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Helena

Summary:

[Para la RinHime Week 2023]

 

Misteriosa y engreída, la nueva incorporación de Saegusa a la obra El lago de los cisnes como el cisne negro llamó la atención de Rinne de inmediato.

 

...Que fuera un hombre solo lo volvió más interesante.

Notes:

RinHime Week 2023
Día 1: Universo Alterno

Work Text:

—Entonces —Ibara se ajustó las gafas, observando al grupo con aquella expresión presumida suya—. Me gustaría presentarles a nuestra última gran adición a la compañía: ¡Helena!

La puerta del salón se abrió dando paso a una esbelta figura como ninguna que Rinne jamás había visto antes. Los cabellos celestes estaban fuertemente ajustados en un moño tras la cabeza,  ojos dorados que relucían con una mirada estricta y el delgado cuello mayormente recubierto por una especie de collar de tela que lejos estaba de parecer decorativo, y más pretendía ocultar algo.

Helena, como Ibara la había llamado, se inclinó ante el reparto con una precisión increíble, antes de volver a enderezarse con la espalda completamente recta. No ofreció ningún saludo. Es más: ni siquiera parecía poseer interés alguno en los presentes.

A su lado, Rinne oyó a Sophia soltar una risilla socarrona.

¿De verdad se supone que ella va a interpretar al cisne negro? Pero si se ve como una estirada, todo lo contrario a lo que el cisne negro representa.

Pese a que lo dijo en voz baja, en realidad sus palabras tenían la suficiente fuerza para que todo el salón fuese capaz de oírla. La vista de Rinne pasó en el momento exacto en el que la mirada de Helena pasaba a tornarse completamente asesina. Fue incapaz de contener un silbido de admiración porque, sabía, si Ibara allí no estuviese, era probable que Sophia ahora mismo ya hubiera estado reunida con todos los príncipes del infierno luego de provocar a la persona equivocada.

En cuanto al director...

Éste en realidad lucía más que feliz; encantado, de hecho; parecía haber estado aguardando que alguien hiciera ese preciso comentario para revelar su arma secreta, porque se ajustó las gafas una vez más, con la sonrisa más presumida que Rinne jamás le había visto, y ordenó a uno de los secretarios a poner música.

Helena, por favor, muéstrales de lo que eres capaz.

Ella asintió con la cabeza, mirada al frente, y avanzó hacia el centro del salón sin titubear pese a tener una gran cantidad de miradas inquisitivas clavadas en su espalda.

Rinne la observó con especial interés, percibiendo algo peculiar y fuera de lo normal en ella, aunque era incapaz de señalar qué en específico, y esa curiosidad no hacía más que incrementar a medida que la veía acomodarse para dar inicio a la coreografía.

No obstante, pronto dejó de lado cualquier otro pensamiento cuando la música dio inicio y, con ello, Helena hizo una demostración de sus habilidades y del porqué Ibara la había reclutado específicamente a ella para un papel tan importante como el del cisne negro.

Al principio no parecía destacar mucho más que Sophia, eso hasta que algo se desató en su interior y cada uno de sus pasos desprendieron tal furia como si se le fuera el alma en ello. Se movía con la energía de una fiera indómita, sin cometer un solo error en alguno de sus pasos, a tal punto que incluso Sophia lucía enteramente impresionada —y Rinne sabía que era más fácil hallar agua líquida en la luna antes que lograr tal hazaña—. Rinne jamás había visto a alguien lucir tanta majestuosidad en una simple práctica. Es más, si esto solo era una simple demostración, ¿Cómo sería si desatara su entero potencial? Cabe demás destacar que se estaba emocionando en muchos sentidos.

Ibara dio un par de palmadas al aire y la música se detuvo, y con ella lo hizo Helena.

—Considero que es suficiente —dijo el director situándose junto a ella—. ¿Sigue albergando dudas, señorita Sophia?

Rinne miró a su compañera de soslayo, quien pareció encogerse un poco sobre sí misma.

—...Ninguna, director.

—Bien. Debo añadir que la señorita Helena, por... razones —carraspeó un par de veces— de peso, es incapaz de hablar —todas las miradas pasaron de él a Helena, prestando especial atención al extraño collar que cubría le cubría casi todo el cuello—, por lo cual si desean transmitirle algún mensaje, tendrán que dármelo a mí o, si es muy urgente, escribírselo en un papel. ¿Alguien tiene algún problema con todo eso? —todo el grupo negó en sintonía— ¡Excelente! En ese caso, si no hay nad--

—¡Un momento! —Rinne elevó la mano en el momento justo, lo cual pareció descolocar a Ibara, quien pestañeó un poco para expresar su perplejidad.

