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Mejor no

Summary:

Manuel tiene una charla pendiente con Lautaro y el viaje a Punta del Este parece la oportunidad perfecta para hablar, pero nada sale como lo había imaginado.

Chapter 1: We need to talk

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

El viaje de fin de año era algo que venían planeando de un tiempo para acá y por el cual estaban bastante emocionados.

Punta del Este era uno de los mejores destinos para pasar estas fechas; playa, sol, descanso, fiesta...las expectativas definitivamente estaban bastante altas, especialmente para Mernuel.

Le encantaba viajar y más si era acompañado de sus amigos, nada lo hacía más feliz que compartir los momentos más especiales junto a las personas que más amaba en este mundo -después de su familia- y más aún tener la posibilidad de que sus dos círculos sociales se fusionaran convirtiéndose en uno solo.

Además, su emoción sobrepasaba la de los demás ya que tenía planes adicionales que, confiaba, lo ayudarían a resolver ciertos dilemas internos que día a día le mataban la cabeza -y un poco el corazón-.

Y, por supuesto, todos y cada uno tenían que ver con Moski.

Para nadie era un secreto que el momento en que Lautaro decidió irse a Dubai sin mirar atrás se convirtió en un punto de quiebre que Manuel nunca se esperó. Y ese golpe lo único que logró en él fue empezar a cuestionarse cosas que sin una situación así nunca hubieran pasado por su cabeza siquiera.

Y hoy, cinco meses y medio después, había llegado a un par de conclusiones.

La ausencia del rubio, la llegada de las shipperas a su comunidad, los edits, el resurgimiento de clips viejos con señalamientos puntuales, las bromas -no tan bromas- de gente cercana a él…todo llevaba a un mismo punto que, aunque al principio se lo tomaba con demasiada ligereza, de a poco había empezado a tomar seriedad y se había instalado en su cabeza y en su corazón.

¿Estaba enamorado de Lautaro?

Hace cinco meses probablemente hubiera dicho que no…o tal vez que sí, aunque la burla hubiera sido evidente en sus ojos.

Hoy en día el simple pensamiento le aceleraba el pulso y ya no se sentía capaz de bromear al respecto porque sentía que una mirada, una risita o cualquier movimiento que hiciera podía delatar algo.

Hoy en día ver a Lautaro en su cotidianidad lo hacía sonreír inconscientemente, conectar con esos ojos cafés que brillaban todo el tiempo hacía que el calor le subiera hasta las mejillas, un simple roce le provocaba escalofríos y esa necesidad de sentirlo un poco más.

Así que sí, estaba hasta las manos.

Aceptarlo fue más difícil de lo que cualquiera pensaría. Era consciente que una vez lo aceptara ya no habría vuelta atrás, las cosas cambiarían y era más lo que podía perder que ganar, pero tampoco podía obligarse a dejar de sentir, y eso lo llevaba a la incertidumbre que hasta hoy en día lo atormentaba porque no sabía qué hacer con ese descubrimiento.

Desde que Lautaro volvió su relación había cambiado bastante. Habían hablado, sí, pero, si era totalmente sincero, eso y nada era lo mismo. 

No podía negar que algo habían mejorado, estaban “bien” y poco a poco el vínculo se reconstruía, pero no por eso dejaba de ser raro

Habían intentado volver a ser los de antes, mostrarse igual, comportarse igual con el otro, y aunque Manuel podía decir que el ambiente no era incómodo entre ellos, tampoco podía afirmar que era cómodo, había una tensión silenciosa y cada vez más pesada creciendo entre ambos y los dos eran conscientes que habían caído en un limbo del que realmente no se se sentían listos para salir.

Preferían seguir fingiendo que estaba todo bien, ese era el camino más fácil.

Aún así, para Manuel ya estaba siendo demasiado luchar diariamente con sus sentimientos y sus incontables impulsos de tratar al rubio como algo más que amigos, en él ser cariñoso era algo común, todos los sabían -Lautaro más que nadie- y por eso lograba pasar desapercibido, pero en el fondo sentía que por ratos tal vez se estaba pasando.

Lo que tenía de cariñoso lo tenía de celoso, y, hasta para sorpresa de él mismo no se había dado ninguna pelea aún. Cada vez que Lautaro tenía planes fuera que no lo involucraban, algo dentro de él se encendía y las preguntas brotaban de su boca casi como acusaciones sin darle el tiempo para pensar dos veces lo que decía y el cómo lo decía.

