Chapter Text
Desde pequeña, siempre habías sido fanática de las historias románticas. Desde las historias más tontas, hasta las más trágicas. La sola idea del amor, con todo lo que conllevaba, hacia estremecer todo tu cuerpo y hacerte soñar con ello todo el dia.
Amor. Estabas enamorada del amor. Era algo que sabías desde joven. Querías dar amor; recibir amor; ver el amor; sentirlo con cada fibra de tu ser. Querías experimentar de primera mano aquello que tanto te obsesionaba.
Sin embargo, el mundo nunca ha sido gentil. Menos con los sentimientos.
Era el último día de escuela. Era también tu último día como estudiante de secundaria, y estabas decidida a dar un gran paso. Tras meditarlo demasiado, te habías armado de valor y citaste a tu crush a un salón apartado después de clases. Con todas tus fuerzas, confesaste tus sentimientos, esperando que la sinceridad de tu corazón llegará al suyo.
Pero tus sentimientos no eran suficiente.
—Lo siento, [Apellido]–san. Me agradas, pero no eres mi tipo.
Allí estaba otra vez. Esta escena se repetía más veces de las que querías. Tan repetitiva, que no sabías si enfadarte, o simplemente resignarte.
Te habían rechazado una vez más. En tus quince años de vida, está era la vigésima segunda vez que saboreas la amargura del rechazo. Comenzabas a creer eras la persona mas desafortunada en el mundo para no conseguir ni una sola respuesta positiva en todo este tiempo.
Tras quedar en un incómodo silencio, te disculpaste por molestarlo y decidiste marcharte con vergüenza del salón. Hiciste como pudiste para salir de la escuela sin llorar.
Esa tarde, lloraste en los brazos de tu madre una vez más hasta quedarte dormida.
═══❖•💌•❖═══
Había transcurrido una semana desde aquel incidente. Habías decidido juntarte con tu mejor amiga en una plaza de la ciudad, simplemente para conversar sobre que harían en un futuro próximo.
—¿Entonces vas a estudiar en Night Raven College? —preguntó con asombro.
Tu amiga tenía tu carta de ingreso, leyendo con incredulidad el papel durante los últimos diez minutos. Te sentías un poco presumida al respecto, dado a lo difícil que era acceder.
Night Raven College, una glamuroso institución de magia con una historia significativa. Aunque solía ser anteriormente una escuela exclusivamente masculina, en los últimos años había tomado un estatus de escuela mixta.
—Sí, no lo esperaba, pero significa que no soy tan fracasada con la magia como lo esperaba. Y aún más importante... ¡Está llena de chicos guapos!
Tus ojos brillaban ante la idea. Un amor de preparatoria... ¡Cuántas historias hermosas habían sobre ello! Si tenías suerte, al menos algún chico aceptaría salir contigo.
—¿En lo único que vas a pensar es en tener novio? Boba —Reclamó la chica, dándole un pequeño golpe afectuoso en la frente—. [Nombre], sé que quieres vivir una historia de cuentos de hadas, pero piensa más en tu futuro, no solo en chicos. No tienes una oportunidad así todos los días.
Tu amiga te había devuelto tu carta de inscripción, dándote una sonrisa afectuosa. Aunque sabías que tenía razón, una parte de ti simplemente no podía renunciar a la ilusión de finalmente encontrar allí a tu persona amada.
—Lo sé, pero... Quiero saber que se siente. Ya sabes, tomarnos de la mano antes de ir a clases, compartir almuerzos, estudiar juntos... Todas esas cosas románticas...
Soltaste un suspiro de derrota. Aunque anhelabas aquello con todo tu ser, una parte de tí ya estaba preparada para luchar con todas tus fuerzas para que siquiera alguien voltease a verte. Ante tu nuevo gesto quejumbroso, tu amiga acarició tu espalda suavemente.
—Perdón, no lo decía para desanimarte, pero me preocupa que te metas con un chico malo solo por cumplir tu capricho —mencionó, ahora recostando su cabeza sobre tu hombro—. Espero que consigas tu romance de ensueño. Después de todo, la treinta es la vencida.
—Todavía no son tantas, pero gracias.
Le diste un fuerte abrazo a tu amiga, y después de charlar un rato más, ambas decidieron irse a sus casas.
