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Más allá de los finales

Summary:

Después de morir a manos de sus hermanos el juego reiniciaba y volvía a la escena del desayuno, pero ¿qué ocurría realmente antes de que el bucle se reiniciara?

¿Qué opinaban los hermanos una vez que mataban a Penélope?

 

Este fic explora lo que ocurría un poco antes y después de las muertes de Penélope.

Chapter Text

Era una mañana como cualquier otra, Penélope se había levantado con moretones nuevos en sus antebrazos, se había dado una ducha fría y ahora la esperaba un desayuno podrido, toda cortesía de Emily. Este tipo de mañanas ya se habían hecho rutinarias para Penélope, no la sorprendían tanto, podía no hacer un escándalo al respecto, a diferencia de cuando era más chica y enloquecía ante el más mínimo insulto.

 

El dolor físico, el agua helada y sucia en la mañana, el hambre durante el día, eran todas cosas que orbitaban su eje de normalidad. Lo único que no había logrado aceptar era la ira incontrolable que surgía en ella cuando alguien se reía en su cara. Estaba bien cuando Emily o algún otro sirviente le jugaba una broma, siempre y cuando actuaran como si no hubieran hehco nada. ¿Pero ahora? Emily se estaba burlando, la estaba mirando con una sonrisa atreviéndola a hacer algo al respecto. Y eso fue exactamente lo que ocurrió. Penélope vio rojo. Todo lo que quería era que alguien la protegiera a ella, pero siempre estaban todos en su contra, sin importar a dónde fuera. Rápidamente, antes de que alguna lágrima se le escapara, Penélope tomó la cuchara que estaba sumergida en el plato de sopa y obligó a esa insolente criada a tragárselo.

 

Ya no le interesaba si era castigada después de esto, siempre era castigada de todos modos. Aunque Derrick la volviera a encerrar en su cuarto por varios días, prohibiéndole comer o tomar siquiera un vaso de agua, ella tenía una reserva de comida, bien escondida, preparada para esos casos.

 

Sabía que siempre era detenida rápidamente, pero no esperaba que su hermano mayor, Reynold, fuera quien entraría por la puerta de su cuarto para detener esto. ¡Qué injusto! ¿Tenía que entrar cuando Penélope parecería la villana una vez más?

- ¿Qué estás haciendo, idiota? – la voz de Reynold sonaba lejana en los oídos de Penélope

-¡Oye! ¡Aléjate de ella! Déjala en paz. – Reynold continuaba acercándose, pero Penélope actuaba como si no estuviese ahí, como si no pudiese oírlo.

 

Reynold trató de separarlas, pero su hermanastra estaba más inestable que normalmente, se rehusaba a escuchar cualquier lógica. Continuaba aferrándose al cabello de esta pobre criada, golpeándola y rasguñándola. Reynold no sabía qué hacer, con cada segundo que pasaba le enojaba más esta escena. ¿Cómo podía actuar como un animal salvaje cuando se suponía que debía estar llenando el rol (perteneciente a Ivonne por derecho) de princesa del imperio? Con cada palabra de su boca que Penélope no escuchaba, Reynold se impacientaba cada vez más, cada vez aplicando más y más fuerza al brazo de su hermanastra, con un enojo creciente al tan solo mirarla.

 

Por fin, harto de la agresividad de esta chica, Reynold usó la fuerza que usaría para detener una pelea entre los caballeros. Ambas se tambalearon, sus cuerpos frágiles no pudieron tomar esa fuerza. En la caída la mano de Emily, buscando soporte, se apoyó bruscamente en la mesa donde estaba el desayuno de su señorita. El plato, precisamente donde la mano de Emily había caído, actuó como catapulta al tenedor que estaba apoyado sobre él. La dirección de ese tenedor no fue importante para Emily o el segundo joven maestro, ellos estaban demasiado enojados con Penélope como para prestarle atención y notar dónde había caído ese tenedor. Simplemente pensaron, en un principio, que Penélope se había mantenido en el suelo para ser dramática y dar lástima. No fue hasta que Reynold terminó de ayudar a Emily a levantarse del suelo que empezó a notar un líquido rojo fluir por la alfombra lujosa de la habitación de Penélope.

 

Emily parecía aún no haberlo notado, pero Reynold sabía que eso era solo una cosa. Claro que solo era una pequeña herida, ¿verdad? Después de todo, ¿quién se lastima de gravedad solo por un pequeño empujón? Pequeña herida… entonces ¿de dónde venía tanta sangre?

