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Summary:

Izuku es un omega relajado que le gusta explorar los bosques nevados cerca de su aldea, para su mala suerte, un día fue elegido como tributo para un ritual de sacrificio de su reino a sus dioses.
Katsuki es un alfa y líder de una tribu en los confines del norte, tuvo que tomar la cabecera muy joven y los ancianos le exijen tener un pareja de una vez para asegurar un heredero. Ante la presión de los consejeros, un día su madre llega con un omega y la repentina idea de esposarlo ya.

Lo que no saben, es que ambos están buscando a la misma persona que se prometieron un amor prohibido en su vida pasada.

⚠ ADVERTENCIAS ⚠

*AU Winter/Tribal
* Omegaverse α/Katsuki y Ω/Izuku
*+18 Se tocan temas muy sensibles como violencia, asesinatos y escenas eróticas explícitas. No se recomienda lectura a menores.
*Mucho angst, bastante, probablemente nos cobres tu terapia, pero sí habrá happy ending.
*Es una historia hecha desde dos puntos de vista (POV), principalmente Izuku y Katsuki por lo que la perspectiva estará cambiando constantemente.ES UN ROLEPLAY DE DOS PERSONAS, NO UN FANFIC COMO TAL.

Chapter Text

Un color naranja con nubes negras vislumbró al horizonte, ya sea por una puesta de sol o el hostigamiento que surgió con el incendio de los confines de alguna aldea.

El sitio era caluroso, caótico y con docenas de personas resentidas. La ira estaba presente en el ambiente por las revueltas que surgían con las guerras interminables entre reinos.

Ya no había vuelta atrás, en un intento desesperado intentaron huir dos personas de reinos diferentes que rivalizan desde hace décadas. No se trataba de enemigos, no eran traidores hostiles, solo dos personas que se amaron hasta el fin.

Sus reinos no daban por bien visto esas fugas recurrentes que se daban para visitarse mutuamente con discreción, fueron detectados como informantes traidores por lo que serían eliminados.

Ante una persecución tediosa intentando huir de ser linchados, sosteniéndose al último fragmento de sus vidas fueron emboscados hasta ser arrinconados al pie de los riscos.

El dragón rojo que les brindó un transporte de huida había sido derribado dejándolo moribundo en una zanja con arpones de punta plateada atravesando la dura piel, dio un gruñido agónico hacia la dirección en donde ese par fue alcanzado por personas con armas y antorchas en mano.

No iban en las mejores condiciones, cojeando con heridas y sangre de por medio a causa de un enfrentamiento previo. Ya no tenían salida.

El menor se lamentaba de por qué las cosas tenían que haber culminado así, intentaba parar la hemorragia con la presión de su mano hacia la herida abierta que sufría el rubio en un costado, quien recargaba parte de su peso consigo.

―Oye, fue increíble enamorarme de ti ―gimoteó con una sonrisa y gruesas lágrimas resignadas descendiendo por el rostro. ―No importa lo que pase, seguiré amándote hoy, mañana y siempre.

Con ese aspecto maltrecho, cojeando hasta donde sus fuerzas lo permitían llegaron al límite con esa pared rocosa. Se dejaron caer al suelo recargando al muro, el pecoso apoyó al rubio consigo intentando curar la herida con el resto de brebaje que llevaba.

Los alaridos molestos de las personas los alcanzaron, esa multitud maldecía la traición del menor y hostigaba con repulsión al rubio por ser perteneciente del reino enemigo. Era el fin para ellos.

En un último intento de defensa pretendieron pelear hasta el último momento por sus vidas, hasta que la larga espada de un paladín atravesó el pecho del rubio. Retrocedió hasta caer hacia atrás en los brazos del pecoso y con una sonrisa dio su último aliento con unas palabras de despedida momentánea, ya que juró buscarlo hasta encontrarlo en otra vida.

El menor apretó la mano que perdía la fuerza, así como su vida se desprendía de ese cuerpo maltratado. Ver los últimos momentos de la persona que amó era sumamente doloroso, pero algo en esas palabras le daban una suave esperanza.

Fue bruscamente desprendido de su agarre para levantarlo y empujarlo bruscamente contra la pared rocosa a espaldas como si fuera un muñeco de trapo. Quedó brevemente aturdido con lágrimas vigentes cayendo por sus mejillas, ya no tenía sentido luchar por sobrevivir en una vida sin su amado, así que dirigió la mirada color verde hacia el sitio donde estaba el cadáver en el suelo y apretó los labios hasta soltar un suspiro relajando todo el cuerpo.

―Te estaré esperando, Kacchan.

El mismo filo con el que habían atravesado al rubio fue el que hizo un corte limpio en el cuello hasta decapitarlo y salpicar las rocas pálidas a su espalda.

___________

100 AÑOS DESPUÉS

Región nórdica

Velka es una pequeña y cómoda aldea de la región tundra. Un sitio que ha prosperado beneficiándose de las cosechas que han logrado cultivar en las temporadas menos heladas, la cacería y pesca también estuvieron pertinentes, todo ello gracias al aporte que daban cada lustro a sus deidades.

En los límites de la aldea estaba el hogar de una pequeña familia que se dedicaba a lo naturista por generaciones, sin embargo, entre ellos surgió alguien que buscaba desenvolverse un poco más de eso. Izuku Midoriya era un joven omega de 19 años, que desde cierto tiempo atrás emprendió en merodear por los bosques colindantes convirtiéndose en guardabosques, o al menos en un auxiliar del verdadero.

Tenía un registro de la fauna silvestre y la temporada en que oscilaban por los alrededores dando un control en la cacería con sus investigaciones. Izuku era escéptico de solo depender de unos rituales de Velka para que el pueblo prospere, con el tiempo observando la naturaleza se dio cuenta de las mejores fechas para cacería o pesca, el no deshacerse de plantas para que los alces no se retiraran del área y pudieran consumirlas. Muchos esfuerzos eran petulantes de hacer entrar en razón al pueblo.

Era un omega vigoroso y sano, tal vez demasiado para las cualidades que pretendía fomentar, como trabajos que requieran destreza y fuerza. No era bien visto que un omega procure hacer cosas así, era pertinente para Velka que éstos sólo se emplearan en labores domésticos, tener hijos y evitar salir de la aldea.

Los reclamos a Izuku de su ausencia en los festivales aumentaban. Inko, su madre, siempre le mencionó que de esa manera nunca encontraría un alfa adecuado. Esa ya no era prioridad para él, desde que hace un año tuvo un amargo momento.

Ocasionalmente tenía un sueño extraño, veía la silueta de alguien con una singular marca en el pecho justo encima del corazón. Unas palabras distorsionadas musitaba de los labios ajenos diciendo algo que nada más entendía como "juramento" y "buscar".

