Chapter Text
—No es justo Taehyung, siempre que me toca a mí me asustas —dije, caminando muy lentamente —. Por favor, no me asustes.
Estábamos en la sala de juntas, conocíamos el lugar de memoria.
Él no me respondió, pero decidí confiar en él.
Moví las cortinas que llegaban al suelo, para descartar que estuviera ahí.
Miré debajo de los sitiales.
—Taehyung, tengo miedo, no me asustes por favor —volví a suplicar.
Caminé despacio, quería estar preparado ante cualquier sorpresa.
—¡Aquí estoy! —gritó, parándose detrás mío.
Salté del susto.
—Te odio, siempre haces lo mismo, te pedí que no lo hicieras —volteé y lo comencé a golpear en el pecho.
Él era dos años mayor que yo.
Era un poco más alto, pelo negro liso, ojos grandes y redondos, sonrisa encantadora.
A decir verdad, lo admiraba enormemente.
—Bebe, por favor no llores —dijo, limpiándome las lágrimas del rosto —. Discúlpame, prometo no volverlo a hacer.
—No te creo nada, siempre me dices lo mismo, ya no quiero ser tu amigo —intenté alejarlo de mí, pero él me abrazó con fuerzas.
—Bebe, lo siento mucho, de verdad, perdóname, no me odies.
Nos habíamos conocido cuando tenía 6 años, ahí mismo, en la compañía.
Taehyung se había acostumbrado a llamarme Bebe, solo cuando no estábamos solos me decía Jungkook.
—Está bien, pero no lo vuelvas a hacer —mi voz aún temblaba.
Él comenzó a soltarme de a poco.
Taehyung tenía 12 años, era un niño, pero siempre que actuaba así parecía que tenía muchos más.
Me limpió las ultimas lágrimas de mis mejillas y me sujetó para que lo viera directamente.
—Bebe, no me olvides por favor —su tono comenzó a sonar más serio.
—¿Por qué dices eso? —algo comenzaba a hormiguear en mi estómago.
—Bebe, promételo —aún no me soltaba.
—Taehyung, me estas asustando —confesé y vi como una lagrima salió de su rostro.
Acercó su cara a la mía y sus labios tocaron la comisura de mis labios, solo por un instante.
La puerta se abrió de golpe y tía Victoria se asomó.
—Chicos, dejen de jugar. Taehyung nos vamos —sonaba algo irritada.
—Jungkook, no olvides lo que te dije —me recordó antes de caminar hacia su madre.
En ese momento me quería mover, deseaba correr hacia él, deseaba detenerlo.
Tenía una masa gris que pegaba mis pies al suelo, esa misma masa tapaba mi boca.
Poco a poco esa masa me rodeaba por completo, no me podía mover, no podía respirar.
Taehyung comenzaba a salir de la sala.
Las luces se apagaban y la masa me había cubierto por completo.
—¡Taehyung! —grité, estirando mi brazo.
Estaba en mi cuarto, las luces apagadas,
Sentía como el corazón se me iba salir del pecho.
Escuché los pasos de Jin, venía a mi corriendo.
—¿Jungkook, estas bien? —preguntó agitado, abrió la puerta de golpe.
Prendió las luces y me observó.
Se sujetó el pecho en señal de alivio.
—¿Ese sueño otra vez? —se acercó a mí y se sentó al borde de la cama.
Sujeté mi frente con desesperación.
—Jungkook, llevo viviendo contigo desde que estudiamos juntos en la universidad y he notado que este último tiempo, has tenido ese sueño más seguido —sonaba calmado.
—Estoy bien, ¿Qué hora es? —pregunté, restándole importancia.
—Las 6:00 a.m. —contestó.
—Preparémonos y vayámonos antes a la compañía, hoy tenemos el acuerdo especial de la fusión de empresas, será mejor estar listos antes —sugerí.
—Ya comenzaste a hablar como jefe —sonrió y se puso de pie de inmediato —. Tío Roberto… digo, su padre llegará a las 12 a la empresa, tiene un almuerzo con él, luego los empresarios de la compañía VAS llegarán a las 14:00, para la reunión.
—No exageres Jin, no hemos llegado a la empresa aún —reí.
—Tú te pusiste modo trabajo, así que yo igual, por algo soy el mejor amigo y asistente que pudiste encontrar —comentó riendo.
—Que adopté dirás —corregí —. Estás conmigo todo el día, eres como mi hijo.
—Que no puedas vivir sin mí, no es un problema, al contrario, es una oportunidad. Hospedaje, comida, transporte, todo gratis —dijo, abrió las cortinas de mi cuarto para que comenzara a entrar las pequeñas luces del amanecer —. Ni te imaginas cuanto he ahorrado para alejarme de ti y no verte más.
—No te rías de mí, en donde conseguiría un mejor asistente —me puse de pie para abrazarlo —. Eres el mejor Jin…
—Ya, ya, ya… Tener esos sueños te hacen muy blando al despertar —añadió —. Ya que aún no comienza mi jornada laboral… 1, 2 …
Nos soltamos y caminó hasta la entrada de mi cuarto.
—¡3! … —gritó y salió corriendo.
Busqué mi toalla y entre corriendo a la ducha.
Solíamos competir, quien terminara primero en estar listo debía preparar el desayuno.
