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Extrañando tu presencia

Summary:

Dolor de cabeza, cuerpo adolorido, escalofríos… es claro que Chifuyu no se encuentra bien, aun así no le parece tan grave, seguro se repondrá pronto. Sin embargo, algo que realmente llama su atención es aquella voz que sus oídos juran haber escuchado, es más, hasta en su piel percibe el aliento cálido de alguien que, en teoría, no debería ni siquiera poder estar ahí. Han pasado semanas desde Halloween y aun así, jamás creyó que tendría la oportunidad de volver a conversar con él.

Notes:

Contenido: Oneshot, yaoi, romance, drama, angst. Parte de la serie Angstruary 2022 propuesto por la página Es de fanfics.

Pareja: BajiFuyu (Baji Keisuke x Matsuno Chifuyu)

Disclaimer:
Hikari: Si, este reto está lleno de fanfics de Tokyo Revengers, pero es que es imposible no escribir cuando el amor a una shipp te cala tan dentro del corazón jajaja. En fin, no hace falta decir que ni Tokyo Revengers ni sus personajes me pertenecen, todo es auditoría de Ken Wakui, por lo que este fanfic fue escrito únicamente por ocio y no tiene fines lucrativos.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

#Angstruary 2022, 12 – Hallucinations (Alucinaciones)

-¡Chifuyu!- el joven saltó sobre su propio lugar cuando escuchó a su compañero, y capitán de la primera división de la ToMan, llamarlo repentinamente.- ¿Estás bien? Te noto distraído.

-¿Eh?- parpadeó un par de veces, recordando el lugar donde se encontraban. Ambos al fin habían logrado terminar de bajar, lo que a veces parecían, las interminables escaleras del santuario donde solían tener las reuniones la ToMan.

Por alguna extraña razón no podía recordar el momento en que habían empezado a bajarlas, en primer lugar. Se sentía realmente cansado y, aunque quiso mantener su mente en la conversación que tenía con Takemicchi, es como si su cerebro se hubiese apagado por algunos minutos.

-Estoy bien, supongo que solo un poco cansado.- su propia voz se escuchaba con un eco lejano para sí, pero decidió no mencionarlo, de por sí, Takemicchi ya le estaba mostrando ojos de genuina preocupación. Sonrió, tratando de transmitirle confianza, mientras se dirigía a su motocicleta.

Bueno, en realidad hace poco lo era, porque aquel vehículo en realidad era la que había estado usando Baji Keisuke no hace mucho tiempo atrás.

-¿Estás seguro de poder conducir así?- alterado, Takemicchi se acercó mientras Chifuyu se montaba en ella. Matsuno volvió a sonreír.

-Mi casa no está tan lejos. No te preocupes.- dando una palmada en el hombro de su compañero a modo de despedida, Chifuyu encendió el motor y no tardó en incorporarse en la vialidad.

Su cabeza le pesaba con anormalidad, mientras que sentía la brisa fría golpear su cara, es como si estuviese experimentando una sensación de calor debajo de sus ropas. Fueron varias veces las que aprovechó algún semáforo en rojo para secar su rostro, ya que había comenzado a sudar a pesar de no estar haciendo ejercicio alguno.

Probablemente los planetas se alinearon para que el joven Matsuno pudiese llegar a casa sin haber sufrido ningún tipo de accidente automovilístico, ya que no fueron pocas las veces que sintió que sus párpados se cerrarían a la mitad de una avenida. Con cansancio, dirigió su transporte al pequeño estacionamiento del complejo de departamentos en donde vivía. Es más, se permitió dejar salir un gran suspiro al momento en que apagaba el motor y dejar reposando sus brazos doblados sobre el manubrio.

-Debo subir…- se murmuró, negándose caer ante el sueño, a pesar de no tener realmente intensiones de moverse de su lugar.

-Peke J te está esperando…

-Lo sé, pero aquí…- al percatarse que una segunda persona se había dirigido a él, de inmediato irguió la espalda, volteando a ambos lados para tratar de encontrar al sujeto en cuestión. A pesar de ello, solamente pudo verificar su soledad.

-Esa voz era de…- pasó su mano helada sobre su nuca, donde hasta había creído percibir un aliento tibio de la supuesta voz.- No, es imposible.

Riéndose un poco de sí, al fin se dio el lujo de bajar de la motocicleta. Tomando su maletín escolar, sus botas miliares hicieron eco en los vacíos pasillos mientras subía con torpeza los escalones. Al llegar a su puerta, sus llaves parecían querer resbalar entre sus temblorosos dedos.

