Chapter Text
Celeste era el color del cielo la mañana que tuvo que tomar un avión para salir de Argentina. Celeste, igual que la bandera que ondeaba despidiéndose de su ciudad. Su padre había conseguido un mejor trabajo en Inglaterra, y su madre estaba emocionada de que se fueran pronto con él. Nadie quiso esperar a que al menos Julián terminara su último año, a nadie le importó que Julián dejaría a todos sus amigos, compañeros y a su equipo atrás.
Él puso buena cara a todo lo que su madre había dicho... que en Inglaterra tendría más oportunidades, que allí le iría mejor jugando al futbol, y le iría mejor con sus estudios, que la educación, la salud, la economía y todo era mucho mejor allí, porque todo siempre sería mejor en Europa. Que esta era una oportunidad que no podían desperdiciar.
Julián asintió a todo, su madre no mentía, tenía la suficiente edad como para aceptar la realidad, y desear un mejor futuro. Aunque no supiera nada de economía, política o cualquier cosa que ella dijera, sabía que era cierto, y tampoco le hubiera gustado dejar a su padre solo en el país extranjero.
Pero cuando pisó la nueva escuela donde estaría por el próximo año estudiando, sus ojos se acumularon con gotas saladas que amenazaban con salir. Sus manos temblaron un poco mientras escuchaba las conversaciones en otro idioma que él no entendía del todo, había aprendido inglés, pero el acento inglés a veces era demasiado complejo, y ningún profesor en Argentina le había enseñado a hablarlo así, eso sin contar los otros idiomas en los que los alumnos estaban hablando, que probablemente Julián no podría reconocer y nombrar si le preguntaran directamente.
La Escuela Internacional de Manchester era un sitio prestigioso, según su padre le había comentado, quería que su hijo se graduara en una de las mejores escuelas secundarias de Inglaterra, y que además, fuera internacional para que aunque sea pudiera hacer amigos con más facilidad, que no se sintiera tan solo, que las clases no fueran tan complicadas. Los profesores estaban preparados para enseñar en inglés neutro, también hablaban distintos idiomas en caso de que algún alumno necesitara más ayuda. La mayoría de estudiantes allí venían de intercambio, de otros países fuera de Inglaterra, y Julián nunca había estado en un lugar así. De hecho, no más de una vez había salido de su pueblo para visitar el extranjero, por lo que todo a su alrededor era una experiencia nueva a la que se tendría que acostumbrar.
Habían personas hablando en portugués, francés y alemán, son los únicos idiomas que pudo reconocer, mientras Julián caminaba por los pasillos con pasos pesados y arrastrados, su cabeza algo gacha para intentar no ser notado, su mente en un remolino de ideas y pensamientos, mientras intentaba recordar dónde le había dicho la chica de hace unos minutos que se suponía que quedaba el salón 19B, donde vería su primera clase de Álgebra.
Julián no era bueno con los estudios, siempre hizo lo justo y necesario para no reprobar cuando estaba en Argentina, pero las cosas simplemente no se retenían correctamente en su cabeza, y aunque nunca sacó tan malas notas como para llevar una materia de arrastre, tampoco sacaba las suficientes como para destacar del resto, siempre en la línea que lo convertían en alguien promedio. A él no le importaba eso, no esperaba ser un genio, la única cosa en la que sabía que era bueno era en los deportes, cualquier deporte, aunque tuviera preferencia por el futbol, también sabía jugar bien al baloncesto, e incluso al voleibol. No sabía qué sería de él, no sabía qué iba a estudiar o a qué se dedicaría cuando se graduara de la secundaria, pero definitivamente era algo en lo que prefería no pensar ahora, aún quedaba tiempo para decidirse.
El salón 9B estaba en el segundo piso, después de pasar los miles de casilleros, personas sonrientes que hablaban de sus vacaciones y girar en la esquina de lo que parecía ser el salón de artes. La mayoría de salones contaba con ventanales grandes que dejaban ver hacia dentro, por lo cual no pudo evitar observar hacia los cuadros que algunas personas estaban empezando a pintar. Nunca había sido bueno en las manualidades tampoco, por lo que no le tomó demasiada importancia a lo que hacían allí, más que observar las hermosas instalaciones que en verdad aquella escuela poseía.
