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Vigilancia en la torre.

Summary:

Mika recibe la orden de hacer vigilancia desde una de las torres de la muralla, una de las tareas más aburridas dentro de los caballeros. Pero la visita de su novio lo volverá un día inolvidable.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

La vigilancia desde las torres de las murallas es, probablemente, una de las tareas más aburridas que le puede tocar a un caballero; pese a ser necesaria y muy importante para avistar invasiones o ataques, esas cosas solo ocurren una vez cada tres años, así que el resto del tiempo simplemente estás ahí, observando el mar, el horizonte, solo, por horas y horas…

Y ahora, es turno de Mika de vigilar. La primera vez que le tocó se sintió emocionado, pensó que sería una oportunidad única para apreciar el paisaje y reflexionar, quizá ponerse a escribir o dibujar algo mientras tanto. Pero al pasar dos horas, comenzó a entender por qué todos siempre se quejan de ese trabajo.

Para su fortuna, no es una tarea que le sea asignada seguido. Y sin embargo, hoy está ahí, subido a una de las torres de la muralla, sus codos apoyados en la firme piedra pulida mientras observa el horizonte. Lleva ya media hora allí, y piensa en cómo sería mucho más entretenido y pasable el trabajo si tuviera algún compañero con el que hablar y pasar el rato.

—Son unas lindas vistas, ¿no?

—Sí…

Responde sin pensar y tras cinco segundos voltea a su costado asustado tras haber procesado que alguien le habló. Y ahí se encuentra a Lohen, que lo saluda con una sonrisa amigable. Amigable para tratarse de Lohen.

—¿Q-qué haces aquí? —pregunta, con una mano en el corazón para calmar sus acelerados latidos.

—Me enteré que te mandaron a vigilar, y pensé que podrías estar muerto del aburrimiento, así que vine a acompañarte —explica y se apoya de espaldas en la muralla.

—¿Acompañarme…? ¿Solo por eso subiste hasta aquí? —Sus ojos se entrecierran, en sospecha. No es que le guste dudar de las personas, pero… Es Lohen, lo raro es que no tenga segundas intenciones en todo lo que hace.

La expresión del vicecapitán cambia a una de exagerada ofensa y dolor. Lleva dramáticamente una mano la altura de su corazón.

—¿Es que no confías en mí? ¿Acaso no puedo querer hacerle compañía a mi novio? ¿Tan mala imagen tienes de mi persona?

—¡N-no, no! ¡No es nada así, perdón! —se apresura a decir, con la culpa y el remordimiento carcomiéndolo por haber pensado así de mal de él; sus mejillas se tornan rojas en la vergüenza.

—No, no. No te preocupes, lo entiendo —suspira de forma dramática y se aparta de la muralla, sin verlo—. Si esa es la impresión que tienes, sería mejor que me vaya, seguro estás mejor sin mi compañía…

—¡E-espera! —pide y toma su muñeca. Su corazón late rápido y no se atreve a mirarlo—. Yo no… No quería pensar mal de ti de esa manera, lo siento… Quédate, por favor.

Mika no lo ve, pero al escucharlo Lohen esboza una sonrisa y sus ojos brillan al ver su plan marchar a la perfección. Con cuidado, toma su mentón y le levanta la vista, encontrándose sus miradas. Acaricia su mejilla con cariño, toda su expresión suavizada para él.

—¿Cómo podría negarme si me lo pides así?

El pulgar de Lohen se desliza por la mejilla del topógrafo hasta llegar a sus labios; los acaricia y presiona suavemente el inferior, haciendo que sus labios se partan. Mika lo ve con el cuerpo paralizado pero el corazón acelerado, sus mejillas espolvoreadas en rojo y sus ojos brillando en expectación. Es una vista de la que jamás podría cansarse.

