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Characters:
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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-07-01
Updated:
2026-07-01
Words:
670
Chapters:
1/?
Comments:
2
Kudos:
2
Hits:
40

Controlate, Controlate

Summary:

Amar puede ser cruel.
Odiar puede ser fácil.
¿Qué pasa cuándo el amor y el odio se relacionan entre sí?
Odio amarte. Quisiera que este sentimiento se vaya de mí, quisiera que todo fuera diferente.
Dime la verdad, ámame con locura, destrózame el corazón o sé mi guardián.
Canta conmigo, baila conmigo, es fácil, es difícil.
Muriendo, viviendo, amándote hasta el final.

Notes:

Hola,
Esta es mi primera historia; de hecho, también es la primera vez que escribo en mucho tiempo. Escribir me recuerda a esos años en los que era un poco más feliz. Me equivocaré demasiado, tal vez más de lo necesario. La verdad, no estoy pensando en cada palabra, solamente voy a intentarlo. Gracias por leer.
Perdón por no escribir ideas completas.

Chapter 1: Sueños

Chapter Text

Aún puedo sentir su mano tocándome, el roce de sus dedos, la sensación fantasmal de que él está conmigo. Qué raros pueden ser los sueños, te pueden dejar inmersos en ellos durante segundos, minutos u horas. Aborrezco esta sensación, aborrezco que él me haga sentir así; tal vez todo sería más fácil si tan solo pudiera dejar de sentir. Amarlo es mi castigo y mi perdición.

Kageyama Tobio puede ser muchas cosas: serio, apasionado del voleibol, poco carismático, sin tacto; pero, detrás de todo, es alguien que puede sentir con pasión. Había tenido otra de sus recurrentes pesadillas, esas donde lo único que puede recordar es a él, su toque, su amor, su deseo, todo de él. Y quién es este ÉL? Es Oikawa Tooru, su antiguo mayor, alguien a quien solía admirar, después detestar, y ahora esto que él no puede formular en palabras. ¿Amor? ¡Ja! Tiene que ser una locura, no hay un mundo donde Kageyama Tobio pueda estar enamorado de Oikawa Tooru. Pero, desde el último encuentro que habían tenido, no había podido sacárselo de la cabeza, de su mente; era una sanguijuela, era un demonio, era lo peor.

Kageyama había terminado de alistarse para la escuela, aún metido en sus pensamientos. Su larga caminata no había mejorado nada, peor se sentía en un mundo aparte donde sus sueños se estuvieran repitiendo en su cabeza sin parar, bailando entre las líneas de la cordura y el delirio.
Contrólate, contrólate, era su monólogo interno.
—¡¡¡Kageyama!!! —saludó Hinata sin notar nada extraño en él—. ¿Estás listo para seguir perdiendo?
—Ah, ¿estás loco? Como si pudiera siquiera perder ante ti. Mejor concéntrate en las clases, no vaya a ser que también pierdas esto.
—Bakayama, eres cruel —dijo el más bajo, sacándole la lengua.
Así las clases siguieron con tranquilidad, y ahora se dirigían al entrenamiento; por fin algo que lo hiciera sentir como él mismo, nada de sueños, nada de pensamientos.


Pero todo se fue al caño cuando Kageyama pudo observar una chaqueta blanca con franjas verdes, un cabello café, una sonrisa fácil, una voz conocida, una pesadilla viviente. Oikawa Tooru estaba aquí, justo delante de él, justo enfrente de la fuente de su tranquilidad. Iba a morir. Iba a vivir.

—Tobio-chan, estás aquí, llegando tarde. Qué actitud de rey.
—Cállate, no sabes nada.
—A ver, a ver, un poco más de respeto por los mayores, después de todo lo que te enseñé.
—Ah, tú no me has enseñado nada, y ahora no necesitas enseñarme nada, Oikawa-san.
Era un cruce de miradas intensas, como si el mundo solo se estuviera deteniendo a presenciarlo.
—Está bien, cariño, aun así pienso que puedo enseñarte muchas cosas —dijo Oikawa con su voz angelical.
Y Kageyama lo intentó: cada célula de su cuerpo recibió la instrucción, pero aun así no pudo evitar sonrojarse y volver a pensar en sus pesadillas, sus fantasías, sus sueños.


Su entrenador decidió interferir y habló del propósito de Oikawa aquí: solamente venía con el mensaje de hablar sobre otro partido de entrenamiento entre ambos equipos.
Vete, vete, vete. Era lo único que podía pensar.
Y como si su único propósito fuera arruinarlo, Oikawa decidió quedarse todo el tiempo. Kageyama podía sentir su mirada, podía sentirlo metiéndose en su piel, pensando en sus movimientos, viendo a través de cada error y cada detalle. Oikawa Tooru era su perdición.
¡BOOM! Un fuerte estruendo sonó en toda la cancha. Kageyama había recibido un balonazo en toda la cara, su nariz incluso estaba sangrando. ¿Cómo había pasado eso? Solo por un momento dejó de prestar atención, y ahora todos lo veían con lástima, con disculpas en los ojos, como si fuera a morir por una rara enfermedad.


Dios, sáquenlo de aquí. Necesita irse, aclarar sus pensamientos, regresar a ser él, necesita dejar todo esto de lado.
Así que hizo lo primero que se le ocurrió: corrió, corrió dejando a todos atrás, corrió con la sangre deslizándose por su cara, con sus lágrimas rodando por sus mejillas, corrió como si pudiera huir del amor.