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Un día de nuestras vidas

Summary:

Así se ve un día tranquilo en la vida de Hannibal y Will en Cuba.

Microrrelato (drabble).

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Hannibal observa a Will con una sonrisa en los labios.


Will de hermosos rizos desordenados balanceándose en un sutil movimiento de adelante hacia atrás en su mecedora, en el patio trasero, con Lobo y Chuy (los adorables callejeros que adoptó) revoloteando a su alrededor para conseguir un par de bocadillos.


Ha estado entrenándolos, ocupando gran parte de su tiempo en ellos. A Hannibal no le molesta, de hecho, está feliz de ver a Will disfrutar de su asentamiento en Cuba de aquella forma tan suya. Will ahora es más él mismo de lo que nunca fue y está junto a Hannibal. Es perfecto.


Siempre lo ha sido.


—La cena casi está lista —se atrevió a hablar, empujando la puerta mosquitera para salir de la casa y unirse a Will.


Lobo y Chuy ladraron juguetonamente en reconocimiento, ganándose un par de bocadillos por parte del mismo Hannibal.


—Mírate, los estás malcriando —La diversión era palpable en la voz de Will muy a pesar de su queja—. Tienes que darles los bocadillos cuando obedecen, no antes y no mucho menos sin una orden.


—Me entienden mejor a mí y a mis bocadillos prematuros que a ti y a tu terrible español.


Will rodó los ojos, pero no pudo contradecirlo. Hannibal era mucho mejor haciéndose entender en español, tanto con la gente como con los perros. Eso era todo un fastidio.


—Es porque no capto el acento, pero cuando lo haga, haré que te muerdan las pantorrillas sin piedad —se puso de pie, acercándose al mayor con su mejor mirada de “estás jodido” antes de llevar ambas manos a su rostro y plantar un ligero beso sobre sus labios.


Luego se apartó, dirigiéndose al interior todavía con la amenaza pintada en su hermoso rostro.


Ah, de verdad Hannibal estaba jodido. Pero no por la amenaza en sí. Estaba jodido por el innegable amor que sentía por el otro hombre.


—Will, cariño, sólo bromeaba. Tu español no es tan terrible —no tardó en entrar detrás de él, deteniendo la puerta unos instantes para que Lobo y Chuy se abrieran camino también. No le gustaba tener animales dentro, pero esa era una pequeña concesión que podía hacer por amor.


(Y para que su pareja desistiera de hacer sus pantorrillas un blanco).


Notes:

Esto se me vino a la cabeza, no tengo excusas...
¡Aprecio sus opiniones!