—Incluso traje cartas —declara de la nada y aparta su mano, rompiendo la atmosfera que comenzaba a asentarse. Mika lo mira algo aturdido, y por unos segundos, su expresión flaquea en decepción y timidez, se ve tan adorable, podría devorarlo ahora mismo—. Podríamos jugar algo para pasar el rato, ¿qué te parece?

—¿E-eh? Ah… Claro, ¿por qué no? —Esboza una sonrisa, forzada en sus comisuras. Intenta disimular su desilusión y las ganas que tenía de ser besado, Lohen lo sabe bien, tan bien que muerde la parte interna de su mejilla para contener sus ganas de solo saltarle encima y mandar al demonio el juego.

—Hay un juego que se está volviendo popular en la taberna, La Solterona, ¿sabes jugarlo?

—Oh, sí —La sonrisa de Mika se vuelve más genuina y relajada—, lo jugaba todo el tiempo durante la expedición. No sabía que se jugara en el bar también…

—No es exactamente el juego que conoces, tiene… una pequeña, pequeñísima, norma extra.

Entre su tono de voz, la forma en que sus ojos parecen brillar y su sonrisa, Mika ya no se siente tan seguro de que esto sea un plan inocente.

—¿Qué… norma?

—El que pierde, tiene que quitarse una prenda de ropa.

—¿¡Q-qué!? —Mika suelta un chillido y da un paso atrás, con su rostro ardiendo—. E-eso es… —Mueve sus labios, intentando decir algo, pero las palabras no vienen a él. Traga saliva—. ¿Q-qué si alguien viene? ¿Y-y si pasa algo y debo salir a-a advertir al resto?

—Nadie viene por aquí, y podrías vestirte e irte. No es como que fuéramos a hacer algo más aparte de jugar, ¿no?

Los ojos del rubio pierden un poco de brillo al escuchar lo último y Lohen ve como quiere decir algo, pero acaba ganándole la vergüenza.

—S-sí, tienes razón… Por jugar no pasará nada…

Sin tener que agregar más, se sientan en el suelo de madera, Lohen reparte las cartas y comienzan a jugar.

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Las primeras partidas son las más tranquilas, ambos van empatados y se quitan de encima prendas no muy interesantes; luego, Lohen comienza a tener una racha de mala suerte, acabando siempre con el comodín encima. Misteriosamente, cuando se quitó el broche que mantiene su camisa bien cerrada y parte de su clavícula y pectorales quedaron a la vista, Mika comenzó a caer en picado en las partidas.

—Uhm, ¿podrías… mirar a otro lado…? —pide en un murmuro el rubio, tras haber perdido de nuevo. Sus manos agarran el borde de su camisa, listo para quitársela, pero la insistente mirada de su novio lo paraliza en el lugar.

—¿Hm? ¿Tiene algo de malo que mire? —pregunta, haciéndose el inocente; ni siquiera lo mira a los ojos, se mantiene observando a la poca piel expuesta de abdomen de su novio.

—P-pues no, pero… Me da pena —admite y desvía la vista a un costado.

—Pero yo quiero ver cómo te desnudas para mi —dice como si nada, apoyando el peso de su torso sobre un brazo mientras ve como el rostro completo de Mika pasa por distintas tonalidades de rojo, y apenas puede contener la risa que quiere escapar de sus labios.

—T-tú… —Su rostro mira al suelo y sus brazos se abrazan a sí mismo con fuerza, abrigando su torso ahora desnudo—. Propusiste todo e-esto solo para… ¿ver cómo me quito la ropa…?

—Bueno, no negaré que fue un factor decisivo a la hora de decidir qué proponerte, pero no vine solo por esto —declara, gesticulando con su mano libre—, ya te lo dije, quería hacer compañía a mi novio, ¿tan difícil es creerlo?

La respiración de Mika se vuelve más débil, y el silencio delata sentimientos escondidos en la profundidad de su corazón, y que ahora afloran al tener que confrontarlos. La sonrisa de Lohen flaquea, y se inclina hacia su novio hasta alcanzar su rostro y girarlo, intenta que él lo vea, pero cada vez Mika vuelve a desviar la mirada.

