Chapter Text
1909 Small Heath, Birmingham, Inglaterra
—¡Corre, J!
—¡Eso hago, Tom!
—¡Pues corre más rápido Juney! ¿O ya estas débiles?
—¡Cállate, Fred!
Los pies golpeaban el barro húmedo de Small Heath, salpicando agua y ceniza en cada paso. Detrás de ellos, los gritos se mezclaban con risas y amenazas que ya no distinguieron.
—¡Por aquí! —gruñó Tommy, girando en seco hacia un callejón estrecho.
Los tres se metieron de golpe. El aire olía a carbón y humedad. Se detuvo contra la pared, respirando con dificultad. Un par de oficiales cruzaron la entrada del callejón... y siguieron de largo.
Silencio.
Un segundo...dos...y entonces—
Rieron fuerte. Sin contenerse.
—Mierda, Juney —dijo Freddie, aún jadeando—. Debes ser más rápido. A este paso un día nos atraparán... otra vez.
Joon se inclinó, apoyando las manos en las rodillas, recuperando el aliento.
—Oigan... no es mi culpa que ustedes corran como caballos.
Freddie soltó una risa.
—Claro que es tu culpa. Mira esas piernas, son palos. No tienes resistencia. Tienes que ejercitarte más.
Tommy se pasó la lengua por el labio, calmando la respiración.
—Fred tiene razón —dijo, sin mirarlo—. No puedes pasarte el día encerrado en esa oficina, sentado entre papeles y libros de cuentas. Sal a caminar o algo así.
Joon alzó la vista, frunciendo el ceño.
—Es un trabajo.
—Es un trabajo aburrido —replicó Freddie—. Y te va a matar antes que los policías...estar ahí...leyendo cartas o escribiendo.
—Cállense idiotas—murmuró Joon, pero había una sonrisa cansada en su cara.
Tommy se separó de la pared y miró hacia la salida del callejón.
—Ya —dijo—. Tenemos que volver antes de que oscurezca. Polly debe de estar esperándonos.
Freddie miró sus pies, cubiertas de barro.
—Polly nos va a matar... estamos hechos un desastre.
Tommy ya estaba caminando.
—Entonces muévete.
Freddie y Joon se miraron un segundo y lo siguieron.
...
...
Los tres asomaron la cabeza desde la esquina. La casa estaba a oscuras... salvo por una luz tenue en una de las ventanas.
—No podemos entrar por la puerta principal —murmuró Freddie—. Polly nos va a dar unos buenos golpes y luego nos hará limpiar los pies con agua fría.
Tommy no apartó la mirada.
—Entonces no entraremos por la puerta— se giró apenas —vamos por la ventana. Da a mi habitación.
Joon se abrazó los brazos, temblando un poco.
—Vamos rápido. Tengo frio y hambre.
Salieron corriendo.
El barro crujía bajo sus pies. Llegaron a la pared lateral, donde la ventana quedaba un poco más alta de lo normal.
Tommy se detuvo.
—Ven, Joon. Sube, rápido.
Joon parpadeó y se volteo lentamente hacia Tommy.
-...No.
Tommy se agachó frente a él.
—Rápido sube a mis hombros.
—No no no, ya sabía que me ibas a pedir eso, Freddie ayuda.
Joon miró a Freddie, esperando apoyo de su parte, él se encogió de hombros.
—Hazle caso, tú sabes como es Tommy.
—...traidor —susurró Joon.
Joon dudó un segundo... pero se subió, torpe al principio.
—Seguro ¿sabes lo que haces, Tom?
—Confía en mí.
Tommy se incorporó con esfuerzo, sosteniéndolo firme. Joon se aferró a sus hombros, tensando los dedos.
—Tommy...
—Mira arriba, J. Tú alcanzas la ventana. No tengas miedo. Yo te sostengo y no te dejaré caer.
Joon levantó la vista. Estiró el brazo. Sus dedos rozaron el marco de madera.
—Oye —murmuró Tommy—. No pesas nada.
—Estos días... no hubo mucha comida en casa.
Tommy apretó la mandíbula.
