Chapter Text
No veía nada.
Todo estaba oscuro.
No escuchaba nada.
No había sonido alguno; ni un respiro, ni un suspiro.
No sentíamos nada.
Ni siquiera estaba segura de poder sentir su propio cuerpo.
No había... nada .
No sabía ni quién era.
Ni siquiera estaba consciente de cuánto tiempo había estado allí.
Tal vez segundos.
Tal vez horas.
Tal vez...una eternidad.
Y cuando volvió a tener conciencia, el miedo llegó con ella.
Y con el miedo, la ansiedad.
Intentó moverse. O quizás... quería convencerse de que lo había hecho.
No sintió nada.
Ni el movimiento de una mano .
Ni el peso de sus brazos ,
Ni la presencia de sus piernas
Ni el más mínimo roce
Y con ello, volvió el pánico.
¿Tenía un cuerpo siquiera?. No estaba seguro.
Intentó gritar.
Pero nada salió de su boca.
Ni un jadeo.
Ni un sonido.
No escuché nada. Ni siquiera el sonido de su propia respiración.
Y al igual que no sentía nada, no recordaba... nada .
¿Quién era? ¿Qué...era ella?
¿Cómo había llegado ahí? ¿Era real? ¿Un sueño?
Y justo cuando ya había perdido todo acto de realidad, y la desesperación comenzaba a consumirla por completo, la oscuridad se desgarró a su alrededor.
Una explosión de colores vibrantes consumió por completo el vacío, extinguiendo de golpe la abrumadora oscuridad que la envolvía. Su visión se vio atrapada en el destello arrepentido, provocando una punzada de fatiga y una creciente ansiedad ante la imposibilidad de comprender que estaba ocurriendo.
Sentía una brisa atrayente, tratando de llevarla consigo hacía el punto donde el destello vibraba con mayor intensidad.
Quiso resistirse.
Quiero luchar.
Pero todo esfuerzo fue en vano.
Mientras más se acercaba, la ansiedad en su pecho no hizo más que intensificarse.
No tenía control sobre sí misma.
Abrio su boca. La sensación seca.
Su garganta ardía, desgarrada
Como si hubiera estado gritando por horas.
Un ahogado jadeo salió.
Apenas audible.
Y así, la luz vibrante la consumió por completo.
...
"¡Bienvenidos, al Asombroso Circo Digital!"
Y, de pronto, una voz estridente resonó a su alrededor.
Un colorido lugar se extendía frente a ella.
La misma paleta de colores —rojo, amarillo y azul— que momentos antes había amenazado con absorberla por completo se desplegaba ahora en innumerables figuras geométricas de distintos tamaños y texturas.
El brillo era tan intenso que tuvo que entrecerrar los ojos.
Las figuras parecían tener vida propia, ya que se desplazaban de un lado a otro, siguiendo una coreografía perfectamente sincronizada al son de una melodía que sonaba como la típica apertura de una caricatura infantil de bajo presupuesto.
Espera...
¿Dónde estoy?
¿Qué era ese lugar?
La ansiedad volvió a instalarse en su pecho, golpeando con fuerza. Todas las señales de alarma en su cabeza comenzaron a gritarle que debía salir de ahí.
Giró la cabeza de un lado a otro con desesperación, buscando cualquier indicio de una salida.
Nada.
Ni un cartel.
Ni una puerta.
Ni una sola señal que le indique cómo escapar.
Logró dar un paso atrás antes de que las figuras danzantes chocaran con ella.
Debía estar soñando.
Su mirada descendió hasta el suelo bajo sus pies, donde una superficie lisa y brillante se alzaba sobre una base multicolor. Al levantar la vista, se encontró con largas y densas cortinas rojas que se extendían hacia lo alto, como el telón de un teatro a punto de dar inicio a una gran función. Una fuerte explosión de serpentinas y confeti de colores la hizo sobresaltarse en el lugar. La música, estridente e insoportablemente alegre, parecía repetirse una y otra vez en sus oídos, como un disco dañado.
Dia tras dia, tras dia, tras dia, tra -
Su respiración se volvió entrecortada.
Y cuando giró la cabeza hacia su izquierda, un jadeo quedó atrapado en su garganta.
Una puerta.
Una puerta roja con una única palabra escrita en ella:
SALIDA.
Se humedeció los labios resecos con la lengua y, sin perder un segundo, echó a correr. Sus pies se movieron tan rápido como podían, tropezando más de una vez con las figuras que se interponían en su camino.
Ya casi, estaba tan cerca.
Su mano quedó a escasos centímetros del pomo.
Pero, tal como había aparecido...Desapareció.
La única salida se deshizo ante sus ojos, reducida a diminutos píxeles que se desvanecieron en el aire.
Al igual que su cordura.
Dio un pequeño salto en el lugar y dio un paso atrás al ver una flor de dudoso tamaño caer justo frente a sus pies. Sus ojo se abrieron de par en par al observar como esta atravesaba el suelo del escenario, repitiendo un movimiento mecánico que le recordó a los errores visuales de los videojuegos de bajos gráficos.
¿Qué?
Oh. Dios.
Retrocedió tambaleante, con el corazón golpeando con fuerza contra su pecho, hasta que un cuerpo sólido impactó contra su espalda, deteniendo su torpe intento de huida.
Un coro de quejidos resonó a su alrededor, seguido por el sonido de varios cuerpos cayendo uno tras otro.
La música se cortó de golpe, dejando a su paso un agobiante silencio.
Con el silencio aún suspendido en el aire, permaneció inmóvil por unos segundos, demasiado aturdida para reaccionar. El corazón le golpeaba con fuerza en el pecho mientras reunía el valor para girarse lentamente y descubrir con qué había chocado.
Frente a ella se encontraba un grupo de figuras tan extrañas y coloridas como el resto de aquel extraño lugar. Se incorporaron lentamente de la caída en cadena que había provocado por accidente, y todas las miradas se posaron sobre ella.
A diferencia de los objetos geométricos que flotaban a su alrededor, aquellas figuras no parecían simples elementos decorativos.
Había algo en ellas que resultaba inquietantemente...
Familiar.
Casi humano.
Extraño.
Sin saber qué decir, se encogió sobre sí misma, incómoda ante toda aquella atención.
Quizás...Un poco avergonzada.
Una de las figuras — un conejo alto de color morado vestido con un overol rosa — se acercó unos cuantos centímetros, observándola de arriba a abajo con evidente aburrimiento.
"Caine, ¿esta es una de tus NPC o simplemente otra idiota? " preguntó el conejo, señalándola con desgano mientras la examinaba con una mezcla de curiosidad y desinterés. Siguiendo la dirección de su mirada, se fijó por primera vez en la figura a la que se dirigía.
No prestó demasiada atención a lo que el conejo dijo después.
Solo alcanzó a escuchar un quejido obstinado acerca de no querer repetir toda la presentación otra vez.
"¡Wow! ¡No puedo creerlo!"
Una enorme dentadura con ojos flotó hasta quedar frente a ella.
Su entusiasmo resultaba casi ofensivo.
Los ojos monocromáticos la recorrieron con detenimiento mientras una de sus manos hacía girar lo que parecía un bastón de ceremonias.
"¡Parece que una nueva humana ha entrado a este reino!"