Diciendo algún altisonante entre dientes, fue  como logró meter la llave en la perilla y hacer ceder la puerta.

-Ya llegué…- su casa estaba inusualmente calmada, por lo general, el sonido del televisor o al menos de su madre tarareando alguna canción desde la cocina mientras preparaba la cena, era un común recibimiento. Pero ahora, todo estaba en calma, es más, hasta los focos se encontraban apagados, dejando que las luces de los vecinos fuesen la  única manera de ver entre aquella oscuridad.

-Oh es cierto… mamá dijo que estaría unos días con los abuelos…- cansado, se recargó en la pared más cercana. Ésta era la primera vez que su madre se permitía dejarlo solo en casa después de mucho tiempo.

Sabiendo que no sería regañado por el desorden, se quitó con las puntas de sus pies los zapatos, sin preocuparse de dejarlos alineados en el recibidor.

No dio ni siquiera dos pasos antes de sentir como un extraño pero peludo cuerpo se restregaba con suavidad en una de sus piernas. Bajando la mirada no costó trabajo descubrir la identidad del pequeño invitado.

-¿Tienes hambre, Peke J?- el minino maulló, como si en verdad estuviese contestando dicha pregunta. Pasó su lengua por sobre sus pequeños colmillos.

Chifuyu se agachó con la intensión de tomar entre sus brazos al gatito, sin embargo, el movimiento solo provocó que sintiera unas desagradables nauseas en la base de su estómago. Percibiendo como si la fuerza abandonara sus extremidades, le costó trabajo volverse a poner de pie, es más, ni siquiera hizo el intento de levantar a su mascota, quien solo recibió de su parte una caricia detrás de sus suaves orejas.

-Me siento peor de lo que creía…- cansado, palpó su propia frente, que estaba empapada de sudor, para verificar si es que tenía fiebre. No estaba completamente seguro de poder saberlo, ya que toda su piel estaba a la misma temperatura, pero lo supuso cuando sintió otro escalofrío recorrer su espalda.-Comamos y luego de eso descansaré un poco, ¿está bien?- nuevamente Peke J contestó con un maullido.

Jamás creyó que la sencilla tarea de vaciar comida al tazón de su gato y de buscar un envase de ramen instantáneo en su alacena fuese tan malditamente difícil. No fueron pocas las ocasiones en que su sentido del equilibrio se vio debilitado, y aunque él y la cocina seguían intactos no tardaría mucho para que el primer accidente sucediera.

-Estoy cansado… ni siquiera tengo apetito.- Chifuyu se dejó caer en la mesa del comedor, estirando sus brazos y dejando caer su cabeza sobre la madera.  No solamente la cabeza empezaba a darle vueltas, sino que una sensación de abandono y soledad lo comenzaban a invadir. Y no es que le incomodara quedarse solo en casa, no era la primera vez, pero… de alguna forma… es como si no hubiese ocurrido desde hace mucho tiempo.

“Ah, por supuesto. Siempre que no estaba mamá… solía estar con Baji-san” recordó, con tristeza, mientras pegaba lo más posible su frente a la superficie lisa. “Si no estábamos aquí, estábamos en el quinto piso, y su madre solía preparar la cena para mí también…”

-¿Cuándo fue la última vez que pasó…?

-Chifuyu, el agua está hirviendo.- Chifuyu parpadeó varias veces y, efectivamente, la tetera parecía llevar tiempo sonando por el agua burbujeante en su interior. Nuevamente se pasó la mano por la nuca… era extraño, así como también irracional.

-¿Baji-san?- nombró pero por supuesto, no recibió contestación de nada ni nadie. Incómodo, se dirigió a la cocina y se preparó, entre la lucha de la somnolencia y la alerta de sus sentidos, su sencilla cena.

Cuando se sintió satisfecho se percató que había dejado aproximadamente la mitad de la porción dentro del envase.

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-Me duele la cabeza…- se quejaba, cubriendo ambos ojos con la parte interna de su brazo. A pesar de mantener la luz apagada, todo resultaba extrañamente deslumbrante para Chifuyu. En algún momento había comenzado a jadear, estaba ahora más que claro que se encontraba enfermo, pero no tenía ni las fuerzas, ni la voluntad de levantarse para ir en busca de algún medicamento.

