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Chifuyu comenzó a tener sueños extraños. Sentía que estaba observando la cinta de una película vieja, parecía la reproducción de un VHS en un televisor antiguo. Al principio, no le dio importancia, pero cada imagen que distinguía en sus momentos de inconciencia comenzaron a tener semejanzas con eventos que pasaban en la realidad, en su día a día. De alguna manera, estaba viendo otras posibilidades, como si pudiera presenciar los desenlaces de un mismo hecho.
No tenía sentido.
Entonces, una noche en particular, los sueños empeoraron y se volvieron pesadillas. En medio de imágenes poco claras y colores difusos, fue testigo de la muerte de su persona favorita, Keisuke Baji. Aunque se trataba de un sueño, pudo sentir con espantosa claridad la manera en que el calor abandonaba lentamente el cuerpo de su amigo. No importó el esfuerzo que hizo, no logró retenerlo y el muchacho se despidió con una sonrisa débil.
Fue una sensación angustiante y no demoró en despertar con el rostro afiebrado, el flequillo pegajoso por el sudor y las lágrimas empapando sus mejillas.
Al día siguiente, procuró permanecer cerca de Baji, sus hombros rozándose constantemente. La sensación de su cuerpo lleno de vida calmaba la inquietud que le dejó la pesadilla.
Eventualmente, los escenarios en sus sueños cambiaron y mostraron lo que parecía ser un futuro lejano. Se veía a sí mismo como un adulto independiente, alguien que tenía su vida resuelta. Lo curioso fue el acompañante masculino que estaba a su lado en esa realidad paralela. Era difícil reconocerlo, pero podía distinguir su cabello largo y ligeramente ondulado, muy similar al de Baji.
Por esta razón, ilusionado con la idea de que estaba siendo testigo de una premonición, pensó que su destino estaría ligado a su persona favorita.
Poco a poco, a medida que transcurría el tiempo, las pesadillas fueron menos frecuentes y los sueños se trataron de fragmentos sobre esa realidad idílica en la que compartía departamento con el hombre enigmático. Se dormía entre los brazos cálidos del sujeto y recibía una suave mordida en el cuello en las mañanas.
No pudo evitar emocionarse ante la posibilidad de compartir esa experiencia con Baji.
Sin embargo, a pesar de lo mucho que se ilusionó, logró ser prudente y guardó el secreto. No quería contárselo a nadie, porque sentía que no lo comprenderían y podrían juzgarlo.
Un día en particular, Baji le presentó a su mejor amigo, un muchacho que se plantó frente a él con altanería. Era una actitud típica en los jóvenes que formaban parte de su círculo social, así que no le prestó mucha atención.
Sin embargo, después de ese encuentro, el joven se coló en las salidas ocasionales que tenía con Baji, lo que marcó una diferencia y Chifuyu comenzó a ser más consciente de su presencia. Entonces, fue imposible ignorar sus reiterados intentos por sacarlo de quicio.
Kazutora, el amigo de Baji, sin duda alguna, era un attention whore.
( . . . )
—¿Crees en las almas gemelas?—preguntó el hombre de sus sueños, mientras estaban enredados entre las sábanas de una cama.
Chifuyu no contestó, se sentía cansado y somnoliento en los brazos de su amante.
—A veces me pregunto...—dijo su acompañante, su voz se escuchó débil, casi angustiada—, si él no hubiera muerto, ¿me habrías elegido?
Chifuyu despertó sobresaltado y, de pronto, la comprensión lo golpeó.
El hombre, su compañero y amante, no era Baji; es decir, si consideraba que sus sueños tenían cierta secuencia temporal, su amigo había muerto en sus brazos. Por lo tanto, bajo esa perspectiva que no había considerado con anterioridad, era otra persona la que estaba a su lado.
En ese futuro que le presentaban sus sueños, compartía la cama con alquien que no era Baji.
No pudo volver a dormir después de ese descubrimiento.