Una nueva explosión de confeti estalló a su alrededor, seguida por otro incómodo silencio.
Espera...
¿Nueva humana?
¿Qué se suponía que significaba eso?
"¡Eso significa que tú eres nuestra nueva integrante!" exclamó la dentadura flotante, abriendo los brazos con teatralidad, siguiendo con aquel tono de un maestro de ceremonias que dirigía un circo. "¡Y estamos encantados de tenerte con nosotros!"
Las palabras tardaron unos segundos en asentarse en su mente.
Nueva integrante.
Humana.
Reino.
Nada de eso tenía sentido.
"¿Q-qué...?"
Su voz salió apenas como un susurro quebrado.
Se llevó una mano al pecho, sintiendo el latido errático de su corazón.
"No... no entiendo..."
La criatura frente a ella ladeó la cabeza, como si no percibiera el terror evidente en su voz.
"¡Por supuesto que no!" -respondió con el mismo entusiasmo desbordante —. "¡Acabas de llegar al Asombroso Circo Digital!"
Otro estallido de confeti explotó sobre sus cabezas.
Ella dio un respingo.
"No" murmuró, negando con la cabeza mientras retrocedía un paso. "No, no, no..."
Esto no podía estar pasando.
Definitivamente, esto debía estar pasando.
Se llevó ambas manos a la cabeza y apretó con desesperación, intentando recordar algo.
Cualquier cosa.
Lo que sea.
De pronto, un destello atravesó a su mente.
Un edificio abandonado.
Una exploración.
Oficinas vacías y polvorientas.
Ordenadores viejos.
Un...casco.
Ah, cierto.
Había estado explorando un lugar abandonado y, en uno de los pisos, había encontrado un ordenador extrañamente encendido, con unos viejos cascos de realidad virtual descansando a su lado.
Los había tomado por curiosidad y...
Oh dios.
Con dedos temblorosos, recorrió con desesperación cada centímetro de su cabeza, palpando sus sienes, el contorno de sus ojos y su rostro en busca de cualquier rastro del casco que recordaba haberse colocado. Sus movimientos se volvieron cada vez más frenéticos al no encontrar nada: ningún artefacto extraño, ninguna correa ajustada a su piel, ninguna prueba tangible de que aún pudiera quitárselo y despertar de aquella pesadilla. Solo estaba su nuevo rostro, ajeno y desconocido bajo sus propias manos. Apretó con más fuerza, casi hasta hacerse daño, mientras una oleada de adrenalina recorría su cuerpo y una aterradora realidad se presentaba frente a sus ojos.
"¿¡Cómo me quito... esto!?" exclamó con desesperación, mientras sus manos se movían frenéticamente sobre su cabeza. Sus dedos se aferraron a lo que parecía ser un gorro de tela ajustado con firmeza a su cabello y tiró de él con todas sus fuerzas, pero lo único que consiguió fue sentir el doloroso tirón de su propio cuero cabelludo. No cedió ni un centímetro. El sonido insistente de una pequeña campanilla, que tintineaba cada vez que forcejeaba, no hizo más que aumentar su frustración y alimentar el creciente terror que se apoderaba de ella.
"Sigue intentando" comentó el conejo con evidente diversión en sus ojos. "Nos funcionó a todos".
Ignoró su comentario.
Apartó las manos de su cabeza y soltó, con dedos temblorosos, la tela que había estado tirando con tanta fuerza. El incesante tintineo de las campanillas cesó por fin, dejando tras de sí un breve y aturdidor silencio. Bajó la mirada hacia sus manos y contuvo el aliento. Ya no eran las mismas. Estaban cubiertas por unos guantes bicolor de textura extraña, suaves y artificiales, como si no pertenecieran realmente a su cuerpo. Flexionó los dedos con cautela, observando cómo respondían a su voluntad.
Sí, definitivamente eran sus manos.
Pero no se sentían suyas.
"¿Qué está pasando?" su voz salió en apenas un susurro, más como una pregunta para sí misma que para los demás. Continuó observando sus manos, abriendo y cerrando los dedos en movimientos torpes. Por momentos cerraba los ojos con fuerza, esperando que, al volver a abrirlos, todo hubiera desaparecido y su aspecto fuera el de siempre.
Pero nada cambiaba.
"Me puse unos cascos extraños y, de la nada... uh... llegué aquí".
Alzó la vista hacía las figuras que la rodeaban. El temblor en su voz era imposible de ocultar.
"¿Quiénes son ustedes? ¿Dónde estoy? ¿Por qué no puedo sacarme esto?"
"Tranquila. Intenta calmarte".
La figura que dio un paso al frente tenía el aspecto de una muñeca de trapo. Su cabello rojo, rebelde y desordenado, estaba parcialmente recogido con un listón azul. Vestía un largo vestido del mismo color, cubierto de costuras visibles que recorrían la tela y se extendían también por sus brazos y piernas.
Lo más llamativo, sin embargo, era su rostro.
Donde debería encontrarse su ojo derecho, había un botón oscuro cosido en su lugar.
La imagen resultaba inquietante. Le recordaba vagamente a aquellas antiguas muñecas de tela que había visto alguna vez en caricaturas o escaparates.
La muñeca se detuvo a unos metros de distancia y alzó ambas manos en un gesto cauteloso, como intentando dejar en claro que no presentaba ninguna amenaza.
Aunque no sirvió de mucho.
"Todo va a estar bien, novata" dijo con una voz amable, aunque ligeramente nerviosa. "Todos hemos pasado por eso al principio. Solo necesitas tranquilizarte y ..."
Definitivamente, aquello no la tranquilizó en lo más mínimo. Escuchar aquello solo consiguió hundirla más en el pánico.
"¿¡Que [BEEP] está pasando!? ... ¿Qué-?"
La enorme dentadura flotante se abalanzó hacía ella con tal rapidez que se quedó paralizada por la impresión.
"No, no, no, querida" la reprendió con fingida diversión, agitando los brazos de arriba a abajo con exagerado entusiasmo. "En este lugar no se permiten las groserías. ¡El Asombroso Circo digital es un espacio apto para todas las edades!".
La energía desbordante en su voz resultaba cada vez más agobiante. Instintivamente, intentó cubrirse los oídos con las manos. Un quejido ahogado escapó de su garganta al palpar los lisos costados de su cabeza, sin encontrar alguna piel extra que indicara la presencia de sus cartílagos auditivos.
Como si nada hubiera ocurrido, el maestro de ceremonias continuó con su discurso. "Tú, amiga mía, te has topado con un mundo increíble de maravillas, donde todo puede pasar".
Hizo una breve pausa y dejó caer los brazos con aparente desgano.
"Uh... excepto decir groserías".
Lo observó en silencio, con la respiración temblorosa y el corazón todavía desbocado.
Tenía que estar bromeando.
Tomó una profunda bocanada de aire y dejó escapar la primera avalancha de insultos que acudió a su mente. Sin embargo, apenas las palabras abandonaron su boca, fueron reemplazadas por una absurda mezcla de bocinazos ,sonidos de animales y pequeñas explosiones caricaturescas qué ahogaron por completo cualquier grosería. El resultado fue tan ridículo como frustrante. Se quedó inmóvil durante un instante, mirando al vacío con incredulidad, antes de sentir una nueva oleada de desesperación le recorría el cuerpo.