—¿Sucede algo, Amagi-shi?

—Solo quería saber —Rinne tenía la sonrisa más presumida que alguien le había visto hasta ahora—. ¿Cuándo empezamos las prácticas?

 


 

—¡De verdad no puedo creerlo! —exclamó Hannah.

Una buena parte del grupo se había reunido para cenar en la cafetería de los dormitorios. Cenar. En realidad, su única ingesta sería alcohol y café para acompañar los chismes del día, ya que ese lugar era el sitio favorito para el intercambio de cotilleos mientras relajaban los pies.

—El director arma toda esa escena para presentárnosla, y al final resulta que Helena estará con nosotros  solo en las dos prácticas finales, además de las presentaciones.

Estaban relatando lo sucedido a los colegas de otro grupo, quienes parecían extremadamente interesados en el caso.

Rinne, por su parte, quien fumabanun cigarrillo algo apartado del resto, no pudo ocultar su decepción.

 —Hombre, ¡realmente me hubiera encantado bailar con ella! Siento que tendríamos muy buena coordinación juntos.

—Pero se supone que con quien debes tener mejor coordinación es Sophia —dijo Hannah, con el ceño fruncido y los brazos cruzados—. Ella es quien interpreta al cisne blanco, ¿No?

—Déjalo, Hannah —dijo Sophia, situando una mano sobre el brazo de su amiga—. He notado que, desde que ella llegó, Rinne ha estado muy embelesado —tanto Sophia como varios de los presentes fijaron la vista en Rinne—. No pensé que llegaría el día que una dama pudiera robar tu corazón.

Rinne rió y dejó caer la colilla al suelo. Tras apagarla con el zapato, recogerla y arrojarla al basurero más cercano, introdujo las manos en el abrigo.

—«Robar mi corazón» es mucho decir, pero no voy a negar que ha atrapado mi interés —admitió—. Es cierto que es la primera vez que veo a alguien como ella.

—Pero, ¿Qué pasa si ella es algo así como la amante secreta del director? —preguntó Laura, la integrante más petite del reparto, por lo que sus pies no tocaban el suelo al tomar asiento—. Es decir, ¿No es raro tanto secretismo? Le asignaron su propio salón, su propio instructor e incluso su propio vestuario. Entiendo que sea talentosa, pero tampoco es que sea la octava maravilla del mundo. Por eso, mi conclusión es que ella debe de ser su amante.

—¡Un momento! —Haruo, uno de los integrantes más antiguos, decidió interrumpir—. ¿No habían mencionado que el director es gay?

—¿Cómo?

—¡Es verdad! —corroboró Ren, un joven de la misma edad de Rinne—. De hecho, ¿Conocen a Jun? Es como tres años menor que yo.

—¿Jun? —repitió Sophia—. ¿No es el que siempre está haciendo mandados de todo el mundo?

—Sí, él mismo —respondió Ren—. Pues, se supone —observó alrededor para corroborar que nadie importante estuviera cerca— que él es el novio del director. 

Una exclamación colectiva no se hizo esperar, y Ren hizo un gesto para pedirles que bajaran la voz y no ser descubiertos.

—¿¡Y cómo es que sabes eso!? —soltó Hannah.

—Los pillé una vez por accidente —admitió Ren—, por eso esto debe quedar entre nosotros, sino me colgarán vivo.

El aire se colmó con el barullo de las conversaciones, pero Rinne se sintió apartado de todos ellos ya que su mente vagaba, y volvía a Helena y a su fiera mirada.

Quiero verte, bailar contigo, no solo tenerte en mis pensamientos, Helena.

 


 

Pronto, escabullirse de las prácticas de su propio salón para ver las de Helena se volvió un hábito. No tenía idea de qué tenía esa mujer que le atraía tan ciegamente, y es que Rinne tampoco era inexperto en el amor. Había tenido incontables amantes, pero jamás nadie lo atrapó con tal intensidad hasta casi al punto de rayar una obsesión. Es cierto que había negado a sus compañeros tener algún tipo de interés en ella y, sin embargo, sus pensamientos solo vagaban hacia ella, preguntándose cómo se sentiría sostener su delgada cintura.

