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Hasta conseguir que sea suyo
Con una rodilla en el piso y el corazón latiéndole como loco en el pecho, Hoseok abrió más convencido que nunca de estar haciendo lo correcto el pequeño estuche de terciopelo negro que tenía en sus manos... Y se quedó con la petición en la punta de la lengua cuando Yoongi de pronto murmuró “¡Ajá!, sabía que tenía que haber un sanitario por aquí”, y sin más lo dejó plantado en la que pretendía ser la pedida de mano más romántica que el alfa hubiera podido imaginar.
O algo así.
En realidad, la idea de visitar uno de los pocos viñedos públicos de Corea había sido idea de Jin porque el dueño era un socio suyo que no tuvo inconveniente en incluirlos de último momento en uno de sus tours, y aunque ni Hoseok ni mucho menos Yoongi eran conocedores de vino (ambos se decantaban más por el soju), siempre era interesante expandir un poco sus horizontes y salir de su zona de confort con un corto viaje al sur para formar parte de la experiencia.
Al menos eso era lo que Hoseok se había dicho a sí mismo, que planeando hacer de aquel fin de semana fuera de Seúl algo memorable, también había empacado consigo el anillo personalizado que ya tenía en su poder desde más de 2 meses atrás y que sólo buscaba el lugar y momentos adecuados para lanzar la gran pregunta.
¿Y qué mejor lugar que un idílico viñedo en otoño, bebiendo vino incluido en la tarifa y celebrando a lo grande a su regreso a Seúl con el resto de los miembros de la manada?
Y todo habría sido perfecto de no mirarle Yoongi con extrañeza cuando llegaron al lugar, porque en su afán de sorprenderlo, Hoseok obvió mencionar a dónde se dirigían y cuáles serían las actividades de su día, y Yoongi torció una esquina de la boca al mencionar que estaba tomando una ronda de antibióticos y su médico le había prohibido el consumo de alcohol hasta entonces.
Así que vaya fiasco, pero Hoseok no se había dejado vencer por tan poco, y después de escuchar por más de 2 horas al guía perorar de la uva, el proceso por el cual el jugo se convertía en vino, y la larga tradición del viñedo que en realidad apenas databa de 5 años atrás, se decidió a lanzar la pregunta en una de las cavas, aprovechando que sólo eran él y Yoongi para hacer más memorable el recuerdo... Eso hasta que su hyung visualizó un sanitario, y con ello confirmó Hoseok que había errado al elegir un lugar.
—Tanto olor a vino me está provocando una jaqueca —dijo Yoongi al volver, y con resignación, Hoseok se guardó su pedida de mano para otra ocasión.
Fue Namjoon quien sugirió hacerlo en un museo.
—La atmósfera es más tranquila, el ambiente menos proclive a distracciones, y al menos a mí siempre me pone en un estado meditativo muy agradable —dijo el alfa, aunque claro que él trabajaba como marchante de arte así que para él ir al museo era el equivalente de visitar Disneyland con un fast pass para otros.
En todo caso, esa semana había una exposición especial de arte contemporáneo coreano que Yoongi mencionó interesante cuando Hoseok le mostró el panfleto publicitario, así que decidido a hacer un segundo intento más memorable que el anterior, el alfa lo planeó de tal manera que esta vez no hubiera fallos en su proceder.
Valiéndose precisamente de Namjoon como cómplice, el plan era que al final de la exposición Yoongi encontraría la caja de terciopelo con su anillo en una de las bancas para visitantes, y al abrirla, Hoseok haría acto de aparición para cerrar el trato con su pregunta.
¿Genial y a prueba de fallos, correcto? Y el alfa además se había adelantado al momento colocando una cámara oculta que captaría el momento preciso en que Yoongi encontrara la caja y la abriera, pero resultó de vuelta que predecir los movimientos de Min Yoongi era un asunto mucho más complicado de lo que se daba crédito, porque sí, el omega descubrió la caja, pero ni de broma la abrió, sino que asumiendo que alguien más la había olvidado y debía actuar en consecuencia, se dirigió a la ventanilla de objetos perdidos, y al no encontrar un empleado que lo atendiera, la lanzó a un cajón con otros objetos similares y se dio por satisfecho.
—La gente hoy en día es en verdad tan descuidada —le hizo saber a Hoseok apenas se reunió con él, y al escuchar de sus acciones, el alfa no tuvo cara para explicar que ese era él, que aquel era su anillo, y que por segunda vez, su petición de matrimonio había quedado arruinada.