Oh, dios.
Ya perdió la cuenta de cuántas veces había repetido esa frase.
"Bueno... ¿Cómo me... ya sabes, me voy?".
Un incómodo silencio se instaló entre todos los presentes.
Fue tan absoluto que hasta el sonido de una aguja habría resultado ensordecedor.
Una tos nerviosa salió de la muñeca, rompiendo en silencio.
"Bueno, no te alarmes ni nada, pero..." Evitó mirarla directamente, desviando su vista hacia cualquier punto del escenario mientras retorcía con nerviosismo la tela de su vestido, temblorosa. "Uh... No exactamente..."
"No puedes".
La voz del conejo morado cortó la frase con una ligereza casi ofensiva.
El mundo pareció detenerse.
"¿Qué?"
"Cállate Jax" reprendió con evidente cansancio la figura compuesta por un extraño conjunto de piezas geométricas al azar, antes de dirigir su atención hacia ella. "Pero tiene razón. Bienvenida a tu nuevo horas... y a tu nuevo cuerpo".
Sintió cómo el vacío se abría paso nuevamente bajo sus pies.
¿Nuevo cuerpo?
¿Nuevo hogar?
Las palabras resonaron una y otra vez dentro de su cabeza, deformándose hasta perder sentido.
"¿N-nuevo hogar? ¿Cómo es eso?" soltó la pregunta con un hilo de voz.
Trató de concentrarse en las palabras de la muñeca, que hacía un evidente esfuerzo por tranquilizarla pese a los nerviosos suspiros que escapaban de vez en cuando de sus labios cosidos. Sim embargo, cada intento de explicación era rápidamente interrumpido por el conejo morado, quien parecía disfrutar demasiado añadiendo comentarios innecesarios que solo conseguían empeorar la situación. Cada frase impregnada de sarcasmo desinterés alimentaba aun mas el nulo de ansiedad que crecía en su pecho, hasta el punto en que las voces comenzaron a mezclarse entre si, volviéndose un ruido confuso y sofocante dentro de su cabeza.
¿No hay salida?
Años atrapados.
Locura.
¿¡Qué [BEEP] significaba eso!?
Oh, Dios mío.
Incluso sus propios pensamientos comenzaban a sentirse restringidos.
La realización la golpeó con una fuerza devastadora. De pronto, sintió cómo el aire comenzaba a faltarle y cómo su corazón martillaba con violencia contra su pecho, cada latido más rápido y desesperado que el anterior. El escenario colorido a su alrededor empezó a sentirse demasiado brillante, demasiado silencioso, demasiado estrecho.
Quería gritar.
Quería correr.
Pero el miedo la paralizaba por completo, atrapando el sonido en su garganta hasta dejarla incapaz de hacer otra cosa más que respirar de forma entrecortada mientras el pánico se apoderaba lentamente de ella.
Quería despertar.
Y entonces, una idea desesperada atravesó su mente.
Quizás, un golpe de locura le llegó de pronto.
"Oh, ya entiendo" dijo por fin, con una pequeña risa nerviosa escapando de su boca. El silencio se dispersó en la sala, donde las demás figuras parecieron confundidas por el repentino cambio en su actitud. "Esto, todo este lugar, es un sueño. Y solo debo de seguirles el juego hasta despertar. ¿No es así?"
Sin respuesta.
"Lo que tu digas, niña".
...
A partir de ese momento, todo comenzó a sentirse difuso.
Las voces se mezclaban unas con otras, mientras la enorme dentadura flotante recorría el escenario con una energía imposible de seguir. Apenas lograba comprender fragmentos aislados de lo que decía; palabras sobre aventuras, habitaciones, diversión y un supuesto "nuevo comienzo" que solo conseguían aumentar la presión que sentía en el pecho. El maestro de ceremonia había tomado de su mano — lo que la hizo sentir un fuerte rechazo ante el contacto físico indeseado — y la transportó a distintos lugares con una velocidad inhumana, mareándola por los repentinos cambios de escena.
Intentó prestar atención.
De verdad que lo intentó.
Pero su mente seguía atrapada en la misma idea.
¿Cómo encontraría una salida?
Quizás una más específica. ¿Habría una salida en ese extraño lugar?
Solo pensarlo la hacía sentir miserable.
Aquella puerta roja que indicaba una posible salida se reflejó ante sus ojos por un momento, pero la mano que la sujetaba con fuerza no le dio un tiempo para poder intentar preguntar por ella.
En unos segundos, se encontraba de nuevo en el escenario, con un mareo infernal.
Observó el lugar a medida que el tiempo transcurría. Los pasillos interminables, los colores brillantes y las estructuras imposibles parecían extenderse más allá de lo lógico, como si un circo se tratase, construido bajo reglas que no pertenecían al mundo real. Todo resultaba tan grande.
Demasiado vivo, pero a la vez falso.
Y aun así, ninguno de los demás presentes parecía sorprendido.
Su forma de actuar, de moverse, sus expresiones. Era como si ya se hubieran acostumbrado. Como si el horror de estar allí hubiese dejado de importar hace tiempo.
La figura de muñeca de trapo permanecía cerca de ella la mayor parte del tiempo, intentando suavizar algunas explicaciones o desviando incómodamente la mirada cada vez que el conejo hacía uno de sus comentarios cargados de sarcasmo. Él, por el contario, parecía disfrutar demasiado observando su confusión. El lloriqueo constante de una de la figura de cintas rojas y mascara de comedia la hizo sobresaltarse, sintiendo una profunda lastima al ver una mascara entre sus cintas completamente rota.
Pero a pesar de ello, nadie reaccionó demasiado.
Como si aquello fuera algo normal.
Finalmente, el recorrido terminó en una enorme habitación iluminada por luces exageradamente brillantes. La voz de la enorme dentadura recuperó toda su irritante emoción al anunciar el siguiente paso: dejar atrás aquellas "estúpidas alucinaciones digitales" y presentarle su nombre, acompañado, por supuesto, de otra innecesaria explosión de confeti que la hizo sobresaltarse.
Una sensación incómoda se instaló lentamente en su estómago.
Nombre.
La palabra resonó en su cabeza durante varios segundos.
Su nombre.
Y entonces, el terror regresó.
No importaba cuánto lo intentara.
No había nada.
Alguna inicial, alguna voz llamándola.
Algún recuerdo claro. Nada.
Era como si alguien hubiera arrancado esa parte de ella y dejando únicamente un vacío insoportable en su lugar.
Sus dedos temblaron ligeramente.
¿Quién era ella?
Pero cuando lo expresó con la figura frente a ella, solo recibió una carcajada divertida, como si la pregunta fuera tan absurda como la amnesia que le sentía en ese momento. Sin darle más importancia al asunto, con un simple chasquido de sus dedos enguantados, hizo aparecer una gigante maquina giratoria se estrelló frente a ella.
