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Blue night

Summary:

Una mentira impulsiva y un desconocido arrastrado a la fuerza.

Jungkook solo necesita fingir una vida perfecta por una noche y Taehyung solo necesita salir de ahí con vida. Pero algunas mentiras no se sostienen...
se rompen desde adentro.

Notes:

Jungkook acaba de salir de prisión, pero eso no es lo que más pesa. Lo que realmente lo consume es algo peor, la certeza de que su ausencia nunca importó.

Durante meses, sus padres creyeron que él estaba trabajando fuera de la ciudad. Nunca preguntaron más, nunca quisieron saber y ahora, regresar sin una historia que sostenga esa mentira sería aceptar algo que no está dispuesto a enfrentar que para ellos, él no significa nada.

Desesperado por mantener una imagen que ni siquiera existe, Jungkook toma una decisión impulsiva, cruel y peligrosa, arrastrar a alguien más a su mentira.

Taehyung solo estaba en el lugar equivocado, en el momento equivocado.

Lo que comienza como una imposición violenta pronto se convierte en algo más complejo, una dinámica marcada por el miedo, el control, el silencio... y una extraña conexión que ninguno de los dos entiende del todo.

Porque a veces, lo más peligroso no es la mentira, es lo que empieza a sentirse real dentro de ella.

 

Jungkook
Edad: 28 años
Taehyung
Edad: 22 años

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Las puertas de la prisión se cerraron a su espalda con un estruendo seco que no sonó como un final, sino como una advertencia. Jungkook no miró atrás. No porque no quisiera, sino porque sabía que, si lo hacía, todo lo que había contenido durante esos años iba a alcanzarlo de golpe y no pensaba permitirlo.

El sobre en su bolsillo era ligero, pero se sentía como un peso muerto. Un reloj detenido, unas monedas sueltas, una fotografía vieja. Nada que sirviera para empezar de nuevo. Nada que demostrara que alguna vez había tenido algo.

El aire frío le golpeó el rostro con brusquedad, obligándolo a respirar hondo, libre. Pero la libertad no tenía forma, no tenía dirección.

Caminó sin rumbo, con las manos hundidas en los bolsillos, sintiendo cómo la ciudad seguía existiendo sin él, como si nunca se hubiera detenido. Como si su ausencia no hubiera significado nada, porque de echo no lo había hecho.

Durante todo ese tiempo, su historia había sido otra. Una mentira cómoda que nadie se molestó en cuestionar, trabajo fuera de la ciudad, una vida ocupada, una linda esposa esperándolo en casa, responsabilidades importantes. Sus padres la aceptaron sin hacer preguntas, no porque confiaran en él, sino porque no les interesaba lo suficiente como para dudar.

Su padre nunca lo buscó, nunca lo llamó, nunca preguntó y su madre... su madre tenía cosas más importantes que hacer, ver los partidos de los Buffalo Bills, siempre los Buffalo Bills.

Podía recordar el brillo en sus ojos frente al televisor, la forma en que gritaba, cómo vivía cada jugada con una intensidad que jamás le dedicó a él. Incluso cuando era niño, incluso cuando necesitaba que lo mirara, nunca fue suficiente para competir con eso, nunca lo sería.

Escupió al suelo, con un gesto seco, no podía volver así. No podía aparecer simplemente, como si nada hubiera pasado, con las manos vacías y la verdad pegada al cuerpo. No porque temiera decepcionarlos... sino porque sabía que ni siquiera eso iba a ocurrir.

Ser ignorado era peor que ser rechazado, no iba a dejar que lo vieran como si no fuera nada.

De repente la presión en el cuerpo empezó a hacerse evidente de una forma más inmediata, más básica. Una necesidad física que no podía ignorar más tiempo, apretó la mandíbula y comenzó a entrar en distintos lugares, una tienda pequeña, un restaurante, una cafetería.

-¿Baño?

-Solo para clientes.

-¿Puedo usar el baño?

-No está disponible.

-Oye, necesito-

-No.

Las respuestas se repetían, cortantes, indiferentes, como si ni siquiera valiera la pena escucharlo completo.

La frustración empezó a acumularse, no era solo la necesidad, era todo lo demás, la falta de control, la sensación de estar siendo rechazado incluso en lo más básico.

Hasta que empujó la puerta de otro edificio sin preguntar, la música metálica de unos zapatos golpeando madera llenaba el lugar, pero estaba apagándose. La clase parecía haber terminado, el silencio comenzó a instalarse poco a poco.

Caminó directo, sin pensar demasiado, siguiendo el impulso más inmediato.

El baño, empujó la puerta... y no estaba solo.

Ahí, frente al espejo, estaba el chico delgado. Cabello rubio, aún húmedo por el sudor, la respiración ligeramente agitada, como si acabara de terminar algo importante, se estaba lavando las manos, concentrado en el agua, ajeno a todo lo demás.

Jungkook lo observó un segundo de más, parecía demasiado puro, sin decir nada, pasó a su lado, descargando la urgencia sin cuidado, sin vergüenza, como si el espacio no fuera compartido. El sonido del agua corriendo llenó el silencio incómodo, vio como el chico rubio salía de el baño sin decir nada.

Cuando terminó, se acercó al lavabo, apoyando ambas manos sobre la cerámica. Levantó la mirada hacia el espejo, encontrándose con su propio reflejo, sus ojeras marcadas y una barba mal rasurada que todavía dejaba ver pequeños vellos. Salió del baño y vio de nuevo al chico ahora parecía estar buscando algo en su bolso color azul.

- Mierda quítate de mi camino.- Dijo el pelinegro empujando levemente con su hombro al chico.

Taehyung se volteo sorprendido por las palabras de un tipo al que nisiquiera conocía - No hables así - respondió casi por inercia.

- ¿Qué? ¿Qué? No me digas que hacer

Mientras las demás personas que parecían haber estado en la clase salían con pláticas ruidosas del edificio Jungkook volteo a un teléfono público que estaba en la esquina del pasillo, viejo pero funcional, sin embargo se dió cuenta que no tenía monedas suficientes para hacer la llamada, así que sin nada de remordimiento se giro de nuevo viendo al chico

-Oye, ¿tienes monedas?

El rubio que parecía querer volver a entrar a la sala de baile lo volteo a ver casi fastidiado - Si - contestó en un tono sarcástico.

- ¿Me las puedes dar?

- Sí

Jungkook estaba al imite del estrés con ese chico respondiendole de esa forma - ¿Me las puedes dar AHORA?

El rubio lo miró sorprendido, dudó un segundo, pero terminó sacando algunas monedas de su bolso y extendiéndolas. Jungkook las tomo con fuerza y volvió hacía el teléfono.

- ¿No dices gracias?

Jungkook nisiquiera volteo hacía el chico mientras marcaba - ¿Qué?

- ¿Qué si no dices gracias? - volvió a decir Taehyung inclinándose levemente hacia Jungkook.

- ¿Qué? - Jungkook volvió a decir ignorando completamente al otro.

Taehyung se giro hacía la puerta de la sala de baile rodando sus ojos, todavía tenía que tomar su cardigan antes de irse a su casa.

Jungkook insertó las monedas y marcó, el tono sonó varias veces antes de que contestaran.

-¿Bueno?

El cambio en su expresión fue inmediato, no más tensión visible, no más rabia expuesta. Solo una máscara.

-Hola mamá, soy yo.

Pausa. - Jungkook, si he estado trabajando, fuera de la ciudad, voy a estar en la ciudad por un día.

Escuchó del otro lado, sin emoción.

- Si acabamos de llegar, si mamá en el hotel lujoso... Si está limpio.

Otra pausa.

- No mamá ella no va a ir, está enferma... No lo sé mamá la gente se enferma... - Jungkook empezó a caminar lo que el cable del teléfono le permitía - No mamá ella tiene dolores de estómago, está durmiendo... No la voy a despertar está durmiendo ¿Escuchas lo que digo? ¿Escuchaste lo que dije? ¿Qué dije? ESTA ENFERMA, sabes que mamá eres increíble, voy a despertarla porque tú la quieres ver... si mamá la voy a llevar - Colgó el teléfono con más fuerza de la necesaria.

Taehyung volvió a salir de la sala acomodandose su cardigan blanco, estaba intentando fingir que no escucho la plática y mirando hacía el piso como si se estuviera acomodando su vestido azul.

Fue entonces cuando Jungkook giró la cabeza y lo vio distinto, no como un desconocido si no como una solución. La mirada cambió, se volvió más fija, más calculadora, él.

Se acercó sin advertencia, demasiado rápido, la mano llegó primero, cubriéndole la boca con fuerza, cortando cualquier sonido antes de que pudiera salir. La otra lo sujetó por la cintura, firme, controlando cada intento de movimiento.

-No grites -murmuró contra su oído, bajo, amenazante- No te conviene.

El cuerpo del chico delgado se tensó de inmediato. Intentó resistirse, pero el agarre era demasiado firme, demasiado decidido.

-Solo camina.

Lo empujó hacia la salida, manteniéndolo cerca, controlando cada paso. No había nadie alrededor, el lugar estaba prácticamente vacío y eso lo hacía más fácil, mucho más fácil.

El aire frío golpeó sus rostros al salir, pero ninguno de los dos reaccionó realmente a ello. Jungkook no aflojó el agarre ni un segundo; su mano seguía firme sobre la boca del más bajo, sellando cualquier intento de sonido, mientras la otra lo sujetaba por la cintura con una fuerza que no solo inmovilizaba, sino que imponía control absoluto. No había duda en su manera de moverse, no era un impulso momentáneo, era una decisión sostenida, una necesidad que ya había encontrado forma.

-Camina -murmuró contra su oído - No hagas esto más difícil.

El cuerpo de Taehyung estaba tenso, rígido, respirando con dificultad por la nariz. Había dejado de forcejear como al inicio, no porque aceptara la situación, sino porque comenzaba a entender que cualquier resistencia solo empeoraría las cosas. Aun así, cada paso que daba parecía forzado, como si su propio cuerpo dudara en obedecer.

Cuando cruzaron el estacionamiento, el agarre cambió. La mano que cubría su boca descendió lentamente hasta su mandíbula, apretándola con firmeza, obligándolo a mantener el rostro en una posición fija. Sus dedos se clavaron lo suficiente para marcar la piel.

-Ahora puedes hablar -dijo el tatuado, sin soltarlo del todo- Pero piensa bien qué dices.