La última vez que vio algo parecido en la realidad fue a un viajero nómada, un alfa llamado Shinsou hospedó en la posada del pueblo y en una ocasión llegó a verle una cicatriz en el tórax al lado izquierdo, no era igual a la de sus sueños pero bastante similar.

Pensó que tal vez era esa persona que abruptamente interrumpía sus sueños de forma distorsionada y se impuso a querer manifestar las cualidades de un omega como tal con él, esa sumisión y dependencia que en un momento dado atrajo a Shinsou.

En una ocasión que estuvieron charlando en el bosque pretendían llegar un poco más lejos, sin embargo, en el momento que Izuku se descubrió para entregarse tuvo como respuesta una reacción nefasta.

En el lado izquierdo del cuello había una marca de nacimiento en forma de media luna. Sintió los colmillos traviesos de Shinsou tantear, pero inmediatamente bufó apartándose.

"¿De verdad crees que algún alfa quiere marcar algo así? Nadie buscará ser opacado por una horrible cicatriz como esa."

Izuku defendió que no era una cicatriz, sino una marca de nacimiento que nadie tuvo explicaciones de ella, ni su madre, ni la partera.

Shinsou rió entre dientes mencionando que ahora entendía porque alguien como él era tan rechazado por otros, todas esas características que poseía, ya sea un buen aroma, amplias caderas y buen aspecto eran desechados si no había un sitio apropiado para marcar. Nadie pretendía tener nada serio y solo serviría meramente para pasar el rato.

Ese día fue tan doloroso y humillante que enterró cualquier otro intento, queriendo ignorar esos sueños que ahora le parecían molestos.

El último vistazo al bosque dando un apunte de cómo iban avanzando los arbustos con frutos rojos para la fauna silvestre fueron anotados en su bitácora. Suspiró cansado ajustando su abrigo, tanteó el collar viejo que ocultaba su cuello y decidió volver a la aldea.

Ya conocía bien los caminos de tanto que había recorrido la zona dejando marcas en los troncos de árboles distintivos. Minutos después llegó al cerco que colindaba con el límite de su casa, ahí notó a su madre esperándolo con las manos enlazadas contra el pecho y lágrimas asomando en su mirada brillante.

―¿Mamá qué pasó? ¿Estás bien?

Aceleró el pasó preocupado por esa mirada entristecida de ella, al inicio a Inko no le gustaba que saliera así pero con el tiempo se resignó aceptándolo, hoy en día no era para ponerla en ese estado.

Conforme avanzó se dio cuenta que al lado de ella oscilaban varias personas que por esa túnica de colores oscuros y dorados supo que eran las personas que regían en la doctrina de Velka.

―¿Él es Izuku?

Preguntó un hombre de larga barba canucia sosteniéndose de un báculo arcano, intentó forzar su mala vista hacia Izuku.

―Es el último descendiente de la familia Midoriya ―anexó uno de los acompañantes de túnica de mediana edad.

Izuku llegó sosteniendo las manos de su madre que estaba un mar de nervios poniendo más preocupado al menor.

―¿Qué sucede? ―Cuestionó extrañado.

El anciano dibujó una trémula sonrisa por lo senil y alzó una mano.

―Deberías estar orgulloso, fuiste elegido como el jovencito que dará su sangre a los dioses en el ritual de luna llena.

―¿Qué-...?

Fue lo que Izuku apenas pudo formular al desencajar su mandíbula y arrugar el entrecejo. Miró confundido a su madre quien desbordó un llanto silencioso, miró a cada persona con túnica ahí procesando lo que pasaba.

―El convenio entre aldeas ha decidido que el próximo sacrificio fuera de Velka. La sangre de un omega como tú es adecuada como tributo.

Ahora entendía la tristeza de su madre, esos lineamientos era algo que no se podían evadir, pero, ¿por qué necesariamente tenía que ser él quien alimente la arrogancia de los dioses? ¿Es que simplemente no podían dejar una época fructífera sin miseria? Los dioses eran caprichosos.

―Hay que prepararte para el ritual, vendrás a la capital de Gudrun con nosotros ―sentenció el anciano haciendo señal a sus compañeros de que tomaran a Izuku, el cual rápidamente dio un manazo apartándolos.

―Es absurdo, me niego a morir así. ¡En ningún momento acepté esto! ―Carraspeó llamando la atención.

―¿No te parece egoísta? Una vida a cambio de años prósperos para el convenio de aldeas del reino Gudrun es lo adecuado.

―¡No lo es! Existe hambre y enfermedad, aunque hagan esos sacrificios, ¡siempre lo hay! ―Gruñó retorciéndose en querer zafar de su agarre.

Le era frustrante, había muchos segmentos de la aldea que vivían en pobreza, pero los altos mandos nunca veían nada de eso engrandeciendo con sus puestos. No conocían el hambre o sufrimiento por pensar en el mañana.

Los talones de Izuku fueron arrastrados hasta arrojarlo dentro de una celda en la parte posterior de un carruaje. Aturdido miró a la dirección de su madre quien solo desplomó de rodillas al suelo llevando las manos al rostro llorando.

Los apóstoles y el sacerdote subieron a otro carruaje de condiciones pulcras y refinadas.

Usualmente daban un momento para que el sacrificio despidiera de su aldea, pero al percibir la negación déspota en el menor lo forzaron a salir así de forma abrupta antes de ser contemplado como un hereje.

Sentado en el frío de esa celda se llevó las manos a la cabeza tirando de su gorro hacia abajo completamente impotente. ¿Qué se supone que podría hacer una situación como esa?

"Tengo que hallar la manera de escapar."

Se negaba a terminar en un pedestal con una daga clavada al pecho o como sea que hagan los rituales, nunca presenció ninguno al llevarse a cabo en la aldea aledaña de Voe, la cual se llevaba gran parte de las riquezas de las otras dos aldeas, una de ellas era su hogar.

Tras esas rejas de su jaula veía el camino avanzar siendo jalados por animales de carga. Chasqueó la lengua y miró alrededor buscando una alternativa. No llevaba más allá de su ropa, una alforja en su cinturón con ciertas plantas que recogió y un cuadernillo maltratado con sus bitácoras como guardabosque.

꧁_____________꧂

 

Kunnarta era una pequeña tribu situada a los extremos más altos a muchos kilómetros de distancia de los pueblos de Gudrun y Leif, en donde el frio y las peligrosas montañas nevadas eran su mayor paisaje además de ser el epicentro de una de las criaturas más hermosas y mortales, los lobos árticos. sus tierras están cubiertas de nieve la mayor parte del año. En el punto más duro del invierno el clima era tan extremo que las personas de otras regiones un poco más cálidas se preguntaban cómo es que podía vivir gente en esa zona.