—Y ¿por qué no viniste a la mía? Podrías haber comido. Tú sabes que siempre eres bienvenido en casa.
Joon negó suavemente.
—Ustedes son muchos... y tampoco tienen mucha comida. Apenas pueden comer todos los días.
—Y a la mía? —añadió Freddie desde abajo.
—Tampoco —respondió Joon—. No es tan distinto... oigan tenemos casi la misma situación.
Un segundo de silencio. Tommy habló más bajo:
—Como Polly te vea así... nos va a caer encima por no haberte traído a casa para comer, nos echará la culpa a mi ya Arthur, sobre todo a mí.
Joon soltó una pequeña risa nerviosa.
—No creo...
—Vamos, sube rápido, un poco más —dijo Tommy.
Sujetó mejor las piernas de Joon y lo elevó. Joon apenas se sonoriza.
—Ya llego... ya casi—susurró.
Empujó la ventana. Cedió con un leve crujido.
—Ya puedo entrar.
—Al fin —murmuró Freddie.
Entonces— un sonido seco.
Los tres se quedaron congelados. Se giraron lentamente. Allí estaba Polly, de pie en la entrada, con un arma apuntándoles.
Sus ojos pasaron de uno a otro. Luego bajó el arma, exhalando.
—Ah... son ustedes niños.
Tommy, Freddie y Joon, sonrieron al mismo tiempo:
—Hola, Polly... je... te ves hermosa— dijeron los tres al mismo tiempo.
—Guarden sus elogios niños, entren ahora.
Tommy movió un poco su pie—
Resbalando.
—¡Mierda!
El equilibrio se rompió. Joon se sostuvo del marco de la ventana. La madera crujió y se rompió.
—¡Ah—!
Un trozo afilado de la madera se clavó en su mano. La sangre apareció de inmediato.
—¡Joon! —gritó Freddie.
Tommy ya se había levantado. Sujeto las piernas de Joon con fuerza.
—¡Te tengo Joon! ¡Te tengo!
Joon cerró sus ojos fuertemente al sentir la madera incrustarse más en la palma de su mano, tratando de tranquilizarse pero respiraba rápido. Demasiado rápido.
—Mi mano... —susurró, con la voz temblando.
—¡Ahora suéltate, J! ¡Suéltate, J! —ordenó Tommy.
—¡Salta! —gritó Freddie, abriendo los brazos—. ¡Te agarro!
Polly ya estaba avanzando hacia ellos.
—¡Joon, suéltate ahora!
—No puedo—su voz se quebró—. Está... atascada...
—Mierda —susurró Freddie.
—¡Arthur, sube a la habitación de Tommy! —gritó Polly, mientras entraba rápidamente a la casa.
Tommy apretó más fuerte su agarre.
—Mírame.
Joon dudó... pero bajó la mirada.
—Confía en mí, todo saldrá bien, tú tranquilo—dijo Tommy.
—¡Lo dices como si fuera fácil! —gritó Joon.
—¡Solo... no mires tu mano! —dijo Freddie.
Joon soltó una risa nerviosa, casi histérica.
—¡¿Mi mano que está sangrando porque tiene madera incrustada?! ¡¿Cómo quieres que no la mire?!
—¡Joon, no levantes la cabeza! —ordenó Polly desde dentro.
Un golpe seco. La ventana se abrió desde arriba.
Arthur apareció, inclinándose hacia afuera.
—Primero: buenas noches —dijo, mirando la escena—. Segundo: ¡¿Qué demonios tenían en la cabeza para no entrar por la maldita puerta?!
—¡Arthur, deja de hablar y ayuda! —gruñó Tommy.
Arthur miró la mano de Joon, atrapada en la madera. Hizo una mueca.
—Bueno... eso está bien incrustado.
—¡Gracias por decirlo! —gritó Joon, al borde de las lágrimas.
Polly apareció a su lado y apartó a Arthur sin esfuerzo.
—Muévete.
Se inclinó hacia Joon, con firmeza pero sin perder la calma.
—No te preocupes, cariño. Ya va a salir.