Sintió el momento en que algo se movió por la cama, pero  no tuvo que dirigir su vista cuando sintió unas peludas patitas recargarse sobre su pecho. Con su mano libre, hizo unas caricias y recibió un cálido ronroneo de satisfacción por parte de su minino.

-Te pondrás peor si no tomas ninguna medicina.

“De nuevo.”

“No, es imposible que él esté aquí.” Pensó, queriendo ignorar la voz que sus oídos juraban haber escuchado. “Está muerto. Yo mismo… yo mismo tuve su cuerpo desangrándose entre mis brazos…”.

-Oye Chifuyu, ¿me estás escuchando? Te has vuelto muy altanero si en verdad te atreves a ignorarme.

-Baji-san, sé que no estás aquí, así que deja de hablar, por favor.- murmuró, mientras se volteaba hacia uno de los lados, tratando de darle la espalda a la supuesta voz.

-Y eso que no hemos hablado después de tanto tiempo. En fin, si quieres que me callé, así lo haré.-Chifuyu frunció el ceño, aun con los párpados cerrados. Inhalaba y exhalaba con cuidado, tratando de percibir cualquier otro sonido fuera de lo normal.

-¿Baji-san?- no pudo evitar preguntar bajito, desesperado luego de varios minutos de silencio. Pudo escuchar como si el supuesto Keisuke hubiese hecho un ruidito con su garganta para indicarle que lo escuchaba.- ¿Sigues aquí?

-Tú me pediste que me callara, no que me fuera.- fue la directa contestación. Debido al cinismo impregnado en ésta, Chifuyu soltó un pequeño bufido burlón.- ¿Cómo te sientes?

-Bastante mal, debo confesar…- respondió con cautela, como si el hecho de levantar la voz hiciese que el supuesto ex primer capitán se esfumara de la habitación.

-Baji-san…-volvió a llamar, sintiendo siempre un espantoso alivio al escuchar su monosílabo como respuesta, haciéndole notar que seguía ahí.- ¿Has estado bien? ¿Comes apropiadamente?

No podía verlo al rostro, pero de alguna manera, Chifuyu imaginó que estaba sonriendo por su casual pregunta.

-Chifuyu, estoy muerto. No es como si necesitara comer de todas maneras.- a pesar de haberlo dicho a modo de mala broma, las palabras de Baji supusieron una realidad para el rubio, quien solo se limitó a morder fuertemente su labio inferior para contener el llanto que amenazaba por salir. Tal vez, y de manera increíble, Baji se percató de ello y continuó hablando.- Pero si, allá hay interminables porciones de yakisoba peyoung. ¿Aunque, sabes? Es curioso que aunque me encanta, siempre me siento satisfecho cuando llego a la mitad del plato. Será que me acostumbre demasiado a esa porción cuando ambos lo compartíamos.

-Yo también.- su voz parecía querer quebrarse.- Solo puedo comer la mitad…

Otro nuevo silencio se instaló entre ambos, aunque de alguna manera, fue mucho más reconfortante. Ahora fue el turno de Baji para comenzar a hablar.

-¿Y qué tal va ese tonto de Hanagaki Takemichi? - Preguntó, cambiando el tema completamente.- ¿En serio estás seguro de dejarle a cargo de la primera división? Yo lo veo bastante imposible para él.

-Es realmente confiable.- soltó una pequeña risita al contestar.- Puede ser un poco llorón a veces, pero realmente es del tipo de personas que siempre cumplen lo que dicen, no se rinde con facilidad.

La conversación fluyó sin prisas ni tropiezos. Hablaron un poco de todo, de Mikey, de Takemicchi, hasta del pequeño Peke J, que en algún momento había caído dormido a su lado. La charla continuaba sin tapujos, pero después de casi una hora de no parar de hablar, Chifuyu comenzó a sentir una molestia en su garganta, supuso que sería por su interminable parloteo, aun así, poco a poco la molestia comenzó a mayor, transformándose en pequeños ataques de tos.

-Lo siento.- se disculpó, jadeante luego de no poder hablar correctamente durante algunos segundos.

-Realmente está subiendo tu fiebre.- el aire terminó de abandonar sus pulmones cuando, sobre su propia piel, específicamente en su frente, sintió la mano rasposa de Baji tocándolo.

Ya no era solamente un tema de oír su voz o sentir su presencia. Baji Keisuke realmente lo estaba tocando, percibía la frialdad de su piel contra la suya. No podía negar que un par de lágrimas se deslizaron por sus mejillas y hasta tomó el atrevimiento de acercar su propia palma hacia esa mano ajena. Percibió la textura de su piel, sus nudillos, los gruesos huesos de sus dedos.

