Chapter Text
¡Feliz cumpleaños, Nakamura!
Gritaron sus amigos al unísono cuando Okuto se inclinó para apagar la pequeña vela del pastel. Estaban celebrando su cumpleaños número veintiuno, finalmente había alcanzado la mayoría de edad y, aunque no era fanático de las fiestas, Hifumi había insistido en organizar una pequeña reunión en su restaurante favorito para sorprenderlo después del trabajo. Estuvo planeando en secreto durante semanas. Contactó a los amigos de Okuto, se puso de acuerdo con ellos para fijar una fecha en la que todos pudieran estar ahí y reservó el lugar; todo en secreto y durante sus descansos en el trabajo o las horas libres de la escuela, para que él no sospechara nada y se arruinara la sorpresa.
–Gracias por estar aquí– agradeció él, mientras un mesero repartía pequeños shots de sake para todos–. En especial a Hifumi porque sé que esto fue idea suya.
La chica se sonrojó alzando levemente el vasito de sake.
–¡Salud por el cumpleañero! – dijo Reiko.
–¡Salud!
Okuto no había probado el sake jamás y se empinó el shot como si fuera agua. El ardor del alcohol al pasar por su garganta lo hizo toser de inmediato y las risas de Reiko y Arandu no se hicieron esperar. El chico acercó la cámara con la que había estado documentando toda la fiesta.
–Y ahí tienen, el primer ritual de la vida adulta de Okuto– narró Arandu– ¿cómo te sientes?
–Como si hubiera bebido gasolina– contestó Okuto tomando un vaso con agua–. Es asqueroso.
–No puede ser, ¿me perdí el brindis?
Arandu dejó de filmar casi de inmediato. Dudaba que Okuto quisiera la intromisión de Matsumura en su video de cumpleaños.
–Ko– saludó Hifumi–. Pensé que no vendrías.
–No podía faltar– dijo entrando a la pequeña sala donde estaban todos reunidos y le extendió una bolsa con temas marítimos a Nakamura–. Feliz cumpleaños, Okuto.
El chico se levantó de su asiento tomando la bolsa de sus manos y puso la mejor sonrisa que sus nervios le permitieron expresar. De todas las personas en el mundo que pudieron presentarse a su cumpleaños, no se imaginó que Kosei Matsumura fuera a ser una de ellas. Al menos así hubiera sido unos años atrás, cuando Kosei y él tenían esta pequeña rivalidad infantil por la atención de Hirose. Ahora que se conocían mejor gracias al trato en la universidad y la frecuente visita de Kosei a la cafetería donde trabajaban Okuto y Hifumi, esa rivalidad se convirtió pronto en una amistad y en algo más, al menos por parte de Kosei, que tenía tiempo cortejando a Okuto con bastante insistencia. Okuto sabía bien que la presencia de Kosei en su “pequeña” reunión no era ninguna coincidencia, Hifumi seguro le había dicho salto y seña de dónde y cuándo sería. Después de todo ella había sido testigo de cómo se fueron desenvolviendo los sentimientos de Kosei y constantemente animaba a Okuto a darle una oportunidad. Sin embargo, cada vez que lo invitaba a salir, Okuto se escudaba con respuestas vagas que no llegaban a ser un no, pero tampoco un sí.
Y no es que no quisiera salir con Kosei. De hecho a Okuto le parecía que era el tipo de chico que cualquiera definiría como “un buen partido” una vez que lo conoces bien. Guapo, atento, detallista, desinhibido y romántico. Esas fueron las cualidades que enlistó Hifumi la primera vez que la idea de salir con Kosei le comenzó a resultar atractiva. Pero el problema no era que Kosei no cumpliera sus estándares (de hecho lo hacía y hasta de sobra), sino que él seguía muy enamorado de…
–¿Hirose?– dijeron las chicas al unísono.
Aquel día todas se habían reunido en el café poco después de la hora de cierre, pues Hifumi les dijo que Okuto había rechazado salir con Kosei. Esa fue la primera vez que el chico dejó claras sus intenciones. Llegó cuando Okuto salía para tomar su descanso del trabajo y lo abordó con una caja de chocolates y un ramo de margaritas blancas, diciendo cuánto le gustaba y lo mucho que le encantaría tener una cita con él. ¿La respuesta de Okuto? “Quizás otro día” y huyó sin esperar respuesta. No quería enfrentarse a la usual insistencia de Kosei y mucho menos explicarle la razón detrás de su rechazo tan evasivo. Sabía que traer el nombre de Aiki a colación lo pondría en una posición incómoda y dolorosa por lo que él sintió en el pasado y ahora parecía haber superado.
