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Un lugar llamado San Francisco

Summary:

Jin Ling lleva mitad de su vida pensando que su 'tío' Wei Wuxian estaba muerto, y la otra mitad comprendiendo que lo fingieron muerto porque lo odian, especialmente su tío Jiang Cheng. Pero al cumplir los dieciocho años, Jin Ling decide emprender un largo viaje, desde Hong Kong hasta San Francisco, en búsqueda del famoso Wei Wuxian. Lo que allá encuentra, le sorprende más que todos los chismes que escuchó desde niño, descubriendo el secreto mejor guardado de su familia.

Notes:

Desde que terminé de leer MDSZ por primera vez, me hizo ilusión escribir algún fic centrado en Jin Ling. Tanto que hay alrededor de este pobre niño que todo lo que quiere es tener una familia, y ejem, tener a sus tíos juntos. Así que me dije bueno, puedo intentar hacer algo por él, con un setting moderno.

Chapter 1

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

–Es tu cumpleaños, puedes pedirme un regalo si gustas.

–Quiero conocer al tío Wei Wuxian.

Cuando cumplió seis años, Jin Ling escuchó por primera vez aquel nombre. Bastó una sola mirada de Yu Ziyuan, su abuela materna, para entender que no debería de preguntar sobre él, ni quién era, ni por qué nadie quería siquiera mencionarlo. Era como si Wei Wuxian fuese un monstruo en un cuento de niños: corría el peligro que malas cosas ocurriesen si mencionaba muchas veces su nombre.

“Está muerto”, eso le hicieron creer por otros seis años y Jin Ling casi que les creyó por siempre. Su abuela y su tío Jiang Cheng no tendrían por qué mentirle. Eso fue hasta que, de visita en casa de su tío Jin Guangyao, lo escuchó hablar sobre Wei Wuxian y su ‘escandalosa vida’. Le bastó prestar atención a que hablaba de él en presente y no en pasado, para darse cuenta que le habían mentido.

Por más que preguntó, de buenas y malas maneras, nadie quiso decirle absolutamente nada. Jin Guangyao fue el más ambiguo, con una sonrisa y una palmadita en los hombros, diciéndole que no le correspondía a él indagar en ese asunto. Su tío Jiang Cheng torció la boca y le dijo que le prohibía volver a pronunciar ese nombre en su presencia. La más directa fue su abuela Yu Ziyuan, quien le dio una sonora bofetada cuando Jin Ling insinuó que todo lo que hacían sus parientes era vivir de las apariencias y las mentiras.

Él era necio, cuando tenía una idea en su cabeza era difícil soltarla y ya habían pasado unos cuatro años desde entonces. Aún quería saber cosas, todo lo que no pudiese deducir del diario que su madre llevó cuando era joven. Quería entender por qué lo despreciaban a tal punto de actuar como si estuviese muerto, cuando su madre no hacía nada más que dedicar buenas palabras para Wei Wuxian.

Quizás era cuestión de adolescentes como él, huérfanos y con demasiadas preguntas que resolver sobre sus vidas, sentir al menos una pizca de control en algo por una vez.

Pero claro, no todos los huérfanos tenían el mismo tío que él.

Un vistazo al ceño ensombrecido por la ira de Jiang Cheng, y Jin Ling estaba a unos pasos de arrepentirse de haber abierto la boca.

–Te he dicho que no quiero que nombres a ese tipo en mi presencia. 

–Pero, ¿por qué?

Esa era la pregunta del millón, ¿por qué? ¿Qué diablos había hecho Wei Wuxian para ganarse desprecio de tamaña manera? De no haber encontrado el diario de su madre, probablemente hubiese crecido con la misma cizaña y el prejuicio de sus parientes, que se la pasaban tratando de inculcarle el mismo desprecio ciego por Wei Wuxian. Pero Jin Ling no entendía por qué las páginas de su madre hablaban de un tipo al que había tratado como un hermano menor, con quien había compartido tantas risas y buenos momentos, mientras su tío y su abuela se expresaban de él como si hubiese sido un delincuente. 

¿Se había robado algo? ¿Había traicionado a la familia? ¿Acaso le había dicho algo horrible a su abuela…? ¿Qué?

–Ya no puedes seguir repitiendo la mentira que está muerto, no tengo doce años.

–Da igual, porque no vamos a hablar de eso. Y será mejor que dejes de insistir en ese asunto, Jin Ling, si sabes lo que te conviene.

–¡Dijiste que podía pedir lo que yo quisiese!

–¡Sí, pero algo con sentido, no un estúpido capricho!

Jiang Cheng acompañó sus palabras con un golpe en la mesa, haciendo que los platos y las tazas de té vibrasen sonoramente. Fairy reaccionó al escándalo lanzando un ladrido, probablemente inquieta y confundida ante la actitud de Jiang Cheng. No era extraño que gritase ni que estuviese regañando a alguien (casi todo el tiempo era al mismo Jin Ling), su tío era un poco violento en su manera de expresarse, pero no solía perder tanto el control de esa manera. Solamente era cuando se hablaba de Wei Wuxian. ¡Más a su favor para alimentar la curiosidad de Jin Ling! 

–No es un estúpido capricho –Jin Ling trató de no flaquear en su argumento, frunciendo el ceño, aunque sus hombros estuviesen temblando un poco, temiendo que Jiang Cheng arrojase su plato a su cabeza o algo así–. Quiero conocerlo.

De pronto, su tío se puso en pie y Jin Ling se encogió en su asiento, escuchando de fondo los ladridos de Fairy. A pesar que estaba del otro lado de la mesa, aparentemente a salvo de un manotazo de parte de Jiang Cheng, Jin Ling se sentía intimidado. Ver sus ojos era ver la misma mirada de su abuela, y él estaba seguro que habían inventado la palabra intimidación gracias a ella.

Estaba seguro que si Jiang Cheng tuviese a mano un látigo, no se cortaría la mano para golpearle con este para darle una lección sobre respetar a sus mayores.

–Primero muerto antes que lo veas, ¿me entiendes? –apoyó sus manos sobre la mesa, inclinándose hacia el frente–. Muerto.

La amenaza estaba lejos de ser verdad, lógicamente Jin Ling sabía que Jiang Cheng sería incapaz de realmente hacerle daño, pero su cerebro estaba lanzándole señales de alerta. Ese era el poder de intimidación que tenía su tío. 

Y ese era el nivel de furia que despertaba la sola mención de Wei Wuxian, incluso habiendo pasado ya tantísimo tiempo desde la primera vez. 

–No tengo apetito –chasqueando la lengua, Jiang Cheng se acomodó el pelo, como tratando de recobrar la serenidad–. Se me revolvió el estómago. 

Le dedicó una última mirada antes de marcharse del comedor, de esas tan típicas suyas que decían todo sin tener la necesidad de abrir la boca y dejar escapar las palabras. Era nuevamente una advertencia, que no volviese a retarlo ni a mencionar el asunto o realmente iba a encontrar formas para arrepentirse. Y Jin Ling sintió que era mejor dejar el asunto morir por esa noche. 

Solo en el comedor, con Fairy colándose bajo la mesa para apoyar la cabeza en su regazo, Jin Ling sintió que estaba en el mismo punto donde siempre terminaba cuando se trataba de Wei Wuxian: Mil preguntas y cero respuestas.

Él tampoco tenía apetito.


==

 

Desde pequeño, el cumpleaños de Jin Ling era sinónimo de una cosa: Reuniones familiares.