Justo como antes de que el muriera.

-Iré a ver si mi madre está en casa, tal vez ella podría ayudarte con…- cuando percibió que la mano estaba dispuesta a alejarse, el instinto de Chifuyu fue tomar con mayor fuerza para evitarlo, por supuesto, a pesar de no haber sido un agarre demasiado prominente, Baji decidió hacer caso mudo, dejándola en aquel lugar.

-No la he visto.- confiado en que Baji no se iría, relajó el agarre, hasta que solamente sus yemas se encontraban acariciando su rasposa piel.- Desde hace varias semanas… el día en que tú… en que falleciste Baji-san, no sé cómo pero ella ya estaba en el hospital cuando yo llegué, estaba llorando, era obvio… su único hijo había fallecido.

“Por mi culpa, porque yo no pude protegerte” se dijo mentalmente, incapaz de decirlo en voz alta.

-Cuando me miró ella, bueno, era de esperarse… no estaba demasiado contenta de verme.- basta con indagar un poco en sus recuerdos para que la cara consternada de la mujer viniese a su mente. Su maquillaje corrido por las cascadas de lágrimas, sus cejas fruncidas por el torbellino de sentimientos, sus labios resecos por la pérdida de aire…

Ni siquiera intentó defenderse cuando ella alzó la mano frente a él y terminó estampándose en una de sus mejillas. El impacto fue tan fuerte, que dio un par de pasos hacia atrás para no perder el equilibrio. Su piel ardía, pero ni siquiera eso era tan doloroso como el tener que volver a mirar a aquella mujer de frente.

Ella no dijo nada, pero sus ojos reflejaron todo lo que Chifuyu ya sabía. Dolor, decepción, furia, confusión. Tristeza.

-Varios días después de eso, ella vino a disculparse formalmente conmigo.- “no tenía por qué”.- Tu madre me dio tu motocicleta Baji-san… espero que no te moleste.- trató de reír, pero en su lugar, un llanto quebrado se hizo escuchar.

-Atrévete a hacerle algún rasguño o chocarla y considérate hombre muerto.- siguió el hilo de la broma. Su mano se había desplazado de la frente al cabello de Chifuyu. Inspeccionaba con lentitud y ternura las hebras teñidas del menor, pasando con delicadeza y ternura sus dedos entre sus cabellos.

-Pero, aun después de eso… me cuesta mucho poder verla a la cara… si me la encuentro de casualidad en la entrada o en las escaleras… solo la saludo antes de salir corriendo. Soy un cobarde.

Chifuyu siguió hablando, cada vez con mayor lentitud. Y aunque trataba de hacer algunas bromas durante su relato, eran cada vez menos las veces en que Baji también las seguía. Por supuesto, el estado de salud del menor solo parecía decaer con cada frase dicha.

El esfuerzo por hablar era tanto, que sentía asfixiarse después de pronunciar cada sílaba.

-Chifuyu, basta, en serio tu fiebre está subiendo demasiado.- interrumpió, nuevamente tratando de separarse, sin embargo ahora hizo uso de ambas manos para detenerlo, aun si debía usar todas sus fuerzas. No dejaría que se volviera a apartar de su lado.

-¡Baji-san! ¡Baji-san!- y finalmente lo hizo, rodó su cuerpo para al fin mirar el rostro con quien estuvo hablando todo el tiempo. Y pudo verlo de nuevo.

Su cabello tan negro y rebelde, cayendo a los lados de su rostro, levemente bronceado que detallaba de magnifica manera sus ojos castaños. Aquellos colmillos que sobresalían de manera traviesa de su boca, como si de algún animal o bestia se tratara. Vistiendo honorablemente el uniforme de la ToMan, la chaqueta de la primera división se le entallaba perfectamente en el cuerpo, al igual que el par de botas militares que eran parte del uniforme.

“Aquí estás, Baji-san. Aquí estas” pensaba convaleciente, tratando de enfocar su mirada a la persona de enfrente, no sabía si era causa del mareo o de las lágrimas, pero su vista comenzaba a nublarse cada vez más, queriendo llevarlo a las penumbras de la inconciencia.

Pero no, tenía el horrible presentimiento de que, una vez que él cerrara los ojos, no podría volver a verlo.