La solución siempre era la misma, Moski lo miraba mal, hacía algún chiste o comentario burlándose de él y se iba dejándolo no solo hablando solo sino con el enojo rebosando.

Y eso no era lo peor.

Últimamente el rubio casi no paraba en el departamento. 

Se la pasaba todo el día fuera sin decirles para dónde iba o con quién, llegaba muy sobre la hora a los streams y en las madrugadas se volvía a ir sin avisar.

El malestar que le generaba a Manuel no saber dónde estaba su amigo ya no era algo solo de celos, la preocupación y el miedo eran los que estaban empezando a tomar forma en su cabeza creando mil escenarios diferentes que solo terminaban en una misma situación: Lautaro yéndose otra vez, pero esta vez no de viaje, sino de su vida.

Esa era una de las tantas razones por las que planeó este viaje.

Necesitaba alejarlo de lo que sea que lo tenía tan entretenido en Buenos Aires e intentar volver a conectar con él, recuperarlo.

 

...

 

Llevaban tres días en Punta del Este.

Tres días en los cuales, si se hablaba de forma general, la habían estado pasando muy bien. 

Aunque siempre había unos que la pasaban mejor que otros.

Manuel no se podía quejar, estaba viviendo unas vacaciones increíbles y cerraba el que tal vez fue su mejor año con la gente que más quería en este mundo, pero, a pesar de eso, algo dentro de él lo mantenía demasiado ansioso y podría decir que hasta ciertamente molesto.

Y eso para nada era lo que había esperado sentir en estos días.

El ambiente desde que habían llegado lo había estado percibiendo raro. Había un no sé qué en el aire que lo irritaba y lo mantenía al margen del grupo buscando evitar algún problema innecesario por su mal humor. 

Al principio intentó dejarlo pasar y lo ignoró lo más que pudo porque realmente ni él mismo entendía qué era lo que pasaba, pero a medida que pasaban las horas se empezó a dar cuenta que ciertamente esa tensión que le estaba presionando el pecho no era un invento suyo.

Lautaro venía enfermo desde antes del viaje y los primeros dos días había estado considerablemente peor al punto de no salir ni al balcón de la casa. Manuel no podía culparlo por querer estar solo, eso lo entendía perfectamente, pero no podía dejar de estar pendiente de él por completo, era casi un instinto cuidarlo y sabía que en el fondo al rubio le gustaba tener su atención, pero esta vez estaba siendo diferente.

Moski buscaba cualquier forma o excusa para alejarlo: que quería estar solo, que quería dormir, incluso cuando se quiso quedar con él le dijo que no, que no “dejara de disfrutar por su culpa” y que se quedaría con alguien más.

¿Por qué preferiría quedarse con alguien más antes que con él?

Y aún así, aún con toda la incertidumbre y preocupación con la que cargaba, trató de entenderlo y de darle su espacio, porque para él antes que su propio malestar estaba el de Lautaro.

Pero su comprensión no fue suficiente y para el tercer día sintió colapsar.

Ese día Ian Lucas los había invitado a pasar la tarde en un yate junto con otros amigos y conocidos. Como era de esperarse el rubio en primera instancia se negó a ir, Mernuel habló con él intentando convencerlo, pero ante cada súplica había una excusa nueva: “aún no estoy bien” “me siento cansado” “el calor me pone peor” “no quiero ver a nadie” “el ruido me fastidia” y así unas cuantas más hasta que el pelinegro se rindió y salió de la habitación molesto.

En el camino se chocó con Santiago de frente, “¿qué te pasa boludo? Mira por dónde vas al menos”.

“Perdón” dijo entre dientes y siguió su camino hasta el living donde se tiró en uno de los sofás y sacó su teléfono para distraerse mientras salían.

“eu manu, ¿está todo bien?” Baulo se sentó a su lado y le habló con más tranquilidad esta vez, “¿por qué tenés esa cara de que vas a matar al primero que se te cruce?”.

Manuel soltó una risita aireada y dejó su celular de lado, cubrió su rostro con sus dos manos al mismo tiempo que soltaba un suspiro que sonó más como un quejido, “es Moski” dejó caer sus manos a los lados y miró a su amigo, “lo traté de convencer de mil maneras para que vaya al yate pero no quiere”.

