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El 12 de Grimmauld Place era una casa sombría y llena de objetos peligroso. A pesar de que la familia que residía allí era una familia mágica de gran importancia, se habían establecido en el Londres Muggle bajo un encantamiento Fidelius.
Sirius y Regulus Black, los hijos de esta familia, siempre encontraron cierta ironía en esta hecho. Después de todo la Casa Black es conocida por su desprecio hacía los muggles y por su ideología purista.
Años más tarde, cuando esta familia había desaparecido casi por completo, Harry y sus amigos debieron desaparecer para buscar los trozos de alma del Señor Oscuro, y no había mejor lugar para el ahijado de Sirius que la casona escondida, oscura y llena de secretos.
Fuera del ojos de la Orden, la oscuridad en Grimmauld Place había crecido como una enredadera. El malhumorado elfo doméstico, Kreacher, ya no se encargaba de limpiar, y más que nada pasaba sus días recordando tiempos mejores.
Cuando el trío de oro llegó no les importó el desorden ni el estado de la casa, sus cabezas estaban concentradas en la cruel guerra que se libraba puertas afuera y en averiguar en donde podrían estar los Horrocruxes, pero por sobre todo, saber quien había sido R.A.B, la última persona conocida en saber el paradero de el guardapelo.
Prepararon unas camas improvisadas en la sala de estar y trataron de conciliar el sueño, pero tenían demasiado en la mente a pesar del cansancio físico.
Ahora bien, no es un dato muy conocido en la población mágica general el hecho de que las casas mágicas tienen alma y magia propia, alimentada durante años por la familia que reside entre sus paredes, que saben en quien desconfiar y a quien develar sus secretos, que reconocen a su heredero legítimo y pueden ver y entender que es lo que necesita. Y la Casa de los Black no era de ninguna manera diferente, quería ayudar a su heredero, buscando en lo recóndito de sus paredes y recuerdos, hizo dormir al famoso trío de oro con un suave pulso mágico e implantó en su mente, tal cual un pensadero, una serie de memorias que los ayudarían en la guerra y le darían la paz merecida a dos de sus difuntos habitantes.
Dentro de la cabeza de los tres Gryffindors unos recuerdos transformados en sueños comienzan a tomar solidez y formar imágenes.
Está la casa, Grimmauld Place, mas limpia y luminosa, sigue teniendo colgadas las cabezas de los elfos anteriores, pero aún así se puede notar el cambio, el ambiente está rejuvenecido. Sirius ya está quemado del tapiz familiar, pero sin embargo el cuadro de la infame Señora Black no está. Un chico de no más de veinte años se ve caminando por el pasillo, es muy parecido al padrino de Harry, Sirius, pero tiene el cabello más corto y ligeramente rizado, camina con la elegancia de un sangre pura y sonríe, Hermione puede notar que lo hace con verdadera felicidad y las esquinas de sus ojos color tormenta se arrugan por el gesto.
Entra en la habitación contigua a la de Sirius, esta tiene un pequeño letrero dorado con letras grabadas que rezan: Regulus Arcturus Black.
Muy dentro de su mente confusa, el trío de oro reconoce las iniciales del nombre, pero enseguida sus ideas se pierden en la nebulosa de recuerdos ajenos que inunda su mente.
Mientras tanto el ya reconocido como Regulus Black está escondiendo una carta en una pequeña cajita de madera oscura, sus sonrisa permanece en su rostro, a pesar de que sus ojos se entristecen ligeramente por tener que esconder su correspondencia.
Regulus se va, pero la imagen no lo sigue y tal como una cámara, se acerca a la caja, y al sobre. Es de Sirius, se puede ver la elegante caligrafía en tinta de su padrino y Harry sonríe con nostalgia, el ojiverde solo necesita desear poder leer la carta para que el sobre se abra y las hojas medio arrugadas salgan a la luz.
No es ninguna sorpresa que la carta está dirigida a Regulus, el hermano de Sirius, en la carta este lo invita a conocer a su ahijado el martes 3 de febrero. Harry solloza, es 1981, el año en que sus padres fueron asesinados, casi 7 meses antes de eso.
La imagen está vez si se desplaza, ahora Regulus está en la sala de estar conversando con un definitivamente mejor conservado Kreacher.
“Amito Regulus, ¿tiene todo lo que necesita para las galletas del mestizo?”
El mencionado frunce el ceño, sin perder su expresión alegre.
“Ya hemos hablado de esto, Kreacher, tuve una reunión con mi hermano”. El elfo resopla inaudiblemente. “Nos reconciliamos y Harry es prácticamente mi sobrino, pero sí, tengo todo para las galletas, gracias.”