En medio camino, tu mente se dirigía a esa conversación una y otra vez. No podías agradecer más su auténtica preocupación, después de todo, era de las pocas personas que no se había burlado después de saber tu profundo deseo de tener pareja.
Pero estabas decidida, le demostrarías que podrías tener una pareja y ser una estudiante ejemplar.
—Esta vez, definitivamente conoceré a mi alma gemela —Murmuraste para tí misma, mientras esperabas que la luz del semáforo cambiase para poder cruzar la calle.
—¡Esa es una buena actitud! —habló una voz de repente, haciéndote sobresaltar.
Volteaste de repente mirando en todas las direcciones, pero la calle estaba vacía, con apenas algún que otro transeúnte a la distancia. Habías comenzado a creer que simplemente lo habías imaginado, pero volvió a hablar.
—Oye, [Nombre], por aquí.
Esta vez, más atenta a tu entorno, volteaste a ver a tu derecha, dónde había una tienda. Múltiples espejos estaban de exhibición en la vitrina, donde miraste con asombro tu reflejo. O mejor dicho, lo que estaba en lugar de tu reflejo.
No eras tú, y en su lugar, había un ratón negro humanoide con grandes orejas, guantes blancos y un short rojo que lo hacía resaltar.
—¡Un monstruo! —gritaste con asombro, retrocediendo con miedo unos cuantos pasos de la vitrina.
—¡Ah, perdón, no quería asustarte! —el ratón habló con tono apenado, antes de volver a sonreír—. Estoy aquí para ayudarte.
—¿Cómo va a ayudarme un monstruo en un espejo? —cuestionaste, preparándote para lanzar un hechizo a la vitrina ante cualquier palabra extraña.
—¡No es necesario ser tan agresiva! —exclamó, levantando las manos en forma de paz—. Soy un mensajero de Dios, y vine para traerte buenas noticias.
Levantaste una ceja con sospecha. ¿Qué tan común era que un ratón antropomorfo se reflejará en un espejo en medio de la calle y afirmaba ser un ente enviado por Dios?
Solo hallabas tres explicaciones a esto: estabas soñando, te habías drogado sin darte cuenta, o el mundo poseía realmente esta clase de absurdismo.
—Perdón, no quiero ser grosera, pero... Si eres una clase de ángel, ¿Por qué eres un ratón?
El ratón se sorprendió, antes de volver a su estado alegre y señalarse a sí mismo con el pulgar.
—¿No crees que luzco lindo?
Bueno, si era bastante lindo. Y suponiendo todos esos relatos de angeles con formas grotescas o extrañas, no creías tener ninguna objeción al respecto. Así que simplemente asentiste.
—¿Entonces, estás aquí para, ehhhhh?
—¡Para ayudarte a encontrar tu alma gemela! —confirmó el ratón. Tus orejas se afinaron ante la mención del tema, acercándote ahora con entusiasmo a la vitrina.
—¡Cuéntame más!
¿Será éste tu momento soñado? Este ratón paranormal venía para decirte que todavía había esperanzas para ti, y no ibas a morir como una mujer soltera en una casa ruinosa con múltiples adicciones a las sustancias psicotrópicas después de sufrir de múltiples desamores.
Incluso si era una locura creerle a una criatura extraña, estabas tan cansada de tu inexistente vida amorosa que no te importaba aferrarte a cualquier mínima esperanza.
—¡Bien, escúchame atentamente! Las almas gemelas son algo invaluable. En el momento que ambos se miren de frente, tu cuerpo va a reaccionar de inmediato, como si recibiera una descarga eléctrica.
Mientras que comenzaba a dar su explicación, habías sacado tu teléfono y comenzabas a escribir frenéticamente en la primera aplicación que abriste. Si esto era real, no ibas a dejar pasar ningún detalle por alto.
—¿Y ambos nos vamos a enamorar de inmediato y tendremos nuestro romance de ensueño? —preguntaste solo para confirmar.
—Bueno, normalmente sí. Aunque puede variar dependiendo de la esencia de las almas en cada ciclo. Normalmente, muchas no son capaces de reconocer a su alma gemela, o por cuestiones de la vida, terminan muriendo en soledad.
Eso era... ¡Totalmente devastador! Disfrutabas de leer historias con tramas trágicas, aún si te dejaban llorando durante un mes.
No obstante, ya suficiente habías tenido con ser protagonistas de tantos rechazos. La idea de poder conocer a tu alma gemela y no poder estar con ella era algo que ibas a impedir sin importar qué.
