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Language:
Español
Series:
Part 16 of Julienzo by KAMISAKI
Stats:
Published:
2024-12-14
Words:
4,682
Chapters:
1/1
Comments:
8
Kudos:
119
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5
Hits:
976

A dónde sea, pero con vos

Summary:

Las relaciones a distancia nunca fueron sencillas, pero Julián y Enzo buscan la manera de que lo suyo funcione.

Work Text:

 

Londres era deprimente.

 

Siempre lo fue, pero ahora que su familia estaba lejos y estaba solo, Enzo se sentía más solitario que nunca.

 

Intentaba siempre reunirse con sus amigos o con sus compañeros del Chelsea, pero la gran mayoría de ellos tenían familia y Enzo sentía que molestaba.

 

Londres era solitario, pero las tardes se pasaban más rápido cuando Julián regresaba del entrenamiento y se conectaba a la videollamada que hacían todos los días a la misma hora.

 

Por momentos, Enzo sentía que tenía que calmarse, que no podía depender tanto de Julián y los hoyuelos que se le marcaban cuando sonreía.

 

Pero simplemente no podía evitarlo, era como una flor en medio de un jardín recién podado. Julián le decía “¿Qué haces culiadazo?” con esa típica tonada cordobesa, y el día mejoraba un montón.

 

Enzo sabía que tarde o temprano se iba a ir a España, porque esto ya pasó antes cuando no sabía bien lo que sentía por Julián. Ahora que tenía sus sentimientos tan claros, sabía que era cuestión de tiempo para partir hacia España, o inclusive a Madrid directamente.

 

Enzo pasaba las fotos que Julián acababa de subir sobre el partido contra Sevilla, donde casualmente había ganado 4-3, igual que el Chelsea contra el Tottenham.

 

Juli es hermoso. Tenía algo, un no-sé-qué que le encantaba. Era su cuerpo, su forma de ser, su sonrisa, sus expresiones; todo. Enzo estaba hasta las manos, como hace tiempo no le pasaba, y él siempre fue tan directo y tan sincero, que le costaba retener sus sentimientos y no gritarle al mundo que estaba enamorado.

 

Obviamente tenía sus momentos donde soltaba algunas indirectas, y después Julián lo retaba por videollamada por hacer semejantes locuras en público, pero simplemente no le entraba tanto amor en el pecho.

 

’Tas jugando con fuego, Enzo…

 

Enzo le sonrió desde el otro lado de la pantalla, viendo cómo Julián se entretenía con un hilo que tenía su buzo.

 

—Con vos quiero jugar, mi amor. En todos los sentidos que te imagines.

 

Julián sonrió, con sus hermosos hoyuelos, y se mordió un labio, negando con la cabeza — Dios, que tarado que sos…

 

—Ah, ¿vos no queres?

 

Julián miró a la webcam por dos segundos antes de regresar la mirada al bendito hilo.

 

Si ya sabes, ¿para qué preguntas?

 

Enzo se mordió un labio con fuerza —Tengo unas ganas de estar con vos…

 

¿Cuándo nos vemos de nuevo? ¿En marzo? —preguntó Julián, tirando el hilo a la mierda.

 

—Ni en pedo espero hasta marzo para verte de nuevo…

 

¿Y qué vas a hacer, loco? Si los de la Premier tienen un calendario de mierda… Aparte que re raro que nos veamos en el medio de la temporada así porque sí.

 

—¿Y? Yo quiero verte…

 

Enzoooo. Ya hablamos de esto, ya sabes… Ojalá todo fuera más fácil, pero tenemos que ir de a poco. Y vos sos mister ansiedad.

 

—Sabes que si fuera por mi te chapo en medio del Monumental en la próxima fecha FIFA, no tengo drama. No soy actor yo, no me sale fingir.

 

Julián miró a la cámara y suspiró — Enzo —empezó a hablar seriamente—. Si fuera por mi, no tendría drama. Pero sabes cómo es la gente. ¿Por qué te pensas que no hay ningún futbolista que juegue en la élite que sea puto? Por más que ustedes se pongan la cinta de capitán con los colores de la bandera, no nos quieren por acá, es pura campaña. O peor, nos pueden agarrar para hacer marketing de la comunidad y anda a saber cuantas cosas más… Prefiero ser discreto, al menos por ahora. No me gustaría tener que pasar por algo feo teniéndote tan lejos…

 

Enzo apretó las cejas, sintiendo una gran presión en su pecho. Necesitaba abrazar a Julián en ese preciso momento.