El elfo no estaba complacido pero parecía respetar la decisión del joven mago. Cuando estaba por volver a limpiar los trofeos, su amo lo interrumpe.
“Kreacher, tengo un trabajo para ti.”
El elfo solo levanta sus orejas puntiagudas, esperando. El pelinegro inspira hondo, inconscientemente esconde el brazo izquierdo detrás de su espalda. Ron frunce el ceño notando eso, es un mortífago.
“El Señor Oscuro pidió personalmente por ti. Quiere que hagas un trabajo para él. Ahora”
Kreacher y el trío de oro contuvieron una exclamación se sorpresa. Y aunque el elfo no estuviera muy de acuerdo con las acciones de ese monstruo cruel. Su amo Regulus era la persona más importante para él y una de las que más quería en este mundo, y no dudaría en hacer todo lo que el quisiera.
“Esta bien, amito Regulus”. Deja el paño que estaba ocupando y mira a Regulus esperando que le diera la indicación para irse.
“Kreacher, te ordeno que vuelvas, en cuanto el Señor Oscuro te deje libre tienes que volver, no importa que esté sucediendo, tú tienes que volver. ¿Está claro?”. Kreacher asiente y se desaparece con un ligero ¡Plop!
El Black solo suspira y se dirige a paso lento a la cocina, un poco más apagado pero aún así, feliz.
Con cuidado despeja la mesa de la cocina y saca un libro gigantesco y grueso de repostería inglesa. Hermione puede notar enseguida que es antiquísimo, las hojas son cafés y delgadas y las tapas están desgastadas, a tal punto que casi no se puede leer el titulo pintado en la tela oscura.
Regulus lo abre con cuidado y pasa las páginas con decisión, sabiendo que buscaba. Se detiene casi en la mitad y sonríe ligeramente con un poco de nostalgia. Comienza a leer la receta en voz alta y a sacar los ingredientes conforme era el momento mientras tarareaba una canción de Queen. El trío de oro solo lo miraba, curiosos.
Después de un rato, el pelinegro corta en formas de diversos animales las galletas y las pone en el horno. El olor a canela ya ha inundado la Casa, y con él, los recuerdos de infancia se entremezclan en la cabeza del trío junto con la historia que se desarrolla frente a sus ojos. Imágenes de los dos niños Black corriendo y jugando, siendo torturados por su madre, peleando, durmiendo juntos, separándose. Los confusos retazos de memorias tocan una fibra sensible del corazón de los Gryffindors y cuando un patronus interrumpe la nostálgica escena, los cuatro (incluido un Regulus preparando el glaseado) se sobresaltan.
El patronus en cuestión es un lobo enorme y peludo que se pasea con elegancia por la habitación, hasta sentarse etéreamente en la encimera de la cocina, frente a Regulus, el receptor del mensaje.
“¡Hola hermanito!”. El trío se sorprende por la voz enérgica y alegre de Sirius. “Estoy aquí en la casa de Prongs y Lily-flor pregunta si es que al final vendrás mañana, Harry está muy emocionado por verte”. Regulus sonríe con ternura mientras termina de batir la mezcla de limón y azúcar. Con cuidado le agrega tres gotas de colorante verde. Verde Slytherin. “Aún no puedo creer que MI PROPIO AHIJADO me haya traicionado de esta manera, prefiriendo a su tío de Slytherin, ¡Y solo te ha visto una vez! No es justo. Oh! Mira quien viene aquí, el pequeño traidor” Unos pequeños balbuceos de Harry se escuchan entre el dramatismo de su hermano, y Reg rueda los ojos, aún sonriendo. “¿Quieres ver al tío Reggie, Harry?” Harry solo ríe y exclama: “¡Dío Deggg, Dío Deggg!”
El mensaje termina de manera confusa y Regulus ríe entre dientes cálidamente, por el contrario Harry está llorando, siendo consolado por sus dos mejores amigos.
El ojigris deja la mezcla color verde de glaseado a un lado y se prepara para lanzar su propio patronus, pero justo cuando la tenue figura del cuervo comienza a formarse, el característico crujido de una aparición inunda la cocina.
Kreacher aparece, llorando y balbuceando cosas sin sentido, de las cuales solo una palabra se puede rescatar con claridad. Horrocrux.
De los hechos siguientes, el trío de oro no puede distinguirlos con claridad, solo son una vorágine de desesperación, miedo e ira. Lo único que saben es que las galletas seguían en el horno cuando Regulus se fue y el característico olor a quemado ya revolvía sus estómagos cuando el elfo volvió, solo, llorando y con un guardapelo colgando de sus manos temblorosas.
20.03.2022