En Argentina no estudiaba en una mala escuela, pero era pública, y en realidad la educación en Latinoamérica no era conocida por ser de las mejores del mundo, mucho menos en el pequeño pueblo de el que él provenía. No se quejaba de cómo había sido hasta ese momento, de hecho, la extrañaba cada vez más conforme sus pasos se acercaban al salón, tenía un miedo irracional a que las cosas serían mucho más complicadas aquí, quizá le darían temas que él nunca había visto, y que esperarían que él supiera algo que nadie nunca le había enseñado.
Tomó un gran respiro antes de entrar al salón.
La clase pareció eterna, al principio sólo fueron presentaciones de los alumnos que habían llegado nuevos este año, eso incluía a Julián y dos chicos más, uno llamado Joao, que venía de Portugal, y otro llamado Son, que venía de Corea. Julián intentó prestar atención a las personas a su alrededor por un segundo para ver si habría alguien que dijera algo en español o tuviera rasgos parecidos a alguien latino, pero era demasiado difícil de adivinar, y todos inmediatamente se enfocaron en la clase que había comenzado.
Era su primer día, no podía esperar hacer amigos tan rápidamente. La siguiente clase fue Informática, tuvo que presentarse una vez más, en esa tampoco reconoció que nadie hablara español, al menos nadie de los chicos nuevos que habían llegado este año.
Las horas pasaron lentas hasta que finalmente fue hora del almuerzo, la cafetería estaba llena, y en realidad no habían demasiadas mesas libres de dónde elegir, Julián mantuvo su bandeja con el almuerzo recién comprado para el que su padre le había dado dinero, y tambaleó un poco indeciso de dónde debería sentarse, hasta que un chico se puso a su lado, también con una bandeja en la mano, y le dio un empujón suave y amistoso para llamar la atención. Julián no conocía su nombre, pero sí supo que era alguien a quien había visto en la clase de Informática.
—Julián, ¿no? —él asiente, el chico era un poco más alto que él, con piel bronceada y rostro amistoso—, mucho gusto, soy Cuti, escuché que sos de Argentina, yo también. Vení, sentate con nosotros.
Le dio una sonrisa, su acento era indudablemente argentino, y Julián rápidamente sonrió de la misma manera, un poco más animado de haber encontrado a alguien con quien pudiera pasarla y alguien con quién compartía algo tan grande como lo era la nacionalidad. Julián asintió mientras seguía los pasos de Cuti hasta una mesa casi llena, con personas hablando español tranquilamente.
Se sentó después de que Cuti lo presentara, y todos en la mesa hicieron lo mismo; Leandro, Paulo, Gonzalo y Rodrigo, intentó memorizar sus nombres mientras cada uno lo decía, todos eran argentinos. Julián quiso soltar un suspiro de alivio al saber que al menos no estaría solo en los almuerzos, y estaba realmente feliz de que sí pudo encontrar personas con quien hablar en su primer día, era lo menos que estaba esperando que pasaría.
—Dale, Julián, tremendo, cómo ya conseguiste con quien sentarte en tu primer día, yo la primera vez que estuve en el comedor me tuve que sentar con los boluditos de los españoles, nada en contra de ellos, pero no paraban de decir tío al final de cada frase —Leandro habló, su tono gracioso mientras lo decía.
—Che, no te metas con los españoles, son re buena onda, a mí también me acogieron el primer día, no sé cómo Julián no terminó ahí en este momento —dice Paulo mientras señala la mesa donde se supone están los españoles, son muchos, incluso más que los que conforman la mesa argentina, Julián fija su mirada en aquella mesa, mientras traga un sorbo del jugo que había comprado.
—Es que justo vemos informática juntos, y apenas dijo que era de Argentina y dije, ya fue —Cuti dice.
—Ustedes tuvieron suerte con los españoles, yo casi me siento con los noruegos, nadie me había invitado, solo vi que habían muchas sillas vacías en esa mesa, y no tenía donde más sentarme, casi me cagan a trompadas en mi primer día, no sé por qué andan por ahí haciéndose los malos, cualquiera flashean —Rodrigo dice desinteresadamente mientras señala con sus ojos la mesa a la que se refiere, hay sólo 4 hombres allí, todos tienen rostros que parecen salidos de una revista, completamente atractivos a simple vista, y con un aire que exuda confianza pero no amistad.
