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Language:
Español
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Published:
2025-09-29
Words:
5,541
Chapters:
1/1
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8
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14
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125

Teeth

Summary:

Oscuridad, veneno, cordura que se rompe.

O el sexo es el el único vinculo existente entre Tyler y Josh.

Notes:

Llevo tiempo dándole vueltas a esta historia, pero me llevó tiempo escribirla y compartirla. Sinceramente, solo quería ver si alguien la disfruta tanto como yo disfruté creándola. ¡Sus comentarios son muy importantes para mí!
Lamento que no esté en inglés, pero no soy buena con el idioma lol
¡Muchas gracias por leer, significa muchísimo! <3

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

El calor de la habitación me hipnotiza y lleva mi mente a lugares tan lejanos pero al mismo tiempo solo puedo poner atención al chico de cabello castaño y rojizo que está frente a mí.

Afuera hay un frío sepulcral, la nieve se acumula en las orillas de las ventanas y el choque del viento contra los vidrios generan sonidos atroces.

El choque de las caderas de Josh remueve cada una de mis células y me hace gritar del placer.

-¡Josh!.. - me retuerzo debajo de él y siento lágrimas que bajan por los costados de mi rostro. Puedo leer el rostro de Josh, sé que la vista remueve todo su interior y lo enloquece.

Por unos segundos siento que las embestidas dejan de ser rápidas y su cuerpo se detiene. Lo miro a los ojos y noto como recorren mi cuerpo de arriba a abajo de manera extraña. Su presencia vuelve el aire tóxico y me siento aún más sofocado de lo que ya me sentía.

No es la primera vez que pasa. De hecho, lo hace durante cada encuentro que tenemos, se detiene y me observa con una mirada oscura, lasciva e incluso podría decir… hambrienta.

-No te detengas. - Respiro agitado y siento cómo el sudor me hace brillar bajo su mirada.- No sé en qué estás pensando pero no se te ocurra dejarme así.- Mi voz es autoritaria, incluso a pesar de haberla adornado con gemidos agudos.

Mis sentidos están abrumados y estoy seguro de que voy a perder la poca cordura que me queda si Josh no se mueve de nuevo. El sexo es la única razón por las cual si quiera nos dirigimos la palabra y no pienso perder este encuentro.

Muevo mis caderas intentando conseguir más de ese embriagante éxtasis y noto como Josh vuelve a la realidad. Toma con tanta fuerza mis caderas que sus dedos dejan marcas rojizas sobre la piel. Duele,quiero quejarme pero vuelve a embestir con fuerza. Más rápido que antes, más sucio, descontrolado.

Cierro mis ojos, sorprendido por el placer y la brutalidad de sus movimientos. Me vuelve loco, nunca conocí a nadie que me hiciera sentir tanto placer.

Se agacha de forma que puede lamer mi cuello. Su lengua se encarga de saborearlo y solo puedo sentir que voy a explotar. El tacto cálido me desquicia. Abrazo su cuello y gimo en su oído. Sé que le gusta, el mismo me dijo hace unos días que le parecen la mejor de las melodías.

-¡Josh! ¡Sí..!- Siento sus dientes enterrarse en la piel de mi hombro y los gemidos son más fuertes, al igual que la forma en la que me embiste. La adrenalina aumenta tanto mi ritmo cardíaco que podría morir de un infarto ahí mismo y me iría de este mudo feliz. 

Siento que Josh pone aún más fuerza en la mordida y estoy seguro que en su boca aparece un sabor metálico. Hay latidos dentro de mi cerebro y mi cuerpo arde a una temperatura inimaginable. 

Por un momento creo que quiere arrancar ese trozo ya que muerde con tanta fuerza que parece que va a hacerlo en cualquier momento. Yo no puedo decir nada, mi boca está muy ocupada soltando sonidos lascivos y pervertidos.

Pronto los gemidos de placer se mezclan con quejas de dolor y jalo el cabello rizado para que no me lastime más, logrando alejar su boca de mi cuello.

No resisto más, siento cosquillas en mi vientre bajo y bastan solo un par de estocadas más para acabar con largas líneas sobre ambos vientres. Supongo que la escena fue tan sucia porque Josh maldijo en voz alta y terminó dentro de mi.