Así que, decidió hacer lo que cualquier hombre cuerdo en su situación haría: seguirla luego de las prácticas. Ibara había mencionado que ella no podía hablar pero, si se trataba de un asunto urgente, escribir en algún papel bastaría. La idea despertó su curiosidad: ¿Tendría Helena una habitación propia en los dormitorios de la escuela, o quizás necesitaba volver a casa cada día? Lo segundo sonaba más problemático, así que cruzaba los dedos para que fuese lo primero.

Cuando las manecillas del reloj indicaron el fin de las prácticas del día y el instructor abandonó el salón, Rinne notó que Helena se asomaba a través de la puerta para asegurarse de que nadie estuviera cerca. Por fortuna, él estaba a una distancia prudente y parcialmente cubierto por una estatua, así que no fue visto. No podía dejar de pensar que eso era un tanto extraño, pero imaginó que estaba siendo cautelosa por las dudas.

Tras aguardar un largo rato, la puerta del salón se abrió, pero Helena no estaba por ningún lado. En su lugar se hallaba un joven.

Rinne estuvo a punto de caer al suelo a causa de la estupefacción, teniendo la fortuna de no ser visto por él una vez que pasó por su lado, ni mucho menos ser golpeado por el enorme bolso que llevaba colgado del hombro.

Inhaló una, dos veces. Entonces, hizo todo lo que cualquier hombre cuerdo haría en su lugar: estirar el brazo y sostener el bolso.

—¡Espera!

El joven giró y, al verlo, su expresión no tuvo precio.

—¿Amag--? 

Al percatarse de su error, el joven se llevó la mano a la boca con rapidez.

—¡Ajá! ¡Te tengo! ¡Ahora tendrás que decírmelo todo!

 


 

Estar en la terraza fumando en compañía de Helena, o como se llamara ese joven, no era la forma que imaginó que acabaría el día. Bueno, mejor dicho, él fumaba y aquel joven bebía té helado tras haber rechazado los cigarrillos incontables veces.

Rinne lo observó de soslayo.

Incluso sin todo el maquillaje encima, no dejaba de lucir hermoso, sacado de alguna fantasía y, sí, Rinne aún se veía a sí mismo sosteniendo su cintura, besando su cuello, y--

Entonces sintió algo de calor sobre las mejillas.

—¿Qué? —el joven frunció el ceño—. Llevas mirando a HiMERU fijamente desde hace un buen rato.

Ah. Entonces, tu nombre es HiMERU, ¿No? ¿Puedo llamarte MeruMeru?

—No.

—¡Ahora entiendo por qué el director no te deja hablar, MeruMeru! ¡Tu voz es jodidamente grave! —y dejó brotar una risa de hiena que solo hizo rodar los ojos a HiMERU.

HiMERU dejó brotar un suspiro pesado y se frotó las sienes con cansancio.

—Amagi, ¿Puedes ir al grano? ¿Cuál es el punto de fingir ser amigable con HiMERU?

—¿Hm? ¿Qué pasa?

—Imagino que has traído a HiMERU aquí por una buena razón. ¿Para extorsionarlo, quizás?

Rinne se sintió tan impactado, que el cigarrillo que tenía entre los labios cayó al suelo y ni siquiera se tomó la molestia en apagarlo. Por fortuna, las frías temperaturas de la noche se encargaron de hacer el trabajo por él.

—¡Oe! ¿Qué clase de imagen tienes de mí? ¿Acaso crees que voy por ahí haciendo bullying a los más débiles?

—Sí.

—¡P-p-pero MeruMeru...!

—Si no es el caso, ¿Por qué me trajiste aquí?

La mente de Rinne hizo cortocircuito. En realidad, no creyó que iba a llegar tan lejos. Es más, sabía que su plan de seguir a Helena era mala idea, y que quedaría como un patán; también sabía que ella lo batearía a la primera oportunidad, pero en el fondo eso era lo que deseaba, porque quizás así podría volver a la realidad. No obstante, muchas cosas habían pasado en la última hora, más de las que había anticipado, y ahora su pobre cerebro aún estaba intentando asimilar que se encontraba frente a la fuente de sus deseos.

HiMERU ladeó la cabeza.

—¿Amagi?

—Yo... —se llevó las manos a la cabeza—. MeruMeru, tengo una cosa que confesar.

—Dime.

—A-admiro tu talento —dijo atropelladamente. Luego de tragar saliva, agregó—: No me refiero al de hacerte pasar por una chica y engañarnos a todos, sino la forma en la que bailas. Estoy cada vez más emocionado de poder compartir escenario contigo.

HiMERU lucía sorprendido, no anticipando en lo absoluto esas palabras. 

—...Gracias.