Estaba acostumbrado a pasar su aniversario rodeado de amigos de sus tíos, de sus abuelos, gente importante de Hong Kong con quienes sus familiares necesitaban mantener buenas relaciones. Se suponía que él era el homenajeado, el centro de atención de todos y, sin embargo, cada año que pasaba, Jin Ling se convencía que probablemente podría escaparse por la puerta trasera y absolutamente nadie lo notaría.

Los adultos se sentaban en el gran salón o en alguno de los jardines, mientras brindaban y comían alguno de esos postres tan exquisitos que ordenaban preparar para fechas importantes. Nadie estaba allí realmente para preguntar por él, para saber cómo se sentía o si necesitaba. Su tío Jiang Cheng insistía en que se vistiese lo más presentable posible y que evitase hacer alguna grosería, porque de eso dependía su futuro. Siempre se lo repetía, ahora con más frecuencia desde que su abuela Yu Ziyuan falleció.

Y él debería de estar casi saltando del gozo que finalmente podría ubicarse entre los adultos, sentirse que ya estaba por formar parte del círculo de la gente mayor que siempre le había rodeado desde que tenía uso de razón, pero en su lugar estaba encerrado en su habitación, acariciándole la cabeza a Fairy. Aún seguía rumiando la discusión con Jiang Cheng, seguía incómodo y hasta indignado que su tío era incapaz de concenderle un pequeño deseo como aquel. Actuaba como si le estuviese faltando el respeto, escapaba del entendimiento de Jin Ling por completo. 

No tenía las energías ni el interés suficiente como para bajar y dar vueltas entre todos los invitados, esperando poder intervenir en alguna conversación. Se sentía más a gusto con Fairy, la única que parecía entenderle de alguna forma. Su perra sabía que estaba mal, que algo le afectaba y le nublaba sus pensamientos, sólo por eso explicaba que estuviese tan pegada a él. Su cabeza estaba apoyada en sus rodillas, mientras le miraba atentamente y se dejaba acariciar por él. Fairy era su confidente, la amiga que llevaba ya cinco años a su lado. Era su amistad más duradera, porque no era un secreto que Jin Ling no era un imán de amistades, todo lo contrario.

Su cabezonería, altanería e incompetencia total para socializar, no le había ayudado pero ni un poco en toda su vida estudiantil. Sus abuelas habían cotilleado de eso desde que los diez años, comentando abiertamente frente a él que no entendían cómo era posible que un niño tan lindo como él no tuviese al menos algún par de amigos. Yu Ziyuan incluso había dicho que Jiang Cheng se había logrado hacer de al menos unos cuantos colegas cuando era estudiante, pero en cambio él… No se hacía muchas bolas al respecto, por supuesto, porque para Jin Ling estaba muy claro por qué no tenía amigos, por qué nunca invitaba a nadie de su edad a sus fiestas de cumpleaños.

Muy a pesar de su mal carácter, que podía ser un chiquillo caprichoso y un poco mimado hasta cierto punto, sabía que nadie quería estar con él porque era un huérfano. Ya los había escuchado antes burlándose de él, murmurando que si había crecido como un malcriado, era porque nunca había tenido padres que le inculcasen buenos modales. Había pillado alguna que otra sonrisa maliciosa en días donde había reuniones familiares en el colegio, cuando todos sus compañeros entraban de la mano con sus padres, él lo hacía con su tío Jiang Cheng o alguna de sus abuelas.

Jin Ling había tenido que tragarse varias humillaciones de ese tipo, a pesar de su estatus como el heredero de una familia muy importante en Hong Kong. Con todo el dinero que tenía en el banco, en propiedades a su nombre, en acciones en una empresa que todavía ni siquiera terminaba de entender, no podía borrar el hecho que era un huérfano.

Suaves toques a su puerta llamaron la atención de Fairy, alzando sus orejas y guiando su cabeza en dirección a la entrada. Jin Ling se imaginó que se encontraría con el rostro de cabreo de Jiang Cheng, que vería su boca torcida y su ceño fruncido, fastidiado porque no estaba en la fiesta, ‘disfrutando’ con todos los demás. Pero en su lugar se topó con un rostro amable, una pequeña sonrisa y un aura tan distante del remolino que traía consigo su tío.

Nie Huaisang era todo lo contrario a su tío Jiang Cheng.

–Un pajarillo me dijo que estabas aquí.

Al notar que no le hacía ascos a su presencia, Nie Huaisang se hizo paso en la habitación, dedicándole una sonrisa nerviosa a Fairy. No creía que le temiese a los perros, pero el tamaño de su mascota sin duda generaba algo de respeto.

–No creo que haga mucha falta hasta la cena –respondió, volviendo a concentrarse en acariciar a Fairy.

–Mmm, e imagino que también estás aquí porque sigues molesto con tu tío Jiang Cheng.

La mención a ese detalle hizo que Jin Ling se encogiese un poco en su posición. No era que le sorprendiese realmente que su tío hubiese comentado con alguien su ‘altanería’, pero se incomodaba cuando venían a regañarle o a tratar de aconsejarle que fuese más prudente. Y era difícil discutir con Nie Huaisang, porque él nunca tuvo malas palabras para él ni nunca pareció mirarle con lástima o burla. Todo lo contrario, quizás.

Aunque sabía a qué venía, era muy fácil de adivinar. Si estaba allí por su propia voluntad o si su tío lo había convencido de ir hasta su encuentro para tratar de limpiar su imagen, no tenía idea, pero era obvio que lo que quería hacer era convencerlo de perdonar a Jiang Cheng.

–Sólo busca tu bienestar, ¿lo sabes? –Nie Huaisang expresó casi las mismas palabras que se imaginó que diría.

Tenía ese tono de voz suave, como si estuviese hablando con todo el cuidado del mundo porque temía una mala reacción. De alguna forma le traía calma, aunque el tema fuese molesto.

–Siempre dices eso, ¿pero bienestar por qué? ¿Qué es eso tan grave que hizo que nadie quiere hablar de él? ¿No se supone que ya estoy lo suficientemente grande como para entender? 

Eso era lo que Jin Ling menos entendía. Sabía que durante muchos años le dijeron tantas cosas, mentiras para que de niño pudiese digerir todo mejor. Pero él ya estaba cumpliendo sus dieciocho años, ¿no era entonces momento para que finalmente fuesen sinceros con él y le soltasen toda la verdad que le ocultaron durante años?

Miró de reojo a Nie Huaisang a su lado, jugueteaba con el borde de las mangas de su qipao verde, inquieto.

–Tú sabes, ¿verdad? –probó su suerte, tratando de quebrarlo en su nerviosismo–. Dime, ¿acaso Wei Wuxian mató a alguien?

–¿Qué…? ¡No!

–¿Entonces qué fue? ¿Robó dinero de la empresa? ¿Faltó el respeto de la abuela?

–Jin Ling, no insistas, no puedo decirte nada.

Nie Huaisang ocultó parte de su rostro tras un bonito abanico de papel, artículo que nunca faltaba en su mano cuando salía a alguna parte. Decía que era para decoración, moda, costumbre, pero Jin Ling estaba convencido que siempre lo llevaba consigo para poner un muro por sobre los demás, para ocultarse del resto.

–¡Tú también me ocultas cosas! ¿Cómo se supone que quieres que entienda a mi tío Jiang Cheng si se la pasan guardando secretos de mí todo el tiempo? –se puso de pie, exasperado y haciendo que Fairy retrocediera un par de pasos–. Wei Wuxian es casi que un monstruo por lo que me dicen, pero el Wei Wuxian que describe mi madre en su diario es tan distinto. ¿Quién dice mentiras? ¿Por qué nadie quiere hablar de él? No entiendo nada…

Se cruzó de brazos con fuerza, tratando de concentrarse en la presión que ejercía sobre su pecho para tratar de no llorar. Era algo inevitable, tendría que haber heredado esta frustración de alguien, pero no tenía idea de quién exactamente, porque nunca había visto a su abuela llorar de estrés ni mucho menos a su tío Jiang Cheng. Pero no podía evitarlo, tenía ganas de llorar de la cantidad de veces que hizo la misma pregunta para recibir negativas de las peores formas e incluso alguna cachetada.