- Penélope… - El segundo joven maestro comenzó a acercarse un poco a su hermanastra, al ver que no contestaba.

 

¿Qué estaba sucediendo? ¿Por qué estaba con sus ojos cerrados? ¿Por qué había sangre saliendo de su cuello? ¿Por qué… había un tenedor enterrado en el cuello de su hermana? Reynold quedó paralizado en el lugar, ni siquiera estaba seguro de estar respirando. Solo el grito de la criada logró despertarlo y traerlo a la realidad.

 

No podía ser, ¿verdad? Acaso, ¿acababa de matar a su hermana? ¿Qué demonios? ¿Cómo alguien podía morir tan fácilmente? No era verdad, no había forma de que lo fuera, Penélope solo estaba fingiendo o exagerando. No estaba muerta, no podía. ¿Cómo podía morir a manos de su hermano mayor, por algo tan estúpido como una disputa entre ella y su criada? No. No, lo último que Penélope viera en esta vida no podía ser cómo su hermano mayor la mataba. Se estaba vengando por la vez que él le hizo la broma de caerse del árbol, sí, eso debía ser.

- P-Penélope, vamos no juegues. L-lamento haberte lastimado, llamaremos a un doctor ahora.

 

Nadie contestó, solo se escuchaban los ahogados sollozos de esa criada. Esa criada… ¿por qué pasó esto? ¿De verdad su hermana atacaría a un empleado sin motivo? Si esa criada no la hubiera hecho enojar, Penélope no estaría en el suelo… ¿y los médicos? ¿Por qué seguía en el piso a pesar de que los guardias ya habían llegado a la habitación? ¿Por qué el médico estaba atendiendo a esa criada, quien no se había lastimado, cuando su hermana necesitaba que le curaran la herida para dejar de sangrar?

 

¿Por qué era él, el único que parecía notar que su hermana estaba herida? ¿Y por qué no se podía mover? Solo la estaba mirando, como si estuviese frente a la escena de teatro más sorprendente.

 

En algún momento, sin saber cómo, Reynold terminó sentado en uno de los sillones de la oficina de su padre. Desde su asiento, mirando a través de la ventana, podía notar que ya no era la mañana, ¿medio día, quizás? ¿Eh? ¿En qué momento había llegado tan rápido la tarde?

- Reynold – Esa era la voz de su padre, ¿verdad? ¿Por qué estaba tan quebrada? Como si hubiese llorado, excepto que su padre no llora. No muestra sentimientos a menos que algo horrible y trágico ocurra.

- Dime qué pasó. – El duque trataba de componerse, pero era difícil.

- A-ah ¿qué pasó con Penélope? ¿Se encuentra bien? – Finalmente la voz de Reynold salió

- …

- Digo, sé que estuve mal en usar tanta fuerza, pero ella también estaba haciendo más escándalo que de costumbre. No trataba de lastimarla, pero ella también tiene la culpa.

- Sabía que no se llevaban bien, pero nunca pensé que la odiabas tanto. – El rostro de su padre se veía igual a cuando habían perdido a Ivonne.

- N-no es que la odie, ella- ella no quería soltar a la criada… Está bien, estuve mal yo, le pediré disculpas y- Pero Reynold no pudo terminar su oración.

- No, Reynold. El médico la revisó. El tenedor fue enterrado en una vena de su cuello... Penélope murió a los pocos minutos, esta mañana.

 

El mundo se detuvo para Reynold por unos segundos. No había un solo pensamiento formándose en su cabeza. Entendía lo que le habían dicho, sí, era su culpa. Mató a su hermana por una estupidez fácilmente solucionable. No había un solo sentimiento en su corazón, de un segundo para otro, Reynold Eckhart había quedado vacío por dentro. Su mente y cuerpo ya no eran de él, como si alguien hubiera tomado control de él y simplemente dirigiera las acciones motoras.

- Dime qué pasó. ¿Por qué había comida podrida en el desayuno servido a Penélope?

 

Las palabras de su padre no parecían tener significado, las podía escuchar, pero podría haber estar hablando en otro idioma y no se enteraría. Reynold entendía lo que había ocurrido, pero aun así no podía creer que su padre le estuviera echando la culpa, frente a su rostro. ¿Cómo podía ser tan cruel con él? Era claro que había sido un accidente. ¿Por qué le hablaba de odiar a su hermana? Sí, solían pelear, pero Penélope debía saber que él la quería. Ella sabía, ella sabe que fue un accidente. ¿Por qué está tan tranquilo? Mató a su hermana, una hermana a la que sí quiere, su ausencia se nota en su corazón, entonces ¿por qué no siente nada? ¿Qué era esa sensación de haber sido mojado de pies a cabeza con un balde de agua fría?

