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El sol de la mañana atravesaba las ventanas de vidrio del edificio más alto de la ciudad, reflejándose en los impecables pisos de mármol de F&S Asociados. Afuera, el bullicio típico del centro se mezclaba con el sonido constante de los coches y las conversaciones apuradas de la gente que comenzaba su jornada laboral. Era un día claro, con un aire fresco que contrastaba con el calor de las oficinas repletas de energía y ambición.
Julián Álvarez se ajustó la corbata por tercera vez mientras caminaba por el pasillo principal, sus pasos resonando ligeramente en la amplia recepción. Aunque había leído todo sobre la firma y conocía su prestigio, estar allí en persona, rodeado de paredes cubiertas de diplomas y fotografías de casos ganados, hacía que la presión se sintiera mucho más real.
Al llegar a la sala de reuniones, notó que ya estaba llena. La mayoría de los asociados estaban sumergidos en sus papeles, mientras algunos conversaban en voz baja. Sin embargo, una voz destacaba entre el murmullo: alegre, segura y con un carisma natural que parecía llenar el espacio.
Enzo Fernández estaba de pie al otro lado de la sala, gesticulando con entusiasmo mientras relataba una historia. La luz que entraba por las ventanas iluminaba su figura, dándole un aire casi teatral. Su risa era contagiosa, y la atención de todos estaba centrada en él.
Cuando Julián entró, Enzo fue el primero en notarlo.
—¡Ah, miren quién llegó! —exclamó, dejando su conversación para acercarse a Julián con pasos decididos— Vos sos el nuevo, ¿no? Julián Álvarez. Bienvenido a nuestra pequeña jungla.
Julián se quedó un segundo congelado antes de responder, extendiendo una mano tímidamente.
—Sí, eso... gracias. Es un honor estar acá.
Enzo estrechó su mano, pero su sonrisa se volvió un poco más ladina.
—No te preocupes, te acostumbrás rápido. Aunque, para ser honestos, no todos sobreviven al primer mes.
Julián soltó una risa nerviosa, sin saber si debía tomarse el comentario como una broma o una advertencia.
—Haré lo posible por mantenerme en pie.
Enzo lo miró de arriba abajo con una expresión casi juguetona.
—Eso espero. Me gusta la competencia, pero no me sirve alguien que no pueda seguirme el ritmo.
Antes de que Julián pudiera responder, las puertas se abrieron y el socio principal entró, provocando que todos se enderezaran en sus asientos. La tensión en la sala cambió en un instante: de camaradería a concentración absoluta.
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Cuando el socio principal comenzó a hablar, el aire en la sala pareció volverse más denso.
—El nuevo caso que liderará esta firma será el más importante del año —anunció con voz grave— Se trata de una disputa entre TechNova y GlobalCore, empresas que no solo pelean por millones, sino también por su reputación. Este caso definirá nuestro lugar en la cima del sector legal.
Hizo una pausa deliberada antes de añadir:
—Fernández, liderarás este caso. Álvarez, serás su segundo. Espero que trabajen como un equipo sólido.
Julián asintió, aunque no pudo evitar notar la forma en que los ojos de Enzo brillaron, como si el desafío lo emocionara. Cuando el socio principal salió, la sala se llenó de murmullos y movimiento. Pero Enzo no perdió el tiempo; se levantó con su característico aire de superioridad y se acercó a Julián con pasos firmes.
—Espero que estés listo para trabajar al nivel que este caso exige —dijo, cruzándose de brazos mientras lo miraba con una mezcla de curiosidad y escepticismo— No me gusta perder el tiempo, Álvarez.
Julián, aún algo intimidado, intentó mantener la compostura.
—Eso no será un problema.
—Eso espero —replicó Enzo con una sonrisa afilada— Porque yo no soy de los que cargan con compañeros lentos.
Julián sostuvo su mirada sin pestañear, inclinando ligeramente la cabeza.
—No te preocupes, Fernández. Tampoco soy de los que necesitan que los carguen.
Por un instante, el rostro de Enzo se mantuvo neutral, pero luego una chispa de sorpresa y algo parecido a la diversión cruzó sus ojos.
—Bien. Parece que tenés algo de carácter después de todo.
Julián dejó escapar una pequeña risa sin gracia mientras recogía su portafolios de la mesa.
—No vengo para hacer charla, estoy acá para ganar el caso.
Enzo arqueó una ceja, claramente intrigado por la respuesta.
—Ambicioso. Eso puede ser útil... siempre y cuando sepas cuándo escuchar.
—Siempre y cuando vos sepas cuándo no subestimar a alguien —contestó Julián rápidamente, antes de girarse hacia la puerta— Ahora, ¿vamos a trabajar o preferís seguir midiendo egos?