 

—No, ya sé… —suspiró— Me cuesta una banda, pero obvio.

 

Ya sé Enzito —dijo con una sonrisa tonta— . Igual me encanta que seas tan demostrativo, a mi me cuesta un montón…

 

—A mi me gustas así. Además, tenes tu manera de demostrarme las cosas —dijo, sonriéndole a la pantalla—. Me encantas así.

 

Incluso a través de la pantalla, Enzo notó cómo Julián se ruborizaba y miraba para otro lado, apenado.

 

—La puta madre, qué lindo que sos. Unas ganas de comerte a besos.

 

Julián se mordió un labio — ¿Para qué lo decis si no podes venir y cumplir?

 

—Ojalá amor, ojalá… ¿Qué hiciste hoy?

 

Siguieron hablando por un par de horas, hablando sobre sus clubes y las cosas que pasaron en su día. Julián le hablaba sobre lo bien que se sentía ahora, con unos compañeros que lo acompañaban y se tenían como una familia, cosa que en el City no le pasó. Todo iba genial hasta que salió el tema de la “novia” de Julián.

 

No iban a engañarse, la cosa estaba complicada. Por un lado, a Julián no le gustaría sacarla de su casa así sin más, no era tan desalmado para hacer eso. Pero a su vez, ella también era desesperante. No le importaba en absoluto su carrera futbolística ni lo que haga o deje de hacer. Ella sólo quería ser una mantenida más, y si para lograrlo tenía que amenazar a Julián con sacar los trapitos al sol, entonces iba a hacerlo.

 

Enzo intentaba apoyarlo como podía, pero la verdad es que los dos estaban atados de manos y pies.

 

Por el momento, tan sólo les quedaba mantener las cosas como estaban y punto, aunque les jodiera tanto.

 

La llamada terminó pasadas tres horas, siendo ya de noche. Julián cenó y se fue a dormir directamente. Enzo, por su lado, se había quedado mirando Twitter por unos minutos. Se estaba por acostar cuando le llegó una notificación del grupo de WhatsApp del Chelsea.

 

Good night everyone!

Here’s the list of players called up for the match against FC Astana

See you tomorrow to fly to Kazajistán! 👋🏻

The rest of you have the day off.



Miró la lista de reojo, viendo que no figuraba. Se lo imaginaba, igualmente. Volar hasta la otra punta del mundo cansaba muchísimo, más aún si el próximo fin de semana tenían que volver a jugar.

 

Lo que le había llamado la atención era que les habían dado el día libre en vez de mandarlos a entrenar como hacían usualmente.

 

Una idea repentina cruzó por su cabeza. Tal vez no iba a dormir tanto como quería…

 


 

Juliiiiii, amigo mío. ¿Qué onda? ¿Te desperté?

 

Julián se refregó los ojos que todavía estaban cerrados.

 

—Si te digo que no, te miento —murmuró con la voz ronca.

 

Rodri se rió del otro lado de la línea — ’Cucha. Hoy hago un asadito al mediodía, venite.

 

—Uhh, ¿posta me decis? Que lindoooo. Dale, ¿qué llevo?

 

Naaa, nada. Traete algo para tomar si querés nomás. Yo igual tengo cosas.

 

—Dale amigo. En un ratito estoy ahí.

 

Listoooo, te esperamos.

 

—¿A quién más invitaste?

 

No, invitar no invité a nadie. Me cayeron de sorpresa que es diferente.

 

Julián se rió —Ya me imagino quién es. Dale, en una horita estoy ahí.

 

La llamada finalizó y Julián se estiró en la cama, enredándose con las sábanas. Miró la hora de su celular y eran apenas las diez de la mañana. Los días que no tenían partidos ni entrenamientos solía despertarse cerca del mediodía, teniendo una especie de desayuno-almuerzo, y boludeando todo el día en pijama, aprovechando para descansar. Pero la idea de un asado con sus compañeros del Atleti le parecía una idea excelente.

 

Se imaginaba que quien había caído de sorpresa en la casa de Rodri era Grizi. A pesar de tener su propia familia, le encantaba pasar tiempo con los mismos desquiciados que veía a diario. O también podían ser algún otro compatriota argentino, era lindo volver a sus costumbres una vez cada tanto.

