Work Text:
La noche había caído suavemente sobre el vecindario, mientras el murmullo lejano de voces y risas se iba desvaneciendo a medida que los últimos invitados de la fiesta de los Hopps comenzaban a regresar a casa. Afuera, cerca de la puerta, Judy y Nick estaban juntos, mientras que, a unos pasos de distancia, la familia de Gary conversaba entre sí bajo la tenue luz de los faroles.
Gary se volvió hacia ellos, con una expresión tranquila y esos grandes ojos llenos de sinceridad.
-Sé que lo he dicho mucho hoy, pero gracias. De verdad han hecho una diferencia en nuestras vidas... en la de mi familia y en la de todos los reptiles -dijo con suavidad, mirando primero a Judy y luego a Nick-. Los dos.
Nick se sintió halagado al escuchar eso. En realidad, no creía haber hecho tanto en el caso -había estado más concentrado en mantener a Judy con vida que en cualquier otra cosa-, pero aun así esbozó una leve sonrisa cuando ella respondió, con un tono cálido pero humilde:
-Es parte de nuestro trabajo. En el ZPD, ayudamos a los demás.
-Incluso si en su momento nos consideraban criminales -añadió Nick con una risa baja, sacándole una sonrisa a ella.
-Sí... no entiendo cómo pudieron confundirlos tan fácilmente. Ustedes tienen un buen corazón... especialmente tú, Nick Wilde.
Gary lo miró de una manera extrañamente calmante, casi hipnótica, pero aún completamente inocente.
-Tu deseo de proteger a tu compañera por encima de todo, incluso de tu propia seguridad, es admirable. De verdad tienes un buen corazón.
Las orejas de Nick bajaron un poco ante eso, y su sonrisa se volvió más sincera. No terminaba de creerse esa parte de tener un buen corazón... sobre todo cuando, durante todo el tiempo, lo único que quería era largarse. Pero cuando se trataba de la seguridad de ella, no lo pensaba dos veces.
-Creo que me estás dando más crédito del que merezco, amigo... pero supongo que tienes razón -respondió Nick.
-Él tiene razón -lo corrigió Judy con suavidad.
Nick giró la cabeza hacia ella, con curiosidad reflejada en el rostro.
-Tienes un buen corazón, Nick -continuó, bajando un poco la voz-. Solo tienes que quitar un poco de polvo... y escarbar un poquito para verlo.
Eso casi lo desarmó. Por alguna razón, las palabras de ella siempre le llegaban directo al corazón. Y por un instante, sus ojos amenazaron con delatarlo, pero como reflejo automático, trató de disimularlo con un comentario.
-¿Ah, sí? Supongo que tú ya lo hiciste, considerando que fuiste tú la que dijo que yo sería buen policía.
-Tal vez -respondió ella-. Y no fue una mala idea. Eres un muy buen policía. Yo no podría hacer nada sin ti como mi compañero.
-Sabes que eso no es cierto, Zanahorías. Eres brillante. Resolviste casi todo el caso por tu cuenta.
-Pero me meto en problemas con facilidad y, a veces, pongo en riesgo tanto la evidencia como a mí misma -admitió con humildad.
Las orejas de Judy se inclinaron un poco hacia abajo mientras apoyaba una mano en su hombro; sus ojos violetas se veían aún más grandes y suaves.
-Y soy bastante ingenua en muchas cosas de la ciudad... por eso te necesito. De alguna forma, tú me complementas perfectamente. Como si fueras mi otra mitad.
¿Su... otra mitad?
Nick se preguntó a qué se refería, aunque asumió que hablaba como compañeros. O... ¿quería decir algo más?
Sea como fuera, eso hizo que su corazón se agitara y que su cola se moviera suavemente detrás de él.
-Y tú eres la mía -respondió, formándose una sonrisa suave en su rostro, con sinceridad en cada palabra-. Por eso somos un equipo, ¿no? Solo puede haber un Wilde si hay una Hopps...
-Y una Hopps si hay un Wilde -completó ella, apretando ligeramente su brazo.
Las bromas habían quedado atrás hacía rato -algo que había estado pasando más desde que abrieron sus corazones por primera vez días atrás-, y ahora solo quedaba sinceridad entre ellos.
