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Category:
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Language:
Español
Stats:
Published:
2023-01-17
Words:
2,500
Chapters:
1/1
Kudos:
9
Hits:
144

In Our Bedroom After the War

Summary:

Escribí este fic el año pasado para el Priest Major Arcana Zine, lo pueden descargar acá.

Mi carta es "The Emperor" y el personaje, Chang Geng. Un vistazo a como es su vida siendo el Emperador. Dentro del zine encontraran la version en fanart de CG por Meri.

Notes:

eng version coming soon >:)

Work Text:

La capital de la Gran Liang había sufrido severos cambios en los últimos 25 años; el hijo de los cielos cambiaba de rostro a uno cada vez más joven pero no menos capaz. La familia Li tenía una reputación complicada entre la gente común, algunos tachaban al Antiguo Emperador por ser un hombre interesado en la danza y nunca en defender el país, sentado en el trono sin mover el más pequeño dedo para no tirar a la basura el esfuerzo del general Gu Shen.

La gente susurraba a donde iría a parar el pequeño Gu Yun.

Incluso si el Antiguo Emperador deseaba tirarlo al lodo y olvidarse de la familia Gu, expondría públicamente sus verdaderas intenciones. Así fue como el pequeño Marqués pudo tener éxito. Sin embargo, siempre encontraba una enorme barrera frente suyo, y los dioses sabían quién fue la persona que quiso restringirlo de manos y pies, desconfiando de él en todo momento.

Luego llegó el hijo del Antiguo Emperador, Li Feng, quien tenía una semilla enterrada en su interior llena de desconfianza hacia el único infeliz vivo de apellido Gu.

En cambio, esa vez fue diferente. En el tiempo cuando el Príncipe Heredero fue nombrado nuevo Emperador, apareció un Li Min, Chang Geng. El príncipe perdido, tan distintivo en aspecto y de mente abierta le recordaba a cualquiera a una suave brisa. Fresco y lleno de nuevas oportunidades.

 

Había un cuervo sobrevolando la capital justo sobre los tejados de algunas residencias, sus alas se desplegaron con elegancia cuando comenzó su vuelo y continuó en dirección al palacio lentamente, tal cual lo haría algún guardia del Campamento del Hierro Negro. El animal creaba círculos por encima de algunos lugares especiales, como el jardín del antiguo príncipe Yan, actualmente Emperador. La verdad era que el palacio siempre fue el destino final del cuervo, aunque no descansaba. Era su rutina cada día. Se mantuvo dando vueltas esperando ver una cabeza coronada. Aquella persona que quería proteger.

 

El sonido de la risa de Gu Yun desconcentraba a Chang Geng al máximo. Incluso si el Marqués se encontraba a una distancia lejana del palacio, los sirvientes notarían que el Emperador a veces giraba su rostro hacia la entrada, esperando a alguien en cualquier momento. Había un pequeño e inofensivo rumor entre todos ellos, algunos mencionaban que el Emperador ocasionalmente tenía esa “mirada de cachorro” cuando el Mariscal Gu no estaba cerca. Por supuesto, esto solo era visto por aquellas personas que estaban cerca del Emperador día y noche.

Chang Geng devolvió su mirada hacia el rostro de Gu Yun con una media sonrisa.

— ¿Qué es tan divertido?

Gu Yun no se detuvo en su lectura y le indicó a Chang Geng que continuara escribiendo en el papel para la corte del día siguiente.

En ese mismo momento, ambos estaban compartiendo un momento a solas luego de varios días corriendo en la otra dirección del otro. Chang Geng tenía demasiadas reuniones esa semana y no pudo acomodar algún tiempo libre para visitar a Gu Yun, tampoco le fue posible aligerar las tareas para el Mariscal. Normalmente enviaría a otros, crearía un elaborado plan para hacerle creer a Gu Yun que no tenían otra opción y que el Marqués del Orden debía quedarse.

Chang Geng le prometió que solo necesitaba terminar algunos papeles y podría otorgarle toda su atención.