 


 

El duque no fue el único que lloró la muerte de Penélope ese día. Reynold vio cómo su hermano mayor, alguien incluso más serio que su padre (si es que eso era posible), lloraba silenciosamente en su oficina, repitiendo una y otra vez el nombre de su hermana como si eso la fuese a traer de vuelta. ¿Por qué era el único que no lloraba?

Afortunadamente, la familia ducal tuvo con qué entretenerse los siguientes días. En todo el escándalo que había llevado lugar esa mañana, llevó varias horas que alguien notara cuál había sido el desayuno servido a Penélope.

Fue de pura casualidad que Derrick descubriera qué había causado que Penélope se enojara tanto. Había muchas personas entrando a la habitación de Penélope a ver qué había ocurrido y cómo podían asistir. Lo más importante era verificar el estado de Penélope y de la pobre criada que había presenciado todo. Todos los que estaban dentro de la habitación tenían un rol importante, ¿entonces por qué había una criada diferente limpiando los restos de comida que habían caído al piso durante la conmoción? Era una tarea que podía esperar, obviamente las prioridades eran otras ahora. Estos eran algunos de los pensamientos del primer joven maestro y lo que llevó a que descubriera qué había causado todo.

Derrick esperó a que la criada terminara de juntar todo y la siguió al pasillo para un poco más de privacidad.

- Déjame ver eso. – Ordenó el joven maestro, que estaba de un humor terrible.

- A-ah j-joven maes-stro. Estas son solo las sobras que estaban tiradas. – La criada estaba temblando del miedo.

- No te pregunté qué era, te dije que me dejaras verlo.

- P-pero – La criada no pudo hacer o decir más nada, el joven maestro tomó la bandeja de sus manos e inspeccionó la comida por su cuenta.

Lo que encontró le revolvió el estómago. Lo miraras por donde lo miraras, esta comida se había echado a perder hace semanas. No hay lugar en la mansión donde encontrarías este tipo de desperdicios. La comida de los sirvientes era de la más alta calidad, incluso ellos se habían mal acostumbrado a tirar comida en perfecto estado si se aburrían de ella. Este tipo de desecho solo podrías encontrarlo en la basura.

- ¿Este era el desayuno de Penélope?

- A-a-ah – La criada estaba aterrada. Su cabeza podría rodar. Ella se había arriesgado a ser cómplice de Emily al tratar de borrar la evidencia de los abusos, solo porque sintió que se lo debía a Emily, después de todo, era gracias a los padres de ella y la carta de recomendación que le escribieron que ahora podía trabajar en la mansión Eckhart. Pero ahora no sabía qué hacer.

 

Emily fue encarcelada inmediatamente, al igual que esta criada que estaba tratando de encubrir todo, ambas fueron puestas en celdas diferentes para evitar que crearan una historia falsa.

 

Los días siguientes la familia ducal no solo tuvo que llegar a términos con el hecho de que habían perdido a otro de sus miembros, de forma permanente esta vez, sino que tuvo que enfrentarse a la realidad de que Penélope había estado sufriendo abusos estos años. Abusos justo debajo de sus narices y nadie lo había notado. ¿Quién no se volvería loco en esa situación? …Penélope no lo haría, de hecho. Ella no estaba loca, no la habían vuelto loca. Nunca había aprendido a manejar sus emociones, nadie le había enseñado, incluso después de sufrir injusticia tras injusticia lo único que hacía era gastar dinero y romper cosas. A veces rasguñaba a alguna criada, lastimaba un poco a alguien que estaba cerca cuando un jarrón que ella lanzaba se rompía, pero no estaba loca.

 

Sus antebrazos habían llamado la atención del médico cuando revisó su cuerpo sin vida. Rápidamente se dio cuenta que esto se volvería en una cacería de brujas, a juzgar por el encarcelamiento de la criada personal y su cómplice. Si descubrían que Penélope había consultado con él hace unos meses, por un dolor en sus brazos, por constantes desmayos, sangrados nasales, y demasiados otros síntomas que él había ignorado, sería su turno en la guillotina.

 

Sentía algo de culpa, pero decir la verdad ahora no cambiaría nada. Debía salvar su propio pellejo.

 

Le informó todo lo que encontró en el cuerpo de Penélope, ninguna cicatriz, solo moretones recientes y signos de desnutrición y agotamiento. Cuando el médico fue cuestionado por su inactividad en notar el estado de Penélope, él simplemente dijo que, al hacer las regulares revisiones médicas, Penélope siempre se había rehusado a levantar sus mangas y quitarse la ropa, por lo cual nunca se enteró del estado de la señorita.

