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Respira conmigo

Summary:

Mundo alterno donde Subaru se pudo salir del efecto del miasma a pura fuerza de voluntad mientras estrangulaba a Ram.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

 

Sabía lo que el maná envenenado en el aire de la caverna le estaba haciendo a su cuerpo y a este paso iba a matar a Ram. La chica de cabellos rosados a la que adoraba se retorcía, luchando por aire mientras él la ahorcaba. Las lágrimas brotaron sin parar por el rostro de Subaru, quién no podía detener sus propias manos y veía como Ram comenzaba a botar espuma por la boca.

¿Cómo habían llegado a esto? ¿Cómo es que ahora estaba sentado en el estómago de la chica oni mientras el "odio" recorría sus venas?

Un hilo de lucidez pareció alcanzar una parte específica de su cerebro que hizo que sus manos dejaran de usar toda su fuerza.

Ram fue la primera y la única de las sirvientas que trató de ser su amiga desde el principio. La que le enseñó a leer, la que trataba de persuadir sutilmente a su hermana de asesinarlo, la que lo asesinó por piedad una vez para que Rem dejase de torturarlo. La que siempre buscaba pelear con él, pero al mismo tiempo era más amable de lo que demostraba a simple vista.

Una vez recuperó el control casi por completo, ella ya se había desmayado por la falta de aire. Inmediatamente comenzó a pensar en cómo salvar a su mejor amiga.

Revisó su pulso, que aún existía pero era débil y casi rió del alivio. Aún había una oportunidad de salvarla.

No sabía cómo rescatar a una persona estrangulada, pero sospechaba que debía ser similar a salvar a una persona ahogada. Limpió los restos de espuma con su pulgar y, con mucho cuidado inclinó su cabeza hacia atrás con las manos temblorosas, justo como había visto varias veces en la televisión y tapó la nariz de Ram con los dedos para que el aire no se escapara por allí. Entonces, selló sus fríos labios con los cálidos suyos y comenzó a soplar.

1 segundo soplando lo más firme y constante que podía contra lo que parece una pared de hierro. 1 segundo para apartarse y mirar el pecho de Ram. No se mueve.

Respiró profundamente antes de volver a tomar la cabeza de Ram, tratando de mantener la calma mientras ajustaba un poco su posición.

1 segundo volviendo a soplar a la rígida garganta de Ram, tratando de mantener la calma. 1 segundo para apartarse y mirar el pecho de Ram. No se mueve.

Cerró los ojos repitiéndose a sí mismo que todo iba a salir bien. Esto no era un bucle fallido aún. La iba a salvar. Iba a salvar a Ram.

1 segundo con los ojos cerrados para concentrarse solamente en sus labios y soplando. 1 segundo para apartarse y mirar el pecho de Ram. No se mueve.

Apartó un milímetro más su barbilla de su cuello para que el aire fluyera mejor mientras se repetía a sí mismo que todo esto era su culpa.

1 segundo soplando mientras piensa en cómo Ram lo insultará después de esto. 1 segundo para apartarse y mirar el pecho de Ram. Se movió ligeramente un par de milímetros. Sonrió aliviado. El daño no había sido suficiente para obstruir su garganta.

Los labios de Ram sabían amargos, tal vez por la espuma, la sangre o tal vez incluso era vómito, pero eso no era ningún impedimento para que Subaru siguiera soplando.

1 segundo soplando con calma y constancia en los pulmones de la chica inconsciente. 1 segundo para verificar si su pecho aún se movía. Un sonido débil, húmedo, como si estuviera haciendo paso entre vidrios rotos se escucha venir de sus labios. Está exhalando.

Sigue repitiendo este proceso con la chica tumbada en el suelo, su cuerpo cada vez más cálido mientras que Subaru se relajaba. Lo está logrando, su pecho se eleva cada vez con menos dificultad. Nunca pensó que amaría tanto ese sonido tan rudo, débil y húmedo que escapaba de los labios de Ram cada vez que separaba sus bocas. Podía notar como el aire entraba con dificultad en la boca de Ram, pero entraba, que era lo más importante.