Las luces parpadeantes, letras giratorias y colores imposibles le irritaron los ojos. Pero la palabra "nombre" fue lo único que logró quedarse atrapado en su mente. La enorme dentadura pareció notar inmediatamente su silencio, soltando una exagerada exclamación de sorpresa antes de comenzar a girar alrededor de la máquina con teatralidad absurda. Sus manos movían palancas y botones al azar mientras soltaba una interminable lluvia de nombres ridículos que apenas lograba procesar entre tantos sonidos festivos y luces parpadeantes. Cada nuevo intento era más absurdo que el anterior, provocando algunas reacciones cansadas entre los demás presentes y comentarios burlones por parte del conejo morado.
Finalmente, tras un último redoble exagerado y otra explosión innecesaria de confeti, la máquina se detuvo por cometo. Las letras giraron lentamente hasta formar una sola palabra brillante frente a ella:
Pomni.
El nombre permaneció suspendido en el aire mientras un incómoda vacío se instalaba en su pecho.
Su nuevo nombre.
Su falso nombre.
No se sentía suyo. Pero, al mismo tiempo, era lo único que tenía.
Apenas el nuevo nombre quedó establecido, la enorme dentadura recuperó todo su entusiasmo y comenzó a bombardearla con preguntas sobre qué tipo de aventura prefería para su primer día.
Castillos, dulces, piratas, laberintos, monstruos, bosques encantados...
¿Pastel de ángel?
Las palabras salían tan rápidas que apenas lograba procesarlas antes de que otra explosión de confeti o sonido caricaturesco interrumpiera el ambiente. La presión en su pecho volvió a aumentar bajo aquella energía sofocante, incapaz de responder algo coherente mientras todas las miradas parecían esperar una reacción de su parte. Cuando la explosión se detuvo, la dentadura se despidió de todos, desapareciendo del lugar, dejando la misión de atrapar figuras que estaban esparcidas por todo el circo.
Fue entonces cuando la muñeca de trapo intervino nuevamente, sugiriendo con cierta cautela que quizá sería mejor darle algo de espacio y llevarla junto a ella y el conejo morado a visitar a un amigo que llevaba tiempo encerrado en su habitación. La muñeca giró su mirada hacía un pequeño fuerte hecho de almohadas de diversos colores que de pronto se deshizo por culpa de las figuras que debían atrapar.
Una pieza de ajedrez, claramente un rey del juego de mesa, soltaba un grito por que su "fortaleza impenetrable" era destruida.
La chica de tela llamada Ragatha lo invitó a acompañarlos, pero se negó rápidamente, comentando que no se sentía cómodo al estar con el sujeto llamado Kaufmo. Mencionó también, casi como un intento desesperado de darle una corazonada de pérdida de cordura, que aquel sujeto solía hablar constantemente sobre posibles salidas del circo.
Una pequeña chispa de esperanza se centró en su pecho.
Sin demasiadas opciones, terminó por siguiéndolos a través de un largo pasillo cubierto por decenas de puertas coloridas, cada una marcada con diseños absurdamente personalizados. Observó diseños de diversas figuras decoraban el centro de cada puerta, extrañada debido a que algunos de ellos no los había visto en el escenario con las demás figuras.
Aunque no encontraba la razón de la marca roja que tenían.
Mientras caminaban, la muñeca intentaba explicarle cómo funcionaba aquel lugar, las habitaciones; las aventuras diarias y la extraña rutina que todos parecían haber aceptado con resignación. Incluso le señaló cuál sería ahora su nuevo cuarto.
Una puerta con un dibujo de un bufón con ojos de molido azul y rojo, y prendas del mismo color.
El conejo morado, caminando unos pasos más adelante, no tardó en burlarse de ello, soltando comentarios sarcásticos sobre lo gracioso que resultaba verla tan convencida de que tarde o temprano despertaría. Cada una de sus palabras hacían que la ansiedad volviera a retorcerse dentro de su pecho.
La muñeca se detuvo frente a una puerta que poseía una imagen de una figura parecido a un payaso.
"Kaufmo..." la muñeca golpeó suavemente la puerta con los nudillos. "¿Estás ahí?"
No hubo respuesta.
El silencioso pasillo pareció volverse todavía más incómodo.
"Quizá sigue deprimido" comentó el conejo morado, apoyándose contra la pared con evidente desinterés. "O quizá finalmente explotó".
"Jax" lo reprendió ella con cansancio antes de volver a tocar la puerta. "Kaufmo, traje a la nueva integrante. Pensamos que quizá te gustaría..."
Un fuerte ruido proveniente del interior la interrumpió.
La recién llegada dio un pequeño respingo.
Algo pesado acababa de golpear el suelo.
"Uh... eso no sonó bien" murmuró la muñeca.
"Nah, seguro está practicando sus chistes horribles" respondió el conejo con una sonrisa burlona. Se acercó tranquilamente a la puerta y metió una mano enguantada en el bolsillo de su overol. Segundos después, sacó una pequeña llave dorada que hizo girar entre sus dedos con orgullo. "Además, tengo la llave de su habitación".
La muñeca dio un respingo inmediato.
"¡Espera, ¿Qué?!" lo señaló con indignación. "¡Tú no deberías tener la llave del cuarto de nadie!".
"Tengo la llave del cuarto de todos y todo ha estado bien". Respondió con total naturalidad. Luego giró apenas la cabeza hacia ella, mostrando una sonrisa cargada de picardía. "No te sorprendas si dejé algo en tu habitación por accidente. Espero que no le tengas miedo a los ciempiés".
"¡Jax!"
Pero antes de que Ragatha pudiera seguir reclamando, el conejo ya había girado el pomo.
La puerta se abrió lentamente.
El mundo pareció detenerse.
Una criatura imposible emergió desde la oscuridad de la habitación.
Su cuerpo era una masa distorsionada de colores corruptos, extremidades deformes y enormes ojos flotantes que aparecían y desaparecían entre violentos errores visuales. Fragmentos enteros de su figura se descomponían en píxeles antes de reconstruirse nuevamente en movimientos erráticos y antinaturales.
El aire se llenó de sonidos rotos y chirridos digitales.
Ella apenas logró retroceder un paso.
Antes de querer decir algo, el conejo se inclinó con absoluta tranquilidad, recogió una bola de boliche que descansaba junto a la puerta y, sin decir una sola palabra más, salió corriendo por el pasillo. Desapareció en cuestión de segundos.
"¿Qué... es eso...?"
"Vaya, uh... Kaufmo se abstrajo" la muñeca retrocedió con pánico floreciendo en su voz.
¿Abstraerse?
¿Qué quería decir?
La muñeca apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que el monstruo volviera a moverse. Su voz, temblorosa y apresurada, intentaba explicar entre el caos que aquello era exactamente lo que ocurría cuando alguien alcanzaba su límite en ese lugar. Las palabras apenas lograron asentarse en su cabeza antes de que el terror volviera a consumirla por completo.
Aquella cosa había sido alguien.
La revelación la dejó helada.
La muñeca intentó mantener la calma pese al evidente miedo en su voz, aferrándose desesperadamente a la idea de encontrar al maestro de ceremonias antes de que fuera demasiado tarde. Pero la criatura ya avanzaba hacia ellas.
Ella reaccionó por puro instinto.
Corrió.
Sus pasos resonaron desesperadamente por el pasillo mientras el sonido distorsionado de aquella aberración se arrastraba detrás de ella. Aun así, no pudo evitar girar brevemente la cabeza al escuchar la voz de la muñeca intentando razonar con el monstruo, hablándole como si todavía quedara algo de la persona que había sido antes.
