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That night in Flea Bottom

Summary:

Buscando a su hermano por las calles de la ciudad, Aemond acaba en un lugar que remueve viejos recuerdos

Notes:

Lean la nota del final, por favor y espero disfruten la lectura.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Chapter 1

Chapter Text

Presiona su lengua contra la carne interna de sus mejillas, evitando las miradas de algunas de las putas e indigentes de las calles mientras avanza, escuchando los pasos de Cole detrás de él, comentando cosas que realmente no quiere escuchar. La tarea era relativamente simple, una vez que tuvieran a Aegon, debían dárselo a su madre.

Una vez coronado el idiota, la puta de Dragonstone sería asesinada y él esperaría por ver cuánto tiempo tardaría su hermano en dejar el reino en ruina.

Con el primer burdel en mente, se maldice a sí mismo por decidir comenzar la búsqueda en aquel lugar, sin tener ninguna excusa para cambiar de dirección que sea lo suficientemente buena como para evitarle el exhaustivo cuestionamiento de su acompañante, quien lo hace contener un resoplido de gracia cuando menciona como todas las mujeres son la imagen de la madre y merecen respeto.

Bastardo hipócrita.

Había crecido teniéndolo al rededor, siempre quejándose de Rhaenyra con palabras poco respetuosas, por decir lo menos.

Aemond finalmente golpea la puerta del establecimiento con un nudo creciendo en su bajo vientre, que al igual que con el resto de sus emociones a lo largo de su vida, puede enmascarar con una estoica expresión de indiferencia. Aunque en el fondo sabe que no importa cuánto de preparar a sí mismo en esta ocasión, verla siempre eliminará de forma caótica el poco autocontrol de sus impulsos que aún tenía.

Y no está lejos de equivocarse, permaneciendo con la cabeza agachada mientras mira de reojo su figura una vez que se apoya contra la estructura del marco; la abertura que la falda de sus ropas tiene hace que se pase unos pocos minutos más mirando la suave piel de sus piernas, pasando por la carne tierna de sus pechos apretados contra ese corsé, subiendo hasta llegar a su rostro, perfectamente enmarcado por sus rizos negros. Los años no parecen haber dejado un solo mal rastro de su paso en ella, haciéndolo mantener su atención en ella lo suficiente como para perderse la primera parte de la charla.

—Escuche...Ser—su voz llega de forma nítida a sus oídos cuando la ve acercarse a Criston—el príncipe no está aquí, todos saben que desde hace años no tiene gustos tan finos para algo como un burdel—al acabar de hablar, la ve voltear su vista hacia él, lo que le hace bajar la cabeza aún más hasta que la capucha de la capa tapa su vista; ¿Lo reconoce? ¿Qué hará si intenta tocarlo? ¿Sería capaz de decir algo frente a Cole?—así que tú y tu amigo pueden ir a buscarlo a otra parte.

Cuando la puerta se cierra, Aemond avanza un par de pasos más por la estrecha calle cubierta de mugre, haciendo una mueca por el olor a mierda que llega de repente mientras suelta un suspiro de aire que ni siquiera sabía que estaba conteniendo, ignorando la mirada del caballero de su madre en él, pensando en qué lugar abandonado por los dioses podría estar su estúpido hermano.

Ahora tiene veinte y el resto del día pasa rápido una vez teniendo a Aegon, hasta llegar la noche, donde de repente, nuevamente es el niño de uno y tres años que su hermano arrastró al burdel que visitó ese mismo día.

—A madre no le...

—Madre esto, madre aquello, ¿seguro que el maestre cortó tu cordón umbilical al nacer, hermanito?—la burla en el tono de Aegon lo hace rabiar, apretando sus manos a los lados de su cuerpo hasta dejarlas en forma de puños de nudillos blancos.

"Tiempo de mojar el pincel" había dicho. Ahora sabía a qué se refería. 

