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Taehyung está en el elevador esperando a llegar a su piso, sufriendo un terrible dolor de cabeza debido al largo día en su trabajo como fotógrafo de revista.
Las dolorosas puntadas en sus sienes se intensifican, cuando arriba a su puerta y escucha al torbellino de niños gritando y riendo adentro. Por supuesto, esa mañana de sábado su hijo Chiyo había invitado a sus amistades del edificio para pasar la tarde juntos. Tomando aire, coloca la llave en la cerradura y entra.
–¡Papi!– exclama alegremente el niño de unos nueve años de edad, y corre a darle un abrazo. Y aunque el sonido retumba en la cabeza de Taehyung, la expresión de alegría en la carita de su bebé vale totalmente la pena.
–Hola corazón, ¿Te estás divirtiendo?– deja su mochila en el suelo y se agacha a devolverle el abrazo al pequeño.
–Sipi. Yoongi y Namjoon tienen juegos nuevos. Y la mamá de Jisoo vino hace rato a traernos galletas. ¡Oye, era mi turno, tramposo!– se ríe Chiyo, y corre otra vez con sus amigos.
Taehyung se pone de pie, y camina hasta la cocina. Allí encuentra a Seokjin sentado a la mesa, trabajando en su laptop con sus auriculares puestos. Cuando ve a su marido en el marco de la puerta, se los quita y los pone en la mesa.
–Ahhh, qué bien. Chichi podría estar prendiéndole fuego a las cortinas, y tú ni enterado–, dice Tae, más en tono de broma que como reproche.
–Amor, nuestro hijo no es Bart Simpson, relájate–, murmura sonriendo, y se aleja en su silla para que su esposo pueda sentarse en su regazo.
Una vez que se sienta ahí, Tae recuesta la cabeza en su hombro y rodea su cintura con sus brazos. Estar otra vez con su familia es para él como un cable a tierra, que le quita todos los males que acumuló durante la jornada.
–¿Cómo estuvo tu día?– pregunta Taehyung, sin despegar la cara del cuello de su marido.
–Tranquilo, como todos los sábados. El caos comenzó cuando llegaron los amigos de Chichi–, se ríe Jin, y acaricia el hombro y el brazo de Tae. –¿Cómo estuvo el tuyo?
–Terrible. O sea, el trabajo fue normal, pero me dolió la cabeza toda la tarde, asique no veía la hora de volver a casa y descansar.
–Ow, bubu...– Seokjin le da un beso en la frente, como intentando aliviar así su dolor. –Ve a dormir un rato entonces, todavía falta mucho para la hora de cenar.
–De acuerdo, sólo quiero quedarme aquí un minutito más–, murmura con un tono de voz algo ronco, que denota lo cerca que está de quedarse dormido encima de su esposo.
Hasta que un nuevo grito de la jauría de niños en la sala lo sobresalta.
–Ya lo pensé mejor, y la habitación está bastante alejada de la sala–, murmura con una sonrisa cansada, y se pone de pie. –Me conviene ir ahí cuánto antes.
–Yo te despierto cuando sea hora de cenar. Los amigos de Chiyo ya se habrán ido para entonces–. Seokjin toma sus auriculares, y está a punto de colocárselos de nuevo.
–Ahhh, NO–. Como si le hubiera leído la mente, Taehyung se voltea y lo apunta con su dedo índice. –Nada de auriculares. Vigila a esos monstruitos.
Las amistades de Chichi no son tan traviesas como Tae lo hace parecer, sucede que tener a los hijos de sus vecinos es una responsabilidad gigante, aunque sólo sea durante unas pocas horas a la semana. Si algo llegara a sucederle a uno de los infantes, la culpa sería 100% de los dueños de casa, por eso insiste en que la pandilla esté bajo una vigilancia constante. Jin entiende perfectamente, y por eso desconecta los auriculares sin chistar.
–De acuerdo, lo haré. Descansa–, sonríe, y le guiña un ojo a su esposo antes de verlo desaparecer.
Pasan unos diez minutos en los que Seokjin adelanta un poco más de trabajo (él no debe trabajar los sábados, pero suele tomarse unas horas de ese día para adelantar tareas, y que así el lunes sea menos atareado). Luego cierra la laptop y se prepara un poco de café.
Con la humeante taza en su mano, se queda de pie en el marco de la cocina, lugar desde el cual puede observar a los pequeños humanos que habitan la sala.