El chico rubio tragó saliva, intentando recuperar el control de su respiración. -¿Qué quieres...? -preguntó, con la voz inestable.

No hubo respuesta directa, solo una mirada de indiferencia hacía su persona. -¿Cuál es tu coche?

La pregunta cayó seca, sin contexto, sin explicación, Taehyung dudó. Miró alrededor por instinto, como si esperara que alguien apareciera, que alguien interrumpiera lo que estaba pasando. Pero la calle estaba vacía, demasiado tranquila o demasiado indiferente.

-Ahí... -murmuró al final, señalando apenas con la cabeza- El gris.

Jungkook siguió la dirección de su mirada y se detuvo un segundo a observar el vehículo. Un sedán modesto, descuidado, con polvo acumulado en el parabrisas y restos de papeles visibles desde fuera. Su expresión cambió apenas, torciéndose en una mueca de desprecio casi automática.

-¿Ese es tu coche? -preguntó, aunque no parecía realmente una pregunta- Parece abandonado.

El comentario no buscaba respuesta. Solo marcar distancia, el chico delgado apretó los labios, pero no dijo nada.

-Camina.

Esta vez no lo empujó, pero tampoco lo soltó del todo. Su mano permaneció firme en su brazo, guiándolo con una presión constante hasta el vehículo. Cada paso acortaba el espacio entre la confusión y algo mucho más claro, esto ya no era una situación ambigua.

Cuando llegaron, Jungkook se detuvo frente a él y, por primera vez, lo observó con verdadera atención, la ropa del chico estaba desordenada por el esfuerzo reciente. Llevaba un cardigan blanco, una especie de vestido ligero azul que caía hasta medio muslo, la tela estaba ligeramente torcida, las mangas del cardigan recogidas sin cuidado, como si hubiera sido más importante moverse que mantener la apariencia, unas mallas azules y unos zapatos de tap plateados. El cabello rubio, aún húmedo, se pegaba a su frente y a las sienes, y su respiración seguía marcada por el ritmo de lo que había estado haciendo minutos antes.

Había algo vulnerable en esa imagen, algo que no encajaba con la tensión del momento, eso lo hizo fruncir el ceño.

-Ni siquiera puedes mantener limpio esto -murmuró, casi para sí mismo.

El empujón llegó sin aviso, estrellando al chico delgado contra el coche con un golpe seco, el sonido resonó en el metal.

-Llaves.

Taehyung no reaccionó de inmediato, la sorpresa lo dejó inmóvil un segundo de más, la bofetada llegó entonces, rápida, precisa, marcando la piel de su mejilla y obligándolo a girar el rostro. Fue el primer golpe claro, directo, el punto en el que cualquier duda terminó de romperse.

-Las llaves -repitió el tatuado, más despacio, más frío.

Las manos temblorosas se movieron al instante. Abrió su bolso con torpeza, buscando sin realmente ver, hasta encontrar lo que necesitaba. Las llaves tintinearon al salir, y se las entregó sin levantar la mirada.

Jungkook las tomó, pero no se movió de inmediato, lo observó un segundo más, como si evaluara algo que no terminaba de definir.

-¿Sabes qué es lo peor? -dijo, inclinándose ligeramente hacia él- Que ni siquiera intentas defenderte.

No esperaba respuesta, abrió la puerta del coche, pero antes de entrar, volvió a girarse hacia él, su mirada deteniéndose otra vez en el estado del vehículo.

-Está sucio.

El rubio parpadeó, confundido, sin entender del todo. -¿Qué...?

El segundo golpe llegó más rápido, menos medido, un recordatorio inmediato de que no debía cuestionar.

-Dame un papel.

-No tengo-

-Dame un papel.

La presión en cada palabra era suficiente. Taehyung abrió la guantera, sacando una servilleta arrugada, pero cuando intentó entregársela, el tatuado la rechazó, devolviéndosela contra el pecho.

-Escupe.

El silencio se volvió denso. -¿Qué...?

-Escupe.

No alzó la voz, no lo necesitó. El miedo hizo el resto y obedeció, el agarre volvió, fuerte, tirando de sus hombros para moverlo con brusquedad.

-Ahora limpia. - Dijo Jungkook empujandolo contra el parabrisas. -Hazlo bien.

Taehyung comenzó a frotar el vidrio con movimientos inseguros, sintiendo cada segundo como una exposición innecesaria, como si la humillación fuera el verdadero objetivo. La servilleta apenas hacía algo, pero eso no importaba.

-Más fuerte -ordenó el otro, con una calma que resultaba más incómoda que un grito-. ¿Eso es todo?

El rubio obedeció, aunque sus manos temblaban, cuando Jungkook decidió que era suficiente, lo sujetó de nuevo y lo empujó hacia el interior del coche.

-Entra.

Esta vez no hubo resistencia, se sentó en el asiento del conductor, con la respiración aún irregular, mientras el otro rodeaba el coche y se acomodaba en el asiento del copiloto con una naturalidad inquietante, la puerta se cerró.

-Conduce.

El motor arrancó y el silencio regresó, más pesado, más lleno de cosas que no se decían, pasaron varios segundos antes de que la voz del tatuado volviera a llenar el espacio.

-limpia mejor la próxima vez. _La burla se deslizó sin esfuerzo.

El coche avanzó, perdiéndose entre calles que no sabían nada de lo que acababa de ocurrir, avanzó durante varios minutos en silencio, con el sonido del motor como único acompañante de una tensión que no terminaba de asentarse. Afuera, las calles comenzaban a vaciarse poco a poco, menos ruido, menos gente, menos luces. Todo parecía más distante, más ajeno, como si el mundo se retirara lo suficiente para dejar espacio a lo que ocurría dentro del vehículo.

Taehyung mantenía ambas manos firmes sobre el volante, aunque sus dedos aún delataban un temblor leve, constante. Su respiración se había estabilizado apenas, pero no lo suficiente como para borrar la presión que sentía en el pecho.

-Detente -ordenó el chico tatuado de pronto.

El coche desaceleró hasta quedar inmóvil en una calle casi desierta, las luces amarillas de los faroles caían sobre el asfalto sin calidez alguna.

-Apaga el motor.

El silencio que siguió fue inmediato, pesado.

-Sal.

El rubio obedeció, bajando del coche con movimientos contenidos. El aire frío volvió a envolverlo, pero apenas lo sintió. No tuvo tiempo de procesarlo cuando el otro ya estaba rodeando el vehículo.

-Muévete.

El agarre volvió, firme en su brazo, arrastrándolo con una facilidad que dejaba claro que no había espacio para resistencia. El cambio de asientos fue brusco, desordenado; prácticamente lo empujó hacia el asiento del copiloto mientras él ocupaba el lugar del conductor, cerrando la puerta con un golpe seco que resonó en el interior.

El silencio se transformó en algo distinto. Jungkook apoyó ambas manos sobre el volante, inclinando ligeramente la cabeza, como si necesitara un segundo para acomodar sus pensamientos. Su respiración se volvió más pesada por un instante, menos controlada, pero no lo suficiente como para quebrarse frente al otro.

-...Mira -dijo finalmente, sin levantar la vista.

La palabra sonó incómoda, fuera de lugar en su boca. -Lo de antes... -pausó, tensando apenas la mandíbula- No fue... necesario.

No era una disculpa completa, pero tampoco era indiferencia. Hubo un pequeño silencio antes de que continuara.

-Necesito que hagas algo por mí. -Levantó la cabeza entonces, girándose apenas hacia él. -Vas a fingir ser mi esposa, no es complicado. Solo actúa normal... linda... que les caigas bien.

El chico lo miró, confundido, aún tratando de procesar todo lo que estaba pasando.

-¿Por qué yo...? -preguntó en voz baja.

El tatuado sostuvo su mirada un segundo, evaluándolo. -Porque estabas ahí -respondió- Y porque funcionas.

La respuesta fue fría, directa, el silencio regresó, el rubio bajó la mirada, observando sus propias manos, ahora descansando sobre sus piernas. El temblor seguía ahí, más leve, pero constante, había algo en todo esto que le resultaba inquietantemente familiar, aunque no quisiera reconocerlo del todo.

No era la primera vez que alguien más tomaba decisiones por él. No era la primera vez que el miedo lo empujaba a quedarse en lugar de huir.

-...¿Y si digo que no? -murmuró.

Jungkook giró la cabeza lentamente hacia él. No hubo enojo visible, sin gritos. -No lo vas a hacer. -La seguridad en su voz fue suficiente.

Taehyung cerró los ojos un segundo... y asintió. El aire dentro del coche pareció moverse apenas, Jungkook exhaló, recostándose ligeramente en el asiento.

-Bien.

Encendió el motor, pero antes de arrancar, habló otra vez, como si algo se hubiera quedado pendiente.

-Jungkook.- El nombre cayó simple, sin presentación formal, sin contexto. -Así me llamo.

Hubo una pausa breve, Taehyung levantó la mirada lentamente, como si ese pequeño gesto cambiara algo en la dinámica.

-Taehyung... -respondió, casi en automático.

Jungkook lo observó un segundo más.

-Olvídalo -añadió después- Cuando estemos frente a mis padres... te llamas Jimin.

El volante se tensó bajo las manos del rubio, pero no discutió esta vez, girándose apenas hacia él, el motor rugió suavemente al arrancar.

-Solo sonríe cuando haga falta, no hables demasiado, no la arruines. Solo actúa como alguien que me quiere.

Las palabras quedaron suspendidas en el aire, incómodas, pesadas. El coche volvió a ponerse en movimiento, deslizándose por calles cada vez más silenciosas, esta vez ya no iban a la deriva, iban hacia algo y ambos lo sabían.

La casa no parecía diferente a las demás, esa fue la primera mentira, desde fuera, todo encajaba dentro de lo normal, una fachada limpia, luces encendidas, una puerta cerrada que sugería rutina, estabilidad, algo que se sostenía en el tiempo. Pero había algo en la manera en que Jungkook la miraba que rompía esa imagen, no era duda, tampoco era nostalgia, era resistencia.

El coche se detuvo frente a la entrada y el motor quedó en silencio, pero dentro de él algo seguía vibrando, algo que no encontraba forma de apagarse. Sus manos permanecieron sobre el volante, tensas, como si soltarlo implicara aceptar lo que venía después.

No quería entrar, no porque no conociera ese lugar, sino precisamente porque lo conocía demasiado bien.

