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Las luces se concentran en una sola persona, el invitado que ha hecho el día para todo un pueblo, un hombre alto que presume de un cabello celestial que cambia de color a su voluntad, una característica que sólo él posee por toda la confianza que le han dado sus fanáticos, o gracias a un inquietante secreto. Siempre viste de negro, pero a la moda, no es que adore el negro o sea una persona deprimida, al contrario, es humorístico, un bobo con puños de agua que rompen lo que sea o tira todo, por ejemplo, hoy está usando un conjunto oscuro pegado que le marcan los músculos, tela que sufrió daños durante la batalla de hoy, así que hay pequeñas zonas de su cuerpo que dejan ver su pálida piel, sin moretones, simplemente raspones que se van curando a medida que las ovaciones aumentan. Todos los que fueron salvados por sus propias manos piden silencio para que él dé el discurso de su victoria, quieren saber si desea unirse a la competencia como el resto.
—¿Que si quiero ser el X? —Es lo primero que dice en cuanto el silencio se impone a su favor, toma el micrófono y el viento choca contra su cara, agitando dramáticamente su cabello verde agua—. Ese no es mi objetivo, mi meta es ser útil para el bien mientras mi corazón lata.
Las cámaras toman sus mejores ángulos para ser televisado, este es otro momento que se hace viral para su imagen, la gente se pone eufórica y él ríe, haciendo una gran reverencia como agradecimiento en un sútil mensaje para dar por finalizada la charla. A pesar de ser el ícono de esta generación, es reservado, vela por su paz y prefiere trabajar por encima de todo. No es de extrañar que sea adorado, acepta los ramos que le entregan, también acepta fotos y como siempre, se retira cerrando sus ojos en dos lindas líneas, con los lunares que han transformado su imagen en millones de pesos, una cara que sirve para dar confianza e iniciar un imperio.
Lo reconoce, no ha existido ni un solo héroe como él, un hombre que abarca todo el significado del corazón, desde ser el órgano muscular vital para vivir hasta ser la personificación del afecto, debido a eso cualquiera que es tocado por sus manos se encariña y a los que les toca observarlo de lejos son capaces de sentir el amor que hay en su alma. Se pregunta si eso tendrá algún lado malo en su vida, si él al llegar a su casa desea no ser parte de ese concepto, si quiere arrancarse el corazón y morir cuando nadie lo mire, o si es un peón más para la agencia en que trabaja. Sabe que puede hacerle todas esas preguntas si se acerca lo suficiente cuando acaba su trabajo o publicarlo en alguna aplicación que tenga un grupo de fans dedicado a él, sin embargo, no quiere tratarlo como a una celebridad, él mismo se autonombra como un civil más que ayuda para la comunidad, entonces, debe de escucharlo en un momento ordinario, en un horario donde es una persona más del montón, no delante de las cámaras y tampoco luego de una victoria.
No es que esté obsesionado con él, su amor no le hace efecto, es simple curiosidad que nació en su cabeza al grabarlo sin permiso en su primera batalla que lo llevó a ser conocido como el héroe vital, o de corazón vulgarmente, tal como el órgano muscular que le da las fuerzas para deshacerse del mal. Lo conoció como la persona común que era, un simple muchacho que compraba todos los jueves dos cartones de leche sabor fresa, se sentaba en la acera y bebía mientras miraba a unos gatos recostarse libremente en jardineras públicas con enormes arbustos.
No sabe por qué lo hacía, si por gusto o porque ese era su antiguo hobby, nunca tuvo el valor para preguntarle cuando pudo, si tan sólo no hubiera sido tan tímido no estaría siguiéndolo, o si sus fanáticos fueran más amables con él esto se resolvería, pero todos ven sus propios beneficios, nadie se toma el tiempo para pensar por qué alguien está en desacuerdo o por qué está de acuerdo. Extraña que él llegue vestido con ropa holgada a la moda, no le sonría al extenderle el dinero para su bebida y le dé la espalda sin más. Por cierto, le gusta su espalda, no siempre ocurre la casualidad de hallar hombres con una espalda enorme gracias a los hombros anchos, él es delgado y de vez en cuando parece que es un hombre grande porque cuida su cuerpo haciendo ejercicio, pero ese no es el punto, ahora que el héroe vital es un foco brillante e importante para la sociedad, no ha venido aquí desde que se hizo famoso, se odia por eso, lamenta que sea tan fácil borrar el video y no lo haya hecho ese mismo día. Es el causante de todo.