Namjoon y Jisoo están sentados en la alfombra frente al televisor, jugando algún juego de supervivencia que no conoce. Detrás de ellos, sentados en el sofá, Jungkook y Jimin juegan a piedra, papel o tijeras por golpes en el antebrazo (juego que Jimin está perdiendo, a juzgar por lo enrojecida que tiene esa parte del brazo). No ve a Somin por ninguna parte, y tiene un mini ataque de pánico, hasta que la escucha entrando al baño.
Su retoño está con Hoseok, Yoongi y Bora junto a la mesa donde están las galletas, saboreándolas y riendo de Hobi que intenta decir “Filadelfia” sin escupir ninguna migaja. Uno de los pedazos de galleta ensalivada cae en la mejilla de Bora, todo mundo se ríe a carcajadas, y luego la niña hace una cara de asco.
Y entonces Chiyo toma una servilleta, y limpia la mejilla de Bora con una dulzura y delicadeza que le llama la atención.
Seokjin se recuesta en el marco, y sigue observando la interacción entre los dos infantes. Él ha notado este comportamiento durante las últimas reuniones de juegos, su hijo es particularmente dulce con la niña que vive un piso más abajo que ellos. Ella es casi un año mayor que Chichi, pero eso no impide que el chico sea deliberadamente dulce y protector con ella.
Chiyo podría estar viviendo su primer amor. A Jin se le retuerce el corazón con la idea de que su bebito esté creciendo tan rápido. Decide ahogar sus penas en su taza de café.
Una hora después, los padres y madres de los infantes vienen a buscarles. En cuanto todo mundo se ha ido, Chiyo se va a limpiar su cuarto de inmediato, porque ese es el trato. Sus papás le permiten reunir a sus amistades en casa, pero a cambio él debe mantener su habitación en orden.
Seokjin sigue pensando en que su pequeño podría estar enamorado, asique aprovecha que este se encuentra en su cuarto, y se va a despertar a su marido para hablarle de esto.
–TaeTae...– susurra, recostado a su lado, y lo sacude suave. –Despierta, bonito. ¿Cómo te sientes?
–Nghhh...– es el sonido que sale de sus labios cerrados, antes de abrir un ojo perezosamente. –Me siento mejor, gracias. ¿Ya vamos a cenar?
–No todavía, te desperté un poco antes porque quería hablarte de algo–, murmura.
Esas palabras hacen que Tae resfriegue sus ojos, y se siente en la cama. Jin también se sienta.
–¿Ese “algo” es malo o bueno?– pregunta, encendiendo la luz de noche a su lado.
–Es bueno–, susurra la siguiente parte, por si su hijo anda cerca de la puerta. –Creo que Chichi está enamorado de Bora.
–¿Mi nene lindo? ¿Enamorado? No puede ser, es muy pequeño, tiene sólo cuatro años.
–Tiene nueve, Taehyung.
–¡Calla, tiene cuatro!– Taehyung se tapa los oídos, para ignorar sus palabras. Jin quita las manos de los oídos de su esposo.
–Tú tienes cuatro años–, dice sonriendo. –Hablo en serio, deberías ver cómo la mira, le brillan los ojitos. Oh Tae, es hermoso. Quizás deberíamos preguntarle, sólo para saber si nuestras sospechas son correctas.
–TUS sospechas. Mi Chichi tiene sólo tres añitos, no puede estar enamorado.
Jin suelta una risa corta, porque Tae sigue quitándole años de edad a su hijo.
–Yo creo que él nos dirá si así lo decide. Siempre nos cuenta todo, dale algo de espacio–. Finalmente Tae está hablando en serio.
–¿Y qué tal si tiene vergüenza?– Jin suspira y ve la hora en su reloj de pulsera. –Ya debo preparar la cena, ¿Podemos seguir charlando de esto en un rato?
–Sí, mi amor–, responde Taehyung con ternura, y besa su mejilla haciendo unos soniditos lindos, antes de levantarse de la cama. –Voy a ducharme.
En efecto, a Chiyo le gusta mucho Bora. Lo que los adultos ignoran es que el niño está sufriendo por esto.
Hace poco aprendió en la escuela sobre cómo los genes son heredados de los padres a los hijos, y que en esos genes hay cosas como parecido físico, y también habilidades, gustos, disgustos y más aspectos que pasan de una generación a la siguiente. Él sabe que tiene dos padres, pero que es hijo biológico sólo de su papá Seokjin (le explicaron eso en detalle cuando tenía cinco). Asique si su papá Seokjin se enamoró de otro hombre, por genética a él también le deberían gustar los hombres. Así es como funcionan las cosas en su mente infantil.