“ah nooo” Santiago se levantó al mismo tiempo que negaba con su dedo índice, “a este me lo llevo así sea arrastrado pero hoy no se queda, ¡MOSCA!” El grito resonó por toda la casa y en un parpadeo el castaño desapareció de nuevo por el pasillo esta vez en dirección a la habitación de la que él había salido minutos atrás.

El pelinegro volvió a reír mientras negaba con la cabeza, buena suerte con eso, si él no había logrado convencer al rubio dudaba que alguien más lo hiciera.

Él lo conocía mejor que nadie y si ninguno de sus métodos de persuasión había funcionado era porque ya no había nada que hacer.

Tomó su celular de nuevo y apenas abrió Twitter un grito lo sobresaltó. Levantó la mirada y en el pasillo pudo ver a Bauleti saltando como loco con Moski detrás riéndose, “¿Ya están todos listos? ¡Tenemos que salir antes de que la mosca cambie de opinión!”.

La sonrisa de Manuel se borró inmediatamente, “¿qué?”.

“Así como escuchaste Manolito, todo me toca solucionarte a vos” dijo burlonamente al mismo tiempo que abrazaba por los hombros al rubio.

El pelinegro desvió su mirada a Lautaro buscando alguna explicación de por qué él no había logrado nada cuando al parecer para Santiago había sido tan fácil convencerlo, pero este en ningún momento se giró a mirarlo de vuelta, haciendo como si él realmente no estuviese ahí.

Y eso le dolió.

Un dolor punzante le picó el pecho y sintió sus ojos arder, anticipando que las lágrimas no tardarían en salir, por lo que se levantó rápidamente del sofá y con una disculpa torpe pasó al lado de ambos encerrándose en el baño.

Apenas cerró la puerta tras de sí, abrió la llave del lavamanos y se mojó la cara varias veces. Su cabeza se sentía como un espiral que giraba y giraba sin darle ni un segundo de descanso buscando una explicación.

¿Por qué Lautaro se estaba comportando así?

En un principio atribuyó su actitud a que estaba enfermo, cualquiera en ese estado se pone irritable ¿verdad?, era normal, entendible. Sin embargo, lo que acaba de pasar le daba un giro de 180° a sus suposiciones porque, ahora que lo analizaba mejor, la actitud arisca solo iba dirigida hacia él, no a Balza, no a Santiago, ni siquiera a sus otros amigos, solamente hacia él.

Sintió de nuevo un vacío en su estómago y se apoyó en el lavamanos mirándose fijamente en el espejo, como si su reflejo tuviera las respuestas que su cabeza no lograba descifrar. 

“eu merno” unos golpes en la puerta lo sacaron de su trance y la voz de Balza se escuchó del otro lado, “ya estamos para salir, ¿está todo bien?”.

“Sisi, ahí voy” escuchó como su amigo se alejaba y suspiró pesadamente. Antes de salir trató de poner su mejor cara y mentalizarse de que iba a ser un buen día a pesar de todo.

Necesitaba que esa sensación de vacío desapareciera.

 

...

 

Apenas minutos atrás el barco había empezado a andar y el ambiente de a poco empezaba a formarse con la música, el alcohol y la buena energía que casi todos llevaban.

Los tres ya estaban acomodados en una de las mesas del barco tratando de abrir una botella de champaña para empezar a entrar en ambiente. Cuando al final la abrieron, Moski fue el primero en tomarla y servirse en una copa. Manuel miraba con atención cada uno de sus movimientos y una sonrisa inconsciente se pintó en su rostro al ver al rubio esperando que la espuma del trago bajara y así servirse un poco más, le pareció que se veía tan lindo así, simplemente existiendo, con el sol pegándole de lleno en su rostro y resaltando cada detalle.

Sin pensarlo mucho sacó su celular queriendo tomarle una foto desprevenido como siempre lo hacía, pero esta vez el plan no le salió como quería y Lautaro se percató de sus intenciones, y aunque no se movió y se dejó tomar la foto, en el momento en el que el pelinegro guardó su celular de vuelta alcanzó a notar como el rubio giraba los ojos, no con gracia como siempre solía reaccionar, sino con genuino fastidio.

“No la publico si no querés” fue lo primero que se le ocurrió decir, queriendo no solo que el rubio quitara esa cara de desagrado, sino que le hablara.

