Work Text:
Una noche solitaria y fría como tantas otras, ahí estaba el, Kokonoi Hajime en su gran y lujosa habitación mirando a la nada, como si no entendiera que es lo que hace ahí. Sentado en su cama king size, demasiado grande y fría para el solo, mirando los billetes perfectamente alineados en su mesa de noche, brillando con la luz de la luna como si estuvieran malditos y hubieran arrastrado a Koko a esa maldición.
El no solía drogarse o fumar pero hoy el cenicero de su mesita de noche estaba ocupado por un porro, un porro que era lo único que podía calmarlo en noches cómo estás. Noches en las que recordaba el rostro feliz de Inupi estando en el taller de Draken, se veia tan bien siendo solo el.
Ese día Kokonoi tuvo tantas ganas de correr hacia el y arrodillarse frente a el, pedirle que por favor no lo dejara otra vez, que lo abrazara de nuevo porque el viento rugía con fuerza haciendo que el frío le calara hasta los huesos, recordaba aún como jugueteaba con la pequeña cajita del anillo en el bolsillo de su traje, pensando en las palabras que había escrito únicamente para Inui pero... el mismo sabía que lo único que quedaba era el sentimiento de lo que alguna vez había sido, recordando la piel de Inupi contra la suya, su calor, su consuelo pero también como lo había lastimado imaginando a Akane en vez de a el.
Kokonoi nunca dejaría de odiarse por haber lastimado a Inui, no habría un solo día en el que pudiera estar en paz sabiendo lo tanto que la cagó.
Tomo el porro entre sus dedos delicados y largos, se lo llevó a los labios y dió una gran calada, como si el humo en sus pulmones pudiera dispersar sus memorias y su asco hacia si mismo. Sentía el cuerpo tenso mientras más pensaba en eso, no podía evitar temblar ante el recuerdo de Inui, de sus labios suaves y cálidos como un bálsamo, su tacto tan agradable y delicado, como si Kokonoi lo necesitara y la verdad es que si.
Al lado de todo ese dinero maldito estaba una carta de Inui, su única carta hacia el. La miro con puro dolor y rabia hacia si mismo, ahí estaba su nombre escrito con la caligrafía impecable del rubio y al lado había un beso de los labios de Inui, el labial era rojo, uno que Koko le había regalado cuando apenas eran amigos, cuando aún vivía Akane, lo había hecho con burla sin saber que apenas unos meses después Kokonoi pensaría que Inupi se veia hermoso con el puesto.
Con frustración, tomo el cenicero y lo arrojo contra la pared haciendo que se rompiera en millas de pedazos que volaron por toda la habitación, se llevo una mano al cabello y suspiro. Cada día se destruía más y más, iba hacia los burdeles a ver si podía encontrar consuelo en alguna prostituta, siempre intentaba a buscar a mujeres y hombres con el aspecto de Inui pero no había ninguno igual.
Se rió con amargura al darse cuenta de que antes usaba a Inupi como un sustituto de su hermana y ahora buscaba a algún sustituto para Inupi.Miro el dinero en la mesa de noche y sintió las lágrimas en los ojos e inesperadamente comenzó a reír mientras tomaba los fajos de billetes y los abrazaba y restregaba contra su rostro, riendo mientras lloraba. A veces se preguntaba si el dinero valía tanto la pena, si valía haber perdido a Inui.
Inupi mentiría si dijera que no pensaba en Koko de vez en cuando, por no decir casi siempre.
Por los días reía con Draken, lo ayudaba al taller de motocicletas, comía y hablaba con normalidad pero... en la oscuridad de la noche no podía evitar los sentimientos y los pensamientos que tenía atascados. Extrañaba a Kokonoi, esa era la pura verdad. Tantas veces había soñado con volver a verlo, a estar entre sus brazos, había soñado con besarlo.
El mismo quería convencerse de que si lo viera, lo mandaría a la mierda.
"Que mentira", pensó con amargura y una risita que parecía más un sollozo.
El bien sabía que si lo viera de nuevo, iría corriendo hacia sus brazos. Había dejado de beber y nunca se había drogado pero Dios, mataría por un trago ahora mismo. Las lágrimas le picaban en los ojos y lo único que quería era poder tener un buen trago de cerveza o tener a Kokonoi de vuelta, lo que fuera más fácil.
Se levantó de su cama con molestia, se sentó en la misma y se sostuvo la cabeza entre las manos.
No, se suponía que el ya lo había superado pero, ¿realmente era así?. Había perdonado a Koko por haberlo comparado tantos años con su hermana, lo había perdonado por lastimarlo pero no podía perdonarlo por haberlo traicionado deliberadamente, no podía perdonarlo por abandonarlo.
"Otra noche sin dormir, que suerte", pensó mientras maldecía en voz baja y tiraba las cobijas al suelo, sintiendo un calor infernal. En lo más profundo de Inui, el realmente esperaba que Kokonoi fuera feliz.
Días después había llegado un ramo de rosas rosas y lirios blancos, junto a una carta sin remitente. Un repartidor se las dió sin pedir firma ni alarde alguno. El ceño de Seishu se frunció mientras Draken alzaba una ceja, curioso y algo protector. Por un momento Inui pensó que era una gran equivocación, probablemente eran de alguien más pero la maldita carta tenía su nombre completo, con una caligrafía que conocía de memoria, no debía de tener remitente para ya saber quién era.