—Yo entiendo por qué las minas se vuelven locas por ellos, pero no dan mas de clichés, dale, parecen sacados de Netflix —Paulo hace una pausa—, Julián, un consejo, no te metas con los noruegos, porque sí no te vas a meter en un quilombo mal, nadie puede hacer nada porque Odegaard, viste ese que está ahí —señala un poco disimuladamente con el tenedor en su mano—, el rubio de pelo corto, es el hijo del director, les dejan hacer lo que se les cante el culo, así que mejor no te metas con ellos y no vas a tener problemas.
—¿Qué son, los bullys o algo así? —pregunta Julián con algo de intriga, sus ojos detallan muy bien a los 4 hombres allí sentados, uno tiene el cabello amarrado en una coleta, y tiene una chaqueta negra con detalles en celeste, se ve como alguien demasiado alto, y eso es lo que llama su atención.
—Algo así, tampoco son tan forros como para andar por ahí pegándole a las personas, pero siempre son unos intensos molestando, burlándose, humillando, hacen jodas que sólo a ellos les dan gracia, ya sabes, se creen los dueños del insti nada más porque- ...yo qué sé, porque están lindos, tienen más dinero que todos, y son los mejores del equipo de futbol.
—Y sí, se hacen los perfectos mas o menos —Gonzalo interrumpe a Paulo, y ambos asienten.
—Y ni hablar de que también tienen el mejor índice académico en toda la escuela —agrega Leandro.
Julián desvía su mirada a su comida cuando el rubio al que no le había apartado la vista se voltea, solo duró unos milisegundos, pero Julián sabe que ni siquiera debería volver a dirigirle una mirada otra vez. Se limita a concentrarse en su comida ahora, y no puede evitar preguntar.
—¿Es fácil meterse al equipo de fútbol? —apenas lo mencionaron supo que era lo primero que quería hacer, después de todo, qué sería de Julián sin su deporte favorito.
—Si sos bueno sí, acá se toman esa mierda muy en serio, hacen como torneos con otras escuelas privadas de Manchester, y creo que la nuestra ha estado invicta por 6 años consecutivos, así que si querés entrar, tenes que ser pero re bueno, creo que Haaland es el capitán del equipo, por lo que tengo entendido, ¿No, Rodri? —Cuti le pregunta.
—Hm, sí, lo fue desde que entró al equipo, el hijo de puta es buenísimo, te mete hattricks como si fuera nada, encima entró y todos lo empezaron a idolatrar muchísimo, vi cuando llegó en segundo año, siempre tuvo el mismo nivel—responde aún con comida en su boca—, es ese, el de pelo largo.
Julián decide no voltear a verlo, porque ya sabe de quién está hablando.
—Uhh- creo que están mirando para acá, tendríamos que dejar de hablar de ellos, se habrán dado cuenta —dice Gonzalo, y Julián levanta su mirada brevemente para confirmar que efectivamente Haaland sigue mirando en dirección a su mesa, esta vez acompañado de sus otros amigos, todos mirando hacia la mesa argentina, así que Julián se siente intimidado y prácticamente hunde su cabeza en el plato de comida frente a sí, para evitar seguir siendo observado.
—Un día deberíamos cagarlos a piñas entre todos, somos mayoría, para que dejen de hacerse los lindos.
—Que sí, Paulo, llevas planeando esa pelotudez desde tercer año, y no va a pasar, soltanos el brazo, dale —Cuti le interrumpe entre risas.
—¡Es que se lo merecen! —dice siguiendo la conversación con una sonrisa y ahora todos en la mesa están riendo.
Julián se siente más tranquilo de haber encontrado un grupo, un lugar que no es igual a su hogar, a sus amigos de Argentina, pero que se siente muy cercano, y sonríe mientras los chicos siguen bromeando, esta vez sobre la comparación entre el tamaño de los músculos de Gonzalo y los de Haaland, sobre lo fácil que sería para él aplastarlos a todos antes de que siquiera le pusieran un dedo encima.