Berta, la señora que nos ayudaba con la comida se reía, ya que decía que ella podía hacerlo, pero al final, a la fuerza, se acostumbró a nuestros juegos de niños. Costumbres que nos quedaron de nuestra época de estudiantes.
Vivíamos en casa de mis padres, pero como ellos pasaban la mayor parte del tiempo fuera del país, por trabajo y por comodidad de mi madre, venían una o dos veces al año.
Ellos adoraban a Jin, incluso, en nuestra época de universidad, apostaría de que creían que éramos novios, ya que él venía de una familia humilde y siempre lo ayudé, mis padres creían que era por interés amoroso, así que comíamos y vivíamos juntos en la facultad.
La verdad, es que Jin no era de mi gusto, aunque era alto, de cabello rubio, ojos claros, piel bronceada, parecía sacado de una pasarela, jamás lo miré con otros ojos.
Con él tenía una confianza única, podía decirle todo lo que pensaba y no me juzgaría jamás, lo mismo pasaba con él, me contaba con lujos y detalles cuando regresa de sus salidas nocturnas.
Eso es lo bueno de que sea mi asistente en la empresa, muchas veces no hace falta hablar para saber lo que piensa el otro, así que eso agilizaba las cosas.
Papá acostumbraba a decir, que, sin Jin, yo no sería capaz de manejar todo tan bien, así que favor que nos pedía para sus padres, lo hacemos en seguida.
Salí de la ducha con la toalla amarrada a mi cadera.
Me peiné mirando mi reflejo en el espejo.
Era difícil acomodar mi cabello, después de la ducha era dócil, pero cuando se secaba, adquiría un volumen que parecía que jamás me hubiera peinado.
Jin lo odiaba, ya que mi madre le enseñó a que el presidente de la empresa debía estar siempre perfecto, así que trae una peineta y un gel en su bolso.
Mi cabello era como el de ella, así que entendía perfectamente por lo que pasaba, era con ondas, volumen y de color castaño oscuro.
Tomé el traje color gris claro y una camisa blanca.
No me broché la camisa por completo, ya que odiaba usar corbata, así que intentaba colocármela siempre que podía en el auto, así no me torturaba tanto.
Salí de mi habitación y bajé las escaleras corriendo hasta la cocina.
Reí al ver a Jin con su impecable traje negro, camisa blanca y corbata gris clara.
Él conversaba atentamente con Berta, así que no me vio hasta que me acerqué a ellos.
—Berta, mira, ¿Qué tenemos acá? Hoy nuestro jefe nos preparará el desayuno —comentó divertido.
—No diga eso señorito —dijo seriamente ella —. No se preocupe señor Jungkook, yo lo preparo en seguida.
—Berta, no nos hagas repetir las reglas del juego —dije divertido —. Por mientras, llame a Carlos y a Josefina, hoy hay tiempo de sobra, así que prepararé el desayuno para todos.
—No te olvides de Olivia —apuntó Jin.
—Ella está de vacaciones idiota, se pidió la semana —le pegué en la cabeza con el cucharón antes de utilizarlo.
***
—Debes sentarte atrás —me regañó Jin, mientras conducía.
—Es una estúpida norma —dije, volteé hacia la ventana —. Pero más estúpido el que la sigue —agregué, ocultando mi cara.
—Mira estúpido, tu padre ya nos lo explicó una vez y créeme que no quiero perder mi trabajo —respondió, sin apartar la vista del camino.
—No es culpa de nosotros lo que los empleados piensen —increpé.
—Tu eres el dueño, del que hablan es de mí, de que me aprovecho de ti —soltó, casi sin ánimos.
—Primero, ¿No es eso lo que haces? —reí al recibir su puñetazo en mi hombro —. Segundo, Jin estas todo el día conmigo, ¿En qué momento tienes tiempo de saber lo que hablan los demás trabajadores?...
—¿Tercero? —preguntó él, doblando en la esquina, estacionó y detuvo el vehículo.
—No tengo más argumentos, me quedé en blanco —volví a recibir un puñetazo.
—Ya, sr Jeon, pásese al asiento de atrás, estamos por llegar —sugirió, su tono se volvió serio.
—Ok, ya empezamos —dije a regañadientes, me bajé y me volví a subir en los asientos de atrás.
Jin volvió a poner en marcha el coche y sentí como el ambiente había cambiado.
Siempre que nos quedaba una cuadra para llegar a la empresa, entrabamos en personaje de presidente y asistente.
Jin aparcó en el estacionamiento y nos bajamos. Abotoné mi traje y apreté la corbata mientras caminábamos al ascensor.
El ascensor llegó y aprovechamos que estaba vacío para subir.
—Eres un desastre —puso sus ojos en blancos.
Me entregó su maletín y el mío, se puso en frente y arregló mi corbata.
—Ahora no —me burlé, cuando ya había terminado de acomodar mi corbata.
—Buenos días sr Jeon y sr Seok —dijeron dos mujeres de traje al entrar al ascensor.
Nos apartamos un paso.
—Buenos días, señoritas —dijimos al unísono.
—Tiene una reunión en 20 minutos con RR.HH., luego tiene que repasaran la presentación para la nueva empresa, y a las 12:00 llegará su padre para su almuerzo, sr xx —comentó Jin, mientras caminaba revisando su libreta en su móvil.
—Ok, recuerda ir a retirar los informes que te pasé ayer —le recordé antes de entrar a mi despacho.
