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Red really does suit you [ESP]

Summary:

—Rudo… —la voz de Zanka era tensa—. ¿De verdad leíste el volante? ¿Sabes lo que quieren decir con "pareja", verdad?

Rudo instantáneamente lo fulminó con la mirada, poniéndose visiblemente ofendido.

—¡¡No soy estúpido!! ¡Claro que sé que significa dos personas!

Zanka estaba haciendo un esfuerzo extraordinario por mantener la calma y no gritar.

Notes:

Otro trabajo antiguo, pero en español

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: El incidente en el puesto de postres

Chapter Text

 

 

 

 

Era uno de esos raros días de pereza: sin peticiones, sin obligaciones urgentes. Un día perfecto para que Zanka perfeccionara sus habilidades, tal vez incluso para probar ese nuevo salteado de su restaurante favorito. Ya se dirigía a la sala de entrenamiento cuando un golpe en la puerta destruyó la ilusión de paz.

Y así, de repente, su día perfecto se había terminado.

Abrió la puerta y se encontró con Riyo al otro lado, con su característica sonrisa pícara en su lugar.

—Ya estás vestido, veo.

Zanka exhaló lentamente, manteniendo la voz calmada a pesar del leve destello de irritación que se asomaba. —¿En qué puedo ayudarte?

—El equipo va al pueblo. ¿Quieres venir?

No. No quería.

—Preferiría quedarme, por si acaso aparece algo.

Riyo alzó una ceja con complicidad, atravesando su excusa como si la tuviera escrita en la frente. —Te lo pierdes —se encogió de hombros—. Enjin por fin decidió ser amable y dijo que la comida corría por su cuenta.

 

*

*

*

 

Terminaron comiendo en un restaurante de ramen. La comida era mejor de lo que Zanka esperaba y mentiría si dijera que no lo pasó bien con los demás.

Riyo y Tome charlaban animadamente con Eisha; August estaba en medio de un elaborado número de monólogo cómico que hacía reír mucho a Enjin y a Gris. Y luego estaban Follo y Rudo.

El pelinegro compartía algunas de sus experiencias como soporte con el chico más joven, quien lo escuchaba atentamente, asintiendo y haciendo preguntas de vez en cuando. Rudo estaba actuando como una persona normal por una vez: sin ceños fruncidos, sin sonrisas escalofriantes, solo ojos muy abiertos llenos de asombro ante lo que Follo decía.

Zanka apretó la mandíbula y su agarre sobre los palillos se tensó. ¿Así que eso es todo lo que hacía falta? ¿Unas pocas palabras de otro, y de repente Rudo podía ser atento, educado e incluso estar ansioso por aprender?

Cuando conoció al mocoso, Rudo no había sido más que un problema: terco, poco colaborador, solo preocupado por alcanzar el objetivo que tuviera en mente. Y ahora, ahí estaba, tan amigable con Follo, pendiente de cada palabra como un aprendiz entusiasta.

Crac.

Zanka parpadeó y miró hacia abajo, había roto sus palillos.

Demonios.

 

*

*

*

 

Después de que todos terminaron de comer, pagaron y se dividieron en grupos más pequeños. Zanka terminó con Riyo y las otras chicas, deambulando por diferentes puestos del mercado. Estaban mirando horquillas y accesorios cuando algo llamó la atención de Zanka.

Una mata de cabello blanco que pasó a toda velocidad.

Inmediatamente supo quién era. Curioso, dio un paso adelante para ver qué era todo ese alboroto, solo para que una mano enguantada agarrara repentinamente su muñeca. Zanka apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de ser arrastrado hacia adelante, obligado a correr a toda velocidad calle abajo.

—¡¿Qué carajo estás haciendo?! —ladró, mirando hacia Rudo, que lo arrastraba entre la multitud. La gente apenas tenía tiempo de esquivarlos mientras pasaban veloces.

—¡Solo ven conmigo un segundo! —El tono apresurado de Rudo hizo que Zanka se preguntara si se trataba de una emergencia.

—¿Están todos bien? ¿No estabas con Gris y Follo? —preguntó, tratando de entender la situación y elaborar un plan.

—¡Están bien! ¡Solo apúrate! —Rudo no dio una mejor respuesta.

Hablando de comportamientos extraños...

Si no era una emergencia, entonces ¿por qué...?

—¡Aquí!