Después del almuerzo hay una hora libre más donde todos los nuevos estudiantes son invitados a unirse a un club extracurricular, el cual es obligatorio para poder terminar el año, pero al menos tiene permitido escoger a cuál desea unirse. Los chicos argentinos lo están acompañando mientras una chica le entrega una lista con todas las opciones, y le pide que llene el formulario para poder anotarse.
El pasillo está lleno de personas haciendo fila para depositar sus formularios o hacer preguntar acerca de los clubes, las paredes están decoradas con posters llamativos sobre cada club, Julián lee la lista en sus manos, el papel es brillante y colorido, reflejando las distintas actividades que podían ser escogidas.
Fotografía, gastronomía, ajedrez, astronomía, literatura, debate , sus ojos se deslizan entre todas las demás opciones que hay, realmente la escuela es muy grande, por lo que hay demasiados clubs, aunque Julián solo puede pensar en uno, donde sus ojos se detienen y se mantienen fijos.
—Yo digo que intentes entrar directamente al de fútbol, no tenés nada que perder, aunque no los quieren a todos, si decís que eras bueno en Argentina, tal vez te consideran acá —le explica Rodrigo a su lado, quien, según había entendido, también fue el único de los argentinos en anotarse en aquel club, pero había sido rechazado.
—La verdad es que tengo un poquito de miedo que me rechacen—dice Julián con sinceridad, él sabía que era bueno, pero tal vez no lo suficiente para el nivel que tenían en Inglaterra.
—Mejor entra al mío, Juli, yo estoy en pintura, es divertido, y no exigen mucho, la dueña del club es re tranqui, siempre habla sobre que lo importante es dejar al corazón expresar lo que siente —luego de terminar la última frase todos estallan en risas—, en serio, podés hacer lo que se te cante e igual te llevas tus puntitos extras, ella es re hippie.
Julián lo considera, ningún otro club le llamaba la atención, todos eran demasiado científicos, aburridos o sobre cosas que a él definitivamente no le interesaban.
—Es mejor que no lo intentes con el de fútbol, Julián, te vas a decepcionar —comienza a decir Paulo—, en serio es muy difícil entrar y en las pruebas siempre humillan a los que están postulados, hay que soportar mucha mierda antes de entrar, es pesada la cosa, encima al final ni vas a estar seguro de que te acepten, los noruegos son prácticamente los dueños del equipo, y son unos forros.
—Haaland no tanto, pero Odegaard y Alexander siempre se aseguran de que los postulantes se sientan como que son la peor basura que piso el campo de la escuela... en serio, tené cuidado si te decidís por eso —Leandro agrega.
Rodrigo asiente mientras se encoje de hombros.
Entonces Julián toma el bolígrafo para escoger la opción de pintura, no demasiado emocionado, pero sí decidido, lo menos que necesitaba en su último año de secundaria era ser humillado por nadie, mucho menos en algo que le apasionaba tanto como el futbol, lo mejor sería simplemente unirse a Cuti y confiar en él. Seguro podría conseguir dónde jugar fútbol luego, no tenía por qué ser en la escuela.
Cuti le da una palmada en el hombro mientras termina de llenar el formulario mientras le sigue explicando las ventajas de unirse al club de pintura, cuando entrega el papel, los demás le dicen que es la mejor decisión que pudo tomar, y Paulo le explica lo complicado que era poder cambiar de club una vez te unías, y que por esa razón no había podido salir del de programación, y que aquel grupo estaba siempre lleno de nerds. Rodrigo y Leandro estaban juntos en Fotografía, y explicaron que en realidad podía ser igual de fácil que pintura, solo que a ellos les pedían salir y tomar fotos en lugares que no fuera la Escuela, por lo que a veces era un poco molesto que las actividades salieran del plantel, y tuvieran que hacer tarea, casi cada semana. Gonzalo estaba en ajedrez, pero él sí parecía estar contento con su club, por lo que no agregó ningún otro comentario.
Mientras caminaban cada uno de vuelta a sus clases, Julián se encontró despidiéndose de Cuti en la esquina en la que ambos caminos se separaban, se le hizo extraño no compartir ninguna clase con los chicos que acababa de conocer, ya que todos eran del último año igual que él, pero supuso que en una escuela tan grande, las secciones estaban divididas, y simplemente no podría hacer nada al respecto.