“Hace lo que quieras” se levantó de su lugar con su copa ya llena y pasó por su lado dejándolo en blanco.

El resto de la tarde pasó así, Manuel tratando de acercarse y pasar aunque sea cinco minutos al lado de Lautaro, y Lautaro alejándose cada que notaba sus intenciones y divirtiéndose con todo el mundo menos con él.

En un punto la mayoría se bajaron a un flotador gigante a tomar sol y beber mientras charlaban, Mernuel prefirió quedarse en el barco intercalando su atención entre el paisaje, su celular y de vez en cuando el grupo, enfocando su atención específicamente en Moski.

Por ratos se quedaba mirándolo fijamente como si así pudiera leerlo y llegar a entender cuáles eran las razones que lo tenían así. También repasó cada una de sus acciones y palabras de la última semana buscando algo que tal vez para él había pasado desapercibido, pero que podía haber llegado a molestar al rubio.

“¿qué haces?” La voz de Bauleti lo sacó de su trance y vio como se sentaba a su lado pasando su brazo por sus hombros.

“¿Ya estás borracho?” Se burló al mismo tiempo que lo miraba, recibiendo con cierto gusto la distracción que su amigo le brindaba en ese momento .

“Es lo más sobrio que he estado en mi vida” le siguió el juego haciendo que ambos rían, “te pregunté algo yo a vos, ¿qué tanto miras para allá?”.

La sonrisa del pelinegro se mantuvo, pero fue evidente que ya no era una sonrisa de gracia sino más bien una sonrisa triste, “no preguntes boludeces” tomó un trago de su cerveza y volvió a mirar hacia donde estaba Moski.

“Dale Manu, tenés una cara de que te querés ir a la mierda ¿qué pasa?”.

“No sé Santi, me siento…mal” hizo una pequeña pausa analizando sus propias palabras, “y medio que me da bronca sentirme así cuando estoy de vacaciones en un destino hermoso, con la gente que más amo y a punto de cerrar el mejor año de mi vida, debería estar feliz pero simplemente no me sale” soltó un suspiro pesado y se echó para atrás en el asiento, “desde que llegamos siento una presión acá que no me deja ni respirar tranquilo” dijo al mismo tiempo que señalaba su pecho con una de sus manos.

“Primero que todo, no ‘deberías’ sentirte de cierta forma, eso no es algo que controlas y está bien no sentirse bien siempre, grabate eso” puso su mano en su hombro y se quitó los lentes de sol, quedándose un par de segundos en silencio, considerando lo siguiente que iba a decir,  “gordo sé que hay algo que no me estás diciendo, y si no querés hablarlo está perfecto, pero así se me re complica ayudarte”.

La preocupación en los ojos de su amigo era evidente y eso fue suficiente para que, por un segundo, una ráfaga de confianza se apoderara de él y soltara el que actualmente era su secreto más profundo, “Estoy enamorado de Moski”.

El silencio nuevamente se hizo presente e instantáneamente se arrepintió de haber hablado, pero lo que más ansioso lo ponía era que el rostro de su amigo no le daba ninguna señal de cómo estaba procesando lo que para él era una bomba, no había rastros de sorpresa, alegría, ni siquiera asco en su expresión.

Luego de unos segundos que a Manuel le parecieron eternos, Santiago por fin habló, “Okey” alargó un poco la palabra mostrándose comprensivo ante la situación, pero eso no era lo que esperaba.

“¿Eso es todo lo que vas a decir?”.

“Y bueno gordo qué querés que te diga”

“No sé flaco, esperaba alguna reacción de tu parte y tu cara no me dice nada, ¿no te sorprende siquiera?”

“¿Te digo la verdad?” El pelinegro asintió y Santiago rodó los ojos, “Y no boludo, es como si me estuvieras diciendo que el agua moja, era medio (re) obvio”.

Ahora fue el turno de Manuel de quedarse sin palabras.

¿De verdad era tan obvio?

Porque si era tan obvio eso significaba que posiblemente Lautaro ya se había dado cuenta también y tal vez esa era la explicación de su actitud hacia él.

“eu, no sé que estás pensando pero bájale dos” Santiago nuevamente lo trajo a la tierra, “quita esa cara gordo, parece que viste un fantasma” se burló.