Por dignidad y también por vergüenza, mejor se quedó callado.
Optando por una aproximación más directa, Hoseok aceptó la invitación de Taehyung a dejar aquel asunto en sus manos, y siguiendo sus instrucciones de llevar a Yoongi al teatro donde esa noche tendría función y traer consigo el anillo en el bolsillo, se dejó conducir por el acomodador a los asientos de primera fila que su amigo beta había reservado para ellos dos.
—Sabes que adoro a Tae y siempre lo voy a apoyar, pero sólo espero que la obra no sea un muermo total... —Murmuró Yoongi por lo bajo antes de que se apagaran las luces de la sala y el telón se abriera.
Y ni cómo defender a su amigo, porque Hoseok también había estado presente en una docena de obras en las que Taehyung se podía destacar por sus dotes de actor, pero siempre existía un límite en cuanto a lo que el desempeño de sus compañeros, la trama de la obra, el escenario, diálogos, vestuarios, música, iluminación, y hasta locación, podían jugar a su favor o en contra.
Lo que básicamente se reducía a que ni todo el talento de su amigo podía rescatar una obra que naufragaba, y aunque también tenía éxitos en su haber y en su grupo de amigos todavía se hablaba de uno de sus estelares como el debut del año, era más larga la lista de los fracasos de los que preferían no hablar.
—Hay que pensar positivos —dijo Hoseok en voz baja—. Creo que escuché mencionar a Tae que el final de la obra es improvisación, y que en cada ocasión el público queda encantado.
—Eso espero...
En sí, la obra transcurrió sin grandes contratiempos durante la primera hora, y Hoseok se encontró casi absorto en la trama y manierismos de los personajes. Sin llegar a ser del todo una comedia, había diálogos graciosos, y se descubrió riendo de tanto en tanto mientras Yoongi a su lado cabeceaba cada vez más y más.
No se le podía culpar. El omega había tenido una semana de infarto en el estudio porque tenía cerca el lanzamiento de un comeback esperado por muchos, y la presión y los desvelos por entregar un álbum y sencillo a la altura de las expectativas de la banda, los directivos, y también los fans, lo estaba afectando al punto de alterar sus horas de sueño y privarle de descanso incluso cuando se recostaba con esa intención.
Hoseok había esperado que asistir a la obra lo relajara y les permitiera vivir un rato sin estrés ni preocupaciones, pero Yoongi no parecía estar del todo presente en el momento, y tras ahogar un hondo bostezo que por poco fue audible en la sala, se disculpó para ir al sanitario.
—¿Todo bien, hyung? —Susurró Hoseok al ver que el omega iba con los ojos entrecerrados—. ¿Quieres que te acompañe?
—No, quédate. Al menos uno de los dos debe estar presente para apoyar a Tae.
Por desgracia para Hoseok, ‘estar para Tae’ implicó que unos minutos después durante el cierre de la obra y cuando se esperaba que ocurriera la improvisación, éste lo sorprendiera al interactuar con el público y lo eligiera como parte de la escena. Si Taehyung había ensayado de antemano lo que iba a decir o lo consiguió a través de ser espontáneo e ingenioso en el momento, Hoseok nunca lo tuvo claro.
Lo único de lo que se lamentó es que Taehyung creó para él el perfecto momento para hacer su pedida de mano, pero al faltar Yoongi en la sala, el beta lo remedió con una improvisación dentro de otra al hacer a su compañero de escena la persona a la que supuestamente iba dirigida y Hoseok participó en el acto para ahorrarse la humillación de tener que explicar que Yoongi no había vuelto del sanitario.
Luego la obra terminó, y con apuro fue Hoseok de los primeros en escabullirse y buscar al omega, sólo para dar con él afuera del recinto, sentado en una banca y con el mentón apoyado sobre el pecho porque se había quedado dormido.
—Ah, sí que debe estar cansado... —Murmuró Hoseok para sí, dolido por su tercer intento fallido, pero más preocupado por la salud de Yoongi, y sentándose a su lado, empujó la cabeza de éste sobre su hombro y ahí lo dejó estar.
Pedir su mano en matrimonio podía esperar un poco más.