Desprecia el local mirando a la soledad que lo acompaña, los fanáticos sólo llegan a poner un pie afuera cuando se dirigen a la escena donde dejó una marca de guerra, de vez en cuando entran a comprar comida y preguntan por algún dato curioso que conozca del héroe vital, y no les responde, ¿por qué debería? Ellos no merecen saber que le gusta la bebida de fresa, fue el único que logró verlo desde el inicio y no lo pone en un pedestal. A veces le llega a la mente que no le afecta su amor porque lo conoció así, como una persona común que compraba solo, a pesar de no cruzar palabras ninguna vez, deben de tener algo especial que los conecte, porque no le tiene miedo y no ha obtenido algún poder maligno debido a todo lo que sobre piensa de él.
Sí, confía en que no es uno más, aunque suene como un obsesionado, hay algo que debe resolver entre ellos, es por eso que se reta a sí mismo y toma con las manos el valor que no tuvo todo este tiempo para hablarle, ordena las piezas en su gorra y apaga las luces del local, creyendo con toda su alma en que su plan será efectivo para atraerlo. Cierra el local, se va con todo y mandil de trabajo para mantener su fachada de un joven dedicado a la atención al cliente, revisa la hora en su reloj de muñeca que marca las 06:47 para calcular en dónde debe de estar y sube al transporte público, donde se sienta detrás de un hombre viejo que le cuesta caminar.
En estos momentos, sabe que es muy estricto el héroe, toma su descanso como ordenó con su manager convenciéndolo desde el día uno por su fuerte poder de hipnotización, ese que ablanda el corazón de cualquiera con un par de palabras, hace lo que quiera en su departamento rentado que antes solía usar como el simple civil que era, claro, con uno que otro guardia custodiando y alarmas de seguridad. Lo puede imaginar recostado en su sofá, mirando programas de televisión al azar o cosas así, en lugar de disfrutar de todos los lujos que debe tener en el edificio de su agencia. Le gusta demasiado esa imagen mental, que esté usando ropa holgada, todos los colores opacos y sus tenis sucios estén arriba de su sofá, sin preocuparse en verse mal para la prensa y todos sus patrocinadores. Eso sí es tener vida.
Se quita el mandil antes de bajar en su parada, le roba al anciano un pequeño bolso grisáceo y se lo coloca como si le perteneciera, metiendo ahí el mandil para no levantar sospechas. Revisa la hora en su reloj que da las 6:52, confirma que ha llegado a tiempo y se dispone a caminar por un largo callejón casi iluminado, algunos pobladores tienen ventanas que apuntan en este callejón, así que cualquiera podría mirarlo, sólo si hace mucho ruido. No hay nada en particular o interesante, todas las ventanas están separadas por más de tres metros, ninguna tiene seguridad contra robos, las cortinas tienen demasiado color y el piso deja de ser de acera en cierto punto, pasa a ser de piedra y el fin del callejón acaba en una casa de tres pisos construida en L, hecha de madera como en el antiguo Japón.
Ve con detalle el color de la madera, es de un café oscuro, en el tercer piso hay una ventana donde se puede ver la luz encendida y en la entrada hay cuatro gatos recostados en pose de pan, estarían descansando si no hubieran notado su presencia, todos abren sus ojos y se le quedan mirando, a la espera de algo. No les teme, acaba de confirmar que está en la parte trasera de la casa de su objetivo y vino muy preparado, esto no lo va a detener por mucho. Vuelve a revisar la hora, son las 6:58, respira profundo y deja caer el bolso al suelo, se pone de cuclillas para llamar a los gatos emitiendo un sonido y uno de ellos se erizó, un gruñido bastó para atraer la atención de quien está adentro y levanta la cabeza con la esperanza de cruzar miradas con el tan amado héroe, y por suerte, sucede, él movió sus cortinas para ver qué sucedía afuera, halló al extraño hombre llamando a sus gatos y la cerró de golpe debido a la sorpresa.