-Aww... ustedes dos hacen una muy buena dúo -intervino Gary de repente.
Tanto Judy como Nick se sobresaltaron un poco. Ups. Se habían olvidado por completo de que él seguía ahí... y, bueno... eso era algo vergonzoso. Aunque claro, ninguno iba a admitirlo en voz alta.
-De verdad pertenecen juntos -añadió.
-Bueno... eres el primero en decirlo -murmuró Nick, con un leve rubor oculto bajo el pelaje. Sus palabras podían prestarse a otra interpretación... pero Judy no pareció darse cuenta.
-Y no serás el último, ya lo verás -respondió ella con naturalidad, apoyando suavemente la cabeza en su brazo.
Nick se quedó rígido por un segundo ante el gesto... pero no se apartó. Solo asintió, intentando mantener la calma.
-¡Gary, tenemos que irnos! -lo llamó su padre desde atrás.
-¡Sí! ¡Ya voy! -respondió Gary, antes de volverse hacia ellos-. ¿Permiso para un abrazo de despedida?
Era enternecedor cómo lo pedía. Sabía de lo que era capaz -de cómo las serpientes podían lastimar sin querer- y quería asegurarse de que ellos se sintieran seguros. De verdad era un buen chico.
-¡Claro! ¿Por qué no? -dijo Judy con alegría.
Tomó la pata de Nick, con las orejas erguidas, como lista para arrastrarlo con ella... pero entonces se detuvo. Sus orejas bajaron un poco mientras lo miraba, algo dudosa.
-... ¿Verdad?
Nick parpadeó.
¿Le estaba... pidiendo permiso?
La misma conejita que normalmente lo arrastraba a todos lados sin pensarlo dos veces... ahora estaba esperando su respuesta.
Oh, mamíferos...
Su corazón solo podía soportar tanta amabilidad en un día -tanta consideración de su parte-, pero bueno... un poco más no iba a hacer daño.
La miró por un instante, y por un segundo casi le pareció ver estrellas reflejadas en sus ojos. Luego recordó que ella seguía esperando su respuesta y decidió aceptar. Si ella estaba tranquila con que una serpiente la abrazara, no debía ser tan malo, ¿verdad?
-Permiso concedido -dijo, asintiendo hacia Gary y luego mirando de reojo a Judy, sintiendo cómo ella se relajaba un poco contra su brazo.
Solo esperaba que sus ojos reflejaran lo mucho que ese pequeño gesto -que ella le pidiera permiso- había significado para él.
Judy sonrió, sus orejas se levantaron de nuevo mientras se preparaba para el abrazo, y Nick hizo lo mismo. Gary les devolvió una sonrisa cálida antes de envolverlos a ambos en lo que fácilmente fue el abrazo más extraño que Nick había experimentado -aunque, siendo justos, no tenía muchos con qué compararlo.
El abrazo fue... curiosamente reconfortante. Como si estuviera envuelto en una manta con vida propia. El pensamiento le sacó una pequeña risa y, como si Judy le hubiera leído la mente, ella también soltó una risa suave. El sonido de su risa volvió a llenar su pecho con esa sensación cálida y tranquila. Supuso que era por el abrazo.
Pero justo cuando Nick estaba a punto de cerrar los ojos y disfrutarlo, sintió cómo el cuerpo de Judy se acercaba más al suyo. Abrió los ojos, sorprendido de verla tan, tan cerca de lo que había imaginado. Y justo cuando iba a decir algo, no pudo, porque sus narices rozaron suavemente.
Nick tragó saliva, nervioso. Todo su cuerpo se tensó. No supo cómo reaccionar, más que abrir los ojos de par en par... y Judy estaba igual.
El primer impulso de Judy fue separarlos, apoyando las manos en los hombros de Nick para poner un poco de distancia entre ellos... pero eso solo hizo que el largo cuerpo de Gary se tensara ligeramente. Y, en menos de un segundo, sus labios se encontraron en un beso.
Un beso real, suave, de verdad.
El cerebro de Nick dejó de funcionar por completo, incapaz de procesar nada más allá de la sensación. Los ojos de Judy estaban abiertos de par en par, llenos de sorpresa, mientras que los de él comenzaron a cerrarse poco a poco, casi de forma natural... como si su cuerpo ya supiera cómo responderle a ella, entre todos los mamíferos.
