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¡Sesshomaru Week! Compilación de historias cortas

Chapter 7: Día VII - Día libre

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—¿Por qué no podía ser el hanyou? Tiene más en común con ellos que nosotros —soltó Sesshomaru frunciendo el ceño, mientras sus sirvientes arreglaban su kimono.

—Porque tu padre cree que aún es muy joven, además, ¿Quién mejor que su primogénito para cumplir con algo tan importante? —respondió su madre.

Irasue tenía razón, un acontecimiento de tal magnitud no podía caer en manos de cualquiera. La unión de los reinos demoníaco y humano era algo sin precedente, sumamente importante que todo se llevara con sumo cuidado, darle tal responsabilidad a un chiquillo podía significar grandes riesgos.

Podía parecer algo injusto para Sesshomaru, un matrimonio arreglado a tan corta edad, encima con una humana, ¡Una humana! A pesar de que su padre, el gran demonio perro trataba de que las cosas funcionasen entre ambos mundos, a Sesshomaru aún le costaba aceptar a los humanos como sus iguales.

A su madre tampoco le agradaba mucho la idea, pero, con tal de asegurar la posición de su hijo como heredero sobre su medio hermano, aceptaba las locas ideas del general perro.

—Es mera política querido, no debes preocuparte, no tienes ningún deber real para con esa humana —le dijo Irasue para tratar de apaciguar su mal humor.

Esta sería la segunda vez que se verían, se había acordado un festín en el palacio sobre las nubes, el cuál estaba planeado desde hace ya varios meses. Los padres de su prometida, eran unos ilustres señores feudales que regían la zona colindante a los dominios de Inu no Taisho. Al ser el asentamiento humano más cercano y que además, se encontraba entre tierras de suma importancia para los asuntos políticos del general perro, una alianza era más que necesaria.

Durante años, los humanos y demonios habían existido en enemistad, pero Inu no Taisho tenía como uno de sus propósitos acabar con eso. Uniendo a las familias líderes de las más importantes regiones, confiaba en que podría llevarse una relación más amena. En tierras lejanas, había surtido efecto, los camaradas de Inu no Taisho le habían escrito con gran júbilo los acuerdos a los que habían llegado con los humanos para poder convivir en paz, todo gracias a uniones matrimoniales sugeridas por él.

Y ahora, era el turno de su propia familia.

—Todo listo joven amo —le dijo uno de los sirvientes a Sesshomaru, haciendo una reverencia.

Se miró al espejo de cuerpo completo frente a él, su madre había seleccionado un conjunto bastante elegante: azul marino con un patrón de nubes bordadas en hilo dorado.

—¡Oh, eres tan apuesto! —su madre se regocijaba ante tan buena descendencia— Esa muchachita debió hacer algo muy bueno en su vida pasada.

Irrumpiendo, otro sirviente entró en la habitación, haciéndoles saber que Inu no Taisho había llegado finalmente con sus invitados. Ambos salieron con la barbilla bien en alto, Sesshomaru, tragándose su irritación y ganas de cortarle la cabeza a alguien.

En el gran salón ya se encontraban puestas las mesitas de caoba negra para cada asistente, seis asientos acomodados en dos filas de tres, de forma que quedaban frente a frente.

Sesshomaru y su madre tomaron asiento en los dos cojines al lado izquierdo, y esperaron pacientes hasta que Inu no Taisho se hizo presente, con el rostro lleno de júbilo y detrás suyo, la familia humana.

Sesshomaru y su madre arrugaron la nariz ante el olor de los mortales, no estaban acostumbrados, pero rápido volvieron a sus semblantes serios y aristocráticos.

Después de intercambiar saludos y formalidades, comenzó el festín. Los platillos eran una intrincada combinación de comida humana con manjares que solían preferir los demonios. El cocinero jefe del palacio tuvo un día bastante ocupado. Sesshomaru apenas probó bocado de los platos, con los palillos picoteaba aquí y allá, la comida humana le parecía de lo más insípida.