El ambiente cerrado se sentía pesado sobre él, haciéndole sentir como si respirara aire caliente, mientras que trataba a toda costa de mantener sus ojos en el suelo y no en las personas semidesnudas y copulando a su alrededor; con la sensación de la bilis subiendo por la garganta cada que percibía algún sonido particularmente húmedo de alguna parte, sin atreverse a mirar. Aegon sostiene los hombros con fuerza, presentándolo a mujeres que, en el mejor de los casos, solo tienen una fina tela de mala calidad cubriendolas, haciendo muecas de asco cada vez que le empuja alguna jarra de cerveza o copas de vino contra los labios, obligándolo a beber.

La noche parece lejos de terminar y ya se siente sucio y cansado; Algunas de las mujeres siempre acercan sus manos a su pecho o se mueven para que, por la diferencia de altura, accidentalmente sus pechos choquen contra su rostro. Tiene mucho asco mientras trata de contener el temblor de sus manos lo mejor posible.

Cada roce le hacía querer arrancarse la piel a tiras con el primer objeto filoso que pudiera alcanzar. Se siente pequeño e imponente, más cuando alguien se atreve a mencionar su reciente parche o la cicatriz que sobresale del mismo, siempre siendo apoyado por Aegon, quien ríe y devuelve un comentario aún más cruel.

Tiene noción de lo tarde que es cuando ve a su hermano empujar a la mujer de su regazo, metiendo su miembro nuevamente a sus pantalones mientras trata de alcanzarlo, generando asco al saber que estuvo haciendo la misma mano que ahora se apretaba al rededor de su nuca, guiandolo por escaleras destartaladas a un piso superior, donde una mujer de aspecto rechoncho los espera, sonriendo ante el carácter promiscuo de Aegon, quien es el primero en ir a manosear su trasero.

La parte posterior de su lengua arde con la sensación del vómito, mientras trata de no parecer enfermo, al menos lo mejor que puede, puesto que la mujer parece captarlo rápidamente, haciendo un chiste que no llega a sus oídos mientras le pellizca una de sus mejillas, provocando la gracia de su hermano.

—Volveré en un momento—la escucha decir mientras lo sienta en la cama del cuarto una vez que ingresan, una voz aún femenina que tiene un ligero tono áspero. Las cuatro paredes parecen cerrarse sobre él cada segundo que pasa, el jubón se siente apretado al rededor de su cuello y Aemond está seguro de que la agonía de morir asfixiado de forma lenta es más consoladora que lo que debe hacer a continuación. Aegon es quien vuelve a entrar en el cuarto, siguiendo a una mujer más joven que la tal Madame, que Aegon le había presentado con anterioridad.

—Tal vez haya cosas que yo pueda mostrarle, el imbécil no durará mucho—lo escucha decir, mientras ella le dificulta cualquier intento de tocarla. Pronto la puerta del cuarto está cerrada con fuerza en la cara de su hermano, quien se queja del lado del pasillo sin hacer un intento real de abrir nuevamente, escuchando los pasos alejándose después de unas pocos quejidos más.

Está solo ahora. Solo en una sucia habitación donde no puede evitar imaginar a más niños como él en algún momento.

Los ojos de la mujer frente a él son de un tono oscuro café, tanto que ni las velas que alumbran el lugar pueden hacerlo aunque sea ligeramente pardos, pero tiene poco tiempo para mirarla antes de que su atención se guía a la copa que sostiene frente un él.

—Es solo agua, te vez algo...desentonado—la oyó, mientras ve parte de su reflejo en el líquido incoloro, aceptando la bebida, sintiendo la frescura limpia brevemente el sabor amargo de sus náuseas anteriores.

La mujer que Aegon dejó con él no se presenta, pero por el altercado que tuvieron es claro que la conoce; viéndola ponerse en cuclillas frente a él, siente el temblor de sus manos regresar, teniendo una idea de que es lo que quiere comenzar a hacerle después de escuchar los muy explícitos escena que su hermano describió para él, cerrando los ojos con fuerza mientras espera que lo que sea que deparen las circunstancias, dure poco; pero ella no baja sus pantalones ni roza su entrepierna de la forma en la que pasó la noche viendo al resto de las mujeres hacer.