Se sabía que sus habitantes viajaban a diferentes regiones para comerciar, han sido cazadores y recolectores desde hace siglos, manteniendo esta tradición como su principal fuente de alimentación.

Incluso en Velka; sus vecinos más cercanos, era poca la información que tenían de ellos. Solían ser muy reservados, tenían su propia cultura, creencias y tradiciones, para los demás pueblos, Kunnarta era todo un misterio.

Masaru Bakugo era el nombre del jefe de Kunnarta, un Alfa de mediana edad que murió en un deslave de nieve mientras se llevaba a cabo una cacería. El pueblo resintió su ausencia pues al no tener un jefe era difícil mantener las cosas en orden. Los ancianos decretaron que fuera su esposa quien tomara el mando hasta que su único hijo cumpliera la mayoría de edad y pudiera tomar el puesto.

La esposa de Masaru, Mitsuki, era una Omega de fuerte carácter y vigorosa energía, fácilmente pudo manejar a la tribu con ayuda de algunas otras alfas durante los años que le tomo a su único hijo crecer y volverse un hombre adulto, fuerte y tenaz. Katsuki era su nombre, un Alfa de sangre pura, de cabello rubio cenizo y de mirada granate fría, afilada.

Era su cumpleaños número veinte, la mayoría de edad en su tribu, para muchos no era importante cumplir esa edad pero para él, que su destino ya estaba escrito desde antes de nacer, era una gran carga que soportar pero a la vez un tremendo orgullo. Regresó de la montaña después de su ceremonia junto a un lobo gris de gran tamaño.

En Kunnarta, creían en la naturaleza y los espíritus que la habitaban, se tenía la fiel tradición de salir a campo abierto y esperar ser encontrado por un "Henki", es decir un espíritu en forma de animal con quién se vincularían por el resto de su vida. Sin embargo, no todos tenían la capacidad de conectar con el espíritu de un animal. Solo aquellos con una verdadera alma noble y de corazón valiente podían vincularse con la naturaleza y obtener un compañero. Solo aquellos capaces de liderar y proteger.

En toda la tribu eran apenas unos cuantos los que habían sido bendecidos por la abuela tierra con un henki. Katsuki provenía de una línea de sangre en la que todos tuvieron un henki en forma de lobo. El suyo fue igual.

Ahora era el nuevo jefe de la tribu, aun siendo arrogante sabía muy bien como dirigir a las personas, no era flojo como para quedarse de brazos cruzados si algo malo pasaba, él iría a pelear dándolo todo para salvar a su gente.

Un año después de su designación como jefe los ancianos de la aldea lo llamaron a una reunión junto a su madre. El rubio casi estaba seguro de que trataría y si estaba en lo correcto sería una reunión bastante incomoda. Entraron a la pequeña choza hecha de caña y tomaron asiento alrededor de la fogata frente a los ancianos.

— Katsuki, debes mantener segura la línea de sucesión para que un futuro líder nazca, son las reglas. ha pasado un año desde tu ceremonia de mayoría de edad y no se te ve la intención de encontrar una pareja.—

Habló una mujer omega muy anciana, quien era también la chamana de la tribu. Le conocían como "La vieja Chiyo". A su lado estaba su esposo, un Alfa con larga barba canosa y un semblante siempre molesto.

— Imposible, no hay omegas que tengan la edad suficiente para casarse en la tribu y además no estoy interesado en esa mierda aún. Mi mayor prioridad es mantener a salvo a la tribu —

Respondió el alfa mirando retador a la pareja de ancianos y a su madre que también parecía estar de acuerdo con ellos.

—Si no logras casarte antes de que el solsticio de invierno llegué, dudaremos de tu compromiso con la tribu y revocaremos tu mandato como líder hasta que consigas una pareja —

Dijo el anciano sentenciándolo fríamente, el Alfa arrugó el entrecejo gruñendo en desacuerdo, su temperamento era inescrutable y no quiso saber más, a zancadas salió de la pequeña choza en dónde se había llevado a cabo la reunión.

Pensar en el matrimonio era demasiado, él aún era joven y tenía mucho por lo cual vivir, cosas de las cuales hacerse cargo y el tener a un omega a su lado solo sería un estorbo, su mal humor no ayudaría, incluso tal vez aumentaría.

— Me haré cargo. Conseguiré que mi hijo se case antes del solsticio de invierno, buscaré a un buen omega para él, gracias por su paciencia sabios ancianos —

Dijo la mujer rubia haciendo una reverencia para después salir y suspirar cansada, aún tenía que salir a dejar una entrega de artesanías a uno de los pueblos cercanos, tendría que montar el trineo de renos para llegar al día siguiente. Las artesanías de Kunnarta eran famosas por lo detalladas que eran. Usualmente fabricadas en madera y elaboradas a mano.

Busco a su hijo para darle aviso. Encontrándolo sentado al borde de una fogata afuera de su casa con el lobo que ya había sido vestido con unos protectores en sus patas.

— Saldré a llevar la mercancía a Velka, pórtate bien mientras regreso —

Indico la mujer acariciando el cabello de su hijo quien se apartó a un lado ante el gesto.

— Ya no soy un maldito cachorro para que me digas eso. Se lo que debo hacer. No se por qué estás terca en hacer la entrega tú, Iida y sus caballos son quienes se encargan de eso —

Gruño el rubio cruzándose de brazos. La mujer sonrió suavemente.

— Tanto tiempo encerrada en casa no es bueno. Me hace falta salir a tomar aire. Además, Vinger me acompañará e informará si algo ocurre. —

Aseguró la rubia alzando la mirada al cielo notando al henki de Keigo, un halcón, Keigo era un omega del grupo de búsqueda y análisis que se encargaba de informar la ubicación de algunas buenas presas grandes que debían ser calzadas en grupo.

Katsuki se quedó en silencio mirando las brasas y la mujer simplemente emprendió su camino. Al rubio no le gustaba que su madre saliera sola a viajes tan largos, sabía que era una Omega fuerte pero aun así sentía cierto temor después de perder a su padre. A diferencia de su madre, él no era de muchas palabras y tenía muy mal carácter, todos a su alrededor sabían que Katsuki siempre reprimía sus emociones convirtiéndolo en problemas de irá. Todo el tiempo estaba de mal humor, gritando por todo, pero sin así su gente lo quería por su nobleza y valor a la hora de liderar.

Katsuki se esforzaba por mantener ese semblante, el de alguien duro y frío, pensaba que casarse y volverse padre lo haría más débil, pero el verdadero motivo por el cual no deseaba contraer matrimonio era porque desde que tenía uso de razón su alma y corazón le dictaban buscar a una persona. Sabía que era su misión, había tenido un sueño recurrente desde pequeño en el cual le hacía la promesa a alguien de buscarlo en la siguiente vida. Sabía que no era un simple sueño, eran recuerdos de su vida pasada. Podía ver exactamente el momento en que murió en brazos de aquella persona de la cual solo recordaba su voz, la calidez de su abrazo y la sensación húmeda de sus lágrimas mojando su piel.