Pero no. Esa niña tan bonita lo tiene soñando despierto todo el tiempo. Le gusta acariciar su cabello porque es muy suave, y le gusta la forma en que la niña se ríe con esa acción. Le gusta cuando habla de las cosas que le gustan, como los animalitos, y pintar, y contar cuentos de fantasmas. A Chiyo no le gustan mucho las historias, pero adora lo emocionada que Bora se pone al contarlas, asique escucha atentamente cada palabra que sale de su boca.
El niño termina de limpiar su habitación y se queda sentado en la orilla de su cama, pensando en que quizás hay algo anormal en él. Quizás sus padres se sentirían decepcionados si supieran que le gusta una niña y no un niño. Quizás es un error que le guste tanto Bora.
Sin embargo, lo que sí heredó genéticamente de Seokjin es la habilidad de ocultar lo que le sucede por dentro. Nada levanta la menor sospecha cuando su papá Taehyung lo llama a cenar.
Un rato después de cenar, la familia Kim está comiendo helado. Chichi les comenta a sus padres sobre todo lo que sucedió durante el paso de sus amistades por el departamento.
Seokjin repiquetea sus dedos contra su tazón de helado. Se está muriendo de la impaciencia, quiere aprovechar que el niño está hablando justamente de esto, para preguntarle por la linda vecina de abajo.
Taehyung ve las intenciones de su marido, y le lanza una mirada dura, acompañada de un firme “no” modulado en silencio.
También en silencio, Jin lo mira y se muerde el labio un segundo, suplicándole. Tae se mantiene firme, niega disimuladamente con la cabeza, y sigue comiendo su helado.
–Oye Chichi, y esta niña, ¿Cómo se llama? Ah, Bora...
–Ugh...– Taehyung deja caer la cuchara ruidosamente en el tazón, y se cubre el rostro con ambas manos, exasperado. Por supuesto que el hombre va a hacer lo que se le da la gana, a veces no sabe ni por qué gasta energías en discutir.
El niño mira el cambio en la actitud de sus dos padres, pero se apura en contestar tan normalmente como puede.
–S-sí, ¿Qué hay sobre ella, pa?
–Nada, es... Una niña muy agradable, ¿No? Y es bonita.
Taehyung pasea su mirada entre su marido y su hijo. Tiene sus manos cruzadas sobre sus labios, entrecerrando sus ojos mientras piensa en silencio en lo tremendamente equivocado que es presionar al niño así.
–Sí, Bora es... Es muy bonita, de verdad–. Una gama de colores rojizos comienza a expandirse en la carita del pobre Chiyo. Comienza a jugar con su helado nerviosamente.
–¿Hace cuánto que te gusta?– suelta Seokjin sin más, recostando el rostro en su mano mientras mira a su pequeño adorablemente ruborizado.
Chiyo sabe que no tiene escapatoria. Debe decirles la verdad, son sus padres, no puede retrasar más esto. Inhala una vez con sus ojos cerrados para darse valor, y luego los abre de nuevo.
–Como dos meses, o tres, no lo sé... Y-yo... Sé que quizás están decepcionados de mí, pero ustedes me dijeron muchas veces que los sentimientos nunca están mal, asique--
–Espera, espera, espera...– Tae interviene de repente, alzando sus manos. –Amor, ¿Cómo vamos a estar decepcionados de tí? ¿Por qué pensaste eso?
El niño mira a sus padres alternadamente, y se rasca la nuca.
–Ustedes están enamorados uno del otro, y yo soy su hijo. Se supone que también me deben gustar los niños igual que a ustedes, ¿No?
Lo siguiente es inevitable: Seokjin y Taehyung se miran y explotan en una ruidosa carcajada, que retumba en toda la sala. Chiyo los mira sin entender.
–¡Yah! Dejen de reírse–. El niño hace un mohín, cruzándose de brazos y arrugando el ceño.
–Aw, corazón, disculpa. Papi y yo no quisimos reírnos–, dice Jin, secándose las lágrimas en la esquina de sus ojos, aún bastante tentado, pero intentando detener su risa para no molestar más al niño.
–Claro que no, bebé... Ven, dame tu mano–, dice Tae sonriendo, e inclinándose sobre la mesa para sujetar la mano de su hijito.
Todavía molesto y confundido, Chiyo toma su mano, mientras su papá Seokjin le acaricia el cabello para tranquilizarlo.
