Ambos ya habían cumplido quince años, y perdieron la cuenta de las veces en las que los adultos y sus profesores les mencionaron aquel asunto, volviéndose algunas veces molesto. Pero era comprensible, no faltaba mucho para que les realizaran aquella prueba que, según decía el señor Snyder en las muchas cenas familiares que compartieron con los Wingfield, definía el rumbo de tu vida. Stan siempre rodaba los ojos con aburrimimemo e intentaba cambiar de tema.

"¿Te refieres a la clasificación que nos den?" Xeno cuestionó sin quitar la vista de lo que sea que estuviera construyendo. "Porque si es así, no, en lo absoluto".

"¿Por qué? Creo que es un tema muy elegante". Stan respondió con burla, pretendiendo que su amigo lo mirara por una vez. Hizo un puchero cuando resultó un intento fallido, pero prosiguió con su charla.

Notes:

Este OS está inspirado en el dj de título homónimo de Sankuro. Leí la escena y cree toda una historia en mi cabeza. Por lo que, hubo pequeños cambios para que fuera acorde a lo que tenía en mente y se extendiera tanto como lo vi necesario. Aunque, al principio pensé plasmarlo en 5 000 palabras, terminó en más de 8 000, curioso. Muchas gracias de antemano por leer y los invito a visitar el perfil de twitter de la artista del dj: @/ sankuro39 (ayuda, no sé etiquetar-)

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

 

En la actualidad, cuando cumples 16 años, te realizan múltiples exámenes con la finalidad de conocer tu categoría antes de tu primera serie. De esta manera, a los humanos se los clasifica, además de su sexo, en tres clases: Alfas, Betas y Omegas.

El resultado, pese a los años de lucha por la igualdad entre las tres categorías, aún puede definir tu rango y el cómo serás tratado en ciertas comunidades alejadas de las grandes ciudades, pueblos como en los que habitaba cierto par de niños ajenos a todo lo que sucedía, sumergidos en una pequeña burbuja feliz y cubierta de ingenuas ilusiones.

Stanley se encontraba sentado en el sofá con ambas piernas sobre la mesa frente a él, observando con atención cómo su amigo elaboraba uno de sus tantos inventos extravagantes y complicados. Sonrió con cautela. El brillo en las profundas obsidianas de Xeno era algo que siempre le encantó admirar ─desde el primer momento en que las observó─ junto con la manera en la que el albino relataba cada parte de lo que hacía elocuentemente y con gran pasión.

Siempre lo consideró agradable de escuchar, pese a que no comprendiera la mitad de lo que el niño más pequeño le relataba, a Stan le parecía muy adorable cuando Xeno se perdía entre sus divagaciones, y no cambiaría esas tardes por nada. Ni siquiera por las veces en que su padre lo llevaba a cazar al bosque y le permitía utilizar su rifle para realizar algunos tiros (aunque hubiera pasado mucho desde la última vez, cuando comenzó la tensión en su familia). Stan preferiría mil y una veces pasarla dentro del garaje del niño que tenía al frente, pero claro que no lo confesaría a viva voz.

"¿Realmente no te da interés saberlo?"

Una tarde, Stanley le preguntó. Ambos ya habían cumplido quince años, y perdieron la cuenta de las veces en las que los adultos y sus profesores les mencionaron aquel asunto, volviéndose algunas veces molesto. Pero era comprensible, no faltaba mucho para que les realizaran aquella prueba que, según decía el señor Snyder en las muchas cenas familiares que compartieron con los Wingfield, definía el rumbo de tu vida.
Stan siempre rodaba los ojos con aburrimimemo e intentaba cambiar de tema. Fue una suerte que su madre lo ayudara en eso, sonriendo amigable y pasando a preguntar sobre los proyectos que él y Xeno realizaban todas las tardes. De lo contrario, Stanley estaba seguro de que su padre lo regañaría y hasta incluso golpearía por interrumpirlo de esa manera frente a otros adultos. Fueron momentos agradables que siempre llevaría en su memoria.

"¿Te refieres a la clasificación que nos den?" Xeno cuestionó sin quitar la vista de lo que sea que estuviera construyendo. "Porque si es así, no, en lo absoluto".

"¿Por qué? Creo que es un tema muy elegante". Stan respondió con burla, pretendiendo que su amigo lo mirara por una vez. Hizo un puchero cuando resultó un intento fallido, pero prosiguió con su charla. "Imagina el aroma que tendremos. Definitivamente, el mío debe ser uno muy fuerte y que intimide a los demás".

"¿Por qué querrías intimidar a los demás?" Xeno elevó su mirada hacia el mar profundo que lo observaba atento. Stan sonrió satisfecho.

"Así, otros Alfas se lo pensarán dos veces antes de meterse con nosotros. Será como una advertencia".

"Eso es ridículo".

"¡Por supuesto que no lo es! Seremos un dúo imparable, los Alfas más respetados en este pueblo". Stan se aproximó al albino, sosteniendo sus manos entre las suyas e interrumpiendo bruscamente lo que fuera que estuviera construyendo. "Con tu gran intelecto y mi fuerza, solo imagínalo, seremos invencibles..."

"Ah..."

Xeno rodó los ojos y prosiguió con su labor.

Si Stanley no lo conociera tan bien, pensaría que realmente no le importó, pero el brillo en esa mirada profunda le confirmó que era lo contrario. A Xeno también le agradaba la idea de tener un futuro así... Juntos.

"Bien, bien. Entonces, tu aroma no debe ser tan intimidante como el mío, si queremos que esto funcione, claro..."

Así transcurrió el resto de la tarde, comentando el mismo tema, o más bien, Stan hablando de ello y Xeno enfocado en construir sus complicados aparatos, pero no por eso desatento a las palabras de su amigo. Fue cálido y afable, como siempre solía.


"¿Estuviste otra vez en casa de Xeno?"

El Alfa adulto gruñó en cuanto notó la presencia de su hijo en la casa, cuando este regresó sin saludar. Stan abrió la nevera y sacó una bebida, no dándole demasiada importancia al hecho de que su progenitor no se encontrara sobrio.

"¿No es obvio? Creí que mi madre te lo había mencionado, por cierto... " Stan miró a su alrededor, frunciendo las cejas cuando no visualizó a la Omega. "¿Dónde está ella?"

"Tuvo que viajar de emergencia Aparentemente, tuvo una reunión en el trabajo". Bufó mientras daba otro sorbo a la lata de cerveza y chasqueó la lengua. "Cree que soy estúpido... " Stanley exhaló, estaba cansado de los celos enfermizos de su padre, pero no comentó nada al respecto. Luego de unos minutos de incómodo silencio, el Alfa lo miró y se aproximó a él, arrugando la nariz. "Apestas".

"¿Qué?"

"Apestas a los Wingfield". El hombre se acercó al rubio, inhalando más de ese aroma para evidenciar sus palabras. "Es insoportable, el olor de ese Alfa piltrafa y el de su Omega, es tan irritante. No entiendo por qué tu madre insiste en asistir a esas cenas todos los fines de mes".