Quería entender y no podían culparlo, le robaron la posibilidad de preguntarle a su madre por qué había escrito cosas tan lindas de Wei Wuxian, por qué de pronto entonces él se había esfumado de sus vidas. Qué cosa había hecho para hacerle pasar, incluso, por un muerto.

Decían que era porque le querían, porque querían protegerle de la verdad, pero ¿pues entonces qué era? Porque más que hacerle un bien, estaban lastimándolo cada vez más.

–Wei Wuxian era… alguien muy peculiar.

Cuando Nie Huaisang se decidió volver a hablar, la tensión en sus hombros disminuyó y giró su rostro hacia él, curioso. La expresión había cambiado un poco, ya no veía ese nerviosismo posarse sobre él, diría que su mirada lucía cálida, como rememorando recuerdos que había amado vivir.

–Siempre riendo, metiéndose en problemas hasta de manera intencional, especialmente con tu abuela –lentamente, Jin Ling volvió a sentarse al lado de Nie Huaisang, no queriendo interrumpir su discurso–. Odiaba las injusticias, pero le encantaba causar revuelo. Aunque a pesar de todo era muy inteligente, era parte de su personalidad pasársela haciendo chistes y riendo.

Escucharlo le corroboraba nuevamente las palabras de su madre, esas que había leído una y otra vez en su diario. Wei Wuxian no parecía ser ese ser demoniaco que su abuela tantas veces quiso hacerle ver, todo lo contrario. Jin Ling casi que podía ver su sonrisa radiante y pícara, con el pelo revuelto cayéndole en el cuello mientras huía de los gritos de su abuela Yu Ziyuan. Tan sólo había sobrevivido una foto de él, cuando era un niño. La había encontrado entre las cosas de su madre y desde entonces la había guardado, para evitar que fuesen a rompérsela o algo. Su expresión podría ser de alguien inmaduro, definitivamente alguien que gustaba de echar chistes y meterse en problemas sin mucha repercusión como quien tirara una broma. Pero no un monstruo, nunca un monstruo.

–Un día tuvo que tomar una decisión y algunos piensan que cometió un error. Que hizo algo imperdonable. 

Jin Ling no pasó por alto que Nie Huaisang apretó con fuerza su abanico ni que sus ojos de pronto se ocultaron parcialmente bajo sus párpados. Como tampoco pudo evitar notar que no se había incluido en ese ‘algunos’, osea que quizás él había optado por no tomar partido en ese asunto.

–¿Pero qué decisión?

Estaba tan cerca de entender, de arrancarle las últimas palabras a Nie Huaisang, pero éste pareció recobrar su nerviosismo acostumbrado. Pegó con fuerza su abanico contra su rostro, abriendo muchos los ojos.

–No debí haberte dicho nada, ¡por favor olvídalo, Jin Ling! –suplicó este, tomándole de la mano.

–¡Te lo suplico! –Jin Ling le devolvió el gesto, apretando su mano con mucha fuerza–. Dime qué pasó, ¿qué decisión fue la que tomó Wei Wuxian?

La expresión de Nie Huaisang era casi de pánico, su mano sudaba del estrés que estaba poniendo en él, pero Jin Ling no tenía planes de frenarse. Ya había tenido suficiente, dieciocho años de mentiras, de tener que soportar humillaciones por ser huérfano, de vivir casi a ciegas cuando sus familiares parecían ser tan diferentes a lo que siempre había creído. Quería un poco de verdad, un trozo de realidad al menos en su cumpleaños. 

Apretó con fuerza la sudorosa mano de Nie Huaisang, tan fuerte como había estado sujetando su abanico. Jin Ling estaba básicamente suplicándole y a un paso de arrodillarse, si eso era necesario para conseguir el final de la historia.

Y estuvo a punto, tan cerca.

–Él…

–Jin Ling, estabas aquí.

Fairy pegó un ladrido cuando escuchó esa voz, agitando su cola con emoción ante la llegada de su tío. Jin Guangyao estaba parado junto a la puerta, con una pequeña y controlada sonrisa. Lucía tan elegante como siempre, con su cabello recogido sofisticadamente sobre uno de sus hombros.

Nie Huaisang pegó un brinco cuando lo vio, poniéndose en pie inmediatamente.

–Vamos a cenar, te estamos esperando, Jin Ling –Jin Guangyao hizo un gesto con su cabeza para saludar a Nie Huaisang, antes de volver a dirigir su mirada en su dirección–. Te aseguro que tanto Jiang Cheng como yo, estaríamos encantados que nos acompañes. 

La mención a Jiang Cheng le hizo pensar que quizás no era una buena idea seguir haciéndolo esperar, porque podría irritarse más de lo que ya debería de estar. Pero él estaba con un asunto muy importante entre manos, y no tenía muchas ganas de dejarlo escapar.

–Con permiso –Nie Huaisang decidió por él, no obstante, haciendo una breve reverencia hacia Jin Guangyao y desapareciendo por el pasillo, casi sin dirigirle la palabra.

Jin Ling se vio nuevamente atrapado en una esquina, sin la respuesta que tanto necesitaba escuchar. Y en esos momentos no tenía muchas opciones de montar un escándalo ni un berrinche. Además, no sería correcto hacer esperar a su tío, a ninguno de los dos. La mirada serena y la sonrisa siempre amable de Jin Guangyao siempre le daba un revuelco extraño en su estómago, como si le abrumase la manera en la que le observaba.

Éste extendió una de sus manos, haciendo énfasis que era hora de marcharse. Jin Ling se rindió, por segunda vez en esa semana.

–Es muy amable de tu parte.

–¿El qué? –preguntó, cerrando la puerta de su habitación después que Fairy hubo salido disparada hacia el pasillo.

–Acompañar a Nie Huaisang. Ha estado muy solitario desde la muerte de Nie Mingjue,

De sus dos tíos, Jin Ling encontraba más intimidante a Jiang Cheng, pero había algo en Jin Guangyao… Algo que le hacía guardar sus reservas también. Era su manera de hablar, que le hacía preguntarse a veces, si decía las cosas de manera sincera o si guardaba alguna siniestra intención con ellas.

Pero su sonrisa tan radiante le decía que quizás sus interpretaciones eran exageradas. O que su tío formaba parte de una familia que simplemente, se le daba tan bien el mentir.


==


Estar rodeado de todos los adultos en sus fiestas familiares era intimidante y abrumador. No importaba si ya había pasado por esto dieciocho veces, Jin Ling siempre se encontraba a sí mismo perfectamente acomodado al lado de alguno de sus dos tíos, con un plato de comida entre las manos para entretenerse, mientras su vista iba de uno a otro de los participantes de la conversación.

Parte de la intimidación era, por supuesto, que estaba muy al tanto que eran gente importante en Hong Kong, de las familias que prácticamente eran dueñas del ochenta por ciento de todo lo que les rodeaba. Él había tenido la suerte de nacer entre dos familias muy poderosas. Por parte de su madre, le quedaban varias propiedades a su nombre que le generaban ingresos diariamente, además de acciones en el banco que poseía Jiang Cheng. Antes, la que solía encargarse de los asuntos del banco había sido la abuela, pero después que falleciese hacía ya casi tres años, Jiang Cheng tomó su puesto como el dueño. Todo el mundo le respetaba, Jiang Cheng tenía esa aura a su alrededor que gritaba violencia, infundía miedo con tan sólo un movimiento de sus dedos. Quizás era porque tenía cero paciencia para las incompetencias y porque nunca tenía una expresión cálida en su rostro.