Mi cuerpo tiembla, mis gemidos son suaves y el aire se escapa de mis pulmones cuando siento el cuerpo de Josh caer justo sobre mí

Acaricio su cabello rizado y siento sus labios besar la mordida que me había hecho. No se si es una forma de disculparse pero no lo aparto. Ya nos alejaremos cuando él decida que la cercanía se vuelve repugnante.

 

19 de octubre.

No he dejado de pensar aquella noche. La herida en mi hombro arde. Duele muchísimo.

Josh jamás se disculpó por ello. Está bien. De cualquier manera nunca decimos ninguna palabra cuando terminamos nuestros extraños encuentros.

Pero esta vez, lo que pasó no fue solo un encuentro, fue algo que desató algo dentro de mí que no sabía que existía. Un filo de placer que se mezcla con temor, con curiosidad.

Si cierro los ojos, todavía lo siento: su piel, su peso, el calor de su aliento. Me pregunto si fue miedo lo que me hizo seguir o deseo. Quizá ambas cosas.

Lo peor —o lo mejor— es que no me molesta. De hecho, me gusta.


22 de octubre.
No sé qué somos. No sé cómo debería referirme a él; a veces incluso me pregunto si está bien que sigamos viviendo juntos. Nuestra relación es extraña. No hablamos, no interactuamos y ni siquiera salimos. Lo único que compartimos es este departamento y las insaciables ganas de tener sexo. A veces creo que interactúo más con nuestros propios vecinos que con Josh.

Han pasado dos días desde la última vez que estuvimos juntos y él no volvió a decirme nada. De hecho, una vez terminó, esperó un par de minutos hasta que tranquilizó su respiración y después se fue sin decir nada.

Hoy lo vi en la cocina. Estaba cortando pan como si estuviera en trance; ni siquiera me miró cuando pasé justo a su lado. Intenté hablar con él, lo saludé y le pregunté si quería algo de café. Solo dijo “no”. Dos palabras, y ya. A veces pienso que si muriera en la sala, Josh tardaría horas en darse cuenta.

Me siento estúpido, tal vez estoy esperando algo que nunca va a llegar. No me molesta que él quiera satisfacer sus necesidades sexuales conmigo. De hecho, lo disfruto, pero a veces pienso que lo disfrutaría más si hubiera algo más entre nosotros: algo más profundo, más…

 

Me había resignado a que esta noche tampoco respondería a mi saludo de buenas noches, así que ahora tengo puestos mis audífonos mientras escribo en mi diario en busca de relajarme un poco.

No me doy cuenta de que alguien ha entrado a mi habitación; estoy tan sumergido en mis propios pensamientos que al sentir un peso extra en la cama me asusto y retiro los audífonos apenas noto su presencia.

-¿Estás ocupado?—Este hombre tiene un efecto en mí que todavía no logro descifrar. No puedo pensar con claridad cuando soy consciente de su olor, su respiración levemente acelerada, su cabello despeinado y esa mirada que me recorre de arriba a abajo.

-No —mi voz tiembla. No por miedo, sino por emoción—. ¿Necesitas algo?- Mi pregunta es estúpida; ya sé por qué viene. La forma en que se acerca aún más a mí y coloca sus manos en mis muslos me lo confirma.

No me molesta; disfruto estos escasos momentos donde no pretendemos ser extraños, donde su calor incendia mi interior y me derrite sobre sus labios. Adoro la sensación de sus manos tocándome con urgencia y necesidad.

En movimientos rápidos se deshace de nuestras playeras y acaricio su pecho sintiendo el placer nublar mis ojos. En estos momentos no me importa si se acerca a mi solo para usarme, incluso me olvido de la sensación desagradable que se había instalado en mi pecho cuando empecé a pensar en nuestra relación.



De nuevo tengo la respiración entrecortada mientras Josh golpea dentro de mi. Estoy a punto de terminar, quiero tocarme pero mis manos las sostiene Josh en mi espalda y todo es más sucio, tortuoso, de nuevo siento que voy a morir de placer.

Estoy lleno de mordidas, aunque no tan dolorosas como la que aún cicatriza en mi hombro. Mi pecho, espalda y piernas están adornadas con las marcas de los dientes de Josh. El simple hecho de pensar en ello me excita más.