Sabía que debía cumplir esa promesa y que esa persona iba a ser a la única a la que amaría, por lo tanto, casarse le sería un gran obstáculo para lograr su propósito de vida.

No iba a descansar hasta encontrar a esa persona. Costará lo que costara, aunque no tenía ni idea de cómo lucía o en donde estaba, confiaba en que podría reconocerlo cuando finalmente estuviera con él.

____________

VELKA, 1 DIA DESPUÉS.

Mitsuki se encontraba finalizando la venta de las artesanías al vendedor local de Velka, extendió la mano para recibir el par de saquitos de oro los cuales guardo en el morral que llevaba colgado alrededor del torso.

— Gracias por su compra, hasta luego —

Se despidió para caminar un poco por el lugar antes de marcharse, a ella siempre le había gustado pasear por el centro del pueblo mirando el amplio mercado, recordaba su juventud con su esposo cuando salían juntos a comerciar. Sentía envidia del clima menos agresivo y la abundancia de comida que había en ese lugar a diferencia de Kunnarta.

Se dirigió a buscar semillas y raíces que debía comprar. Ese otoño las cosechas no fueron buenas y debían hacer lo posible por conseguir una buena cosecha el siguiente año.

Caminaba con calma observando los puestos cuando de pronto escuchó un alboroto que le llamó la atención. Pudo ver cómo unos hombres llevaban a rastras a un jovencito directo a una jaula en una carreta.

Se acercó atenta a los alaridos del menor por ayuda, pero todos veían con una sonrisa lo que ocurría.

— ¿Que ocurre? —

Cuestionó la mujer a otra que miraba con malicia como uno de los clérigos cerraba la jaula con un pesado candado.

— ¿Que no lo sabe? Es el muchacho que eligieron para el sacrificio, su muerte traerá prosperidad y dicha durante una década a nuestro pueblo —

Explico la mujer antes de irse y Mitsuki se quedó helada a lo que escuchó. Miró con pena al chiquillo gritando que lo salvarán.

"Está claro que no es voluntario"

Pensó mordiéndose el labio con un semblante preocupado.

"¿Cómo pueden hacer esto? Esto es inhumano. Nunca entenderé las creencias de Gudrun en general... Tengo que hacer algo "

Pensó movilizándose rápidamente para regresar al trineo y seguir de forma discreta la carreta, parecía ser que lo llevarían lejos a las afueras de Velka por lo que la rubia los siguió por un camino ladero hasta que dio la noche y el par de hombres que dirigían decidieron parar para dormir. Fue en ese instante en qué Mitsuki decidió entrar en acción.

Dio pasos suaves y sigilosos acercándose al par de hombres que roncaban. Pudo notar al chico verla y sonrió con complicidad alzando su dedo frente a los labios indicándole que guardara silencio.

Despacio tomo las llaves que colgaban del cinturón de uno de los sombres. Pudo detectar que eran betas al no tener un aroma.

Deslizó con sumo cuidado el aro con el par de llaves y logro zafarlo llevándose un tremendo susto al ver cómo el hombre se removió un poco pero no despertó.

Suspiró de alivio y retrocedió para acercarse a la jaula la cual abrió despacio y con paciencia.

— Sal, rápido, voy a ayudarte —

Siseo la rubia señalando detrás de unos árboles en donde estaba su trineo. Regresó las llaves a su lugar con el corazón latiendo a mil por hora y luego huyó. El águila sobrevolaba siempre encima de ella vigilando que todo estuviera bien.

— Sube al trineo, podrían despertar en cualquier momento, date prisa —

Indico la rubia subiendo al amplio trineo de madera y el menor tomo asiento a su lado. Jaló de las riendas y los dos grandes renos se movieron corriendo y deslizando por el ligero manto de nieve que engrosaría conforme se acercarán a Kunnarta.

— No puedo regresar a Velka, tu vida peligra en ese lugar, te llevaré a mi hogar lejos de estás tradiciones sin sentido —

Indicó la mujer mientras se concentraba en el camino. Con algo de miedo, el menor aceptó irse con ella, era consciente de que su vida peligraba si se quedaba en Velka,

ya no tenía nada que perder, echó una última mirada atrás solo para percatarse de que no los estuvieran siguiendo y noto al menor verse asustado, preocupado, triste.

— ¿Cuál es tu nombre? —

Cuestionó curiosa escuchando el hilo de voz que apenas logro percibir.

— Es un bonito nombre... Te queda, yo soy Mitsuki Bakugo. Dime Izuku ¿Tienes familia? —

Cuestionó la rubia escuchando que solo estaba la madre y suspiro con calma llevando una mano al hombro del joven.

— Ella estará bien, volverás a verla algún día te lo prometo, pero por ahora vivirás en mi tribu. ¿Eres un Omega cierto? —

Habló la bella mujer que le sonreía de vez en cuando al menor. El aroma del chico era delicioso. Sin duda era un Omega y su complexión parecía ser la adecuada para tener hijos. Mitsuki empezó a pensar en que tal vez le podría encomendar a Izuku una tarea. Una muy importante.

El viaje duro el resto de la noche hasta que por fin llegaron a la tierra de los lobos, Izuku se había quedado dormido entre lapsos a pesar de los parloteos de la mujer que no paro de contarle como era la vida en Kunnarta y claro intentó hablar bien de su hijo para ganar puntos con él.

Una vez que el menor abrió sus ojos ya estaban frente a la entrada de la tribu, las casas eran pequeñas, pero bien distribuidas construidas meramente de madera y caña, tenían techos de paja y lodo, las personas portaban conjuntos la mayoría en colores oscuros con un color que siempre destacaba en todos. El rojo, con bordados a mano de patrones complicados. Los altos pinos nevados creaban un perímetro en toda la tribu.

—Bienvenido a Kunnarta, tu nuevo hogar.

Le dijo la mujer ayudando a bajarlo del trineo y le tomó de la mano para guiarlo a su casa que estaba justo en el centro de la tribu y era la casa más grande de todas.

Algunos se acercaron curiosos a saludar llevando una mano al pecho de la mujer y ella al de ellos siempre a la altura del corazón. Era el saludo tradicional. Miraron al nuevo invitado con curiosidad.

Mitsuki, ya había hecho planes para el omega, los ancianos pedían que el Alfa se casara pronto, el Alfa decía que no había omegas disponible para él así que ¿Por qué no llevarle uno para ser directamente su pareja? No tendría excusa y tendría que aceptar, además el pecoso era muy lindo, podía notarlo aún por debajo de su ropa sucia y su desalineada imagen.