–Creímos que ya no te gustaba– murmuró Hifumi–. Llevan años sin verse.
–Sí y te escribe por Line cada que se acuerda de que existes.
–¡Reiko!– la regañaron las otras
–¿Qué? Es la verdad– refutó ella–. Hace un año contestó su mensaje de “felices fiestas” con un corazón… ¡A mediados de Marzo!
–Ay, señor– murmuró Masako tocándose la sien.
–¿Ven a qué me refiero?– continuó Reiko– Estoy segura que solo juega contigo.
–Hirose no haría eso.
Las cuatro lo miraron con una ceja alzada.
–Detesto reventar tu burbuja, Okuto, pero creo que Reiko tiene razón– dijo Yuuka–. Es más que obvio que solo le gusta el hecho de que te guste.
–Estoy con las chicas en esto– agregó Hifumi–. Lleva años sabiendo lo que sientes y él no ha sido claro respecto a lo que él siente por ti. Ni una sola vez.
Las demás asintieron en silencio y Okuto sintió el estómago tan pesado que pensó que se hundiría en el sillón donde estaba sentado. Por mucho que quisiera alegar y negarlo, en el fondo sabía que tenían razón. Años atrás, cuando le confesó sus sentimientos a Aiki, Okuto esperaba obtener algo, ya fuera un rechazo contundente o ser correspondido. En lugar de eso, obtuvo años de señales cruzadas que solo lograban confundirlo y no le permitían aclarar sus propios sentimientos. Y tener a Kosei detrás suyo no lo ayudaba en nada, o quizás sí, aún no estaba seguro de eso, lo único que tenía claro es que estaba cansado de no saber lo que Aiki sentía por él y hasta no saberlo, las cosas con Kosei no irían a ningún lado. No importaba cuanto lo pusiera a temblar cuando lo tenía cara a cara, ni lo bien que se viera con ese traje azul entallado. Okuto solo debía agradecer el regalo y fingir que el sonrojo en su cara lo había provocado el sake y no darle a Kosei (ni a sí mismo) falsas esperanzas. Al menos por ahora.
–Gracias– murmuró–. No tenías que traerme nada.
Kosei le dedicó media sonrisa. No había forma de que él llegara con las manos vacías a la fiesta de Okuto. Tomando en cuenta lo detallista que era todo el tiempo, habría sido raro. Siempre que podía le llevaba flores o dulces, incluso había llegado a enviárselas al trabajo o a su casa junto a otras cosas como cartas o peluches. En algún momento Okuto le pidió que dejara de enviarle cosas, especialmente al trabajo, ya que su jefe le había llamado la atención un par de veces, pero él no desistió del todo.
–¿No vas a abrirlo?– preguntó señalando la bolsa.
Okuto asintió apenado por hacerlo esperar e hizo a un lado la envoltura dentro de la bolsa para sacar el regalo: un lindo pulpo tejido. Y no cualquier pulpo, era idéntico a Icchan.
–Es precioso- sonrió Okuto llevándoselo al pecho–. Muchas gracias.
–Que lindo está– dijo Yuuka–, ¿tú lo hiciste?
–Ojalá. El crochet no está entre mis habilidades– respondió apenado–. Mandé a hacerlo, pero me alegra que te gustara, Okuto.
Ambos se miraron completamente sonrojados y un silbido para nada discreto de Reiko los hizo avergonzarse más.
–Bueno, chicos, ¿por qué no aprovechamos este lindo momento para abrir los regalos de una vez?– dijo Arandu encendiendo de nuevo la cámara–. Necesito tomas del cumpleañero reaccionando a sus regalos. Vamos, vamos.
Los presentes tomaron asiento, dejando a Okuto en la cabecera de la mesa, con Hifumi a su derecha y Kosei a la izquierda, listos para pasarle los regalos que cada uno de sus amigos trajeron para él. Yuuka y Masako habían cooperado para comprar la primera y la segunda temporada del anime de "Bento del Amor" en DVD. Hifumi, además de organizar la fiesta, hizo una pintura de él con sus amigos y la enmarcó para que Okuto pudiera colocarla en su departamento.
–Muy bien, es nuestro turno, chaparrito– dijo Reiko sacando una cajita envuelta en papel rojo carmesí–. Este es de parte mía y de Arandu.
–Dirás de parte tuya, bruja– se quejó Arandu sin dejar de grabar–. Mi regalo para Okuto es esta película de su cumpleaños.
–Cómo quieras, la idea era darle algo original y helo aquí– le extendió la caja–. Feliz cumpleaños, Okuto.
El chico comenzó a romper la envoltura brillante con los dedos hasta develar una caja delgada y en forma de prisma triangular que rezaba: One Wish Willow.