Joon tragó saliva.
—Por favor...
Tommy alzó un poco más la voz:
—¡No mires tu maldita mano! Miranos a nosotros.
Joon presionó los ojos un segundo... y luego los abrió, clavándolos en ellos.
—Los detesto...
Freddie levantó las dos manos, sacando los dedos medios a Joon, soltando una carcajada, como si nada.
—Mentira, nos ama.
—Ahora —dijo Polly, firme—.
Arthur sujetó el marco. Polly tomó la mano de Joon con cuidado. Un tirón seco. La madera pasó. Joon soltó un grito ahogado—
Y cayó. Directo encima de Tommy y Freddie.
Los tres terminaron en el suelo, Tommy y Freddie cubiertos de barro, respirando fuerte. Un segundo de silencio. Luego—
—...ay —murmuró Freddie.
—Mierda —gruñó Tommy, sin moverse.
Joon estaba encima de ellos, temblando, aún procesando todo. Desde la ventana, Polly y Arthur se asomaron rápidamente, pensó que Joon se lastimó.
Y soltaron el aire al mismo tiempo.
—Están vivos —dijo Arthur.
—No por mucho —añadió Polly, seca—. Ahora entre. Los tres.
...
...
...
—Quédate quieto —ordenó Polly.
Joon obedeció sin discutir. La mano le temblaba. Polly tomó un trapo, lo mojó y siguió a limpiar la herida.
—Estúpidos niños... —murmuró—. Tenían que ser ustedes.
Joon hizo una mueca.
—Ah... ese duelo—
—Claro que duele —respondió Polly sin suavizar—. Eso te pasa por intentar entrar como ladrón en mi propia casa. Podían tocar la puerta, limpiarlos y dejarlos pasar.
Cerca de la chimenea, Tommy y Freddie tiritaban, con el cabello aún húmedo. Las mantas que tenían no los abrigaba.
—Sabía que nos iba a mojar con agua fría... —murmuró Freddie, acercándose más las manos al fuego.
Tommy, temblando, resopló.
—Por eso quisimos entrar por la maldita ventana... para limpiarnos nosotros con agua caliente y no ensuciar la puta casa.
Polly ni siquiera levantó la vista.
—Y ¿qué tal les fue con eso?
Tommy rodó los ojos. Un pequeño sonido llamó su atención. Finn gateaba por el suelo, acercándose torpemente.
Tommy lo miró... y su expresión cambió al instante.
—Ven acá, Finn.
El bebé se enoja, extendiendo los brazos. Tommy lo levantó sin esfuerzo y lo acercó a su pecho.
—Tú sí estás caliente —murmuró, abrazándolo con una sonrisa leve.
Freddie los miró con envidia.
—Oye, yo también quiero cargar a Finn.
—Ni hablar —respondió Tommy, girándose un poco para alejarlo.
Arthur soltó una risa desde un rincón.
—Ustedes son un caso perdido.
Tommy alzó la vista hacia él.
—Mira quién lo dice.
En ese momento, apareció Ada, entrando con más vendas y un pequeño frasco.
—Todos ustedes son un caso perdido, idiotas— dijo, dejándolo sobre la mesa.
—Ada, lenguaje— replicó Polly, sin mirarla.
Polly tomó lo que Ada trajo sin dejar de trabajar. Joon apretó los dientes cuando Polly presionó un poco más fuerte.
—Aguanta —dijo ella, firme—. Ya casi termino.
Pasaron unos minutos y finalmente, Polly soltó la mano de Joon.
—Listo —dijo—. No hagas movimientos bruscos o se te va a abrir otra vez.
Joon bajó la mirada hacia la venda, aún respirando con cuidado.
—Gracias...
Polly suavizó apenas la expresión.
—No te preocupes, cariño.
Luego se giró y sus ojos cayeron sobre Tommy y Freddie.
—Ahora ustedes dos —señaló—. A la cocina. Té caliente, se lo toman todo, sin quejas. Ada, ve con ellos. Y asegúrese de que no se quemen.
Ada suspiró.