—¿Pero qué diantres les pasa a ustedes? —Se quejó Jimin cuando en reunión con amigos (minus Yoongi, que venía tarde del estudio), éste escuchó del último intento de Hoseok por declarársele al omega y dictaminó que sí, las propuestas que habían sugerido no estaban nada mal y tenían lo suyo en originalidad, pero tres intentos fallidos eran más que suficiente para percatarse que esa no era la ruta a seguir, y lo mejor en ese caso sería tomar el camino más transitado y seguro.
—¿Y eso es...? —Preguntó Hoseok sin comprender, y Jimin arregló para él gracias a sus contactos como organizador de eventos una reservación en un exclusivo restaurante de sushi que estaba de moda para que ambos pudieran disfrutar de un momento íntimo y sin interrupciones.
—Me lo agradecerás después —dijo Jimin con tal convicción que Hoseok quiso creer que así sería, pero ah... Qué equivocados estaban y no lo sospechaban todavía.
Empezando porque apenas llegar al restaurante, Yoongi arrugó la nariz y se mostró adverso a la idea de comer pescado crudo.
—Pero si te gusta, hyung —dijo Hoseok sin comprender, y el omega se mostró adverso.
—Es el olor. Ahora mismo apenas puedo soportarlo. Hace que se me revuelva el estómago, lo siento.
Decidido a no arruinar aquella salida que por principio tenía que ser perfecta, Hoseok pidió uno de los contados platillos sin pescado del menú y Yoongi hizo lo propio, eligiendo agua en lugar del sake complementario, y después apenas probó bocado porque en las otras mesas los comensales no tenían las mismas restricciones que él y comían de lo más felices sus piezas de sushi.
—Hyung... Te estás poniendo verde —dijo Hoseok cuando al cabo de 10 minutos de apenas haber abierto la boca, el omega se encontró en serias dificultades al no poder seguir comiendo porque el olor era demasiado fuerte.
—Lo siento, voy a... Uh... Creo que tengo que ir al sanitario... —Masculló éste, casi tirando la silla al abandonar la mesa y causando interés en la mesa contigua.
Hoseok tuvo que esperar a Yoongi un buen rato, y ante su ausencia, se acercó un mesero para mencionarle que su acompañante solicitaba de su presencia.
Al reunirse con Yoongi en el sanitario, encontró Hoseok al omega ahora pálido y con aspecto desmejorado en el que se le marcaban unas profundas ojeras y su color era cetrino mientras la frente la tenía perlada de sudor.
—No me siento muy bien, Hoba... —Articuló Yoongi a duras penas, y su petición no tuvo nada de descabellada cuando le pidió que se marcharan, y al alfa no le quedó de otra.
De regreso a casa, Hoseok pasó en la farmacia por medicamento de lo que a todas luces era una intoxicación alimentaria que Yoongi acusó a una pieza de pollo vieja que había comido del refrigerador del estudio y que ya ni recordaba desde cuándo era que se encontraba ahí, pero que al parecer había hecho un numerito en su organismo.
—Perdón por... haber arruinado la cena, y... Ah, Hobi... —Se lamentó el omega cuando Hoseok lo desnudó y metió a la cama antes de unírsele.
—Shhh, no es nada, hyung —dijo al restarle importancia porque de todos modos la comida no había sido la gran cosa y la atmósfera del restaurante nunca había terminado de convencerle.
Además, su omega lo necesitaba más, y pasando la noche en duermevela cuidando de él, se olvidó de todo a su alrededor excepto Yoongi.
Jungkook no lo dijo como tal, pero Hoseok encontró interesante que una de las rutas de senderismo que el otro alfa seguido tomaba para despejar su mente estuviera a las afueras de Seúl, contara con una zona de escalada para principiantes, además de excelentes vistas y un mirador al que de pasada mencionó como perfecto para cualquier gesto romántico.
—Es un sitio popular entre las parejas, ¿sabes, hyung? —Dijo el alfa con esos ojos grandes suyos que lo caracterizaban—. Romántico además si sabes llegar a la hora del amanecer.
—¿El amanecer, Kookie?
—Imagina las vistas desde esa altura...
Hoseok lo hizo, y esa fue la razón por la que se empecinó hasta convencer a Yoongi que era una buena idea hacer esa escalada, con el omega resoplando por salir de la cama a las 3 de la madrugada para llegar ahí a las 4:30 y empezar con el ascenso.