Da una estocada más y el placer es tanto que ambos nos corremos al mismo tiempo, yo sobre mis sábanas y él dentro de mi. Estoy exhausto,caigo sobre mi cama sin siquiera poder  moverme.

Josh nunca dice nada, pero al menos se queda a mi lado algunos minutos antes de irse a su habitación. Me quedo esperando esa cercanía por unos tortuosos segundos, pero jamás llega.

Esta vez solo empuja mi cuerpo y sale con prisa de mi habitación, dejándome con un vacío enorme en mi pecho.



…No puedo dormir. Son las 3 de la mañana y la soledad me hace sentir peor que nunca.

No puedo dejar de pensar, de sentir. Placer que duele, deseo que quema, y esa pregunta constante clavada en el pecho: ¿por qué conmigo, si durante el día no soy nada para ti? 

 


No he dejado de mirar el techo. La sensación de vacío no ha abandonado mi pecho y no dormí correctamente. Las marcas en mi cuerpo duelen un poco más de lo que deberían, me siento vacío, usado. Miserable.

 

Miserable.

 

Me obligo a levantarme, quiero dejar de pensar así que camino a la cocina con la esperanza de olvidar aquella punzada en el pecho.

 

Llego a la cocina y está hecha un desastre: tazas a medio enjuagar, migas en la mesa. Tan meticuloso para unas cosas, tan descuidado para otras. Empiezo a acomodar todo con la esperanza de que así mi mente se enfocaría en algo más que no fuera el dolor.

Mientras termino de acomodar todo, me doy cuenta de que hay algo distinto: sobre el sillón, entre un montón de papeles de dibujo, hay un cuaderno negro, cerrado a medias.

El cuaderno de Josh.

Lo había visto antes, siempre cerca de su cama. Siento como mi estómago se contrae y la ansiedad incrementa. Sé que no debo hacerlo, leerlo es cruzar un límite enorme pero el recuerdo de la noche anterior, el vacío que no he dejado de sentir me jala hacia esa libreta como un imán.

Mi corazón va a mil por hora y mis extremidades tiemblan mientras me siento en el sillón y tomo el diario entre mis manos. Tengo miedo de saber qué es lo que hay dentro.

Lo abro despacio, algo dentro de mí espera que llegue Josh y me lo arranque de las manos. Mi respiración es rápida y no recuerdo la última vez que sentí tanto miedo de algo.

Al parecer es un diario nuevo, lo sé porque las fechas no son más lejanas a tres meses. No hay nada interesante, solo frases que al parecer describen cómo fue cada día y algunos bocetos: Rostros, manos, garabatos. Algunos son reconocibles y otros deformes.

Paso más páginas y mi sangre se congela. Hay varias páginas llenas de dibujos retratándome: dormido, cantando, con audífonos puestos, sonriendo hacia algún lado. Hay latidos en mi cerebro, la sangre viaja a mi rostro e intento calmarme mientras leo palabras encerradas entre los dibujos.

“No puedo dejar de mirarlo.”

“Me odio por esto.”

“Cada vez que sonríe quiero acercarme, pero sé lo que pasaría.”

Mi corazón late con violencia, el aire del departamento de repente se vuelve pesado, sofocante. ¿Qué significa todo eso? ¿por qué me ignora si él también comparte esa necesidad de cercanía?

Paso a la siguiente página, la cual tiene un dibujo enorme de mi rostro de perfil. Hay una frase debajo del retrato, ahora la caligrafía es descuidada, como si hubiera escrito todo con furia: 

“Si me acerco demasiado lo voy a romper. Quiero hacerlo. No me arrepentiría de ello.”

Trago saliva sintiéndome aún más confundido, no sé a qué se refiere con hacerme daño.

Paso más hojas y llego a la del 19 de octubre. No hay dibujos, solo una página llena de letras descuidadas y terroríficas.

“Aún recuerdo sus palabras diciéndome ‘No te detengas’ y no lo hice. Todo cambió dentro de mí y no me contuve: mordí su hombro, probé su sangre y superó cualquier expectativa que haya tenido alguna vez. Es más delicioso de lo que alguna vez pensé. Quiero devorarlo, hacerlo mío, que su cuerpo forme parte de mi. Deseo volver a probar el sabor de su carne viva y su sangre…”

Escucho una puerta abrirse y cierro de golpe el cuaderno, lo pongo en el mismo lugar que estaba y me levanto en una velocidad increíble.