A su lado Taehyung no se movió, había aprendido rápido. El silencio no siempre era ausencia de palabras; a veces era advertencia, veces era límite y ese, en particular, no debía cruzarlo.

Aun así, lo sintió, ese cambio leve en la respiración, ese quiebre mínimo en la postura y sin pensar, se inclinó apenas, un gesto pequeño, instintivo, humano.

-No me toques.

La voz lo detuvo antes de que su mano pudiera llegar a rozarlo, no fue un grito, fue peor. El rubio retiró la mano como si hubiera rozado algo peligroso, como si el rechazo no hubiera sido solo verbal, sino físico, casi violento en su forma de instalarse en el espacio entre ellos.

No insistió, Taehyung nunca insistía, el silencio que siguió no fue incómodo, fue definitivo.

Jungkook cerró los ojos apenas un segundo, lo suficiente para sentir cómo algo en su pecho se desacomodaba, cómo la presión subía sin pedir permiso, como si su propio cuerpo no entendiera que ese no era el momento para fallar.

Pero no podía fallar, no ahí, no frente a esa casa, cuando abrió los ojos otra vez, ya no había rastro de eso.

Las luces de la casa se filtraban a través de las cortinas del salón, cálidas y falsas, como todo lo que Jungkook recordaba de ese lugar, había un zumbido dentro de su cabeza, mezclado con el latido acelerado de su propio pulso.

Taehyung permanecía quieto en el asiento del copiloto, las manos sobre sus muslos, el cardigan blanco ligeramente torcido y la mejilla aún enrojecida por las bofetadas.

-Recuerda -dijo Jungkook sin mirarlo, la voz baja y cortante- Te llamas Jimin, eres mi esposa, nos conocimos hace dos años. Trabajas en una librería, sonríes y me miras como si no pudieras vivir sin mí. Si la cagas, te vas a arrepentir.

Taehyung tragó saliva y asintió apenas, su voz salió casi sin volumen. -Entendido.

Jungkook lo observó de reojo un segundo más. El vestido azul, las mallas, el cabello rubio desordenado... no era perfecto, pero serviría. Tenía esa cara que la gente solía encontrar "linda", sus padres lo notarían, eso era suficiente.

Bajaron del coche, Jungkook rodeó el vehículo y, por primera vez desde que salieron del estudio de baile, no lo agarró con fuerza, solo colocó una mano en la parte baja de su espalda, firme, posesiva, un toque que desde fuera podía parecer protector.

-Camina derecho -murmuró contra su oído antes de tocar el timbre.

El sonido resonó dentro de la casa, pasaron casi veinte segundos, se escuchaban los gritos del comentarista de fútbol americano desde dentro.

Finalmente, la puerta se abrió, fue el padre quien apareció, con una camiseta manchada de los Buffalo '66 y una lata de cerveza en la mano. Miró a Jungkook como si lo hubiera visto ayer.

-Vaya, sí viniste -dijo sin emoción- Tu mamá está viendo el partido.

Ni un abrazo, ni una pregunta, solo se hizo a un lado para dejarlos pasar. Dentro, el volumen del televisor era casi ensordecedor. La madre estaba hundida en su sillón favorito, inclinada hacia adelante, con los ojos clavados en la pantalla. Llevaba el jersey del equipo y gritaba cada jugada.

-¡Vamos, maldita sea! ¡Bloquea, idiota!

Jungkook apretó la mandíbula.

-Mamá -dijo, alzando un poco la voz para que lo escuchara.

Nada, ni siquiera giró la cabeza.

-Ma, llegamos -repitió.

Esta vez ella levantó una mano sin despegar la vista del partido, como espantando una mosca.

-Ahora no Jungkook, es tercer down.

El padre soltó una risa seca y se dejó caer en el otro sofá.

-Siempre es tercer down -murmuró, y le dio un trago largo a su cerveza.

Taehyung se quedó parado junto a Jungkook, sintiéndose ridículamente fuera de lugar. El moretón de su mejilla empezaba a notarse bajo la luz amarillenta de la sala.

Jungkook lo empujó suavemente hacia adelante.
-Ella es Jimin -anunció.

La madre soltó un sonido vago, sin girarse.
-Ah... hola -dijo por encima del hombro, casi sin voz- Siéntense donde puedan.

El padre, en cambio, sí los miró. Observó a Taehyung de arriba abajo, deteniéndose en las mallas y los zapatos de tap.

-¿Esa es tu esposa? -preguntó con una ceja levantada-. Se ve... delicada.

Jungkook no respondió, solo guio a Taehyung hasta el sofá de dos plazas, lejos de sus padres, y se sentó a su lado. Colocó una mano posesiva sobre su rodilla, apretando lo suficiente para recordarle que no se moviera.

El partido seguía. Los gritos de la madre llenaban la habitación cada pocos segundos. El padre abrió otra cerveza y eructó sin disimulo.

Pasaron casi diez minutos en silencio incómodo, solo se escuchaba el televisor y los ocasionales "¡Vamos Bills!" de la madre.

De pronto, el padre habló sin apartar la vista de la pantalla. -Oye, Jungkook... ¿no trajiste nada de comer? Tu mamá todavía no termino de preparar comida.

Jungkook sintió cómo la rabia le subía por el pecho. -Acabamos de llegar, Papá.

-Y yo tengo hambre desde hace rato -respondió el hombre, como si fuera lo más lógico del mundo- Ve a ver qué hay en la nevera.

La madre ni siquiera intervino, siguió gritándole al árbitro.Taehyung se removió incómodo, Jungkook apretó más su rodilla, advirtiéndole que no abriera la boca.

-Iré yo -dijo Jungkook finalmente, con la voz tensa.

Se levantó y fue a la cocina. En cuanto desapareció por el pasillo, el padre miró de reojo a Taehyung.

-Entonces... ¿tú y mi hijo llevan mucho tiempo juntos?

Taehyung tragó saliva. -Dos años... señor.

-Hm -El hombre dio otro trago a su cerveza-. No pareces el tipo de Jungkook, demasiado... fino.

La madre soltó un grito de celebración por una jugada. Ni siquiera había registrado la conversación.

Jungkook regresó con un plato de sobras recalentadas: pollo frío, arroz pegajoso y unas papas fritas blandas, lo dejó sobre la mesa con más fuerza de la necesaria.

-Ahí tienes -dijo.

Su padre ni siquiera le dio las gracias. Solo se levantó, tomó el plato y volvió a sentarse frente al televisor.

Jungkook se quedó de pie un momento, mirando la escena, su padre comiendo como si estuviera solo, su madre gritando al equipo, y Taehyung pequeño y callado en el sofá, con las manos juntas sobre su regazo. La humillación le quemaba en la garganta.

-Vamos arriba -le dijo a Taehyung de pronto, casi en un gruñido- Te enseño la habitación.

Subieron las escaleras en silencio. En cuanto Jungkook cerró la puerta de su antigua habitación, soltó todo el aire que había estado conteniendo.

Se pasó las manos por la cara y se rio, pero era una risa amarga, rota.

-Mierda -murmuró.

Taehyung se quedó cerca de la puerta, abrazándose a sí mismo.

-...Lo siento -susurró.

Jungkook lo miró y por un segundo, algo parecido a la culpa le atravesó el pecho.

-No necesito tu lástima -dijo, acercándose-. Solo necesito que sigas fingiendo que me quieres hasta que termine esta mierda de cena.

Taehyung levantó la mirada, sus ojos eran grandes, brillantes y demasiado comprensivos.

-¿Y después? -preguntó en voz baja.

Jungkook se detuvo a solo un paso de distancia, el aire entre ellos se volvió denso.

-Después... ya veremos.

Abajo, se escuchó otro grito de su madre celebrando un touchdown, la habitación olía a polvo y recuerdos podridos, Jungkook sintió que tal vez no quería que Taehyung se fuera cuando todo esto terminara.

Abajo, el grito de la madre rompió el aire como un vidrio estrellándose.

-¡Mierda! ¡Otra vez perdieron! ¡Estos inútiles no sirven ni para calentar la banca!

Se escuchó el sonido del sillón siendo empujado con violencia y luego los pasos furiosos hacia la cocina. Empezó a abrir y cerrar puertas de gabinetes mientras maldecía al equipo, al árbitro y al mundo entero.

Jungkook, aún de pie en su antigua habitación, soltó una risa baja y amarga. Taehyung no dijo nada, solo se abrazó un poco más a sí mismo.

Minutos después, pasos pesados subieron las escaleras. El padre apareció en la puerta, rascándose la panza bajo la camiseta del equipo.

-Tu mamá está preparando algo, baja a ayudarla a poner la mesa, Jungkook. No te hagas el inútil.

Jungkook apretó los dientes. -Ahora bajo.

El padre no se movió. En cambio, miró a Taehyung con una sonrisa que no llegaba a ser amable.

-Y tú, Jimin... ven. Te voy a enseñar unas canciones que yo tocaba cuando era joven. Guitarra y todo, seguro te gustan.

Taehyung miró de reojo a Jungkook, buscando permiso o advertencia. Este solo hizo un gesto seco con la cabeza.

-Ve.

El rubio se levantó con cuidado y siguió al hombre por el pasillo. Entraron a una habitación pequeña y desordenada al final del corredor, posters viejos de rock, una guitarra acústica llena de polvo apoyada contra la pared y un olor a cigarro rancio impregnado en todo.

-Siéntate -dijo el padre, señalando la cama deshecha.

Taehyung obedeció, juntando las rodillas con recato, el vestido azul subiéndose un poco por los muslos. El hombre tomó la guitarra, se sentó en una silla frente a él y empezó a afinarla sin prisa, mirándolo fijamente. Demasiado fijamente, sus ojos bajaron por el cuello del rubio, por sus hombros delgados, por las mallas que cubrían sus piernas.

-Eres muy... delicado -comentó después de un largo silencio- Jungkook siempre fue de gustos raros.

Taehyung sonrió con amabilidad forzada, incómodo.

-Gracias, señor.

El padre empezó a tocar unos acordes viejos, una balada country lenta y rasposa. Cantaba con voz ronca, desafinada, sin quitarle los ojos de encima. Cada vez que terminaba un verso, hacía una pausa larga, observándolo como si estuviera evaluando algo que no terminaba de entender... o que le gustaba más de lo que debería.