— Vamos... Quiero presentarte a alguien —

Indicó la rubia tomando al menor de los hombros y empujándolo hacia su dirección.

Al llegar a casa le brindo de un par de guantes y unas botas pues las que el menor llevaba puestas no eran aptas para el bioma de Kunnarta. Le mostró la casa indicándole cuál sería su habitación y luego se dirigieron a la pequeña cocina.

— Espera aquí iré por algo de comer —

Indicó sonriendo y salió a la bodega de carnes secas buscando un poco para llevarle al Omega. No veía a su hijo por ningún lado así que supuso estaba ocupado en alguna otra parte ya que ese no era día de cacería.

— Oye, busca a Katsuki y dile que venga, tengo una sorpresa para él —

Pidió a uno de los alfas de la tribu que pasaba cerca de la bodega también.

Esa tarde Katsuki se encontraba ayudando con las cosechas de trigo, su rostro y pecho estaban ya perlados en sudor por el excesivo trabajo, llevaba puesta su ropa de siempre, un pantalón de manta oscuro, botas de piel de oso teñidas de rojo y una larga túnica cruzada negra con el cinturón ajustándola, pero lo que más llamaba la atención de su conjunto era una bufanda roja que rodeaba el cuello hasta cubrir parte de su rostro, pertenecía a su padre y se había heredado de líder a líder por generaciones.

Cuando estaba por finalizar sus tareas se detuvo un momento para tomar aire y limpiar el sudor que bajaba por su frente con su antebrazo, escuchó su nombre alguien se acercó a interrumpirlo y ponerlo de malas.

—Disculpe que lo interrumpa, pero la Sra.Mitsuki pide su presencia, me dijo que le comentará que le tiene preparada una gran sorpresa —

Le dijo aquel sujeto que había ido como mensajero de su madre, Katsuki suspiró y dejó todo de lado para ir a casa y esperar la tal "Sorpresa" que le tenían, vaya que no se esperaría lo que venía más adelante. Al menos estaba más tranquilo de saber que la mujer había llegado al fin del viaje a Velka.

A zancadas se dirigió a casa tomando asiento en la sala junto al horno que brindaba de calor a toda la casa.

Se quitó los guantes y rasco su cabello. Nunca le habían gustado las sorpresas, conociendo a su madre imagino que podría ser algún tonto adorno o prenda como muchas otras que le llevaba en sus viajes a otros lugares.

Solo pasaron unos minutos hasta que la mujer hizo presencia entrando con una sonrisa muy amplia.

—¿Se puede saber por qué mierda me interrump...? —

El Alfa no terminó de hablar pues detrás de su madre pudo notar la presencia de alguien más, alguien que no había visto antes, conocía a todos en la tribu y él no era de allí, el rubio arrugó el entrecejo clavando la mirada a ese chico. Era de baja estatura con grandes ojos de color verde como la primavera que nunca llegaba a Kunnarta. Bajo el pálido tono de piel se asomaban unas cuantas pecas en cada mejilla y el cabello que sobresalía debajo del enorme gorro que llevaba puesto era de un tono verde también. Katsuki alzó una ceja enfriando la mirada. ¿Qué diablos significaba todo eso?.

— Él es Izuku, un Omega de Velka. Izuku él es mi malhumorado hijo también es el jefe de la tribu —

Presento la mujer y se apartó tomando a Izuku de los hombros para acercarlo a su hijo. Sus miradas chocaron unos momentos, la presencia del Alfa molesto era imponente. Katsuki arrugó la nariz por el dulce aroma del pecoso, algo le decía que tenía que ver con él asunto del matrimonio, era evidente al llevarle un omega.

— Basta de idioteces. Ve al grano y di que planeas —

Dijo Katsuki con su voz rasposa y molesta.

— He elegido a este chico para ti. —

Respondió la mujer dejándolos confundidos a ambos. Katsuki abrió amplio los ojos y frunció aún más su entrecejo marcando una leve arruga que se formaba en medio.

— ¡¿Ah?! Esto debe ser una maldita broma, no me jodas —

Gruñó Katsuki cruzado de brazos, bien si querían hacerlo enojar lo habían logrado, pues ahora no podía dejar de pensar en la carga que tendría con un omega en su vida, solo podía pensar en lo idiotas que eran todos.

— ¿Sabías para que mierda te trajeron?.—

Le preguntó a Izuku que parecía temblar frente a él. Katsuki tenía la esperanza de que fuera mentira ¿cómo se casaría con él si no lo conocía en absoluto?, su madre sí que estaba demente. El alfa no podía expresar que tan decepcionado estaba, pero no por el omega si no por los ancianos y sobre todo su madre. Ella no se daría por vencida hasta verlo casarse.

Dio un suspiro lleno de fastidio, en sus ojos rojos se podia reflejar la rabia hacia su madre.

—Vieja... ¿Qué mierda estás haciendo? ¿A qué te refieres con que lo elegiste para mí? —

Preguntó Katsuki con la voz más fría y algo cortante. La rubia tan solo sonrió.

— Hijo sabes que el consejo de ancianos te dijo que debías casarte o habrá duras consecuencias, al ver que no hiciste nada por buscar un omega, decidí traértelo yo misma. —

Explico con calma. Katsuki chasqueo la lengua en desacuerdo y se puso de pie de un salto.

— ¡Púdrete vieja bruja no pienso casarme con este mocoso yo buscaré a mi propio omega! —

Bramó el rubio apretando los puños.

—¡¿Cuándo Katsuki?! Ya paso un año además dijiste que no había omegas con edad suficiente ¿no? Este chico es perfecto para ti, está decidido, la boda será dentro de tres días —

Dijo la rubia firme con una sonrisa triunfante usando las propias palabras del Alfa en su contra, a Katsuki casi se le reventó la vena que sobresalía de su frente. Miró al omega que parecía estar casi igual de sorprendido que él.

—¡¿Cómo demonios planeas qué nos casemos en tres días?! ¡Maldita vieja! Al menos deberías darnos más tiempo. —

Gritó el rubio pero la mujer se acercó y le dio un buen golpe en la nuca haciéndolo callar.

—¡Cierra la boca! Tú estás evadiendo tus responsabilidades, así que no pienso oír reproches. Ya es un hecho, luego irán por un mes a la cabaña de las aguas de cristal como luna de miel. —

Sentenció la mujer y salió de la sala a zancadas dejándolos solos.

— ¡Maldita sea, vuelve no hemos terminado de hablar! —

Refunfuño el rubio mientras se sobaba la nuca, miró a Izuku y notó como este solo miraba al piso moviendo sus manos de forma nerviosa contra su ropa. Suspiró cerrando los ojos. Sabía que el omega no tenía la culpa de nada.