—¿Pichón?

—P-perdón, sé que n-no debería pensar algo a-así, pero… p-pero… —su voz se quiebra y necesita detenerse por unos segundos a recuperar la estabilidad que comienza a escapársele entre las palabras—… Pero hay días que p-pareciera que tú… solo me quieres para eso, ¡y-y sé que está mal y-y…!

Sus palabras caen muertas cuando Lohen encierra sus labios con los suyos; Mika intenta separarse, apartar a su novio, pero él no le da tregua; lo atrae por la cintura hasta sentarlo encima suyo y mantiene una mano en la parte trasera de su cuello, asegurándose de que no pueda separar sus labios. No hasta que los intentos de escape comienzan a perder fuerza y cesan por completo.

Cuando se separan, un hilo de saliva queda colgando entre ambos, y se ven a los ojos; el ceño fruncido y brilloso de Mika contrastado con el rojo de su rostro es un deleite a la vista. Y cuando está por decir algo, por quejarse de haber sido cortado antes, el vicecapitán toma la delantera.

—Lo siento.

Las palabras caen como plomo sobre el rubio, que queda mudo ante ellas. Sus hombros bajan, perdiendo la fuerza resguardada para intentar apartarlo de nuevo, y su expresión cambia a una de desconcierto.

—No creí que… no pensé que fueras a sentirte así —admite Lohen, apoyando su frente en el hueco entre el cuello y hombro de su novio. Los brazos se aferran a su torso, manteniéndolo más cerca. No es alguien a quien le cueste encontrar las palabras, es casi un talento natural el que tiene para decorar sus declaraciones, endulzar el oído de las personas, decir las cursilerías que desean oír para conseguir lo que quiere.

Pero no quiere hacer nada de eso, no ahora, no cuando Mika tuvo el valor de ser honesto, de confesar sus sentimientos pese a lo mucho que le cuesta hacer eso. Hacerlo sería… sería desprestigiar eso, una declaración de que no le importa realmente lo que siente, que no lo toma en serio a él, a la relación que construyeron juntos. Y, la verdad, preferiría tirarse de un acantilado antes que cometer esa estupidez.

—Lo siento, de verdad lo siento. Yo no… no quiero perder esto, a ti, esta relación. Pero no sé qué hacer o decir para convencerte de que te necesito en cada aspecto de mi vida, no solo para sexo.

Al sentir la cálida mano de Mika en su mejilla alza la mirada, y nada más hacerlo sus labios son bendecidos al tocar los de él; cada musculo en su cuerpo se relaja y corresponde el beso como si fuera el oxígeno que necesita para vivir.

—Podrías comenzar con invitarme a una cita luego de esto —sugiere el pichón cuando se separan, sus rostros apenas a centímetros, sus narices rozan y Lohen casi puede sentir su dulce sonrisa sobre sus labios, provocándole fantasmas de cosquillas al hablar. Le hacen sentir enfermo, enfermo de amor.

—¿Luego? —pregunta, acercando su rostro lo suficiente para sus labios se toquen; prácticamente habla a su boca, sus alientos acalorados se mezclan, pero a ninguno le importa.

—B-bueno, ya que e-estamos aquí y debo quedarme todavía m-más tiempo vigilando…

Una pequeña risa escapa desde la garganta de Lohen.

—Te amo —declara, robándole el aliento a Mika, y también un beso—. Te adoro —dice y le da uno, dos, tres besos más, sin poder dejar de sonreír, caen juntos al suelo y él continúa repartiéndole besos—. Eres lo mejor que me ha pasado. Dejaría todo atrás, mandaría a todo el mundo al infierno, con tal de estar contigo, de tenerte.