Taehyung permanecía educado, asintiendo y sonriendo cuando el hombre lo miraba. Pero sentía la piel erizarse, las miradas duraban demasiado, el silencio entre canción y canción era peor que la música.

-...Tienes cara de buena persona -dijo el padre de pronto, sin venir al caso, mientras rasgaba un acorde-Espero que sepas aguantar a mi hijo, ese cabrón siempre ha sido difícil.

Taehyung tragó saliva. -Jungkook es... bueno conmigo.

El hombre soltó una risa corta y seca.
-Claro, todos decimos eso al principio.

Abajo, la madre seguía gritando mientras freía algo en la sartén.
-¡Jungkook! ¡Trae los platos, carajo!

Después de tres canciones incómodas, el padre dejó la guitarra y se levantó.

-Vamos a comer, tu suegra ya debe haber terminado.

Cuando bajaron, la mesa estaba puesta de cualquier manera. Hamburguesas rápidas con carne grasosa, papas fritas congeladas y unas latas de refresco. La madre seguía con el jersey del equipo, el rostro rojo de enojo.

-Coman rápido que estoy cansada -dijo sin mirar a nadie.

Se sentaron, Jungkook jaló a Taehyung a su lado y le puso un plato delante con una hamburguesa completa.

Taehyung miró la carne con evidente incomodidad. Se mordió el labio y habló con voz baja. -...Yo no como carne.

Jungkook giró la cabeza lentamente hacia él. Sus ojos se oscurecieron.

-Come -ordenó en voz baja, casi un gruñido.

-Jungkook, de verdad, yo-

El tatuado puso una mano pesada sobre su muslo por debajo de la mesa y apretó con fuerza, clavándole los dedos.

-Come lo que te sirvieron, no hagas un berrinche aquí.

La madre ni siquiera levantó la vista, seguía refunfuñando sobre el partido. El padre, en cambio, observaba la escena con una ceja levantada, esa misma mirada larga y extraña que le había dedicado arriba.

Taehyung, con las manos temblando ligeramente, tomó la hamburguesa. Dio un pequeño mordisco, la grasa le llenó la boca y tuvo que esforzarse para no hacer una mueca. Jungkook no quitó la mano de su muslo, apretando cada vez que veía que dudaba.

-Así me gusta -murmuró solo para él, inclinándose un poco- Buena esposa.

La cena transcurrió casi en silencio, roto solo por los sorbidos del padre y los ocasionales insultos de la madre hacia los Buffalo, Taehyung comió lo suficiente para que Jungkook lo dejara en paz, sintiendo cómo se le revolvía el estómago, luego miró el refresco de cola que tenía enfrente.

-Yo tampoco tomo refresco... ¿podría tomar agua, por favor?

La madre, que apenas había tocado su comida y seguía con cara de enojo por la derrota de los Bills, se encogió de hombros.

-Claro, hay agua en la jarra-

-No -la cortó Jungkook con voz firme- Vas a tomar el refresco.

Taehyung lo miró un segundo, pero el agarre en su muslo se volvió doloroso, bajó la mirada, tomó el vaso y empezó a beber. El líquido dulce y gasificado le cayó pesado en el estómago vacío. El padre comía ruidosamente, sin decir nada. La madre masticaba mirando al vacío.

Jungkook intentó llenar el silencio, hablando con una voz demasiado animada que no le quedaba natural.

-...La verdad es que todo está bien, tengo un buen trabajo ahora. Fuera de la ciudad, pero pagan bien, estamos cómodos, Jimin y yo tenemos todo bajo control.

Nadie respondió. Su madre solo hizo un sonido vago, de pronto, ella preguntó, casi por compromiso.

-¿Y de dónde se conocieron ustedes dos?

Taehyung se tensó. Jungkook le dio un leve codazo por debajo de la mesa.

-Eh... -Taehyung sonrió nervioso-. Nos conocimos... en una... oficina. Yo era como... su secretaria. Bueno, no exactamente secretaria, pero ayudaba con cosas, papeles y eso. Y Jungkook siempre fue muy popular con las chicas así que me sorprendió cuando me invitó un café y... pues aquí estamos.

Jungkook intervino rápido, intentando salvarlo.
-Sí, algo así, fue en el trabajo, nada del otro mundo.

La respuesta sonó forzada, el padre levantó una ceja, la madre solo asintió sin mucho interés. El ambiente se sentía cada vez más pesado. Taehyung intentaba ayudar, pero cada palabra que decía parecía empeorar las cosas. Jungkook estaba visiblemente más enojado, la mandíbula tensa y los nudillos blancos alrededor del tenedor.

En un momento de silencio, Jungkook tomó el cuchillo de la mesa y empezó a jugar con él, girándolo entre los dedos. Sin darse cuenta, o tal vez sí, la punta del cuchillo quedó apuntando directamente hacia su padre al otro lado de la mesa.

El hombre se detuvo con el bocado a medio camino.

-¿Qué carajos, Jungkook? ¿Me estás amenazando, hijo de puta?

Jungkook parpadeó, bajando el cuchillo de inmediato.

-No, papá. Tranquilo, solo estaba jugando con él, no es nada.

-¿Jugando? ¡Apuntabas el cuchillo hacia mí!

-Te dije que no es nada -repitió Jungkook, la voz más baja pero cargada de rabia contenida- Cálmate.

El padre lo miró unos segundos más, desconfiado, pero finalmente gruñó y volvió a comer. La madre ni siquiera había levantado la vista de su plato. Entonces ella miró a Taehyung y, por primera vez en toda la noche, sonrió un poco.

-Sabes... Jungkook era un bebé muy bonito. Quién lo iba a imaginar ahora...

Taehyung, queriendo suavizar el ambiente, respondió con voz dulce y sincera.

-No... yo creo que Jungkook es el hombre más guapo que he conocido en mi vida. Lo amo mucho, de verdad.

Jungkook lo miró de reojo, sorprendido por la naturalidad con la que lo dijo.

La madre soltó una risa corta.

-Ay, qué lindo, yo siempre he sido fanática de los Buffalo Bills, ¿sabes? Cuando Jungkook nació, justo ese día había un partido importante. No pude verlo porque estaba en el hospital pariendo. Ese día ganaron y desde entonces... nada. Ya tiene veintiocho años y los Bills no han vuelto a ganar un campeonato, es como si su nacimiento hubiera traído mala suerte al equipo.

Jungkook se quedó congelado en su silla. Las palabras de su madre lo golpearon como un puñetazo en el estómago, el ruido de los cubiertos, la voz del padre, el olor a grasa de las hamburguesas... todo se desvaneció.

El estadio rugía en su memoria. Habían pasado cinco años, pero aún podía sentir el frío de aquella noche de Super Bowl en la pantalla del bar.

Había apostado todo, diez mil dólares. Todo lo que tenía y lo que no tenía a que los Buffalo Bills ganarían. El equipo de su madre, el equipo donde jugaba su pateador favorito, ese que nunca fallaba en los momentos importantes.

-Van a ganar -le había dicho al corredor de apuestas, con esa sonrisa arrogante de quien cree que el destino le debe algo- Este año rompen la maldición.

El partido llegó al último cuarto, Bills abajo por tres, última jugada. Field goal de 42 yardas, fácil. El pateador colocó el balón... y lo falló, por la derecha, el balón ni siquiera rozó el poste.

Silencio en el bar, silencio dentro de Jungkook, diez mil dólares que no tenía.

Dos semanas después, los hombres del corredor de apuestas lo encontraron, le rompieron dos costillas y le dejaron claro que tenía una semana para pagar o lo matarían.

No tenía el dinero, no tenía forma de conseguirlo, su padre le hubiera dicho que se jodiera, su madre... ni siquiera le habría quitado los ojos del televisor.

Entonces apareció la oportunidad, un tipo del barrio había aparecido muerto, un ajuste de cuentas entre pandillas, el verdadero asesino era primo del corredor de apuestas, le hicieron una oferta sencilla.

-Te entregas por el asesinato, confiesas. Cumples cinco años, máximo si tienes buena conducta y tu deuda queda saldada, cero, limpiamos todo.

Jungkook aceptó, no porque quisiera proteger a nadie, sino porque era la única salida que le quedaba. Mejor cinco años en la cárcel que una bala en la cabeza.

Recordaba perfectamente el momento en la comisaría, la cara de incredulidad del detective cuando confesó un crimen que no cometió. Recordaba firmar la declaración. Nunca le contó la verdad a nadie, nunca le dijo a su mamá que se había podrido cinco años por una apuesta que hizo pensando en ella.

Taehyung, intentando ser amable, comentó.

-Ah... Tal vez ahora que Jungkook los vino a visitar traiga buena suerte y ganen.

Jungkook le lanzó una mirada asesina a Taehyung, que se dio cuenta demasiado tarde de su error.

Antes de que la situación empeorara, el padre se levantó de pronto, rodeó la mesa y abrazó a Taehyung por la cintura desde atrás, apretándolo contra su cuerpo con una familiaridad incómoda.

-Estoy muy feliz de tener una nuera tan bonita.

Taehyung se tensó visiblemente, la madre, entre risas, se acercó también y le jaló las mejillas con fuerza, como si fuera un niño pequeño.

-¡Míralo! Parece un bebé, tan delicadito ¿Cómo aguantas a este bruto de hijo mío?.

Jungkook observaba la escena con los puños cerrados debajo de la mesa. La rabia le hervía en el pecho, su padre abrazando a Taehyung de esa forma, su madre tratándolo como un muñeco, y él ahí, sintiéndose completamente invisible otra vez.

Después de la cena, Jungkook no quiso quedarse ni un minuto más, se levantó de golpe, agarrando a Taehyung del brazo.

-Nos vamos.

La madre ni siquiera protestó, el padre solo se encogió de hombros, subieron un momento a la habitación. Jungkook abrió el viejo armario y sacó un suéter negro grande, gastado pero limpio, de sus tiempos antes de la cárcel, se lo lanzó a Taehyung sin mirarlo.

-Póntelo, está lloviendo afuera y vas medio desnudo con ese vestido.

Taehyung obedeció en silencio, el suéter le quedaba enorme, cubriéndole casi hasta la mitad de los muslos, olía a guardado y a Jungkook.

Bajaron las escaleras, en la puerta, los padres se despidieron de Taehyung con una calidez que Jungkook nunca había recibido en su vida.

La madre le tomó las mejillas otra vez, sonriendo.
-Jimin, eres un encanto, vuelve cuando quieras, ¿eh? Me caes muy bien.