—¡No hay de qué! A-además —bajando la voz, añadió—: te ves mil veces más hermoso como chico que como chica, MeruMeru.

 


Hace tiempo: Una memoria.

 

—Hermano... —un chico de cabellos celestes agonizaba sobre una cama de hospital, mientras otro, visiblemente mayor, pero con las mismas facciones y el mismo color de pelo, sostenía su mano con adoración.

—Tranquilo. He conseguido suficiente medicina para otro mes —la sonrisa de HiMERU era cálida, muy distinta a otras que acostumbraba ofrecer—. Volveré en una semana.

—No —el chico elevó la otra mano de inmediato, sosteniendo aquella que lo sujetaba—. Por favor, quédate.

—Sabes que eso es imposible —dijo HiMERU—. Necesito el dinero para costear la medicina para tu tratamiento.

—Pero, hermano--

—Shh. Tranquilo. Volveré lo más pronto que pueda.

Tras darle un beso en la frente, se apartó de su lado y se retiró del hospital con prisas.

No muchas horas atrás, una persona con bastante influencia había contactado con él. Imaginó que se trataría de otro trabajo sucio: desaparecer a algún rival, trasladar mercancía, ese tipo de cosas; eran el único tipo de trabajo que le permitía costear la medicina para el tratamiento contra el cáncer de su hermano menor, de lo contrario sería incapaz de brindarle una solución al problema.

Una vez llegó al lugar, un edificio abandonado y en ruinas, aguardó con la capucha del abrigo puesta. Fue entonces cuando Ibara apareció, llevando un paraguas abierto pese a que no llovía y estaban bajo techo.

—¡Saludos!

HiMERU se bajó la capucha.

—Buenas tardes.

—Eres HiMERU, ¿verdad? ¿Solo trabajas con ese alias? No hay registros de tu nombre real, así que estás haciendo un excelente trabajo. Mi nombre es Saegusa Ibara, como me he presentado en nuestra llamada telefónica.

Ibara le entregó una tarjeta de presentación, donde se mostraba con el título del director de una escuela de ballet.

—He de decir, señor HiMERU —prosiguió Ibara sin darle oportunidad a hablar—, que soy un gran admirador de sus habilidades. Nunca imaginé que el accidente del tío King haya sido obra tuya. ¡Bravo! ¡Excelente! ¡Magnífico!

HiMERU suspiró.

—Sin afán de ofender, ¿Puede ir directo al grano?

—¡Por supuesto! Verás, es simple: Pronto heredaré la escuela de ballet que se indica en esa tarjeta. Sin embargo, hay muchos detractores que no están de acuerdo con esa decisión: que soy muy joven, que no tengo experiencia, que probablemente llevaré la escuela a la ruina, bla, bla, bla. Por esa razón, tengo la sospecha de que probablemente harán lo imposible porque el traspaso no se lleve a cabo, o lo sabotearán.

HiMERU asintió para indicar que comprendía.

—Entendido. En ese caso, HiMERU se encargará de vigilar, encontrar y neutralizar las amenazas.

—Para nada, ¡Todo eso ya lo tengo cubierto! —soltó Ibara alegremente—. En realidad, necesito que la obra que se realizará durante el traspaso sea absolutamente perfecta, ¡Así que estoy buscando a alguien que pueda llevar a cabo el papel del cisne negro! Por lo tanto, dime HiMERU, ¿Te va el travestismo?

 


De vuelta a la realidad.

 

Rinne estaba haciendo un enorme esfuerzo para no reír y, sin embargo, parecía una empresa imposible.

—Bueno, si estás aquí es que accediste. Dime, ¿Qué te ofreció a cambio?

—Costear de forma permanente el tratamiento de mi hermano —respondió HiMERU—. De este modo, HiMERU ya no tendría que arriesgar su vida para conseguir el dinero.

Las ganas de reír desaparecieron al instante, y Rinne lo envolvió en un abrazo.

—Hey, MeruMeru. Me aseguraré de que todo sea un éxito, ¿Vale? Así podrás pasar más tiempo con tu hermano.

HiMERU pareció vacilar un poco pero, al final, correspondió al abrazo con algo de timidez.

—HiMERU te lo agradece, Amagi —musitó—. Aunque, ¿Qué es lo que esperas a cambio?

—¡Oe! —Rinne se apartó de inmediato, ceño fruncido y mirada de reproche—. ¡Que no todo el mundo hace algo con la esperanza de recibir algo a cambio! Hay algunos que lo hacemos desde la amabilidad de nuestro corazón, ¿Sabes?