 

Se levantó y fue directo a darse una ducha, tarareando una canción cualquiera. Una vez salió, se cambió con algo tranquilo y fue a buscar un buen abrigo para salir, porque en Europa el frío era insoportable. Ya con campera y cartera en mano, bajó por las escaleras, rumbo a la cocina. Una vez ahí, se encontró con Emilia.

 

—Ah bueno, hasta que nos despertamos… —murmuró ella, queriendo sonar graciosa, pero logrando el efecto completamente contrario.

 

—Para un día que tengo libre… —respondió Julián sin verla y abrió la heladera, sacando una gaseosa cerrada— Me voy un ratito.

 

Ella se puso de pie —¿A dónde vamos?

 

Julián la miró —¿“Vamos”?

 

—Obvio, ¿cómo vas a salir sin mi? ¿Estás loco?

 

—Mira vos che. ¿Y desde cuándo vamos a todos lados juntos?

 

Ella se rió, aunque se le notaba enojada —No seas boludo. Me cambio y vamos, esperame cinco.

 

—Emilia…

 

—¡No seas ortiva, che! Ahí vengo.

 

Ella se fue escaleras arriba y Julián suspiró, malhumorado. Pensaba usar su día libre para despejarse, y ahora se había cagado por completo.

 

Sacó su celular, esperando que Emilia vuelva para ir, y entró directamente a WhatsApp.



Amigo

Me vas a matar

Pero parece que voy con compañía

🙄🙄🙄

 

Rodri

Na me estás cargando

Que yegua lpm

Justo hoy encima

La dejo afuera eh



Dale boludo

No me hagas quilombo

No le des pelota y listo

Quién te cayó en casa?? La conoce???



Rodri

Si no la conocerá

Lpm

Bueno che que venga



Jajajaja con quién estás? Con Moli?

 

Rodri

Deja de preguntar tanto y vení boludo

Se me pasa el asadoooooo

 

Jajaja ya vamos, dame 15



Rodri se desconectó tras responderle con un sticker y Julián buscó su conversación con Enzo, pero éste aún no le respondía su mensaje de buenos días. Cerró la aplicación, un poco frustrado, y escuchó cómo Emilia venía a su lugar.

 

—Ya estoy. ¿A dónde vamos?

 

—A lo de Rodri.

 

—Uhh, ¿a lo de ese pu-?

 

—Mira, María Emilia —dijo, interrumpiendo—. La última vez que fuimos a lo de Ro nos tuvimos que volver porque no parabas de mirarlo con cara de culo. Si no te cae bien, te quedas, no hay ningún problema. Yo voy a lo de un amigo, y vos te autoinvitaste-

 

—Tratame bien, Julián Alvarez, si sabes lo que te conviene.

 

Julián se quedó viéndola por unos unos segundos antes de suspirar, cansado, y agarrando las llaves del auto —Vamos, dale.

 

—Ahh. ¿Viste que no es tan difícil?

 

Julián no volvió a hablar. Ni siquiera cuando subieron al auto y empezó a manejar rumbo a la casa de su amigo. Era una batalla perdida, lo sabía. Esa mujer era terca como una mula y lo mejor era ignorarla, como si no existiera.

 

—¿Queres no poner tanta cara de culo? 

 

Aunque bueno, a veces era insoportable.

 

Frenó el auto de golpe y manoteó el celular de su supuesta novia.

 

—¿Qué hablamos ya quinientas veces?

 

Ella apretó las cejas, furiosa —¿Qué te pasa, enfermo? ¡Quería subir una foto nomás!

 

—La re puta madre, ya te dije una banda de veces que no me gusta. ¿Cuántas veces vamos a tener la misma puta charla?

 

—Sos famoso, Julián. Si vos no subís fotos, porque sos medio pelotudo, entonces tengo que hacerlo yo. Ley básica de las botineras.

 

Julián se la quedó viendo, como si no pudiera creerlo —Vos sos todo menos una botinera, Emilia. Yo… —suspiró, frustrado— Posta no entiendo qué mierda te hice para que me odies tanto. ¿Por qué mierda no me dejas ser feliz? ¿Qué queres? ¿Plata? ¿Una casa? Te compro lo que quieras, pero date cuenta que esto no nos hace bien. 