El padre lo abrazó fuerte por la cintura, más tiempo del necesario, acariciándole la espalda.

-Eres bienvenido aquí siempre, no desaparezcas.

Taehyung, incómodo pero manteniendo la actuación, sonrió con timidez.

-Gracias... Claro que regresaré y ustedes también pueden visitarnos cuando quieran. Nuestra casa es muy bonita, está en las afueras, hay mucho espacio, les va a gustar.

Jungkook se quedó parado a un lado, con las manos en los bolsillos. Ninguno de sus padres lo miró, ni un "cuídate", ni un "adiós, hijo" nada.

Salieron bajo la llovizna que empezaba a caer, cuando subieron al coche gris, la lluvia se intensificó de golpe, golpeando el techo con fuerza.

Jungkook arrancó el motor con violencia y empezó a conducir, el silencio duró menos de dos minutos.

-¿Qué carajos fue todo eso? -estalló de pronto, golpeando el volante-. ¿"Nuestra casa es muy bonita"? ¿"Era su secretaria"? ¿Crees que se creyeron esa mierda?

Taehyung se encogió en el asiento, mirando la lluvia correr por la ventana.

-Yo solo...

-¡Cállate! -Jungkook gritó tan fuerte que su voz retumbó dentro del coche-. ¡Todo es tu culpa! Por andar abriendo la boca, por querer ayudar, por hacerte el lindo con mis papás. ¿Ahora eres el yerno perfecto o qué?

La lluvia caía más fuerte, los limpiaparabrisas apenas daban abasto. Taehyung respiró hondo y, con voz baja pero firme respondió.

-Si tu fueras mi hijo... yo estarían muy orgulloso de ti.

Jungkook pisó el freno de golpe en medio de la calle vacía, el coche se detuvo bruscamente, se giró hacia Taehyung con los ojos inyectados de rabia.

-Cállate la boca si no quieres que te golpee aquí mismo -amenazó entre dientes, levantando la mano con fuerza- Todo esto es tu culpa.

Taehyung no se encogió esta vez, lo miró directamente, con esos ojos grandes y tristes.

-Yo solo quería hacerte un favor... -susurró- Solo intentaba ayudarte.

Jungkook lo miró fijamente durante varios segundos, la mano aún en alto, temblando de rabia contenida, la lluvia golpeaba el techo como si quisiera entrar, su respiración era pesada, irregular.

Bajó la mano lentamente, volvió a arrancar el coche. Se quedó mirando al frente, con la mandíbula tan apretada que parecía que se le iba a romper.

La lluvia había amainado un poco cuando Jungkook detuvo el coche frente a un viejo boliche en las afueras. El letrero de neón parpadeaba con luces desgastadas: "Lucky Strike Bowl" Taehyung lo miró confundido, aún envuelto en el suéter negro oversized.

-Bájate -ordenó Jungkook, saliendo del coche sin esperar respuesta.

Dentro olía a madera vieja, cera para pisos y cerveza barata. Apenas había gente, el dueño, un hombre calvo de unos cincuenta años con bigote grueso, levantó la vista desde el mostrador y abrió los ojos con sorpresa.

-¡No me jodas! ¿Jungkook? ¿El mismo Jungkook de hace años?

Jungkook asintió con una media sonrisa que no llegaba a sus ojos.

-El mismo.

-Carajo chico... eras una bestia aquí, nadie tiraba strikes como tú. -El hombre rodeó el mostrador y le dio una palmada en el hombro- Hicimos limpieza de lockers la semana pasada. Todo lo que nadie había pagado en más de tres años lo tiramos, pero el tuyo... lo dejé intacto. Te consideraba mi amigo, cabrón. Sabía que ibas a volver algún día.

Jungkook tragó saliva. Por primera vez en mucho tiempo, alguien le había guardado algo.

-Gracias Mike, de verdad.

El dueño le dio las llaves del locker y volvió a su puesto. Jungkook hizo un gesto con la cabeza para que Taehyung lo siguiera.

Caminaron hasta el fondo del pasillo, Jungkook abrió el locker oxidado. Dentro había una bola de bowling negra con su nombre grabado, unos zapatos viejos y, pegada en la puerta interior, una foto.

Un chico rubio, muy bonito, de ojos pequeños y sonrisa suave. Taehyung se quedó mirándola unos segundos.

-¿Quién es? -preguntó en voz baja.

Jungkook cerró el locker un momento, luego lo volvió a abrir como si nada.

-Un exnovio.

-¿Qué le pasó?

-Nada, terminamos. -Jungkook sacó la bola y los zapatos- Soy del tipo de persona que deja ir.

Taehyung se quedó callado, procesando, Jungkook lo miró de reojo.

-Muévete para allá -dijo señalando unos asientos lejanos- Necesito espacio.

-Ok... -Taehyung obedeció y se sentó a varios metros.

Jungkook se cambió de zapatos, tomó su bola y se posicionó. Tiró con fuerza, la bola se fue directo al canal, cero pinos, volvió a tirar y otra vez nada.

Al tercer intento fallido, una risa suave se escapó de Taehyung.

Jungkook giró la cabeza lentamente, furioso.

-¿De qué carajos te ríes? ¿Te crees muy inteligente? Hazlo tú entonces.

Taehyung parpadeó, sorprendido.

-¿Yo?

-Sí, tú. Levántate.

El rubio se acercó sus zapatos de tap haciendo eco en la madera y tomó la bola pesada con algo de dificultad. Se posicionó, respiró, y tiró con un movimiento fluido y elegante.

Strike, nueve pinos derribados.

Jungkook se quedó mirando la pista con la mandíbula tensa.

-...Ya me voy -gruñó, agarrando su bola y guardándola con violencia en el locker, saco discretamente un arma que tenía guardada ahí y la metió en su chaqueta.

-Espera -dijo Taehyung, sonriendo un poco- Me estoy divirtiendo...

-Pues quédate si quieres, yo ya me voy.

Jungkook empezó a caminar hacia la salida. Taehyung corrió detrás de él y lo alcanzó.

-Espera... Jungkook.

Jungkook se detuvo, respiró hondo y se giró.

-Ven, vamos a tomarnos unas fotos.

Lo llevó hasta la vieja cabina de fotos al lado de las máquinas expendedoras, entraron los dos, el espacio era pequeño y estaban demasiado cerca.

-Quiero fotos para mandarles a mis papás -Dijo Jungkook mientras metía las monedas.

Taehyung asintió, en la primera foto hizo una cara chistosa, sacando la lengua.

Jungkook pulsó el botón para detenerla y lo miró con rabia.

-No, no quiero caras chistosas, quiero que nos hagamos fotos de tú y yo pasando tiempo. Mírame como si me amaras, solo te estoy pidiendo eso.

Taehyung se puso serio, sus ojos grandes se suavizaron.

-Ok... lo voy a intentar.

Jungkook lo tomó por la cintura, acercándolo. Taehyung levantó la mirada y lo observó exactamente como le había pedido, con ternura, con devoción, como si realmente fuera su esposo. Sonrió pequeño, apoyando la cabeza en su hombro en una de las tomas. En otra, Jungkook lo besó en la sien. En la última, Taehyung tenía la mano sobre el pecho de Jungkook, mirándolo como si fuera su mundo entero.

Cuando salieron de la cabina, Jungkook tomó las tiras de fotos y se las dió a Taehyung sin decir nada, ya afuera, mientras caminaban hacia el coche bajo la llovizna, Jungkook habló en voz baja.

-Recuerda enviárselas a mis papás en diciembre.

Taehyung lo miró de reojo, el suéter negro empapado en los hombros, y solo asintió.

-Está bien... lo haré.

La lluvia había disminuido hasta convertirse en una llovizna fina y persistente que empañaba las luces de la calle.

- Gracias, entonces... Nos vemos.

-¿A dónde vas? -preguntó Taehyung en voz baja cuando lo vio empezar a alejarse por la calle.

-Tengo unas cosas que hacer -respondió Jungkook secamente, sin mirarlo.

Caminó bajo la lluvia hacia un teléfono público que estaba un poco más lejos, casi al final de la cuadra. Taehyung lo vio alejarse, la figura alta recortada contra la luz amarillenta del poste. Jungkook insertó unas monedas y marcó un número.

-¿Hola? -contestó una voz femenina al otro lado, cansada.

-Hola -dijo Jungkook en voz baja- ¿Está Marco por ahí?

Hubo una pausa. -No, Marco no llega hasta después de las dos de la madrugada. Si quiere verlo tendrá que esperar.

Jungkook apretó los dientes y apoyó la frente contra el metal frío del teléfono.

-Entendido, gracias.

Colgó sin despedirse, cuando se giró, Taehyung ya estaba allí, a solo unos pasos de distancia, con el suéter empapado en los hombros y el cabello rubio pegado a la frente por la lluvia, mo había seguido en silencio.

Jungkook lo miró durante un segundo largo, como evaluándolo. Luego, con voz más baja, preguntó.

-¿Quieres ir a un lugar conmigo?

Taehyung no dudó. -Sí.

Jungkook soltó un suspiro corto, casi una risa amarga.

-Quiero conseguir una habitación... darme un baño caliente. Llevo días sintiéndome como mierda.

Taehyung dio un paso más cerca, hasta que la lluvia caía sobre ambos por igual.

-Sí, está bien, yo te quiero acompañar, quiero ir contigo.

Jungkook lo observó con una expresión indescifrable. No dijo nada más, solo asintió y caminó de vuelta al coche, Taehyung lo siguió casi corriendo.

Ya dentro del auto, el silencio se volvió denso, casi asfixiante. Solo se escuchaba el sonido de la lluvia sobre el techo y el motor ronroneando, Taehyung se removió en el asiento.

-Oye... -dijo finalmente, en voz suave- ¿Quieres que consigamos un chocolate caliente antes de irnos? Debe haber algún lugar abierto por aquí.

Jungkook giró la cabeza lentamente hacia él, sus ojos oscuros parecían más intensos bajo la luz tenue del tablero.

-¿Sabes? Era broma lo de ir a una habitación contigo.

Taehyung se quedó callado un segundo. Luego, con una honestidad que sorprendió incluso a Jungkook, respondió.

-Qué mal... porque yo sí quiero ir contigo.