Josh sale de su habitación con el cabello revuelto, ojos pesados. Me ve y luego dirige su mirada al cuaderno. Mi cuerpo se congela y mi estómago empieza a reaccionar negativamente.

-¿Qué haces?- Su voz es áspera, rasga mis oídos y cada vez me siento peor. 

-Nada… Estaba recogiendo todo…- Intento ocultar la tormenta que destruye mis órganos internos. -La cocina estaba algo sucia…

El silencio es tan denso que puedo jurar que se escuchan los latidos veloces de mi corazón.

Josh de nuevo empieza a caminar a la entrada, ignorándome de nuevo y yo aprovecho para correr al baño.


23 de octubre.

Apenas pude salir del baño después de vomitar toda la tarde.

Me siento asqueado, de pronto el toque que tanto anhelaba lo rechazo y me siento enfermo. Mis manos están frías, la sangre no fluye correctamente.

¿Qué demonios le pasa? ¿Lo que escribió era real o solo era una metáfora de mal gusto?

Cada vez que pienso en ello vuelvo a sentir náuseas y termino corriendo al baño dispuesto a vomitar.

No estoy seguro de si quiero huir. No he dejado de pensar en su diario, en aquella noche, en la mordida.

Estoy seguro de que voy a volverme loco.


24 de octubre

Todavía me siento sucio. Me miro en el espejo y la marca en mi hombro parece crecer cada vez que la toco, como si quisiera recordarme lo que pasó. La cicatriz me late en silencio, no me duele… pero siento como si algo se moviera debajo de la piel. Me da asco.

No puedo dejar de pensar en esa noche, aunque lo intente. Me despierto sudando, con el corazón acelerado, y no sé si es miedo o si simplemente estoy recordando demasiado. Cuando cierro los ojos veo sus dientes, su boca tan cerca, la presión contra mi carne. El sonido. Ese maldito sonido cuando me mordió.

Me repito que estoy bien, que nada pasó más allá de eso, pero no me creo. Lo que más me asusta es que mi cabeza no se calla. Se repite una y otra vez, como un eco, como si quisiera obligarme a revivirlo.

Me da náuseas. A veces siento que voy a vomitar. Ojalá pudiera arrancarme esta parte de mí.


25 de octubre

Hoy lo vi otra vez en la cocina. Estaba preparando algo, no sé qué, ni siquiera levantó la mirada. Y lo peor es que lo extraño.

Extraño cuando todavía no sabía. Cuando su silencio no era tan pesado, cuando pensaba que simplemente era un tipo distante, no alguien que pudiera hundir los dientes en mí como si… como si yo no fuera más que carne.

Me odio por escribir esto, pero me siento vacío. Vacío desde que pasó. Como si me hubieran quitado algo y no sé qué es. Tal vez era la ilusión de que éramos normales. Tal vez era la mentira que me contaba a mí mismo.

No extraño la mordida. No extraño el dolor, ni la sangre. Eso sería enfermizo. Lo que extraño es a Josh antes de esa noche, el que me hacía sentir acompañado aunque no habláramos.

Aunque… cuando cierro los ojos, el recuerdo de su respiración sobre mi oído vuelve más nítido que nunca. No quiero pensarlo. No quiero… pero lo pienso igual.


26 de octubre

Hoy intentó tocarme. Fue solo un gesto, un roce apenas en mi brazo, y reaccioné como un animal acorralado. Me aparté tan rápido que casi tiré la silla. Y vi cómo me miró. Como si lo supiera. Como si entendiera perfectamente lo que estaba haciendo.

Le mostré asco, estoy seguro de eso. O al menos eso pareció. Pero dentro de mí no era asco, no del todo. Fue algo que no quiero nombrar. Algo que me hace sentir peor.

Llevo horas repitiéndome que no fue deseo, que solo estaba confundido. Que lo que siento cuando lo miro es miedo, nada más. Pero, ¿y si no? ¿Y si ya no sé reconocer la diferencia?

Su cercanía me pone nervioso. No sé si porque quiero huir o porque quiero quedarme. Y lo odio. Lo odio tanto que no puedo dejar de pensar en ello.

Me está envenenando desde adentro.