“¿Vos decís que ya sabe?” tenía que sacarse la duda antes de que le diera un infarto.

“¿Quién? ¿Moski?” el pelinegro asintió, “nah, si a vos te costó una barbaridad darte cuenta imagínate a él” soltó una risita tratando de aligerar el ambiente, pero no funcionó.

“¿Entonces por qué está así conmigo?” su voz salió genuinamente dolida y eso un poco le rompió el corazón a Santiago. Es que no tenía sentido, suponiendo que su secreto aún estaba a salvo y la obviedad de sus acciones no alcanzaban a Moski, de nuevo se quedaba sin opciones de cuáles podrían ser los posibles motivos de su actitud, “desde que llegamos casi no me habla, cuando me acerco se aleja, incluso hoy cuando le dije que viniera a lo del yate casi que le rogué y su respuesta siempre fue no y pienso y pienso y no encuentro qué fue lo que hice mal para que esté así…pareciera que simplemente se levantó y le pintó odiarme”.

“no no, para ahí” dejó su cerveza en la mesa frente a ellos y puso cada mano en los hombros de Manuel haciendo que quedaran frente a frente, “vos sos el único idiota que piensa que Moski podría odiarte, primero se acaba el mundo” Bauleti respiró profundo y su mirada pasó a ser una más suave y comprensiva, “tienen que hablar, vos más que nadie lo sabes, no hay otra manera de saber qué es lo que realmente está pasando por la cabeza de él, y así yo lo supiera no me corresponde decírtelo, esto es algo entre ustedes dos, solo busca el momento adecuado”.

Manuel asintió lentamente y Santiago le dio un apretón en el hombro para levantarse y dejarlo solo de nuevo.

Busca el momento adecuado.

 

...

 

Eran las cuatro de la tarde del día siguiente, más de un día había pasado desde todo lo del yate, incluida la charla con Bauleti.

En ese momento estaban todos en la playa, algunos en el mar, otros tomando el sol. Manuel se encontraba sentado en la arena, un poco alejado del resto en su propio mundo.

Siempre había sentido una conexión especial con el mar, era de alguna forma su lugar seguro. 

Le gustaba sentarse en la orilla y sentir cómo el agua subía intentando alcanzarlo pero apenas lograba rozar la punta de sus pies antes de que la corriente la hiciera retroceder para dar paso a nuevas olas. Esa sensación lo tranquilizaba y, a medida que pasaba el tiempo, se sentía más liviano, como si cada vez que el agua lo tocaba se llevara consigo parte de sus preocupaciones.

A veces deseaba que ese efecto fuera permanente y el agua pudiera llevarse absolutamente todo lo que lo atormentaba.

Pero la vida no funciona así. 

La única manera de deshacerse de ese malestar emocional que de a poquito lo estaba acabando por dentro era enfrentando su realidad.

Busca el momento adecuado.

En ese momento sintió una presencia a su lado, alguien más sentándose junto a él. Cerró los ojos un par de segundos y respiró profundo.

“¿Qué haces acá solo como un boludo?” Esa voz que conocía a la perfección lo trajo de vuelta a la realidad. Negó con la cabeza con una sonrisa sin gracia pintada en su rostro y abrazó sus piernas con sus brazos, apoyando su barbilla sobre estos. Alcanzó a percibir cómo el rubio se removió en su lugar incómodo al ver que su ‘broma’ no generó la respuesta que esperaba y le habló de vuelta, “Manu…”.

El nombrado giró su cabeza apenas un poco, lo suficiente para verlo, y se mantuvo en silencio.

“¿Está todo bien?” la preocupación se hizo bastante notoria en su expresión y el pelinegro solo se encogió de hombros manteniendo su mirada fijada en los ojos cafés frente a él que lo esquivaban constantemente.

“No sé, decime vos” su tono era tranquilo, con Lautaro su voz siempre se suavizaba aún en las situaciones hasta donde los gritos eran bienvenidos, era como si su cuerpo tuviera una orden interna de hablarle lo mejor posible sin importar qué.

“Estás enojado” aseguró y Manuel de inmediato negó parpadeando lento, hablándole con sus ojos. Estaba extrañado, sí, ¿pero enojado? No podría, si se había enojado dos veces con él en todo lo que llevan conviviendo era mucho.