Y en el fondo de su corazón, debajo de todo ese polvo y sarcasmo, sabía por qué.
-¡Oh-! ¡Ups! -exclamó Gary, soltándolos de inmediato, pero ya era demasiado tarde... porque al parecer tenían público.
La familia de Gary los miraba, atónita. Algunos oficiales que aún estaban cerca parpadearon sorprendidos; unos cuantos incluso habían sacado sus teléfonos... y varios de los hermanos de Judy también estaban ahí.
Y, caramba... ¿le estaba fallando la vista nocturna o esos eran los padres de Judy tapándose la boca?
Bueno... su madre sí. Porque su padre acababa de desmayarse ahí mismo. Y, sinceramente, Nick no podía culparlo. Probablemente él también lo habría hecho... si no estuviera demasiado ocupado tratando de entender por qué, en el fondo, lo había disfrutado.
Ver a toda esa gente fue lo que finalmente lo hizo reaccionar. En cuanto Gary los soltó, Nick dio un paso atrás. Miró a Judy, listo para soltar algún chiste malo... pero se detuvo en seco al ver su expresión.
Estaba completamente roja y nerviosa, cubriéndose la boca. Sus orejas habían caído y no decía ni una palabra... y esa imagen, por alguna razón, le dolió en el pecho.
-De verdad lo siento, chicos, ¡no quise hacer eso! -se disculpó Gary, visiblemente apenado.
Nick soltó una risa incómoda, rascándose la nuca.
-N-no es gran cosa, amigo. No te preocupes -dijo, tropezando un poco con las palabras mientras intentaba recomponerse. Ya tendría tiempo de entrar en pánico después... a solas. No ahí. No frente a todos, solo por un beso, como si fuera un adolescente.
Un beso... con la persona que más le importaba.
La misma a la que, hace un rato, le había dicho que quería como compañera... y-
Oh.
Oh...
La amaba.
No era solo un gusto o una simple atracción; de verdad la amaba.
¿Si no, por qué estaría dispuesto a lanzarse al vacío si eso significaba salvarla?
¿Si no, por qué estar así de cerca hacía que todo pareciera encajar?
Nick siempre la había considerado parte de su manada... y, muy en el fondo, sus instintos más primitivos probablemente ya la habían elegido como su compañera de vida y-
Sí. Definitivamente la amo.
La amaba con locura... ¿cómo no se había dado cuenta antes?
Pero, otra vez, ese no era el momento de entrar en pánico. Así que respiró hondo y le sonrió a su compañera -y probablemente al amor de su vida-, esperando que ella lo ayudara a convencer a Gary de que eso no cambiaba nada. Aunque fuera la mentira más grande que había dicho en toda su vida.
-¿Verdad, Judy? -dijo, usando su nombre para aterrizarla... y para aterrizarse él también.
Pero, en lugar de seguirle la corriente, ella murmuró en voz baja:
-...pri...
La sonrisa de Nick se desvaneció, reemplazada por una expresión de confusión.
-¿Qué?
-El primero -repitió, bajando los brazos y mirándolo por fin a los ojos-. Ese... ese fue mi primer beso, Nick.
-Oh.
Eso fue todo lo que pudo decir.
Su corazón empezó a latir con fuerza otra vez, a un ritmo nada normal, y tuvo que controlar cada músculo de su cuerpo-especialmente su cola- para no mostrar lo feliz que eso lo hacía.
Primero, porque ella era su amiga y su compañera, y claramente estaba en shock.
Segundo, porque tal vez ella había guardado ese momento para alguien más.
Y tercero, porque todavía había gente mirando.
-Oh... ¿en serio? -preguntó Gary con curiosidad.
Judy asintió, extrañamente callada.
-Vaya... lo siento mucho. Seguro estabas esperando el momento adecuado.
-¿Cómo?
Nick parpadeó.
¿Gary... los estaba confundiendo con una pareja de enamorados?
Oh, esto se volvió el triple incómodo.
-Creo que estás entendiendo mal... nosotros, eh...