El silencio regresó, pero esta vez era diferente, más cargado, Jungkook no contestó, solo arrancó el coche y condujo hasta un restaurante 24 horas que brillaba con luces fluorescentes blancas a unas cuadras de distancia. El lugar estaba casi vacío, solo un par de camioneros en la barra y una mesera con cara de sueño.

Entraron, el olor a café quemado y comida frita los recibió, Jungkook eligió una mesa al fondo, junto a la ventana empañada. Taehyung se sentó frente a él, la luz blanca caía directamente sobre sus rostros, resaltando el moretón que aún marcaba la mejilla de Taehyung y las ojeras profundas de Jungkook.

La mesera se acercó con dos menús plastificados.

-Un chocolate caliente -pidió Jungkook sin mirar el menú.

Cuando la mujer se alejó, Jungkook apoyó los codos sobre la mesa y se pasó las manos por la cara, exhausto. Taehyung lo observaba en silencio, con las manos jugando con las mangas del suéter que le prestó Jungkook.

Ninguno hablaba, pero tampoco apartaban la mirada. Jungkook mirando por la ventana hacia la lluvia que caía de nuevo con más fuerza y por momentos volteando a ver a Taehyung quien tenía sus ojos grandes y atentos fijos en el hombre que tenía enfrente.

El reloj de la pared marcaban las díez de la noche, Jungkook sabía que todavía tenía que esperar para ir a ese lugar, pero no le molestaba del todo tener compañía.

El restaurante permanecía en una calma casi soporífera, solo se escuchaba el zumbido de los fluorescentes, el tintineo ocasional de cucharas y el sonido de la lluvia contra los cristales. Jungkook estaba en silencio, perdido en sus pensamientos, por un momento, parecía que la noche podría seguir así, tranquila, tensa, pero soportable.

Hasta que la puerta se abrió con el tintineo de una campana, entraron dos hombres. Uno de ellos, rubio, de complexión delgada y facciones delicadas, con una sonrisa confiada. El otro un poco más alto y de cabello oscuro, caminaba a su lado con aire posesivo, se sentaron en la mesa de al lado.

Jungkook los vio de reojo y su cuerpo se tensó al instante, bajó la cabeza y giró el rostro hacia Taehyung, intentando cubrirse con la mano como si estuviera rascándose la frente.

-Joder... -murmuró entre dientes.

El chico rubio giró la cabeza y lo miró directamente, una sonrisa lenta, atrevida, se dibujó en sus labios.

-Oye... yo te conozco.

Jungkook respiró hondo y, sin tener más remedio, levantó la vista.

-Creo que sí, íbamos a la misma clase ¿no? En secundaria.

-Sí, sí... íbamos juntos -respondió Jungkook con voz forzada.

El rubio sonrió más ampliamente.
-Ah. ¿Te acuerdas de mí? Soy Jimin, Park Jimin.

Taehyung, que hasta ese momento había permanecido callado, levantó la mirada hacia el recién llegado, von voz suave y educada se presentó.

-Ah, hola... yo también soy Jimin.

El verdadero Jimin se quedó mirándolo un segundo y luego soltó una risa burlona, corta y cortante, como si acabaran de contarle un chiste patético.

-Qué casualidad... -comentó con tono sarcástico.

Jimin siguió hablando directamente con Jungkook, ignorando casi por completo a Taehyung.

-Sabes, era raro... yo siempre te veía afuera de mi casa, pasabas por ahí todos los días.

Jungkook apretó la mandíbula.

-Sí, es que... tenía un amigo que vivía por ahí.

Jimin soltó otra risa, esta vez más fuerte y claramente burlona.

-Es que siempre que me asomaba por la ventana, tú estabas ahí parado. Como un fantasma.

El ambiente se volvió insoportable, Jungkook estaba rígido, visiblemente incómodo. Taehyung lo observaba todo en silencio, con los labios apretados.

-Ah, mira, te presento -dijo Jimin, señalando al hombre a su lado- Él es Yoongi, mi prometido.

Yoongi hizo un gesto seco con la cabeza, Jungkook y Taehyung murmuraron un "mucho gusto" forzado.

-Bueno, ya que eran amigos antes -habló Yoongi con una sonrisa afilada- ¿por qué no nos sentamos en la misma mesa? Así nos ponemos al día.

Jimin y Yoongi intercambiaron una risa sarcástica, cargada de tensión. Taehyung se inclinó ligeramente hacia Jungkook y le preguntó en voz muy baja.

-¿Quién es? ¿Por qué tiene el mismo nombre que me pusiste a mí...? Y se parece mucho a la foto del locker...

Jungkook no alcanzó a responder, en ese momento se acercó la mesera.

-Disculpe, su chocolate caliente va a tardar un poco más, estamos cambiando el cacao.

Jungkook se levantó de golpe.

-No importa, ya nos vamos.

La mesera parpadeó. -Ah, está bien...

-No -intervino Taehyung, todavía sentado- Pero yo sí quiero mi chocolate caliente.

Jungkook lo miró con furia contenida.
-No me interesa, ya nos vamos.

-Jungkook... yo quiero quedarme.

-Pues si quieres quedarte, quédate -escupió Jungkook, alzando la voz- Pero yo ya me voy, estoy harto de esta mierda, eres un tonto, ¿sabes? No sirves ni para fingir bien, todo lo arruinas.

Taehyung se quedó helado, las lágrimas empezaron a llenarle los ojos y Jungkook soltó una risa amarga, se dio la vuelta y salió del restaurante dando un portazo.

Taehyung se quedó sentado, solo. Las lágrimas cayeron silenciosas al principio, luego más fuertes. Se cambió de mesa, yendo hasta la barra para estar más lejos de Jimin y su prometido, que seguían riendo por lo bajo.

Jungkook caminó bajo la lluvia hasta la tienda de conveniencia de al lado, entró casi corriendo y le pidió la llave del baño al empleado.

Una vez dentro, cerró la puerta con pestillo y se derrumbó, se apoyó contra el lavamanos y empezó a llorar de forma fea, rota, con sollozos que le sacudían todo el cuerpo. Lágrimas de rabia, de humillación, de cinco años de cárcel, de padres que nunca lo quisieron, de una persona que ahora lo miraba con burla. Todo salió de golpe, terminó vomitando violentamente en el lavabo, temblando, con las manos aferradas al borde de la cerámica.

Pasaron varios minutos, se lavó la cara, se miró al espejo con los ojos rojos e hinchados, respiró hondo varias veces y se recompuso lo mejor que pudo.

Regresó al restaurante, vio a Taehyung que estaba sentado en la barra, solo, con la cabeza baja, acababan de ponerle delante su chocolate caliente.

Jungkook se acercó por detrás en silencio. Lo rodeó con los brazos, medio abrazándolo, apoyando la frente contra su cabello rubio húmedo.

-Oye... una disculpa -murmuró con voz ronca.- Perdón por lo que te dije, ven conmigo.

Taehyung se quedó quieto un segundo, el chocolate humeaba frente a él, intacto.

- ¿Y mi chocolate?.

Jungkook apretó el abrazo un poco más.

-¿Qué prefieres? ¿El chocolate... o ir conmigo?

Taehyung respiró tembloroso, sin decir nada, sacó unos billetes del bolso y los dejó sobre la barra, junto a la taza que ni siquiera había tocado. Se levantó y dejó que Jungkook lo guiara hacia la salida.

La lluvia seguía cayendo afuera cuando subieron de nuevo al coche. Jungkook lo detuvo frente a un motel de carretera, uno de esos lugares discretos con luces de neón rojo que parpadeaban "Vacancies" no era lujoso, ni siquiera era bonito. Pero tenía camas y agua caliente, y eso era lo único que importaba en ese momento.

Pagó en efectivo por una noche, la recepcionista ni siquiera los miró dos veces, subieron las escaleras en silencio hasta la habitación 217. Jungkook abrió la puerta y encendió la luz. Olía a limpiador barato y a sábanas usadas muchas veces, pero estaba tibia.

Taehyung entró detrás de él, Jungkook cerró la puerta con llave y se quedó un momento de espaldas, respirando hondo.

Ambos se sentaron en el borde de la cama matrimonial, el colchón se hundió bajo su peso, durante casi un minuto ninguno habló.

Finalmente, Taehyung rompió el silencio con voz suave.

-¿Quién era esa persona? El del restaurante... el que se llamaba Jimin.

Jungkook se pasó una mano por la cara, cansado.

-Era alguien que me gustaba... hace mucho tiempo, pero nunca me hizo caso, al contrario. Siempre se burlaba de mí, todos se burlaban, me trataban como mierda, me empujaban en los pasillos, me decían cosas... -soltó una risa amarga- Yo era el rarito que se quedaba mirándolo desde lejos como un idiota, supongo que nunca lo superé del todo.

Taehyung lo miró con ternura. Sin pensarlo demasiado, apoyó suavemente su mano sobre la de Jungkook.

-Lo siento... debió ser muy duro.

Jungkook no retiró la mano, pero tampoco la apretó, solo se quedó mirando el suelo, antes de sentarse, había abierto el grifo de la bañera. El sonido del agua llenándola poco a poco llenaba el silencio, se levantó.

-Me voy a bañar.

-Puedo meterme contigo -ofreció Taehyung en voz baja.

-No -respondió Jungkook secamente, y cerró la puerta del baño tras él.

Dentro, empezó a desvestirse, la camiseta cayó al suelo, luego los pantalones, el agua ya estaba tibia. Estaba a punto de meterse cuando escuchó la voz de Taehyung desde la cama.

-Jungkook... por favor. Déjame meterme contigo, hace mucho frío.

-No.

Hubo un segundo de silencio.

-Por favor... -insistió Taehyung, casi en un susurro- No voy a mirar, solo tengo mucho frío.

Jungkook cerró los ojos, apoyando la frente contra la puerta.

-No puedes ver -advirtió.

-Ok.

-Pasa, pero no me voltees a ver.

-Está bien.

La puerta se abrió lentamente. Taehyung entró con una mano tapándose los ojos, caminando con cuidado. Casi se tropieza con el borde de la bañera, pero logró sentarse en el piso junto a ella, todavía con los ojos cubiertos.

-Seguramente te ves como un niño chiquito ahí adentro -comentó Taehyung con una sonrisa pequeña, intentando aligerar el ambiente.

-No me estés viendo -gruñó Jungkook, metiéndose por completo en la tina y encogiéndose, con las rodillas pegadas al pecho.

