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The Golden Age

Summary:

Pablo César Aimar o Pablo II había dejado en claro que no iba a casarse, aunque sus consejeros le organizaban distintas fiestas con pretendientes para continuar con la dinastía. Es en una de ellas que conoce a un pirata, Lionel Scaloni, que trata de conquistarlo con el botín de un barco español. Era un tipo diferente, le llamaba la atención y le interesaba aunque fuera un forajido.
Basada en la película Elizabeth, the golden age.

También en wattpad: https://www.wattpad.com/story/352615710-the-golden-age

Notes:

Un poco tarde pero pude subirlo al fin! Quería participar de la #ScaimarWeek hasta que después de terminar un tp de la facu sobre esta época me acordé que había visto la primera película de Elizabeth y parte de esta. Me pareció una buena idea basar la fic en la peli y salió esto Es un poco corto pero es lo que llegué a escribir para llegar a publicar hoy, así que hace a modo de introducción a la historia y los personajes. Acá abajo les dejo también el link de como me imagino la vestimenta de Pablo y Lionel acorde a la época (una es la misma de la película)

Pablo: https://pin.it/65NV0KX
Lionel: https://pin.it/5YUdsoX

Chapter 1: Capítulo 1

Chapter Text

A fines del siglo XVI en Europa reinaba el catolicismo, a excepción de Inglaterra. Al tener un rey protestante que desde el comienzo de su reinado se había mostrado totalmente convencido de sus decisiones religiosas como políticas, tuvo varios conflictos que hicieron tambalear su trono, pero ninguno pudo lograr su cometido. En un momento de grandes tensiones con España, era necesario que el rey contraiga matrimonio, para así tener herederos y que no se extinga su dinastía. Por esto es presionado por la corte inglesa, ya que si él no tenía hijos el trono iba a pasar a su primo Roberto Ayala, que era un fiel católico.
Luego es hasta su mismo consejero privado, Diego Placente, el que le exige que se case, con las opciones que tiene disponibles claramente, pero a él lo imposible le resulta interesante, o lo no tan buen visto como es un hombre. Esta conversación durante un paseo en lago con sus súbditos presentes terminó por molestar a Pablo. Por eso, luego de entrar a la Iglesia en construcción que debía visitar, comenzó a reprocharle esa actitud.

—¿Desde cuándo hablamos de asuntos privados en público? — replica Aimar con un sopetón en la cabeza de Placente.

— Le pido perdón, Su Majestad —responde Diego al mismo tiempo que se frota el lugar golpeado.

Los dos se internan hacia el altar de una iglesia en remodelación, así que es bastante modesto si se podría decir. El lugar está repleto de candelabros con velas encendidas, algunas estatuas, y un lienzo detrás del altar.

— Que mis doctores confirmen que el Rey sigue fértil. El pueblo quiere seguridad.

— Atiendo su seguridad. Las amenazas a su persona son reales.

—Sabes muy bien que si caigo, todos ustedes me seguirán— se gira hacia Placente y continúa. La muralla de Dover tiene grietas, Diego. No hay dinero para reconstruir las defensas. Concéntrate en esa amenaza.

Por otro lado, en España su rey Walter Samuel II y enemigo acérrimo, pasea con su carruaje por los bosques de su territorio, acompañado de su hija y su consejero privado, mientras talan los árboles por donde él pasa.

— Yo sacrifico los bosques de España para construir la mayor flota de navegación que jamás haya navegado. Pablo. ¿Por qué quieres llevar a tu gente al infierno? Imbécil.

— Llegó mi hora, Majestad. Envíeme a Inglaterra para iniciar la tarea de Dios— dice su consejero real que lo acompaña.

Con un asentimiento por parte de Samuel, se pacta ese acuerdo para lograr sacar del poder al rey de Inglaterra y se marcha hacia su misión.

🏵🏵🏵

Pablo sale de una iglesia en caravana a pie para mostrarse ante su pueblo, aunque la Corte le había pedido que no lo hiciera por su seguridad. A los pocos segundos se interrumpe por un hombre que arroja su capa frente al rey, inmediatamente es capturado por guardias y hasta Placente se acerca a ver la escena.

— Un charco en su camino, Majestad — dice el desconocido

Aimar lo observa detenidamente y le responde.

— Un charco — no le cree nada, pero decide seguir con su camino. El desconocido lo ve irse, toma su capa del suelo mientras sonríe y la coloca sobre su hombro.

El rey se adentra al altar de una nueva Iglesia a rezar y resopla por la intromisión del hombre.

— Charco, já.

Pero esta no sería la última vez que los dos se encontraran…