Es cursi. Está siendo cursi, y no de una forma pomposa o endulzante, de esa que usa para acaramelar a otros; no, lo está siendo con una total y brutal honestidad, palabras nacidas de su corazón en cada latido y puestas en su lengua. Otros caballeros se reirían de él si lo escucharan así, si se enteraran de que el vicecapitán de la quinta compañía ama con tal pasión y lealtad a alguien; mucho tiempo el estigma de perder la imagen de ser alguien desinteresado, frío y cruel que construyó por años lo retuvo de ser más honesto, de decir aquellas cosas que las acciones no pueden esclarecer ni mostrar.

Pero ya no importa, nada de eso importa ya, no tras ver la forma en que los ojos de Mika brillan en emoción e ilusión, llenos de amor por él, en como las comisuras de sus labios se elevan y tiemblan, con una alegría que es incapaz de contener, en que su cuerpo se contrae emocionado y expectante.

Descubre que no hay vista más hermosa que la de su pichón conmovido y enamorado.

Enredados entre abrazos y besos, retiran la ropa restante en sus cuerpos, que comenzaba a estorbar y molestar. Las manos de Lohen se deslizan por el torso de su amado, acariciando cada centímetro de su piel, sintiendo cada pulgada de su existencia bajo sus manos, sosteniendo a su novio en aquellas mismas manos que usa para matar, ahora utilizadas para resguardar y cuidar.

Mika jadea al sentir los besos por su pecho, gimotea cuando su novio mueve los dedos en su interior, se aferra a su cuerpo con el corazón emocionado, latiendo a un ritmo anormalmente alto. De un momento a otro, Lohen lo atrae y sienta encima suyo, quedando el vicecapitán recostado en el suelo.

—Siempre me haces ir arriba… ¿Por qué?

—Hmm… —Lohen parece meditar su respuesta; su dedo índice se posa en el centro del pecho de Mika y comienza a bajar lenta, muy lentamente por su torso. Cuando está por su abdomen inferior, vuelve a hablar—: Porque si te tuviera debajo… No podría contenerme —contesta, su dedo presiona su vientre y sus ojos suben hasta los de Mika, en un contacto visual que electriza al rubio.

—¿P-por qué… te contienes? —pregunta, con el aliento robado por las acciones de su pareja.

La mirada de Lohen se suaviza. —Porque no quiero lastimarte. De ninguna manera. Eres la primera persona a la que quiero tratar con cuidado.

—¿Y-y si…? —comienza en un murmuro, su rostro prendido en rojo—…. ¿y si digo que… quiero que no te contengas…?

—Entonces —levanta su espalda del suelo, quedando su rostro a la altura del de Mika y se acerca a su oído a susurrar—: serías un chico muy~ travieso.

Un jadeo tembloroso abandona los labios de Mika y sus manos suben a los hombros de Lohen; sus yemas frías y blancas se presionan con fuerza y sus ojos se mantienen cerrados. El vicecapitán deposita un casto beso en su mejilla y luego otro en la comisura de su labio.

—Pichón, mírame —pide, su tono más bajo, más profundo, más serio. El rubio abre los ojos, brillosos por la vergüenza y la excitación—. Te preguntaré esto solo una vez, porque una vez comience no podré detenerme… ¿Estás seguro que quieres que no me contenga?

—Yo… —intenta responder, pero siente un nudo en su garganta. Si es honesto, está algo… bastante asustado, teme que sea demasiado, teme decepcionarlo, teme no disfrutarlo o arruinarlo de alguna manera. Y sin embargo…—. N-no estoy seguro, pero… quiero intentarlo.

Lohen le sonríe y une sus labios en un dulce y corto beso; luego da otro en su comisura y comienza una retahíla de besos descendentes por su cuello hasta su clavícula, a la par que hace que Mika se recueste en el suelo.

Continúa bajando hasta llegar a su pecho, se detiene a hacer un chupón al costado de su pezón; mientras su mano acaricia su vulva, desliza dos dedos a su interior, abriéndose paso por las paredes carnosas que más pronto que tarde lo contendrán dentro. Mueve los dedos en un compás lento y con el pulgar estimula el clítoris. Siempre lo hace de esta manera, y siempre consigue escuchar esos dulces gemidos de su novio que lo vuelven loco.