-¡Baji-san, yo…!- tenía que decírselo, no tendría otra oportunidad más que esa. Se reincorporó en la cama dando un rápido salto, queriendo hacer todo lo posible para que el azabache no se fuera de ninguna manera posible. Peke J saltó de su lugar y corrió despavorido, pero ni siquiera eso fue suficiente para desviar su atención.- ¡Yo…!

“Lo que siempre quise decirte, lo que supuse que tenía mucho tiempo para contártelo y siempre pospuse cuanto pude.”

“Eso que repetí incontables veces frente tu tumba y donde jamás obtuve respuesta.”

-Baji-san, yo estoy enamorado de…- Chifuyu no pudo terminar su oración, ya que Baji deshizo el agarre de su muñeca para que, en su lugar, pudiese rodear con sus brazos el cuerpo de Chifuyu. Sorprendido, el joven de ojos verdes, parpadeó varias veces, sin saber exactamente cómo debía reaccionar.

“Es él. Es él. Lo siento, lo huelo, lo veo. Él está aquí” pensó, sintiendo un alivio instantáneo en todo su cuerpo. Los fuertes y robustos brazos lo sostuvieron con tanta fuerza que comenzaba a dificultar su propia respiración, pero eso ni siquiera le importaba.

Subió los suyos por la espalda de Baji, para corresponder el abrazo. Juntó su nariz al hombro ajeno e inhaló pausadamente, percibiendo una tenue fragancia. “Cítricos… justo como siempre olía cada mañana antes de ir a la escuela”.

Una de sus manos subió un poco más hasta toparse con su cabello, largo y un poco enredado. Rio para sus adentros al notar un pequeño quejido de Baji cuando jaló de mas una pequeña hebra.

-Lo siento, Chifuyu.- la voz ronca de Baji llegó directamente a sus oídos.- Perdóname por golpearte aquella vez.- “Está bien”.- Por involucrarte en todas mis tonterías.- “Es un gusto acompañarte”.- Perdóname por… morir en tus brazos.

“Pero estás aquí. Ahora mismo estás aquí”.

Su vista era cada vez más enmarcada en una nebulosa negra. Sentía un sueño terrible a pesar de querer mantenerse despierto. Su cuerpo temblaba y aunque trataba de hablar, las palabras se quedaban como simples movimientos torpes de labios sin sonido alguno “Baji-san” repetía como una letanía mental, esperando que el otro pudiese escuchar sus pensamientos.

En algún momento, finalmente, perdió la conciencia. Tratando únicamente de terminar aquella frase que jamás logró decir en voz alta ante la presencia de Keisuke.

“Estoy enamorado de ti, Baji-san.”

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-¡Chifuyu!- el rostro de su madre fue lo primero que vio al despertar. La luz que se filtraba por las ventanas lastimó sus retinas, así que tuvo que parpadear varias veces antes de poder acostumbrarse. Un punzante dolor de cabeza impidió que su mente pudiese trabajar de inmediato. Confundido, pasó su mirada por todo el lugar en donde se encontraba.

Aquella, definitivamente, no era su habitación.

“¿Un hospital?” se preguntó a sí mismo, ya que no sentía ni siquiera las fuerzas necesarias para hablar.

-¡No me vuelvas a dar esos sustos! ¿¡Sabes lo angustiada que estuve durante todo el camino de regreso?! ¡Casi le grito al conductor del tren para que fuese más deprisa!

-¿Pero qué…?- su voz salió ronca, sintiendo un ardor instantáneo en su garganta.

¿-No lo recuerdas? ¡¡¡Tenías 40° C. de fiebre!!! ¡40°! La madre de Keisuke-kun fue la que te encontró delirando en tu habitación. ¿¡Se puede saber por qué no tomaste un poco de medicina si te sentías tan mal?! ¡Pudiste haberme llamado!

-No grites… por favor.- pidió mientras cerraba con fuerza los ojos. Parece ser que el dolor de su cabeza no era solamente eso, sino una irritable migraña que se acrecentada cada vez más con los gritos de su madre.

Finalmente, las piezas de su mente comenzaban a unirse poco a poco. Sabía que estaba mal, pero jamás creyó que tanto… ¿y cómo es que la madre de Baji-san supo lo que estaba sucediendo?

Las preguntas eran fácilmente leídas en sus expresiones así que, tratando de calmarse, su madre dio un largo suspiro antes de proseguir.