27 de octubre

Estoy perdiendo la cabeza. Cada día lo siento más claro. Ayer juraba que me daba asco, que quería correr, que necesitaba distancia. Pero hoy… hoy pensé en qué pasaría si lo dejara acercarse de nuevo.

No me apartaría. No me molestaría.

No me molestaría sentir sus dientes otra vez, su boca sobre mí, la presión que casi me hizo gritar. No me molestaría volver a estar atrapado bajo su peso.

Lo escribo y me tiemblan las manos, porque sé que esto no está bien. No hay nada normal en querer eso. Y, aun así, cada vez que toco la cicatriz siento un calor que no puedo apagar.

Creo que me estoy volviendo loco. Sí, eso debe ser. Estoy perdiendo el juicio. ¿Cómo podría alguien cuerdo querer que lo hieran de nuevo?

Pero la verdad es esa. Lo quiero. O me quiero convencer de que no… pero mi cuerpo lo sabe.


28 de octubre

No sé qué me pasa. Ya no siento las náuseas de antes. Es como si algo hubiera cambiado en mí, algo que no puedo revertir. Ahora, cuando pienso en aquella noche, en su mordida, en la forma en que me sostuvo contra él… siento otra cosa. Un calor que me sube desde el estómago y me quema la piel.

Intento ignorarlo, pero mi cuerpo me traiciona.

 

Termino de escribir la última entrada en mi diario y me tumbo en la cama, mirando el techo, pensando de nuevo en aquella noche, en las palabras que leí en su diario.

La idea es tan depravada que me atrae. 

El dolor, el placer, sus manos tocando mi cuerpo, sus dientes enterrándose en distintas zonas de mi cuerpo. Me siento como un horno en llamas y no puedo controlar la forma en la que mis dedos recorren mi abdomen, bajan más y más hasta que no puedo detenerme.

Tomo mi pene y empiezo a mover mi mano de arriba a abajo, suspirando y cerrando los ojos, recordando todo lo que puedo respecto a Josh: su respiración jadeante contra mi oído, el peso de su cuerpo sobre el mío, sus dientes hundiéndose en mi piel, su violencia cada vez que estamos juntos. 

Mi forma de ver las cosas ha cambiado. Ahora, en lugar de rechazo, siento un hambre que no puedo controlar.

Me toco con desesperación, cada vez más rápido, gimiendo su nombre aunque lo odie, aunque quiera callarlo. Lo escucho salir de mis labios y me estremezco, pero no me detengo. Pienso en él con la boca manchada de rojo, en sus ojos brillando como si hubiera encontrado algo prohibido.

Imágenes que nunca he visto se reproducen en mi mente, sonidos lascivos entran por mis oídos. 

No puedo escapar de esto, estoy completamente seguro de que no importa como sea, necesito a Josh.

Sigo pensando en él mientras los movimientos se vuelven más rápidos, imaginando que es él quien me toca, imaginando que vuelve a enterrar sus dientes en mi cuerpo.

Me corro con violencia, apretando las sábanas con la otra mano, el pecho agitado, el corazón al borde de estallar.

Después, el silencio me golpea peor que nunca. Estoy sudando, temblando, y ahora no siento repulsión. Ya no lo odio ni me odio.

Ahora quiero más. 


Han pasado varios días desde que estuvimos juntos por última vez y lo necesito más que nunca.

Estoy sentado en la orilla de la cama, solo en bóxers, con la persiana entreabierta dejando entrar una luz tenue que apenas dibuja mi piel. Mis dedos recorren la herida en el hombro, ahora cicatrizando, delineando el contorno rojizo como si fuera una joya maldita. Cada roce me provoca un estremecimiento extraño, mitad dolor, mitad placer.

Un golpe suave en la puerta me pone tenso. No respondo. El silencio se alarga unos segundos hasta que la perilla gira y Josh entra, el cabello despeinado, los ojos oscuros, fijos en mí.

—Tyler… —su voz retumba en el aire, pesada, diferente. Es la primera vez en semanas que me llama por mi nombre.

Me quedo inmóvil, conteniendo la respiración. No aparto la mirada de la pared.

Josh da un paso dentro, luego otro.
—¿Todo esto… es porque leíste mi diario?

Mi corazón se agita con violencia. No respondo. Ni siquiera parpadeo.