—Sí, claro, porque son incapaces de hacerlo solos.
Arthur soltó una risa desde el fondo.
—Voy yo también, por si estos dos incendian la casa... como la otra vez.
Tommy rodó los ojos.
—No necesitamos niñera... y esa vez fue parte de la cocina, no la casa.
—Sí la necesitan y nos costó mucho arreglar esa parte de la cocina, Tommy—respondió Ada, seca.
Tommy se levantó, todavía con Finn en brazos. Antes de irse, Polly habló de nuevo:
—Tommy... deja al bebé. No lo use como calentador.
Tommy dudó un segundo... y luego se acercó.
—Te quedas con la tía Polly, Finn —murmuró, entregándolo.
El bebé soltó un sonido suave, aún aferrado a su camisa, pero Tommy pudo despegarse. Polly lo acomodó contra su hombro con naturalidad.
—Ahora sí —dijo—. Muévanse.
Arthur, Tommy, Ada y Freddie van directo a la cocina. Freddie se detuvo un segundo en la puerta y se asomó la cabeza.
—¿No hay café mejor?
Arthur lo jaló del cuello de la camisa, bajando la voz:
— ¿Quieres entender más a Polly?
Desaparecieron en la cocina. Polly rodó los ojos, balanceando suavemente a Finn. Joon no pudo evitar sonreír por el comentario de Freddie.
El silencio duró apenas unos segundos.
— ¿Cómo están los chicos? —preguntó Joon, más bajo.
Polly suspiró.
—Rotos... aún están rotos.
Se cambió un poco, acomodando mejor a Finn.
—Arthur... —hizo una pausa—. Después de meses, hoy le escuché un par de risas.
Joon se aisló despacio.
—Eso es bueno.
—Ada a veces come —continuó Polly—, pero pasa mucho tiempo encerrada. La obliga a salir... no quiero que se pierda en su cabeza.
Joon bajó la mirada un segundo.
-John...
Polly negó con cansancio.
—Le doy cosas para que duerma. Y lo mantengo lejos del alcohol todo lo que puedo... es muy joven para eso.
Un ruido leve en el piso de arriba. Polly sospechó.
—Seguro baja en un segundo a buscar comida. Con eso me basta.
Joon dudó un instante.
—Y Tommy...
Polly lo miró. Joon habló más despacio:
—Hoy... se rió.
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Polly.
—Sí... lo noté, después de meses ríe.
Acarició la espalda de Finn con suavidad.
—Estoy contenta de que al menos los tenga a ustedes.
Joon pensó apenas.
—Siempre...— hizo una pausa — ¿y el señor Charlie?
Polly desvió la mirada un momento.
—Trabajando. Siempre trabajando, bueno cada día en la tarde o en la mañana se queda para estar con los chicos, eso no lo puedo negar. En la noche, se queda hasta la madrugada... supongo que así evita pensar en ella. Pero nunca se olvida a los chicos.
Joon asintió en silencio. Luego, susurro más suave:
—Eres fuerte, Polly... de verdad.
Polly lo miró, y esta vez sí sonriendo.
—Gracias, cariño.
Unos pasos pesados comenzaron a bajar las escaleras.
—Ahí viene —murmuró Polly.
Apareció John, despeinado, sujetándose la cabeza.
—Polly... ¿qué demonios me diste de tomar? Siento que me va a explotar la cabeza.
—Buenas noches, John —respondió Polly con calma—. ¿Qué te dije del lenguaje?
—Sí, sí... —gruñó él.
Joon alzó la mano vendada.
—Hola, John.
John lo miró... y frunció el ceño.
—¿Qué demonios te pasó?
—Lenguaje —repitió Polly.
John rodó los ojos.
—Está bien, perdón.— miró alrededor —Oigan... ¿todo ese ruido fue real o lo soné?.
Joon alzó un poco más la mano.
—Fue real... muy real.
John hizo una mueca.
—Claro que fue real... ¿te duele?.
Y entonces—las luces se apagaron.
— ¿Qué pasó? —preguntó Joon, tensándose apenas.