Sesshomaru evitaba levantar la vista pero se mantenía atento a las conversaciones: su padre y el humano charlaban sobre planes diplomáticos, mientras que su madre trataba con todo su ser de mantener una conversación fluida con la mujer humana. Frente a él, la joven que se había decidido sería su futura esposa, se encontraba muy entretenida con la comida. Sesshomaru notó cierto comportamiento extraño: guardaba pedacitos de pescado en una servilleta de tela.

Al sentirse observada, la joven —quien en su primer encuentro se había presentado como Rin— dirigió la vista hacia él. La primera vez que lo vió Rin había quedado completamente eclipsada por la apariencia de Sesshomaru, había visto antes demonios pero jamás uno tan bello. Desde niña, había tenido la idea de que todos eran seres horribles que infundían nada más que miedo.

La idea de unir su vida a uno de ellos le hacía añicos el corazón, no concebía que sus padres hubieran accedido a ello, pero el día que conoció a su prometido cambió por completo de parecer, podría decirse que había aceptado su destino casi de forma inmediata.

Tenerlo tan cerca hacía que su corazón mortal latiera como loco, se preguntaba si él podía escucharlo. Al verlo de vuelta, sintió un escalofrío, sus ojos color ámbar eran brillantes e igualaban a los de un depredador. A pesar de sentirse intimidada, le sostuvo la mirada, hasta que finalmente Sesshomaru volvió la vista a la mesita frente a él.

¿Qué se creía esa humana? Viéndolo tan descaradamente, Sesshomaru no soportaba tal insolencia, pero no podía hacer ver sus sentimientos de disgusto, su padre se enfadaría con él y eso era lo que menos quería. Deseaba complacer a su padre, aunque esto conllevara sobrepasar sus límites de lo tolerable.

—¿Por qué no hablas con ella? —Inu no Taisho susurró al odio de su hijo, aprovechando el momento en que su compañero de charla discutía algo con su mujer.

—¿Para qué? —respondió Sesshomaru sin más.

El general resopló, entre incrédulo y divertido.

—Porque es tu prometida y es de mala educación dejar sola a una joven dama tan bella —esto último lo dijo lo suficientemente alto para que Rin escuchara, acto seguido le dedicó una amplia sonrisa a su futura nuera.

Ella correspondió tímidamente, ocultando su sonrojado rostro detrás de la manga de su kimono naranja.

Poco a poco, los adultos fueron terminando y abriéndose paso por una puerta lateral al salón de junto, que daba a uno de los karesansui más grandes del palacio. Los grandes ventanales abiertos de los corredores exteriores dejaban entrar la brisa veraniega de la tarde.

Sesshomaru y Rin terminaron solos, aún dónde la chica seguía tomando una taza de té.

«Qué lenta». Pensó Sesshomaru, mientras la veía.

Después de terminar hasta la última gota —pues sus padres le habían inculcado no desperdiciar ni una migaja de comida—, Rin posó la taza de porcelana y levantó sus ojos marrones nuevamente hacía la figura de cabellos plateados.

—¿Le apetece dar una vuelta? —su voz tranquila y suave, tomó por sorpresa a Sesshomaru.

Quiso negarse, pero recordó las palabras de su padre, entonces accedió, no sin antes sugerir que recorrieran la otra ala del palacio. No quería que los adultos los vieran juntos, no era su intención dar la idea de que le agradaba la situación. Así pues, caminando varios pasos delante de Rin, la guió por los pasillos hasta dar a otra zona del palacio, mucho más amplia y con menos ojos curiosos.

Esa zona carecía de un jardín zen, en su lugar, se encontraba un enorme estanque repleto de carpas de todos colores, que era atravesado por un puente y al final de este había un pequeño pabellón, con pilares rojos y tejas de color jade.

—¡Es hermoso! —Rin soltó apenas llegaron, sus ojos brillaban al reflejar el sol que se ponía frente a ellos. Aquel lugar había sido construído especialmente para disfrutar de los atardeceres.

—Allá abajo seguro no tienen vistas así —dijo Sesshomaru con cierto orgullo.

—El cielo es igual de bello en todos lados, solo que en ciertas partes se aprecia mejor —contestó Rin, mirando luego a Sesshomaru con una media sonrisa burlona.

