Chapter Text
La noche del 6 de noviembre de 1983, el pequeño Will Byers desapareció de camino a casa. Pensaron que había caído en la cantera local, e incluso encontraron un cuerpo falso que se parecía a él. Una semana después lo encontraron gracias al sheriff del pueblo, Hopper, quien llegó hasta el fondo del asunto y logró rescatarlo de sus captores.
Will nunca volvió a ser el mismo. Al principio sus recuerdos quedaron bloqueados, pero cuando al año siguiente se acercaba la fecha en la que ocurrió todo, comenzó a recordar con mayor claridad. Aquellos recuerdos lo atormentaban a la hora de dormir, solo podía sentir repulsión cuando los rememoraba.
Solían ser siempre lo mismo: la mano de aquel hombre rubio de mirada penetrante acariciando su rostro mientras le susurraba que harían cosas maravillosas juntos. Su cuerpo y mente dejaron de ser suyos, ahora le pertenecían al Mindflayer, una red criminal rusa con el objetivo de dominar Estados Unidos. Entre algunas de sus actividades estaba el tráfico de personas, Will habría sido una de ellas si no lo hubieran rescatado a tiempo.
Prefería no ahondar en esa posibilidad, centrándose en lo que sí vivió durante esos días fuera de casa. Fue poseído por los miembros del Mindflayer, y seguía sintiéndolos por todas partes. Jamás podría cambiar eso, pero tuvo la suerte de que no duró mucho. Will intentaba animarse con esa idea, pero sabía que estaba marcado de por vida. No solo había sufrido los maltratos de su padre y el acoso de los niños por ser diferente. También pasó de ser el niño mariposón al niño zombi. ¡Menudo ascenso!
Al menos tenía a sus mejores amigos. De no ser por ellos ya estaría en el otro lado, descansando con todos los muertos que el Mindflayer dejaba atrás. Como Barbara Holland, la mejor amiga de Nancy, lamentablemente ella nunca consiguió escapar de las garras del Mindflayer.
Gracias a la pandilla, Will fue capaz de sobrevivir por tanto tiempo. Sobretodo le agradecía a Mike, quien era su mejor amigo desde aquel día en los columpios. Esos sentimientos de aprecio se transformarían en algo más intenso con el paso de los años, y pasarían a ser acallados por lo que la sociedad pensaría de ellos.
En su ausencia, una niña también escapó de Mindflayer. A diferencia de Will, ella no era traficada con fines perversos, sino que estaba siendo entrenada para formar parte de la mafia como un arma más. Apenas sabía hablar, pero fue apodada Eleven por el tatuaje en su muñeca, con el que fue marcada como si fuera un cordero al matadero. Afortunadamente no llegó ahí, siendo encontrada por los amigos de Will antes.
Fue gracias a ella que Will pudo ser encontrado, y esa deuda fue saldada cuando Joyce y Hopper decidieron adoptarla. Descubrieron quién era su madre y también su verdadero nombre: Jane, ahora, Hopper-Byers. Lo primero que hizo cuando vio al pequeño Will sano y salvo fue correr a abrazarlo con fuerza, y él correspondió con el mismo entusiasmo.
También se unió Max a la pandilla, una chica que desafiaba todo el concepto de lo que una chica era según Will. Mike se portó muy raro cuando mostró interés en ella, pero nunca le dio vueltas al asunto. Después de todo, habían jurado volverse locos juntos, y ningún malentendido cambiaría eso. Solo cuando Max empezó a salir con Lucas fue que Mike empezó a aceptarla en el grupo.
Nancy y Jonathan pasaron de ser buenos amigos a novios en poco tiempo. Se unieron para buscar a sus seres queridos juntos y, pese a que nunca encontraron a Barb, son inseparables desde entonces. A Steve no le gustó mucho la idea, pero cuando en su intento por arreglar las cosas con Nancy fueron atacados por los demogorgons (asesinos a sangre fría que formaban parte del Mindflayer), concluyó que habían problemas mayores.
La locura parecía haber llegado a su fin, vivían el verano del 85' como si fueran adolescentes descarriados (sin importar que en realidad solo tuvieran 14 años). Dustin tenía a Suzie, Lucas a Max, Mike empezó a salir con El, todos tenían a alguien menos Will. ¡Hasta su madre y su hermano tenían a alguien especial! No podía evitar sentirse cada vez más alejado del grupo, o bueno, desplazado del mundo en general.
Su mejor amigo del que estaba enamorado desde niño tenía novia, su hermana ni más ni menos. ¿Cómo podía seguir sonriendo si tenía el corazón partido? Si quien siempre le sacaba una sonrisa, ahora ni le dirigía la mirada ¿Cómo iba a quererse a sí mismo si estaba roto de por vida? Tenía el alma hecha pedazos, y con los trozos se infligía a sí mismo más daño del que ya sufría en silencio. El único en notarlo fue Lucas, quien lo animaba siempre que lo veía decaído en sus quedadas con el grupo.