Le da curiosidad saber por qué reaccionó así, no se pone de pie para escuchar si va a huir por haberlo descubierto en su casa y espera paciente en escuchar sus pisadas, estas suenan pausadas porque baja las escaleras, él se prepara antes de abrir la puerta guardando una de sus armas especiales bajo la manga y abre despacio la puerta de madera, viendo al hombre en la misma pose, con los mismos ojos oscuros que hace mucho no ha visto y una bolsa a su lado. Hay algo en el ambiente que no le gusta, traga saliva por tener la mente dividida entre ahuyentarlo o invitarlo a pasar, pero él se adelanta levantándose, no toma la bolsa y levanta las manos para dejar en evidencia que no lleva nada que lo dañe, sin sonreír.
—¿Te acuerdas de mí? —Pregunta suave, es la primera vez que lo escucha emitir unas palabras de su garganta, su voz es masculina y grave, tal vez por el tono irónico que usa.
—Claro… Pasa —Sujeta la puerta mientras su cabello se torna marrón, a medida que el desconocido avanza a su casa se agita y el tono enrojece.
No le da las gracias, prefiere observar el show que sucede en su cabello por las emociones que está experimentando por su sola presencia, eso se siente bien, pero no va a dejarse llevar, es un simple ciudadano, van a tener una charla como simples humanos en la tierra y hasta las ocho de la noche va a atacarlo. Cuando están a un metro, el cabello del héroe está pintado en un rojo intenso, suelta una pequeña risita por eso e ingresa a la casa ajena, ignorando la reacción alarmante de todos los gatos, sus maullidos hicieron entrar en razón al habitante y trató de tranquilizarlos palmeando sus cabezas diminutas, olvidando echarle un vistazo a la persona que acaba de dejar pasar. Escucha un golpe seco, cae en cuenta de lo que hizo y sube apresurado las escaleras, hallando de pie al hombre esperando su presencia con la mano derecha en la perilla de uno de sus cuartos. Finge asombro, se encoge de hombros y lo suelta, cambiando de dirección para ir por el corto pasillo que lleva a otros dos cuartos.
—Baja conmigo, no revises todo—. Le advierte sin estar molesto para sujetarlo de la muñeca y detenerlo, cosa que el tipo evitó a toda costa, se guardó las manos en los bolsillos y lo miró enojado.
—No vayas a tocarme, sólo estaba mirando, no te robaré nada—. Usa la misma voz de antes, la piel se le eriza y asiente, dejando que le dé la espalda y explore.
—¿A qué viniste? —Juega con las manos yendo detrás suyo, así se asegura de que no entre a ninguna habitación para que no dañe su imagen.
No le responde a eso, pone atención a una pintura pequeña que está colgada en una de las dos puertas y enseguida se aparta de ahí por perderle el interés. Esa escena, corta y grosera, le dolió en el corazón, ya que se ha acostumbrado a tener la total atención y aprobación de la gente desde que se convirtió en héroe, eso lo sumergió en sus recuerdos más solitarios, en la época donde no tenía aspiraciones debido a pasar horas delante de su computadora escribiendo historias de amor que le gustaba imaginar fueran populares para llegar al corazón de tantas personas. Su oficio actual lo llevó casi por el mismo camino, con la diferencia de que todos los escritos murieron con su pasado abandonando esta vieja casa tan anticuada.
No sabe realmente qué hace con su vida, le gusta cautivar a todos desde el corazón porque es mejor enfrentar a las personas hablando abiertamente, en lugar de molerlos a golpes como otros héroes hacen actualmente o en este mismo instante, porque hay villanos allá afuera, hay tantos civiles que guardan rencores o temores en sus corazones que terminan contagiando a las personas que los rodean, una buena compañía y desahogo es la mejor arma contra el mal, ese es su lema y el arma más poderoso que lo ha llevado hasta aquí, a partir del día en que ese video se publicó, alguien con el corazón lastimado o sanado lo trajo a esta escena, con este desconocido que es al primero que no puede leer de sólo una mirada. No siente peligro en su corazón, tampoco puede aceptar que esté bien, los que no sonríen es debido a algo. Teme que le haya hecho algo en el pasado.
—Vi suficiente, cuéntame sobre ti—. Vuelve a dirigirle la palabra bajando un escalón, lo mira encima del hombro para confirmar que lo ha escuchado y le señala abajo, para que lo acompañe.