-No estamos molestos contigo ni nada -intervino Judy rápidamente, reaccionando al fin y ayudándolo-. Solo fue... inesperado. Pero no estuvo tan mal... creo... -rió con nerviosismo, mirándolo de reojo-. ¿Ve-verdad, Nick?
Tomó su mano para reforzar lo que decía (¿pero qué estaba intentando demostrar?), y el cerebro de Nick casi se desconecta otra vez, aunque logró responder:
-¡Exacto! Ningún problema por aquí.
Ambos sonrieron -quizá un poco forzado-, pero Gary pareció relajarse.
-Me alegra oír eso. De verdad espero que esto no cambie nada. Hacen una pareja muy bonita, y no me gustaría arruinar eso.
Pareja.
Las orejas de Judy se movieron ligeramente, y sus ojos se abrieron más al darse cuenta de que él estaba hablando de una relación romántica. Pero antes de que cualquiera de los dos pudiera negarlo, la familia de Gary volvió a llamarlo. Esta vez se despidió y se fue, sin tener idea del caos emocional que acababa de dejar atrás (y no por primera vez desde que lo conocían).
-Creo que... él quizá... ehm... -empezó Judy, mirándolo con cierta duda. Sus ojos tenían un leve brillo de inseguridad, y a Nick no le gustó nada verla así-. ...Puede que esté pensando que somos...
-¿Un impresionante dúo policial con química explosiva? -bromeó él con ligereza. Pero al notar que ella no se relajaba, dejó el tono juguetón-. Sí... probablemente. Pero no importa mientras nosotros sepamos la verdad, ¿no?
Miró por encima del hombro, lanzando una clara señal de "se acabó el show, váyanse" a todos los que seguían observando. Finalmente, la gente empezó a dispersarse.
Con menos miradas encima, Judy pareció relajarse un poco más.
-Sí, supongo.
Entonces llevó una mano a sus orejas y las acarició, un gesto nervioso que Nick no le había visto antes. Era adorable, pero jamás lo diría en voz alta. Seguramente le daría un golpe en el estómago si siquiera lo insinuaba.
Aun así, ella bajó la mirada. Y eso le molestó.
Podía ser... no, no podía; eran amigos.
Pero aun así...
-¿Y no te gusta la idea? -soltó, antes de poder detenerse.
-¿Eh? -sus ojos se abrieron otra vez.
-Quiero decir... somos amigos. Eso está claro. Me refería al beso -dudó, pero, aunque la sola idea le incomodaba, decidió ser sincero-. ¿Te... desagradó?
-¿¡Besarte!? -respondió de inmediato, levantando las orejas, casi ofendida-. ¡Claro que no! Si acaso, me alegra que haya sido contigo, alguien que me importa más que nadie. Mi mejor amigo, mi compañero, mi todo y...
Se quedó en silencio de golpe, dándose cuenta de lo que acababa de decir.
Nick también lo hizo, y su corazón empezó a golpearle el pecho como si quisiera salir volando. Pero no insistió; solo asintió levemente, dejándole espacio para continuar.
Las orejas de Judy volvieron a bajar.
-Es solo que... me tomó por sorpresa -continuó, con la voz más suave-. Y había gente mirando. No es que me importe, pero... ya sabes. Habría sido bonito que fuera solo entre nosotros. Para una primera vez.
Tragó saliva.
-Si e-ese hubiera sido el caso, claro -añadió rápidamente.
El cerebro de Nick trabajó a toda velocidad, intentando encontrar una forma de interpretar eso de manera completamente platónica para guardarlo en su memoria, pero parecía casi imposible.
-¡Judy! ¡Mamá dice que dejes de besuquearte con tu novio y vengas a ayudar! -gritó uno de sus hermanitos desde atrás.
Nick no sabía si agradecer la interrupción... o sentirse aún más avergonzado de que la gente siguiera mirándolos-y asumiendo cosas. (¿Había algo que asumir?)
-Yo no dije eso -aclaró Bonnie desde la entrada.
-Bueno, ¡él también puede ayudar! -añadió el conejito.
-Anda, ya entra de una vez -dijo Bonnie, saliendo de la casa para acercarse a ellos, visiblemente apenada. El pequeño obedeció y se metió corriendo-. Lo siento mucho, ya sabes cómo son los niños.