"La familia Wingfield es agradable". Stan frunció el ceño, en patente desacuerdo. "Siempre han sido muy amables con nosotros".

"¿Toda la familia o te refieres al marica de su hijo?"

"¡No lo llames así!" Stanley gruñó. Odiaba que se refirieran de esa manera a Xeno y, por alguna razón, que lo dijera su padre, hacía que la sangre le hirviera de sobremanera.

"Mocoso insolente" El señor Snyder tomó a su hijo de su polera y lo alzó, golpeándolo contra la pared con brusquedad. El menor jadeó. "He tolerado bastante tus atrevimientos, y si no fuera por la zorra de tu madre con sus buenos pagos en la cama, hubiera estallado hace mucho, pero ahora ella no está aquí". Stan forcejeó el agarre, pero resultó ineficaz, su padre lo duplicaba en fuerza. Después de todo, él aún era un cachorro debilucho. "Tengo mucha ira acumulada, supongo que serás un buen niño y dejarás que la desfogue contigo".

"¡Estás demente! ¡Suéltame!"

¡Zas!
Aquella fue la primera bofetada que Stanley recibió de su padre y que, sin embargo, no sería la última que contaría.

"No entiendo por qué insistes en pasar tanto tiempo con un marica". Gruñó con asco, apretando el rostro del menor con fuerza. "¿Es que acaso mi hijo también lo es?". El sonido de otro golpe seco resonó en la habitación "¡No te atrevas a ensuciar mi apellido! Vas a ser un intimidante Alfa como yo y te ligaras a todas las Omegas del pueblo como alguna vez lo hice a tu edad". Stan pataleó, pero entonces recibió el puño de su padre sobre su estómago. "Solo no cometas el mismo error que yo, ¡quedándote con la primera zorra que te prometa amor eterno! Enorgullece a los Snyder, ¡no los avergüences!"

Stanley se mantuvo en silencio, solo recibiendo los constantes maltratos esa noche, en la prolongada espera de que el adulto se cansara o, finalmente, el alcohol lo hiciera pernoctar.

Cuando sucedió, sintió el cuerpo magullado y apenas logró reincorporase. Observó la sala y notó la enorme cantidad de latas de cerveza que yacían en el suelo. Quizá tuvo suerte de que su padre no lo dejara inconsciente con elevado nivel de embriaguez que traía. Limpió la sangre de sus labios con delicadeza, puesto que aún le ardía. Se preguntó exactamente qué es lo que había hecho su madre para hacerlo enojar de esa manera, pero no le dio demasiada importancia después. Subió a su habitación con esfuerzo y, cuando llegó, simplemente se tiró sobre la cama, sin importar la suciedad de su ropa o la sangre en su rostro. Sus párpados le pesaban y tan solo anhelaba descansar.

Entre sueños, Stan deseaba que su madre regresara pronto y que calmara a su padre, como siempre lo hizo. No obstante, aquel anhelo jamás se cumplió.

Transcurrieron tres días desde la partida de su progenitora, cuando fue hallada sin vida junto a un hombre en la autopista a dos ciudades lejos de su pueblo. Stanley comprendió que la muerte arremetía en cualquier momento, en las situaciones menos esperadas y más inoportunas.

No lloró aquel día, pero sintió patentemente que el corazón le fue arrancado de su pecho y partido en mil pedazos de forma despiadada, no sólo porque sabía que ahora estaría solo con un hombre emocionalmente inestable, sino porque su madre le mintió. Ella pretendió abandonarlo desde el principio, pese a las palabras dulces que alguna vez le susurró en las noches, en medio de lo que creyó, eran cálidos abrazos. Quizá la Omega jamás lo había amado, y solo se trató de una cruel mentira vestida de rosas, pero, pese al resentimiento que pudiera sentir, Stan la comprendió. Él también hubiera abandonado a su padre en la primera oportunidad que se le presentara.

Stanley no lo confesó, pero sintió que una parte de él se fue con su progenitora.

"Te lo dije, era una maldita zorra". Cuando llegó del funeral, encontró al Alfa adulto en el lugar de siempre: el sofá junto a una pila de latas de cerveza vacías. No dijo más y prosiguió a subir a su habitación en silencio, pese a que el mayor continuaba parloteando. "Querer dejarnos por ese infeliz Beta. ¡Ja! Tuvo su merecido".

En su cama, se mantuvo en afonía, con mil pensamientos y recuerdos vagando por su mente de manera punzante, como si la vida no tuviera suficiente con su dolor, añadiéndole más a la ocasión.

Stanley tenía los ojos rojos y un nudo se acrecentaba en su garganta. Pretendió no llorar aquella noche, no después de haberlo hecho en el cementerio, frente a todos, frente a Xeno, mostrando probablemente la faceta más vulnerable que tenía ─de la que jamás fue consciente─ y a la que despreciaba sin lugar a dudas. Stan llevó un brazo hacia su rostro, ocultando las lágrimas traicioneras que recorrían sus encendidas mejillas, cuando un determinado recuerdo cruzó su cabeza, y, como si hubiese alguien que lo juzgaría por ello, como si llorar no estuviera permitido para él, ahogó sus lamentos hasta que se cayó rendido en los brazos de Morfeo.

A la mañana siguiente, quizá el mundo se apiadó de él, puesto que no encontró a su progenitor en casa. Stan suspiró con alivio, esbozando una diminuta sonrisa, sería bueno para él no llegar al colegio con marcas molestas y tener que ocultarlas con grandes poleras o tener que escuchar más de la mierda adulta.

Le habían dicho que podía tomarse unos días de luto y no asistir a clases, pero lo que menos quería en ese momento era compartir más tiempo con aquel maltratador que se hacía llamar su padre.

Así, cuando llegó al colegio, fue recibido por innumerables palabras de consuelo por parte de sus maestros y compañeros, incluso de quienes jamás habló. Fue un acto que consideró, por lo menos, hipócrita, no es como si realmente les importara cómo se encontrara él, sino solo formar parte del grupo ¨solidario¨ que saludó al, ahora, huérfano de la secundaria.

"Si te incomoda, podemos ir a otro lugar ". La voz suave de Xeno lo sacó de sus pensamientos. Stan parpadeó y lo miró. Ambos se encontraban en el laboratorio del colegio y, a su alrededor, considerables pares de ojos los miraban con curiosidad y lástima, pero antes de que pudiera responder siquiera, Xeno lo tomó de la muñeca y salieron del salón con prisa. Stanley no estaba totalmente consciente de lo que sucedía en su entorno. "Las personas a veces pueden ser tan desconsideradas y crueles". El niño más pequeño refunfuñó, pero inmediatamente su expresión pasó a una más blanda cuando notó aquellos opacos zafiros mirándolo con pasmo.

Se encontraban debajo de las escaleras del patio de básquetbol, sin alguna persona alrededor, sorprendentemente y para fortuna de Xeno.

"Está bien, ahora estamos solos, sin nadie molestando". Sonrió con afecto. "Stan, puede que sea tonto preguntar, pero ¿cómo te encuentras? Hace dos días que no respondes mis mensajes y aquí no haces nada más que guardar silencio cuando te hablo. Estoy pensando que ni siquiera prestas atenciones a lo que digo". Xeno acarició la mejilla del rubio con ternura, haciendo que este lo mirara expectante. "Me preocupas".