—Ah, bueno… es extraño que lo digas… en realidad, que me hables, me atendiste por mucho tiempo—. Indeciso, lo sigue detrás bajando muy despacio, de esa manera mantienen distancia, hasta que el otro se detiene en el último escalón y se voltea a darle la cara.
—Abandoné mi silencio para conocerte, así como tú me abandonaste para ser famoso —Confiesa sus pensamientos más ocultos aferrando la mano derecha en el barandal de madera, eso asusta por un segundo al contrario hasta que lo ve esbozar una sonrisa muy pequeña, una demasiado particular o extraña—. Es broma, quería saber qué fue de ti.
—Ah, vaya, que susto me diste—. Se alivia tocándose el pecho, su cabello se torna menos rojizo, casi color zanahoria, debe estar avergonzado.
—No te preocupes, Jaebeom—. No quita la sonrisa de su rostro, acaricia el barandal y baja el último escalón, yendo a explorar.
No sabía que conocía su nombre real, debe de asustarse por ese hecho, sin embargo, se preocupa en todo lo que tuvo que hacer para descubrir eso, su agencia se encargó de borrar sus archivos pasados para que sus fanáticos lo dejen en paz. Baja los escalones pensando en cómo abrirle el corazón sin que sospeche nada para que no hayan fallas en el proceso, es una de sus pocas habilidades que hacen terminar rápido el trabajo pesado, sólo duda mucho porque no lo quiere herir, no hay maldad en él y no actúa como un loco desalmado. Por las dudas, sujeta mejor su arma, una jeringa de acero inoxidable llena de su sangre.
Respira profundo al hallarlo de pie mirando su comedor espacioso, está a unos pasos de las escaleras, tiene cuatro sillas y dos libreros altos a los costados contra unas paredes, sin distractores audiovisuales, sólo un reloj con forma de manzana en medio de la mesa y unos cuantos manteles de un patrón de manzanas. La casa no tiene cosas grandes, decoraciones llamativas o cuadros con fotos de su familia, sospecha que no tiene ni un sólo familiar. Toma asiento, señala la silla que está al frente invitándolo a relajarse en su propia casa y accede, cuando jala la silla hacia atrás aprovecha en ver la hora, su reloj de muñeca marca las 7:09 y lo esconde veloz bajando las manos a sus rodillas, acabando una vez más cara a cara. Es un momento muy incómodo, el dueño piensa cómo leerle el corazón sin que se dé cuenta para que no huya o contraataque, y el invitado cuenta los minutos para hacer precisamente lo que menos se imaginaría.
—¿Cómo sabes mi nombre? —Lo distrae subiendo ambos codos en la mesa, baja la voz poniéndose serio al entrecerrar los ojos y ensanchar los hombros, de cualquier manera, está listo para todo.
—Escuché que te llamaron así una vez afuera de la tienda—. Contesta a la ligera inclinando la cabeza a la izquierda, así su cabello rubio natural mueve unos mechones entre sus cejas.
—Claro, ¿y cómo llegaste aquí? —Agrega otra pregunta sin quitar la cara de seriedad, traga saliva y sin mover ni un solo cabello, le lee el corazón.
Ser un héroe vital significa ser necesario en la vida, y obtuvo ese apodo debido al discurso que dió contra la persona que peleó en ese video, es un civil pacifista que prefiere terminar los problemas de raíz juzgando al corazón de quien sea, lo hace viéndolos a los ojos o con tocarlos, a pesar de que el corazón no tenga pensamientos y poder como el cerebro, tiene escrito en cada tejido todas las acciones que ha hecho la persona, es la combinación de todas sus consecuencias hasta ese día en que lo lee, porque bombea la sangre por todo su cuerpo y se comunica con el cerebro, dándole fuerzas a cada extremidad mientras todo fluya. Muy pocos saben de lo que es capaz, que se atreve a sostener los corazones tan fuerte que los detiene unos segundos obligándolos a dejar de latir induciendo al coma y dictar bajo su moral si merece una oportunidad o no. Vive todos los días con los recuerdos de cuando esas personas no tenían maldad en sus corazones, la culpa que les abunda en todo el corazón al darse cuenta de lo que hicieron mal y todo lo que darían por corregir eso.