Mike podía pedalear bajo la lluvia con tal de disculparse con él y que estuvieran bien, pero estaba tan enfocado en fingir ser normal que era ajeno por completo a las quemaduras en los muslos de su mejor amigo. Tampoco se le podía culpar, evitaba mirarlos a toda costa para no levantar sospechas (ni tampoco su entrepierna).
Uno de los días que Steve los coló en el cine, se dio cuenta de que algo andaba mal con su querido amigo. Estaba nervioso, constantemente llevándose la mano izquierda a la nuca, tratando de ocultar su brazo pegándolo contra su cuerpo todo lo posible. Ya Lucas le había advertido de que veía muy cabizbajo a Will últimamente, pero no fue hasta que comenzó la proyección de la película que entendió qué ocurría.
En la oscuridad de la sala, iluminados por la gran pantalla frente a ellos, Mike bajó la mirada para ver más allá del torso de Will. Debajo de sus pantalones cortos, un poco levantados por el movimiento al sentarse, pudo observar una quemadura tras otra en el interior de sus muslos. Su respiración se entrecortó, llamando la atención de Will, quien pasó de estar confundido a ser presa del pánico.
— Eh... tengo que ir al baño — murmuró Will, levantándose del asiento mientras se abrazaba a sí mismo, apresurado por salir de ahí lo antes posible.
Mike rápidamente se levantó y lo persiguió, ignorando las miradas confusas que el resto de la pandilla le dedicaron, igual que ignoró todas las señales de que Will no estaba bien. Lo alcanzó hasta el baño en cuestión de segundos, pisándole los talones desde que salieron de la sala.
La puerta se iba a cerrar detrás del castaño, pero Mike no lo permitió, impidiéndolo de un manotazo. El sonido fue ensordecedor, sobresaltando a Will, quien temblaba y derramaba lágrimas sin cesar. Los dos se quedaron estáticos, con los ojos clavados en los del otro, procesando la situación. Sus respiraciones eran agitadas, la de Will por llorar y la de Mike por correr tras él.
Lentamente, Mike movió su mano de la puerta (a la que se había aferrado con los dedos) y la cerró, acercándose a Will. Este retrocedió hasta que su espalda baja chocó contra los lavabos, viéndose obligado a apoyar sus manos en el borde para sostenerse. Will lo miraba expectante. Podía sentir la respiración del otro tan cerca que le preocupaba estar delirando y que esta fuera otra de sus alucinaciones.
Entonces, Mike lo abrazó en completo silencio, porque con ese gesto lo decía todo. Sin necesidad de decirlo en voz alta, le hacía saber a Will que estaba ahí con él, y estaba dispuesto a compartir su carga, no lo iba a dejar solo. Will se dejó querer por primera vez en mucho tiempo, dejó de fingir ser fuerte y se desmoronó en su hombro.
Tan solo pensar que quien lo consolaba era Mike le arrancó más lágrimas, porque sabía que esto era platónico y jamás sería querido por él de la misma forma que quería a Eleven. Mike respondió removiendo su pelo con los dedos mientras susurraba palabras de aliento para intentar tranquilizarlo, pero Will se alteró más.
Comenzó a hiperventilar y presionó la camisa de Mike entre sus manos, dejando en ella una mancha húmeda, mezcla de sus lágrimas y saliva. Mike agarró los hombros del más bajo y los separó suavemente, recorriendo desde los bíceps hasta los antebrazos con delicadeza, frotándolos en un vaivén que calmó a Will en pocos segundos. Su respiración dejó de ser irregular, tomó una última bocanada de aire antes de soltarla y estabilizarse.
— ¿Mejor? — preguntó Mike, en esa voz suave que reservaba solo para él. Will asintió — Bien, bien... entonces... —
Mike descendió por el cuerpo de Will con sus ojos, encontrando una cicatriz en su antebrazo izquierdo. Levantó la vista hacia él nuevamente, pidiendo permiso para revisar mejor. Will asintió, dudoso. Sin prisa, agarró el brazo izquierdo por debajo y lo levantó, acercándose para examinarlo detenidamente. Lo giró en busca de otras marcas que se le hubieran pasado por alto, descubriendo algunos cortes viejos. Sintió a Will temblar bajo sus dedos.
No lo pensé dos veces y agachó la cabeza hasta darle un beso casto en uno de los tajos. Parecía reciente, pero prefirió omitir comentarios al respecto, lo último que quería era lastimarlo o verlo llorar otra vez. Will se estremeció automáticamente, sorprendido por el inesperado roce de su mejor amigo.
Había visto a Mike besar a El incontables veces, cada una más asquerosa que la anterior, hasta que ese asco se transformaba en dolor, una apuñalada tras otra a su corazón ya malherido. Intentó apartarse cuando Mike separó sus labios de él, pero este no se lo permitió, repartiendo tantos besos por su brazo como cicatrices habían. Mientras, acariciaba el otro brazo en un vaivén gentil.