"¿Por qué?"

"¿Por qué...?" Repitió con desentendimiento. "Eres mi mejor amigo, Stan, por supuesto que me preocupo por tu bienestar".

"Tonterías". Stan tomó la mano del albino y las alejó, forzando una sonrisa. "Estoy bien, solo algo... Cansado. Ya sabes, tener más atención de la que estoy acostumbrado es molesto".

Xeno frunció las cejas.

"Puedes mentirle a todo el mundo, pero nunca a mí". Suspiró relajando su expresión. "Te conozco, Stanley, pero entiendo que quieras privacidad. Y, por más que me gustaría ayudarte, no puedo hacerlo si tú no me lo permites". Xeno se aproximó al ojiazul y depositó un suave beso sobre esos ricitos dorados. "Sabes que siempre estaré aquí para ti. Esperaré lo necesario, ¿bien?"

Stan asintió en silencio.

Ese lunes, ninguno de los dos regresó a clases. Fue la primera vez que Xeno se saltaba una materia, pero realmente le importaba menos. Stan era su prioridad, incluso más que las clases de matemáticas o ciencias. Ambos permanecieron allí, con la reconfortante compañía del otro y sin nada más que el sonido de sus respiraciones y los latidos de sus corazones llenando aquel extenso salón, sin importarles nada más que ese momento ni lo que les deparaba el futuro.
Stan hundió su rostro en el pecho de Xeno, tratando de respirar aquel aroma aún inexistente y solo obteniendo la mezcla agradable de los padres del albino. Con su cuerpo entre las piernas contrarias y sintiendo la tibieza de los brazos ajenos sobre su espalda, Stan sonrió. Cómo extrañó la calidez que Xeno le brindaba.

***

Cuando Stanley cumplió dieciséis años, realizó su examen médico como lo dictaba y exigía la ley. Aquel que hace meses atrás le traía gran emoción e ingenuos planes para su vida, ahora le era tan indiferente y no podía estar más afanoso por que terminara pronto.

Nuevamente, el mundo pareció apiadarse de él, y quizá sería la última vez que lo hiciera, pero en realidad no le importó, Stan obtuvo el resultado como Alfa. Un saludable Alfa y motivo de orgullo de su delirante padre por los siguientes días. Por lo menos, descansó de los maltratos físicos por una vez.

Asimismo, a los dieciséis, Stan comenzó a salir con diferentes niñas de la secundaria. Niñas en las que nunca se le vio interesado o por lo menos haberles dirigido la palabra. Todas Omegas de grados mayores y risueñas, de tan pobre coeficiente intelectual que Xeno no logró comprender por qué, de entre tantas opciones, eligió aquellas.

Stanley aún pasaba tiempo con él. De hecho, en todo el horario escolar, trataba de estar tan cerca de Xeno como le era posible, y el albino apreciaba ese detalle, pero, por alguna razón, apenas sonaba el timbre de la salida, Stan desaparecía con alguna nueva conquista, sin decir más. Era doloroso de cierta forma, pero trató de no darle mayor importancia. Supuso que tenía que ver con su nuevo despertar y esos eventos hormonales.

Xeno solo rogaba que, para cuando él despertara su segundo sexo, las hormonas no le afectaran de la misma manera en que a su mejor amigo. Sencillamente, no quería parecer un perrito detrás de cualquier extraño que le ofreciera algo de cariño.


Una noche, mientras Xeno escribía uno de sus tantos artículos científicos, se vio interrumpido con el sonido unos golpecitos en su ventana. Frunció las cejas cuando miró su reloj. Eran las tres de la mañana y, sinceramente, no tenía idea de por qué Stanley (porque el rubio era el único que podría trepar hasta su habitación sin caerse en el intento, y que tenía permitido hacerlo) lo visitaría a semejante hora.

No obstante, su expresión de enfado se esfumó en cuanto notó la apariencia del joven Alfa. Xeno inmediatamente lo dejó entrar, abordándolo con innumerables preguntas en tono preocupado.

"¿Qué demonios te pasó?". Xeno acarició las mejillas raspadas de su amigo. Dio un suave toque en los labios lastimados con la yema de su pulgar. Stan soltó un gemido por el dolor. "¿Quién te hizo esto, Stan? "

"El viejo llegó más ebrio de lo habitual". Trató de sonreír divertido, tomando la muñeca del albino para alejarlas de él, pero Xeno continuó con la vista desasosegada. "Vamos, no estoy tan mal".

"Estás sangrando, Stanley".

Stan abrió sus orbes con pasmo. La mirada obsidiana de Xeno provocó que una corriente recorriera su dorsal y una inquietante sensación en la parte alta de su estómago naciera, haciéndolo irrefutablemente culpable por la preocupación e inquietud que Xeno mostraba por él.

"Lo siento..."

"¿Fue porque llegaste tarde a tu casa? ¿Qué hiciste para hacerlo enojar de esta manera?" Preguntó, mientras pasaba el algodón con alcohol por las heridas lo más suave que podía para no lastimarlo. "Stan, él no tiene derecho".

"Te acostumbras. No es tan doloroso como las primeras veces".

"¿Por qué me lo ocultaste?"

"Sabes que odio que sientan lástima por mí".

"Stan, ¡esto no se trata de-"

"Shh, son las tres de la mañana, ¿quieres despertar a todo el vecindario?". El rubio esbozó una sonrisa risueña, superponiendo sus manos sobre los labios ajenos, pero inmediatamente fue reemplazada por un gesto turbado cuando percibió las gotitas aglomeradas en esa negruzca mirada que anhelaba tanto. "Hey, hey, tranquilo".

"¿Cómo quieres que me tranquilice si mi mejor amigo está tan lastimado frente a mí y no puedo hacer nada por ayudarlo?" Xeno sorbió su nariz, pasando de manera tosca el dorso de su diestra por sus cuencas. "Se supone que nos tenemos el uno al otro. Has hecho tanto por mí, pero ni siquiera soy capaz de..." El albino sollozó, hundiendo el rostro entre sus manos. "Incluso ahora, siendo tú el herido, soy yo quien está llorando".

"En realidad, no hay mucho que se pueda hacer". Respondió en un susurro, relamiendo sus labios cuando ese par de obsidianas lo miraron con dolor. Stan sintió que su garganta se contrajo. Esa penetrante sensación lo invadió nuevamente, y sabía que no podía hacer nada para detenerla, pequeñas cuchillas pinchaban su corazón como alfileres en un acerico. Tal vez, jamás les había tomado tanto interés, pero en ese momento vislumbró el peso que esa expresión le provocaba a todo su ser. Stan supo que nunca más quería que Xeno se mostrara decaído por ningún motivo, y menos si ese motivo era él. Sin pensarlo más, atrajo el cuerpo del niño más pequeño hacia sí, rodeándolo con sus brazos, y susurró, apenas audible. "Lo intenté, Xeno, créeme que lo hice, pero ni con el olor de todas esas Omegas pude persuadirlo... Él de alguna manera siente tu aroma".

