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Prólogo
Harry se mantenía en las sombras, respirando con dificultad, luchando consigo mismo para no sucumbir al pánico que estaba sintiendo en ese momento. ¿Cómo se suponía que tenía que enfrentarse a este pequeño detalle? Nadie le había enseñado cómo era el mejor modo de lidiar con una situación como la que le estaba sucediendo ahora mismo…
Mordiéndose el labio inferior, él observaba las luces en la casa de su mejor amiga. Él escuchaba claramente cómo se daban las buenas noches los miembros de la familia, y cómo Hermione subía las escaleras a su habitación, Harry imaginaba que para acostarse.
Una vez estuvo seguro que ella estaba sola en su cuarto, y que no los iban a interrumpir, él se acerca con determinación. Sabía que lo que estaba haciendo no era lo realmente recomendado, que la estaba poniendo en un tremendo peligro; pero de verdad necesitaba que alguien le ayudase, y Hermione era la más cercana y con quién podría ponerse en contacto más fácilmente.
Haciendo uso de la nueva fuerza y destreza que había adquirido sólo hace dos noches atrás, Harry salta, afirmándose en una rama alta del árbol frente a la ventana del cuarto de Hermione. Equilibrándose sin problemas entre las hojas, Harry se estira hasta afirmarse en el alféizar, golpeando ligeramente el vidrio para llamar la atención de su mejor amiga.
Hermione, quien se estaba cambiando de ropa, se sobresalta al escuchar los golpes. Termina de ponerse la camiseta, con el ceño fruncido, antes de correr la cortina, abriendo los ojos como platos al ver a su mejor amigo encaramado en el segundo piso, por fuera de su ventana, como si no le costase esfuerzo.
Y Harry claramente no estaba sobre una escoba.
-Merlín, Harry, ¿qué estás haciendo?- exclama Hermione abriendo la ventana. Harry lleva su dedo a sus labios, pidiéndole que bajase la voz.
-Necesito tu ayuda Hermione- murmura él algo inquieto, sintiendo cómo ese hambre paralizante y doloroso comenzaba a revivir en su estómago y garganta, sus vasos sanguíneos sintiéndose secos como un desierto.
Harry se aferra al alféizar de la ventana con fuerza, respirando grandes bocanadas de aire por la boca, buscando con desesperación controlarse a sí mismo. Con horror se dio cuenta que estaba perdiendo la batalla, tal como le había pasado la noche anterior. Sus ojos se llenaron de lágrimas, su mundo adquiriendo un tinte rojizo por la sangre que se acumulaba en sus ojos…
-No…- murmura él con desesperación, entrando en la habitación de su mejor amiga, cayendo de rodillas. Él sostenía su tronco con sus brazos cruzados, su cuerpo temblando fuertemente, mientras él luchaba con todo lo que tenía para volver a adquirir el control necesario para no lastimar a la bruja.
-¿Harry?- Hermione murmura agachándose a su lado, mirando algo asustada cómo su mejor amigo temblaba en el piso de su habitación sin parar, gimiendo con desesperación, sollozos atorándose en su garganta.- Harry, dime qué está mal…
-Lo siento, Mione, de verdad lo siento mucho. No es lo que quería que pasara…- dice Harry con desesperación, levantando la cabeza para mirar a Hermione, sus ojos completamente cambiados: sus escleras estaban teñidas de rojo, contrastando con el verde sobrenatural de sus irises. Las venas alrededor de sus ojos sobresalían, generando una máscara terrorífica, que se completaba con los colmillos que Harry le mostraba en ese momento.
Antes que Hermione pudiese reaccionar en lo absoluto, Harry salta contra ella, presionándola con fuerza contra la pared. El vampiro, pues Harry había sucumbido completamente a sus nuevas ansias, olfateó la piel de la humana a su disposición, sonriendo al notar lo aterrada que estaba. Con un simple movimiento, el vampiro quita el cabello del cuello de la bruja, la magia que ella intentaba llamar para defenderse electrizando sus dedos. Riendo maliciosamente, el vampiro muerde la tersa piel, su boca llenándose de ese dulce líquido, haciéndolo gemir de placer.
Sin detenerse a pensar en nada, el vampiro, Harry, presiona sus caderas contra Hermione, apretándola aún más contra la pared, enviando sus feromonas y veneno a través del mordisco buscando que la bruja en sus brazos sucumbiese a la tentación y le rogase que bebiera de ella hasta secarla, más que defenderse del ataque.
Harry bebió por un par de minutos, cada vez teniendo que soportar mayor peso del cuerpo que tenía entre los brazos…
-Harry… es dem… demasiado… no… no puedes… beber…- murmura Hermione al borde de la inconsciencia, regresando la voluntad de su mejor amigo a su cuerpo. Harry quita sus colmillos del cuello de morena, sosteniéndola con horror.
-Lo… lo siento- dice Harry mordiendo su labio inferior, el cual estaba manchado de rojo. Él coge en brazos a su mejor amiga y la deposita tiernamente en su cama, quitando su cabello de la cara, escuchando aterrorizado cómo los latidos del corazón de Hermione eran cada vez más lentos y débiles.- No puedes morir Hermione, no… no…
Hermione miraba a Harry con los ojos desenfocados. Estaba asustada, no quería morir en ese momento. Le enrabiaba esta situación, pero no se le había pasado por la mente culpar a Harry. Él claramente era un vampiro novato que aún no aprendía a controlar su sed de sangre. Culpaba al imbécil que había convertido a Harry y luego lo había dejado solo para lidiar con el desastre…
De pronto Hermione siente un sabor metálico en la boca. Su cuerpo se energizó al instante y ella por fin pudo enfocar de nuevo. Harry la sostenía contra su cuerpo con delicadeza, su muñeca contra la boca de Hermione, masajeando su cuello para que tragase la sangre que le estaba entregando.
-Shh… no puedo dejarte morir. Lo siento muchísimo Hermione. No era esto lo que quería que pasara- murmura Harry contra el oído de su mejor amiga entre sollozos. Sabía que lo que estaba haciendo no estaba bien, ni siquiera le había preguntado a Hermione su opinión; pero en ese momento él no se sentía capaz en lo absoluto de lidiar con la muerte de su mejor amiga, muerte que él mismo había causado porque era demasiado débil como para controlar sus necesidades de sangre. Ya tenía una muerte en la consciencia, no sería capaz de lidiar con dos.
Hermione comprendió de inmediato lo que estaba sucediendo. Con alarma intenta alejarse del agarre de Harry, pero estaba demasiado débil como para escapar. Su mejor amigo sollozaba a su lado, obligándola a beber, murmurándole “lo siento” sin parar al oído. Hermione decide en ese momento aceptar su destino. Lo haría por Harry. Dejaría que él la convirtiese y lo perdonaría completamente por haberlo hecho sin preguntarle. Ella imaginaba que si se enfrentase a la idea de la muerte de uno de sus mejores amigos por su propia mano, ella habría tomado la misma decisión.
Y así fue cómo Hermione Granger se convirtió en una vampiresa, y cómo comenzó la nueva vida de ambos.
