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Hazme Humano

Summary:

Atsushi los había matado a todos. Ellos, que tanto le habían dado. Sus compañeros, amigos, la familia que se elige. Todos estaban desmembrados y a medio comer tirados en el suelo.

 

Dazai consuela a Atsushi porque tengo ganas de fluff.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Él ya no era un hombre. No tenía piernas, ni brazos, ni cabeza. Todo su cuerpo había desaparecido y había sido sustituido por el de un enorme tigre blanco.

 

Bajo la luz de la luna llena, podía ver sus patas blancas, sus zarpas rojas chorreando y su rostro reflejado en uno de los charcos de sangre que lo rodeaban.

 

Atsushi los había matado a todos.

 

Ellos, que tanto le habían dado. Sus compañeros, amigos, la familia que se elige. Todos estaban desmembrados y a medio comer tirados en el suelo.

 

Tras los cadáveres había una puerta, en la que un letrero salpicado de sangre decía: Agencia de Detectives Armados.

 

Últimamente, las pesadillas siempre eran iguales.

 

Atsushi se despertó sobresaltado. Por culpa de ello, se golpeó la cabeza contra el techo del armario en el que dormía. Apretó los puños angustiado y deseó no haber despertado a Kyoka.

 

Pasados unos segundos, todo lo que se oía eran los suaves ronquidos de la chica, durmiendo en la sala de la vivienda.

 

Atsushi abrió la puerta del armario muy despacio y, sin molestarse en ponerse algo por encima del pijama, salió del apartamento.

 

Tenía el corazón acelerado, la espalda llena de sudor y necesitaba aire fresco con urgencia.

 

Sintió un cambio brusco de temperatura al salir al corredor, uno que unía todas las habitaciones del edificio que la ADA tenía alquilado para sus integrantes.

 

Soplaba una brisa suave que le hizo sentir bien. El tigre hacía que su temperatura corporal siempre fuera más alta de lo normal en un ser humano.

 

Se frotó un poco los brazos con las manos y se sentó en el suelo de la estructura de madera, con la espalda apoyada contra la puerta del apartamento.

 

Apoyó la cabeza entre las manos, juntó las rodillas hacia su pecho y entonces se permitió llorar. Las lágrimas fluyeron de él sin control, resbalando por su cara igual que resbalaba la sangre en sus pesadillas.

 

Empezó a temblar y a costarle respirar. Hacía el amago, pero era demasiado corto y el aire no entraba. Se estaba ahogando entre tanta sangre.

 

—Respira, Atsushi.

 

Sintió una mano apoyarse en su nuca. Con calma, se deslizó hacia su espalda y comenzó a marcar un ritmo para que Atsushi pudiera seguirlo con su respiración.

 

—Un, dos, tres… respira. Un, dos tres… respira. Vamos.

 

Funcionó. Poco a poco, el ataque de ansiedad fue remitiendo. El aire comenzó a entrar en sus pulmones con normalidad y las lágrimas pararon de brotar de sus ojos.

 

Al final, sólo se quedó con un sollozo suave y los hombros temblando. Entonces Dazai lo abrazó.

 

Dazai estaba allí con él, trazando círculos sobre su espalda con suavidad. Estaba agachado frente a Atsushi y lo miraba con preocupación mientras lo abrazaba.

 

Sin poder dormir, había salido a fumar a la terraza. Se encontraba allí cuando Atsushi salió y no reparó en él. La colilla ya estaba apagada en el suelo. No le importaba nada más que Atsushi en ese momento.

 

Cuando Atsushi por fin se calmó, Dazai le dio un beso en la mejilla y retiró una de las manos de su espalda, para prender un cigarro nuevo.

 

Se sentó a su lado, cuerpo con cuerpo junto a la puerta, sin dejar de tocarlo en todo momento. A propósito.

 

—Dejarás de tenerlas. Con el tiempo.

 

Atsushi levantó la cabeza y lo miró un momento con incredulidad. Su cara estaba roja y sus ojos brillaban con la luz de la luna.

 

—De verdad. Las pesadillas irán a menos, créeme.

 

Por toda respuesta, Atsushi pegó su cuerpo más al de Dazai, apoyó la cabeza sobre su hombro y musitó un “gracias”.

 

Estuvieron juntos durante un buen rato, hasta que Dazai terminó de fumar y se levantó.

 

—Creo que es hora de irse a dormir de nuevo. Son las tantas de la madrugada —dijo, sin señalar que él también estaba allí despierto cuando Atsushi salió al corredor.

 

Atsushi se incorporó tras él con desesperación y lo agarró de la mano para detenerlo. Dazai no opuso resistencia alguna para seguir caminando.

 

—Espera —suplicó Atsushi—. No te vayas aún.

 

Dazai no contestó, sino que se quedó quieto, expectante, invitándolo a seguir.

 

—No dejes de tocarme —murmuró Atsushi.

 

Dazai acercó su cuerpo al de Atsushi y le rozó la mejilla con la mano. Atsushi puso su mano sobre la de Dazai y apretó con fuerza, con toda la que tenía sin el poder del tigre.

 

Cada vez que Dazai lo tocaba, sentía un vacío en su interior. Uno agradable. La habilidad especial de Dazai anulaba a la de Atsushi.

 

El tigre desaparecía y él volvía a sentirse como un humano normal. Era como sentir un escalofrío: extraño pero agradecido. No se sentía solo ni echaba de menos a su eterno compañero de vida.

 

—Hazme humano —susurró.

 

—Ya eres humano —contestó Dazai, riéndose en voz baja.

 

Sonaba amor en su tono de voz, sin intención de burla. Usó su mano libre para rodear el cuello del otro hombre y lo besó con suavidad.

 

—Ya eres humano —repitió con convicción cuando sus labios se separaron.

 

Atsushi le devolvió otro beso con pasión, pegando su cuerpo al del Dazai. Atsushi no quería separarse de Dazai tanto como Dazai no quería separarse de Atsushi.

 

Toda la maldad contenida en el interior de Atsushi había desaparecido, el tigre dormido en el fondo de su mente. O eso es lo que sentía.

 

Había dejado de ser un monstruo y volvía a ser un humano.

 

—Ven a dormir conmigo si quieres —ofreció Dazai.

 

Atsushi lo arrastró de la mano lentamente y entraron juntos en la habitación de Dazai.

 

Estaba prohibido intercambiar habitaciones por orden explícita de la Agencia. A ninguno de los dos le importaban las normas en esta situación.

 

Se acostaron en la cama, Dazai rodeó a Atsushi entre sus brazos y le dio pequeños besos por toda la cara.

 

—Eres humano, eres humano —repitió entre cada beso, hasta que Atsushi sonrió.

 

Dazai pensó que era al revés, era Atsushi quien lo hacía humano a él en realidad.

 

Era confuso, porque no estaba acostumbrado a ello. Nunca se había sentido tan cerca de los sentimientos humanos como se sentía cuando estaba junto a Atsushi.

 

Abrazados juntos se quedaron dormidos de nuevo, hasta que la luna llena dio paso a un nuevo día.

 

 

Notes:

Gracias por leer o comentar.

Has hecho el mundo un poco más maravilloso.