"¿Qué...?"

Stan se quebró.

"No sé cómo carajos lo hace, pero lo sabe... Sabe que paso tanto tiempo contigo y no sé por qué le fastidia de esa manera".

Xeno entreabrió los labios incrédulo, sobreponiendo las palmas sobre estos. Detuvo su llanto silencioso inmediatamente. Así que esa era la razón. Él era el responsable de que Stan haya estado sufriendo tanto.

"Pero no importa qué, no logrará que me aleje de ti. Nadie lo hará..."

Stanley lloró desconsoladamente en los brazos de su amigo, liberando el gran peso que mantuvo consigo durante todo ese tiempo. Xeno no lo había visto tan vulnerable desde el velatorio de su madre. Fue desgarrador ver cómo el Alfa, que solía ser tan risueño, se desmoronaba frente a él. Se limitó a acariciar su espalda y a susurrar palabras de consuelo, y, pese a que él también se sintiera destrozado, comprendió ──aunque quizás desde hace mucho antes lo sabía── que los sentimientos de Stan eran más importantes que los suyos propios. Sus mejillas se pintaron de un intenso color rubí cuando lo supo, abrazando con más fuerza el cuerpo trémulo frente a él.

Tenía que sostener a Stanley, era su deber indiscutible.

***

"¿Por qué ese repentino interés, cariño?"
La señora Wingfield arqueó una ceja con duda, cuando su único hijo le preguntó aquello. Una suave sonrisa se dibujó en su rostro una vez que Xeno frunció sus labios en puchero. "Bueno, sí, es posible hacerte el examen antes de que cumplas dieciséis, pero-"

"Entonces, ¿qué esperamos? Es un desperdicio inútil tratar de postergarlo. El resultado será el mismo que de aquí unas semanas, ¿no?"

La Omega sonrió.

"Y decías que este tema no te emocionaba". Acarició la mejilla de su bebé con afecto. "¿Hay algún motivo en especial por el que quieras conocer tu segundo sexo con tanta emoción?"

"No es algo de tu incumbencia".

Xeno lo había decidido. Tenía que despertar como un Alfa si quería que Stan dejara de meterse en problemas con su progenitor, porque solo así dejaría que ambos pudieran continuar con su amistad sin cuestionarse, solo así nadie los juzgaría por el prolongado tiempo que pasaban juntos... y ─tal vez─, solo así, Xeno podría despertar su interés por el sexo opuesto, tal como lo había hecho Stanley, ser considerado normal, y dejar de ser el blanco de burlas de los demás niños en el pueblo. Sí, tenía que lograr eso.

Análogamente, Xeno siempre fue consciente de que no era la persona más afortunada en el mundo, ni siquiera estaba cerca de considerarse con suerte ──si es que alguna persona se lo preguntara──, pero tampoco es que depositara indiscutiblemente sus creencias en algo tan banal como eso.

Sin embargo, tal vez en ese momento, lo creyó así. Y tal vez pensó que el destino se burlaba de él por su falta de credibilidad en todos esos años y ahora le pagaba con una cruda realidad.

Cuando Xeno leyó sus resultados, no reaccionó como se esperaba. No gritó, no lloró ni mucho menos realizó algún berrinche como otros niños a su alrededor. Simplemente, se mantuvo quieto, en silencio y con la mirada gacha, sosteniendo aún ese papel con considerable fuerza.

"Oh, cariño. Seguramente, tendrás el aroma más dulce de todos". Su madre comentó con afecto, mientras acariciaba sus platinos cabellos desde el asiento delantero.

"Y serás el más bonito de tu clase". Su padre continuó con el mismo tono agradable.

En realidad, Xeno se mantuvo absorto en el exterior, observando las calles mientras su progenitor conducía a su hogar, sin decir nada más o siquiera prestando atención a lo que comentaban.

"Tenemos muchas cosas que comprar ahora. Mantenerte seguro es nuestra máxima prioridad".

Oh, así era ahora.

Xeno esbozó una sonrisa herida. Claro, no solo resultó ser lo contrario a lo que se propuso en los últimos días con tanto anhelo, sino que también se convirtió en una carga para sus padres, y lo que era peor aún, una carga para Stanley, si es que encontraba el valor para decírselo.

¿Qué se supone que haría entonces? ¿No se suponía que era él quien protegería a Stan? ¿Todo lo susurrado solo se mantendría en una ingenua promesa infantil?

Aparentemente, la vida ya había trazado el rumbo de su existencia desde hacía mucho, y aceptar sin objetar era la respuesta más sencilla. El niño sonrió en silencio, secando con prisa y brusquedad las traicioneras lágrimas que se atrevían a recorrer sus ruborizados mofletes. No se derrumbaría ahora, no le daría el jodido gusto al cruel hado. No sería un Omega llorón.

***

Stan no entendió la razón.

Había transcurrido una semana desde que su pequeño momento íntimo y la silenciosa promesa de mantenerse unidos se realizó que, el hecho de que ahora Xeno lo evitara sin alguna explicación razonable de por medio, lo confundió, además de constreñirle el corazón. ¿Quizá los padres de Xeno tampoco querían verlos juntos? A Stan no le sorprendería, dado que ahora había ganado una mala reputación en el pueblo gracias a las acciones que su inestable padre cometía en los bares todos los fines de semana. Perdió una considerable cantidad de amigos, pero no es como si realmente le interesara. Solo la amistad de Xeno tenía un peso colosal en él e imaginar que pudiera perderlo le traía un amargo sabor en su paladar.

Así que, cuando se dio la oportunidad, no dudó en ir hacia él, sosteniendo al albino de la muñeca con ligera fuerza y llevándolos a una zona más apartada, sabiendo que al niño más pequeño no le gustaba captar atención innecesaria.

"Xeno, ¿qué es lo que sucede?" Una vez lo suficientemente alejados, preguntó con seriedad, pese a que su corazón latiera con fervor por el hecho de finalmente ser el enfoque de aquellas brillantes obsidianas que tanto le gustaban y calma le obsequiaban.

"¿Qué sucede de qué?" Xeno preguntó de inmediato y Stan notó su nerviosismo.

"¿Por qué me evitas?"

Xeno desvió la mirada.

"¿Qué fue? ¿Qué hice?" Stanley insistió. Necesitaba oír de sus labios.

"Stan, no has hecho nada..." Xeno relamió sus labios, finalmente mirando aquel mar profundo que lo serenaba. Suspiró con cansancio y prosiguió. "¿Te gustaría ir a mi casa esta tarde? Podemos hablar o hacer algo, como solemos siempre..."

El rubio asintió aún con la mirada adusta. Todo lo que pedía era eso, así fuera por unos miserables minutos, si pudiera admirar a Xeno, sería más que suficiente.

"Stan..." Xeno giró en su asiento, y esbozó una nerviosa sonrisa. Pasaron innumerables minutos desde que ambos llegaron a la casa del más pequeño, pero sin ninguno en animarse a romper el molesto silencio que los arremetía, el albino tomó el valor y confesó. "Soy un Omega".