Manuel en respuesta simplemente extendió una de sus manos sobre la arena ofreciéndole que la tomara, y aunque el rubio tardó un par de segundos en reaccionar, no dudó en entrelazar sus manos.

No era algo que hacían a menudo, de hecho el contacto físico entre ambos se había reducido muchísimo desde que Lautaro volvió, pero aún así Manuel no se cansaba de buscarlo y de aprovechar hasta el mínimo roce con el cuerpo ajeno. Era una necesidad que eventualmente aparecía y se había intensificado en las últimas semanas, ese deseo de percibir el calor del otro, de comprobar que efectivamente estaba allí con él y no era parte de su imaginación, necesitaba sentirlo todo el tiempo.

Le dio un apretón como diciendo “Acá estoy” y empezó a acariciar el dorso de su mano con su pulgar.

Lautaro suspiró con fuerza y por primera vez en todo ese tiempo lo miró por más de dos segundos, se notaba que quería hablar pero no encontraba la manera de empezar a hacerlo y parecía que estaba buscando la forma en su rostro. Sin embargo, la mirada que le brindaron esos ojos avellana que tanto amaba hicieron que un vacío se instalara en su pecho.

“¿Qué pasa Lauti?” Le preguntó apretando de nuevo su mano. Había estado todo el viaje ansiando entender por qué lo estaba ignorando, pero ahora que parecía que el momento había llegado ya no estaba tan seguro de querer saber, tenía el presentimiento de que lo que sea que él tuviera que decirle no le iba a gustar y, precisamente por eso, era que estaba dudando tanto.

“Creo que nos debemos una charla” el pelinegro asintió, atento a sus palabras, “y también te quiero contar algo”.

“Decime”.

“Primero lo primero” se acercó un poco más a él, “perdóname por haberte tratado tan mal estos días, tengo un montón de cosas en la cabeza y me desquité con vos…” hizo una pequeña pausa y tomó aire con cierto nerviosismo antes de volver a hablar, “sabía que debía hablar con vos, pero me dio miedo y preferí evitar, típico mío” soltó una risita sin gracia y bajó la mirada.

“Amor vos sabes que siempre podés contar conmigo, decirme cualquier cosa, yo siempre voy a estar para vos” el apodo le salía natural, pero aún así siempre podía notar como el rubio se sobresaltaba sutilmente cada que lo escuchaba.

“Ya sé Manu, no es eso”.

“¿Entonces?” ambos quedaron unos segundos en silencio, Manuel esperando una respuesta y Lautaro batallando por encontrar las palabras perfectas, “¿no confías en mí?”.

“Obvio sí, qué decís” nuevamente guardó silencio, “vos sabes que las cosas entre nosotros están raras”.

“¿raras? ¿cómo? no entiendo”.

“Nuestra dinámica Manu, nuestra amistad” su tono derramó un poco de frustración y el corazón de Manuel se achicó un poco al ver que Lautaro seguía refiriéndose a él como solo un amigo, “siento que todo cambió demasiado, un poco estamos forzando las cosas ¿no crees?”.

La confusión era evidente en la cara del pelinegro, ¿forzando las cosas?, si había algo claro era que cada cosa que Manuel hacía o le decía a Lautaro era desde la parte más genuina de su ser, ¿cómo podía siquiera pensar que era forzado?

“Estuve pensando precisamente eso” continuó, “y siento que más allá de lo que podamos hablar o hacer puertas para adentro, el ser figuras públicas termina influyendo un montón y la gente siempre está esperando algo de nosotros y…no sé, a lo mejor deberíamos dejar de pensar en darles gusto”.

Si los signos de interrogación pudieran materializarse a una expresión, sería exactamente la de Manuel en estos momentos, “gordo, perdón pero te juro que no te entiendo, ¿desde cuándo la gente influye en nuestra relación?”.

“Desde que nació todo lo del shipp” dijo sin rodeos, “Manu no te hagas, vos sabes más que nadie la atención que nos trajo eso, fue algo bueno en cuanto a números, pero siento que ya no da, me asfixia tener que fingir”.

“¿Fingir?” la pregunta se deslizó de su boca sin darle tiempo para siquiera considerar las palabras del otro. Escuchar que para Lautaro era todo simplemente fingir genuinamente le dolió y se notó en su tono, “yo no finjo con vos”.