Fue inútil.
La criatura la atrapó violentamente.
El impacto de su cuerpo contra las paredes resonó una y otra vez por el corredor antes de ser arrojada al suelo como una simple muñeca rota. Y entonces comenzó a deformarse. Su figura empezó a llenarse de violentos errores digitales; fragmentos enteros de su cuerpo parpadeaban entre estática y colores corruptos mientras movimientos antinaturales recorrían sus extremidades.
El horror la obligó a detenerse.
La muñeca levantó apenas la mirada hacia ella. Su voz salió completamente distorsionada entre fallos digitales, apenas reconocible, pero aun así suplicante.
Quería ayudarla.
De verdad quería hacerlo.
Sus piernas se movieron antes de que pudiera pensarlo demasiado y corrió nuevamente hacia ella, extendiendo la mano con desesperación.
El dolor llegó en el instante en que la tocó.
Una descarga brutal atravesó todo su brazo mientras fragmentos de su propia mano comenzaban a deformarse violentamente en pequeños glitches corruptos. Soltó un jadeo ahogado y retrocedió de golpe, observando horrorizada cómo los errores digitales recorrían su piel antes de estabilizarse lentamente.
El miedo terminó de quebrarla.
Murmuró una disculpa temblorosa antes de salir corriendo otra vez.
Esta vez no miró atrás.
El monstruo la persiguió por los interminables pasillos del circo, arrastrando consigo aquella cacofonía insoportable de sonidos rotos y chirridos digitales. Sus piernas apenas podían seguir el ritmo del terror que la impulsaba a avanzar. Tropezó, giró esquinas sin pensar y corrió hasta sentir que los pulmones le ardían.
Y entonces, de pronto, el ruido desapareció.
Se detuvo.
Solo escuchaba su propia respiración entrecortada.
Miró a todos lados, temblorosa, dándose cuenta lentamente de que la criatura ya no estaba allí. Más abajo, alcanzó a distinguir una figura distorsionada perdiéndose en otro sector del circo antes de desaparecer por completo.
El silencio regresó.
Y con él, la culpa.
Sus dedos temblaron.
Ragatha seguía allá atrás.
Soltó un quejido frustrado, y volvió con ella.
...
El silencio que quedó tras la desaparición del monstruo resultaba casi igual de aterrador que su presencia. Con pasos inseguros, avanzó nuevamente por el pasillo destruido, rodeada de paredes agrietadas, objetos rotos y fragmentos digitales que todavía parpadeaban débilmente en algunos rincones. La culpa pesaba cada vez más dentro de su pecho mientras buscaba desesperadamente cualquier señal de la muñeca de trapo. Apenas podía recordar su nombre con claridad, pero aun así siguió avanzando, llamándola en voz baja entre respiraciones todavía agitadas.
Finalmente la encontró.
Estaba apoyada contra una de las paredes del corredor, inmóvil, con violentos errores digitales recorriendo partes de su cuerpo. Fragmentos enteros de su vestido y extremidades se distorsionaban entre estática y colores corruptos, acompañados por pequeños espasmos involuntarios que hacían crujir las costuras de su cuerpo de tela.
Sintió un nudo formarse en su garganta.
Intentó disculparse torpemente, todavía observando de reojo su propia mano afectada por los glitches, como si necesitara justificarse por haber huido. La culpa seguía allí, clavándose lentamente bajo su piel.
Aun en ese estado, la muñeca parecía más preocupada por solucionar el problema que por sí misma. Entre fallos distorsionados y movimientos torpes, intentó explicarle que la única persona capaz de arreglar aquello era el maestro de ceremonias. También habló sobre el monstruo; sobre cómo todavía podían ayudarlo si encontraban a la dentadura parlante — llamado Caine — antes de que fuera demasiado tarde.
Eso solo hizo que el miedo regresara.
Aun así, asintió rápidamente, aferrándose desesperadamente a la idea de poder hacer algo útil por primera vez desde que había llegado allí. Preguntó dónde podía encontrarlo, pero ni siquiera la muñeca parecía saber realmente dónde estaba aquella enorme dentadura flotante la mayor parte del tiempo.
Solo le quedaba buscar.
Antes de marcharse, lanzó una última mirada hacia la figura dañada apoyada contra la pared. Los errores digitales seguían recorriendo lentamente su cuerpo, deformándolo por momentos de formas imposibles. Aun así, la muñeca logró disculparse por lo horrible que había sido su primer día en el circo.
Aquello le provocó una extraña sensación en el pecho.
Porque, pese a todo, seguía intentando ser amable con ella.
Tragó saliva, prometió que volvería pronto y salió corriendo nuevamente por los interminables pasillos del circo, aferrándose a la desesperada esperanza de encontrar a Caine antes de que todo empeorara todavía más.
"¿¡Hola!?" su voz resonó por los interminables pasillos del circo mientras corría de un lado a otro. "¿¡Caine!? ¡Tenemos un pequeño problema aquí!"
No obtuvo respuesta.
Solo el eco de su propia voz devolviéndose entre las paredes coloridas.
Bajó rápidamente hacia la planta baja, respirando con dificultad mientras observaba desesperadamente cada puerta a su alrededor.
"Vamos... vamos... ¿dónde estás...?"
Abrió la primera puerta sin pensarlo demasiado.
Un enorme guante de boxeo salió disparado directamente hacia su rostro.
"¡¿Qué?!"
El golpe la lanzó hacia atrás con un fuerte sonido caricaturesco.
"¡¿Por qué existe eso?!"
Se levantó tambaleante, sujetándose la cabeza antes de abrir otra puerta.
Esta vez, una enorme masa de agua suspendida en el aire apareció frente a ella. Peces flotaban tranquilamente alrededor de muebles y lámparas como si las leyes de la física simplemente no existieran allí.
Se quedó inmóvil unos segundos.
"No... no voy a preguntar".
Cerró lentamente la puerta.
La siguiente habitación era todavía peor.
Una gigantesca torre de carruseles giraba lentamente en medio de una oscuridad interminable mientras una música infantil distorsionada resonaba desde algún lugar imposible de identificar.
"Nope".
Cerró la puerta inmediatamente.
Respiró hondo antes de abrir otra más.
Un maniquí inmóvil descansaba dentro de una bañera.
"...Okay".
Lentamente comenzó a cerrar la puerta.
El maniquí soltó un grito demoníaco ensordecedor.
"¡AHHHH!"
Cerró de golpe y salió retrocediendo horrorizada...
Solo para recibir otro golpe del mismo guante de boxeo.
"¡¿Qué [BEEP]?!"
El sonido de una bocina volvió a llenar el pasillo.
Después de varios minutos de búsqueda inútil, terminó apoyándose contra una pared, agotada.
"No puedo seguir haciendo esto..."
El silencio comenzó a llenar nuevamente el circo.
Y entonces escuchó algo.
Un ruido.
Muy cerca.
Se quedó completamente quieta.
"¿Hm...?"
Tragó saliva y avanzó lentamente hacia la esquina del pasillo.
"¿Caine...?"
Asomó apenas la cabeza.
Y sintió cómo el aire abandonaba sus pulmones.
La criatura distorsionada la observaba desde arriba.
Inmóvil.