"¿Qué?"
Stan frunció las cejas con incredulidad. ¿Acaso era este el motivo del distanciamiento del albino? Stan parpadeó negando con la cabeza una vez que notó que su reacción había tomado muchos más segundos de lo que imaginó. Supo por la mirada de Xeno que eso solo lo preocupó más y se apresuró en contestar, soltando un suspiro relajado. "No voy a negar que estoy sorprendido. Siempre creí que los tipos inteligentes como tú resultarían ser todos Alfas". Luego, soltó una risa divertida. "Supongo que el destino se equivocó con nuestros resultados. Un chico tan hermoso como yo, siendo un Alfa rudo y descuidado. Es taaan extraño, ¿no te parece?" Xeno pestañeó incrédulo, pero antes de que pudiera decir algo siquiera, el rubio siguió. "Pero, por lo menos, me libró de mi padre por días".

"¿Él ha dejado de...?"

"Sí, de hecho, desde que me vio con las chicas de último año aquella vez, dejó de golpearme".

Stan se alzó de hombros y Xeno forzó una sonrisa.

"Me alegra saber eso".

"Pero oye, no está mal". Se sentó en la cama del albino, haciendo un espacio. "Creo que eres el Omega más lindo en toda la escuela, ya sabes... También, sé que tu aroma será el mejor... ¡Q-quiero decir!" Las mejillas de Stan se ruborizaron considerablemente, el tema de los aromas era íntimo para ciertas personas y sabía que para los Omegas definitivamente lo era. "¡A-agradable! Será muy agradable y traerá tranquilidad, como el de tu madre, ¿n-no lo crees?"

"Stan, ¿en realidad no te molesta que sea un Omega?"

"¿Por qué demonios lo haría?" Stan frunció las cejas, ligeramente ofendido. "¿Acaso pensabas que, por ser Omega, iba a dejar a mi mejor amigo como si nada?"

"Hace no más de un año estabas tan ansioso por ser el dúo imparable de este pueblo. Un dúo invencible de Alfas que creí que... "

"Ah, tonterías" Stan agitó la diestra frente a su rostro, negando e interrumpiendo bruscamente su discurso. "Sigues siendo el mismo Xeno, ¿no? Ya seas Alfa, Beta u Omega. Mientras no pierdas tu esencia, y sigas siendo el chico nerd amante del espacio, aún podemos ser un dúo imparable".

"No creo que la gente sienta respeto por un Omega".

"¡Entonces, yo nos cuidaré a ambos! Aún no despierto mi aroma, pero sé que será lo suficientemente intimidante".

Stan tomó las manos del Omega entre las suyas, mirando con determinación aquellas bonitas obsidianas cuando dijo.

"Te lo prometo, Xee. Seguiremos juntos sin importar qué".

"Bien... " Xeno sonrió con nostalgia, asintiendo lento y creyendo ciegamente en sus palabras. "Así será..."

Y así sucedió. Fue complicado, pero Xeno mantuvo en secreto su segundo sexo, no queriendo que llegara a oídos del padre del rubio por ningún motivo. Afortunadamente, los padres de Xeno respetaron su decisión (aunque no supieron el motivo de esta). Asimismo, se aseguró comprando inhibidores de aroma para que el olor de sus padres no se impregnara en él y, por lo tanto, en Stanley cada vez que compartían sus tardes. Aunque eso no evitó que Stan continuara viendo a Omegas distintas, pero Xeno supo que no era quién para reclamar ese comportamiento, por más que le incomodara.

Entonces, una mañana, poco después de que Stanley cumpliera diecisiete años, siendo esperado por nadie, el disparado aroma terroso y a tabaco cubrió toda su habitación a velocidad aterradora. Junto a ello, como si no hubiese sido suficiente sorpresa, un ardor punzante se acrecentaba en el cuerpo del joven Alfa, haciéndolo retorcer sobre sus sábanas desconsoladamente.

Quemaba, todo de él se sentía tan acalorado y doloroso que las lágrimas no tardaron en acumularse en sus bonitos marinos que brillaban más de habitual.

"¡Papá!"

Sin tener otra opción, Stan llamó a su padre, el único que podría hacer algo por él, el único suficientemente cerca.

"Oh, Dios, Stan, ¡estás teniendo tu primera serie!" El hombre mayor sonrió ampliamente, mientras recorría la habitación. "¡Y es un olor tan fuerte!"

Stan no lo entendió, se suponía que el calor de un Alfa se presentaba hasta después de un mes de haber cumplido los diecisiete años, ¿por qué él había despertado antes? Ni siquiera tuvo la oportunidad de comprar algún supresor y ahora solventaba las consecuencias.

"Papá, por favor, duele mucho".

Las mejillas de Stanley ardieron de sobremanera cuando percibió cómo su miembro se endurecía poco a poco, esparciendo aquel fluido morboso y desagradable. Fue tan humillante

"Eso es normal, hijo. No te preocupes, llamaré a alguna amiga para que te ayude a aliviarlo". El Alfa mayor sonrió con engreimiento, a su vez que buscaba entre su celular algún contacto. "Solo necesitas mojar tu nudo. Estoy seguro de que a Aussie le encantarás y no podría pensar en nadie mejor para ayudar a mi hijo en su primera serie que esta preciosa Omega".

"¿Qué?" Stan abrió los ojos de sobremanera. "No, no quiero eso" Intentó reincorporarse de su lecho, pero le fue imposible con lo inestable que se encontraban sus piernas. Carajo, la polla le dolía como el infierno, al mismo tiempo en que sentía un picor naciente en sus colmillos. "Papá, solo compra unos malditos supresores".

"¿Estás bromeando?" El adulto frunció el ceño, elevado su voz, mientras esperaba en la línea. "¿Qué acaso eres un marica? ¡Un verdadero Alfa pasa sus celos en compañía de lindas Omegas! Agradece que logré conseguir a una a último momento".

Stanley no lo recordó. Pero las vagas imágenes en su memoria fueron suficientes para acrecentar la culpa en su pecho.

"Hola, chico rudo".

Lavanda, aquella desconocida mujer, que se desvistió frente a él, olía a lavanda. El aroma era agradable, no tanto como para enloquecer a sus instintos, pero lo suficientemente bueno para relajar su dolor.

Stanley gimió cuando los labios de la anónima presionaron los suyos con fuerza y un par de lágrimas trazaron camino por sus mejillas, cuando, inconscientemente, se encontró devolviendo aquel lujurioso beso con la misma intensidad. El joven Alfa se entregó a sus deseos carnales, lo suficientemente perdido como para olvidar, en ese momento, el desliz en su corazón.

Xeno suspiró con tristeza, mientras miraba la pantalla de su celular. Transcurrió más de tres horas desde el último mensaje que envió al rubio, y ni siquiera se había dignado a leerlo. ¿Tal vez Stan estaría demasiado ocupado? O, incluso peor, ¿le habría sucedido algo malo? El corazón se le acongojó de solo imaginarlo, pero no podía darse el lujo de ir a la casa ajena, y menos en su estado. Corría el riesgo de ser detectado por el padre del niño rubio y, entonces, todo el esfuerzo habría sido en vano. Suspiró derrotado, solo le quedaba esperar inquietante.