Ahora que lo pensaba, Jin Ling estaba casi seguro que nunca lo había visto sonreír, ni siquiera una sola vez.

Por su carácter, Jiang Cheng era una persona solitaria. Admitía este tipo de reuniones porque eran formalidades con las que tenía que cumplir, eso era lo que siempre le decía cuando se quejaba de tener que aguantarse a varias personas que no eran de su agrado, pero que tocaba.

Su tío Jin Guangyao, por otra parte, era un ser sociable. Siempre que giraba la cabeza para observarlo estaba rodeado de más y más gente. Rara vez su rostro no estaba sonriente, su aspecto era impecable sin importar la ocasión y su tono de voz armonioso. A veces le daba la impresión que era demasiado perfecto, como si estuviese recitando las líneas de un guión. Le gustaba la atención, eso era lo que decía su tío Jiang Cheng, que estaba ahora disfrutando de todo lo que no pudo cuando estuvo más joven. Eso sí lo conocía Jin Ling, que Jin Guangyao era el medio hermano de su padre, que no se crió con él porque no fue sino hasta que fue adolescente que se presentó en la empresa de Jin Guangshan, su abuelo paterno, para informarle que era su hijo. Aparentemente eso fue un revuelo inmenso, hasta el punto que su abuelo se vio forzado a pagar dinero a la prensa para impedir que se filtraran sus escandalosos amoríos a los periódicos y revistas. Meses después, Jin Guangyao fue presentado oficialmente como su hijo.

Desde entonces, había estado viviendo en la inmensa mansión de la familia. Aparentemente la relación entre Jin Guangyao y su padre, Jin Zixuan había sido decente rayando en buena, o al menos eso le había revelado él mismo cuando le preguntaba cosas sobre su padre, detalles de su adolescencia. Jiang Cheng tenía otra opinión muy distinta, pero Jin Ling sabía que sus dos tíos no se llevaban muy bien.

No estaba muy seguro de por qué, pero sí recordaba que su trato cambió después que regresó de un viaje que hizo con Jin Guangyao a Estados Unidos, a visitar a un amigo de él. Lan Xichen era uno de los amigos más cercanos de Jin Guangyao, cada vez que alguien lo mencionaba su rostro se iluminaba y no tenía más que hermosas palabras para dedicarle. Lo estimaba tanto que sabía que viajaba a menudo a visitarlo, eso sin mencionar que mandaba obsequios para él y su hijo adoptivo.

Jin Ling lo conoció antes de ese viaje, antes solía presentarse en sus cumpleaños, cuando todavía vivía en Hong Kong. Hacía cinco años, había decidido mudarse a Washington, tomando una posición diplomática que le habían ofrecido. Se le hizo una persona extremadamente transparente, amable y elegante, muy elegante. Era diferente a su tío Jin Guangyao, nunca sentía que había doble intención cuando hablaba, sus palabras eran lo más sincero del mundo, cuando decía que se alegraba por alguien, lo decía en serio. A su tío Jiang Cheng nunca le había conocido una sonrisa y, todo lo contrario, a Lan Xichen jamás lo había visto serio, perturbado.

¡Una completa diferencia con su tío, Lan QiRen! Ese señor siempre tenía el semblante como si hubiese puesto la lengua sobre un limón demasiado ácido. Era elegante como su sobrino, sí, pero seco, frío, distante y muy serio. Con un ceño fruncido de manera perpetua, de pocas palabras, siempre se aparecía en sus fiestas pero no se quedaba mucho tiempo. Se quedaba lo justo para saludar, brindar un par de conversaciones breves y luego se marchaba sin mucho más. Jin Ling creía que lucía más amargado ahora que Lan Xichen se había mudado a Estados Unidos, quizás porque se había quedado solo al frente de su empresa. Sabía que tenía otro sobrino al que había criado, Lan Wangji, pero que él también se había mudado fuera de Hong Kong hacía ya bastante, tanto que Jin Ling ni siquiera había nacido todavía.  

Definitivamente el destino de Jin Ling era ser una especie de alma solitaria, como su tío Jiang Cheng, que hacía las cosas por compromiso pero no por gusto. Bueno, sólo había una persona que imaginaba que estaba allí porque legítimamente merecía una invitación, y ese era Nie Huaisang: el único amigo de su tío Jiang Cheng.

Se parecía mucho a él en esas reuniones, buscaba acomodarse en algún lugar, con el abanico cubriendo parte de su rostro durante las conversaciones, como si quisiese fundirse con éste. Usualmente estaba al lado de Jiang Cheng, probablemente porque era con quién tenía más confianza y porque con su presencia, nadie se atrevería a decir ni una sola palabra en su contra. Eso no lo había notado antes, pero la gente hablaba de Nie Huaisang y usualmente, no era nada bueno lo que escuchaba. Inútil, bueno para nada, cobarde, ese era el tipo de cosas que decían de él. Que había dejado al vacío la naviera que había estado en manos de su familia por generaciones, porque simplemente no sabía cómo hacer absolutamente nada. Que prefería perder el tiempo haciendo diseños ridículos y coleccionando abanicos que sentar cabeza, casarse y seguir el buen nombre de la familia. 

Se había vuelto diseñador de modas luego que muriese Nie Mingjue, su hermano mayor y al parecer el último gran líder de su familia. Eso fue un insulto para muchos, como si Nie Huaisang hubiese escupido sobre la tumba de su hermano al tomar una carrera que nada tenía que ver con la empresa familiar. Y para cuando vendió la naviera, más se habían sumado a la tarea de hablar a sus espaldas. 

No estaba seguro de la posición de su tío Jiang Cheng al respecto, sea lo que sea lo hablaba a puertas cerradas con Nie Huaisang, pero parecía al menos brindarle apoyo. Igual que su tío Jin Guangyao, aunque su relación era muy distinta a la que tenía con Jiang Cheng, más bien lo trataba como si fuese su hermano menor o algo así. 

Pero Jin Ling no podía evitar mirarlo y sentir que eran parecidos de alguna manera: todo el mundo hablando a sus espaldas, susurrando cosas hirientes y queriendo hacerles sentir menos porque no encajaban. A Jin Ling porque el destino le dejó huérfano y a Nie Huaisang porque no cumplió con las expectativas de su familia. Por eso había pensado por unos instantes que él sí le diría la verdad, que sentiría de alguna forma pena por su situación y le ayudaría, pero flaqueó, se arrepintió al final. 

O eso fue hasta que… 

–Feliz cumpleaños, Jin Ling. 

Nie Huaisang tomó su mano con fuerza cuando se estaba despidiendo de él, tan fuerte que Jin Ling no pudo evitar fruncir un poco el ceño. No fue sino hasta que éste hizo un movimiento con sus dedos, que se percató que estaba tratando de pasarle algo discretamente, una notita perfectamente doblada. Notaba el nerviosismo en sus ojos, en la humedad de su mano y sus labios apretados. Hizo un gesto con la cabeza cuando Jin Ling intentó preguntarle sobre eso, como queriendo pedirle que guardara silencio y entonces entendió que aquello tenía que quedar entre los dos. 

–Gracias –respondió lo más normal que pudo, apresurándose a guardar el papelito tras él con la mayor discreción posible. 