HiMERU entrecerró los ojos.

—¿Estás seguro de eso?

Rinne apretó los labios.

— . . . —suspiró—. ¡¿A quién carajos engaño?! —y sostuvo a HiMERU por los hombros—. ¡Un beso! Eso es todo lo que quiero.

HiMERU se mostró perplejo.

—Pero HiMERU es un hombre, ¿Recuerdas?

—¿Y eso qué importa? De hecho, te ves mucho más adorable como tú mismo. Tanto, que me pican los dedos desde hace rato por las ganas que tengo de marcarte como mío, solo mío.

Ver que las mejillas de HiMERU se coloreaban de un precioso carmín solo consiguió que sus deseos empeoraran. 

Mierda.

Mierda. Mierda. Mierda. Mierda.

—...Bien —accedió HiMERU—. Pero solo uno, ¿De acuerdo?

Eso fue más que suficiente para Rinne, quien sostuvo a HiMERU de la nuca y unió sus labios casi de inmediato. El simple contacto generó una descarga eléctrica que recorrió toda su espina, erizando cada diminuto vello que cubría su cuerpo. El sabor de HiMERU era algo que Rinne jamás había probado antes, algo a lo que se hizo adicto al instante y decidió que sería incapaz de vivir sin él. Sin vacilar, succionó el labio inferior contrario y lo mordisqueó una y otra vez hasta tener vía libre para introducir la lengua. Una vez dentro, se encargó de explorar cada rincón, desde el paladar, hasta dar de lleno con la lengua de HiMERU, la cual acarició y masajeó con la propia sintiéndose en las nubes.

Antes de apartarse, se aseguró de limpiar hasta el último rastro de saliva de la boca de HiMERU, y se separó lo suficiente para apreciar su trabajo hecho.

HiMERU se había sonrojado hasta las orejas y lucía abochornado. La imagen que presentaba era tan hermosa, que Rinne tuvo enormes deseos de volver a besarlo, pero HiMERU lo detuvo con una mano.

—Solo uno —le recordó—. Luego de la presentación, Amagi podrá besar a HiMERU tanto como desee. Pero, hasta entonces, el contacto entre los dos será limitado.

Tras guiñarle el ojo, HiMERU sostuvo el enorme bolso y se marchó, dejando a un Rinne completamente embobado.

—¿Eh? ¿Eh? —¿Había dicho que luego podría besarlo tanto como quisiera?—. ¿EEEEEEEEH?

 


 

Desde aquella noche en la terraza, el contacto con HiMERU había sido nulo. Lo había visto como Helena, sí, pero desde la distancia. Al parecer, lo estaba evadiendo a propósito.

En cuanto a Rinne, aquel beso resultó ser su perdición. No sabía si estaba agradecido de haber tenido la oportunidad o, por el contrario, debía maldecir a su yo del pasado por su impaciencia, ya que ahora tenía la cabeza en las nubes y solía cometer errores más a menudo.

Tras eso decidió fijarse una meta: un error significaba un beso perdido de todos los que pensaba dar a HiMERU. Lo más gracioso, o triste, de todo es que funcionó de alguna forma, y fue así como fue capaz de soportarlo hasta los ensayos principales, cuando todo el elenco se reuniría a realizar los ajustes finales antes de la presentación.

Para ser honesto, Rinne jamás había visto que dedicaran tanta dedicación a una presentación de ballet: desde el vestuario, la escenografía e incluso el elenco, Ibara no parecía haber reparado en gastos. Luego de lo que HiMERU le había dicho, todo cobró más sentido. Realmente quería dar gala a su fortuna.

Una vez más, no pudo ver a HiMERU sino desde la distancia, luciendo el traje de cisne negro, pero sin usar el maquillaje en conjunto. Rinne intentó capturar su atención, algo que resultó en vano, ya que el instructor se encargó que fuese imposible. 

Luciendo como un cachorro lastimado, Rinne se dio por vencido momentáneamente; después de todo, más tarde tendría la oportunidad de bailar con él.

 


 

Para ser honesto, Sophia era excelente para el papel del cisne blanco. Tenía la soltura y gracilidad precisa para el papel. Sin embargo, a Rinne le costaba enfocarse a causa de las miradas asesinas que Hannah le estaba dedicando desde el auditorio.

—¿Cuál es su problema? —murmuró él durante una maniobra particularmente complicada donde necesitaba doblar su cuerpo sobre el de Sophia sin tocarlo.