No quería creer que en una realidad paralela, la que concibió como una posible premonición de su futuro, consiguió un amante con características similares a las de Baji, lo que obviamente causó la confusión.
Por primera vez, desde que esas imágenes comenzaron a acosarlo, consideró los sueños como una simple fantasía, un juego de su mente, que nada tenía que ver con una realidad paralela o una línea temporal diferente, mucho menos con una premonición.
Sin embargo, aunque cambió su perspectiva, las imágenes no se detuvieron. Regresaban noche tras noche, obligándolo a experimentar lo que sentía su yo de esa realidad.
—Él te dijo que las líneas cambiaban—dijo el hombre, mientras le acariciaba la cabeza. Estaban desnudos sobre la cama—, ¿crees que nos volvamos a encontrar?
Como pocas veces, su yo de esa realidad respondió:
—Sí, él me dijo que siempre terminábamos juntos.
Chifuyu, cuando despertaba, no entendía las conversaciones, no sabía a quién aludían ni a qué se referían con que "las líneas cambiaban". Sin embargo, dejó de sentirse culpable frente a ese hombre desconocido, porque, desde su punto de vista, no tenía nada que ver con él.
( . . . )
Un día, Chifuyu dejó de tener esos sueños extraños y continuó con su vida. Se graduó de la escuela y entró a la universidad. Mantuvo sus amistades y fortaleció otras relaciones. Baji lo rechazó cuando finalmente se atrevió a confesarse y Kazutora le prestó un hombro para llorar.
Eventualmente, después de un duelo romántico que se prolongó por varios meses, se dio la oportunidad de abrir su corazón y Kazutora, la persona que menos esperaba, se ofreció como primer pretendiente para conquistarlo. No fue fácil, tenían personalidades demasiado opuestas y solían chocar con facilidad. Sin embargo, a pesar de todos los pronósticos, su relación se consolidó y, luego de dos años de noviazgo, decidieron alquilar un departamento juntos.
El primer día en su nuevo hogar, mientras las cajas ocupaban gran parte del espacio, Chifuyu se acurrucó contra la figura de Kazutora, ambos sentados en la alfombra afelpada que consiguieron con descuento.
—Hey—dijo Kazutora—, ¿crees en las almas gemelas?
Chifuyu abrió los ojos y recordó los extraños sueños que lo acompañaron durante su adolescencia. Recordó al hombre que aparecía en ellos y las preguntas que solía hacerle a su yo de esa realidad.
Levantó la cabeza con curiosidad y contempló a su pareja, el cabello largo y ligeramente ondulado caía sobre sus hombros. Recientemente le había ayudado a teñir algunos mechones, pero no era posible distinguirlos dentro de la habitación en penumbras.
Demasiado similar a esos sueños.
De pronto, algo cobró sentido en Chifuyu, una posibilidad ridícula que le hizo sonreír, y no pudo responderle a su novio.
—Dicen que, no importa lo que pueda pasar, las almas gemelas están predestinadas y se encontrarán, sin importar nada—murmuró Kazutora—. Sé que sonará cursi, no me hagas caso, pero... me encantaría encontrarte en todas mis vidas.
Chifuyu dejó escapar una carcajada, la comprensión llegando a él después de tantos años. Presionó su frente contra el hombro de Kazutora e intentó ahogar el sonido.
Su novio, por supuesto, se ofendió con su reacción, sin ser consciente de lo que realmente la provocó.
—Sí, eres ridículamente cursi—dijo Chifuyu.
Se sentía ridículamente aliviado.
No podía explicarle a Kazutora lo que sentía en ese momento, porque nunca sería capaz de entenderlo.
—Dudo que me pueda librar de ti—dijo Chifuyu, tomando el rostro de Kazutora para mirarlo directamente a los ojos—, estoy condenado a encontrarte siempre.
Kazutora iba a responder, pero se lo impidió, plantándole un beso en la boca.
Fin
