Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Collections:
Jacemond Week 2025
Stats:
Published:
2025-10-25
Words:
1,274
Chapters:
1/1
Comments:
1
Kudos:
23
Bookmarks:
1
Hits:
225

Motivos Ocultos

Summary:

Jacemond Week 2025 / Day 5, free for all

“Me encanta cuando te llenas de rabia y explotas, porque sientes celos, por mi y nadie más. Y te atreverías a asesinar solo por tenerme.”

Aemond tiembla con la sonrisa que le da el muchacho, es dulce y tierna, y debajo es sucia y terrible y… Dioses, demonios, al diablo con todo y todos.

Work Text:

Aemond está sentado en la pequeña cama del joven que ahora mismo curaba sus nudillos, la epidermis agrietada mostrando carne viva debajo.

El algodón empapado con desinfectante para herida se movía con agilidad adquirida por la experiencia sobre las laceraciones mientras el rubio apretaba los dientes detrás de los labios, sin que se pudiese notar el dolor que sentía con los cuidados del otro, aparte de aquello y el sudor que comenzaba a mojar el cabello que bajaba por su nuca.

Aemond miraba hacia abajo, al bonito morocho concentrado totalmente en curar sus heridas que prácticamente él mismo había causado, y más que rabia lo que Aemond podía sentir hacia él, en su estado casi eufórico causado por la adrenalina que surgía después de una pelea, era… pasión, deseo. Quería empujar al más joven contra aquella incomoda cama y tomarlo con rabia y pasión, sujetar sus risos oscuros mientras se adentraba en él con tal fuerza que el idiota que había intentado ligarlo (quien sabía dónde estaba ahora mismo) le escuchara y entendiera que no debía acercarse a las cosas que eran suyas.

Se llama Jace, es menor que él por varios años, muchos años, y llevan unos meses saliendo; al menos públicamente, deben tener casi dos años follando, y Aemond no  comprende cómo aún puede desearlo tanto. Pero Jace levanta la mirada, esos cálidos ojos grandes, marrones oscuros como la noche y brillantes como las estrellas que la iluminan, tenía una risa dulce siempre pronta; manos suaves, piel pecosa y delicada, caliente, avellanada. Jace es Dulce como la piel, y pegajoso como esta también. Pero es ardiente como un fuego forestal.

Y sonrió, tan suave como la seda.

“No sé por qué te empeñas en golpear a cada chico que se acerca a mí, sabes que aunque les sonría mi corazón es solo tuyo.”

Aemond hizo una pronta mueca mientras su corazón llegaba a su garganta de un salto.

Otra sonrisa adorno los rojos y mullidos labios mientras bajaba la mirada a su trabajo nuevamente, comenzando a vendar la gran mano entre las suyas.

“No me mires así,” Le dijo y Aemond no tuvo más opción que ofuscarse un poco, dejando escapar un resoplido por la nariz.

No le estaba mirando de ninguna forma, al menos que él supiese.

“No te estoy--“
“Claro que si, como si quisieras salir conmigo al hombro y lanzarme por el balcón.”

Aemond frunció el entrecejo, la cicatriz que partía su ceja y gran parte de su mejilla derecha arrugándose por el movimiento. No sentía deseo de dañar al muchacho…, bueno, no más de lo normal, en la cama; pero Jace siempre encontraba la forma de decirle que de él quería cometer estos atroces actos. Y, bueno, quizás había pensado ciertas cosas, pero nunca al punto en que Jace mencionaba. Sin embargo, el joven se daba a la tarea en pintar vividas escenas en su cabeza que le dejaban sintiéndose bastante molesto y extraño.

“No digas tonterías.”

Desde la primera vez que se había desgranado las manos en el rostro de un tipo que ya ni recordaba siquiera el color de su pelo, Jace se volvía progresivamente más coqueto. Sospechaba que lo hacia inconscientemente, aunque nunca había adivinado el porqué, ¿quizás le gustaba curarlo después de una pelea? Definitivamente se esmeraba en hacerlo. Y nunca le había traído el tema, porque simplemente el muchacho parecía tan perdido como el mismo y Aemond no creía que tendría respuestas.

