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Tony admiraba el cielo estrellado sintiendo una profunda paz y la anhelada tranquilidad. Este definitivamente era su lugar favorito en el mundo. Mientras se encontraba de pie en el camino de madera sobre el lago, pensaba en cómo le encantaría estar allí con ella. Habían pasado once meses desde la última vez que la tuvo en sus brazos, pero los recuerdos seguían vivos en su corazón. Con tan sólo cerrar sus ojos podía sentir el calor de su cuerpo mientras la abrazaba, la dulzura de sus tiernos labios. Todavía podía ver esa suave sonrisa que llenó su alma de vida durante tantos años. Pepper, Amor. Tony dejó que la cálida brisa de ese día de verano lo envolviera, y su mente siguió viajando por los recuerdos compartidos. Pepper había sido su mundo, su propósito, la razón de vivir. Te extraño. No es posible vivir sin ti, ¿no es así? De pronto, ese pensamiento le asaltó con toda la fuerza de las emociones arraigadas en él. Ese instante volvía para cazar su paz como a una presa acorralada. ¿Por qué permití que sucediera? Tony tan sólo quería pensar en ella, en cómo la extrañaba y la amó. No, la amaba. Pero ahora su mente no podía dejar de recrear esa escena, esos sentimientos. Huyó, salió despavorido y a pesar de todo arrastró consigo ese tormento. Intentó concentrarse nuevamente, pero su corazón intranquilo comenzó a latir desesperado cuando escuchó que un auto entraba en la cabaña. Sólo podía ser él, pensó. Escuchó que el auto se detuvo y alguien se bajaba. No quería mirar hacia atrás, estaba completamente seguro de que sería él.
Los pasos se acercaron lentamente, como esas tormentas que comienzan con la suave e inofensiva brisa.
«Tony», le oyó decir y su corazón se aceleró aún más. Sin embargo, Tony seguía firme al pensamiento de no seguir con esa locura.
«Por favor, déjame explicarte», oyó decir a Steve en tono de súplica.
"No hay necesidad de explicaciones, Cap", Tony le respondió con sus ojos fijos en el lago. Sus palabras sonaron frías y cortantes.
«Creo que deberíamos hablar», insistió Steve.
«Nos besamos, Steve. Eso fue todo», respondió Tony aún sin mirar atrás.
"No lo es todo para mí", le respondió Steve con firmeza.
Finalmente, Tony se dio la vuelta y lo miró a los ojos. El cuerpo de Steve estaba tenso, sin embargo, estaba claro que estaba tratando de ocultar todo el dolor que reflejaban sus ojos. “Lo es para mí. Estás perdiendo tu tiempo aquí.”
«Tony, lo que pasó entre nosotros...», Steve intentó explicarle.
«Mi nombre debe ser como un amuleto de la suerte para ti. Lo usas demasiado”, Tony lo interrumpió tratando de cambiar la conversación. Con tan sólo mirarlo ya no sabía si era que no podía o no quería hablar con Steve. Así que decidió en ese preciso momento que era hora de irse nuevamente a dormir. Comenzó a caminar hacia la cabaña.
"Te amo", escuchó decir a Steve.
El corazón de Tony se estremeció en su pecho. Sus pies se detuvieron sin saber qué hacer y sus ojos miraron a Steve mientras su mente gritaba exasperada, ¿Qué acaba de decir? ¿Amor? ¿Quién habló de amor? ¡Nadie tiene permitido hablar de amor! El amor había muerto el día que él regresó y supo que Pepper también había desaparecido. Nadie podía hablar de amor.
“Te he amado durante tantos años”, Steve lo miraba fijamente y el temblor en su voz sorprendió a Tony. Nunca lo había escuchado hablar así. “Sabía que no debía decirlo porque estabas con Pepper…”
“¡No digas su nombre!”, gritó Tony angustiado. Esto no podía estar pasando, se dijo a si mismo. Debía terminar con esa situación.
“Lo siento. Sólo quería explicarte. Por favor, Tony, no lo hagas…”, Steve le rogaba nuevamente.