El sol estaba programado para salir sobre las 6:50, con tiempo de sobra para escalar por la zona menos escarpada y con mejores vistas, pero aunque Hoseok llevaba el mayor peso de su equipaje, y a cada rato le recordaba al omega beber de su botella de agua, éste no tardó en empezar a quedarse rezagado y resoplar entre dientes que odiaba todo aquello.
—¿De verdad lo odias? —Preguntó Hoseok mortificado, porque si bien era cierto que su hyung no era el más afecto a hacer ejercicio ni a las actividades al aire libre, aquella no era la primera montaña que escalaban y Yoongi había estado de acuerdo en hacerlo cuando se lo propuso días atrás.
—Uh, odiar es quizá una palabra demasiado fuerte —resopló Yoongi—, pero vaya si no lo estoy disfrutando...
Ofreciéndose a cargar con él a sus espaldas si era necesario o retroceder su camino si el omega así lo prefería, Yoongi puso los ojos en blanco y no dijo nada durante los siguientes 2 kilómetros que les quedaban hasta la cima, pero fue más que evidente que lo suyo le costó cuando al fin llegar por poco se desplomó al tener las piernas temblándole más allá de su control físico.
Hoseok creía haber superado sus contratiempos y estar listo para cosechar los frutos de su esfuerzo cuando justo llegaron al mirador localizado en la zona más alta, y se toparon con una fila para tomar fotografías desde ese punto, arribando además justo a tiempo para ver a una feliz pareja posar sosteniendo flamantes argollas de matrimonio en cada dedo.
—Qué romántico —escuchó Hoseok decir a alguien más—, le ha pedido matrimonio en la cima.
—Cliché, pero lindo, sí —confirmó su acompañante.
—¿Seguro que quieres esperar por la fotografía? —Preguntó Yoongi en cambio, viendo que por delante había media docena de senderistas esperando turno y aquello iba para largo.
Desencantado porque todo parecía jugar en su contra, Hoseok suspiró, y moviendo la cabeza de lado a lado, emprendió con Yoongi el descenso de aquella montaña.
***
Yoongi no había tenido ninguna sospecha hasta que adormilado Hoseok mencionó que olía ligeramente a café con leche y su observación le provocó un cosquilleo en la nuca.
—Ya sabes, como un latte de vainilla o algo así —explicó el alfa en la modorra, y Yoongi apenas pegó pestaña a lo largo de la noche analizando el cansancio, insomnio, incomodad generalizada, desagrado por ciertos olores y hasta náuseas que había experimentado a lo largo de las últimas semanas posteriores a su celo.
Luego en la mañana apenas dieron las 7 se cambió para ir a la tienda de conveniencia por una prueba casera de embarazo, y después se encerró en el baño para tomarla y descubrir que pese a sus precauciones de supresores y anticonceptivos, aquellas dos líneas que aparecieron en la pantalla eran las que confirmaban su estado.
—Vaya... —Murmuró para sí, recordando lo intenso que había sido su último celo, que coincidió por dos días con el de Hoseok porque su omega y alfa se habían sincronizado como nunca, y quizá ahí se encontraba la respuesta a su prueba, aunque no una solución al problema que representaba: Un cachorro.
Yoongi no creía que convertirse en madre fuera per se un problema insalvable, y él y Hoseok ya habían hablado del tema con anterioridad deseando ambos una familia. Además ya estaban frisando los 30, y con empleos estables y sobre las bases de una relación formal y feliz, sus padres no dejaban de preguntar cuándo darían ese gran salto, y bueno... Yoongi podía imaginarse sin problemas sosteniendo un cachorro que tuviera la nariz del alfa y quizá sus labios, así que no era el fin del mundo.
Y sin embargo, cuando 1 hora después Hoseok se le unió para desayunar y Yoongi le presentó la prueba para escuchar su opinión, la reacción del alfa lo asustó cuando éste sin palabra alguna volvió al dormitorio a grandes zancadas, sólo para sorprenderlo al mostrar una pequeña caja de terciopelo negro que en su interior contenía un anillo que ajustó perfectamente a su dedo anular izquierdo.
—A estas alturas, hyung, no es una pregunta sino una orden: Cásate conmigo.
—¿Uh? No tienes que hacer esto por obligación a mí o al cachorro.
—¿Bromeas? Sólo espera a que te lo cuente todo... —Dijo Hoseok, que rodeando a Yoongi en brazos y acunando posesivo su vientre con una mano, ni bajo amenaza de tortura iba a dejar ir al omega ahora que era suyo.
El anillo en su dedo así lo confirmaba.
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