 

Ella soltó una risa sarcástica —Vos queres sacarme a la mierda de tu vida y tirarme un par de pesos, sos un vivo bárbaro… Cuando ninguna mina te daba ni cinco de pelota porque tenías terrible cara de puto, la única que te dio una chance fui yo. Y ahora que sos famoso y te podes levantar a quien te pinte, me queres sacar por la puerta de atrás como si yo no fuera nada. ¡Ja! Soña querido, soña. Ahora, dame mi celular y sonreí, como si estuvieras contento y todo… 

 

Julián tenía al diablo en persona enfrente suyo, y sentía muchísima rabia acumulada.

 

Pero no podía hacer nada. Y la angustia lo mataba.

 

Revoleó el celular para el asiento de atrás y arrancó el auto de nuevo. A pesar de que Emilia lo estuvo puteando y quejándose todo el camino hasta lo de Rodri, se aguantó la bronca, apretando el volante con toda su fuerza. Una vez llegaron, Julián se bajó agarrando la botella que había decidido llevar, y tocó el timbre, sin esperar a Emilia. Aunque bueno, se sumó a los pocos segundos a su lado.

 

—Buenas, buenas —saludó Rodri con una sonrisa, invitándolos a pasar.

 

Emilia pasó directamente al comedor, apenas murmurando un breve “Hola”. Julián se tironeó de los pelos.

 

—Boludo. No la maté porque es ilegal. Te juro que hoy me sacó de quicio.

 

—Ay, Julito, Julito —dijo Rodri, agarrándolo por los hombros por detrás y haciéndole un masaje rápido—. ¿Sabes qué? Tengo una sorpresita para vos, y creo que te va a gustar, vení.

 

Julián suspiró, siendo arrastrado por su amigo —Mira que no estoy para sustos, culiadazo.

 

—Fa, que desconfiado que sos che —insistió Rodri, sacándole la botella de los brazos y dejándola en una mesa por ahí.

 

—Y si boludo… Si vos salis con cada cosa. Un miedo me das.

 

Rodri soltó una risa y se frenó antes de entrar en una habitación. Soltó los hombros de Julián y levantó las manos, tapándole los ojos.

 

—Uhh, me estás dando un miedo…

 

Rodri volvió a reírse y la puerta se abrió —Dale, camina wachín.

 

—¿Qué te-?

 

Julián se silenció de golpe.

 

Le llegó un aroma que lo dejó paralizado. Fue como si de repente se quedara sin aire y un espasmo recorrió todo su cuerpo. Como si toda la fuerza de voluntad que estaba haciendo para no llorar como un niño se caía a pedazos tan sólo con el aroma de ese perfume tan característico.

 

Empezó a temblar, ansioso, cuando un par de manos que ya conocía de memoria se enredaron hasta abrazarlo por la espalda y la cintura con un cariño y dulzura que sólo podían ser de alguien.

 

Rodri lo soltó y Julián abrazó a la persona que tenía enfrente suyo sin la necesidad de abrir los ojos. Apenas escuchó que la puerta volvía a cerrarse, por lo concentrado que estaba en recordar cada mínima sensación. Quería grabarse a fuego todo lo que alguien podía producirle con su mera presencia.

 

Todo estrés, cansancio, frustración y enojo quedaba del otro lado de la puerta cuando tenía a Enzo con él.

 

Enzo le daba besos suaves en el cuello, acariciando su cintura con las yemas de sus dedos, embriagándolo con su perfume, y sentía que no importaba más nada.

 

No llores, amor… Me mata verte así.

 

Julián se separó, un poco más tranquilo, viendo a Enzo a los ojos.

 

¿Por qué no me dijiste que venías?

 

Te quería dar una sorpresa, lindo —admitió en un murmuro. Sus rostros estaban tan cerca que ni siquiera era necesario levantar el tono de voz. Llevó una de sus manos al rostro de Julián y limpió sus lágrimas con su dedo pulgar—. Me ayudó Rodri a venir de incógnito.

 

Julián sonrió, mucho más contento que hace cinco minutos. 

 

—No sé cómo haces, pero siempre apareces en el mejor momento —admitió, viéndolo con esa típica sonrisa suya que volvía loco de amor a Enzo.

 

—No me mires así, Juliiii.

 

Julián rió —¿Así cómo?

 

—Así como me miras. Me dan ganas de comerte a besos.

 

—¿Y qué problema hay? —remató Julián, sintiendo cómo le dolían los cachetes de estar sonriendo tan ampliamente.

 

Enzo estaba igual de sonriente que él, y no esperó para acercarse y besarlo con ansiedad.

