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Tres partes de destino y siete partes de valor

Summary:

Jiang Cheng entró a reclusión. Ni siquiera los ruegos de Jin Ling evitaron el destino que el líder de la secta Yunmeng escogió para sí. En medio de la desesperación, el joven recurre a la leyenda de un par de dioses que se adoran juntos. ¿Sus oraciones serán escuchadas?
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O como Jin Ling pide al inmortal dios de la chatarra y al rey fantasma fuerzas para su jiujiu y ayuda para él ahora que debe tomar el control de una secta.

Notes:

-Este es mi fic autoindulgente porque no me gustó el final que le dieron a JC y me dolió demasiado, pero para eso está el fanfiction.
-No pude evitar hacer el paralelismo entre las pérdidas de Jiang Cheng y las de Xie Lian así que me di el placer de resolverlo.
-Está basado en lo que ocurre en el donghua con ligeras menciones de la novela en el pasado.
-Me perdonan si no uso bien los nombres y términos, ¡lo intenté!
-Hay breves apariciones de Hua Cheng y Xie Lian.

Esta es la primera parte de la serie: Intentra lo imposible, mi post-canon personal de MDZS donde Jiang Cheng será feliz.

Chapter 1: Tres partes de destino (Parte I)

Chapter Text

Jin Ling lo escuchó esa tarde, en un pueblo de Yunmeng Jiang. Tenía a Hada entre sus piernas y estaba sentado en las piedras frente al río mientras aún lloraba por las palabras de su tío, cuya reclusión parecía una certeza irrefutable. Zidian giraba entre sus dedos.

«Adorar a este par de figuras da el doble de suerte y el doble de invencibilidad», dijo la anciana mientras admiraba el nuevo altar, «es de muy buena suerte».

Jin Ling solo escuchó esa vez y grabó los nombres de ambos. El dios inmortal de la chatarra y el rey fantasma. ¿Qué clase de dioses serían esos para adorar? ¡Tonterías! Pero los miró, con ansiedad. La figura de ambos en tallas humildes.

«Ellos escuchan las oraciones de las personas comunes», insistía la anciana, como si tuviera que demostrar su punto a los incrédulos, «Salvaron a mi padre».

Jin Ling no tuvo padre ni madre; la guerra, el complot y la desgracia se los había arrebatado antes de poder memorizar uno de sus rostros o tan siquiera sus voces. Jin Ling tenía dos tíos que fueron como sus padres y cuidaron de él: uno participó en el complot que le dio la muerte a su padre para tomar el poder, el otro estaba encerrado y desecho. Los ojos de su jiujiu se encontraban tan vacíos, tan… parecía un cascarón hueco cuando fue a llorarle para que regresara.

Le pidió tiempo. Darle tiempo. Jin Ling no sabía ser paciente, pero tendría que hacerlo.

No sabía ser líder, pero tendría que hacerlo.

Hada se plegó a él en un gemido lastimero. Se subió sobre sus patas para alcanzar las lágrimas que mojaban de nuevo su mejilla. Se sentía tan duro, tan solitario. No quería volver y seguir escuchando los cuchicheos de los pasillos, los reclamos frente a su rostro, las acusaciones sobre su xiao shushu y las burlas sobre su jiujiu. Se sentía desamparado.

Pero tendría que ser fuerte. Esperaría.

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Semanas más tarde, la petición del heredero de la secta Lanling Jin dejó sorprendidos a los ancianos. Jin Ling tuvo que gritar, patalear y rabiar para que hicieran caso a su solicitud. Odió la mirada displicente de la mayoría de ellos. Odió la forma en que sacaban a su xiao shushu a colación para lastimarlo.

No, no iba a correr a Muelle de Loto para llorar ante la habitación cerrada de su jiujiu como algunos se atrevieron a decir. No, no iba a flaquear aún si sentía que estaba caminando en una piscina afilada de espadas que atravesarían su piel.

A pesar de los cuchicheos y de las malas intenciones que hubo entre muchos de ellos, y cómo los otros líderes empezaron a cuestionar en los pasillos, las estatuas de ambos dioses fueron instaladas en el interior de sus aposentos.

En la habitación, Hada miraba las estatuas con fascinación, como si quisiera morderlas a placer. Jin Ling le instó con un movimiento en su correa, antes de hacer una reverencia ante ellas, tras haber encendido el incienso y colocar sus ofrendas.

—Dios inmortal de la chatarra, rey fantasma, solo tengo dos peticiones —cerró sus ojos, juntando sus manos sin inclinarse, pues había escuchado que al dios inmortal no le agradaba eso—. Mi jiujiu es el líder de la secta Yunmeng Jiang. En este momento está recluido, no quiere ver a nadie y ha dejado el poder a cargo de su segundo al mando. Yo… pido por su protección y fuerza. Que mi tío pueda salir pronto… que todo lo que le duele se vaya. Yo… yo no soy lo s-suficiente f-fuerte. L-lo voy a intent-tar. Pero él… él necesita fuerzas. Dios inmortal de la chatarra, tú… ¿p-podrías darle de t-tu fuerza?

Tragó. Respiró hondo y controló el nudo de su garganta.

—L-la segunda petición —aclaró su voz, más seguro—. Ayúdenme a ser un buen líder de secta. Un buen líder de secta como lo fue xiao shushu y cómo lo es jiujiu. Quiero hacerlo bien.

Abrió sus ojos ante ambas figuras. Le pareció ver que la blanca estatua del dios inmortal de la chatarra adquiría un tono dorado, casi como si brillara. Esa sensación se desvaneció al siguiente pestañeo, pero acarició su corazón.