Oyó una risilla de parte de su compañera.

—Creo que le molesta bastante que le haya tomado cinco años que yo acepte ser su novia —le respondió en voz baja—, solo para que el primer bailarín pueda tener tal nivel de intimidad en una simple presentación.

—¿Hmm~? —Rinne permaneció en silencio durante un buen rato, enfocándose en dar lo mejor de sí para evitar conseguir algún regaño que le obligara a repetir esa parte de la coreografía—. ¿Ha pensado en la posibilidad de travestirse? ¿Quién sabe? Tal vez funcione.

Sophia rió otra vez.

—No digas tonterías. Algo así jamás podría funcionar en un millón de años.

Rinne rió también, prefiriendo fingir que solo había estado bromeando.

 


 

Luego de acabar el ensayo del segundo acto, Rinne se percató de que la tensión iba acumulándose en su estómago. Ya faltaba poco para que él y HiMERU ensayaran juntos por primera vez, y eso lo estaba volviendo loco.

Lo único capaz de ayudarlo a volver a poner los pies sobre la tierra fue la súbita llegada del director Ibara.

—¡Buenas tardes, mis apreciados bailarines! —saludó con una sonrisa más que excesiva—. Quería ofrecer algunas noticias respecto a ciertos cambios.

Todo el elenco se reunió para discutir acerca de ciertos cambios menores que no afectaban a la trama, sino que se requerían para que pudieran encajar con la pomposa utilería y los fondos comisionados por Ibara.

—Es habitual que el cisne blanco y el negro sean interpretados por la misma persona —añadió Ibara tras una larga lista de cambios—, pero creí que para dar un mayor impacto al público, ambos cisnes estuvieran en escena.

—¿Cómo? —preguntó Sophia.

—Excelente pregunta —señaló Ibara, y se trasladó hasta el borde izquierdo del escenario—. ¡Jun! ¡Haz lo tuyo!

—¡Entendido! —oyeron a alguien, situado muy arriba, responder.

Entonces, poco a poco, con ayuda de pesados engranajes, bajó una estructura similar a un balcón.

—A medida que Sigfrido y Odile estén bailando, Odette bajará poco a poco hasta que Sigfrido le haga su juramento de amor eterno a Odile. Entonces será cuando vea a Odette allí, en persona. En mi opinión particular, será mucho más emocionante que utilizar un simple proyector con la imagen de nuestra querida Sophia.

—Aun así... —Sophia observó el elevador con desconfianza—. ¿Tiene la certeza de que es seguro?

—¡Absolutamente! Puede aguantar el peso de cuatro hombres adultos! Aunque se supone que solo tú debes subir a él.

Sophia suspiró y accedió sin más remedio.

—¡Excelente! —orgulloso de sí mismo y del elenco, Ibara situó las manos en la cintura—. En ese caso, hasta aquí hemos llegado por hoy —dio un par de palmadas—. Pueden retirarse.

Rinne no lo pudo creer.

—¡¿E-eh?! ¡D-director! —antes que Ibara siquiera comenzase a caminar, Rinne lo sujetó por los hombros—. ¿No se supone que debemos ensayar la parte de la entrada del cisne negro?

—Eso no es necesario. Helena se sabe su parte a la perfección.

—¡P-pero...!

—Ahora, con permiso, tengo una reunión a la que asistir.

 


 

Que esa noticia fue un bajón, no lo pudo negar. Que fue algo que incluso se reflejó en la actitud de Rinne fue indiscutible. Hasta Hannah, que se mostraba algo distante con él luego de presenciar el baile de él y Sophia, un día se acercó y le dio un pequeño golpe en la cabeza.

—Oe, si sigues así, arrastrarás hacia abajo a todo el elenco contigo, ¿Sabes? —le recordó ella.

Rinne hizo un mohín infantil.

—Lo siento, es solo que-- Pareciera que todos intentaran alejar a Mer-- Helena de mí, ¿Sabes? 

Pffft.

Hannah rió. Genuinamente rió. Por primera vez en días dejó de lucir molesta con él.

—¡Vaya! Así que en realidad estás completamente ido por ella, ¿No es así?

—No solo ido, ¡Perdido! Todo lo que pienso desde que despierto hasta que voy a dormir es en sus labios y en aquellos bonitos ojos. Lo único que deseo es poder sostener su cintura entre mis brazos y marcar cada centímetro de su piel, pero mientras más deseo, menos tengo. Es como si todo estuviera en mi contra.

Hannah le dio un par de palmaditas en la espalda.