Pero hoy quiere escucharlo gritar su nombre, por eso introduce un tercer dedo y comienza a moverlos rápido, los mete y saca por completo, muerde su pezón y pellizca el otro; Mika se retuerce en el suelo entre gimoteos y es tan glorioso. Quiere más, necesita tenerlo temblando, arqueando su espalda, incapaz de formular una sola palabra, quiere llevarlo a su limite hasta que no pueda más y colapse.

Adora lo desastroso que se ve cuando retira sus dedos, empapados y arrugados, y deja en paz sus pezones. Mika respira en grandes bocanadas, su rostro ya está empapado en sudor y su cabello es un desastre. Hermoso.

Deposita pequeños besos en su cuerpo, comienza por el pecho y baja lento, sin prisa, un pequeño descanso para que su pichón recupere el aliento, hasta que llega a su abdomen y escucha como los jadeos de Mika se ven envueltos de pequeñas risas.

—N-no hagas eso —pide Mika, intentando contener su sonrisa, y cuando su mirada se encuentra con la de Lohen, solo de ver la forma en que sonríe sabe que no le hará caso.

Besa y acaricia su barriga, sopla contra su piel, restriega su rostro y deja que sus mechones hagan cosquillas, Mika patalea entre carcajadas y pone sus manos sobre los hombros de Lohen, como si intentara apartarlo, pero sin ejercer fuerza alguna. Y Lohen se deleita de escucharlo reír, de ver las pequeñas lágrimas que se le escapan por los ojos, su enorme sonrisa.

Lo adora, lo ama muchísimo, no puede creerse que tiene el privilegio de estar junto a alguien como Mika. Sube hasta su rostro y comienza a repartirle besos por el rostro. Y transforma una risa del pichón en un fuerte gemido al introducirse dentro suyo sin aviso.

—Te amo —susurra a su oído cual serpiente que se enrosca en su presa y profiere dulces palabras antes de morder.

Mueve las caderas en un ritmo veloz, golpea el interior de Mika con fuerza y le arranca gemidos de su garganta. Pasa las piernas el rubio por encima de sus hombros para llegar más profundo; podría volverse loco por como aprieta su erección entre sus paredes internas.

El pichón no es capaz de pronunciar una sola palabra completa, solo balbuceos salen de su boca; una que es tapada por los labios de Lohen, sus lenguas se entrelazan, es invadido por el vicecapitán por arriba y por abajo, se siente un pervertido por encontrar el pensamiento excitante, pero se siente tan bien.

La idea de Lohen reclamando su cuerpo, marcándolo, haciéndolo suyo, llenando su interior con su semilla lo hace sentir en las nubes; hay veces que desea que su novio no se detuviera, que continuara hasta que su vagina no pueda tomar más de su semilla y su vientre se sienta lleno de él. Pero él siempre lo saca antes de eyacular por precaución; y aunque entiende por qué, joder, desearía que fuera más imprudente con ello.

—Solo para que sepas —susurra Lohen a su oído y envía agradables escalofríos por toda su columna vertebral, se aferra a su cuerpo de inmediato—, hoy no pienso salir de dentro tuyo hasta quedar seco o desfallezcas del cansancio, lo que pase primero.

Sus embestidas se vuelven erráticas, más salvajes, Mika arquea la espalda, sus gemidos incontrolables; y pierde el aliento por un instante al sentir un liquido espeso ser derramado dentro suyo.

—Así que, espero que tengas pensados nombres de bebés —dice con una sonrisa y, antes de que el pichón pueda responder algo o comprender la situación, retoma las embestidas y cubre su boca con la propia.

La cita tendrá que esperar.

Notes:

todos los bottoms que escribo acaban embarazados? Sí. No hay nada mejor que un bottom embarazado, su señoría. Me declaro culpable