Fue una agonía esperar hasta el momento perfecto para poder correr hacia su habitación, excusando que iba a buscar una cosa que había dejado olvidada, para mirar qué decía la nota.

En la seguridad de esas cuatro paredes, con Fairy como única testigo, Jin Ling desdobló el papel para encontrar el mejor regalo que pudieron haberle entregado ese día. Nie Huaisang siempre le había regalado ropa para su cumpleaños, últimamente ropa diseñada por él mismo o algún accesorio para complementar. Pero esta vez no le estaba dejando un boceto para un diseño exclusivo, no.

En ese papelito, perfectamente doblado, estaba escrita una dirección de una casa en un lugar muy lejano, llamado San Francisco, en Estados Unidos. Una dirección a la casa de su tío, Wei Wuxian. “Por favor, no me pidas más. Feliz cumpleaños.” era todo lo que Nie Huaisang tenía que decirle. 

Tres solitarias lágrimas se resbalaron de sus mejillas en ese momento, las mismas que tuvo que secar tan pronto como bajó las escaleras para seguir entreteniendo a los invitados. Sus ojos húmedos habían sido reemplazados por una enorme sonrisa que hacía juego con el humor de Fairy, moviendo su cola y danzando a su alrededor. 

–¿Contento? –preguntó Jin Guangyao, poniendo una mano en su hombro. 

Jin Ling sonriendo ampliamente, observando fijamente a su tío Jiang Cheng, que esperaba una respuesta a su nueva actitud tan positiva.

–Es el mejor cumpleaños.


==


San Francisco se había vuelto su palabra más buscada y recomendada desde esa noche. Vídeos, imágenes, todo tipo de información sobre casas, barrios, locales, comida… Jin Ling había devorado casi todo lo que existía en el internet sobre San Francisco y todavía sentía apetito por más. Era como un ritual de todos los días, apenas tenía tiempo libre o cuando estaba casi por irse a dormir, acurrucado junto a Fairy se ponía a buscar sobre San Francisco. En más de una ocasión había puesto la dirección que le había entregado Nie Huaisang en el buscador, intrigado por ver cómo lucía el barrio. 

Fantaseaba con imaginar el ambiente, el ruido de los coches al pasar, las voces de los vecinos cuchicheando los fines de semana. En una de esas casas vivía Wei Wuxian, desde hacía ya tantos años y Jin Ling todo lo que podía sentir, pensar, añorar, era conocerlo. 

Aspirar a ello era una cosa, por supuesto, porque todavía tenía muchas cosas pendientes en las cuáles ocupar su tiempo. Y así fueron pasando los meses, entre exámenes, trabajos finales, su graduación… Sus energías estuvieron puestas en su vida estudiantil pero su mente seguía dando vueltas hacia San Francisco, incapaz de soltar de entre sus manos esa ilusión de querer conocer a su tío.

Lo complicado fue hacer como si nada estuviese pasando, como si esa dirección jamás hubiese llegado a sus manos. No quería que Jiang Cheng sospechase absolutamente nada, porque además de meterse en líos con él, seguramente también terminaría por arrastrar a Nie Huaisang. Él le había estado evitando durante todos esos meses, no se había asomado a la casa ni una sola vez, siempre excusándose con que tenía mucho trabajo, algún viaje programado o que no quería interrumpir los estudios de Jin Ling con sus visitas. Su tío Jiang Cheng era quien iba a visitarlo de vez en cuando, y al parecer no sospechaba nada. 

Jin Ling quería verlo, no obstante, quería quizás agradecerle. No le salían palabras todavía cuando pensaba en ello, en ese día en el que Nie Huaisang se apiadó de él y le entregó la dirección de Wei Wuxian. Pero sabía que también tenía que continuar guardando el secreto para no arruinar nada. Le agradecía a distancia, prometiéndose así mismo que algún día llegaría el momento en el que le tocaría pagarle a Nie Huaisang todo lo que había hecho por él, y Jin Ling juraba que lo haría. Fuese lo que fuese y costase lo que costase. 

Por mientras, tenía que seguir actuando como si todo fuese lo mismo de siempre. Jin Ling descubrió que mentir no se le daba tan mal, quizás y venía de familia. Si acaso se le escapaba alguna sonrisa demasiado extraña, decía que se trataba de la ilusión que le hacía graduarse y finalmente ser tratado como un adulto, como todos los demás. Y hasta ahora, nadie parecía dudar de su palabra.

–Estoy tan orgulloso de ti. 

Su tío Jin Guangyao le había llenado de obsequios para su graduación y hasta lo había invitado esa mañana para que tomase el té con él en su oficina, con la excusa de querer mostrarle apropiadamente la empresa. Jin Ling todavía no estaba muy seguro de cómo iba a hacer para dividir su tiempo entre una empresa familiar y la otra, pero por lo pronto iba tomando nota. 

–Yo siempre dije que te esperaba un futuro brillante, a pesar que Jiang Cheng tuviese miedo que resultases un malcriado –Jin Ling hizo una mueca cuando escuchó eso, a veces en serio desearía que su tío escogiese mejor sus palabras–. Y lo que te espera, estoy seguro que escogerás una muy buena universidad.

Apretó su taza con algo de fuerza, sintiendo apuro que su tío tuviese puestas tantas esperanzas en él. Era una presión sin duda y temía que los zapatos le quedasen demasiado grandes: Sus dos tíos estaban esperando demasiado de él y Jin Ling en esos momentos tenía la cabeza en las nubes. Ni siquiera le había echado demasiada mente a pensar en universidades. 

Aún así, aprovechó la cercanía de Jin Guangyao y la situación, para tocar un tema. 

–Mi tío no quiere que vaya a los Estados Unidos –cuando mencionó el país, los ojos de Jin Ling se dedicaron a estudiar el más mínimo cambio en la expresión de Jin Guangyao. 

Pero su tío era difícil de perturbar, su sonrisa se mantuvo serena y amable como siempre, aunque tenía la impresión que era una cortina de humo. 

–Tu tío tan sólo quiere tenerte cerca, eres todo lo que tiene, Jin Ling. No te lo tomes a mal. 

Su comentario le pareció un dejá vú a cuando comentó sobre la soledad de Nie Huaisang, pero no dijo nada al respecto. 

Sabía que esas eran sólo palabras, porque ahora entendía perfectamente por qué Jiang Cheng jamás había sido muy fanático de Estados Unidos, por qué nunca le dejó acompañarle a Nueva York cuando había conferencias. Y ahora entiende por qué se había puesto a discutir fuertemente con Jin Guangyao cuando se lo llevó de paseo aquella vez hacía años, a Washington. Jiang Cheng se había enfadado tanto que lo había escuchado referirse a Jin Guangyao como un ‘trepador’, que no tenía por qué tomar decisiones que no le correspondían.

–Creo que a mi tío no le gusta el país, porque también se enfadó cuando me llevaste contigo –y volvió a prestar atención a su rostro, mientras bebía su té.

Una vez más, Jin Guangyao probó ser demasiado astuto y no visceralmente emocional como Jiang Cheng. Dejó escapar incluso una risita, tomando en sus manos su taza y dando un sorbo, delicadamente. 

–Debí haber tenido la delicadeza de al menos comentárselo, a pesar que también eres mi sobrino. Seguramente Jiang Cheng todo lo que quería era asegurarse que estabas bien. 

Quizás y había una pizca de verdad en esas palabras, o al menos estaba seguro que Jiang Cheng creía que lo estaba protegiendo al mentirle todos esos años, si eso tenía algo de sentido. Era ridículo, pero Jin Ling aún no terminaba de entender a los adultos. 