—Oigan, esta vez si pagamos la luz...¿no?— dijo John.
De repente, Joon sintió unas manos cubriendo sus ojos desde atrás. Se quedó quieto.
Una voz, baja y conocida:
—Feliz cumpleaños, J.
Joon se quedó en silencio por un segundo. Su respiración se detuvo apenas.
—...¿Tommy?
—Claro que soy yo —respondió Tommy cerca de su oído—. Levántate.
Joon obedeció, aún sin ver nada.
—Ahora... abre los ojos.
Las manos se apartaron. Joon parpadeó y los vio a todos.
—¡Feliz cumpleaños!— dijeron todos al mismo tiempo.
Ada sostenía una torta ligeramente torcida, con un glaseado desigual donde apenas se leía "Feliz cumpleaños Joon".
—Perdón... —dijo ella, encogiéndose un poco—. Es mi primera vez haciendo una.
—Si está cruda ya sabemos por qué —murmuró John.
—Cállate, John —respondió Ada de inmediato.
Freddie fue el primero en acercarse.
—Feliz cumpleaños, Juney.
Lo abrazó sin pedir permiso. Joon soltó una pequeña risa.
—Gracias, Fred.
—Feliz cumpleaños, niño —dijo Arthur desde atrás.
—Gracias, Arthur.
Freddie no lo soltó. Al contrario, pasó un brazo también por el cuello de Tommy.
—Oigan, ya no es un niño —dijo con una sonrisa—. Tenemos diecinueve años... somos el trío de Small Heath, no se olviden.
—Me aplastas, Fred —protestó Joon.
—Nos aplastas —añadió Tommy, intentando soltarse.
—Ah, perdón —dijo Freddie, aflojando el agarre—. Pero primero lo importante.
Metió la mano en su bolsillo y sacó una pequeña caja.
—Toma. Ábrelo.
Joon lo miró un segundo... sorprendido.
—Gracias, Fred.
Tomó la caja con cuidado y la abrió. Sus ojos se detuvieron en el contenido. Y la cerró de inmediato.
—...¿Está en serio?— susurró Joon, mirando a Freddie.
Freddie sonrió, orgulloso.
—Claro que sí, agradece, te estoy cuidando.
Tommy frunció ligeramente el ceño, curioso.
—¿Qué es?
Joon Dudó, claramente incómodo.
—Yo... es que...
Tommy se acercó por su lado, apoyando el mentón en su hombro.
—A ver... no puede ser tan malo.
Abrio la cajita. Un segundo de silencio—y luego soltó una risa fuerte. Joon se puso rojo al instante.
-¡Tom!
— ¿Qué es? —preguntó John, acercándose—. Quiero ver.
Tommy cerró la caja de golpe.
—No. Tú no.
John frunció el fruncido.
—¿Por qué?
Tommy suena apenas, burlón.
—Cuando crezcas, te explico cómo se usa.
Freddie soltó una carcajada.
—Le va a servir para no tener hijos tan rápido.
—Oh, por Dios, niños... —murmuró Polly, negando con la cabeza.
Arthur estuvo unos segundos tratando de procesar lo que acaban de decir y cuando lo comprendió ya se estaba riendo.
—¿Es un maldito condón?
Ada dejó con cuidado el pastel sobre la mesa, con las velas encendidas.
—¿En serio, Freddie?
Freddie se encogió de hombros.
—¿Qué? Mi amigo lo necesita. Para que en cualquier momento deje de ser virgen y no ser padre tan joven... aunque no me molestaría ser llamado "Tío Fred".
Joon bajó la mirada, completamente sonrojado. Tommy y Arthur no paraban de reír.
—Ya, ya —intervino Ada—. Bastante.
Señaló el pastel.
—Joon, sopla las velas. Pide tu deseo.
El ambiente se calmó un poco. Joon se acercó al despacio, miró las velas encendidas y cerró los ojos. Por un instante, todo quedó en silencio y soplo, apagando las llamas.
—¡Bien! —dijo Freddie.