Enzo lo siguió. "Esto va a ser interesante." pensó.
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El aire en el pasillo era fresco, pero la tensión entre ellos parecía caldear el ambiente. Enzo caminaba con su típico aire de confianza, como si todo a su alrededor le perteneciera, mientras que Julián mantenía un paso firme y decidido, sin dejarse intimidar por la actitud dominante de su compañero.
—Así que, Álvarez —empezó Enzo mientras empujaba la puerta de la sala de descanso—, ¿cuál es tu especialidad? ¿Memorizar contratos al pie de la letra o solo discutir detalles irrelevantes?
Julián se giró hacia él con una sonrisa controlada, claramente sin intención de ceder terreno.
—Mi especialidad es ganar casos. Aunque supongo que lo descubriremos cuando trabajemos juntos... si es que podés seguir mi ritmo.
El comentario hizo que Enzo soltara una carcajada, mostrando su blanca dentadura.
—Ah, sos rápido con las palabras. Eso está bien. Pero te advierto algo: hablar lindo no te lleva muy lejos si no tenés resultados.
—Y subestimar a tus colegas tampoco te lleva lejos —replicó Julián mientras tomaba una taza para servirse café.
Enzo lo observó por un momento, como evaluándolo, antes de encogerse de hombros y prepararse su propia taza.
—¿Sabés qué? Me gustan los desafíos.
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Mientras tomaban café, Enzo empezó a exponer sus ideas para el caso. Su tono era seguro, casi didáctico, como si estuviera explicándole algo a un aprendiz en lugar de a un colega.
—Lo primero que vamos a hacer es dejar clara la incompetencia de GlobalCore en las negociaciones previas. Si sembramos suficiente duda en los jueces, no van a prestarle atención a los detalles pequeños del contrato.
Julián, apoyado casualmente contra la mesa con su café en la mano, alzó una ceja.
—¿Detalles pequeños? Claro, porque las cláusulas que definen el eje central del caso son apenas notas al pie.
Enzo dejó su taza sobre el mostrador, su sonrisa deslizándose hacia una mueca.
—No estoy diciendo que no sean importantes, pero si manejás bien el relato, podés hacer que esos detalles pasen desapercibidos.
—Ah, entiendo —replicó Julián, inclinándose un poco hacia adelante— La estrategia es distraer a todos y rezar para que nadie lea el contrato. Muy innovador.
El tono sarcástico de Julián hizo que Enzo lo mirara fijamente.
—Mirá, Álvarez, entiendo que recién estás empezando y tenés ideas, pero en casos como este, lo que importa es jugar con la percepción. No es un examen teórico.
Julián se enderezó, dejando la taza a un lado. Sus ojos brillaban con desafío.
—Y yo entiendo que estás acostumbrado a impresionar a la gente con grandes discursos, pero los jueces no son tontos, Fernández. Si ignoramos los puntos fuertes del contrato de TechNova, GlobalCore va a despedazarnos.
—¿Y cuál es tu gran plan, entonces? —disparó Enzo, cruzándose de brazos—. ¿Recitar las cláusulas hasta que el juez se duerma?
—No, usar las malditas cláusulas para demostrar que GlobalCore no tiene nada sólido —contestó Julián, avanzando un paso hacia él—. Hay ambigüedades en los términos que podemos reinterpretar a favor de TechNova, y si no las vemos ahora, nos van a enterrar en el juicio.
Enzo parpadeó, visiblemente sorprendido por la intensidad de Julián. Luego, una sonrisa lenta se formó en su rostro, una mezcla indescifrable en ella.
—Mirá vos. Pensé que eras más del tipo callado.
—Y yo pensé que eras más del tipo que sabe escuchar —replicó Julián sin perder el ritmo.
Por un momento, la sala quedó en silencio, excepto por el leve sonido de la cafetera en el fondo. La tensión entre ellos era casi palpable, como si cada palabra fuera un movimiento en una partida de ajedrez. Finalmente, Enzo dio un paso atrás y levantó las manos en un gesto de rendición fingida.
—Está bien, Álvarez. Vamos a usar tu enfoque. Pero si no funciona, vas a ser el primero en explicar por qué fallamos.
—Si no funciona, acepto la culpa —respondió Julián con una media sonrisa irónica— Pero cuando funcione, espero que seas lo suficientemente grande para admitir que te equivocaste.
Enzo simplemente chasqueó su lengua, mirándolo fijamente por unos segundos para luego retomar
Julián volvió a tomar su café, sintiendo que, aunque habían cruzado espadas, había logrado plantar su bandera. Y si eso significaba lidiar con más roces con Enzo, estaba listo para el desafío.