De vez en cuando tiene esos recuerdos atrapados en su cabeza, otras veces los escucha y por eso exige descansos, porque su corazón se llena, y mientras más lee a una persona, más control tiene sobre esta. No disfruta tener tanto contacto con sus fanáticos, porque muchas veces le piden que los lea, y de tantas veces que los ve, sabe que tiene control en sus corazones, y eso es horrible, él no merece tener tanto poder, no busca la grandeza, sólo quiere ayudar, dar un buen ejemplo, tener a todos contentos y haya un mañana diferente para cada persona en este país. Sabe que es absurdo pero no desea que nadie caiga en el mismo agujero que él antes de conocer el amor eterno de sus fanáticos.
Respira profundo cuando el proceso inicia, es difícil cuando no lo ha tocado ni una sola vez y no lo ha visto más, le hubiera gustado tener este poder mucho antes de ser famoso para que acabe rápido sin daños colaterales. Su invitado traga saliva, siente su pecho calentarse y pestañea unas veces, no tiene dudas en que algo está pasando, Jaebeom insiste en mirarle los ojos y frunce el ceño, con el cabello decolorándose hasta un rubio oscuro, ese color no lo ha visto casi en él, debe de estar experimentando algo que no acostumbra. Traga saliva por segunda vez, aprieta débilmente los dedos en sus rodillas y piensa en cómo observar el reloj sin que se dé cuenta, estará en desventaja si se entera. Idea disimular sonriendo de lado, se acomoda mejor en su asiento y elige responder a la última pregunta levantando las cejas a manera de reto, espera que eso lo haga desconfiar de su poder o al menos dudar.
—Una vez te seguí sin que te dieras cuenta.
—¿Qué?
Eso lo shokeó por completo, eso significa que des mucho antes lo ha tenido en la mira, debió de haber dudado que fuera tan callado y jamás hiciera algo más que cobrar en caja. No pestañea, considera las probabilidades en que él trate de despistarlo enderezando aún más la espalda, resopla tratando de ver más allá de la capa de carne roja que tiene bajo la piel bronceada buscando el color blanquecino de los huesos, una gota de sudor pasa por su sien y se termina en su patilla. Debe ganar mucho tiempo, debe…
—¿Cómo te llamas?
El invitado no esperaba eso, tragó saliva por tercera vez y exitosamente llegó a sus huesos. Ignora que transpire, que le cueste respirar y esté a unos minutos de ver toda su vida pasar delante de sus ojos. A Jaebeom le urge matar las ganas de leerle todo el alma, saber por qué llegó tenebrosamente y se sienta como un conocido en su comedor… Le preocupa que lo haya observado desde que visitó por primera vez la tienda, o más bien, hallar explícitamente toda su obsesión.
—Yo me llamo…
El malestar es tal que, pierde sensibilidad en el cuerpo. No se da cuenta de que se está enterrando las uñas en las rodillas hasta atravesar la ropa, que la piel enrojece por sufrir unas cortadas y que su corazón colapsará a falta de aire porque ha dejado de respirar. Jaebeom se alivia en verle las costillas, cómo la caja torácica rodea su pequeño corazón y lo bien que palpita como si no estuviera bajo peligro, es hipnotizante, creyó que sería impenetrable por lo duro y seco que se comportaba. Ambos respiran profundo al mismo tiempo, por suerte, el invitado lo pudo ver claramente con los ojos y apostó todo estirando la espalda, se enderezó como si hubiera estado erguido durante horas, dejó caer la cabeza hacia atrás haciéndole creer al héroe que lo tiene bajo su mando hasta que soltó todo su peso al frente, estrelló salvajemente la cara en el borde de la mesa generando un desagradable sonido de su nariz rompiéndose, esparciendo gotas pequeñas de sangre en la madera.
Jaebeom no esperaba eso, por primera vez parpadeó interrumpiendo el proceso en el corazón, quedó tan perturbado e impactado que a él se le fue el aire y el ajeno lo recuperó, aunque le cueste respirar por tener una fosa nasal obstruida, levanta la cara muy lento para despegarla de la mesa, le presume lo enrojecido que acabó de la frente con una sonrisa de victoria y su nariz semi deformada no tarda en sangrar como una fuente, ensuciando sus labios rechonchos hasta la barbilla. No se ve mal, el tabique está morado, la sangre coagulada bajo la piel expande lo morado en medio de los ojos y aprovecha que mira la sangre de reojo para lamerla con la lengua, se limpia la barbilla utilizando la manga izquierda que descubre su reloj de muñeca que deja aún más perplejo al héroe. Le impacta la manera tan despreocupada en que está enderezado dándole la cara, no hace falta preguntarle cómo descubrió que lo estaba leyendo, a juzgar cómo llena de sangre el vidrio del reloj y esparce en largas manchas la sangre por su cara, le queda claro que planeó esto, él sabe cómo evadir su lectura de corazón.