 

El simple toque de sus labios era como volver a nacer, como recuperar años de vida. El corazón les iba a mil por hora de la cantidad de mariposas que revoloteaban en su estómago y las lágrimas de felicidad simplemente se les escapaban.

 

Julián subió sus dos manos al rostro de Enzo, acariciando sus cachetes con sus pulgares, conmocionado. 

 

Te amo, te amo, te amo —murmuraba Enzo, dando besos cortitos en el cuello de su novio, haciéndolo reír de las cosquillas y de lo feliz que se sentía.

 

Yo también, Enzo —respondió, viéndolo a los ojos, sintiendo que no cabía en su felicidad.

 

Después de una larga sesión de besos, terminaron tumbados en el sillón que Rodri tenía en la habitación de invitados.

 

—Llegué a la madrugada… Ni bien te fuiste a dormir, busqué y encontré un vuelo que salía en dos horas. 

 

—Dios, que impulsivo que sos… —sonrió Julián, cerrando los ojos. Las caricias que Enzo le hacía en el pelo eran relajantes en exceso, le encantaban.

 

—Me dieron el día libre, por el partido ese de Conference. Recién pasado mañana tengo que entrenar y quise aprovechar. No falté a nada, che.

 

Julián entre abrió los ojos, girando su cabeza para poder ver a Enzo que lo abrazaba desde atrás — Gracias… —murmuró.

 

—Rodri me dijo que venías con la yarará… Dios, no sé cómo no le haces una carta documento y que se vaya a la mierda.

 

—Enzo, en el momento que yo le suelte la mano, ella ventila todo. Es tan sencillo como eso.

 

—¿Y-?

 

—Posta no quiero hablar de eso —interrumpió, girándose por completo, quedando sentado sobre la pelvis de Enzo—. Quiero aprovechar que estamos juntos, anda a saber cuándo te veo de nuevo…

 

Enzo se mordió un labio, aguantando una sonrisa.

 

—Fa, si me lo decís así… —respondió, pasando su mano por el costado del cuerpo de Julián.

 

Apenas llegó a meter la mano por debajo de la remera que la puerta se abrió de golpe.

 

—¡Ah, listo! ¡La frutilla del postre! ¿Qué haces vos acá?

 

—¿Qué mierda te importa, víbora? —remató Enzo, enojado— ¿Te tengo que pedir permiso o qué te pinta, gila?

 

—¡Julián! ¿Vas a dejar que me hable así?

 

Julián suspiró, derrotado. Se dejó caer en el pecho de Enzo, viendo en la dirección contraria a Emilia, y se acurrucó ahí.

 

—Que pedazo de putos, asco me dan.

 

Enzo estaba por responder cuando Julián lo agarró con fuerza de la mandíbula y le comió la boca.

 

Emilia empezó a chillar y gritar, intentando llamando la atención sin ningún resultado. Rodri la agarró del brazo y cerró la puerta nuevamente.

 

—Yo posta que no te entiendo, eh. 

 

—¡Ustedes son los que están mal! ¡Esto no es normal, dan asco!

 

Rodri suspiró, viendo cómo Emilia salía corriendo, llorando y empujando cosas en el camino. Julián después le iba a deber una muy grande, porque no sólo estaba cogiendo en su casa, sino que tenía que hacer de niñero de una pelotuda de más de veinte años.

 

—¿Por qué te castigas tanto? Posta que no lo entiendo… —insistió Rodri mientras se ponía esmalte transparente en las uñas, con Emilia llorando en un sillón del quincho.

 

¿Qué mierda te importa?

 

—No, importar no me importa. Por mi, andate y me quedo haciendo el asadito. Pero viste, mis amigos están ocupados entre ellos.

 

Emilia lo miró, como si estuviera esperando algo, y Rodri le regresó la mirada.

 

—Tengo entendido que Julián te ofreció una casa, guita, una tarjeta ilimitada. Si sos viva, le pedís tres departamentos en medio de Miami y no volves a laburar en tu vida. Ojo eh, odio el chantaje que estás haciendo, es horrible. Pero ya que estás… Aprovecha y tomate el palo, conocé a un pibe que posta te quiera y taza, taza, cada uno pa’ su casa.

 

Emilia seguía mirándolo mal —Que fácil que lo decís.