-El pequeño Peke J volvió a subir hasta el quinto piso. Ella dice que es normal verlo por ahí, supongo que sigue buscando encontrarse con Keisuke-kun.- la mirada de la mujer se entrecerró con tristeza, por supuesto, Chifuyu entendió las razones.- Pero ayer estaba mucho más alterado de lo normal, así que decidió bajarlo para preguntarte si ocurría algo. Cuando vio las luces prendidas pero que nadie le contestaba la puerta, fue que entró y te encontró jadeando en tu cama.

“Ah mierda, de entre todas las personas…” pensó abochornado e incómodo. No es como si le cayese mal la señora, es más, la pobre mujer parecía bastante apenada cada vez que ambos se encontraban en algún lugar del complejo de departamentos, pero aún existía ese ambiente incómodo de no saber cómo actuar uno frente al otro, por lo general, Chifuyu decidía huir de ella tras unos rápidos saludos y ella, por su parte, había decidido darle su espacio al pobre chico adolescente.

Sin embargo, la madre de Chifuyu decidió omitir un pequeño detalle. Por supuesto, la señora Baji se había encargado de llamar a una ambulancia y mantenerla al pendiente mientras Matsuno tomaba el tren más rápido que la llevara de regreso a la ciudad. Sin embargo, ella no omitió decir que, mientras esperaban a que la ayuda llegara, el joven Chifuyu estuvo repitiendo incoherencias  y frases incompletas.

“Baji-san” fue la más recurrente, seguida de “enamorado de ti”.

No tuvo que hacer un gran análisis para comprender lo que estaba imaginando el chico mientras era víctima de la fiebre.

-¿Mamá?- preguntó el rubio, al notar que su madre se había quedado en silencio mucho tiempo.- Lo siento, no creí que fuese tan grave…

Soltó un suspiro cansado, tratando de evitar el impulso de darle un buen merecido regaño a su hijo, ya en casa tendría tiempo de sobre para hacerlo.

-El doctor dice que probablemente haya sido resultado de tu estrés combinado con algún resfriado.- comenzó nuevamente a explicar.- Después de lo de… Halloween, seguramente no te diste el tiempo para asimilar todo, así que fue por eso que terminaste aquí.- la señora Matsuno pasó de forma delicada su mano sobre el cabello de su hijo, a modo de una tierna caricia maternal. Chifuyu, aceptándola, solo bajó levemente la cabeza.- Tu amigo Takemichi vino hoy en la mañana pero seguías dormido. Seguramente venga después de clases para ver cómo te encuentras.- sonriéndole nuevamente, se levantó de la silla donde estaba, no sin antes darle un pequeño e inofensivo pellizco en la mejilla.- Iré a decirle al doctor que estás despierto.

-Lo siento.- avergonzado, dijo una disculpa entre dientes, que su madre contestó simplemente con una sonrisa antes de dirigirse a la salida.- Mamá.- llamó para detenerla, antes de que se fuera.

Dispuesto a decir algo, abrió su boca, sin embargo, se arrepintió al último momento así que terminó negando con su cabeza en silencio segundos después.

-Gracias, perdón por preocuparte.- ella, asintió con cariño antes de esta vez sí, salir de la habitación.

Cuando se supo solo, soltó un enorme suspiro, cubriendo sus ojos con ambas manos, para tratar de despejar un poco su confundida mente.

Lo recordaba. Lo recordaba tan perfectamente que no podía sentirse más que patético.

Aquella noche juraba haber estado hablando con él. De haberlo escuchado, olido, sentido… era como si en verdad esa tarde de Halloween jamás hubiese pasado.

¿Cómo es que un delirio, un simple sueño, una alucinación creada por su propia ente, podía ser tan hermosa y cruel al mismo tiempo? Había sido fantástico, hablar con él por tanto tiempo, volver a tocarlo, decirle lo que llevaba guardado en su pecho tanto tiempo… y a la vez, pensar que todo ello fue solamente mera fantasía creada por su propia mente.

Sintió las lágrimas al borde de sus parpados nuevamente.

No importa cuántas veces lo nombrara, él jamás regresaría. A pesar de saberlo, alguna parte de su ser aún se negaba a creerlo.

Y lo seguiría llamando, aun si la única manera en que pudiesen reencontrarse, era dentro de sus propios sueños y fantasías.

Notes:

Hikari: Ya era hora de hacer algo para mi OTP sin Kazutora de por medio jajajaja. Este fanfic lo escribí en un horrible momento de inspiración durante la oficina, debo de hacer eso se los juro. Espero que hayan disfrutado de la lectura y espero que nos volvamos a ver muy pronto. ¡Bye bye-perowna!

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