Todos aplaudieron. Finn, en brazos de Polly, imitó el gesto con pequeñas palmadas torpes. Polly se acercó a Joon y, con suavidad, dejó a Finn en brazos de Tommy. Luego lo abrazó.
—Feliz cumpleaños, cariño.
Joon respondió al abrazo, con una pequeña sonrisa.
—Gracias.
Polly se separó. Ada fue la siguiente. Se acercó rápido y lo abrazó con fuerza.
—Feliz cumpleaños.
—Gracias, pequeña Ada.
Ada se apartó de inmediato, frunciendo el ceño.
—No soy pequeña— dijo mientras se enderezó, intentando parecer más alta —mira, ya casi llego a tu tamaño.
Joon alzó la cabeza, comparando.
—Claro que no.
Tommy soltó una risa.
—Por eso Joon es el más bajo del grupo... le falta más leche.
—No soy bajo —replicó Joon—. Solo no crezco tan rápido.
Freddie intervino, divertido:
—Entonces Ada es la que crece más rápido.
—Ya dejen de molestarlo —cortó Polly—. Por cierto... —miró a Joon con atención— ¿por qué te siento más delgado?
Tommy reaccionó de inmediato:
—Comamos el pastel.
—Buena idea —añadió Arthur.
Polly entrecerró los ojos, notando el cambio de tema.
—Vamos, Finn —dijo Tommy, apresurándose—. Te pondremos en tu silla.
Lo dejó ahí rápidamente y trató de acomodarlo. Polly suspir y se acerc.
—Así no se hace, Tommy.
Lo corrigió con facilidad. Cerca de la mesa, Freddie se inclinó hacia Joon y susurró:
—Se nota que no quiere que lo regañen.
Joon se mordió el labio para no reír.
Arthur se acercó entonces, extendiendo una bolsa.
—Toma, Joon. Mi regalo.
Joon lo miró, sorprendido.
—Gracias, Arthur.
Metió la mano en la bolsa... y sus ojos brillaron. Sacó una botella.
—Mi favorita... —murmuró, la giró un poco —¿Cómo conseguiste esto? Pensé que en Tennessee estaban con eso de la zona seca...
Arthur se encogió de hombros.
—Digamos que quieren mover el negocio... y uno de esos lugares, curiosamente, es Birmingham. No preguntes cómo la conseguí.
Se alejó como si nada.
Freddie, con una sonrisa ladeada, murmuró:
—Lo robó.
Joon soltó una pequeña risa.
—Por supuesto que lo robó... no me quejo.
Polly comenzó a cortar el pastel.
—John, ya te vi —dijo sin levantar la vista—. No le des más dulce a Finn. ¿Quieres quedarte despierto con él toda la noche?
John quedó congelado, con otro pedazo de torta en la mano. Finn tenía la boca completamente embarrada de chocolate, intentando agarrar más con sus pequeñas manos.
Tommy lo miró y dio un paso atrás.
—Yo no me hago cargo de ese pañal.
—Ni yo —añadió Freddie.
Tommy lo miró.
—Tú no vives aquí.
—Tampoco yo me haré cargo —dijo Ada con rapidez—. Te toca, Juan.
John abrió la boca para protestar—
Pero Tommy se adelantó:
—En esta casa ya lo dijimos varias veces. Finn es una máquina de caca. Le das dulce... hace caca. Y yo lo limpié dos semanas seguidas. Mi nariz quiere un descanso de eso. A verdad, tampoco te olvides de limpiar esa tela.
Se giró, tomando un pedazo de pastel, y fue a sentarse junto a Joon. Joon, ya comiendo, acercándose con total seriedad:
—Hasta yo sé que ese bebé hace mucha caca.
Tommy señaló a John.
—¿Amor?
Freddie llegó también, sentándose con ellos.
—No es justo —se quejó John.
Arthur, desde el otro lado, habló sin mirarlo:
—Yo tampoco me haré cargo. Ni Polly. Ya todos hemos cumplido... te toca.
John dejó caer los hombros, derrotado.
—Siempre me toca a mí...