Ya no existía un Hueso de la Impureza. No obstante, por la sangre de Chang Geng aquella maldición se mantuvo alojada en su cuerpo por muchos años y supo identificar cuales serían sus posibles reacciones ante algunas situaciones donde se viera afectado.

Si fuera por el Hueso de la Impureza, Chang Geng echaría a todo mundo solo para pasar tiempo con Gu Yun. En esos momentos en la corte de la mañana cuando Gu Yun estaba parado pacíficamente escuchando las conversaciones, Chang Geng movía su mirada hacia él discretamente. Algunas veces esas miradas eran devuelta y una que otra sonrisa también.

Chang Geng quería mucho a su general, incluso en ese momento cuando claramente lo estaba distrayendo a propósito.

Chang Geng suspiró en voz alta.

— Zi Xi, ¿Qué estás leyendo?

— Nada, nada. Termina tu trabajo.

 

— ¡Zi Xi!

Gu Yun estalló en carcajadas y se levantó rápidamente de su asiento.

Chang Geng estaba confundido y levantó una ceja.

— Su Majestad, realmente tiene demasiada miel en su boca.

Chang Geng le devolvió una mirada interrogativa y bajó la mirada hacia el papel en su mano. Desde el trono le era incapaz ver su contenido y aún menos cuando Gu Yun, el muy mezquino, lo dobló a la mitad y no respondió a ninguna de sus preguntas. El general se mantuvo sonriendo demasiado para su bienestar, idéntico a su reacción aquel año nuevo cuando Chang Geng le permitió unas vacaciones.
Aun así, el Emperador, o era muy atento o estaba enamorado perdidamente de este hombre. Definitivamente ambas.
En el momento cuando Gu Yun entró en la habitación, le dedicó cada segundo hasta cuando estaba concentrado en utilizar el pincel. Si Gu Yun hacía algún movimiento, Chang Geng regresaba la mitad de su atención hacia el mayor para observarlo. Por eso mismo supo que estaba desordenando algunas cartas no enviadas.

Chang Geng suspiró derrotado.

— ¿Estas leyendo una de las cartas?

Gu Yun estaba muy entretenido, otra risa escapó de sus labios.

— Así que hay más de estas. Su Majestad, creía que estaba muy ocupado ordenando más armaduras y Ziliujin para su General.

Chang Geng sostuvo su cabeza con una mano. Se había expuesto a sí mismo ante el sinvergüenza de Gu Zi Xi. Si tan solo no hubiera mencionado que existía una cantidad desconocida de cartas que había escrito mientras extrañaba a Gu Yun, anhelando estar junto a él y poder cuidarlo como nadie más sabía. En aquellos momentos de separación el Emperador se sumergía en sus pensamientos y, algunas veces, éstos amenazaban con consumirlo el resto del día. Afortunadamente, su recuperación del Hueso de la Impureza había sido exitosa y tanto el latido de su corazón como su mente estaban en total paz. Cualquier inconveniente no llegaba a ningún extremo y por mucho que echara de menos la presencia de Gu Yun, solo tenía que ser paciente.

Chang Geng y Gu Yun compartieron una larga mirada, uno riendo y el otro no tan contento.

El sonido de unos golpes en las puertas interrumpieron a los dos amantes, giraron la cabeza al mismo tiempo como si los hubieran encontrado haciendo algo terrible.

Chang Geng había instruido que nadie, ni por más cercano que fuera, podía entrar sin aviso cuando se encontraba con Gu Yun.

Chang Geng carraspeó la garganta.

— Puede pasar.

Gu Yun enderezó la espalda, obediente y callado.

Uno de los sirvientes más cercanos a Chang Geng, quien estaba junto a él la mayoría del tiempo, apareció frente a ellos y se inclinó.

— Su Majestad, me temo que se solicita una reunión urgentemente. Es sobre un crimen.

Chang Geng miró a Gu Yun de reojo y éste último estaba esperando su mirada. Se comunicaron con pequeños gestos, algo así como una apuesta sobre que podía estar sucediendo. El hombre que les dio el mensaje no podía estar más confundido.