—Me llamo Mark, y tú… —Habla con unas pausas, no le gusta saborear el metal en la sangre, además es difícil leer la hora con esa mancha—. Me engañaste, son las 7:10.
—¿Vienes a matarme? —Mantiene lo poco que le queda de calma deslizando la jeringa a su palma zurda, su cabello ya está tan oscuro como la noche.
—¿Por qué no lo descubres? —Escupe algo de sangre que probó, la bola choca en la mesa muy cerca del héroe, unas gotas diminutas le salpican en la ropa y eso lo enorgullece.
Cierto, es mejor no preguntar. Vuelve a respirar para predecir su próximo ataque, pega bien los pies en el suelo en caso de tener que saltar o tirarle el mueble encima, por otro lado, él cierra el ojo derecho, lleva la mano derecha a su nariz desviada y la arregla en un fuerte tirón, acción que lo lleva a toser fuerte y derramar más sangre. Está haciendo un desastre en su propia casa, esto acabará como una escena del crimen. “No van a culparme, si es lo que deseas” piensa Jaebeom al apretar los labios.
Cuando marcan las 7:11, el sonido de las manecillas se escucha en medio de ellos, el primero en moverse es el héroe rompiendo de un golpe la mesa, da un salto para inyectarle su jeringa y desafortunadamente él se cubre a tiempo con su reloj, las piezas de vidrio salen volando con tal brutalidad que cortan a ambos, el malo se saca de encima de una patada al héroe, baja de la silla y la toma para estrellarla contra él, pero se mueve a tiempo sobre la mesa rodando, la silla se destroza y ambos toman mucha distancia, descubriendo que cada uno es bueno en la pelea cuerpo a cuerpo.
—Me llamo Mark.
—Eso no me importa.
Jaebeom agita la mano que usó en la mesa para aliviar el dolor, es fuerte pero el dolor le afecta mucho. Mark tose, vuelve a escupir sangre y en esta ocasión se aleja, lo suficiente para tomar dos libros y amenazarlo con estos. Jaebeom ríe, se ablanda por esa decisión lanzándose tras él, golpea los libros que golpean cada golpe a puño limpio que trata de llegar a su cuerpo, cada uno da un paso llevándolos fuera del comedor, Jaebeom hace caras de dolor cada que golpea los nudillos en la pasta rígida de los libros y Mark le tira uno en la cara, Jaebeom lo bloquea dando la mejilla izquierda para sufrir menos, lamentablemente lo lanzó tan duro que lastimó su pómulo, gruñó por el dolor y Mark lo golpeó con una fuerte diestra que lo empujó lejos.
Jaebeom pegó un duro grito, soltó un segundo la jeringa y fue su oportunidad para atravesar una costilla con sus dígitos, Mark se dejó, no pudo bloquear eso, Jaebeom sin duda alguna llegó a su corazón a tiempo, sin embargo buscó lastimarlo más para que no hiciera nada agarrándolo de la cabeza, lo atrajo con todas sus fuerzas a las escaleras y con el peso de ambos, destruyó estas junto al barandal, dejando todo hecho pedazos. Unas piezas los atravesaron, ambos gruñeron del dolor y pararon un momento, es incómodo recostarse sobre pedazos rotos de madera con la cara jodida. Mark saborea la sangre que se le ha secado en los labios, refunfuña por lo mal que sabe y batalla por levantar el brazo izquierdo para leer la hora, la luz le molesta en los ojos y el aire se le detiene, congelando todo su cuerpo.