— Mike, para... — murmuró en protesta, Mike se detuvo de inmediato, a escasos centímetros de la piel cortada. Miró hacia arriba hasta encontrarse con los ojos de Will, esperando pacientemente — ¿Por qué hiciste eso? — preguntó Will, confundido por la actitud cariñosa del otro. Mike se reincorporó despacio hasta estar cara a cara con él, exponiendo sus mejillas sonrojadas.
Por la mente de Will pasaron muchas ideas, pero ninguna de ellas tenía sentido. ¡Era imposible que Mike sintiera algo por él! No, tenía que haber otra explicación. Como cuando rechazó a Max en el grupo, o cuando sujetó su mano inquieta y le juró que no lo dejaría solo, y cuando durante uno de sus episodios, le dijo que ser su amigo era lo mejor que había hecho en su vida.
Todos esos momentos tenían una explicación completamente lógica y razonable: eso hacen los amigos. Mike debía pensar que era débil, lo fácil que era de romper, y por eso quería protegerlo. “No es romántico, es patético”, Will se repetía a sí mismo, parte de su mantra tortuoso. Y esto solo lo demostraba más, Mike le tenía lástima y por eso hacía esto.
Will negó con la cabeza antes de empujar torpemente al chico de sus sueños, frunciendo el ceño. Pero Mike ni se inmutó, manteniendo la vista fija en Will, sin cambiar la preocupación que reflejaban sus ojos. El enfado de Will no duró mucho, su expresión rompiéndose y pasando al llanto otra vez.
— ¡Deja de mirarme así! — Will se cubrió el rostro con las manos. No quería seguir dando pena, estaba harto de humillarse por un poco de afecto.
— ¡Will! — Mike volvió a acercarse, rodeando las muñecas del castaño con sus dedos — ¿Por qué dices eso? No te miro de ninguna forma —
Tragó saliva al decir eso, porque mentía. Siempre lo miraba con distintas excusas, pero nunca mal, ahora mismo solo se preocupaba por él. Tenía miedo de perderlo y muchas dudas rondaban por su mente a toda velocidad, esperaba que Will las respondiera cuando estuviese preparado. Retiró las manos que cubrían la cara del chico bonito, y este no se opuso, no tenía fuerzas para resistirse en ese momento.
— Habla conmigo, Will — suplicó con dulzura, rozando sus muñecas con el pulgar — Por favor. Si los dos nos volvemos locos, entonces lo haremos juntos, ¿recuerdas? —
Esas palabras lograron callar los pensamientos intrusivos de Will por un momento. ¿Estaba equivocado? ¿Mike en serio estaba preocupado por él? Entonces, ¿no le dejó de importar a Mike? Nunca se había cuestionado ninguna interacción con él, porque sabía que Mike era heterosexual y que no tenía oportunidad con él. Pero luego tenían momentos íntimos como este, que lo hacían cuestionarse todo.
En lo más profundo de su ser todavía cabía la esperanza de que, algún día, por remoto que fuera, Mike también compartiera el sentimiento y podrían ser más que mejores amigos. Hasta entonces se conformaba con Mike acariciando sus brazos, abrazándolo mientras lloraba sobre él.
Ese día la brecha que había crecido entre los dos se cerró, y Will volvió a confiar en Mike como lo hacía antes. Le contó lo mucho que se odiaba a sí mismo por ser diferente, saliendo del armario oficialmente, y que por eso se hacía daño a sí mismo. No se vio capaz de confesarle lo que sentía por él, ni que el dolor que sentía en su brazo y muslos era para olvidarse del dolor que sentía en el corazón.
Justo cuando todo marchaba bien entre ellos dos, el Mindflayer atacó de nuevo. No se detendrían hasta haberse vengado de Will, El y todos sus seres queridos. Reclutaron a Billy, el hermanastro de Max, como parte de su ejército, y este a su vez fue reclutando a otras personas en el pueblo, manipulándolas hasta formar un nuevo ejército en la sombra. ¿El objetivo? Sencillo, destruir Hawkins desde dentro.
Se aliaron con el gobierno ruso para realizar experimentos en el pueblo como base secreta, con el fin de propiciar poderes sobrenaturales a los soldados. Aunque parecía un plan totalmente descabellado, consiguieron su objetivo. La pandilla tuvo que volver a enfrentarse a ellos, destruyendo el laboratorio subterráneo que habían construido.
En su destrucción, Hopper desapareció, y todos pensaron que había muerto. Billy murió a manos del Mindflayer por desobedecer la orden de matar a El. Su sacrificio siempre sería recordado, sobretodo por Max, a quien le costó mucho superar su muerte. Todos perdieron algo aquel día, y pronto le tocaría a Mike perder a alguien.
Al final del verano, Joyce tomó la decisión de irse de Hawkins. Quería un nuevo comienzo en Lenora Hills, California. Aquello destrozó a Mike. ¿Por qué justo cuando todo empezaba a ir bien entre él y Will tenían que separarse? Ya lo había perdido una vez, y ahora se iba a ir de nuevo, puede que para siempre.
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