–Hay muy buenas opciones en Hong Kong, no está de más que las consideres. Es importante que hagas relaciones con jóvenes de tu generación, podrías hacer negocios con varios de ellos. 

–Pss, dudo mucho que quieran tener tratos con un huérfano como yo. 

Dejó su taza sobre el escritorio, con desgano y le apartó la mirada. En gran parte, no se sentía emocionado por su vida universitaria porque sabía que le esperaba más de lo mismo: chicos de su edad murmurando a sus espaldas, repitiendo en cada esquina que era un huérfano. Que era un malcriado porque no había recibido educación apropiada de parte de sus padres, que la única que realmente le quería y le soportaba era su perra Fairy. 

Jin Ling había tenido que hacerse de respeto insultando, incluso enfrascándose en alguna pelea con un par y aún así, no podía callar a todos los que le faltaban el respeto. Su tío Jiang Cheng siempre le reñía que así no llegaría a ninguna parte, que no podía rebajarse a su nivel y que pelear de esa manera no era digno de su apellido, pero evidentemente él no lo entendía. 

–Me recuerdas tanto a mí, Jin Ling –no se había percatado que Jin Guangyao se había puesto de pie, hasta que sintió su mano sobre su hombro–. La gente también decía cosas sobre origen. 

Esa historia la sabía muy bien, aunque no por la boca de su propio tío. Quizás por eso mismo nunca se había atrevido a preguntarle abiertamente nada, porque no quería indagar sobre algo que podría ser doloroso o incómodo para él. Pero sabía que Jin Guangyao había sido un hijo ilegítimo, había tenido que labrar su posición a base de trabajo y educación. Seguramente tuvo una vida solitaria al principio, a pesar que ahora estaba rodeado de tanta gente que parecía fascinada con él.

–No tienes que sentir vergüenza por tu pasado, es algo que escapa de tus manos. Muchos quisieran estar en tu posición, nacer entre dos familias tan influyentes y poderosas aquí en Hong Kong –Jin Ling se mordió la lengua para no decir que prefería vender todo lo que tuviese con tal de poder conocer a sus padres, porque la mano de su tío de pronto acariciaba un poco su espalda, de manera conciliadora–. Te has hecho de un par de enemigos en el camino, pero también tendrás aliados, no te desesperes.

La forma en la que el rostro de Jin Guangyao se iluminó cuando dijo eso, le hizo saber que lo decía por su propia historia: Lan Xichen era su amigo más cercano y quien se había encargado de hablar maravillas de Jin Guangyao hasta el punto de convencer a varios que era alguien valioso. No estaba seguro si encontraría a alguien que haría sus ojos brillar, como Lan Xichen hacía brillar los de su tío. 

Era la primera vez que sentía que su tío, también estaba siendo sincero con sus palabras. No olía una intención oculta tras lo que le decía, se preguntaba si un momento como este se repetiría en alguna otra ocasión. 

–Toma la decisión que más te convenga, Jin Ling, piensa en ti primero. 

Una llamada les interrumpió después de eso, como si hubiese sido planeada para dejarlo pensando.

Estaban hablando de universidades, de su futuro laboral, de hacer conexiones, de pensar en sus tíos y todo lo que esperaban de él… Pero Jin Ling no pudo evitar volver a perderse en las calles de San Francisco con ese consejo. Debería de pensar en él, en lo que le convenía, en lo que necesitaba para saber feliz en pocas palabras. Y día con día, a donde fuese, él seguiría teniendo ese hueco en el pecho si no lo llenaba con lo que le hacía falta: Wei Wuxian. 

Pensó en la amargura de su tío Jiang Cheng, en que no deseaba a llegar a tener su edad y tener la misma expresión de fastidio las veinticuatro horas porque algo en su pasado no se dio como él quería. Tampoco quería vivir en cortinas de humo, diciendo frases a medias ciertas y a medias falsas, como Jin Guangyao. Quería ser transparente, entender de dónde venía todo ese hilo enmarañado de mentiras y conocer ese otro pedazo de su familia, que todos se esmeraban tanto por ocultar. 

Su vida universitaria estaría esperándole con calma, pero él antes tenía algo que hacer. 

–Tío, ¿me puedes explicar cómo hacer compras por internet con mi tarjeta? 

La serenidad escapó del rostro de Jin Guangyao cuando escuchó eso y Jin Ling lo notó. Estaba intrigado, curioso, se olfateaba que algo tramaba y Jin Ling apretó con fuerza sus puños. 

–Quiero comprar un boleto. 

–¿Un boleto?

–Sí. Un boleto a un concierto –fue el turno de Jin Ling de dibujar una sonrisa amplia, copiando a Jin Guangyao. 

Lo había decidido: iba a ir a San Francisco a conocer a su tío Wei Wuxian.


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Boletos, conseguir quién cuide de Fairy, hacer su maleta y planear una coartada más o menos creíble.

Repitió la misma lista en su cabeza al menos tres veces todos los días desde que se decidió a llevar a cabo su loco plan, hasta que finalmente se hizo la fecha marcada por su boleto de avión. Apenas y durmió la noche anterior cuando mucho un par de horas, literalmente, porque su mente estaba abrumada por todo tipo de pensamientos. Iba a conocer a su tío Wei Wuxian, finalmente iba a llenar ese hueco vacío en su interior luego de tomar un avión de al menos unas casi trece horas.

También le asaltaba el pánico de, ¿y si lo descubrían? ¿Y si su tío Jiang Cheng se enteraba de todo antes de poder escaparse? ¿Su tío Jin Guangyao estaría sospechando todo desde hacía semanas y le interceptaría en el aeropuerto? Sabía que estaba de viaje fuera del país, supuestamente, ¿pero y si todo eso era mentira y tan sólo era para atraparlo con las manos en la masa? Eso sin mencionar que temía que algo le pasase a Fairy en el tiempo que estaría fuera, podría enfermarse o peor, su tío Jiang Cheng desquitarse con ella por él haber sido un inconsciente.

Aunque también tenía lo peor de todo: que para Wei Wuxian él no fuese nadie, que fuese cierto todo lo que decían sus familiares y Wei Wuxian resultase un monstruo que probablemente había engañado a su madre durante años, haciéndole creer que era una buena persona cuando en realidad era un vividor aprovechado. La ansiedad estaba jugándole una mala pasada, pero la decisión ya estaba tomada y no tenía la opción de echarse para atrás. Si dejaba que el miedo le sobrepasara, iba a perder la oportunidad de cerrar un ciclo de una vez por todas.

Sus piernas temblaban como gelatina cuando bajó a desayunar esa mañana, sintiendo que ese temblor se extendía a sus brazos cuando cruzó su mirada con Jiang Cheng. Durante toda la comida, estaba convencido que él sabía algo y que estaba fingiendo que estaba loco. Su tío no era como Jin Guangyao, si quería reclamarle o reñirle lo haría sin darle muchas vueltas, eso lo sabía muy bien, pero su cabeza estaba haciendo estragos con él. 

–¿Vas a estar todo el día ocupado en tu junta, tío? –preguntó para asegurarse que iba a tener el camino libre para escaparse, sin la vigilancia de Jiang Cheng. 

–Sí –Jiang Cheng se limpió los labios con el pañuelo, mirándole muy fijamente–. Espero que tú ocupes tu tiempo en decidir a qué universidad quieres ir, tienes que aprender a ser una persona responsable. 

Jin Ling asintió con la cabeza, mintiéndole, mintiéndole a su tío Jiang Cheng. 