Stan abrió los ojos perezosamente aquella mañana. Sintió extremo cansancio en todo su cuerpo, pero finalmente aquel calor fogoso había desaparecido. Giró hacia un costado, observando en silencio aquel cuerpo que había admirado con deseo libidinoso durante su serie, pero que ahora le era tan indiferente.

"Para ser tu primera serie, no lo hiciste mal, chico" La Omega le sonrió coqueta, mientras se colocaba aquellas largas medias descaradamente. "Puedes llamarme la próxima vez, estaré para ti en menos de lo que canta un gallo".

Se aproximó a Stan y depositó un beso en su mejilla y, sin más, abandonó la desordenada habitación.

El olor terroso y a lavanda predominaba, como si quisieran formar uno solo. Stan se reincorporó rápidamente, abriendo las ventanas y las puertas, tal vez desesperado, y poco importándole el hecho de estar desnudo. No soportaba esa combinación ni los sucios recuerdos que azotaban su cabeza.

Corrió al baño y observó, en el espejo empañado, la dolorosa imagen de su cuerpo cubierto de marcas que solo empeoraron la situación. Se sintió inmundo, tan asqueroso que no podía mirarse sin sentir resentimiento por sí mismo. Los pequeños recuerdos martillaban su mente, y lo único que quería era eliminarlos, ergo no era posible. Stan pasaba con fuerza la esponja por su cuerpo, por su miembro y vientre, tratando de borrar esa esencia, esos fluidos ajenos. Su piel terminó lastimada debido a la fuerza con la que fue raspada.

Luego, se encontró sollozando en silencio. No podía creer que realmente todo eso hubiera sucedido.

"¡Hasta que finalmente contestas!" Xeno exclamó a través de la llamada. "¿Tienes idea de lo preocupado que estuve? Por Dios, Stan, ¡fueron más de tres días sin saber de ti!"

Stan mordió sus labios. Aquella voz melodiosa arremetió contra él, como una medicina fría para sus heridas punzantes.

"¿Stan...?"

"Tuve mi primer calor, Xeno... " Confesó con voz temblorosa. El albino enmudeció. "Mi padre llamó a una Omega del bar y yo..." La voz de Stanley se quebró. "Lo intenté, pero-"

"Está bien..."

"¿Qué? ¡Claro que no está bien!"

"Los celos de los Alfas son muy fuertes, y siendo esta tu primera vez, era casi imposible que pudieras luchar contra tus instintos" Xeno guardó silencio por unos segundos, como si estuviera meditando algo, y prosiguió. "Estallaste cuando viste a una Omega disponible, lo entiendo. No fue tu culpa".

"Yo no quería hacerlo..."

"Lo sé".

"Me siento sucio, Xeno". Stan sollozó y Xeno mordió sus labios cuando los hipidos de su amigo aporrearon su corazón. "Ya no sé ni quién soy..."

"Eres Stanley Snyder, un chico boca suelta y con un sentido del humor cuestionable, pero, sobre todo, eres mi mejor amigo".

Xeno se mantuvo en línea junto a él, susurrando palabras dulces hasta que el Alfa cayó profundamente dormido. Su respiración se oía pesada. El albino suspiró con desgana, pero halló alivio en que el hecho de que Stan haya dejado de lamentarse.

Fue en ese momento, junto a los balbuceos adormitados del rubio, que lo decidió. Xeno encontraría la forma de cuidarlo, sin importar el costo que conllevase. Si el bienestar de Stan estaba asegurado, intercambiaría su felicidad e incluso su vida.

Y, en esa tarde, a pocos días de la llegada de su cumpleaños número diecisiete, Xeno invitó a Stanley a su hogar sin explicación alguna. Aunque no es como si la necesitara, el Alfa jamás rechazaría su convite.

"Stan, tengo una petición para ti" Xeno dijo, no había marcha atrás".

"Uhm, ¿qué es?"

Stanley lo miró desde la cama con curiosidad. Había transcurrido más de un mes desde que sucedió aquella llamada, y que logró superar aquella escena. Xeno giró su asiento, aterrizando sus profundas obsidianas en los marinos del Alfa.

"Muerde mi nuca".

Stan abrió los ojos de sobremanera, pasmado.

"Xeno, ¿tienes idea de lo que estás diciendo?"

"Por supuesto" El albino sonrió tratando de exhibir confianza, cuando en realidad era de lo que carecía. "Lo he estado pensando desde hace mucho y, después de lo que sucedió en tu primera serie, lo confirmé, Stan. Los celos del Alfa se dan cuatro veces al año y, ahora que tuviste una experiencia sexual, la necesidad será mayor a una normal. Durante tres días solo podrás pensar en actividad sexual y será demasiado doloroso si no atiendes tus instintos. Los supresores no te ayudarán como quisiera, además de que podrían, a largo plazo, traer efectos secundarios". La voz de Xeno pareció trémula, pero la determinación en su mirada se superpuso. "Sin embargo... Si un Alfa muerde la nuca de un Omega, al formarse un lazo de compañeros, el calor disminuirá relativamente y, con ello, todos los síntomas". El albino se aproximó al rubio, arrodillándose frente a él y tomando las manos ajenas entre las suyas. "El Alfa no podrá sentir las feromonas de otros Omegas que no sean su pareja. Por lo que, no te verás afectado, pero sí podrás tener actividad sexual, si es que alguna vez quisieras hacerlo dentro o fuera de tu calor". Xeno sonrió con dolor. "Así que, no tienes por qué preocuparte. Puedes tener tantas aventuras como lo desees, no le des mayor importancia. No te reclamaré jamás por ello, y... y cuando llegue alguien a quien en verdad quieras, solo tendrás que romper el lazo conmigo".
» Si el contrato se rompe por voluntad del Alfa, es cierto que el Omega no podrá volver a formar un vínculo con otros, pero tú no tendrás problemas con ello.
Xeno asintió para sí mismo, convenciéndose de que era lo mejor para Stan.
"Puedes formar un nuevo lazo con un Omega distinto. Los calores serán relativamente menores para mí, a diferencia de las primeras veces, así que no la tendré tan mal".

"¡Xeno!" El albino elevó su mirada con pasmo. Stanley apretó la mandíbula con una expresión adusta. "¿¡Y eso te parece bueno?!"

"En realidad, desde que vi mis resultados como Omega, supe que una vida normal es lo que no tendría..." Acarició su nuca soltando una risa vacía. "Y que el anhelo de proteger a quienes quiero no se cumpliría. Además, si eres tú, Stan... Creo que lo demás no importa si es contigo... Aunque entenderé si te niegas". Relamió sus labios. "Esto es repentino, puedes buscar a otro Omega si así lo deseas, claro... Creo que no debí mencionar esto, ¿verdad? Estuve todos estos días leyendo tanto sobre Alfas y Omegas. Supongo que estoy divagando en este momento... El plan es excelente, pero ¿por qué me metí en esto, en primer lugar? Es tan patético... que yo-"

Stanley sujetó la muñeca del albino y lo atrajo hacia sí, interrumpiendo su balbuceo bruscamente. Xeno parpadeó con incredulidad.