Y como había dicho, nunca había intentado algo con nadie más que no fuese Aemond, estaba locamente enamorado del mayor, y no intentaba siquiera ocultarlo, incluso cuando no eran una pareja oficial, o más bien, cuando no era públicos. Incluso en aquellos días el joven muchacho, menor de edad en aquellos tiempos, se le prendía del brazo como  adolescente enamorado (porque eso era), se colgaba de su cuello de forma juguetona

“El muchachito de Aemond”,el chico del jefe”, así lo conocían en su firma, así le llamaban cuando el joven iba a visitarlo al enorme edificio, cuando se deslizaba entre las puertas de cristal de oficina y las cortinas eran bajadas. Todos sabía que pasaba tras puertas cerradas desde el inicio, pero nadie se atrevía a decir algo, se actuaba como si el chico simplemente fuese un amigo más del jefe.

Aemond nunca se había molestado con las visitas de Jace, más que las veces que entraba a algunas de las estructuras del conglomerado de energía bajo su mando sin protección alguna. Sus socios allí desviaban la mirada cuando el joven se le pegaba al rubio, cuando deslizaba los dedos entre los suyos.

Nadie en aquellos lugares osaba mirar al morocho más de unos segundos seguidos, ya varios hombres habían despertado la ira de Aemond en el pasado, y aparte de terminar faltándoles varios dientes  y moretones, sus carreras se habían ido directamente por el desagüe. Aemond no jugaba cuando destrozaba una carrera, una reputación, y mucho menos si Jace estaba de por medio.

Quizás aún no había pensado en hacerle daño a Jace, pero si destrozaba a quien fuese que se le acercase con malas intenciones. E imaginaba que podía llegar a extremos, de ser necesario. Cuando fuese necesario.

El silencio reina en la pequeña habitación durante un largo rato, mientras Jace continua vendando la mano del rubio.

“¿Son tonterías cuando es la verdad?” Pregunta el morocho, seguro de que su amorcito no le responderá, pero su corazón late fuerte cuando escucha una respuesta ronca.
“¿Te gusta, no es así?” Y Jace levanta la mirada hacia Aemond como cuando se le ofrece un porro a un adicto, casi se tuerce el cuello al hacerlo. Su rostro es de fingida confusión, pero Aemond puede ver a través de la falsedad que finge, y ríe.

El mayor ríe como si fuese un broma, porque, ¿Qué mas es? Jacaerys debe estar bromeando.

Jace no responde, no durante un largo rato mientras termina de vendar la mano del rubio, para levantarla entre ambas de las suyas, empujando dedos meñique y anular, índice y pulgar y se mueve hacia el frente, lamiendo el dedo mayor para chuparlo dentro de su boca.

Y es sucio, y sexy; y Aemond gruñe y aprieta las piernas juntas, porque siente deseo de la nada. Este muchachito, este chico que tiene bailando sobre la palma de su mano, lo tiene atado a su meñique.

“Me gusta,” comienza Jace sacando el digito de su boca, la piel quedando empapada de su saliva, “me encanta cuando te llenas de rabia y explotas, porque sientes celos, por mi y nadie más. Y te atreverías a asesinar solo por tenerme.”

Aemond tiembla con la sonrisa que le da el muchacho, es dulce y tierna, y debajo es sucia y terrible y… Dioses, demonios, al diablo con todo y todos.

Jace se encuentra en un segundo sobre el suelo, su rostro bonito siendo empujado contra la madera vieja de su piso y duele, duele tan delicioso, mientras sonríe cuando sus pantalones son alados con desesperación hacia abajo, desnudando su parte inferior.

“Tranqui--”
“Cállate,” Aemond le gruñe como un perro, y quizás es lo que es, una bestia que está siendo afectada por el celo de esta perrita que tiene debajo.

¿Cómo habían pasado de él estar enfadado, siendo cuidado dulcemente por este muñequito de porcelana, a estar brutalmente insertándose en él, con gruñidos de animal y manos se acero apretando suave piel, casi quebrando huesos, marcando carne?

Deja sus huellas en el muchacho, en cada centímetro de él, desde las raíces de sus rizos hasta las puntas de sus pies.

Y es suyo, siempre suyo. Nunca de nadie más.

Se haría cargo de eso.