-No hay problema, señora -respondió Nick casi por reflejo.
-Está bien, mamá. Te ayudaremos a... -empezó Judy, pero Bonnie levantó una pata para detenerla.
-Oh, no. Ustedes deben estar agotados. ¿Por qué no le muestras a Nick el cuarto de invitados? Es pequeño, pero me aseguré de que sea cómodo.
Nick sintió el pecho apretarse otra vez. Demasiada amabilidad para una sola noche.
-Gracias. Es un gesto muy considerado.
-¡Nada de eso! -intervino Stu, apareciendo de repente-. Es lo mínimo. Y mereces aún más, hijo, por cuidar de nuestra hija.
-¡Papá! -protestó Judy, avergonzada.
Nick no entendía del todo la amabilidad del conejo. ¿No se había desmayado hace unos minutos al verlo besar a su hija?
Bueno... también habían estado siendo abrazados por una serpiente, y eso pudo haberle dado un buen susto. Así que decidió no pensar demasiado en el verdadero motivo.
-Stu, por favor. Nuestra hija es perfectamente capaz de cuidarse sola -reprochó Bonnie.
-Eso es cierto -dijo Nick con una sonrisa suave, decidiendo aceptar la hospitalidad de los padres de Judy.
Además, estaba de acuerdo con Bonnie; Judy era capaz de enfrentarse a animales tres veces más grandes que ella. Solo necesitaba detenerse un poco más a evaluar las situaciones antes de lanzarse de lleno al peligro.
-Sí, lo es, pero nunca está de más tener a alguien que te cuide -añadió Stu.
-Eso... -dijo Judy en voz baja, sorprendiendo a todos- es algo con lo que estoy de acuerdo.
Nick la miró, y por un momento, su expresión se suavizó de una forma que ni siquiera intentó ocultar. Y si sus padres lo notaban, realmente no le importaba.
Hablaron un poco más con ellos y se dieron las buenas noches. Luego Judy lo guió hasta la habitación de invitados.
-Y aquí estamos -dijo Judy, abriendo la puerta-. Sé que no es gran cosa, pero es el cuarto más grande que tenemos en la casa, y esperamos que sea lo suficientemente cómodo para ti.
Nick miró a su alrededor, notando cómo todo había sido arreglado con cuidado. Tres camas juntas formando una sola, cubiertas con colchones y suficientes mantas como para todo un ejército de conejos. No era solo práctico, era un detalle hecho con consideración, y por eso una cálida sensación volvió a crecer en su pecho. No esperaba que lo aceptaran de esa manera.
Se acercó y probó la cama, dejándose caer con un pequeño rebote. Se le escapó un suspiro y, por un momento, pensó que podría quedarse ahí para siempre. Definitivamente era mejor que su viejo sofá.
-¿Estás cómodo?
-Más que eso. Creo que podría acostumbrarme a esto, Zanahoria. Es tan suave, como... -tú, estuvo a punto de decir, pero se detuvo a tiempo- ...como una nube.
-¿Alguna vez has dormido en una nube para saberlo? -rió Judy, acercándose.
-No, pero estoy bastante seguro de que se siente así.
-Si tú lo dices -sonrió ella.
Él notó que sus orejas habían vuelto a bajar. Y, por supuesto, se preocupó.
Tal vez sí estaba incómoda, o molesta por lo que paso. Solo que no quería hacer una escena delante de todos antes.
-¿Pasa algo? -preguntó con suavidad.
-No realmente -respondió, aunque su voz no sonaba del todo convincente-. Solo estoy un poco confundida, supongo. Pero... -miró a otro lado y negó con la cabeza-. No es nada serio, lo prometo.
Él dudó un momento... y decidió arriesgarse.
-¿Es por el... beso?
Judy abrió la boca, la cerró, y luego la volvió a abrir.
-Algo así... sí.
-¿Es... bueno o malo? -preguntó, acomodándose para sentarse, con el cuerpo un poco más tenso. Porque, ¿y si no le había gustado en absoluto? Claro, podían seguir siendo amigos, pero algo más que eso quizás sería pedir demasiado. Y tal vez, era mejor detener ese sentimiento antes de que creciera más. Cortarlo de raíz.