 

Tal y como predijo el doctor, antes y después del funeral de Penélope la mansión se convertiría en un caso policial, conducido por los propios integrantes de la familia. Pasarían las siguientes semanas tratando de descubrir qué le habían hecho a Penélope todo este tiempo.

 


 

Fue después de varios días- no, varias semanas, que Reynold Eckhart por fin había aterrizado en la situación. Un día como cualquier otro, después del funeral de su hermana, mientras se encontraba en el campo de entrenamiento, practicando su manejo de la espada en un intento de mantener su mente ocupada, repentinamente quedó paralizado.

 

De un segundo a otro, su cuerpo detuvo todo movimiento. Su espada de madera había estado oscilando de arriba abajo constantemente hasta que se detuvo. Su espada cayó al suelo y poco después también lo hizo él, por la falta de aire en sus pulmones. Era como si su cuerpo estuviera tratando de castigarlo por lo que le hizo a su hermana.

 

Guardias se amontonaron para asistirlo, pero el joven maestro no parecía escuchar nada de lo que ocurría a sus alrededores. Reynold fue llevado rápidamente a su habitación a descansar una vez que se había desmayado por la falta de aire.

 

Su padre llegó a visitarlo bastante después de escuchar que estaba despierto. No era la primera vez que Reynold se hería en un entrenamiento y necesitaba ser llevado al médico o su habitación a recuperarse, por eso sabía, su padre había demorado demasiado en ir a verlo esta vez. Cuando se trataba de su hermano mayor, Ivonne y de él, su padre dejaba los documentos que estaba atendiendo en ese momento e iba a visitarlos. No podía asegurar que con Penélope era el mismo caso, no lo sabía, honestamente. De algo estaba seguro, su padre no soportaba la vista de él.

 

Lo entendía, antes de este día Reynold no podía ni culparlo, pero ahora que sus sentimientos lo habían alcanzado… dolía que su padre pensara de él todas las cosas horribles que Reynold ya se decía a sí mismo. Antes de que el duque lo visitara Reynold finalmente lloró. Logró mandar a sus sirvientes y médicos fuera de la habitación antes de caer a pedazos, pero apenas escuchó el sonido de la puerta cerrarse, Reynold partió en llanto. ¿Pero, qué había hecho? Por algo tan estúpido. Si tan solo no hubiese sido tan violento con ella ese día, no, si tan solo hubiese sido amable con ella algún día, al menos no habría muerto sintiendo que nadie la amaba.

 

Reynold lloró hasta casi antes de que su padre lo visitara, horas después de haber despertado.

-Creí que estarías dormido a esta hora.

- No quiere ni verme, entonces. – Era lo que pensaba Reynold y tenía razón, aunque el duque nunca lo admitiría en voz alta.

- Si el entrenamiento es demasiado, no deberías auto exigirte. – Con esas palabras frías el duque se dio la vuelta para dejar a su hijo solo.

- Lo siento. – Casi un susurro, pero eso era todo lo que Reynold podía lograr, su voz estaba por romper en llanto una vez más.

 

El duque no lo escuchó o pretendió no hacerlo. Continuó caminando hacia la puerta sin decir una palabra. Era verdad, apenas podía verlo a la cara cuando lo tenía en frente. El duque no quería estigmatizar a otro de sus hijos impidiéndole la entrada al almuerzo familiar, así que decidía salteárselos y comer en su oficina cuando tenía tiempo.

 

La familia ducal habría continuado desmoronándose y corrompiéndose por la culpa de no ser porqué el flujo del tiempo finalmente se acostumbró a la magia que el mago había lanzado en la otra línea de tiempo. Cuando el hechizo fue lanzado la condición para su activación era la muerte de Penélope Eckhart, esta gran magia requería de un sacrificio, pero, una vez lanzado la condición seguiría cumpliéndose indeterminadas veces, independientemente de la existencia de un nuevo sacrificio. Sin embargo, el tiempo aún debía acostumbrarse a ser doblegado y alterado como si fuese una rama flexible, por esto fue que le tomó tantas semanas activarse y volver a aquella mañana.

 

Con el paso del tiempo y con cada muerte que sufriría Penélope Eckhart, los retrocesos se volverían cada vez más veloces, acostumbrándose a tener que reiniciar y volver a esa mañana, hasta que Penélope rompiera los bucles.