Ahora fue el turno del rubio de reírse sin gracia y negar, “¿En serio me decís?” preguntó sarcásticamente y Manuel solo atinó a asentir aunque sabía que el otro no estaba esperando una respuesta de su parte, “a mi no me tenés que convencer de la mentira si yo también la estoy protagonizando”.

“¿Qué mentira?” el pelinegro empezaba a molestarse ante las insinuaciones del otro, “¿Mi cariño para vos es una mentira? ¿Eso es lo que decís?” se enderezó en su lugar y lo miró fijo a los ojos, de frente, esperando su respuesta, “¿A qué viene todo esto Lautaro?”.

El nombrado lo miró con cierto arrepentimiento y ¿culpa tal vez?, pero aún así se animó a contestar, “A que me cansé Manu, me cansé de que todas nuestras interacciones se sientan tan vacías, tan falsas, que todo lo hagamos solo para complacer y que la gente hable de nosotros, vos sabes que no éramos así”.

“Sabes que no” soltó su mano del agarre y lo miró incrédulo, “yo sigo siendo el mismo con vos, siempre he sido cariñoso porque me nace y eso vos si que lo sabes, incluso siento que desde que volviste me acerqué aún más porque…” me di cuenta que me enamoré de vos, las palabras murieron en su garganta y en su lugar dijo, “porque me da miedo perderte, me da miedo que pienses que no eres lo suficientemente importante para mí y te vayas otra vez” una lágrima de la que no se percató resbalaba por su mejilla con una lentitud casi que dramática y, apenas se dió cuenta, la limpió bruscamente con el dorso de su mano, “¿de verdad eso te parece falso y vacío?”.

“No entendés…” dijo apenas audible y bajó la mirada a sus manos.

“La verdad es que no, no te entiendo” un silencio tortuoso los invadió por segundos que parecieron una eternidad, Manuel no dejaba de recorrer su rostro con su mirada buscando la explicación que había pedido, pero el rubio tenía la mirada gacha y evitaba enfrentarlo a toda costa, “Hay algo que no me estás diciendo” aseguró sin dejar de mirarlo.

“Hay alguien…” dijo en un hilo de voz e inmediatamente negó para sí mismo, desaprobando su elección de palabras, así que organizó las ideas en su cabeza y esta vez dijo, “Estoy conociendo a alguien”.

Manuel sintió que el aire le faltaba de golpe y de a poco dejó de escuchar su alrededor; el mar, la gente, la música, todo desapareció y lo único que retumbaba en sus oídos era su propio pulso, “¿Cómo?” fue todo lo que pudo decir.

“Estoy conociendo a alguien” repitió con más seguridad, pero aún jugando con sus manos y sin mirarlo.

Así que de eso se trataba todo. Había alguien más.

“D-Desde cuándo?” la pregunta se la podía responder él mismo -o al menos eso creía-, pero quería asegurarse de la respuesta, escucharla de su propia boca.

“Un poco más de un mes” respondió simple, “nos conocimos mucho antes pero por todo lo que pasó no quedó en nada, pero luego que volví empezamos a hablar de vuelta y bueno…medio que estamos intentando algo serio”.

Demasiada información. 

Y a la vez no era suficiente.

Manuel quería preguntar más cosas, saber más, entender qué tenía ella que él no para haber logrado cautivar a Lautaro al punto de intentar algo serio, pero no le daba para hacerlo, porque entre más supiera más le iba a doler. 

“Manu” la voz del rubio lo sacó de sus pensamientos, “¿Está todo bien?”.

“Si” respondió un poco perdido todavía, “si, me alegro por vos, de verdad” intentó demostrarle que decía la verdad por más que no fuese así dándole la mejor sonrisa que pudo en ese momento, “¿por eso me estuviste evitando?”.

“Un poco sí” se le escapó una risita que Manuel trató de imitar más por reflejo que por otra cosa, ¿qué le causaba tanta gracia?, “No sabía cómo decirte, no sólo esto, sino lo que veníamos hablando antes”.

“okay…” Manuel asintió indicando que entendía por dónde iba la cosa, y aunque lo estaba disimulando muy bien, por dentro se estaba desmoronando de a poco, “¿Entonces querés que deje de ser cariñoso con vos…por ella?”.