Tomo la carta y la guardo en su mono de trabajo sin decir más, dejó las flores en el taller, como un lindo adorno y siguió con su trabajo sin dar explicaciones y Draken realmente no se atrevió a cuestionar a su amigo y colega. Durante todo el día Inui intento aligerar el ambiente, intento actuar normal pero ocasionalmente se quedó callado, como si escondiera algo, como si tuviera miedo de descubrir algo.
Y al llegar la noche fue como si el demonio lo estuviera persiguiendo, se encerró en su habitación, se sentó en la cama y saco la carta de su bolsillo. Sin querer, las lágrimas se le acumularon en los ojos. Por un momento se decidió a tirarla o quemarla pero tenía curiosidad.
Hace años que había esperado por una respuesta, por un llamado y ahora parecía tenerlo entre sus manos, en aquellas hojas que parecían un amuleto que podía devolverle la paz y la felicidad o podía hundirlo más.
Abrió la carta con cuidado, apreciando los detalles, aquella caligrafía que con el paso de los años parecía haber perfeccionado a algo más elegante, desdoblo lentamente la hoja y se encontró con lo que más había anhelado y temido. Eran una especie de votos o de confesión, había dos hojas.
"Inupi, no sabes lo mucho que me odio y lo tanto que te extraño. Primero que nada, quiero pedirte perdón por arruinar todo, por haber acabado con lo que teníamos. Tengo que confesarte que en ese momento estaba confundido, no quería aceptar lo que sentía por ti, prefería creer que seguía estancado con Akane en vez de darme cuenta de que realmente quería seguir adelante contigo y no creas que me justifico, en esta carta no quiero limpiar mis pecados, quiero confesartelos a ti, a la Persona que más amo en esta vida. En segunda, tengo que confesarte que te busque y te encontré. Parecias tan feliz que no tuve el valor de arrodillarme frente a ti y rogar por tu perdón, fui tan cobarde que no pude acercarme a ti. Quise pedirte matrimonio sin saber si me correrías a patadas o no, tenía el anillo listo en mi bolsillo pero otra vez te falle. Y a pesar de no haber podido hacerlo por miedo, te doy mis votos, quiero que sepas que realmente te amo. Que si me perdonas, podemos huir juntos, podemos ser felices juntos otra vez.
Con amor, Kokonoi."
Para este momento, Inupi ya estaba con las lágrimas cayendo por sus mejillas pero al pasar a la siguiente hoja supo que se iba a desmoronar aún más.
"Recuerdo la primera vez que te ví con otra perspectiva, cuando me di cuenta de que me había enamorado completamente de ti. Tu estabas ahí, tan hermoso y etéreo como es tu costumbre, dormitando en la biblioteca, tu perfil se veía exquisito, como si hubiera sido tallado a mano por el escultor más dedicado. Recuerdo que mi primer impulso fue caminar hacia ti y besarte, apenas un roce de labios pero eso fue suficiente para hacer que mi corazón se saltará un latido. Ahí supe que lo único que quería era estar contigo, que después de ti yo ya no quería nada más, solo envejecer a tu lado. Inui Seishu, prometo amarte, respetarte y cuidarte por toda la eternidad. Daré mi vida por ti si es necesario, con tal de ver tus ojos hasta el último de mis días. Cariño, prometo buscarte en las siguientes vidas si es necesario con tal de seguirte amando incondicionalmente, porque sé que nacimos el uno para el otro. Espero que ni siquiera los años ni la muerte puedan separarnos, porque un amor así de especial no se ve siempre.
Te ama, Kokonoi Hajime"
Al leer los votos de Kokonoi, simplemente quedó hecho un mar de sollozos y lamentos lastimeros. Aquellos votos parecían haber sido hechos hace años, la tinta estaba desgastada y era la misma caligrafía del Kokonoi joven.
Inui quedó completamente roto. Se jalo el cabello intentando calmarse o encontrar a consuelo.
¿Por qué?, ¿por qué tenía que arruinar su vida ahora?. ¿Por qué así?. ¿Por qué no había venido en persona?.
Inupi quiso arrancarse la piel del dolor que sentía en el pecho, solo podía pensar en lo doloroso que era y en lo desgraciado que seguía siendo Kokonoi por lastimarlo así. Por no haber venido para huir como había dicho en su maldita carta. Con violencia, odio y dolor, arrojo las hojas al suelo mientras maldecía una y otra vez al pelinegro.
"Maldito, aún en tu ausencia me haces sufrir", pensó con una mezcla de amargura y tristeza.
Kokonoi estaba tirado en el suelo de su habitación pero la situación era un poco diferente a las anteriores. Estaba solo, si pero también sangrando con las múltiples balas que lo habían alcanzado. Una banda rival lo había emboscado en su propia casa. El gran charco de sangre que se expandía sin cesar manchaba su lujosa alfombra y los billetes que habían caído al suelo, mientras su miraba perdida apuntaba al techo. Estaba muerto pero incluso en su lecho de muerte, lo único que estaba en su cabeza era Inui y su promesa.
"Te amo Inui, ojalá algún día me puedas perdonar"