"Stan, acaso estás..."

"Xeno, cierra la boca".

"Es un tema preocupante, lo sé. Pero no quiero que pienses que soy egoísta, no pensé en este plan por mi bienestar... Estaremos los dos a salvo". Xeno esbozó una diminuta sonrisa tratando de relajar a su amigo. "Y, de alguna manera, podré protegerte, Stan. Tu padre tampoco podría sentir mi aroma, porque el tuyo predominaría y, si sigo usando inhibidores de olor, será aún mejor, como si no existiese, tampoco tendrías problemas con otras Omegas por eso. Es un gana-gana. ¿No es realmente elegante?"

Stan ocultó su rostro entre el cuello y hombro de Xeno, abrazando el delgado cuerpo de su compañero con fuerza, como si nunca más volviera a tener la oportunidad de tenerlo así de cerca. Soltaba leves hipidos y sollozos, mordiendo sus labios en un intento ineficaz por ocultar los sonidos vergonzosos, pero era evidente que estaban presentes, siendo el único ruido que se oía en la acogedora habitación. ¿Xeno realmente había pensado en un plan tan descabellado para él? Era demasiado.

Xeno, sin comprender el motivo de tal reacción, se limitó a devolver el abrazo, no sabiendo qué más hacer por tranquilizarlo. Brindaba suaves caricias en los ricitos dorados y toques lentos en la espalda contraria, sintiendo que, poco a poco, Stan regulaba su respiración. Permanecieron en esa posición durante un prolongado periodo, eso hasta que la madre de Xeno los interrumpió llamándolos desde la planta baja. Un aviso de que la cena ya estaba lista. Xeno no lo demostró, pero se sorprendió de la hora que dictaba. Miró a su amigo con una tímida sonrisa y se separó de él para contestar a su progenitora.

Stan se encerró en el baño de la habitación con prisa. Luego de acicalarse, se miró en el espejo opaco: ojos rojizos y ligeramente abultados lo recibieron. No era una imagen bonita de presenciar. Suspiró, estaba seguro de que la señora Wingfield se percataría de que estuvo llorando y no tardaría en bombardearlo con preguntas molestas y tal vez ─lo que era bastante probable con lo preocupada y exagerada que era la mujer─, notificarle a su padre. Ello era lo que menos quería Stan, dado que la mayor parte de sus discusiones iban en torno a su comportamiento tan patético y «para nada digno de un Alfa».

"¿Xee?"

Afortunadamente, y como si Xeno le hubiera leído la mente, cuando salió del baño, se encontró con una bandeja con la cena servida, recibiéndolo en el escritorio de su compañero.

"Le dije a mamá que nos trajera la cena". Respondió la pregunta que nunca salió de los labios del rubio, pero que era evidente de leer en su mirada. "Estamos estudiando muy duro y no queremos interrupciones". Soltó una suave risita. "¿Ya te encuentras mejor?"

Stan enmudeció, parpadeando por un momento. Luego, asintió en silencio.

"Gracias"

Xeno frunció tenuemente sus labios, no teniendo idea de qué más decir para cortar con aquel incómodo ambiente que los fustigaba. Suspiró y prosiguió con su lectura, una vez que Stan se aproximó al escritorio y comenzó a comer sin prestarle aparente atención.

"Si..." Xeno murmuró relamiéndose los labios, en una muestra de su nerviosismo. Apretó el agarre en su libro, inhalando con lentitud y elevó su mirar hacia el niño de rizos dorados. Un mar profundo lo recibió atento. Habían transcurrido exactamente once minutos con cuarenta y cinco segundos desde que no se dijo palabra alguna y Xeno, aunque no lo admitiría, no halló concentración en la lectura, por más que lo intentó, pues el silencio indiferente de Stan estaba martillando su pecho y el sonido del reloj solo declinaba sus nervios, aquejaba sus dudas e irritaba su razón. Xeno exhaló lentamente, tratando de relajar su desasosiego, y, todavía sosteniendo la intensa mirada azul que Stanley le brindaba, prosiguió. "S... Si lo que dije te incomodó, lo siento". Relajó sus hombros y dejó a un costado el texto. "Creí que estarías de acuerdo con esto y yo..." Su voz tembló y Xeno maldijo por lo bajo. "Debo dejar de suponer tus respuestas. Lo siento, lo siento mucho, Stan".

Stanley frunció las cejas. Una ira se acrecentó en su pecho. Se reincorporó del asiento con prisa y se aproximó hacia el niño más pequeño que ya mantenía la miraba gacha y el cuerpo tembloroso.

"Deja de pedir perdón". Lo tomó de los hombros, haciendo que el albino lo mirara. Stan mordió sus labios cuando percibió los ojos vidriosos del más bajo y, sin tomarse algún segundo en pensarlo, lo envolvió entre sus brazos, con el propósito de apaciguarlo, hacerle saber que estaba seguro. Xeno se aferró a él, arrugando la tela de su polera y estallando en llanto. "Xeno, nada de esto es tu culpa, así que ya deja de pedir perdón"

"Sabía que, en algún momento de nuestras vidas, tendríamos que separarnos". Murmuró con la voz quebrada. "Incluso si pudiera mantener en secreto el hecho de que soy un Omega a tu padre, ambos seguiremos caminos distintos, lo sé...Pero muy dentro de mí, mantenía la esperanza de que, si ambos resultábamos ser Alfas... Quizá, quizá hubiera sido diferente. Tu padre ya no se molestaría en que pases tanto tiempo en mi casa y evitarías sus discusiones que solo te causan dolor, pero entonces yo... ¡Yo lo eché todo a perder!" Xeno soltó un gemido lastimero que estrujó el corazón de Stanley. "Fue un impulso desesperado el tratar de buscar una solución para los dos, lo sé. Estuve cegado y no tomé en cuenta tus sentimientos, tratando de amarrarte a mí de manera tan egoísta"

Xeno se separó del rubio a una corta distancia y lo miró con una tímida sonrisa.

"No pensé que te incomodaría el haberte ofrecido formar un vínculo conmigo, pero lo entiendo". El albino liberó una risita dolida, secando las gotas que recorrían sus encendidos mofletes. "Los Alfas prefieren a Omegas femeninos, ¿no es así? Además, sería muy molesto el tener que compartir y concebir los sentimientos del otro cada vez que estemos separados. Ya es suficiente con tener que escucharme divagar sobre el espacio durante horas como para también tener presente mi anhelo por él. Tal vez fui muy ingenuo, pero..."

"Xeno, basta..."

"Escuché que Allison de tercero también es Omega". El albino sonrió con los labios temblorosos. "Sé que le gustas. Cielos, toda la escuela lo sabe. Creo que ella sería una buena compañera. La he estudiado, no es tan tonta como otras porristas, es muy hermosa y-"

"Xeno, ¡ya basta!" Stanley lo miró con dolor, ahora pasando a sostener las mejillas del niño más pequeño entre sus manos. Xeno finalmente lo miró. "¿Por qué estás diciendo todas estas mierdas?"