Luego de eso, vino otro problema… Y luego otro. Resolvieron un caso de Ziliujin y reaparecieron algunos bandidos que deseaban la muerte mostrando su presencia. Ocurrieron tantas cosas que el Emperador apenas pudo sentarse a hacer pucheros por no pasar tiempo con Gu Yun. El destino no los quería en la misma esquina por más de diez minutos.
A pesar de todo su lloriqueo, era el Emperador y siempre intentaba estar presente en todo momento. Incluso en altas horas de la noche, era llamado en el momento que su cabeza tocaba la cálida cama de la Mansión del Mariscal. Los primeros meses dejaba escapar una o dos horas menos de sueño para cumplir sus deberes pero el mismo Gu Yun se dio cuenta de su incumplimiento de las reglas y lo regañó por eso. Poco a poco, Chang Geng descartó la idea de utilizar excusas y no sobreexplotar su cuerpo.

Habían pasado un mes y medio cuando Chang Geng y Gu Yun coincidieron en el mismo horario y día en su casa.

La Mansión estaba repleta de guardias y unos pocos sirvientes dispersos en el patio o la cocina, cada uno con sus distintas órdenes del Emperador.

Gu Yun estaba cepillando el cabello de Chang Geng suavemente, mientras realizaba una competencia de cual ser humano podía hablar más rápido sin parar.

La luz estaba cerca del rostro de Chang Geng y su sonrisa era iluminada frente al espejo.

— ¿Qué más quieres saber? Ya te dije todo, incluso me pediste que te cuente sobre el momento cuando recibí tu carta.

El Emperador no quitaba sus ojos del reflejo de Gu Yun, adorando cada palabra y sonrisa como si fuera la primera vez. Aquel brillo particular y un leve sonrojo que notaban los demás miembros del Consejo cuando Su Alteza miraba al Marqués del Orden continuaba allí. En un momento tan íntimo, Chang Geng no se reprimía en lo más mínimo y por eso mismo se levantó de su asiento sin responderle.

Sin más preámbulos, se acercó al mayor para juntar sus labios. Una mano apartó el monóculo de Gu Yun, la otra se aseguraba de acariciar suavemente el costado del rostro de su amante.

Chang Geng quiso besarlo desde el momento que cruzó la puerta.

— ¿Estás aprovechando el momento? No tendremos mucho tiempo mañana.

— ¿A qué te refieres?

Gu Yun soltó una risilla, creyendo que estaba bromeando.

— Su Majestad, dudo que pueda tener tiempo para usted mañana. Podré estar a su lado cuanto quiera, no lo dude. Pero habrán muchas personas.

Chang Geng se mantuvo pensativo un momento.

Gu Yun aprovechó la oportunidad para burlarse.

— No olvide sus modales, Su Majestad. Es de mala educación mirarme mucho en el banquete, ya se lo he advertido.

 

Y tal como Gu Yun lo predijo, el banquete no solo estaba preparado para las personas importantes de la capital. Era una oportunidad para escuchar a las personas de la Gran Liang, el Emperador estaba dispuesto a escuchar, razonar y debatir con las personas que quisieran presentarse. Era más que una puerta abierta, eran cientos de oportunidades para ambos lados. El nuevo Emperador era alguien a quien todos querían conocer, por supuesto. Para evitar algún lío, se impusieron algunas reglas y horarios. A mitad de la mañana se empezaría con las personas más adultas, quien quisiera mostrarle sus respetos al Emperador era bienvenido. Así mismo con los adultos, jóvenes y niños.

Chang Geng estaba entusiasmado por charlar con algunos niños, quería saber que tipo de vida tenían y si eran felices en sus casas. Prepararon algunos regalos para entretenerlos y con los que pudiesen jugar.

Los colores brillantes y el brillo de las armaduras alentaron a las personas que sintieron vergüenza a entrar cuando se le permitieron, la decoración era muy llamativa y el Emperador era un tesoro más.