 

—¡Es que es así de fácil! ¿Por qué estás tan obsesionada con hacerlo sentir mal a Juli? Debe ser el tipo más bueno que conocí en mi vida. Los futbolistas cuando tenemos a otra o, bueno, en el caso de Juli “otro”, se esconde y se juega de calladito. El pibe fue y te dijo “Mira, me pasa esto con mi mejor amigo. Quiero que terminemos bien”

 

—Ni aunque te lo explique lo vas a entender —respondió ella, jugando con uno de sus mechones.

 

—Y. Si no me decís nada, menos.

 

Ella suspiró —Dejá, dejá.

 

Se hizo un silencio incómodo y Rodrigo decidió que era hora de pararse a un lado de la parrilla a hacer nada , como el buen hombre argentino promedio que es.

 

Apenas unos quince minutos después, el dúo apareció en el quincho, agarrados de la mano. Emilia ni siquiera se dignó a mirarlos, ofendida.

 

Y para ser sinceros, Julián y Enzo lo valoraban muchísimo.

 

—En un ratito llegan los otros creo —comentó Rodri, tirándose en el sillón individual frente a la parejita.

 

—¿A quiénes invitaste? —preguntó Julián, preocupado.

 

—Tranqui. A Grizi, Moli, Angelito, Juan… los de Argentina boludo, y a Grizi porque Anto es Anto.

 

—Claro, claro.

 

Tal como había dicho Rodri, poco después llegaron el resto de los invitados con sus parejas e hijos. Saludaron a Enzo, sorprendidos de verlo por ahí. El único que no se llevó ninguna sorpresa fue Moli, que como el resto de la selección, estaban al tanto de la relación a escondidas de los ex-River.

 

El día pasó increíblemente rápido. En cierto punto de la tarde, Emilia había entrado en confianza con el resto de las mujeres de los jugadores y se olvidó de las miradas para nada discretas que se enviaban Julián y Enzo, y dejó de prestarle atención a cómo se agarraban de las manos por debajo del mantel.

 

Con mucho dolor en el pecho, Enzo se despidió de todos de forma general porque su avión salía a las ocho y ya eran las cinco y media. Julián lo acompañó hasta la puerta y se despidió de él, sintiendo que una partecita de su corazón se iba junto a Enzo.

 

Tras irse su novio, Julián se quedó unos momentos parado al lado de la puerta, como perro que aún espera el regreso de su dueño.

 

Pero Enzo no regresó.

 

Julián jamás fue tan dependiente de nadie. De hecho, jamás fue capaz de demostrar tanto sentimentalismo por nadie, pero Enzo era la primera y única excepción.

 

Sentía que el pecho se le cerraba del dolor y tenía grandes ganas de llorar. ¿Cómo podía aparecer, hacerlo enormemente feliz por unas horas, y hacerlo sentir tan deplorable con su partida?

 

Fue un toque en su hombro el que lo hizo regresar a tierra y dejar de clavarse las uñas en las palmas.

 

—Lo bueno es que pudieron verse un ratito, ¿no?

 

Julián asintió con la cabeza. 

 

Necesito que venga a España, Rodri… La distancia me mata.

 

Rodrigo sonrió, conmovido de ver a su amigo tan enamorado, y lo abrazó con fuerza.

 

Los días pasaron exactamente igual, con la pequeña diferencia de que Emilia se había vuelto un poco menos insoportable, según Julián.

 

Por lo menos no opinaba de Enzo, y eso le encantaba. Tan sólo le pedía que la lleve cuando iban a jugar a otros países, para conocer lugares nuevos, y Julián aceptaba sin problema. 

 

Siempre que tenían un par de días libres, buscaban la manera de encontrarse, aunque viajaban de incógnito. A veces en Madrid, a veces en Londres y a veces en Francia como punto medio. Sencillamente, la distancia no era tan fácil como lo habían planteado en un principio de la relación, y los viajes comenzaron a ser cada vez más seguidos, siempre y cuando sus apretadas agendas se los permitieran.

 

Fue a mediados de dos mil veinticinco cuando se abrió el mercado de fichajes, y Enzo ya había hablado con su representante. No le importaba cómo, quería irse a España. Específicamente, a Madrid. Y aún más específico, al Atlético de Madrid.

 

Eran vacaciones de verano en Europa. El Atlético de Madrid logró conquistar su primera Champions League y el Chelsea la humilde Conference League. Ambos estaban de vacaciones junto a otros amigos, algunos futbolistas y otros no. Estaban tirados en el cómodo piso de un yate cuando a Enzo le llegó una llamada de su representante diciendo que se tenía que presentar en Madrid esa misma semana para firmar contrato.