Si hubo un momento en el que realmente estuvo apunto de arrepentirse de todo lo que estaba tramando, fue en ese. No era necesariamente el miedo que sentía por la ira que iba a desatar en Jiang Cheng cuando se enterase de lo que iba a hacer, aunque por supuesto que sentía miedo por ello, pero era faltar a su palabra. Para bien o mal, su tío Jiang Cheng fue una de esas únicas constantes en su vida: en los buenos momentos, en los malos, en sus enfermedades… Jiang Cheng había construido su vida alrededor de él, sin buscar con quién compartir su vida, sin perder tiempo en demasiadas reuniones sociales si Jin Ling lo necesitaba. 

Y él, estaba mintiéndole abiertamente, arruinando su voto de confianza, estropeando la imagen que Jiang Cheng tenía de él. Se decía que su tío era quien había faltado primero a su palabra, porque le había mentido siempre pero aún así la culpa seguía allí. 

–Tío –lo llamó en un intento por arrepentirse, pero lo que terminó haciendo Jin Ling fue ponerse de pie y correr a sus brazos.

Él nunca fue una persona físicamente cariñosa, ni siquiera estaba seguro de cómo expresar su gratitud hacia alguien a quien quería tanto como a su tío Jiang Cheng, pero en ese momento no pudo evitarlo. Sabía que la relación con él, la imagen que tenía de su tío, de quien actuó casi como su padre, iba a cambiar tan pronto como se marchase por esa puerta. Quería disfrutar de unos momentos a su lado, quería decirle con ese abrazo lo que nunca iba a salir de su garganta.

“Lo siento, tío.”

–Que te vaya bien –se excusó, como si tan sólo estuviese haciendo común y corriente como desearle suerte en el trabajo. 

La expresión de Jiang Cheng era shock puro, sin haberse esperado que fuese a darle un abrazo así de la nada. Jin Ling creía que estaba debatiéndose entre darle un manotazo por haberse atrevido o quizás devolverle el gesto. Al final fue ni una cosa ni otra, pues Jiang Cheng se arregló torpemente la ropa cuando le hubo soltado, evitando su mirada. 

–Gracias –su voz fue lo más suave que Jin Ling jamás escuchó en su vida salir de boca de su tío, nunca lo olvidaría–. Pórtate bien, nos vemos en la noche. 

Sentía ganas de vomitar, porque esa era otra promesa que tiraría a la basura en un par de horas.


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–¿Se siente bien, joven Jin Ling?

Rápidamente se llevó una mano a su sien, entrecerrando los ojos para fingir que estaba incómodo con la iluminación del salón.

–Tengo jaqueca. Voy a sacar a pasear a Fairy y voy a descansar, por favor no me molesten para bajar a cenar, tan sólo quiero dormir.

No fue difícil convencer a los sirvientes que estaba mal, con lo ocupados que estaban ayudando a mover muebles, porque estaban remodelando una de las habitaciones, Jin Ling tenía total libertad de actuar y decir como quisiese, y le terminarían creyendo. Tan ocupados estaban con ello que ninguno había notado que había ocultado una maleta tras unos matorrales en el jardín, ni que llevaba consigo una mochila que nunca antes había llevado cuando quería dar un paseo con Fairy.

Conseguir un taxi que le llevase hasta casa de Nie Huaisang tampoco fue demasiado complicado. Toda su vida se manejó con chofer, Jin Ling realmente no sabía hacer muchas cosas por su cuenta, ni siquiera cocinar, pero había aprendido a utilizar su móvil para pedir servicio de transporte. Era la primera vez que tenía que depender de sí mismo para sobrevivir y estaba nervioso, tan asustado que Fairy estaba inquieta, frotándose contra él una y otra vez.

–¿Jin Ling? –Nie Huaisang, sin embargo, parecía estar todavía más nervioso que él–. Explícame de nuevo por qué necesitas que yo cuide a tu perra… ¿no hay alguien más que pueda hacerlo en tu casa?

–Porque van a sospechar.

–¿Sospechar por…? –los movimientos inquietos de Nie Huaisang se detuvieron de golpe cuando observó su equipaje–. Jin Ling, ¿por qué tienes esa maleta?

Podría imaginárselo, sabía que Nie Huaisang a esas alturas tendría que imaginarse qué iba a hacer, pero Jin Ling estaba demasiado concentrado sacando todas las pertenencias de Fairy como para poder girarse a encararlo.

–Porque me voy a San Francisco.

Decirlo en voz alta fue una locura, lo hizo todavía más real. Iba a tomar un avión hacia Estados Unidos, hacia San Francisco a encontrarse con Wei Wuxian, que bien podría saber o no de su existencia, porque la impaciencia estaba matándolo. ¡Tenía que estar completamente loco! 

–¡¿Qué?! –los ojos de Nie Huaisang se querían salir de su rostro, y agitaba tanto sus brazos que su abanico iba a terminar por salir volando en cualquier segundo–. ¡No te di la dirección para que hicieses eso! ¡Te vas a meter en problemas…! ¡Me vas a meter a mí en problemas!

–Nadie tiene que saber que me ayudaste, yo no diré nada. Además, ya soy mayor de edad, puedo hacer lo que me plazca.

Eso lo dijo más por querer infundirse valor que porque realmente lo creyese, pero a ese punto ya no importaba realmente lo que dijese: Igual iba a marcharse.

–Sé que me dijiste que no te pidiese nada más, pero, por favor… Cuida de Fairy –giró su rostro para mirar a Nie Huaisang, para suplicarle con su mirada lo más que pudo–. Volveré en una semana más o menos. 

–Jin Ling...

–Necesito irme, necesito ir a verlo y saber todo lo que me han estado ocultando todos estos años.

Sabía perfectamente bien a lo que se estaba arriesgando, al infierno que se le venía a la cabeza apenas volviese a poner un pie en su casa, pero igual iba a hacerlo. Ya le habían dicho antes que su padre había sido un cabezota, un necio que creía que sabía más que todos los demás y que se había negado mil y un veces a hacer caso a que alguien le dijese lo contrario. No dudaba que esa cabezonería y necedad la hubiese sacado de su padre.

Con el murmullo de los balbuceos de Nie Huaisang, todavía inseguro de todo lo que estaba haciendo, Jin Ling abrazó a Fairy. Nunca se había separado de ella así, jamás la había dejado atrás en su día a día, en sus aventuras. En esta probablemente la necesitaría más que cualquier otra, pero tendría que dejarla atrás, era difícil. La escuchaba quejarse un poco, quizás dándose cuenta que iban a separarse, y Jin Ling tan sólo la abrazó con más fuerza.

Quería robar su calor, su siempre alegre personalidad, sus grandes ojos que siempre tenían nada más que amor y fidelidad con él. Ella había sido quien había limpiado tantas lágrimas, quien le había escuchado hablar y hablar de sus padres, de sus ganas por saber quién era Wei Wuxian, y su confidente en todo el camino del plan.

–Volveré pronto, Fairy –apoyó su cabeza en la frente de su perra, frotando su rostro contra su suave pelaje–. Iré a conocer a Wei Wuxian.

Fairy era una perra, un animal incapaz de entender ni una sola palabra de lo que estaba diciéndole y sin embargo, cuando le dedicó un ladrido, casi le pareció que con sus ojos le estaba sonriendo, alentándole.

Era hora de irse.


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El avión tocó tierra a eso de las cinco de la tarde. Jin Ling no había dormido mucho tampoco y ahora sí su cabeza estaba comenzando a lastimarle. Traía el estómago revuelto desde que anunciaron que estaban preparándose para descender, porque sabía que habían transcurrido entonces unas casi trece horas, en las que en Hong Kong bien podría haberse encendido un infierno completo para entonces. 