— Lárgate a la habitación de invitados y no me molestes —

Ordenó Katsuki al menor y luego se retiró afuera dejando a Izuku solo en la casa, se propuso a seguir con sus labores pese al mal trago que había recibido. Todo era un completo caos en la mente de Katsuki, en un segundo ya estaba comprometido y aunque odiaba aceptarlo su madre tenía razón. Estaba sentenciado a contraer pareja rápido y no había mucho que hacer. Por mucho que se negara o reprochara era su palabra contra la de los ancianos.

Tal vez no le sería posible encontrar a esa persona que tanto buscaba. Se sentía frustrado, pero al mismo tiempo no supo el por qué aquella mirada berilo se quedó muy grabada en su mente.

꧁_____________꧂

 

Los primeros minutos fueron a base de rabietas con alaridos molestos de que en ningún momento accedió a participar en un ritual como ese. Sujetó los barrotes de su celda intentando una apertura o desviarlo, pero era imposible para él, eran un hierro muy pesado.

No recibía respuestas de las personas que dirigían el carruaje, parecía que hablara solo, no quedó más que silenciar con un puchero incómodo antes de quedar disfónico.

Se sentó en una esquina de la celda sintiendo el camino y tropiezos con algunas zonas irregulares de la senda hacia la capital de Gudrun, juzgando por la luna de las anteriores noches todavía faltaba al menos cinco días para la luna llena, la noche que el apóstol mencionó que harían el ritual. No debía desesperarse aún tenía algo de tiempo para ingeniárselas en escapar.

Luego de unas horas de camino el ruido y el movimiento de la carreta terminó, por un momento creyó que habían llegado a su destino, sin embargo, al asomar por la ventanilla notó que estaban en la nada y simplemente pausaron el viaje para descansar.

Los apóstoles hicieron una fogata, armaron unas tiendas y se dedicaron a descansar sin siquiera procurar al chico en esa jaula.

Izuku masajeó el dorso de su nariz queriendo mantener la calma y nuevamente se dispondría a intentar salir, aprovecharía que ellos estaban durmiendo. Sacó una mano entre los barrotes para tantear el cerrojo y verificar sus dimensiones, tal vez podría recrear una llave con lo que traía encima.

Revisó sus pertenencias, los broches de su abrigo estaban viejos y maltrechos, fácilmente romperían intentando entrar a la cerradura, el cuero del cinturón, la alforja, ese cuaderno de notas, nada estaba en buenas condiciones.

Mordió el labio y recargó la frente a los barrotes liberando un suspiro desalentador, no veía ninguna alternativa por ahora. Giró de reojo hacia la zona del campamento con el fuego débil de la fogata y percibió una sombra detrás de las personas dormidas, levantó la cabeza extrañado y logró darle la figura con la llamarada que iluminó el perímetro. Era una mujer que estaba seguro inicialmente no era de la secta que dirigía ese carruaje.

Arrugó el entrecejo y giró completamente la cabeza con ella, intentó preguntar quién era pero al ver el gesto de que guardara silencio selló los labios y asintió.

Estuvo vigilando con un nerviosismo severo a la mujer intentar retirarle las llaves del cinturón de uno de los apóstoles, con ese sigilo que le ponía los pelos de punta y respingó al ver como uno de ellos se giraba, pero meramente para acomodándose y seguir durmiendo con el calor de la fogata.

Apreció la sonrisa triunfante en ella y prontamente acercó a la celda, Izuku retrocedió unos pasos para que ella abriera el cancel.

No lo pensó dos veces al escuchar que saliera de ahí, saltó fuera de la jaula y acudió al sitio donde señaló la mujer quien volvió a cerrar la celda e incluso se tomó la molestia de devolver las llaves al cinturón del hombre.

Una vez que estuvieron lejos encontró un gran trineo con un par de renos amarrados en ellos para tirar. Esos eran animales que difícilmente podía ver en los bosques colindantes a Velka, los renos salvajes bajaban a esa zona cuando estaban los inviernos inhóspitos en el norte.

―¿De dónde viene? ¿Quién es usted? ―Preguntó confundido una vez que tuvo oportunidad de sentirse a salvo de los apóstoles.

Subió al trineo que rápidamente fue dirigido por la rubia, se sostuvo de un margen apretando la madera en su mano esperando respuesta. Era una completa extraña, sí, pero por alguna razón se tomó la molestia de salvarlo.

Todo indicaba que estaba al tanto de lo que pretendían hacerle, ella misma se negó aceptar eso y le dio la oportunidad de resguardarse en su aldea.

Izuku bajó la mirada por la decisión repentina, ¿era lo mejor? De la noche a la mañana tenía que refugiarse en otro sitio para evitar que lo sacrificaran, por un momento le llegó a la mente su madre, ella probablemente crea que lo mataron o en el peor de los casos volverían a Velka a preguntarle por su paradero. Tenía que mantenerla a salvo no pisando ese lugar por ahora.

―De acuerdo... iré con usted... ―susurró afligido, miró hacia atrás al camino que dejaban y se llevó las manos al rostro queriendo contener ese valor.

Era tan arriesgado, ¿cómo se supone que podría confiar en ella? Tal vez quería hacer las mismas intenciones de darle un ritual sanguinario, pero la mujer era más condescendiente que los apóstoles de Voe, tampoco lucía con una apariencia más allá de una vendedora ambulante por el resto de artesanías y compras que llevaba en el trineo.

―Soy Izuku Midoriya... ―respondió con las manos al rostro, aunque después recorrió sus palmas hacia atrás con parte de su cabello para intentar espabilar, oyó a la mujer presentarse y giró con ella. ―Solo tengo a mi mamá, ella es una herbolaria de Velka.

Por un momento consideró que estaba dando demasiada información, pero la sutil sonrisa confiada en la mujer que ahora sabía era Mitsuki Bakugo le hacía creer que estaba bien. Izuku relajó los hombros y dibujó una sonrisa de alivio de la declaración de volver a ver su madre en un futuro y que debería estar bien por ahora, siempre y cuando él no se acercara a Velka.

La siguiente pregunta lo dejó un poco confundido, que, si era un omega, juzgando por la apariencia de la mujer y la suave fragancia con confianza aseguraba que ella también, así que no le vio nada de malo responder con cortesía.

―Lo soy, aunque... ―silenció el mencionar que en la aldea muchas veces le dijeron que era omega defectuoso, ya sea por el rechazo de la horrible marca en su cuello o que a sus 19 años no hubiera logrado un interés abiertamente no alguien.

Continuaron el camino por largas horas hasta adentrar en las zonas más gélidas del continente, Izuku pensó que era un simple mito que alguien pudiera vivir en un sitio tan remoto como ese, pero Mitsuki lucía como alguien tan acostumbrada a resentir las venticas en el rostro encima del trineo con tanta naturalidad, en cambio, él permanecía cubriendo la cara con mantos que le fueron prestados por la evidencia de sufrir el frío.