Sus enormes ojos corruptos parpadearon violentamente antes de fijarse directamente sobre ella.
"Oh no".
El monstruo soltó un chirrido digital ensordecedor.
Ella gritó.
Y volvió a correr.
Sus piernas apenas podían seguir el ritmo del terror mientras continuaba huyendo por los interminables pasillos del circo. Cada chirrido digital que resonaba detrás de ella hacía que el pánico creciera todavía más dentro de su pecho. Su respiración era errática, casi dolorosa, y sus pensamientos se habían reducido a una sola necesidad desesperada: esconderse.
Doblando una esquina tras otra, terminó frenando bruscamente frente a un enorme espejo apoyado contra la pared. Por un instante, el miedo quedó desplazado por algo completamente distinto.
Su reflejo.
Aquella figura colorida y absurda le devolvía la mirada desde el cristal. Los enormes ojos, el extraño gorro con campanillas, las proporciones caricaturescas de su cuerpo; todo resultaba ajeno. Irreal. Permaneció inmóvil apenas unos segundos, observándose como si todavía esperara despertar y volver a reconocerse a sí misma.
Pero el gruñido distorsionado que resonó a la distancia rompió cualquier posibilidad de quedarse allí.
Volvió a correr.
Sus ojos se movieron desesperadamente de un lado a otro hasta encontrar un enorme barril decorativo cerca de una pared. Se lanzó hacia él buscando refugio, pero apenas intentó ocultarse, varias pequeñas criaturas mecánicas con aspecto de monos rojos emergieron repentinamente desde el interior, moviendo sus platillos con energía insoportable.
El sobresalto casi la hizo gritar.
Terminó ocultándose detrás del barril mientras intentaba contener su respiración temblorosa.
Entonces lo vio aparecer.
La criatura distorsionada avanzó lentamente por el pasillo, deformando el aire a su alrededor con violentos glitches y sonidos rotos. Uno de los pequeños monos chocó accidentalmente contra ella y, en cuestión de segundos, fue destruido brutalmente entre errores digitales y fragmentos corruptos.
El miedo la dejó completamente inmóvil.
Afortunadamente, tras varios segundos de tensión insoportable, la criatura terminó alejándose nuevamente por otro corredor.
Solo entonces se atrevió a respirar.
Con las piernas todavía temblando, salió lentamente de su escondite y continuó avanzando por el circo, cada vez más desesperada por encontrar al maestro de ceremonias.
Y entonces la vio.
Una puerta roja.
La palabra "SALIDA" brillaba sobre ella.
El mundo pareció detenerse.
Su corazón dio un fuerte vuelco mientras avanzaba lentamente hacia la puerta, incapaz de apartar la mirada de aquella palabra. Por primera vez desde que había llegado al circo, sintió algo parecido a esperanza.
Una salida.
Realmente había una salida.
Pero el distante gruñido de la criatura la obligó a reaccionar rápidamente. Sin perder más tiempo, abrió la puerta y atravesó el umbral.
El escenario cambió por completo.
Ahora se encontraba en una silenciosa sala de espera, extrañamente vacía y mucho más realista que cualquier otra parte del circo. Las luces eran tenues. El ambiente resultaba incómodamente tranquilo.
Avanzó lentamente hasta la siguiente puerta.
La cruzó.
Otra habitación.
Más estrecha esta vez.
Después otra.
Y otra más.
Cada sala parecía construida bajo reglas distintas; algunas demasiado amplias, otras abarrotadas de estanterías interminables y objetos imposibles de identificar. Aun así, siguió avanzando con desesperación, convencida de que finalmente estaba acercándose a una verdadera salida.
Continuó avanzando sin rumbo fijo a través del interminable laberinto de habitaciones, abriendo puerta tras puerta con una desesperación cada vez menos disimulada. Cada nueva sala parecía llevarla a otra todavía más extraña y vacía que la anterior. No había ventanas. No había señales de vida. No existía ninguna lógica en aquel lugar. Solo habitaciones infinitas conectadas entre sí como un rompecabezas construido para perder a cualquiera que intentara escapar.
Y cuanto más caminaba, más sentía cómo algo dentro de ella comenzaba a quebrarse lentamente.
La ansiedad ya no se limitaba únicamente a su pecho; ahora se extendía hasta su cabeza, nublando sus pensamientos y deformando su percepción del tiempo. No sabía cuánto llevaba allí dentro. Minutos. Horas. Tal vez más.
Hasta que abrió una nueva puerta.
Y el mundo pareció detenerse por un instante.
Una oficina.
Simple.
Oscura.
Real.
Sus ojos se clavaron inmediatamente sobre un viejo ordenador oxidado descansando sobre uno de los escritorios. El polvo acumulado, las paredes desgastadas y la iluminación tenue resultaban absurdamente normales en comparación al resto del circo.
Demasiado normales.
Sintió algo retorcerse violentamente dentro de ella.
Aquello se parecía demasiado al lugar que recordaba haber explorado antes de despertar allí.
La respiración comenzó a abandonarla nuevamente.
Y entonces soltó una risa.
Una pequeña risa nerviosa escapó primero de sus labios.
Después otra.
Y otra más.
Hasta convertirse en carcajadas inestables y completamente desesperadas mientras avanzaba tambaleándose hacia la siguiente puerta, justo debajo del enorme logo de C&A estampado sobre la pared.
La abrió.
Otra habitación.
Después otra.
Y otra más.
Las risas continuaron escapando de su garganta entre jadeos desordenados mientras corría de puerta en puerta como si estuviera intentando convencerse de que todo aquello todavía tenía sentido.
Hasta que finalmente llegó al pasillo.
Era largo.
Oscuro.
Interminable.
La única puerta visible se encontraba al fondo, apenas iluminada por una tenue luz imposible de alcanzar.
Corrió hacia ella.
Pero cuanto más avanzaba, más distante parecía encontrarse.
Sus pasos resonaban desesperadamente por el corredor mientras el miedo comenzaba a aplastarla nuevamente. Sentía que el pasillo se estiraba a propósito, alejando la salida cada vez que intentaba acercarse.
Aun así siguió corriendo.
Hasta que finalmente logró alcanzar el pomo.
Con la respiración completamente descontrolada, abrió la puerta de golpe.
Y se detuvo en seco.
Frente a ella no había otra habitación.
No había paredes.
No había suelo visible.
Solo un inmenso vacío extendiéndose en todas direcciones.
Oscuridad absoluta mezclada con fragmentos flotantes de formas imposibles y colores lejanos suspendidos en la nada. Un espacio tan gigantesco y silencioso que hacía que el propio circo pareciera pequeño e insignificante en comparación.
Sus ojos se abrieron lentamente.
Y por primera vez desde que llegó allí...
Se sintió verdaderamente sola.
...
Pomni no recordaba cómo había regresado al circo.
Lo último que permanecía grabado en su mente era aquel inmenso vacío extendiéndose infinitamente frente a ella. La oscuridad. El silencio absoluto. Esa aterradora sensación de insignificancia que todavía seguía oprimiendo algo dentro de su pecho incluso ahora.
Después de eso...
Nada.
Su mente seguía atrapada allí, perdida entre fragmentos de oscuridad y ecos lejanos, hasta que una voz exageradamente animada irrumpió de golpe en la realidad.