Rudo patinó hasta detenerse tan bruscamente que Zanka casi pierde el equilibrio. Parpadeando, el chico de ojos azules miró a su alrededor y se dio cuenta de que estaban frente a un puesto de postres, uno muy popular, a juzgar por la larga fila de clientes.

Frunció el ceño. —¿...Qué?

Antes de que pudiera pedir una explicación, Rudo le metió un volante arrugado en las manos. Su expresión era casi salvaje, como si lo que estuviera escrito allí fuera cuestión de vida o muerte.

Zanka miró el papel.

Era un anuncio.

Una promoción de un helado de edición limitada, 50% de descuento —si venías con tu pareja.

Pareja.

Zanka parpadeó. Una vez. Dos veces. Tres veces.

Luego miró hacia la fila de clientes. La mayoría iban de la mano, estaban demasiado cerca, o intercambiaban sonrisas coquetas.

Ni. Muerto.

—Rudo… —la voz de Zanka era tensa—. ¿De verdad leíste el volante? ¿Sabes lo que quieren decir con "pareja", verdad?

Rudo instantáneamente lo fulminó con la mirada, poniéndose visiblemente ofendido.

—¡¡No soy estúpido!! ¡Claro que sé que significa dos personas!

Zanka estaba haciendo un esfuerzo extraordinario por mantener la calma y no gritar.

No tenía sentido explicarlo. Si el mocoso era tan denso, ninguna cantidad de palabras marcaría la diferencia. En lugar de eso, Zanka decidió ir al meollo del asunto.

—¿Por qué no le pediste a Gris o... a Follo que vinieran contigo?

Rudo se tensó. Su mirada se desvió hacia un lado, de repente muy interesado en el suelo.

—Yo—yo… vi otro puesto de dulces y… los perdí —murmuró—. Luego vi este y… los estaba buscando cuando te encontré a ti.

—O sea… arrastraste a la primera persona que viste.

—…Sí.

Zanka soltó un suspiro. La fila avanzaba rápido. Antes de que siquiera pudiera pensar en un plan de escape, llegaron al mostrador.

Rudo golpeó el volante sobre el mostrador con cero vacilación.

La empleada —una mujer joven— parpadeó, mirando el papel y luego a ellos.

—Lo siento, esta promoción es solo para parejas —dijo cortésmente.

—¡Somos dos! —declaró Rudo, señalándose a sí mismo y luego a Zanka.

La mujer dudó. —Eso no es… lo que significa la promoción…

—¿¡Cómo puede una pareja no significar dos personas!?

Esto se estaba yendo de las manos.

La gente comenzaba a mirar. La pobre chica del mostrador se veía cada vez más incómoda, y Rudo —siendo Rudo— no parecía notarlo. A este paso iba a armar un escándalo aún mayor, y Zanka no quería lidiar con las consecuencias. Tenía que hacer algo y hacerlo ya. Así que tomó una respiración profunda y se preparó para la única solución que se le ocurrió.

—Oye, Rudo.

Puso una mano en el hombro del chico de cabello blanco.

Rudo se giró hacia él, probablemente listo para gritar, discutir o decir alguna estupidez, así que Zanka aprovechó su oportunidad.

Con la mano libre, sostuvo la mandíbula de Rudo, y antes de que el mocoso pudiera reaccionar—

Lo besó en la frente.

Rudo se quedó congelado. Todo su cuerpo se bloqueó, ni un solo sonido salió de su boca.

Aprovechando al máximo el silencio, Zanka volvió a mirar al mostrador.

—Por favor, disculpe a mi novio —dijo con suavidad—. Ha sido un día largo y ya está agotado.

Mientras hablaba, deslizó sus manos desde los hombros de Rudo, recorriendo sus brazos hasta llegar a sus codos. Luego, en un solo movimiento fluido, atrajo al chico más bajo hacia un abrazo.

Rudo no se movió.

No lo apartó.

No dijo una sola palabra.

Volviéndose hacia la cajera, Zanka le dedicó su sonrisa más encantadora.

—¿Podríamos pedir el especial de parejas, por favor?

 

*

*

*

 

Ambos chicos estaban sentados en un banco improvisado junto a la avenida principal, donde estaban instalados la mayoría de los puestos.

Rudo casi había terminado su helado —sin sorpresas allí. Mientras tanto, el propio cono de Zanka permanecía intacto mientras observaba cómo el peliblanco lo devoraba en dos mordiscos.