Escuchó las cosas tradiciones que daban en la aldea, Kunnarta, tan misterioso que en bocas ajenas lo hacían ver como un sitio barbárico y primitivo, pero Mitsuki se dedicó a cambiar lo poco que Izuku había logrado escuchar de otros forasteros. Habló de cómo se regían, la búsqueda de alimentos, sus festivales, el sabio consejo. Se llevó una sorpresa escuchar que ella era la esposa del anterior jefe de la tribu y ahora quien lideraba era su hijo. Al omega le pareció curioso saber que alguien con tal renombre se dedicara a viajar sola por su cuenta como simple vendedora de artesanías.

Confundió mucho tocando el tema del hijo, un joven alfa que estaba tomando riendas de la aldea para prosperar, pero hablaba exageradamente de él, Izuku creyó que le estaba advirtiendo como debía comportarse en su presencia.

El resto del camino terminó durmiendo arropado en mantas y ladeando un poco hacia el hombro de la rubia.

Cuando despertó fue con la cántida voz femenil decir que llegaron a Kunnarta. El omega abrió los ojos despacio y pronto se encogió en sus mantas por la fría sensación del clima que el sueño le pausó.

―¿Esto es Kunnarta? ―Observó atento de un lado a otro sosteniendo la manta frente a su pecho que le cubría desde encima de la cabeza.

El panorama era expansivo, esperaba una pequeña aldea en medio de la nada, pero era un área bastante sofisticada refugiada de las ventiscas inteligentemente en medio de un perímetro de bosque, las casas de madera íntegras y bien cuidadas con la nieve removida en todo momento. Notó a varias personas mirando en la dirección del trineo y agachó el rostro nervioso, al menos Mitsuki lo hacía sentir en confianza.

Arribaron en la cabaña de mayor tamaño, todo indicaba que es ahí donde vivía la rubia, así que descendió siendo guiado de la mano hacia la entrada, aunque fueron interceptado por unas maneras que saludaron con respeto a la mujer.

Fue empujado con entusiasmo desde los hombros para adentrar y enseñarle el gran hogar.

―Yo no quiero causarle problemas, ¿está segura? ―Miró dudoso de un lado a otro el espacioso lugar nervioso. ―Aún no sé cómo pueda devolverle toda su gratitud.

Mitsuki lo llevó hacia una habitación indicando que el se hospedaría allí, hasta ese punto al omega ya le parecía extraño tanta amabilidad por ella. Está bien que le haya ayudado a salir de esa jaula, pero lo demás era demasiado para un gesto incondicional, ¿qué pretendía hacer con él?

Extendió los brazos atrapando ropa, abrigo, guantes y botas en mejores condiciones que la suya, al menos así podría tolerar mejor el frío. De color negro con márgenes rojos como a la mayoría que vio en la aldea.

Al quedarse solo se tomó por fin la libertad para desvestirse un tanto pensativo, la ropa actual estaba sucia y algo rasgada por el trato previo que sufrió al ser forzado a entrar a esa jaula para sacrificarlo. Tanteó dubitativo el collar de cuero viejo considerando el quitárselo, pero era lo último que podría tener de Velka y su madre, después de todo fue un regalo de ella hace tiempo para protegerlo contra cualquier alfa prepotente y así mismo cubriera esa marca en el cuello que percibió le avergonzaba a su hijo. Decidió quedarse con él puesto.

Terminó de vestirse, ajustó el último guante carmesí abriendo y cerrando la mano, llegando a considerar lo cálido que era ese abrigo con lana en su parte interna que asomaba en los pliegues y el gorro.

Mitsuki lo recibía con una sonrisa amplia que hasta le pareció sospechosa, pero solo restregó un gesto de agradecimiento algo incómodo. Pretendía ayudarle en cualquier cosa, pero la rubia dijo que esperara nuevamente ahí en lo que acudía por alimentos.

Quedó unos minutos en la supuesta habitación que le cedió, rondó por ahí curioso mirando algunos trofeos de cacería como cuernos, colmillos o garras colgando en la pared, muchas artesanías y bordados adornando los muebles. El sitio era pulcro y hasta le parecía interesante.

Acercó a levantar una estatuilla de un lobo del tamaño de su mano, notando lo detallado en la madera, ahora que lo veía, la mayoría ahí eran con temática de ese animal. Segundos ahí percibió un olor característico que desde que entró a la casa lo alertó, pero en ese lugar era más fuerte. Un aroma ahumado y dulce.

"No me digas que esto regula el líder de Kunnarta"

Recordó que Mitsuki le dijo que era un joven alfa, ese era el aroma de un alfa.

Tocaron la puerta e Izuku hizo malabares con la figura para que no se le cayera, inmediato dejó la estatuilla en su lugar mirando a la mujer asomar para darle indicación que la acompañara.

Mitsuki lucía tan emocionada, como si estuviera por llegar al mejor momento de su día, Izuku le siguió siendo sostenido de la mano.

Escuchó una voz grave reclamando molesto el ser interrumpido de algo, asomó por encima del hombro de la mujer para encontrarse con un rubio sentado en la sala. Por las características similares a su salvadora asumía que el era su hijo.

"¿Él es el lider? Debería presentarme apropiadamente."

El fuerte aroma con él lo asimiló inmediato al olor ahumado del dulce, como el caramelo derivado de la miel y azúcar de caña hirviendo en un fogón hasta quemarse, dando un olor parecido al de ese rubio.

Toda la intención inicial de presentarse culminó con el gesto intimidante del alfa, Izuku evadió la mirada al suelo nervioso, pretendía retroceder un poco para ocultarse en la sombra del margen de la puerta colindante, pero Mitsuki le sostuvo con firmeza de la mano dando una presentación, corroborando que él era el jefe de la tribu y su hijo.

Furtivamente jaló a Izuku posicionándose detrás de él para empujarlo desde la espalda para acercarlo al alfa.

―Aguarde, no debería-... ―balbuceó temeroso, se sentía en riesgo con esa amenazante mirada silenciosa al frente.

Puso las manos frente a su pecho como una barrera invisible, levantó sus ojos berilo a visualizarlo por unos segundos, pero no toleró querer enfrentar esa imponente presencia así que rápidamente bajó su vista hecha un mar de nervios.

Escuchó la declaración de Mitsuki de que lo había traído para su hijo.

―¿Qué-...? ―Dijo Izuku con un hilo de voz confundido mirando hacia atrás con la rubia.

Tal vez se refería como ayudante, algún trabajador doméstico para esa enorme casa, le preocupaba que no diera mención de que lo salvó.

Rápidamente el alfa bramó encarando a Izuku que si sabía para que lo había traído. El pobre solo dignó en encogerse de hombros con sus manos frente al rostro y pecho intimidado, le respondió para no causar problemas.