—Entiendo el sentimiento. Me pasaba lo mismo con Sophia por cinco largos años. Me rendí muchas veces. ¿Y tú? ¿Por cuánto tiempo estás aquí? ¿Tres años? Nada de eso. ¡Ni siquiera ha pasado un mes! Así que no te pongas triste tan rápido, que esto ni siquiera empieza.

Tras darle una fuerte patada en la espinilla, como venganza por preocupar a Sophia, Hannah se largó del mismo modo que apareció.

 


 

Pero Rinne no se puso a llorar ni maldijo a Hannah por la patada. Al contrario. Lo ayudó a espabilarse y fue capaz de soportar el tiempo que faltaba hasta el día de la dichosa presentación, o el día decisivo, como muchos dirían.

Rinne estaba hecho un manojo de nervios pero, de algún modo, consiguió ofrecer su mejor presentación hasta ahora. No fue fácil. Le dolían las extremidades y varias articulaciones. Probablemente no abandonaría la cama durante varios días. Aún así, se sentía feliz y más que satisfecho consigo mismo, más aún al comprobar las sonrisas en el rostro del público, y la expresión que presentaba Ibara como sinónimo de que estaba realizando un estupendo trabajo.

Más complicado fue realizar el segundo acto, cuando él, junto a Sophia, necesitaban actuar en conjunto. Rinne siempre la admiró, y creía que su habilidad estaba a años luz de parecerse a la de ella, por eso temía mucho cometer algún error que pudiera ponerlos en desventaja. No obstante, todo transcurrió con normalidad, con la misma fluidez con la que el agua recorría un riachuelo. Fue complicado, pero ambos consiguieron alcanzar el punto más alto de sus carreras, y el público estaba eufórico, al punto que necesitaron un par de minutos más para saludar entre tantos aplausos.

Luego, llegó al acto que Rinne tanto había esperado. Tenía las manos sudadas y sentía un horrible nudo en la garganta.

Cuando se colocó en posición, sintió una mano situarse sobre la propia, ocasionando una serie de escalofríos que recorrieron todo su cuerpo.

—¿Estás listo, Amagi?

La voz sonó por lo bajo, casi inaudible, pero Rinne la reconocería mil veces en cualquier sitio en el mundo.

Al girar el rostro, observó el bellísimo rostro de HiMERU, su adorado HiMERU, completamente maquillado para lucir como el cisne negro. Sus labios, ahora curvados en una sonrisa, lucían tan tentadores que Rinne necesitó pellizcarse en la pantorrilla.

—¿M-MeruMeru? ¡Ah! Hm... Estoy bien, ¿Y tú? ¿Nervioso?

—Un poco, sí —lo oyó admitir—. HiMERU quería desearte buena suerte antes de acabar de prepararse, ya que la próxima vez que nos veamos será dentro del escenario.

—¿Aún no estás listo?

HiMERU negó con la cabeza.

—Para parecerse al cisne blanco, el director decidió que lo mejor sería que HiMERU utilice una peluca con un color de cabello similar al de la señorita Sophia —dijo con tono reprobatorio—. Por lo tanto, HiMERU ha estado alargando el momento de colocársela.

Oh.

HiMERU se inclinó hacia atrás para observar el pasillo, y dedicó una mirada apresurada a Rinne.

—Tal parece que se acabó el tiempo —se mordió el labio con frustración a medido que el sonido de unos pasos se iba volviéndose más cercano—. Amagi, cuando la presentación acabe, reúnete con HiMERU en el mismo sitio que la otra vez.

Tras decir eso, se marchó apresuradamente para encontrarse con la estilista.

—¡Helena! Estaba buscándote por todas partes. Es hora de que te coloques la peluca. ¡Vamos, vamos, vamos!

Y Rinne sintió una palmada en el hombro.

—Rinne, es hora de que entres a escena.

 


 

Ojalá tuviera el poder de acelerar el tiempo, así podría avanzar hasta el momento que al fin podría bailar con HiMERU. Sin embargo, no pudo hacerlo sino hasta dentro de un rato más, luego de danzar con otras bailarinas, entre ellas Hannah, quien le dedicó una sonrisa cómplice antes de salir de escena.

Cuando la iluminación cambió, al igual que la música, sus nervios se hicieron más insistentes. Gran parte de sí mismo no deseaba vivir este momento, mientras que la parte restante estaba brincando de alegría.