Jaebeom todavía tiene fuerzas, su nivel de confianza debe de ser muy alto, y eso no consideró Mark, él no puede ganarle a más de 3 millones. Jaebeom cierra los ojos apenas ingresa al corazón, mueve ligeramente los dedos bajo las costillas removiendo la carne y tanteando los huesos, encuentra unos momentos esenciales en la niñez de Mark que lo llenan de vacío y trata de leer a fondo para saber la causa. Los primeros tejidos dicen que llevó una buena vida, no le faltaba dinero, sus padres estaban presentes, pero él no sentía nada en el corazón, no leía su amor, no procesaba los sentimientos buenos por más que le explicaran, las personas se dejaban llevar por su cara suave y amigable que le deseaban una buena recuperación a sus estudios neurológicos, todos los que estudiaron su cerebro dictaminaron que no existían anomalías, comprobaron que no posee ningún poder y tuvo que adaptarse a esa vida, enterrando el valor de ser un héroe alguna vez.
Llora, la tristeza y desesperanza le invade el corazón, la confianza no sube, de repente sus padres son borrados, las personas se alejan de él, el nivel de confianza que se mide en la muñeca baja a cero, se encierra en su propio mundo leyendo los libros que le dejaron como obsequio, revive el pasado en cada página, anhela la felicidad subrayando los momentos que le gustan, compra cada vez más separadores hasta que unas garras rascan en su puerta y considera sentir la luz en su piel. Sale más a menudo, el calor del sol lo abraza, unos ronroneos relajan su corazón y compra lo que necesitan, decide dedicarse a esos animales para no perderse en el camino, olvida poco a poco lo que estuvo carcomiendo su corazón y sale a la tienda. La puerta se abre sola, escoge dos cartones de leche sabor fresa y mira a la cara al tipo que atiende, Mark.
—Te tengo.
Jaebeom abre los ojos de golpe, saca los dedos de las costillas y se sujeta el pecho, algo ocurre dentro suyo. Mark se endereza, se limpia la ropa sentándose en el piso, patea unos pedazos de madera y echa un vistazo al héroe que está sufriendo. No es posible que su habilidad no haya funcionado, es meramente imposible, eso nunca le había pasado, mucho menos que se haya leído a sí mismo, es extraño, todas sus dudas no tienen respuesta porque esto no debería de estar pasando. El corazón le pesa o se expande, siente que va a morir, la caja torácica se rompe, sus costillas también y la carne es presionada por el mismo corazón, las venas son estiradas con rudeza que explotan, ocurren tantas hemorragias por dentro que va perdiendo color, el corazón parece ser poseído y algo lo atrae afuera, arrancándose del pecho en un parpadeo. Duele demasiado, tiene un hueco enorme en el pecho, el vacío que tuvo de niño lo vuelve a sentir y tose sangre, la carne destrozada se acumula, los pedazos de los huesos se pierden, las venas se ahogan de tanta sangre que hay y se derrama en todos sentidos, borrando la moda que siempre tuvo el héroe.
—Yo sólo quería saber si aún existía tu verdadero yo, el civil que tanto decías ser.
Se excusa Mark antes de tomar con ambas manos el corazón de Jaebeom, el órgano vital para su cuerpo y el pueblo, órgano que ve insignificante. Es pesado, jugoso en sangre, todavía palpita débil y se siente caliente, como un pan recién sacado del horno. Jaebeom mira con sus propios ojos cómo aquel hombre que pensaba era inofensivo, le sujeta el corazón. Nadie puede arrancar los corazones. Él no debe de tener esa habilidad.
—Veo que es una mentira, nunca existió ese civil.
Aprieta al órgano, se retuerce de dolor, piensa que le dirá a todo el mundo que nunca tuvo corazón, que planteará otro escenario en su muerte o algo así, no lo sabe, es doloroso… es tan doloroso saber que morirá en manos de una persona que tiene una habilidad como la suya. En realidad, nunca lo conoció, no sabe de su pasado, quién llegó a ser, a quiénes conoce y qué lo llevó a cometer este homicidio.
—Nunca exististe como yo.
Los dedos hacen fuerza y el corazón explota a pedazos, igual que una papaya siendo molida en una licuadora, quedan pedazos colgando de la mano bronceada, la sangre se desliza por toda la piel del brazo, unas gotas caen el héroe muerto que pierde el color en su cabello, unas venas adornan su pecho y el que lo provocó cae en su pecho vacío o lleno, vivo o muerto. No pudo leer la hora para dictar el fin.