En su lugar, toma su mentón con una de sus manos, haciendo mirarla, manteniendo un incómodo contacto visual fijo mientras ella presiona con fuerza sus labios cerca de su comisura, alejándose para frotar su pulgar al rededor de su boca, asumiendo que lo que hace es esparcir la tinta de labios con la que lo manchó para después quitar la liga que usa para separar su cabello en una media cola, pasando sus dedos por sus hebras platinadas, moviendo un poco el parche de su ojo.

Quiere dejar de tener miedo, preguntar qué hace, quiere dejar de sentirse incómodo y tener un poco más de noción sobre que esperar, pero no puede formular ni una sola palabra para hacerlo, algo que parece haberle dejado notar.

—Estás rojo como una manzana madura y ya estás bastante agitado, por lo que con un poco de mi maquillaje corrido bastará para hacerle creer a tu hermano que todo lo que esperó que te pasara esta noche en realidad sucedió—comentó, levantándose nuevamente, yendo hacia la pequeña mesa de allí y sirviendo hasta casi el borde una copa de vino que acaba en dos sorbos grandes que llenan sus mejillas cada vez.

Sintiendo sus hombros considerablemente menos tensos ante sus palabras, Aemond no nota el momento en el que comenzó a llorar y pellizcar sus cutículas, pero ella sí; lo ve en la preocupación de sus ojos mientras la ve dudar si acercarse o no, balanceándose ligeramente de adelante hacía atrás sólo para llegar a él en unos pocos pasos, sentándose a su lado y rodeandolo con sus brazos, permitiéndole reposar su cabeza a la altura de su hombro.

—Y-yo no...

—Está bien, no debes decir nada—la escuchó murmura, sintiendo sus dedos rascarle suavemente la cabeza mientras el inconsciente suelta un sollozo, que para tan pronto como puede apretando su labio entre sus dientes.

Se siente débil por llorar, se siente estúpido por permitirse ser consolado por una trabajadora de burdel y se siente aún más estúpido por haber permitido que Aegon lo arrastrara a ese horrible lugar.

Lo que queda de la noche pasa más rápido así, sin hacer mucho más que permanecer entre sus brazos, a tal punto en el que Aemond no sabe determinar en el momento en el que acabó recostado sobre su pecho mientras ella recargaba su espalda en la pared; pero rompe rápidamente con la posición en el momento en el que posee un poco más de control de si mismo, siendo capaz de no desbordar sus emociones.

—Gracias por no...—murmura, avergonzado mientras mantiene la mirada en el suelo, sin poder acabar la frase.

—¿Cogerte?—la escucha reír, teniendo un tono más juguetón que atribuye al hecho de no verlo tan temeroso—no fue ningún gran sacrificio—la ve mojar un trozo de tela en un cuenco de agua, pasándola por su nuca y su frente, mientras le revuelve el cabello una vez más—déjame ver...—murmura, alejándose pocos centímetros antes de pellizcar sus mejillas con fuerza, haciéndolo entrecerrar el ojo que le queda con molestia—ese rojo servirá.

Aemond comprende con ese comentario que todo lo que estaba haciendo, era hacerlo parecer desaliñado para Aegon. Él agradece eso también, pero no lo dice. Le explica también que decirle si se vuelve insistente con sus preguntas y exigencia de detalles, para poder hacer que todo sea convincente y no lo regrese para tener un encuentro con una dama diferente que él sabe que no será tan comprensiva. Y funciona, porque en todos los días siguientes, Aegon no volvió a llevarlo a la fuerza.

Esos días pasaron a ser semanas, las semanas pasaron a ser lunas y pronto llegaron a ser años.

Y cuando vuelve al mundo fuera de su cabeza, permanece con la mirada en el fuego chisporrear en la chimenea de sus aposentos, preguntándose por qué esto le está afectando tanto nuevamente. 

 

 

Notes:

Realmente, sabía que quería dar a entender pero no estoy segura de si pude desarrollarlo de la mejor manera, este "fic" cuenta con dos partes, una de aemond y una de la ocfem, no tiene ninguna intención de ser algo romántico o de connotación sexual, así que si tienen algún comentario sobre como poder ejecutar esto de mejor manera para una pronta edición, será apreciado en la medida que sea respetuoso. Gracias por leer 🖤