Josh se acerca hasta estar frente a mí, apoyando ambas manos en mis hombros. La firmeza de su agarre me obliga a levantar la mirada. Sus labios rozan mi oído al susurrar:

—Ya lo sé. Sé que lo leíste.

Pausa.

—¿Realmente no sabes lo que quiero? ¿Lo que siento?

Su aire me cosquillea la piel. Algo dentro de mí se rompe y al mismo tiempo despierta. Mi cuerpo se lanza sin pensarlo, pegando mi boca a la de Josh en un beso urgente, desesperado, torpe y hambriento.

Josh me empuja contra la cama y el colchón cruje bajo el peso de ambos. Nuestras manos se buscan con violencia, los labios se devoran entre jadeos. Me siento sediento, como alguien que pasa días sin beber agua y de la nada encuentra un pozo lleno. Quiero hundirme en él, no me importan las consecuencias.

-Josh.- Me separo del beso y lo miro a los ojos. - Tienes razón, lo leí todo. ¿Y sabes qué? - Muevo mi cabeza a un lado, exponiendo lo más posible mi cuello. Definitivamente ya no pienso con claridad. - No me molestaría ver como intentas comer cada parte de mi.

Su cuerpo se tensa, intentando analizar las palabras que acabo de dedicarle. Se agacha de nuevo y pone sus labios sobre la piel de mi clavícula. El contacto es cálido, casi dulce, hasta que sus dientes se hunden en la piel delgada. Un dolor punzante me atraviesa, eléctrico, arrancándome un gemido. Siento cómo la sangre brota en un hilo tibio que desciende por mi pecho, y lejos de apartarlo, arqueo el cuerpo para darle más acceso. Duele, arde, pero es exquisito.

Deja de morder y se dedica a lamer la herida, saboreando mi sangre y no puedo hacer otra cosa más que gemir. El contraste de sensaciones es tan letal que me hace temblar.

Con movimientos torpes, intento remover la ropa que lleva encima. Él entiende la señal y se separa unos segundos para comenzar a desnudarse. La vista es pornográfica, me siento volar cuando veo como se quita su playera y se desabrocha el pantalón. 

Se deshace de sus boxers y trago saliva cuando veo su miembro erecto frente a mi. Me pongo en cuatro y acerco mi rostro a su pelvis, besando la zona alrededor de su miembro. El pone una mano en mi cabeza y jala mi cabello.

Abro mi boca e introduzco la punta de su  pene en mi boca. Con mi lengua hago movimientos lascivos y succiono mientras escucho gruñidos salir de su boca. Poco a poco introduzco más su miembro a mi boca hasta que lo siento golpear mi garganta y de mis ojos salen lágrimas de placer. Me tomo un segundo para acostumbrarme a la sensación y empiezo a mover mi cabeza hacia adelante y atrás.

Su miembro es salado, me encanta el sabor. Succiono, sintiendo su líquido preseminal en mi cavidad. Él jala más mi cabello y toma el control. Con fuerza empuja mi cabeza hasta que la punta de mi nariz choca con su piel. Siento mareos en mis sienes, sinfonías demoníacas salen de los labios de Josh.

Repite la acción una y otra vez. Me está asfixiando pero no me quejo, no me alejo. Tengo la sensación de que puedo morir justo ahí y por alguna razón dicho pensamiento me incita a seguir.

En un último movimiento, jala mi cabello hasta que su miembro sale de mi boca y yo toso un par de veces. Aún tiene su mano sobre mi cabeza por lo que vuelve a jalar, está vez su pene no entra a mi boca.

Josh toma su miembro y lo estrella contra mis mejillas. Repite la acción un par de veces y comienza a masturbarse frente a mi. Podría jurar que justo ahora, mis pupilas están dilatadas, totalmente desquiciado. Yo abro mi boca, esperando que todo caiga dentro.

-Maldita sea, Tyler. - La forma en la que pronuncia mi nombre me excita y gimo. - Tragalo todo. - Líquido blanco sale y cae en mi lengua y labios, saturando mis sentidos con aquel sabor salado.

Quiero que él también se vuelva loco, quiero volverlo loco.

Le dedico la más erótica de mis expresiones y paso mi lengua por mis labios, encorvo mi espalda intentando hacerlo caer ante esa vista aérea y trago, sintiendo su semen viajar por todo mi esófago.