Luego de girar, enfocó la vista en HiMERU, vestido con el traje del cisne negro, utilizando una peluca que imitaba a la perfección los cabellos naranja de Sophia, con aquellos ojos dorados que lo incitaban a más de una cosa prohibida, Rinne se sintió morir y renacer.

Por un eterno instante, Rinne sintió que en aquel lugar eran solo ellos dos.

De pronto, Rinne olvidó a todos los demás. Si bien siguió el libreto, se dejó llevar más por el corazón, obsequiando a los espectadores una presentación apasionada que se salía de los cánones conocidos hasta ahora. Incluso Sophia, quien bajaba poco a poco en el ascensor, olvidó momentáneamente el libreto y observó boquiabierta la danza entre Helena y Rinne.

Así, cuando el tercer acto halló su fin, todo el público ovacionó de pie ante tan magnífica presentación como nunca fue vista hasta ese entonces.

Rinne creía que estaba viviendo un sueño febril, pero estar allí, sosteniendo la mano de HiMERU mientras saludaban al público, le hacía recordar que seguía presente en la realidad.

Ahora solo faltaba un acto.

 


 

El último acto fue, en realidad, el más complejo de todos. Sophia una vez más se superó a sí misma, demostrando que era una bailarina de élite, y Rinne también se sorprendió al comprobar lo que era capaz de alcanzar por sí mismo. Hasta ahora, ésa fue su mejor presentación pese al cansancio que estaba pesando sobre sí.

No obstante, lo más difícil no fue la coreografía, sino mantener la mente enfocada, ya que luego de la presentación finalmente podría encontrarse con HiMERU luego de tantos días. Se sentía impaciente. Literalmente podría acabar la presentación allí mismo e ir a buscar a HiMERU, pero temía lo que podría llegar a suceder si cometía semejante locura, y solo eso lo detenía.

Era difícil. Quería acabar rápido. La coreografía le parecía eterna. Recordó la patada en la pierna que recibió de parte de Hannah. No quería volver a recibir algo igual de doloroso. Suspiró. Podía esperar. Podía esperar.

Entonces, por fin llegó la última escena, cuando Odette, con el corazón roto, comete suicidio arrojándose de un acantilado.

Sophia se lanzó desde el falso precipicio al colchón que la estaba aguardando, entre risas de emoción y adrenalina. Rinne la siguió poco después, conteniendo las ganas de lanzar un grito triunfal. Ren le dio un abrazo y algunas palmadas de felicitaciones, mientras Hannah no perdía el tiempo de dar un laaaaaaargo beso a su novia. 

—¡Dejen la cena para más tarde! —les gritó alguien, y Rinne no pudo más que reír.

Giró sobre los talones, dispuesto a dirigirse a la terraza, pero alguien lo detuvo.

—¿A dónde vas? Aún debemos saludar al público, ¿Lo olvidas?

Casi estuvo a punto de resoplar de fastidio. ¿Que el público no podía arreglárselas sin él? Pero, de todas formas, cuando bajaron el telón y dieron fin a la presentación, ahí estuvo él al frente de todos para saludar a los invitados. Incluso fue capaz de ver a Ibara secándose las lagrimillas de felicidad, por lo que imaginó que todo resultó un éxito.

Pero así como fue el primero en subir al escenario a saludar, también fue el primero en marcharse para evitar que alguien más lo detuviera.

Se alejó de todos con prisas, corrió innumerables pasillos, subió incontables escaleras hasta abrir las puertas de la terrazas de par en par.

Entonces, allí lo encontró: aún ceñido en el traje del cisne negro, pero ya libre de la peluca.

—¡MeruMeru!

Al oír su apodo, éste giró y le obsequió una sonrisa suave.

—Al fin llegas. HiMERU empezaba a preguntarse cuándo--

Pero sus palabras fueron cortadas de forma abrupta cuando Rinne corrió hasta él, lo estrechó entre sus brazos, como tantas veces había anhelado, y lo besó tal como deseó hacerlo desde el primer día.

Tras apartarse, lo miró a los ojos, mejillas encendidas y mirada cargada de deseo.

—Me prometiste que hoy podría besarte tanto como quisiera, así que más te vale cumplir tu promesa, ¿De acuerdo?

HiMERU se aferró a él con más fuerza.

—HiMERU se enfadará seriamente si Amagi no cumple con su palabra. Eso es lo único seguro.

Rinne fue incapaz de reprimir una sonrisa antes de volver a asaltar aquellos labios que lo tenían hechizado, justo como lo hizo el cisne negro o... ¿Cómo iba la historia? Lo cierto es que Rinne nunca la entendió.

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