–Chichi, el amor es amor–, comienza a explicar Tae amorosamente. –Podemos amar a cualquier tipo de persona, y eso no tiene nada que ver con qué tipo de persona amen nuestros padres, porque cada corazoncito de cada ser humano es diferente. Amar a alguien es la cosa más maravillosa que se puede sentir en esta vida, no debe importar si amamos a un hombre, a una mujer, o a una persona intersexual o con otra de las identidades sexuales que aprendiste en la escuela. Lo recuerdas, ¿Verdad?
–Sí, no son sólo niños y niñas, hay muchas otras opciones en medio que voy a saber identificar cuando crezca–, dice casi de memoria el niño.
–Y como hay tantas clases de personas, pensar en cuáles se debe amar y cuáles no es inútil. El corazón sabe lo que quiere, no sigue reglas–, continúa Jin. –Tal y como dijiste hace un momento, los sentimientos nunca están mal... Que te guste Bora no está mal, todo lo contrario, es hermoso porque significa que estás creciendo.
–Esa parte no es tan hermosa que digamos–, pucherea Tae, y acaricia la mejilla de su niño. –Yo quiero que seas mi nenito chiquito siempre.
–¡Yah! Deja de avergonzar a nuestro hijo–, se queja Seokjin. –Cielos, ya te veo en su graduación tomando el micrófono y diciendo “Agú, agú, ¿Dónde está mi niñito universitario? ¡Aquí ta!”.
–Prométeme que no lo vas a dejar hacer eso, papá–, suplica el niño.
–Lo voy a atar y amordazar a la silla, no te preocupes–, asegura Jin.
Taehyung hace una cara de asombro por el complot de padre e hijo en su contra. El resto de la noche continúa con más charlas familiares, pasando a una película en la sala (aprovechando que al otro día será domingo y podrán dormir hasta tarde), para finalmente ir todos a dormir casi a medianoche.
Sin embargo, al acostarse en la cama matrimonial, Seokjin tiene una sonrisa victoriosa en el rostro, que Taehyung reconoce al instante.
–No quiero decir “Te lo dije”, pero--
–Entonces no lo digas–, interrumpe Tae, acostándose en su lado de la cama y dándole la espalda.
–¿Bebé? Qué... ¿Por qué estás tan molesto? Sólo bromeaba, ven aquí–, murmura Jin, abrazándolo y dejando un beso en su hombro por encima de la tela del pijama.
–No es eso...– Taehyung se gira para quedar frente a su marido. Una expresión de profunda tristeza en su rostro, que hace añicos el corazón de Seokjin. –Tomé una mala decisión al pensar en no intervenir y darle su espacio y todo eso. Si me hubieras hecho caso, nuestro niño seguiría estando en el closet sin saberlo.
–¿En el closet?
–Sí, bueno es lo mismo, pero al revés. Estaba en el closet de los heteros–. Tae suelta una risita corta, pero no dura mucho antes de volver a verse desanimado. –No sé si tenga una conexión tan buena con Chichi como la que tienes tú. Quizás se debe a que es hijo tuyo y no mío, no lo sé y me hace sentir mal padre.
Seokjin se levanta de repente, apoyándose en su codo y mirando a su marido desde arriba, con una expresión de molestia.
–Kim Taehyung, te PROHIBO que vuelvas a llamarte “mal padre”, porque NO lo eres. Tú eres el mejor, ¿Me oíste?
–Pero cuando yo n--
–Pero NADA. No hay un manual de cómo criar hijos, siempre vamos a cometer errores. Deja de martirizarte así, precioso. Chiyo te adora–. Su tono se suaviza mientras baja para apoyar su frente contra la de Tae, mientras acaricia su mejilla. –Tus inseguridades te siguen molestando, y yo voy a seguir espantándolas. No pienso dejarlas ganar.
Tae sonríe, y besa la punta de la nariz de Jin.
–Te amo–, lo dice en un tono que encierra mucho. Es un te amo que significa “gracias”, “eres lo más importante”, “nunca me faltes” y muchas cosas más.
Seokjin responde con un beso rápido sobre los labios de Taehyung.
–¿Vamos a dormir?– dice Seokjin, acostándose boca arriba en su lado de la cama.
Como un gatito, Tae se escurre entre las sábanas y se sube a horcajadas sobre las caderas de su marido.
–En realidad...– ronronea, acercándose a su rostro y acariciando sus hombros, –No me puedo sacar de la cabeza la imagen de tí atándome y amordazándome.
Jin se ríe, y acaricia la espalda de Tae muy, muy lentamente.
–Eres un pervertido, pensando en sexo mientras hablábamos con nuestro hijo–, susurra en tono de reproche, pero procediendo a besar gustoso los labios de Taehyung.