Él entrecerró los ojos, no muy convencido, pero aceptó su comentario. Creía que su prometida sería alguien más... reservada. Era hasta cierto punto, un alivio que ese no fuera el caso.

Pasaron el resto de la tarde paseando por el estanque y los alrededores, Rin preguntaba muchas cosas para las que afortunadamente Sesshomaru siempre encontraba respuesta. Resultó ser toda una parlanchina. Sesshomaru se encontró sorpresivamente disfrutando de la ocasión, le hacía sentir bien que Rin admirara su conocimiento, aunque este fuera aún limitado. Pero eso, ella no tenía porqué saberlo.

En un momento, se dirigieron hasta el pabellón, donde tomaron lugar en una de las bancas de piedra. La noche se hacía presente y en Rin se empezaban a mostrar los rasgos humanos que hasta hace unos instantes, Sesshomaru había olvidado.

—¡Ouaahh! —Rin dejó salir sin pena un largo bostezo. Frotó sus ojos ahora llenos de lágrimas con su manga y miró a Sesshomaru— Estoy tan cansada, pero aún no quiero irme.

—Los humanos necesitan dormir, llamaré a un sirviente para que...

—¡Espera! Aún no... —Rin levantó y agitó sus manos en señal de negativa, aquel momento era tan bello, no quería que terminara.

Pero para su mala suerte no hubo necesidad de llamar a nadie.

—¡Rin!

A lo lejos, pudo escuchar la voz de su padre. Los adultos habían tenido ya suficiente de la mutua compañía, era hora de despedirse. Sesshomaru notó el cambio de ánimo en el semblante de su prometida.

—No te preocupes —comenzó él—, dentro de poco, podrás venir aquí cuando quieras... cuando este palacio se vuelva tu hogar. Cuando... nos casemos.

Sin tener tiempo de contestar, Rin fue llamada nuevamente, esta vez de forma más apremiante. Los jóvenes hicieron caso y dejaron su lugar en el pabellón. Caminando de regreso, ahora lado a lado y al mismo ritmo, llegaron hasta donde sus padres ya compartían palabras de despedida.

En un fugaz movimiento, Rin sacó de entre sus mangas un envoltorio de tela azul, había olvidado por completo que lo tenía y que debía dárselo a su prometido. Lo deslizó con suma agilidad entre sus manos mientras caminaba, hasta colocarlo en el cintillo del kimono de Sesshomaru. Este, sobresaltado, casi la reprende por acoso.

Sesshomaru vio a la joven adelantarse y finalmente partir. Aún sorprendido, tomó lo que había colocado entre sus ropas, deshaciendo el intrincado nudo de listón rojo que lo mantenía sellado, y una vez depuesto de la tela, descubrió un pincel. Rin había escuchado que el joven demonio tenía gran afición por la caligrafía, por lo que con ayuda de su madre, había encargado hacer un pincel especial para él.

En el mango de madera roja tenía grabados en oro los caracteres de su nombre y pequeños detalles de nubes, la brocha era robusta y suave, Sesshomaru intentó adivinar de qué animal estaba hecha. Desde que inició en el pasatiempo de la caligrafía, había poseído muchos pinceles también hechos exclusivamente para él, sin embargo, jamás prestó atención a sus detalles como en ese momento.

Sesshomaru no podía quedarse atrás, debía corresponder el detalle. Esa noche, decidió darle uso a su obsequio y crear también algo para ella, por más inusual que le resultase tal deseo de repente. Fue así como comenzó a trazar en una vitela los carácteres que formarían un poema basado en su encuentro aquel día, vaciando en él más de su sentir de lo que había esperado.

Tal vez, sólo un poco, la idea del matrimonio ya no le disgustaba tanto.

Notes:

Este reto o "week" dedicado a Sesshomaru es de hace dos años y lo terminé a finales del 2024 apenas, es increíble lo mucho que me tardo en escribir jeje. Lo publiqué solamente en wattpad pero me dieron ganas de subirlo acá también, con eso de que planeo ya sólo postear aquí. ¡Gracias por leer!