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!A comer!

Summary:

Zayan sufre de desórdenes alimenticios y rompe una regla importante con su pareja y dominante, Simón. Es castigado como a un niño

Notes:

HOLAA!! Tal vez me conocen por Wattpad, dónde por cierto, me eliminaron una historia de spanking. Aquí estaré subiendo ese mismo contenido con mis oc: Simón y Zayan, quienes supongo que protagonizaran las mayor parte de mis historias. En este universo ellos tienen una relación totalmente consensuada y todo lo que leerán es consentido y acordado previamente.

Work Text:

Era un día horrible, nada había salido como según lo planeado. La alarma de Zayan sonó más tarde por lo cual llegó tarde a su trabajo y su feje lo regañó. Luego, cuando tuvo que volver a casa la rueda de su bicicleta se pinchó así que tuvo que ir a pie hacia la casa. Llegó después de media ora, cansado y con los pies adoloridos se dirigió hacia la cocina para comerse algún refrigerio, ya que en el trabajo no había tenido tiempo de comer porqué su feje le había asignado más papeleo del habitual, como era de esperarse no había nada salvó que un limón tal vez podrido.

Era normal, después de todo era mejor así, era demaciado gordo, ademas habia notado que su panza ya no era plana. Tenía que pesarse.

Pero no podía hacerlo, ya que su dominante Simón, con él cual tenía ya una relación de tres años, se lo había prohibido porqué conocía sus problemas con su peso.

Aún así, subió las escaleras, después de todo Simón no tendria porque enterarse.

El resultado en la báscula claramente fué de su desagrado, había ganado un cuatro kilos más desde la última vez que se había pesado por si mismo, o sea hace siete meses. Ya que Simón era quien lo pesaba pero no le dejaba ver el resultado.

Estaba gordo, y si era gordo ya nadie lo iba a querer, porque no merecía ser amado entonces. Lloró tanto y se perdió en sus pensamientos que no escuchó a su pareja entrar en la habitación, no vivían juntos todavía pero Simón tenía la llave de su casa y él de la suya.

–Cariño? Oh cariño ¿estás bien?

Zayan se sorprendió al verlo ahí, casi instintivamente se cubrió el abdomen para no dejar ver su asqueroso cuerpo y que lo dejen de querer, aunque en realidad su blusa ancha no es que dejara ver demaciado.

Simón lo abrazó y lo sentó en la cama de la habitación, a horcajadas de él mientras le limpiaba las lágrimas con una mano y con la otra le acariaba el pelo.

Lo dejó llorar hasta que de los sollozos solo quedaron pocos hípidos, Simón no había dejado de acariciarlo y decirle palabras dulces en cada momento.

–¿Que pasó mi amor?

–Lo siento... Yo enserio... Perdón...

Aunque el mayor ya podía hacerse una idea de lo que había pasado, después de todo la báscula estaba al lado de ellos, aún así no estaba de más preguntar.

–Estoy gordo.– Dijo al fin, volviendo a sollozar y escondiendo su cara entre el cuello y el hombro de su pareja.

–No, no lo estás. Porqué sigues diciendo eso?

–Aumenté cuatro kilos desde la última vez! Y tengo panza!

–Tienes que aumentar de peso cariño, sigues siendo demaciado flaco como para estar en salud, tener un poco de pana es totalmente normal, mi amor.

–No! No es cierto! Estoy gordo... Y si lo estoy entonces luego no me vas a querer... Y...

–¿Que acabas de decir? Cariño ¿de dónde sacas esas ideas? Sabes que te querré siempre y por siempre, no me importa cuánto peses solo quiero verte en salud. ¿Quien te metió estás ideas en la cabeza, hmm?

–Nadie... Yo... Lo siento...

–Además, no puedes pensarte cariño, es una de nuestras reglas.

–No lo volveré a hacer...

–Lo mismo dijiste hace siete meses, parece que se te ha olvidado la lección. Tal vez es ora de otra buena nalgada.– Terminó de hablar y lo puso acostado boca abajo sobre su regazo, Zayan no puso resistencia física porque sabía que no iba a surgir efecto.

–No es necesario, porfavor...

–Claro que lo es.– Y le bajó el pantalón junto con la ropa interior, ya que tenía que asegurarse de no hacerle daño.

Comenzó con nalgadas suaves que cada vez se hacían más fuertes, cubriendo el trasero en su totalidad una y otra vez. Comenzaron a oírse suaves lamentos cuando comenzó a ponerse rojo, entonces el mayor supo que era ora de ir más allá.

–Porfavor... Ya aprendí, lo sientoo– sollozó el menor mientras movía sus piernas inútilmente.

–Lo vas a sentir realmente cuando termine.

Comenzó a dar diez nalgadas en un solo lado en el mismo lugar, para luego pasar a otro hasta cubrir nuevamente todo el trasero.

–Ay! Porfavor! En serio.. en serio lo siento!– ahora lloraba súplicas, que en realidad servirían a poco y nada.

Simón cruzó sus piernas para dejar el trasero de Zayan en alto y ahora atacó a sus muslos.

Nalgadas fuertes y dolorosas se extendieron como fuego en la piel más frágil. Ahora Zayan intentaba esquivar los golpes aunque claramente no funcionara.

–Poefavoor! Aprendí! En serio aprendí

–Calma cariño, estamos terminando.

Dió algunas nalgadas más y luego extendió su mano para agarrar el odioso cepillo de madera que estaba en la mesita de noche. Al verlo, Zayan comenzó a llorar a moco tendido suplicando piedad. Simón solo le frotó la espalda y le dió un beso en la nuca, asegurándole que terminarían pronto.

Comenzó a golpear con el cepillo todas las partes ya rojas de la piel, quedándose hasta algunos segundos en los mismos lugares. Luego pasó otra vez a los muslos, dónde dió veinte nalgadas en cada uno.

Podía parecer un castigo duro, porqué lo era, pero también era necesario y llevadero para el menor.

Terminó de azotar y dejó que el chico llorara sin ninguna prisa, le acariciaba y besaba su espalda.

–¿Quieres un abrazo?

–Porfavor...

Con cuidado de hacer presión en sus nalgas, lo abrazó, susurrando en su oído y está vez acariciando su pelo.

–Te castigue porque no tienes que poner mi amor por tí en discusión, tampoco sentir asco de tú hermos cuerpo. Y también por desobedecer las reglas que tienes conmigo.

–Lo siento, en serio...

–Lo sé, cariño, lo sé. Ahora le pondremos un poco de loción a ese trasero travieso.

Zayan solo rio y se volvió a acostar en el regazo de su pareja, dando un quejido cuando el aceite tocó su piel castigada.

Simón masajeó las nalgas de su pareja hasta que este pidió nuevamente un abrazo. Lo abrazó sin pensarlo y se acostaron juntos en la cama.

Oras después, Zayan estaba en la cama, solo. Pero sintió un aroma reconocible desde la cocina, Simón estaba cocinado uno de sus platos otra vez.

Él mayor había salido a hacer la despensa mientras el menor dormia, hasta le estaba haciendo de comer ahora. El chico bajó las escaleras y miró a su pareja, quien le dió una sonrisa y le ordenó sentarse para comer.

Lo hizo a regañadientes, todavía le dolía el trasero, sobretodo sentado.

Pasaron una cena agradable juntos, luego Simón lo bañó y le aplicó crema otra vez. Entonces, volvieron a dormir.