Cuando Ram da su primera bocanada de aire por sí misma y sus ojos parecen empezar a reaccionar, él la incorpora y apoya contra su pecho para que no fuese a asfixiarse con su propia lengua.

—B- Ba... —la voz de la chica sonaba débil, como si el sonido estuviese pasando por una lija. Esto hace que el corazón de Subaru se apriete

La chica tosió varias veces, aún medio aturdida y recuperando el aire. Su cabeza se sentía nublada e incapaz de recordar aún lo que había pasado en las últimas horas. Solo sabía que la garganta le dolía y que estaba a solas con el chico en un lugar muy oscuro.

—Ram, quédate quieta un poco más.

Así, pensando que no había sido suficiente, Subaru cerró los ojos y volvió a unir sus labios, tratando de darle aire. La maid abrió sus ojos un poco más, sintiendo el calor de su boca y lo decidido que estaba a salvarla... Pero eso solo duró un segundo antes de que tratara de golpearlo, no por besarla, o por ser un imbécil que trataba de seguir dándole aire mientras estaba sentada, sino por el horrible miedo que sentía de tener algo impidiéndole respirar otra vez.

—N- no…

Quería decirle que no respiraba, pero solo soltó un suspiro agudo, como si el agujero de su garganta tuviese el diámetro de una aguja. Logró colocar una mano en los labios del chico, quién se apartó sorprendido, notando que Ram se llevaba las manos a su delgado cuello con moretones, sus ojos abiertos en pánico.

—¿Neesama....?

Subaru podía ver que algo estaba mal, pero no tenía cómo saber que su amiga estaba peleando con su propia garganta que empezaba a cerrarse otra vez. Para él, Ram parecía concentrada en tratar de recordar cómo respirar apropiadamente o tal vez se sentía asqueada por haber sido besada por él. Despacio, movió su mano que sostenía su espalda para acariciar su cabello y continuó haciéndolo al ver que ella no lo apartaba.

No estuvo seguro cuánto tiempo estuvieron así hasta que la garganta de Ram volvió a sonar como un silbido aterrador. El cuerpo de la chica volvía a tensarse, sus uñas clavándose en el pecho de Subaru. Parecía ser que su garganta volvía a cerrarse.

—¿¡Ram!? ¡Respira, por favor! ¡No te vayas otra vez! —le suplicó

Quiso agitarla, obligar a sus pulmones a funcionar por pura fuerza de voluntad. Pero antes de hacerlo, el color violáceo que destacaba en el cuello tan blanco de Ram hizo que ni siquiera se atreviera a tocarla tan cerca de su garganta.

Esto era su culpa. Si no hubieran llegado a este lugar… Si hubiese podido recuperar el control de su cuerpo antes de todo esto… Si hubiese sido más fuerte de mente…

Los dedos de Ram dejaron de clavarse en su ropa, lentamente perdiendo fuerza y resbalando hacia abajo. Sus ojos dejando de enfocarse en algo y su cuerpo cediendo ante la gravedad.

—No… no hagas esto Ram… ¡No te vayas! —sollozó, su voz quebrándose mientras veía la luz en sus ojos desaparecer— ¡Insúltame, dime que soy un pervertido o lo que sea!

Su cuerpo cayó contra su pecho y el sujetó sus hombros mientras lloraba. El sonido de sus gritos desesperados eran lo único que interrumpían el silencio inmenso que quedó cuando Ram dejó este mundo.

 

 

No, aún había una salida, era muy arriesgado y no estaba seguro de poder hacerlo bien, pero si había una pequeña posibilidad de salvar a Ram, entonces iba a tomarla sin dudar. Si esto no funcionaba, se iba a suicidar y entonces volvería a verla. O volvería a intentarlo. Una y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra vez de ser necesario.

—Voy a salvarte —no era una pregunta, ni una afirmación. Era una sentencia contra el destino.