Lo escucho maldecir en un susurro y su respiración se acelera. No me da mucho tiempo para recomponerme y me empuja para acostarme en la cama. Jala mi boxer hasta quitarlo, lanzándolo en algún lugar de la habitación.

Sujeta mis caderas y sin pedir permisos comienza a chupar mi propio miembro. La sensación sorpresiva me marea, me sujeto de las sábanas y comienzo a jadear. 

-Josh..- Recorre mi miembro con lamidos suaves y húmedos mientras yo no puedo dejar de gemir, sintiéndome en el paraíso. Progresivamente la sensación empieza a cambiar. Empieza a usar sus dientes, raspando con cada movimiento que hace, volviéndolo todo más doloroso. -¡Josh, sí! - La sensación es extraña, pero no me disgusta. Incluso me excita más.

Me siento al límite, mis piernas tiemblan y de mi boca no dejan de salir jadeos y gemidos destructivos. Entonces Josh se separa bruscamente y yo dejo caer mi cabeza, frustrado por no haber llegado al orgasmo en ese momento, porque Josh está jugando conmigo.

Pasa su lengua por todo mi abdomen mientras una de sus manos se dirige a mi entrada. Mi cuerpo entero tiembla cuando sus dedos empiezan a jugar con mi cavidad, no se que otra cosa hacer además de gemir su nombre.

-Tyler, no sabes cuantas veces he soñado con esto…- Sus labios se posan sobre mi pecho, cerca de mi tatuaje izquierdo y muerde. El dolor es fuerte, delirante, pero se mezcla con una sensación erótica y sexual. - Contigo… - Entierra aún más sus dientes y suelto un grito. Mi pecho se siente cálido con cada palabra que sale de su boca. - Con nosotros. - El calor de la sangre es inmediato, un hilo tibio que baja lento por mi pecho. No me muevo. No quiero detenerlo.

Josh se separa apenas un centímetro. El calor de la sangre es inmediato, un hilo tibio que baja lento por mi pecho. No me muevo. No quiero detenerlo. Me escucho gemir con fuerza y en ese momento siento que ambos nos complementamos, lo sé porque mi corazón ruega y pide por más.

Presiona con sus dedos libres alrededor de la mordida, como si buscara exprimir un poco más. La sangre brota despacio, y él la recoge con su lengua, lento, saboreando cada gota. Cuando levanta la cara, lo veo con la boca manchada de rojo, los labios brillantes y húmedos. Una imagen brutal. Aterradora. Bellísima. Mi estómago se contrae de deseo al sentir el dolor ardiente en mi pecho y el placer desbordante por sus dedos en mi entrada.

—Mírate… —susurro con la voz rota, incapaz de contenerme—. Estás hermoso así…

Él sonríe. Una sonrisa torcida, peligrosa, que me corta el aire. Vuelve a bajar, a morder otra vez, un poco más al lado, más superficial, pero suficiente para hacerme temblar. Sus dientes son filosos, me dejan marcas ardientes, y cada nueva gota de sangre que baja me enciende más.

Sigue mordiendo y jugando por un par de minutos más. Tomo su cabello y jalo hacia arriba, obligándolo a mirarme directo a los ojos.

-Joshua, te necesito. - Acerco mi rostro al suyo y uno nuestros labios en un beso. Siento el sabor metálico de mi propia sangre, su lengua chocando contra la mía. Gimo mientras nos seguimos besando. 

Saca sus dedos de mi entrada y se separa completamente. Su corta ausencia me congela, mi cuerpo ruega por más.

Más contacto, más mordidas, más de Josh.

Abro mis piernas y vuelvo a gemir, invitándolo a entrar en mi.

Escupe en su mano y lubrica su miembro mientras lo acerca a mi entrada. 

Su pene se siente como el paraíso, de un solo movimiento logra volverme loco.  Extiendo mis brazos hacia él, Josh se agacha y lo abrazo, enterrando mis uñas en su espalda e intentando acostumbrarme a la sensación. 

Él espera algunos segundos hasta que logro acostumbrarme. Me siento mareado y siento que el aire fluye con mayor dificultad cuando Josh empieza a moverse lentamente. Entierro aún más mis uñas en su piel y él gime en mi oído. Un sonido tan sucio, pervertido, mortal y delirante.