"Quiero lo mejor para ambos. Lamento si antes no lo consideré, pero créeme que tienes todo mi apoyo. Siempre estaré para ti, Stan". Superpuso sus propias manos sobre las del rubio. "Yo también buscaré la forma de encontrar algo estable para mí. Si ambos conseguimos compañeros, dejarán de llover las miradas juzgadoras. ¿No crees acaso que es lo mejor?"

"No..."

Xeno abrió sus orbes con sorpresa. Más lágrimas amenazaron con bañar su rosado rostro. ¿Acaso Stanley no lo quería junto a él? ¿Es que ahora ya no veía un futuro juntos, como amigos?

"¿Qué quieres decir?"

"No quiero que tengas, ni siquiera que pienses en tener un compañero que... ". Stan mordió sus labios. Era ahora o nunca. "En realidad, quiero que seas mi compañero, Xeno". Tomó las manos más pequeñas y las besó con ternura. "Me gustas, Xeno. Me gustas mucho y quiero pasar el resto de mis días junto a ti..., pero no así". Acarició el rostro del albino con cariño, limpiando las gotitas cálidas con la yema de sus pulgares. "No de esta manera, como si no existiera otra opción y nos veamos en la necesidad de hacerlo por obtener la aprobación de ajenos".

"Stanley..."

"Xeno, te quiero y no deseo nada más en este mundo que correspondas a estos sentimientos". Mordió sus labios trémulos. "Quiero que seas mi compañero, sí, pero más anhelo que ambos lo deseemos y no por algún beneficio externo". Stan esbozó una pequeña sonrisa, y depositó un beso en la frente de Xeno, quien sollozaba interminablemente. "Quiero protegerte, siempre lo haré, jamás lo dudes. Es más, te seguiría hasta los confines de la tierra, si es necesario solo para asegurarme de que aún compartas esa sonrisa que amo tanto. Xeno, el egoísta aquí no eres tú, sino yo, porque solo quiero formar un vínculo contigo cuando estés listo, cuando me ames con la misma intensidad en que lo hago, lo he hecho y lo haré siempre, no ahora. Te quiero, te amo mucho y deseo cortejarte como lo haría cualquier amante apasionado, y hacer que te enamores de mí. No importa cuánto me lleve, solo anhelo eso". Lo miró desbordante de afecto. "Así que, por favor, te lo suplico, amor mío, considera esto como la única petición que te haré en la vida y seré feliz".

"Stan..." Xeno nombró apenas con un hilo de voz. Juntó sus frentes suavemente, aún liberando pequeños hipidos, pero tratando de regular su respiración. Sentía el temor y nerviosismo que Stanley jamás mostró, y la manera desesperada en la que trataba de calmarse. Xeno sintió un dolor creciente al saber que fue él quien provocó aquella faceta que sabía que el rubio detestaba, pero también era consciente de que no era momento de continuar sintiendo culpa, ya no. No después de todo lo que se confesó. Liberó un suspiro prolongado y una risueña risita abandonó sus labios húmedos. "Ni meses ni días te tomaría..." Sus manos se deslizaron hasta el cuello del contrario, donde acarició con ternura. "Porque ya lo tienes. Mi amor es tuyo, siempre lo ha sido. Cada suspiro, cada anhelo, todo de mí te pertenece, Stan".

Stanley lo miró rápidamente, frunciendo el ceño y soltando una risa boba.

"¿Estás acaso tomándome el pelo?"

"¿Me crees capaz de hacer una broma como esta, en un momento como este?" Xeno preguntó con el mismo tono y expresión. Ambos sonrieron con afecto en sus miradas. "Stan, me gustas desde hace mucho tiempo, no podría decir con precisión el momento, pero sí, ha sido bastante"

"¿Y no crees que hubiera sido mejor simplemente confesarte en lugar de ofrecer ese extraño acuerdo del vínculo entre compañeros?"

Xeno parpadeó incrédulo, separándose un momento del rubio y exclamó:

"¡Por supuesto que no! ¿Cómo iba a saber yo que me correspondías después de que únicamente te he visto salir con Omegas femeninos? Stan, jamás se me pasó por la mente imaginar que te gustaban los niños. Era mucho mejor el contrato del vínculo, porque..." Acarició su nuca, desviando la mirada. "Por lo menos así, podría tenerte junto a mí. Aunque hubiera sido doloroso sentir el aroma de otro Omega en ti cada vez que nos viéramos, podría haberlo soportado con tal de verte feliz y en calma con tu padre, creo que era un precio justo"

"Jamás" Stan tomó la mano del Omega entre la suya y entrelazó sus dedos. "Jamás te haría eso. Eres el único para mí, Xeno. Déjame mostrártelo de muchas formas. Permíteme cortejarte, por favor"

"Sí". Xeno asintió mientras apretaba el agarre de sus manos.

"Haré que te enamores más de mí".

"No creo que eso sea posible, ya te quiero con gran intensidad, pero está bien. Comencemos de la manera correcta, y luchemos juntos contra toda adversidad". Relamió sus labios. "Creo que si estamos juntos seremos capaces de lograr lo que sea que nos propongamos".

Stanley sonrió asintiendo. Abrazó al pequeño Omega y luego se dispuso a dejar rápidos besos sobre todo su ruborizado rostro.

"Te quiero, Xeno, y jamás dejaré de hacerlo ni tengo intención de dejarte ir de mi lado. Y si tengo que luchar contra todo el mundo para poder salir de la mano junto a ti, para exhibir el inmenso amor que tengo por ti, que así sea".

Cuando Stan cumplió dieciocho, abandonó su hogar. Había pasado todo un año ahorrando dinero en diversos trabajos de medio tiempo y, con ayuda de los padres de Xeno y el mismo Xeno, consiguió una buena cantidad de dinero para mantenerse. Fue complicado al principio, pero lo consiguió. Asimismo, decidió alistarse al ejército, pese a las constantes súplicas del albino, supo que era lo mejor, si es que planeaba brindarle una vida digna a su amor. Xeno respetó su decisión, tarde que nunca, puesto que era lo que el rubio anhelaba. Del mismo modo, Xeno continuó sus estudios en la universidad, manteniéndose siempre en contacto con su pareja y esperando con afán los días en los que se reunirían.

Así, Stan podría abrazar al delgado Omega con tanta fuerza, hundiendo su rostro entre el cuello y hombro ajeno para absorber aquel aroma que había aprendido a amar tanto y que tanta tranquilidad le obsequiaba, durante todo el tiempo que quisiera. Con ambos contando los días en que finalmente pudieran terminar con esa distancia de raíz y ser uno por la eternidad.

Quizá el destino se equivocó al darles aquellos resultados, pero ahora ninguno de los dos podría estar más de acuerdo con la manera en que resultaron las cosas. Xeno no podría ser más feliz con saber que podía estar junto a Stan sin ser juzgados, y Stan se relajó, porque si Xeno hubiera despertado como Alfa, hubiese luchado hasta que medio mundo los aceptara juntos, con tal de tranquilizar a su amor.

Notes:

Hubo mucho llanto por parte de ambos. Bueno, escribí esto mientras escuchaba canciones corta venas, so-