Química era la última clase del día, siempre fue muy malo en esa materia, probablemente en la que peor le iba en Argentina, una vez estuvo a punto de reprobarla, pero su amigo Enzo le había ayudado a estudiar muy bien para el último examen que era definitorio en si aprobaría o no, y eso le ayudó a pasarla.
Se pregunta cómo estará Enzo ahora, y se vuelve a sentir mal al recordar que está en un país extranjero, rodeado de gente que no conoce, y donde el clima es completamente espantoso. No puede volver a Argentina, y todos los ánimos que había obtenido durante el almuerzo caen estrepitosamente cuando termina de entrar al salón de química, mientras recuerda todas las amistades que dejó atrás, y todos los buenos tiempos que pasó que ya no volverán.
Las mesas están casi todas vacías excepto por dos del fondo en donde están los cuatro hombres que menos desea ver en este momento; Haaland, Odegaard, Alexander, Kristoffer, los noruegos están divididos dos en cada mesa. El salón de química es grande, y estaría en silencio si no fuera por las voces de ellos hablando en su propio idioma, Julián no puede entender nada, pero hace todo lo posible por no mantener contacto visual con ellos mientras se sienta lo más adelante posible, debe evitarlos, y eso es lo que hará.
Enfoca su vista en su teléfono sin mirar hacia atrás, mientras las voces se mantienen constantes, está un poco nervioso, pero nada más ocurre, aunque puede sentir una mirada en su nuca picar. Intenta distraerse mientras revisa sus mensajes y ve uno de Enzo, es un largo texto deseándole suerte en su primer día de clases, diciéndole lo mucho que lo extraña en argentina, y lo triste que será graduarse sin él. Julián necesita sorber el sollozo que estuvo a punto de soltar mientras lo leía. Extraña a su mejor amigo.
Antes de que pueda escribir una respuesta una persona se pone a su lado. Julián puede distinguir que es un chico de tez oscura, quien está carraspeando su garganta para llamar su atención.
—Disculpa, este es mi puesto, siempre me siento aquí junto a mi compañero —le explica en inglés, su acento suena un poco francés mientras lo dice, Julián asiente apenado y recoge sus cosas, que ya había sacado de su mochila.
—Lo siento —responde, el chico le da una falsa sonrisa mientras señala otro puesto más atrás, el único que quedaba libre, no se dio cuenta en qué momento el salón se había llenado, y el único asiento disponible ahora era justo enfrente de Haaland y Odegaard, donde ya hay alguien sentado.
—Ven, Ney, le fou est déjà parti —dice el joven en perfecto francés mientras Julián se dirige a su nuevo asiento, intenta evitar la mirada de Haaland mientras camina.
La persona a su lado ahora es un chico grande que le da una tímida sonrisa antes de volver a fijar su vista en su cuaderno. Cuando Julián regresa su vista a la mesa donde estuvo sentado antes, el francés y otro hombre moreno están hablando con alegría, pero ya no puede escuchar qué dicen.
Puede sentir algo caer en su cabello. No quiere creer que es lo que piensa que es, pero cuando pasa una mano por su cabeza para quitarlo puede estar claro que una persona de atrás le ha tirado una bolita de papel llena de saliva.
Julián no voltea, no tiene valentía para hacerlo, solo retira el papel y lo tira al suelo, limpiando contra su pantalón su mano que ahora estaba llena de una saliva extraña, frunce el ceño mientras lo quita.
Lo obligan a presentarse nuevamente, y resulta que la persona a su lado también era de nuevo ingreso, por lo que entonces escucha que se llama Darwin, y es de Uruguay, lo cual en cierta parte le alivia ya que tendrá un compañero de mesa que habla español. Hay silencio cuando es su turno de presentarse, y finalmente la clase comienza.
El tema es uno que jamás ha visto, y la profesora habla como si todos ya supieran lo que se está enseñando, como si fuera un tema que ya dictó el año pasado y todos deberían recordar, un repaso superficial, Julián intenta concentrarse lo más que puede, pero es un montón de teoría que luego es llevada a fórmulas complejas, y sabe que necesitará repasar el tema en algún momento.
No recibe otra bolita húmeda en lo que resta de clase.