Josh comienza a moverse rápidamente y mi cuerpo entero tiembla, gimo con fuerza sintiendo como me descoloca con cada penetración. No se si son las venas resaltantes, la forma en que su miembro se ajusta perfectamente a mi cavidad o el simple hecho de que Josh es la persona más candente que he visto en mi vida lo que me hace volverme loco.

Sus gruesos dedos se entierran en mis caderas y echo mi cabeza hacia atrás, embriagándome de su toque, de sus embestidas que cada vez son más veloces, más voraces. Nuestras pieles chocan con frenesí e imploro por más destrucción. 

Ambos gemimos al unísono y nuestras voces parecen sonatas trágicas, infernales, prediciendo nuestra propia destrucción y perdición. Sus estocadas arden dentro de mi, mis nalgas quebradizas quieren romper sus esquemas, destrozarlo de la misma forma en la que él me ha destrozado a mi.

Mis gemidos se vuelven palabras sin sentido, me vuelvo loco, no pienso con claridad. Siento sus brazos tomar mi cintura en un abrazo y me levanta de la cama. Instintivamente con mis brazos sujeto su cuello y enredo mis piernas en su cintura., evitando caer y perderme aún más en la absoluta putrefacción.

Su miembro no sale de mi cavidad, me deja sin respiración hasta que estampa mi espalda en la pared más cercana y vuelve a embestir con más fuerza que antes. Tiemblo con tanta intensidad que podría generar un terremoto en toda la habitación, si no fuera por la forma en que se aferra a mi, ya hubiera caído al suelo.

-Josh.. - Gimo con fuerza mientras su miembro golpea cada una de mis células, enloqueciendome en el vaivén descontrolado. - Come de mi, mi cuerpo es tuyo. - Usa una de las manos que me sujetaban para colocarla en mi cuello. Aprieta con fuerza (no la suficiente para asfixiarme).- Mis ojos, mi boca, mis besos te pertenecen. Soy completamente tuyo…

Observo cómo sus pupilas se dilatan y atrapa mis labios en un beso salvaje. Muerde con violencia, la sangre vuelve a salir, haciendo bailes demoníacos dentro de nuestras bocas, disparando el éxtasis a niveles imposibles.

Sus uñas arañan mi cuello, marcándome como su propiedad mientras su miembro sigue golpeando mi interior con furia y prisa.

La pasión y la calentura salen a borbotones de nuestros poros. Josh mueve más y más sus caderas en movimientos erráticos. El placer es incontrolable cuando siento mi vientre contraerse.

-¡Josh, Josh, Josh!- Gimo con fuerza, mi garganta arde y de mi miembro salen líneas blancas que hacen un desastre sobre las pieles de nuestros abdominales. 

Contraigo las paredes de mi cavidad y Josh se corre dentro de mi, soltando un gruñido bestial.

Me desplomo en sus brazos debido al cansancio y él toma mi cuerpo para llevarlo a la cama, donde se recuesta conmigo.

Mi pecho sube y baja intentando recuperar el aire. Me siento mareado y el dolor de las mordidas empieza a florecer, sacando de mi boca algunos jadeos.

-Tyler…- Me abraza por detrás y besa mi cuello con la delicadeza que era inexistente momentos antes. -Si me entregas tu cuerpo, entonces haré lo mismo.-Acaricia mi cabello y la sensación de su cálido aliento cerca de mi piel me eriza la piel. - Mi alma es tuya, incluso si desaparecemos de este mundo, siempre será tuya.

Mi pecho arde, quiero llorar. Son las primeras palabras sinceras que Josh me dirige y no sé exactamente cómo sentirme.


1 de Diciembre.

Muchas cosas han cambiado desde aquella noche. 

De alguna forma, Josh se volvió más abierto conmigo. Todos sus miedos y dudas cayeron en la pared que él había construido y ahora nuestra relación es más íntima. 

Incluso me enteré de lo mucho que le gusta tocar la batería.

Hay un eco de las palabras que me dedicó esa noche. Retumban en mi cabeza, una mezcla de mandato y promesa. 

Lo que pasó no fue solo un encuentro, fue algo que desató algo dentro de mí que no sabía que existía. No puedo dejar de pensar en ello.

Tampoco dejo de pensar que si Josh quisiera devorarme algún día… no me opondría.

Hay algo de irrevocable en eso.












Notes:

Gracias por leer! <3