-No te estoy viendo, solo lo imaginé -respondió Taehyung suavemente.

El vapor llenaba el pequeño baño, Jungkook se quedó callado un rato, dejando que el agua caliente relajara sus músculos tensos. Taehyung seguía sentado en el piso, temblando ligeramente.

-Jungkook... ¿me puedo meter contigo? Tengo mucho frío y ya me mojé con la lluvia, me voy a enfermar.

-No -respondió él, más seco.

-Por favor...

-¡Que no, Taehyung!

Pero Taehyung no se movió, solo se quedó ahí, temblando, con la mano aún sobre sus ojos, Jungkook soltó un largo suspiro de derrota.

-Está bien... métete, pero al otro extremo.

Taehyung se levantó despacio, se quitó el suéter negro, su vestido y la ropa interior, quedando completamente desnudo, entró con cuidado al otro lado de la bañera, sentándose igual que Jungkook con las piernas pegadas al pecho, abrazándolas, wl agua tibia los cubrió a ambos.

Se quedaron así un largo rato, el vapor subía entre ellos. Hablaron poco, de lo frío que había estado el día, de lo ridículo que fue el boliche, de cómo Taehyung había aprendido a tirar tan bien, cosas simples, cosas que no dolían.

Cuando el agua empezó a enfriarse, salieron, Jungkook se secó rápido y se puso de nuevo su pantalón de mezclilla y su camiseta. Taehyung solo se colocó su cardigan blanco encima, sin nada debajo y se envolvió una toalla alrededor de la cintura.

Se acostaron en la cama. Jungkook se quedó boca arriba, mirando el techo, Taehyung se acomodó a su lado, de costado, observándolo.

Ninguno dijo nada más, pero el espacio entre sus cuerpos era pequeño, cargado de todo lo que aún no se atrevían a nombrar.

La habitación estaba en penumbras, solo iluminada por la lámpara de noche y el leve resplandor de las luces del motel que se filtraban por las cortinas. La lluvia había bajado a un susurro constante contra la ventana. Jungkook, acostado de espaldas, respiraba con pesadez y a su lado, Taehyung permanecía quieto, con el cardigan blanco abierto y la toalla aún envuelta en su cintura.

De pronto, Jungkook se volteó hacia él, sin decir nada, se acercó hasta que su cabeza descansó sobre el pecho de Taehyung, justo encima de donde latía su corazón. El rubio se tensó un segundo, sorprendido, pero no se apartó, su mano subió lentamente y se posó en el cabello oscuro de Jungkook, acariciándolo con cuidado.

El aire cambió, Jungkook levantó la cabeza y lo miró. Sus ojos eran oscuros, intensos, llenos de todo lo que había estado conteniendo durante el día. Sin previo aviso, subió y capturó los labios de Taehyung en un beso profundo, casi desesperado, no fue suave, fue hambriento.

Taehyung soltó un sonido ahogado contra su boca.

-Espera... -susurró, separándose apenas.

Pero Jungkook no se detuvo, lo besó con más fuerza, mordiendo su labio inferior, invadiendo su boca con la lengua mientras una de sus manos bajaba por el cuerpo delgado, abriendo el cardigan por completo. Taehyung tembló cuando los dedos de Jungkook rozaron su piel fría, bajando hasta la toalla y deshaciéndola de un tirón.

-Jungkook... -intentó de nuevo, pero su voz se quebró cuando sintió la mano grande deslizarse entre sus piernas.

Su cuerpo reaccionó al instante, estaba húmedo, sensible por el frío y por la cercanía. Jungkook gruñó contra su cuello al sentirlo, deslizando dos dedos entre los pliegues resbaladizos, acariciando su clítoris con el pulgar antes de hundir un dedo lentamente dentro de él.

-Ah... -Taehyung arqueó la espalda, agarrando con fuerza los hombros de Jungkook- Espera... es mucho...

Pero Jungkook estaba perdido, metió un segundo dedo, moviéndolos con ritmo firme, curvándolos para tocar ese punto que hizo que Taehyung soltara un gemido más alto, casi sorprendido. Lo besaba sin parar, en los labios, en la mandíbula, bajando por el cuello hasta chupar con fuerza uno de sus pezones rosados mientras sus dedos entraban y salían, cada vez más rápido, más profundo.

Taehyung jadeaba, las piernas temblando. Sus manos se aferraban a la camiseta de Jungkook, sin saber si quería empujarlo o acercarlo más.

-Jungkook... por favor...

El mayor se incorporó solo lo suficiente para quitarse la camiseta y bajarse el pantalón junto con la ropa interior. Su erección saltó libre, gruesa y pesada, se colocó entre las piernas abiertas de Taehyung, frotando su miembro contra su entrada mojada, cubriéndolo de su propia humedad.

-No... espera un segundo -suplicó Taehyung con voz entrecortada, pero Jungkook ya estaba empujando.

Entró de una sola embestida profunda, gruñendo al sentir las paredes calientes y apretadas envolviéndolo. Taehyung soltó un grito ahogado, clavando las uñas en la espalda de Jungkook, el dolor y el placer se mezclaron mientras Jungkook empezaba a moverse, primero con embestidas fuertes y profundas, luego más rápidas, casi desesperadas.

-Joder... estás tan apretado -gruñó Jungkook contra su oído, mordiéndole el lóbulo mientras lo follaba con fuerza.

La cama crujía con cada embestida, Taehyung gemía sin control, las piernas rodeando la cintura de Jungkook, el cardigan blanco completamente abierto y resbalando por sus hombros. Jungkook lo penetraba sin piedad, una mano sosteniéndole la cadera, la otra enredada en su cabello rubio.

Taehyung lloriqueaba de placer, el cuerpo temblando cada vez que Jungkook golpeaba ese punto profundo dentro de él. Sus paredes internas se contraían alrededor del grosor de Jungkook, mojándolo más con cada movimiento.

Jungkook lo follaba con fuerza, embistiendo profundo y sin piedad, el sonido húmedo de sus cuerpos chocando llenaba la habitación junto con los gemidos entrecortados de Taehyung. Cada vez que entraba por completo, el rubio sentía cómo su grosor lo abría, cómo llegaba hasta el fondo y rozaba ese punto que lo hacía temblar entero.

-Ah... Jungkook... espera... -intentó decir Taehyung, la voz rota por el placer y el leve dolor, mientras sus paredes internas se contraían alrededor de él.

Jungkook no disminuyó el ritmo, al contrario, bajó una mano entre sus cuerpos y empezó a tocarlo justo donde más sensible estaba, sus dedos frotaron el clítoris hinchado de Taehyung en círculos rápidos y firmes, presionando con la yema mientras seguía follándolo con embestidas duras y profundas.

Taehyung arqueó la espalda con un gemido agudo, las piernas temblando alrededor de la cintura de Jungkook.

-Es... es demasiado... por favor... -volvió a intentar hablar, casi sollozando de placer.

-Cállate -gruñó Jungkook contra su boca, sin detener ni un segundo el movimiento de sus caderas ni de sus dedos.

Su otra mano subió hasta el cuello delgado de Taehyung, lo rodeó con firmeza y apretó ligeramente, lo justo para que sintiera la presión, lo justo para cortarle un poco el aire, no era suficiente para lastimarlo de verdad, pero sí para recordarle quién mandaba.

-Te dije que te calles -susurró Jungkook con voz ronca y peligrosa, mirándolo directamente a los ojos mientras lo penetraba más fuerte.

Taehyung abrió la boca, pero solo salió un gemido ahogado. Sus ojos se llenaron de lágrimas por la intensidad, por la falta de aire controlada y por el placer abrumador que le recorría todo el cuerpo, Jungkook seguía tocándolo sin descanso, frotando su clítoris hinchado y resbaladizo al mismo ritmo que sus embestidas, duro, rápido, implacable.

El cardigan blanco se había deslizado por completo de los hombros de Taehyung, dejando su torso desnudo y marcado por chupetones que Jungkook había dejado antes. El rubio agarraba la muñeca de la mano que le apretaba el cuello, sin intentar apartarla del todo, solo sosteniéndola mientras su cuerpo se sacudía con cada embestida.

-Así... bien calladito -murmuró Jungkook, apretando un poco más el cuello por unos segundos antes de aflojar ligeramente- Solo mírame.

Taehyung lo miró con los ojos vidriosos, la boca entreabierta, respirando entrecortado. Su cuerpo se tensó violentamente cuando el orgasmo lo golpeó, sus paredes internas apretaron con fuerza el miembro de Jungkook mientras se corría, temblando y mojando aún más los dedos que seguían frotándolo sin piedad.

Jungkook gruñó al sentirlo, soltó su cuello y lo agarró de las caderas con ambas manos para follarlo más profundo, persiguiendo su propio orgasmo, unas cuantas embestidas brutales después, se enterró hasta el fondo y se corrió dentro de él con un gemido bajo y gutural, llenándolo por completo.

Se quedaron así varios segundos, Jungkook encima, todavía dentro, respirando agitado contra el cuello de Taehyung. El rubio temblaba debajo de él, con lágrimas corriendo por las sienes y la respiración entrecortada.

Jungkook finalmente salió despacio, observando cómo su semen empezaba a escurrir entre las piernas de Taehyung. No dijo nada. Solo se dejó caer a su lado y lo atrajo contra su pecho con un brazo pesado.

Taehyung no habló, solo se acurrucó contra él, todavía temblando, con el cuello ligeramente enrojecido y el cuerpo sensible y lleno.

La habitación del motel estaba en silencio, solo interrumpido por la lluvia que caía suavemente afuera, el reloj digital junto a la cama marcaba las 1:45 a.m.

Jungkook abrió los ojos lentamente, desorientado, tardó unos segundos en recordar dónde estaba. El cuerpo desnudo de Taehyung estaba acurrucado contra él, respirando profundo y calmado, con el cardigan blanco abierto y la piel aún marcada por sus manos y su boca. Jungkook lo miró un momento, su pecho subía y bajaba con tranquilidad.

Con mucho cuidado, se separó de él, Taehyung se removió un poco pero no despertó. Jungkook se levantó en silencio, se puso los pantalones de mezclilla y tomó su chaqueta, revisó que tuviera su arma aún adentro.

Se quedó de pie junto a la cama, mirando al rubio dormido.

-Buenas noches... Taehyung -murmuró muy bajito.

Empezó a caminar hacia la puerta.