"¡Ahí lo tienes!"
Pomni salió abruptamente de su trance.
Parpadeó varias veces, desorientada, descubriendo que nuevamente se encontraba dentro del circo. Frente a ella, la enorme dentadura flotante observaba el completo desastre que rodeaba la tienda destruida; paredes agrietadas, objetos esparcidos por el suelo y marcas de destrucción extendiéndose por todas partes.
"¿Y ahora qué demonios pasó por aquí?" preguntó mientras observaba alrededor con exagerada confusión.
Hizo una breve pausa.
"...¡Ah, sí! Fue culpa mía".
Antes de que Pomni pudiera procesar aquello, el resto del grupo apareció rápidamente desde uno de los pasillos.
"¡Caine!" exclamó el rey ajedrezado casi tropezando consigo mismo. "¡Kaufmo sufrió una especie de... Kaufmosis y se abstrajo!"
"¿¡Kaufmo abstrajo!?" la enorme dentadura abrió los ojos exageradamente. "¿¡Por qué nadie me lo dijo!?"
Pomni apartó ligeramente la mirada.
Una incómoda culpa se instaló en su estómago al recordar cómo había huido mientras todo ocurría.
Caine, completamente ajeno a la tensión del ambiente, sacó la lengua de forma burlona y bizqueó absurdamente antes de chasquear los dedos.
El suelo se abrió violentamente bajo la criatura abstracta.
Pomni apenas alcanzó a ver la monstruosa figura cayendo hacia un enorme pozo oscuro donde otras formas distorsionadas parecían moverse entre la oscuridad.
El agujero volvió a cerrarse segundos después.
"¡Y al sótano!" anunció Caine alegremente.
"Vaya..." comentó la figura desarmable con evidente incredulidad. "No puedo creer que Kaufmo simplemente se rindiera así".
Pomni apenas estaba escuchando.
Su mirada seguía perdida.
Seguía viendo el vacío.
Hasta que un sonido distorsionado llamó su atención.
La muñeca de trapo apareció arrastrándose lentamente hacia el grupo, todavía cubierta de violentos glitches digitales.
"¡Me duele mucho!"
"¡Uy!" exclamó Caine.
Otro chasquido resonó en el aire.
Y, casi instantáneamente, los errores digitales desaparecieron del cuerpo de Ragatha.
Pomni bajó rápidamente la mirada hacia su propia mano.
Los glitches también habían desaparecido.
Por primera vez en varios minutos, sintió que podía respirar correctamente.
"Tengo que disculparme por mentir sobre la salida" continuó Caine con una energía absurdamente casual, como si nada importante hubiera ocurrido realmente. "Sabía cuánto deseaban que existiera una, pero tuve muchos problemas decidiendo qué poner del otro lado y terminé dejándola incompleta".
Pomni se quedó completamente inmóvil.
"¿Eh? Y ustedes saben cuánto odio que la gente vea mis proyectos sin terminar... especialmente si eso los lleva al Vacío".
El mundo pareció apagarse nuevamente.
Vacío.
La palabra atravesó su cabeza como un golpe.
Mientras las demás voces continuaban hablando alrededor suyo, Pomni permaneció en silencio absoluto, observando algún punto perdido frente a ella.
Porque ahora sabía que aquello existía de verdad.
Y eso era mucho peor que cualquier monstruo del circo.
La tensión que había consumido el circo durante los últimos minutos desapareció con una facilidad casi enfermiza. Como si nada realmente importante hubiera ocurrido. Como si la monstruosa abstracción de Kaufmo, el caos y el miedo hubiesen sido simplemente otro pequeño inconveniente dentro de la rutina del lugar.
La enorme dentadura recuperó inmediatamente toda su energía teatral y comenzó a anunciar con entusiasmo exagerado el supuesto final de la aventura del día, atribuyéndole incluso el mérito de haber derrotado a la Reina Gloink. Poco después, una absurda mesa de banquete apareció frente al grupo, cubierta de comida brillante y perfectamente decorada que parecía salida de una caricatura infantil.
Todos comenzaron a actuar con extraña normalidad.
Algunos discutían trivialidades. Otros simplemente se acomodaban alrededor de la mesa como si aquello fuera un día cualquiera.
Pero entonces escuchó algo.
No necesitaban comer.
Ni dormir.
Ni beber.
Las palabras atravesaron su cabeza lentamente, asentándose una por una con una claridad aterradora.
No necesitaban dormir.
No necesitaban comer.
No necesitaban nada humano.
Sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo entero.
Sus ojos bajaron lentamente hacia el plato frente a ella. La comida se veía perfecta; demasiado perfecta. Los colores brillaban artificialmente bajo las luces del circo mientras un olor dulce impregnaba el ambiente de manera casi enfermiza.
Pero ahora todo resultaba incorrecto.
Porque aquello no alimentaba.
No mantenía vivos sus cuerpos.
Solo imitaba la sensación.
Solo era una copia.
Una ilusión digital diseñada para hacerlos olvidar que ya no pertenecían realmente al mundo real.
Las conversaciones alrededor continuaban normalmente, pero sus voces comenzaron a sentirse cada vez más lejanas y distorsionadas dentro de su cabeza. Apenas podía concentrarse en lo que decían mientras la ansiedad regresaba lentamente, arrastrándose nuevamente bajo su piel.
Si no necesitaban dormir...
Entonces eso significaba que nunca podría descansar realmente.
Si no necesitaban comer...
Entonces su cuerpo ya no funcionaba como un cuerpo humano.
¿Qué eran entonces?
Su respiración comenzó a acelerarse nuevamente.
Las luces del circo parecían demasiado brillantes. Las risas demasiado fuertes. Los colores demasiado saturados. Todo se sentía sofocante.
Su mirada permaneció fija sobre el plato intacto frente a ella mientras el resto seguía conversando con aparente normalidad.
Y poco a poco, sintió cómo algo dentro de su cabeza comenzaba a quebrarse otra vez.
...
La cena terminó mucho más rápido de lo que Pomni hubiera esperado.
O quizá el tiempo simplemente había dejado de sentirse normal desde que llegó al circo.
Las conversaciones se fueron apagando poco a poco mientras los demás abandonaban la mesa entre comentarios cansados, bromas ocasionales y discusiones absurdamente normales para alguien que acababa de presenciar cómo una criatura monstruosa destrozaba los pasillos del lugar. Aquello le producía una sensación incómoda difícil de explicar. Era como si todos hubieran aprendido a convivir con el horror hasta el punto de tratarlo como una simple molestia cotidiana.
Ella apenas habló durante el trayecto de regreso.
Sentía la cabeza demasiado llena.
Demasiados pensamientos acumulándose al mismo tiempo.
Ragatha caminaba a su lado por los largos corredores del circo, con las manos unidas frente a su vestido azul mientras le lanzaba pequeñas miradas nerviosas de vez en cuando. El ambiente estaba mucho más silencioso ahora. Las luces seguían siendo exageradamente brillantes y los colores igual de sofocantes, pero al menos la ausencia de música hacía que el lugar pareciera un poco menos abrumador.
"Sé que hoy fue... demasiado" murmuró finalmente la muñeca, rompiendo el silencio con cautela". Pero las cosas suelen mejorar después del primer día.