—A lo que entiendo, ¿Tengo que ayudar a mi alma gemela a reconocerme para poder estar juntos?
—¡Exactamente! Me alegra ver qué lo captas rápido —te sonrió el ratón, antes de poner una cara preocupada—. Sin embargo, estoy acá es porque justo hay un problema contigo.
Un sudor frío comenzó a invadirte. Si este ratón comenzaba a decir que realmente no había un alma gemela para ti, estabas decidida a entrar a la tienda y romper el espejo con tus propias manos.
—¿Es algo malo? —volviste a preguntar, aunque claramente con un tono mucho más nervioso.
—No exactamente, pero es algo que pocas veces hemos presenciado. No todos los días vemos a alguien que tiene más de un alma gemela.
Oh. Oh.
¿Entonces el amor si era para ti? ¿Si era un sentimiento que el mundo te permitiría sentir? Te tomó un momento asimilarlo, antes de comenzar a soltar una risa emocionada, mientras agarraba tu teléfono contra tu pecho.
Te callaste en el momento que una señora pasó detrás de ti, mirándote con extrañeza. Porque claro, era lo más normal del mundo ver a una adolescente hablando con su reflejo en mitad de la calle.
Bueno, simplemente ignorarías que lucias como una lunática, antes de volver a centrar tu atención en el ratón.
—¡Ya, es bueno escuchar eso! ¿Tengo entonces dos almas gemelas?
Tu entusiasmo no fue recibido con la misma sonrisa alegre, siendo reemplazada en su lugar con una expresión nerviosa.
—Bueno... En realidad, tener dos almas gemelas no es común, pero definitivamente, son pocas comparadas a las que tienes.
Ladeaste la cabeza, un poco confundida, y un poco preocupada. ¿De verdad eran más? ¿Que ibas a ser, la protagonista de tu propia novela harem?
Al notar tu silencio, el ratón decidió seguir hablando, quizás para calmar tus dudas.
—En realidad, hubo un problema al asignar tus almas gemelas. Y eres la primera persona que posee veintidós almas vinculadas a la tuya.
—Ah, ya veo, son poqui–... ¿¡CÓMO QUE SON TANTAS!?
No, definitivamente no eras protagonista de un harem. Eras reina, fundadora y matriarca de los harems. Ni en tus fantasias más alocadas hubieras imaginado siquiera la posibilidad de aquello.
Veintidós. No era un número pequeño, incluso te ponía a sudar frío. Estabas segura que eras capaz de dar amor a todas tus parejas predestinadas por igual, ¿Pero serías capaz de aguantar tanto amor de regreso sin tener un paro cardíaco de felicidad?
—¿[Nombre], estás allí? —te llamó el ratón, sacandote de tu ensimismamiento.
—¿Ah? Sí, perdón. ¿Me dijiste algo?
El ratón te brindo una sonrisa comprensiva, aunque no pudiste sentirte apenada. Te habías distraído en medio de la charla; con muy buenos motivos, pero seguía siendo descortés.
—Cuando entres a Night Raven College, comenzarás a conocer a tus almas gemelas. Pero seguro que no serán chicos fáciles de manejar. —explicó, quizás con un rostro más preocupado del que esperabas de alguien que te daba tan buenas noticias—. Si necesitas ayuda con alguno de ellos, estaré para guiarte. Solo tienes que llamarme en cualquier espejo.
—Entendido, eh...
—¡Dime Mickey, Mickey Mouse!
Vale, era un nombre facil y sencillo. Ya sabías a quien rezarle a partir de ahora por todas las noches.
Ibas a hablar para darle las gracias, pero tras parpadear, en un segundo la figura de Mickey se había esfumado a una velocidad asombrosa, dejándote ver una vez más tu reflejo en el espejo tras la vitrina.
Bien, eso fue sumamente extraño.
Sin embargo, si realmente aquello no fue una simple alucinación de tu cerebro como mecanismo de defensa debido a tu deseo desesperado de tener pareja, realmente tenías una meta clara para cuando empieces tu nueva vida en Night Raven College.
No ibas a dejar ninguna de tus almas gemelas morir en soledad. Serías la novia ideal, y tendrías tu romance de cuentos de hada con el que tanto habías soñado.
Decidiste caminar de regreso a casa, con una felicidad que seguro duraría desde ahora hasta el final del verano.