-¿A dónde vas? -la voz de Taehyung sonó suave, somnolienta, desde la cama.

Jungkook se detuvo en seco, sobresaltado, se giró lentamente.

-Solo... voy a bajar a conseguir un café -mintió, con la voz más calmada que pudo- ¿Quieres algo?

Taehyung se incorporó un poco, apoyándose en los codos. El cardigan se le resbaló de un hombro, sus ojos grandes estaban llenos de sueño y algo más, miedo.

-Sí... ¿puedes traerme un chocolate caliente? Todavía tengo muchas ganas de uno.

Jungkook asintió, incómodo.

-Un chocolate caliente. Está bien, ahora vuelvo.

-¿Cuándo vas a volver? -preguntó Taehyung, sentándose completamente en la cama.

-Vuelvo en cinco minutos.

Taehyung lo miró fijamente, su voz se volvió más pequeña, vulnerable.

-¿Me prometes que vas a volver? ¿Me prometes que no me vas a dejar aquí?.

Jungkook soltó un suspiro largo, visiblemente tenso.

-Claro que sí. ¿Por qué sigues preguntando eso?

Taehyung bajó la mirada, jugando con el borde del cardigan.

-No sé... solo tengo la sensación de que no vas a volver. Si no vas a volver, dímelo, no me mientas, por favor.

Jungkook se pasó una mano por la cara, empezando a perder la paciencia.

-Voy a volver. ¿Por qué me estás molestando con esto? Solo bajo a traer el chocolate. ¿Quieres el chocolate o no?

-Sí quiero... ¿Me puedes dar un beso de despedida?

Jungkook se pasó sus manos por la cara - ¿Por qué estás haciendo esto más difícil? Te estoy diciendo que volveré.

Taehyung se levantó caminando con sus rodillas sobre la cama hasta quedar cerca de jungkook- ¿Un abrazo entonces? - Tomo a Jungkook del brazo y lo jalo hacía el para poder hundir su cara en su pecho, el pelinegro tomo un puño de el pelo de Taehyung y lo apretó con fuerza abrazándose más cerca.

- De verdad me gustas mucho, Jungkook. Eres el chico más dulce y más guapo que he conocido en mi vida y... te quiero.

Jungkook se quedó callado, mirándolo. No respondió a la declaración, solo apretó la mandíbula.

-Está bien -dijo finalmente- Ya vuelvo, ¿sí?

Taehyung asintió, pero sus ojos seguían brillando con ansiedad mientras Jungkook se alejaba.

-Si... no te voy a molestar más. Pero date prisa, por favor.

Jungkook abrió la puerta, antes de salir, Taehyung habló una última vez, con voz temblorosa.

-Recuerda que prometiste volver... y tráeme el chocolate caliente.

Jungkook cerró la puerta detrás de él sin responder, fuera, en el pasillo frío del motel, se apoyó un segundo contra la pared, respirando hondo. Se pasó las manos por la cara y murmuró para sí mismo. -Joder...

Luego bajó las escaleras con paso rápido y cruzó la calle bajo la lluvia fina, dirigiéndose hacia donde tenía que encontrar a Marco.

En la habitación, Taehyung se quedó sentado en la cama, abrazando sus rodillas contra el pecho, mirando la puerta cerrada con los ojos llenos de lágrimas que no quería dejar caer.

Jungkook caminó bajo la lluvia fina con las manos metidas en los bolsillos de la chaqueta. El peso de la pistola dentro de su bolsillo interior era lo único que sentía real en ese momento, era la misma que guardaba desde antes de entrar a prisión, negra, fría, cargada.

Mientras cruzaba la calle hacia el bar que Marco frecuentaba, su mente no dejaba de repetir lo mismo.

Cinco años.

Cinco putos años de su vida tirados a la basura por una apuesta estúpida, diez mil dólares que no tenía, un pateador que falló un gol de campo ridículamente fácil y todo porque ese hijo de puta de Marco le había metido la idea en la cabeza.

- Este año sí, Jungkook. Los Bills van a romper la maldición, tu mamá va a estar orgullosa. Apuesta fuerte, yo te cubro si algo sale mal.

Mentira, cuando perdió, Marco no cubrió nada, solo le puso una pistola en la cabeza y le dio dos opciones, pagar con dinero o pagar con sangre y Jungkook eligió la cárcel. Confesó un asesinato que no cometió solo para que le perdonaran la deuda.

Ahora estaba libre y Marco seguía vivo, seguía respirando, seguía riéndose en el mismo bar de siempre. Jungkook apretó la mandíbula hasta que le dolió, sus pasos se volvieron más firmes, más rápidos, la rabia le quemaba en el pecho como ácido.

Llegó al bar, el neón rojo parpadeaba sobre la puerta. Entró sin dudar, el lugar estaba medio vacío, el olor a cigarro viejo y cerveza barata lo golpeó. Sus ojos recorrieron el salón hasta que lo encontraron.

Sentado en la misma mesa del fondo, riendo con dos tipos, con una cerveza en la mano y esa cara de hijo de puta que Jungkook nunca olvidaría.

Jungkook metió la mano en su chaqueta y empuñó la pistola, el metal estaba helado. Empezó a caminar hacia él, sacándola lentamente, ocultándola contra su pierna.

Esto termina hoy.

Marco levantó la vista, por un segundo sus miradas se cruzaron, Jungkook vio el reconocimiento en sus ojos, sacó el arma y apuntó directo a su cabeza.

El tiempo se detuvo y entonces...

...nada.

Su mano empezó a temblar, fuerte, el dedo en el gatillo se paralizó.

"¿Qué carajos estoy haciendo?"

La pregunta lo golpeó como un camión. Imágenes rápidas le atravesaron la mente, Taehyung durmiendo en la cama del motel, esperando un chocolate caliente. Sus padres ignorándolo como siempre, los cinco años encerrado, el chico rubio del locker, la humillación constante.

Bajó el arma lentamente, dio un paso atrás, otro y otro más.

-Mierda... Mierda... -susurró para sí mismo, con la voz rota- ¿Qué estoy haciendo con mi puta vida?

Salió del bar casi corriendo, empujando la puerta con el hombro. El aire frío de la noche lo golpeó, caminó unos metros y se arrodilló de golpe en la acera mojada, justo al lado de un contenedor de basura, la pistola cayó de su mano con un ruido sordo.

Se llevó las manos a la cara y empezó a llorar, no eran sollozos dramáticos, solo lágrimas silenciosas, amargas, que se mezclaban con la lluvia. Lágrimas de rabia, de cansancio, de vergüenza, de darse cuenta de que seguía siendo el mismo idiota de siempre.

-¿Por qué sigo jodiendo todo? -murmuró contra sus manos- ¿Por qué no puedo simplemente... vivir?

Se quedó ahí varios minutos, arrodillado bajo la lluvia, hasta que el frío empezó a calarle los huesos. Finalmente se levantó, guardó la pistola de nuevo en su chaqueta y caminó sin rumbo fijo hasta que vio las luces de una cafetería 24 horas a unas cuadras.

Jungkook entró con el cabello mojado pegado a la frente y la chaqueta empapada, el lugar olía a café recién hecho y pan dulce. A pesar de todo lo que había pasado minutos atrás, la pistola, las lágrimas, el colapso afuera del bar, algo dentro de él había cambiado. Una extraña y repentina oleada de euforia lo invadió, como si hubiera soltado un peso enorme que llevaba años cargando.

Se acercó al mostrador con paso ligero, casi sonriendo, el señor mayor que atendía lo miró con curiosidad.

-Buenas noches. ¿Me puede dar un chocolate caliente y un café negro para llevar, por favor?

-Claro, joven.

Mientras el hombre preparaba las bebidas, Jungkook vio una vitrina con galletas. Sus ojos se iluminaron al notar unas en forma de corazón, decoradas con azúcar rosa.

-Oiga.disculpe... ¿esas galletas son en forma de corazón? -preguntó, señalándolas con una sonrisa grande.

El señor asintió, divertido.

-Sí hijo, son de San Valentín, pero todavía nos quedaron algunas.

-¡Ah, pues yo quiero una, por favor! -dijo Jungkook emocionado, casi rebotando en su lugar- Son para mi chica, le van a encantar.

Pagó las bebidas y la galleta, pero cuando el señor le dio el cambio, Jungkook negó con la cabeza.

-No, quédese con el cambio y deme otra galleta más, por favor.

El hombre levantó una ceja pero sonrió y le dio la segunda galleta. Jungkook pagó de más, dejando una buena propina sobre el mostrador.

-Gracias de verdad, que tenga buena noche.

Se giró con las dos bebidas calientes en una mano y las galletas en la otra. Entonces vio a un señor de mediana edad sentado solo en una mesa, comiendo un sándwich.

Jungkook se acercó sin pensarlo dos veces, con una sonrisa enorme y los ojos brillantes.

-Disculpe, señor... ¿usted tiene novia?

El hombre lo miró sorprendido, con la boca llena.

-Eh... sí, tengo esposa.

-¡Perfecto! -Jungkook le extendió una de las galletas en forma de corazón-. Tome, se la compro para que se la dé a su esposa. No se la coma usted, ¿eh? Se la va a dar a ella. Dígale que es de parte de un tipo que está muy feliz esta noche.

El señor parpadeó, confundido, pero aceptó la galleta con una risa incrédula.

-Está bien... gracias, muchacho.

-¡De nada! Que le vaya muy bien.

Jungkook salió de la cafetería casi corriendo, con una sonrisa que no podía borrar de su rostro. La lluvia ya era solo una llovizna ligera. Miró las dos bebidas calientes en sus manos, el chocolate caliente para Taehyung y el café para él y sintió algo cálido expandiéndose en su pecho.

Por primera vez en mucho tiempo, se sentía... vivo, ligero y con ganas de volver.

Caminó de regreso al motel con paso rápido, protegiendo las bebidas contra su pecho para que no se enfriaran, en su mente solo repetía una cosa:

"Espero que todavía esté despierto".

"Espero que no esté llorando pensando que lo abandoné".

Llegó al motel, subió las escaleras de dos en dos y se detuvo frente a la puerta de la habitación 217. Respiró hondo, todavía con esa sonrisa tonta en los labios, y tocó suavemente con los nudillos.

Notes:

¡Gracias por leer esta historia! ¿Ustedes creen que Tae si pudo tomar su chocolate caliente?.

Espero que no se hayan aburrido y que la hayan disfrutado.