Dejó de llorar casi de golpe al regresar de la muerte y procedió a buscar en sus bolsillos hasta que encontró un bolígrafo, uno que había traído pero la tinta pronto se acabó. Ram se rió de él por haber traído algo tan inútil y él lo había guardado para tirarlo después.

—Voy a salvarte.

Miles de series de documentales y varios programas de doctores se reproducen en su mente mientras recostaba a Ram otra vez. Estiró su helado cuello al máximo y grabó a fuego en su mente los moretones mientras buscaba aquella hendidura. Una vez encontró el agujero debajo de la pequeña protuberancia en su garganta, sus dedos se hundieron allí.

Voy a salvarte.

Cortó su garganta con un vidrio roto. La resistencia de su piel no fue tanta como las primeras tres veces y no sintió tanto asco de sí mismo y culpa al ver la sangre que brotaba de ella como las anteriores veces que lo había hecho. Tal como había dicho Roswaal una vez, sentía más indignación que dolor. Más indignación y odio por ser un inútil que no paraba de cometer errores antes que dolor por la pérdida. Porque esta no era una pérdida.

Voy a salvarte.

El corte fue demasiado amplio y la sangre saltó como una fuente.

Voy a salvarte.

Esta vez el corte fue demasiado ligero.

Voy a salvarte.

Ahora fue demasiado brusco.

Voy a salvarte. Voy a salvarte. Voy a salvarte. Voy a salvarte. Voy a salvarte. Voy a salvarte. Voy a salvarte.

Repetía como un mantra mientras volvía el corte más y más profundo. Iba a borrar ese pasado tan doloroso y saldrían juntos de aquí, rumbo a un futuro lleno de luz. Cualquier otra posibilidad estaba descartada y eliminada.

Voy a salvarte.

Quizás ya estaba loco, porque comenzó a reírse cuando escuchó el silbido agudo y húmedo de la incisión. Por fin el aire atrapado hacía lo que debía hacer. Con sus manos manchadas de un rojo que ya le parecía familiar, Subaru introdujo en el agujero el tubo plástico de la lapicera ya desarmada, forzándolo a entrar en la tráquea.

Esperó varios segundos, su rostro a centímetros del suyo mientras la miraba como si nada más existiera en el mundo. Porque no lo había. Alrededor de sus cuerpos, solo habían millones de fantasmas de los cadáveres de sus reinicios anteriores. Una docena de cicatrices invisibles de sus luchas pasadas por realizar mal la traqueotomía. Y un millón de lágrimas y disculpas que nunca las podría escuchar nadie nunca más.

Bueno, nadie más que Satella, que debía estar destrozada al ver sufrir tanto al chico inútil que por algún extraño motivo le gustaba.

De pronto, un espasmo agresivo sacudió el cuerpo de su amiga y Subaru sintió que había salido de un trance, como si todo fuera real por primera vez desde que comenzó el bucle. Un sonido gutural que parecía similar a una succión salió a través del tubo de plástico mientras el pecho de Ram se elevaba con violencia, una silbido de aire llenó sus pulmones saltándose por completo su garganta cerrada.

—¡Ram!

Ram volvió a la vida por segunda vez, sus ojos abriéndose de golpe y encontrándose con el rostro de Subaru, sonriendo y llorando aliviado. No entendía cómo rayos había hecho Subaru para volver a reanimarla, pero ese tonto suertudo seguramente había encontrado una respuesta como siempre lo hacía.

Bufó, su garganta adolorida haciéndole notar pronto que había algo extraño. Bajó los ojos y notó horrorizada que había un tubo de plástico sobresaliendo de su cuello. Y muchísima sangre tanto en su cuerpo, como en las manos de Subaru y el piso de la caverna.

Iba a llevar sus manos a su cuello otra vez, pero el chico la detuvo sujetando sus muñecas.

—No, Ram. Esto es lo que te mantiene aquí —le explicó, su agarre un poco demasiado fuerte para la gran sonrisa que tenía—. Descansa un poco y luego trata de ver si puedes hablar.