“No quiero escuchar nada. No quiero explicaciones, ni confesiones, nada. Fue un estúpido momento, un beso que no significó nada para mí. Y realmente no me importa si significó algo para ti”, Tony respiró hondo y lo miró con resignación. «Tal vez es hora de que aprendas la lección, Cap. Perdimos TODO. Perdimos y no hay vuelta atrás».
Tony pasó por su lado y caminó muy rápidamente, necesitaba alejarse de Steve. Sus pensamientos estaban entumecidos y no podía comprenderse a sí mismo. ¿Por qué había gritado? Sabía que estaba huyendo de algo, pero tan sólo una tremenda ira lo abrumaba en ese momento. Una vez dentro de la cabaña, se apoyó contra la puerta principal. Su corazón todavía estaba agitado, desenfrenado, y respiraba tan desesperadamente como si ese fuese el final de una batalla. Tony cerró los ojos tratando de calmarse. ¿Contra quién estaba luchando?, pensó. ¿Era esa una batalla contra Steve o contra sí mismo? La única respuesta que pudo darse fue que no debió lastimarlo de esa manera.
Pasaron unos minutos y Tony se deslizó hasta caer al suelo con la cabeza aún apoyada en la puerta. No había escuchado encenderse el auto, lo que implicaba que Steve todavía seguía en el lago. Una parte de él podía reconocer ese sentimiento. Pero otra parte, que parecía ser la dominante, le hablaba de culpa y remordimiento. Peps, Amor, ¿por qué mi corazón sigue latiendo desesperado? Ahora no sabía qué hacer o pensar. Sólo esperaba escuchar el motor del auto para saber que Steve se alejaba de su lado.
Tony escuchó pasos acercándose que parecían vacilantes. No vengas aquí, no vengas. Ciertamente no sabría qué hacer si Steve tocase la puerta. "Te amo", podía escuchar la voz de Steve competir contra sus propios pensamientos. Tony acercó el oído a la puerta. Su cuerpo entero estaba acurrucado contra ésta como si sólo ese simple trozo de madera fuera el abismo que los separaba. Puso su mano sobre la puerta. Lo siento, Steve. No puedo hacer esto, dijo en un suspiro silencioso. De pronto los pasos que parecían dudosos se detuvieron, y el corazón de Tony también. Por favor, debes irte, repitió en su mente. Steve se acercó a la puerta, y el mundo tal como había sido concebido, cambió en un instante.
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“Bruce le dio un sedante. Probablemente dormirá el resto del día."
Tony comenzaba a despertarse. Podía sentir la pesadez de su cuerpo y sus ojos no querían abrirse a pesar de que quería saber dónde estaba. Sus sentidos comenzaron a responder muy lentamente; escuchó los pasos de alguien. Se sentía muy cansado y aunque le insistió a sus ojos que se abrieran, parecían tener voluntad propia y lo ignoraron. Alguien estaba a su lado. Podía sentir una presencia muy cerca de él. Quien fuese que estuviese a su lado tomó su mano y la acarició suavemente. ¿Quién lo estaba tocando? se preguntó. Del mismo modo sintió una caricia en su rostro. Alguien lo acariciaba suavemente mientras escuchaba a lo lejos el sonido de palabras. Susurros, que no lograba comprender. Debo abrir los ojos, se dijo. Ahora se escucharon otros pasos. Tony sintió un extraño vacío cuando esas caricias y la cercanía de quien estaba allí se desvaneció. Intentó abrir los ojos y finalmente respondieron. Todo estaba tan borroso que no podía distinguir su entorno. Sólo pudo ver una figura borrosa saliendo por la puerta de una habitación que tampoco reconocía.
"Hey, ¿cómo te sientes?"
Tony pensó que esa voz era muy familiar, y cuando pudo enfocar su visión, vio a Bruce frente a él.
"Bruce...", se escuchó decir. Quería concentrarse y hablar, pero no pudo. Quería preguntarle a Bruce quién le había hablado y acariciado. Sin embargo, el cansancio hacía estragos y un sueño embriagador lo envolvía nuevamente.