Preguntar eso dolió, nunca pensó que estaría en una situación en la que él tendría que considerar renunciar a costumbres que hacían parte de su vida diaria y mucho menos si eran las costumbres que tenía con Lautaro, pero le dolió aún más la confirmación por parte de él con un asentimiento tímido.

“No es que dejes de ser cariñoso” comenzó el rubio al ver que a Manuel se le habían ido las ganas de hablar, “simplemente deberíamos bajarle un poco, especialmente en cámara, me tiene agobiado que la gente hable sin saber”.

Ese era el problema para Lautaro, creía que la gente opinaba sin saber, que no lo conocían lo suficiente y lo tomaban sólo como “Moski”, el personaje. Pero para Manuel era muy distinto.

Él mismo se había sorprendido de lo bien que la gente lo leía, lo fácil que era descifrar sus emociones incluso a través de una pantalla y precisamente por la gente es que había empezado a entender qué era lo que sentía, así que no podía decir que lo que se decía de ellos -o al menos de él- estaba muy alejado de la realidad.

Sin embargo, también los culpaba un poco por alimentar su ilusión, por hacerle creer con clips hiper analizados y edits lindos que Lautaro podía llegar a sentir lo mismo por él, que lo miraba con el mismo amor.

“eu no te pongas así” sintió como el rubio se acercó y sus ojos se encontraron con los de él, y el cariño que transmitían se sintió como una puñalada en su corazón, “yo te amo gordo, nuestra amistad no se va a acabar porque salga con una chica, vos siempre vas a estar primero que cualquiera”.

Y si estoy primero que cualquiera, ¿por qué el que tiene que cambiar soy yo?

Manuel sintió que su vista se nubló y le sonrió débilmente para luego abrazarlo con fuerza y así esconder su cara en el cuello de Moski, evitando que viera como sus lágrimas se derramaban, “¿me lo prometes?” la pregunta salió más como una súplica.

Te lo juro” apretó al pelinegro aún más en el abrazo y acarició su cabello con cariño.

 

 

Se había quedado solo hacía unos veinte minutos. 

Todos sus amigos, incluido Lautaro, habían vuelto a la casa donde se estaban quedando para empezar a prepararse para la salida de esa noche, pero él prefirió quedarse un rato más frente al mar solo con sus pensamientos.

El sol había empezado a bajar lentamente dándole de a poco su lugar a la luna, que esperaba la oscuridad absoluta para adornar el cielo con su brillo. Para Manuel era curioso pensar que cada astro tiene su tiempo de, literalmente, brillar, pero, aún así, por más apartados que estén, el cielo siempre los iba a necesitar a los dos porque simplemente el uno no podría existir sin el otro.

Y le llamaba la atención porque, irónicamente, así era como definía su dinámica con Lautaro.

Lautaro era el sol y Manuel era la Luna.

Los dos eran tan distintos en tantas cosas que cualquiera pensaría que no habría ninguna posibilidad de que siquiera se llevaran bien, pero por el contrario, y en contra de todo pronóstico, los dos se complementaban, y a Manuel hoy en día le resultaba imposible imaginarse su vida sin el rubio. 

Desde el primer momento en que lo vió sintió una chispa, como si Lautaro fuera un rayito de luz que había estado esperando cruzarse con él no solo para mostrarle el camino a seguir, sino para quedarse e iluminar su vida, cambiándola para siempre.

Por eso su miedo a perderlo era más grande que sus ganas de confesar sus sentimientos.

Con lo que habían hablado hoy ya no le quedaban dudas de que no solo no era correspondido, sino que correr el riesgo de confesar cómo se sentía le podía costar demasiadas cosas que no estaba dispuesto a dejar ir.

Tal vez era un cobarde por rendirse tan fácil, un cagón por no intentarlo un poco más y conformarse con el camino seguro, pero no se podía permitir perderlo. Si esta era la única manera de mantenerse juntos, así no fuera como él lo quería, iba a ser más que suficiente.

Porque si Lautaro dejaba de estar a su lado y paraba de brindarle su luz, su vida dejaría de tener un significado y él ya no tendría cómo brillar.

Notes:

Déjenme sus opiniones, quiero saber si sufrieron aunque sea un poquito jajajajsjk
Si sienten que algunas cosas ya las habían leído es porque, efectivamente, reciclé parte de la trama de algo que había empezado en enero y termine borrando porque no me gustó xd (igual eso no lo leyó casi nadie pero por si acaso).