-Ninguna de las dos cosas.
Él arqueó una ceja.
-Lo digo en serio -añadió ella rápido. Sus ojos empezaban a brillar, y de alguna manera eso hizo que los de él también amenazaran con hacerlo-. Es solo que... han pasado muchas cosas estos días, y yo... -tragó saliva-. Estoy nerviosa porque no quiero que esto cambie nada entre nosotros. Eres muy importante para mí, Nick. Y me destrozaría que esto causara algún malentendido entre nosotros.
Él soltó el aire que ni siquiera sabía que estaba conteniendo.
-Entonces... ¿lo dices en serio? Lo que dijiste antes, sobre no sentir desagrado...
-Claro que sí. ¿Por qué no lo sería? -respondió, acercándose más y colocando sus manos sobre sus hombros-. Eres el mamífero más importante para mí, y no cambiaría eso por un beso, torpe zorro.
Con eso bastó.
Por fin se relajó, sintiendo cómo un peso invisible se desprendía de sus hombros. Aunque ella no lo sintiera de la manera en que él deseaba... aun así significaba más que cualquier otra cosa. Nadie antes se había preocupado por él de esa forma.
-Me alegra oír eso -respondió en voz baja.
No añadió que para él sí había cambiado algo. Todavía no. Primero quería acostumbrarse a esa verdad que apenas comenzaba a aceptar: que la amaba. Si eso tenía algo de sentido.
-Bien -suspiró ella, manteniendo sus manos sobre él-. ¿Es... igual para ti?
Él sonrió con picardía, refugiándose en su tono ligero de siempre.
-Claro. Vas a necesitar más de un beso para deshacerte de este apuesto zorro, Zanahoria -guiñó un ojo, y funcionó.
Ella soltó una risita, limpiándose las lágrimas, pero su expresión cambió levemente. Algo pareció encenderse en su mirada, y sus orejas se levantaron otra vez con el entusiasmo que siempre tenía cuando se le ocurría una idea algo loca.
-¿Qué pasa? -preguntó él, curioso.
-Entonces... ¿me estás diciendo que necesito más besos para librarme de ti? -dijo despacio-. ¿Cuántos exactamente?
Parpadeó, desconcertado, y no pudo hacer más que encogerse de hombros.
-No sé. Los suficientes, supongo.
-Entonces, si te doy uno más, ¿no es suficiente aún?
-Supongo que no... espera, ¿qué quieres decir con-?
No terminó la frase.
Porque de pronto, ella sostuvo suavemente su hocico entre sus patas y dejó un beso breve sobre él-rápido, tímido, pero lleno de intención. Tan fugaz que apenas pudo procesarlo, salvo por el calor que dejó.
Nick la miró, con algo cercano a la admiración brillando en sus ojos, y llevó su pata al lugar donde ella lo había besado.
-Zanahoria... eso es...
-¿Suficiente? -bromeó, aunque su voz aún temblaba un poco.
Él sonrió, y su cola lo traicionó al moverse detrás de él. Judy lo notó, y sonrió más.
Entonces la expresión de él cambió. Algo más profundo se asomó bajo su encanto habitual.
-Siento romper tu ilusión, tesoro -dijo en voz baja-, pero tendrás que esforzarte un poco más.
¿Qué era ese sonido? ¿Su corazón golpeando en su pecho? ¿El de ella? Fuera como fuera, ambos estaban atrapados en ese momento-con los sentimientos expuestos, sin poder ocultarse.
-Mmm... puedo seguir intentando -respondió ella.
La luz de la luna se filtró suavemente por la ventana, y la brisa nocturna los envolvió, provocando un leve escalofrío-no solo por el frío, sino por lo que estaba a punto de ocurrir.
Judy dio un paso más cerca.
Nick se inclinó lo justo para encontrarla a medio camino, sin apartar la mirada de sus ojos. Sus narices se rozaron otra vez, más despacio, casi con curiosidad. Permanecieron así un instante, compartiendo el aire, la cercanía... reconociéndose.
Y entonces, sin prisas, sin miedo, se besaron de nuevo.
Esta vez no fue un accidente. No hubo dudas.
Fue perfecto.