"Está bien, Tony. Necesitas descansar", Tony escuchó a Bruce decir a lo lejos, y también estuvo de acuerdo. Era mejor seguir durmiendo.
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"¿Cómo te sientes?", Rhodey le preguntó.
"Con resaca. Ni siquiera en mis mejores fiestas tomé algo tan fuerte como lo que me dieron", dijo Tony sonriendo. Ahora más despierto, reconocía encontrarse en la enfermería del complejo.
"Ambos sabemos que eso es mentira, pero también es cierto que necesitabas descansar", le dijo Rhodey sonriendo también.
“Al menos tienes mejor aspecto”, dijo Bruce mientras se acercaba a Rhodey que estaba sentado en la cama de Tony.
"Necesito un poco de aire, ¿Puedo salir un momento, doctor?", Tony le preguntó a Bruce, quien sonrió ante su pregunta.
"Sí, pero sin caminar Tony. Sé que debe ser molesto ir en la silla de ruedas, pero sería mejor si no haces mucho esfuerzo", Bruce le explicó tratando de usar su mejor voz de doctor.
"Vamos, te ayudo", dijo Rhodey, y entre Bruce y él ayudaron a Tony a sentarse en la silla de ruedas.
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Rhodey llevó a Tony al jardín del complejo y se sentó en un banco junto a él. Estaba atardeciendo y los hermosos colores en el cielo perdieron todo su brillo cuando las facciones de Tony se oscurecieron en el instante en que llegaron allí.
"Ella me dijo que no subiera a la nave", Tony dijo mirando el horizonte.
"Estabas haciendo lo que cualquiera de nosotros hubiera hecho", le respondió Rhodey.
"Sucedió, lo que tenía tanto miedo, sucedió. El mundo desapareció ante mis ojos y no pude hacer nada. No pude protegerla". Las palabras de Tony estaban llenas de remordimiento.
"Tony, no es tu culpa. Sé que es difícil verlo ahora. Pero estaré a tu lado todos los días del resto de mi vida para hacerte ver que no es tu culpa". Rhodey le habló con mucha convicción en su voz.
“Luché pensando en ella. Luché tratando de salvar un mundo que no sabía lo que estaba sucediendo y, sin embargo, no fue suficiente. Pepper, Happy, Peter...". El dolor en la voz de Tony resonó en el silencio del jardín. Su corazón se encogía de pena al nombrar a las personas que amaba, su familia.
“No podemos culparnos porque un desquiciado decidió que tenía la verdad última sobre la vida de millones de seres vivos. Y sobre todo tú, a quien he visto crecer y convertirse en la mejor versión de ti mismo. No puedes culparte por algo que estaba más allá de nuestro alcance. El mundo se convirtió en algo más grande que nosotros, y ahora lo sabemos”. Rhodey le habló con una serenidad sobrecogedora que hizo que el dolor de su corazón se apaciguara un poco.
Pasaron unos minutos allí sentados mientras Tony seguía con la mirada perdida. Un silencio cómodo los abrazó y la mano de Rhodey acariciaba el hombro de Tony suavemente. Tony sabía que Rhodey tenía razón, pero inevitablemente eso no era suficiente para sentirse mejor del todo. Perdió TODO cuando perdió a Pepper. El amor de su vida, su mejor amiga, su pareja, su mundo...
"¿Qué queda ahí afuera para mí?", preguntó Tony con un suspiro.
“El mundo todavía existe, y creo que todos pactamos un tácito juramento sobre protegerlo. Todavía podríamos ayudar a otros. Curar nuestras heridas mientras también ayudamos a sanar las de los demás”, dijo Rhodey con optimismo.
"Me alegra que estés aquí." Tony miró a Rhodey a los ojos y trató de transmitirle todo el amor y cariño que sentía por él. Todavía tenía a su otro mejor amigo, pensó.
"Yo también, hombre. Estoy agradecido de que estés aquí", le dijo Rhodey con una suave sonrisa.
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