—No John, nunca te toca a ti— habló Tommy, mientras comía su pedazo de torta —cuando te quejabas, uno de nosotros te decíamos que dejes, porque nosotros limpiamos, ahora ya estas más grande... limpia.
Y John se encoge de hombros y mira a Finn, este aún extendía sus manos para tomar más torta.
—No Finn, ya no más torta— dijo John, alejando la torta de Finn.
Finn hizo un puchero y le temblaban los labios. Un segundo después—
Rompió en llanto.
Ada se levantó de inmediato y lo tomó en brazos, meciéndolo con cuidado.
—Ya, ya... tranquilo —murmuró, arrullándolo, le lanzó una mirada a John— te ayudo a calmarlo... pero como dije, no te ayudaré a limpiarlo.
John suspir, apoyando la cabeza en su mano, jugando distraido con su torta.
Tommy rodó los ojos.
—Vamos, John... tampoco es el fin del mundo.
Joon se inclinó un poco hacia él, en voz baja:
—Déjalo... está procesando lo que le espera.
Freddie se acercó también, susurrando con una sonrisa:
—Ya se imagina lo que va a encontrar en ese pañal...
Los tres compartieron la mirada y se rieron.
A unos pasos, Polly los observaba de reojo, negando con la cabeza, mientras Ada seguía calmando a Finn.
...
...
—Le guardé un pedazo de torta a tu padre, Joon —dijo Polly, envolviéndolo con cuidado en una tela—. Toma... y mándale saludos de nuestra parte.
Joon lo recibió con ambas manos.
—Gracias, Polly.
Ella le sonríe apenas. Desde el piso de arriba—
—¡Qué asco, Finn! —gritó Juan.
—¡Cállate! ¡Quiero dormir! —se escuchó a Ada.
—¡Cállense los dos! —añadió Arthur.
Polly rodó los ojos. En la puerta, Freddie ya esperaba.
—Vámonos, Juney, antes de que mi madre me mate.
Joon se acercó.
—No es mi culpa que te regañe.
—Sí, Fred —añadió Tommy, apoyado en el marco—. No es nuestra culpa.
Freddie rodó los ojos.
—Claro... nunca lo es.
Polly los miró a los tres.
—Está bien. Vayan... y tengan cuidado.
Asintieron y salieron. El frio los golpe de inmediato. Freddie dio un paso y se estremeció.
—¡Está helado!
Tommy ya iba adelante.
—Entonces corre.
Y salió disparado. Joon lo siguió sin pensarlo.
—¡Eso es trampa! —gritó Freddie, echando a correr tras ellos.
Desde la puerta, Polly levantó la voz:
—¡Saluda a tu madre de mi parte, Freddie!
—¡Está bien! —respondió él sin detenerse.
Sus pasos resonaron sobre el barro húmedo, perdiéndose en la noche. El frío cortaba la respiración. Pero seguían corriendo.
Joon, entre jadeos, levantó la voz:
—Nos vemos mañana... ¿igual que siempre?
—¡Pero por supuesto! —respondió Freddie sin dudar.
Tommy, unos pasos más adelante, giró apenas la cabeza.
—Claro que sí.
Bajó un poco el ritmo para quedar a su lado.
—Mañana seguimos celebrando tu cumpleaños.
Joon lo miró, curioso.
—¿Seguimos?
Tommy apenas.
—Aún falta mi regalo, solo le dije tu torta favorita a Ada para que lo prepare, pero falta el mío.
—Que no sea otro tatuaje como el que nos hicimos los tres— dijo Joon, entrecerrando sus ojos.
Freddie soltó una carcajada.
—¡Eso dolio más que un golpe!
—No... será algo mejor— dijo Tommy, riendo también, mirándolo de reojo —te lo prometo.
Hizo una pequeña pausa. Y añadió, con ese tono seguro:
—Mañana te lo doy... a lo Shelby.
Joon no respondió de inmediato. Solo molestando.
Y los tres siguieron corriendo, riendo, como si el tiempo no pudiera alcanzarlos. Solo eran tres hombres de diecinueve años contra el mundo, nada podía alcanzarlos.