Pomni mantuvo la mirada fija al frente.
Las interminables puertas alineadas a ambos lados del pasillo parecían repetirse una tras otra como si el corredor jamás terminara realmente.
"¿Mejorar?" preguntó finalmente, con una voz pequeña y agotada.
Ragatha dudó apenas unos segundos.
"Bueno... uno se acostumbra".
Aquello no ayudó en absoluto.
Pomni bajó ligeramente la mirada.
Acostumbrarse.
La idea de acostumbrarse a ese lugar le revolvió el estómago.
La muñeca pareció notar inmediatamente su reacción y se apresuró a continuar.
"O-oye, no quise decir que esto sea normal" dijo rápidamente, moviendo las manos con nerviosismo. "Solo... no estás sola aquí, ¿sí? Todos pasamos por algo parecido cuando llegamos".
Pomni no respondió.
"Y... si necesitas cualquier cosa, puedes tocar mi puerta".
Ragatha señaló una habitación cercana decorada con costuras, telas coloridas y pequeños adornos cosidos alrededor del marco.
"Estoy justo aquí al lado".
Pomni observó la puerta durante unos segundos antes de asentir lentamente.
"Gracias..."
La muñeca le dedicó una pequeña sonrisa cansada, claramente intentando parecer más tranquila de lo que realmente estaba, antes de despedirse y desaparecer dentro de su habitación.
Entonces el silencio volvió.
Pomni permaneció inmóvil frente a su propia puerta durante varios segundos.
No quería entrar.
Porque hacerlo hacía que todo aquello se sintiera todavía más permanente.
Pero finalmente reunió el poco valor que le quedaba y empujó lentamente la puerta.
El cuarto era exactamente tan exagerado y artificial como el resto del circo.
Los colores rojo, azul y amarillo dominaban absolutamente todo el espacio. Las paredes parecían hechas de plástico brillante, reflejando tenuemente las luces suspendidas en el techo. En el centro de la habitación descansaba una enorme cama rodeada de largas cortinas rojas que caían desde arriba como si se tratara de un pequeño escenario teatral. Cubos gigantes similares a juguetes infantiles estaban dispersos por distintas esquinas, junto a figuras geométricas flotantes que giraban lentamente en el aire sin ninguna explicación lógica.
Todo parecía diseñado para un niño.
O para una caricatura.
No para una persona real.
Sus pasos avanzaron lentamente por la habitación mientras observaba cada rincón con creciente incomodidad.
Entonces notó algo peor.
No había ventanas.
Ni una sola.
El aire se sintió más pesado inmediatamente.
No existía ninguna conexión con el exterior.
Ninguna prueba de que siquiera existiera algo más allá de aquellas paredes coloridas.
Aquello le provocó un extraño vacío en el pecho.
Sus ojos recorrieron lentamente el cuarto hasta detenerse finalmente sobre un enorme espejo apoyado contra una de las paredes.
Y entonces volvió a verla.
A ella misma.
O más bien... aquello en lo que se había convertido.
Se quedó inmóvil frente al reflejo durante largos segundos.
Sus enormes ojos recorrieron lentamente cada detalle de la figura reflejada frente al cristal. El gorro rojo y azul descansaba sobre su cabeza, adornado con pequeñas campanillas doradas que tintineaban suavemente incluso con el más mínimo movimiento. Su rostro tenía proporciones caricaturescas; Demasiado redondo, demasiado suave, demasiado artificial. Todo parecía exageradamente expresivo, como si hubiera sido diseñado específicamente para una animación infantil.
Aquello no parecía humano.
Y luego estaba el traje.
Colorido.
Ridículo .
Ajeno .
Pomni se levantó lentamente con una mano temblorosa hacia el cuello de la ropa, intentando despegar aunque fuera de una pequeña parte de la tela.
Nada ocurrió.
La tela no se movió realmente.
Era como si estuviera adherida directamente a su cuerpo.
Frunció ligeramente el ceño y tiró con más fuerza.
El resultado solo consiguió provocarle una desagradable sensación de tensión directamente sobre su piel.
El aire abandonó lentamente sus pulmones.
No era ropa.
O al menos... ya no funcionaba como tal.
Sus manos bajaron rápidamente hacia los guantes bicolor que cubrían completamente sus dedos. Intentó quitárselos desesperadamente, tirando de ellos varias veces, pero solo sintió nuevamente aquella horrible resistencia imposible de separar de sí misma.
Como si los guantes fueran parte de sus manos.
Su respiración comenzó a acelerarse lentamente.
No.
No, no, no.
Subió rápidamente ambas manos hacia el gorro de bufón y tiró de él con fuerza. Las pequeñas campanillas resonaron violentamente mientras el material apenas cedía unos centímetros antes de devolverle otra sensación incómoda de dolor sobre el cuero cabelludo.
Pomni soltó el gorro de inmediato.
El miedo regresó de golpe.
Aquello estaba fusionado con ella.
La ropa.
Los guantes.
El [ BEEP ] sombrero de bufón.
Todo formaba parte de su cuerpo ahora.
Retrocedió un paso frente al espejo mientras observaba horrorizada el reflejo que le devolvía exactamente la misma expresión aterrada.
Ya no podía distinguir dónde terminaba ella y dónde comenzaba el personaje.
Porque quizás ya no había diferencia.
Sus ojos comenzaron a arder lentamente.
Terminó apartándose del espejo antes de seguir mirando demasiado tiempo.
El agotamiento comenzaba a aplastar cada parte de su cuerpo... o lo que sea que aquel cuerpo realmente fuera ahora.
Se dejó caer lentamente sobre la enorme cama del centro de la habitación. Las sábanas eran exageradamente suaves, casi artificiales al tacto, mientras las cortinas rojas alrededor bloqueaban parcialmente las luces brillantes del cuarto.
Y entonces los pensamientos regresaron.
El vacío .
La falsa salida.
Kaufmo.
La abstracción .
La conversación durante la cena.
No necesitaban dormir.
No necesitaban comer.
No necesitaban nada humano.
Su respiración comenzó a volverse inestable nuevamente mientras observaba el techo cubierto de colores brillantes.
¿Qué significaba eso realmente?
¿Seguían vivos?
¿Sus cuerpos reales seguían existiendo en alguna parte?
¿O simplemente habían quedado atrapados allí para siempre?
Las lágrimas comenzaron a acumularse lentamente en sus ojos antes de deslizarse silenciosamente por sus mejillas.
Pero incluso eso se sentía incorrecto.
Las lágrimas eran demasiado perfectas.
Demasiado ligeras .
Demasiado artificial .
Como si el propio acto de llorar hubiera sido recreado digitalmente para imitar algo humano.
Aquello terminó de quebrar algo dentro de ella.
Cubrió parcialmente su rostro con ambas manos mientras intentaba contener el temblor de su respiración.
Necesitaba salir de allí.
Tenía que existir una forma.
No podía aceptar que aquello fuera de su nueva realidad.
Simplemente no podía.
Permaneció acostada durante quién sabe cuánto tiempo, atrapada entre pensamientos cada vez más desesperados y el agotamiento emocional que lentamente comenzaba a consumirla por completo.
Hasta que, poco a poco...
El mundo terminó apagándose nuevamente.