Y también tenía mariposas revoloteándole en el estómago, porque finalmente estaba allí, en San Francisco. 

El choque cultural fue tan grande apenas comenzó a ver rostros poco familiares mientras caminaba por el aeropuerto. Personas que no tenían sus mismos rasgos, que no hablaban su mismo idioma ni tenían probablemente las mismas creencias, formación. Y no era su primera vez saliendo de Hong Kong, de hecho ya antes había estado en Estados Unidos, pero siempre había estado acompañado. Ahora estaba abrumado, sabiéndose solo en un país desconocido sin nada más que un papel donde estaba anotada la dirección de Wei Wuxian y absolutamente nada más. 

Se había vuelto loco, tendría que haberse absolutamente loco si creía que todo estaba bien. Y aún así, sus pies seguían avanzando por todo el aeropuerto, hacia la salida. Seguía asombrándose con todo lo que rodeaba, con el lenguaje, las expresiones, los olores… Todo, todo era tan distinto a su hogar. La emoción de estar allí casi hacía que su dolor de cabeza fuese un mero murmullo que pudiese ignorar si no se enfocaba en él.

Estaba tan embriagado con la nueva experiencia, que en lugar de estresarse con el sonriente taxista que consiguió para poder llevarle a la dirección que tenía, tan sólo se la pasó mirando por la ventana mientras le escuchaba hablar sobre qué hacer en San Francisco, si estaba de visita por turismo. Apretaba sus manos, una contra la otra, observando cómo se iba transformando el paisaje por su ventana poco a poco hasta adentrarse al corazón de la ciudad. Y luego, poco a poco, los edificios fueron desapareciendo hasta dar paso a barrios residenciales. 

El corazón de Jin Ling quería escapar por su pecho cuando el coche se detuvo, habiendo llegando a su destino.

La casa no era exactamente como la había imaginado, pero apenas la vio algo hizo un timbre en su cabeza. Era como si la casa pudiese hablarle y decirle: Bienvenido, Jin Ling. Era azul, de dos pisos y con una puerta de color rojo. La forma era todo menos familiar para él, no había ese tipo de construcciones en Hong Kong y no pudo evitar admirarla un poco. 

Pero no estaba allí para maravillarse con la arquitectura, sino para hablar con quien estaba viviendo dentro. 

Se frenó por unos segundos, quedándose congelado allí por los nervios y la emoción que golpeaba su cabeza una y otra vez. Boom, boom… Estaba en San Francisco, tras un vuelo de trece horas, tras habérsele escapado a su tío Jiang Cheng, para conocer a Wei Wuxian. Se había saltado tantas reglas que no dudaba que el fantasma de su abuela se le materializaría esa noche y le arrastraría de los pies. 

Cerró los ojos y se concentró, se imaginó a su madre, con esa sonrisa tan dulce que tenía en todas las fotos. Le susurraba que no temiese, que le recibiría con los brazos abiertos y que confiase en sus palabras. Se imaginó a su padre, con los brazos cruzados y una pequeña sonrisa, haciendo un gesto en la cabeza. Llegaste hasta aquí, ¿no? Parecía decirle.

Ok, iba a hacerlo, Jin Ling podía hacer esto.

Su mano tembló cuando tocó a la puerta, todo su ser se sacudió con ese simple gesto, como si un terremoto se desatase en su interior. La espera a que alguien le respondiese fue aún peor que haber tocado, realmente estaba sintiendo como si necesitase ir al baño porque sus intestinos iban a destruirse. 

Se llevó una gran sorpresa, no obstante, cuando quien se asomó por la puerta no fue un señor de la edad de su tío Jiang Cheng, sino un muchacho que bien podría tener su edad. 

Era asiático, tenía el pelo oscuro y los ojos claros, con una mirada bastante serena. Lo que ayudaba a brindar ese aura de tranquilidad era la sonrisa amable que pintó en sus labios tan pronto como pasaron los segundos y ninguno de los dos dijo nada. 

–Hola –saludó el muchacho primero, en inglés.

–Hola –devolvió el saludo igual, apretando con fuerza su mochila–. ¿Aquí vive Wei Wuxian? 

–Oh, ¿estás buscando a mi papá?

Sin saber qué decir, Jin Ling simplemente asintió. No sabía que Wei Wuxian tenía un hijo, aunque tampoco le sonaba muy raro… Primero porque nadie le quería decir nada sobre él, normal que no supiese que tenía hijos. Y segundo, aún más normal que durante todo ese tiempo bien podría haberse casado. Su tío Jiang Cheng y Nie Huaisang eran los únicos extraños que conocía que seguían solteros, sin herederos ni parejas.

–Espera. Padre, ¿puedes venir un momento?

Jin Ling no podía quitarle la mirada de encima al muchacho, grabando su rostro, su voz y sus gestos. Lucía amable, del tipo de chico que él jamás conoció de vuelta en Hong Kong, no se parecía en nada a los que se la pasaban insultándole ni diciendo cosas a sus costillas, todo lo contrario. Si este era el hijo de Wei Wuxian, entonces no había duda alguna que Wei Wuxian era todo menos un monstruo. 

Su tío era una persona decente, que se había marchado del país hacía muchos años. De buen corazón, buenos sentimientos, que por alguna confusión muchos le detestaban. Se había casado y tenía un hijo que parecía a todas luces ser hasta más educado que él mismo. Casi que se contagió de su sonrisa en un punto, hasta que vio una sombra asomarse tras él. 

Tenía que ser Wei Wuxian, se dijo, porque el muchacho había llamado a su “padre”. No podía haber equivocación alguna y sin embargo, esa persona que estaba parada tras el muchacho no era Wei Wuxian. Era un rostro que creía haber visto antes, pero no en la vieja fotografía que había encontrado en su casa. 

Era alguien que nunca había conocido en persona pero que sí había escuchado nombrar en varias ocasiones. Un rostro serio, pelo lacio y largo, porte fino, como todo el resto de su familia, una perfecta copia de Lan Xichen salvo la falta de su cálida sonrisa: Lan Wangji.

–El chico está buscando a papá. 

Para cuando el muchacho hubo expresado esas palabras, ya Jin Ling entendía perfectamente qué estaba pasando allí.

Todo encajó en su sitio, como si fuesen piezas de un enorme rompecabezas que no había podido descifrar por años. Las palabras ‘depravado’, ‘desviado’, ‘sinvergüenza’… todas ahora las entendía con la imagen que tenía frente a él, pero Jin Ling nunca se había detenido a pensar en esa posibilidad. No había ese tipo de situaciones en Hong Kong, o al menos él nunca las había visto con sus propios ojos, eso sólo ocurría en países libertinos, donde se manchaban con depravación, según su abuela.

–¿Jin Ling?

Y sin embargo, Jin Ling no sabía qué pensar. Todo el tiempo le habían dicho cómo tenía que actuar, cómo sentirse con respecto a… esto, a gente como esta, pero era un shock. Por más que sabía que debería de forzar asquearse, ver la sonrisa amable del muchacho que suponía era hijo de los dos, el rostro de leve preocupación de Lan Wangji, nada lucía realmente tenebroso.

Lo único que tenía claro era que, su tío Wei Wuxian se había ido de Hong Kong para vivir en San Francisco con Lan Wangji y ahora tenían un hijo juntos.

Ese era el secreto más guardado de su familia, hasta ahora.  


Notes:

Gracias a @frozenyogurt por el beteo <3 (Y LOS COMENTARIOS, JAJAJAJA) y @nylie por leer mientras iba sacando los capítulos y dejarme sus impresiones <3