La mirada de Ram se dirigió lentamente a la cara de Subaru, ahora notando las manchas de sangre en ella y sus ojos que parecían enloquecidos y brillar solo para ella. Claramente el idiota estaba traumatizado por casi perderla y haber tenido que realizar… lo que sea que fuese esto. Quiso insultarlo, mientras se deshacía del agarre, pero solo salió una especie de siseo del tubo. Ambos lo notan y el chico suda frío, su expresión volviéndose completamente seria otra vez.

—...Juro que voy a salvarte esta vez.

Viendo que Subaru la soltó para comenzar a acercar su mano a un trozo de vidrio ensangrentado, Ram enseguida pensó que Barusu iba a tratar de hacerle otra cosa extraña a su cuello y lo pateó lejos. No quería más agujeros.

—¿¡Ram…!? —se veía confundido ante tal acción, pero con solo ver la mirada de Ram se dio cuenta enseguida de que la chica estaba en perfectas condiciones físicas y no se había equivocado en la operación improvisada. Suspiró aliviado, seguramente sus cuerdas vocales solo seguían adoloridas y ya— ¡Ya sé, ya sé! No voy a hacer nada raro. Es solo que… no te quites eso, ¿O-K?

Levantó las manos mientras volvía a sonreír con un aire despreocupado, pero seguía con ese brillo extraño en los ojos que a Ram no le gustaba nada. Así que volvió a golpearlo.

“Estúpido, Barusu” moduló con la boca antes de darse media vuelta y caminar hacia la salida de la cueva… Probablemente. “...OK”.

El chico la siguió de cerca y pronto comenzaron a comunicarse con Ram modulando (y mirando feo a Barusu cuando se equivocaba al entenderla) y Subaru hablando cada vez más. Estaba claro que su cordura se había quebrado bastante en las últimas horas y probablemente todavía estaba afectado por el miasma, pero la chica oni estaba segura de que cuando viese a Emilia, Subaru volvería a la normalidad por completo. O al menos eso esperaba.

Poco después vio a Patrasche con sangre en la boca y los restos de algo que Ram reconoció como Anastacia, pero dado que Subaru ya estaba mal y no paraba de mirarla a ella, decidió fingir demencia y guiarlo lejos de ambos. Más tarde volverían por la dragona con los demás y limpiaría la huella del delito.

Al menos ahora había una candidata menos para el trono. Le diría las noticias a Roswaal cuando volvieran a la mansión.

Pero por hoy, volvieron al pueblo, tomaron leche caliente y se fueron a dormir a la posada, juntos y abrazados, con Subaru despertando de golpe de cuando en cuando para checar que Ram aún estuviera respirando. La chica solo fingió que no se daba cuenta.

—Por favor… no mueras otra vez —le dijo en un momento, medio dormido— No creo poder hacerlo… una catorceava… o quinceava vez.

…Cuando se reunieran con los demás a la mañana siguiente y recuperara el habla, Ram iba a insultarlo mucho. Pero también le daría más mayonesa en su próximo almuerzo.

Notes:

Luego de haber tomado un baño, desayunaron juntos en la posada con toda la calma del mundo. Los ojos de Subaru seguían a Ram en todo momento, disfrutando de ver cómo la maid seguía bebiendo su té con cuidado… mientras escribía numerosos insultos hacia su persona. Podía hablar un poco ahora, pero sonaba muy despacio y, como ya le había dicho en la mañana, él no se merecía sus palabras.
De la nada, la sonrisa del chico se desvaneció y su rostro se deformó.
—¡Ah! ¡Emilia-tan y los demás todavía están en el desierto!
Ram siguió bebiendo té mientras el Barusu volvía a la normalidad y gritaba casi desesperado por haberse olvidado de ellos.
—Estúpido, Barusu. —Colocó un dedo en el tubo para murmurar eso, sintiéndose algo decepcionada por alguna razón