 

Obviamente se celebró descorchando un champagne y con una buena sesión de besos.

 

Julián jamás le comentó a Enzo que le hizo una donación anónima al Atleti para pagar la millonada que el Chelsea pedía para levantar la cláusula de Enzo. Era su pequeño secreto, y pensaba morir con eso.

 

La llegada de Enzo al Atleti fue encantadora. Se acopló al equipo en muy poco tiempo y había conseguido una casa cerca de la de Julián. Casi sin querer, cada vez que Julián iba a visitarlo, dejaba una cosa suya.

 

Un día fue una remera, otro día un cepillo de dientes, después su shampoo y perfume y, con el tiempo, su mera presencia se instaló en la casa de Enzo.

 

Se sentían en la cúspide de la felicidad, a pesar de que habían ciertos rumores que les molestaban un poco, porque ellos siempre hacían todo puertas adentro. Aunque bueno, ciertas miradas no son fáciles de disimular.

 

Un día Julián fue a su propia casa después de no estar una semana ahí, encontrándose con Emilia en un estado que no se imaginaba.

 

—Ah, estás vivo —murmuró, tirada en el sillón principal, con la mirada cansada. Como si hubiera estado llorando un largo rato.

 

—Si… Me estoy quedando en lo de Enzo.

 

Ella soltó una risa sarcástica —Si, obvio. No necesito que me lo aclares…

 

Julián pensó que la situación había llegado a un punto culmine. Que seguir dando vueltas era innecesario. Se sentó a un lado de ella, decidido a cerrar esta etapa.

 

—Me voy a ir a vivir con él, Emi. Nunca estuve tan enamorado en mi vida, te lo juro. 

 

Ella volvía a lagrimear — ¿Qué hice mal, Julián?

 

—¿Eh?

 

No es la primera vez que me pasa… ¿Soy fea, una hija de puta-?

 

—Para, para. ¿Qué pasa Emi?

 

Ella se acomodó en el sillón. Si había alguien con quien ya no podía tener secretos, era Julián.

 

—Cuando estábamos en Calchín, me pasó lo mismo. ¿Te acordas que yo estaba con Marcos?

 

Julián asintió con la cabeza —Si, si.

 

—Me dejó por un pibe, también. No- No sé si soy yo, si- si soy poca cosa o-

 

—Ay, Emi… No, no es así. Tuviste mala suerte nomás. ¿Era eso lo que te ponía tan mal?

 

Ella asintió con la cabeza, rompiendo en llanto, y Julián la abrazó con cariño, como quien abraza a una hermana mayor.

 

Perdón, fui una hija de puta con vos, perdón. Estos días yo te vi más feliz que nunca y recién ahí caí en cuenta que te hice sufrir al pedo. Que vos sos feliz siendo puto, que no puedo hacer nada en contra de eso.

 

Julián soltó una risita —Si, soy feliz siendo puto, Emilia. 

 

Ella también se rió, rompiendo el abrazo y limpiándose las lágrimas.

 

—Escucha, yo no quiero que esto sea un dolor de ovarios para vos. Vos decime qué querés hacer. Si queres quedarte acá, irte a otro lado, una casa en Córdoba… Vos decime y yo te lo cumplo.

 

—Capaz siga el consejo que me dio Rodri hace un tiempo.

 

—¿Eh?

 

Entre la donación al Atleti y los tres penthouse que Julián compró en Miami a nombre de Emilia, se quedó al borde de la bancarrota. Iba a matarlo a Rodri.

 

Aunque bueno, en el fondo sentía que estaba haciendo un bien. Empezar una vida de cero no era fácil. Y si el precio de su silencio eran tres departamentos de lujo, no le quedaba de otra que pagarlos.

 

Llegar a la casa que habían comprado con Enzo con la última caja de mudanza fue tan gratificante… Como si todo lo que tuvieron que pasar, con todos sus altibajos, viajes y un largo etcétera hubiera valido la pena.

 

En el momento que los dos se acostaron por primera vez en su cama matrimonial, con Olivia y Benjamín en el medio, cayeron en cuenta de que lo habían logrado.

 

Que ya no había distancias o terceros.

 

Que por fin podían ser felices.

 

Sabían que eran amigos de un lado de la puerta y amantes del otro, pero no les importaba, las dos facetas les fascinaban.

 

 

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