Todo se sintió tan correcto que el corazón de Nick finalmente cedió. Una lágrima escapó de su ojo, luego otra, y no intentó detenerlas. No podía.
Porque en ese momento entendió algo que nunca se había permitido creer: no solo había encontrado una amiga en ella... sino a su compañera de vida. Y la certeza de que ya no estaría solo jamás lo llenó de una alegría tan profunda que no quiso ocultarla.
¿Para qué esconderse de ella, si había sido precisamente ella quien sacó lo mejor de él?
Toda su vida, al mirarse en el espejo, solo había visto un error. Alguien descartado. Alguien al que el mundo había decidido no darle una oportunidad. Pero Judy... incluso cuando se equivocó al principio, eligió mirar más allá. Eligió creer. Eligió cuidar. Y ahora, ninguna palabra parecía suficiente para expresar lo que eso significaba.
Cuando se separaron, sintió la pata de Judy limpiando suavemente sus lágrimas.
Y cuando por fin se atrevió a mirarla... lo vio. Vio sus propios sentimientos reflejados en los iris violeta de ella.
-Nick... -susurró ella con ternura, limpiando la última lágrima.
Él asintió apenas, haciéndole saber que la escuchaba. No confiaba en su voz en ese momento.
-Yo también te amo, compañero.
No había duda alguna en sus palabras. Y antes de que él pudiera reaccionar, ella se inclinó y le dio otro beso suave.
Eso bastó.
Las lágrimas regresaron, más fuertes esta vez, como una corriente que ya no podía contener. Judy no dudó. Saltó a la cama y se acomodó frente a él, permitiéndole rodearla con los brazos. Nick enterró el rostro contra ella, aferrándose con una sinceridad que no dejaba espacio para máscaras.
Si en medio de ese abrazo murmuró cosas como "Te amo tanto..." o "¿Qué hice para merecerte?"... bueno, esas palabras quedaron entre ellos dos.
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-¿Deberíamos decirles que dejaron la puerta abierta? -susurró uno de los muchos hermanos pequeños de Judy.
-Nah... ya se darán cuenta -respondió una de sus hermanas, encogiéndose de hombros.
-¿Qué están haciendo ustedes dos ahí a esta hora? ¡Deberían estar en la cama! -intervino la voz de Bonnie, firme pero sin dureza.
Los pequeños dieron un salto y salieron corriendo sin mirar atrás.
Bonnie, sin embargo, se quedó.
Se acercó un poco más y echó un vistazo al interior. Su expresión se suavizó al instante. Ese zorro... no, Nick, se corrigió, sostenía a Judy como si fuera algo invaluable. Como si temiera perderla.
Por lo que Judy le había contado, Bonnie sabía que él no hablaba mucho de su pasado. Pero bastaba con ver cómo se había comportado antes-con ese respeto casi cuidadoso, como si temiera que cualquier paso en falso lo hiciera perderlo todo-para entenderlo. No hacía falta ser policía para verlo.
Había estado solo.
Muy solo... al menos hasta que conoció a su hija.
Y sí, aún le sorprendía lo cercanos que se habían vuelto. Pero no iba a interponerse. Ambos habían pasado por más de lo que muchos soportan, y, siendo sincera... no le sorprendería que, antes de regresar a la ciudad, Judy anunciara que eran algo más que compañeros.
O quizás se tomarían su tiempo.
Y eso también estaría bien.
Porque las cosas importantes, las que valen la pena, no se apresuran.
De cualquier modo, no interferiría. Ni ella ni su esposo. Él se había alterado un poco al principio-entre el beso y... aquel incidente con la serpiente-pero después de hablarlo, también lo había visto claro: Nick se preocupaba por Judy. De verdad.
Y eso bastaba para darle una oportunidad.
Después de todo, ambos habían trabajado sin descanso para proteger a otros. Merecían un lugar donde descansar, un lugar que se sintiera como hogar, no como otro campo de batalla.
Y si ese lugar era la casa de los Hopps, entonces que así sea.
Con esa determinación en el corazón, Bonnie cerró la puerta con suavidad, regalándoles la privacidad que necesitaban, decidió que volvería en unos diez minutos.
Ya habían cenado... pero unas cuantas galletas nunca le hacen daño a nadie, ¿verdad?