Chang Geng vestía una larga túnica de color oro con hilos azules, su cabello negro estaba recogido en una coleta alta y su rostro era lo mas brillante en todo el banquete. Incluso las últimas personas en asistir corroboraron que el espíritu del Emperador era fuerte y joven, sin demostrar una gota de cansancio en todo el día.
A un lado de Chang Geng estaba Gu Yun, dispersos entre el público estaban Ge Chen y Cao ChunHua. Shen Yi estuvo ausente la mitad del día, ocupado organizando a las personas de afuera.

La comida era vasta y cualquier boca podría estar satisfecha, incluso los pequeños que no disfrutaban las verduras o el pescado.

Unos días antes, Chang Geng recibió la lista entera de todas las personas que iban a asistir. No todos eran personas afortunadas, algunos fueron elegidos de todos los rincones de la Gran Liang sin tener mucho favoritismo. Un gran ejemplo era el pescadero que le pidió al Emperador Tai Shi una mejor vivienda, dado que habían destruido su casa en la última guerra contra sus antiguos enemigos. Chang Geng le prometió mejores oportunidades y una casa asegurada pronto, cerca de esa zona.

Un niño de unos siete años empezó a llorar cuando estuvo frente al Emperador. El Marqués del Orden tuvo que cubrir su boca repleta de risas con disimulo. Las mujeres que acompañaron al grupo de niños no pudieron calmarlo.
Repentinamente, todos los presentes se congelaron cuando Su Alteza se levantó de su asiento y se adelantó algunos pasos con un dulce en la mano. Algunos minutos pasaron mientras intentaba convencer al pequeño de que su madre estaba cerca y pronto podría estar junto a ella.

Una de las personas que más se destacó en la mente de Chang Geng fue un joven de cabello oscuro. Su comportamiento era tímido y no alzaba su voz.

— Su Majestad, gracias por este día. Es un gran honor estar aquí.

— Es un placer conocer a tanta gente, ¿De dónde vienes?

El chico estuvo a punto de responder pero su boca no quiso cooperar. Comenzó de nuevo mientras inhalaba.

— No he venido a pedirle nada. O tal vez si… necesito alguien que me escuche. He perdido a alguien muy importante, esa persona esta pérdida. Hace 4 meses que no tengo noticias.

Chang Geng cesó cualquier sonrisa y asintió para que el contrario continuara.

— Bueno, esta persona se marchó hace unos meses para conseguir un puesto en el Campamento del Hierro Negro.

El joven observó a Gu Yun de reojo, quien estaba a unos pasos de distancia. Para su suerte, el Marqués del Orden ocupaba su mirada en los demás invitados.

Chang Geng no creía que estuviese tan concentrado, seguramente estaba intentando escuchar.

— Y así fue, nunca volvió. Los primeros meses creí que estaba siendo entrenado y esperaba que me enviara una carta. Pero nada. Cuando supe que podía venir aquí para charlar con alguien sobre esto, hice todo lo que pude para cruzar las tierras que me separaban de–.

El chico se interrumpió a sí mismo, Chang Geng creyó que comenzaría a llorar.

— Si pudieras darme su nombre, estoy seguro que podemos encontrarlo. Incluso si nunca llegó a la Capital, tal vez deba estar esperando el momento para enlistarse. Nuestros soldados han estado ocupados.

El rostro del muchacho se iluminó con las mismas llamas del sol. Si la persona que amaba cruzaba las puertas en ese momento, probablemente se desmayaría.

Chang Geng se congeló por un momento. Esa mirada le era muy familiar.

Discretamente giró su rostro hacia Gu Yun.
Todo el rostro del General gritaba “¡Es igual que tú!” y prosiguió a imitar aquella expresión triste de un cachorro abandonado.

Gu Yun susurró — Descarado.

Chang Geng frunció el ceño levemente y esperó a la siguiente persona.

¿Así era cuando pensaba en Gu Yun? ¿Cuando pensaba en él?

Los manga-cortadas realmente no sabían ocultarlo. Y se podían identificar entre ellos, como hizo Gu Yun.

Chang Geng conversó con todo tipo de personas ese día, cualquier tipo de charla era importante para acercarse a su gente.