—Toma. —Zanka le tendió su cono intacto.

Rudo lo miró como si hubiera perdido la maldita cabeza. —¿No lo quieres?

—Tú fuiste quien me arrastró hasta aquí para esto, ¿recuerdas? —respondió Zanka, exasperado.

Rudo dudó un segundo antes de arrebatar el cono y devorarlo como si no hubiera un mañana.

Zanka observó, completamente desconcertado. ¿Cómo demonios come helado tan rápido sin que le duela el cerebro?

Cuando Rudo terminó, un silencio incómodo se instaló entre ellos.

El chico más bajo jugueteó con el dobladillo de su camiseta, claramente queriendo decir algo pero luchando por encontrar las palabras.

—Si tienes algo que decir, dilo —dijo Zanka, observándolo.

Rudo se tensó. —Allí atrás… en el puesto… nosotros… t-tú… tú…

Sus hombros estaban tensos, su rostro mortificado. Zanka podría haberse apiadado de él —dicho que simplemente olvidara todo el asunto— si no fuera por un pequeño detalle.

La cara del mocoso estaba roja como el hierro al rojo vivo. Otra vez.

Sí, otra vez.

Verán, allá en el puesto de postres, Zanka había tomado el control de la situación fingiendo una relación con el adicto al azúcar de ojos rojos. Después de una actuación así —besarlo en la frente, atraerlo hacia un abrazo— no había manera de que Rudo no captara la indirecta.

Lo que significaba que solo había dos resultados posibles: 1) El mocoso seguiría la corriente de la actuación (muy improbable), 2) Se callaría y dejaría que Zanka los sacara de ese lío.

Obviamente, había sido la segunda opción.

Rudo no había dicho ni una palabra después del beso en la frente, solo se quedó allí, con la cabeza gacha, el flequillo ocultando su rostro. Extraño, claro —pero Rudo no era exactamente normal para empezar.

Luego, cuando la chica del mostrador regresó con sus helados, Zanka finalmente lo vio.

Ojos muy abiertos, boca apretada formando una línea fina, mejillas rojas como una cereza.

El mocoso estaba sonrojándose de verdad.

Zanka parpadeó, atónito. ¿Esto era… real? Ver a Rudo turbado era como avistar un unicornio: inesperado, raro, y algo fascinante.

—Ejem…

Ambos chicos reaccionaron sobresaltados, girándose hacia la voz suave.

—Lo—lo siento. No quise interrumpir, pero… los otros clientes… —La chica detrás del mostrador parecía a la vez incómoda y apenada.

Cierto. Los clientes.

—Está bien, es nuestra culpa —dijo Zanka con suavidad, forzando una sonrisa educada a pesar de su tormento interior. Luego se giró hacia Rudo—. Vamos.

El chico de cabello blanco lo siguió, moviéndose en un aturdimiento casi robótico.

Y eso los llevó hasta aquí —a este mismo momento— donde Zanka estaba siendo testigo del segundo sonrojo de Rudo en el día.

El chico de ojos azules mentiría si dijera que no le parecía divertido, preguntándose si esto sería de alguna manera similar a encontrar un trébol de cuatro hojas y si debía pedir un deseo o algo así.

Aun así, el mocoso parecía a punto de sufrir un cortocircuito, así que Zanka decidió sacarlo de su sufrimiento.

—No fue nada —dijo con despreocupación—. Una mentira piadosa para conseguirte tu helado. No es para tanto.

Rudo se relajó ligeramente. —Bueno… eh… gracias de todas formas. —Su expresión seguía siendo rígida, pero al menos ya no estaba colorado.

El silencio se extendió entre ellos durante unos diez segundos.

—Vayamos a buscar a los demás —sugirió Zanka, levantándose.

Rudo lo siguió rápidamente.

Caminaron durante unos cinco minutos antes de avistar a su grupo. Zanka se quedó con los hermanos Stilza, apenas escuchando las tonterías de August.

Su atención estaba en otro lugar.

Al otro lado, Rudo estaba charlando con Riyo, quien le mostraba con entusiasmo algunas baratijas de segunda mano que había encontrado en un puesto de antigüedades. La expresión del chico de ojos rojos se iluminó de emoción.

Zanka definitivamente no estaba apretando la mandíbula.