―N-no, no tengo idea, la señora Mitsuki solo me brindó refugio ―balbuceó evitativo y temblando de pies a cabeza bajo esa mirada amenazante del alfa con bastante presencia, digno de alguien que era el líder de una aldea como esa.

Permaneció en medio de esa tajante conversación sin tener claro que mencionar, aunque tampoco se sentía con el derecho al conocer bien la situación, no obstante, al momento en que la rubia dijo que era para comprometerlos y llevar una ceremonia de matrimonio Izuku amplió la vista consternado.

"Entonces... ¿Realmente a esto me trajo?"

Descendió los brazos a cada lado de su costado, tal parece y la situación no había cambiado del todo, ya no era el alma que sería entregado en un sacrificio por el convenio de aldeas que compartía su hogar, ahora era el omega que debía esposar al líder de Kunnarta. Se sentía impotente y miserable, ¿en qué momento él podría decidir qué hacer con su vida?

Abatido miró al alfa discutir con la madre, arrugó el entrecejo con derrota, pero pronto respingó de la fecha que anunciaría el matrimonio.

"¡¿Tres días?!"

Izuku alzó una ceja con la boca entreabierta sin palabras, miró a la mujer con una sonrisa arrogante en triunfo, el líder tampoco estaba feliz de la decisión autoritaria de su madre.

Los alaridos tan cerca solo le provocaron agachar el rostro, el alfa estaba realmente molesto pero tampoco lo culpaba, esa sorpresa también lo agarró desprevino. Escuchó un fuerte golpe por parte de Mitsuki a su hijo, Izuku sostuvo el gorro en su cabeza de ambos lados preocupado y muy sorprendido del trato que le daba, podría tratarse de una omega pero era la madre y no se inmutaba por las rabietas del líder.

Mitsuki etiquetó al alfa como irresponsable y descuidado de sus deberes como líder, pronto salió iracunda como si hubiera olvidado otro pequeño detalle que era dejar al pobre omega desorientado. Izuku estiró la mano hacia su dirección en un silencioso llamado de auxilio para que no lo dejara a su suerte en algo como eso.

"Dioses, Dioses, Dioses, ¡está furioso! ¡Si no morí en ese ritual voy a hacerlo aquí!"

El omega bajó la mirada al suelo y se encogió de hombros queriendo mantenerse al margen de cualquier respuesta, por lo menos quería pasar desapercibido. Su situación era desfavorable, pero el alfa meramente le escupió con reproche que se perdiera de su vista y no lo molestara.

Intentó moverse, pero su cuerpo no obedecía permaneciendo trémulo en su sitio, para su fortuna el alfa salió de la casa azotando la puerta principal.

Las piernas de Izuku flaquearon hasta hacerlo caer de rodillas apoyando las manos al suelo, respiró agitado con unas lágrimas asomando por sus ojos y un sudor helado en su piel erizada.

Había logrado convivir con muchos otros alfas en Velka, incluso forasteros, pero nunca había tenido una intimidación como esa, ver al alfa tan furioso lo estremeció en miedo. La rabia ni siquiera era directamente dirigida hacia él y fue suficiente para tenerlo paralizado.

―No creo poder vivir así... ―susurró para sí afligido.

Recordó el primer contacto visual que tuvo con él, ese gesto desagradable que hizo al recibir el aroma del omega, todo indicaba que no era alguien apto para ese tipo de cosas, no entendía que había de mal en él, pero nunca lograba atraer o hacer buena mención de sus aptitudes.

Demasiado discriminado por su incompetencia para trabajos pesados, demasiado incorrecto para ser un omega correspondido, ni siquiera había manifestado un celo aún, por supuesto que ningún alfa lo aceptaría dudando de si podía darle cachorros.

―No me sorprende su reacción conmigo, pero nunca imaginé que la señora Mitsuki me hubiera traído para algo como eso... ―estrelló una mano a su rostro diciéndose idiota a sí mismo.

Morir en cinco días en un sacrificio o casarse en tres días, era un balance muy injusto. Definitivamente no podía volver a Velka, los aldeanos lo culparían con odio por huir de ese deber de le impusieron y podrían tomar repercusiones contra su madre. No tenía más opción que quedarse ahí.

No todo estaba mal, quizás podrían disuadir ese matrimonio forzado, después de todo el alfa tampoco estaba de acuerdo y era el mismo líder, él podría, ¿no?

El omega suspiró pesado y se puso de pie enlazando sus dedos nerviosos frente a sí, mirando la puerta esperando que ese petulante alfa no volviera. No tenía idea de a donde se había ido su salvadora y no se sentía con el valor para salir a buscarla, le daba miedo encontrarse con el alfa que claramente le ordenó encerrarse para no volver a verlo.

Poco a poco arrugó el entrecejo dándose cuenta de algo.

"¿Por qué debería hacerle caso a eso? Si no quiere verme pues yo tampoco, fácilmente podemos evadirnos"

Pensó sombrío recordando la mirada déspota del rubio hacia él, probablemente lo consideraba un vil omega que no daba la talla a lo que aspiraba, desde luego, era el líder de la aldea y debería buscar a alguien con las mejores cualidades para criar a sus descendientes.

Hizo un puchero de imaginar que se trataba de eso y avanzó hacia la salida con toda la insolencia disponible en abrirla y salir en busca de Mitsuki para decirle que no pretendía casarse tampoco, sin embargo, su mano quedó paralizada antes de tomar el picaporte arcano para jalar la puerta.

Comenzó a temblar recordando los minutos anteriores, ¿y si por esa decisión perdía la vida estúpidamente? No tenía idea de cómo eran los otros alfas en esa aldea, pero sobre todo le daba miedo volver a cruzar la mirada escarlata del rubio.

Retrocedió la mano temblando para sostenerla contra su pecho, hizo una mueca inconforme.

―Ha-hace mucho frío, no debería salir hasta que me adapte adecuadamente ―fingió para sí enmascarando el miedo.

Dio media vuelta acudiendo a la habitación que Mitsuki le ofreció quedarse, se encerró en ella recargando su espalda en la puerta y desplomándose al suelo para abrazar sus rodillas.

―No lo hice porque esa arrogante alfa lo dijera, fue por mi cuenta... ―susurró áspero inclinando su rostro para recargar a sus rodillas.

Pensaba que ya lo había superado, pero ser rechazado de esa manera incluso por un extraño alfa era sumamente doloroso.

Las lágrimas asomaron por sus cuencas y solo las cortó parpadeando pesadamente con un sollozo. Todavía no encontraba el momento en que su vida cambió de esa manera, apenas ayer en la mañana estaba en el bosque investigando como brotaban los arbustos de frambuesa que acercaba a los cervatillos, ahora estaba amarrado a contraer nupcias con un extraño en una misteriosa aldea del norte.