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No hubo día que el incienso no fuera encendido, que la oración no subiera con el humo y que la estatua blanca no brillara levemente de dorado cuando la oración acababa. Jin Ling no vio nada diferente; no salió de su reclusión su jiujiu, ni los rumores y cuchicheos bajarán de tono tras ellos. Pero él siguió orando, a veces enojándose, a veces pidiendo disculpas al dios inmortal por su impaciencia. Prometía esperar.

Escribía entonces una carta a su tío, le decía que todo estaba bien, que estaba aprendiendo a manejar la secta y que le demostraría que podría ser un gran líder. Le hablaba de Hada y lo traviesa que era y evitaba mencionar los problemas que tenía con la insolencia de los ancianos y otros líderes de secta. Le pedía que comiera bien y durmiera bien, como si fuera él el padre y su tío un adolescente que debía ser cuidado. Varias veces lloró frente a sus propias palabras.

Y el incienso se encendía al día siguiente, la oración se elevaba con más fervor y él estaba completamente seguro de que solo un dios podría ayudar a su tío, sobre todo un dios como el dios inmortal de la chatarra.

Uno de los rumores decía que era el dios que guardaba la paz, era el más fuerte, pero al mismo tiempo era el que evitaba pelear. Y su tío necesitaba eso: paz.

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Pasó una semana cuando, caminando en el pasillo de la enorme construcción, escuchó claramente una voz profunda y clara sobre su oreja: «no creas lo que vienen a decirte». Cuando se giró, Jin Ling vio la pequeña figura de una mariposa plateada volando cerca hasta perderse en el aire. Justo antes de pensar en lo que significaba, llegó detrás de él un líder de secta, hablando de una invasión. Jin Ling lo miró con sorpresa, su oreja aún sentía el ardor de esas palabras.

«No creas lo que vienen a decirte».

Decidió hacer caso. En vez de salir corriendo con Hada para lo que creía podía ser una cacería, llamó a los ancianos para comprobar la información. El líder se retractó, excusándose que había recibido información errónea.

Días después, ante la comida que le sirvieron, la voz volvió a escucharse clara y profunda en su oreja: «No bebas el té, está envenenado». Jin Ling lo miró con la garganta cerrada y observó a sus alrededores como si su corazón se encontrara paralizado. Lo dejó a un lado y miró la mariposa plateada posándose sobre la taza de té.

—Mi señor, ¿no beberá el té? —ofreció aquel con una sonrisa forzada. Jin Ling lo miró con avidez.

—No. No quiero té.

«No vayas a esta cacería».

Agradeció la invitación, pero indicó que tenía que revisar unos pergaminos.

«No creas lo que dice ese líder. Es mentira».

Escuchó con atención todo lo que dijo, pero no creyó una palabra.

«Ten cuidado con esta reunión. Mira bien los rostros de quién te ha convocado».

Instrucciones claras, precisas, aterradoras. Jin Ling terminaba el día con el corazón en un puño, sintiendo que apenas era capaz de ver de dónde vendrían las flechas que atacarán a su pecho para sacarlo del camino de los otros clanes.

«No te irrites por eso. Déjalos hablar».

Apretó sus puños a los costados y los dejó hablar, jurando recordar esta afrenta.

«Controla tu genio. No les deje saber que pueden lastimarte».

No cayó a las provocaciones cuando mencionaban su falta de padres y continuó caminando.

«Atiende esta petición, es un aliado».

Atendió al llamado de ese líder, ofreciéndole lo que pedía e incluso un poco más. El hombre le miró con ojos brillantes, agradecido.

«Recuerda a quienes apoyas, no olvides tus deudas y quienes te deben».

Las instrucciones podrían ser fáciles de llevar a cabo, en su mayoría, pero no había con quien hablar de sus miedos, de sus dudas. Nada sobre a dónde llevar su secta, nada sobre cómo avanzar y convertirse en un líder. No podía ser que liderar solo se tratara de evadir flechas.

«Lee lo que han hecho los otros antes de ti», escuchó en medio de un sueño. «Deja de perder el tiempo».

En la biblioteca de su xiao shushu, encontró documentación de todo lo que había hecho él y los que estuvieron antes de él. Decidió encerrarse largas horas dentro de ese lugar para estudiarlo todo. Se horrorizó con muchas cosas, otras las guardó para intentar analizarlas mejor. Leyó sobre sus administraciones, acompañado por una mariposa plateada que iba y venía señalándole algunos manuscritos para que le diera prioridad sobre otros.

El incienso seguía subiendo día a día. La oración continuaba, sin dejar de dar agradecimientos.

—Gracias por mantenerme a salvo. Gracias por decirme qué hacer, gracias por alertarme, pero… —susurró un día—. Me sigo sintiendo solo.

Nunca hizo un amigo en su secta, todos fueron enemigos que lo molestaron incansablemente. Siempre estuvo bajo el refugio de xiao shushu y jiujiu. Ninguno de los dos estaba.

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Entonces, una tarde salió con Hada, dispuesto a alejarse de todo lo que lo agobiaba dentro de la torre Koi. Dejó que su perra corriera con libertad, hasta que se detuvo moviendo la cola bajo los píes de un joven adinerado.

Jin Ling lo miró con atención. No conocía unas túnicas de sectas que se vieran de esa manera, tampoco tenía ningún tipo de símbolo o marca que lo adjudicara a ninguna. Sus ropas se veían costosas, de muy bien material y diferentes. Tenía el cabello negro como tinta, recogido en una cola alta y medio doblada. Sus ojos negros dejaron de prestar atención a la perra que se deleitaba con las caricias contra sus orejas, para subir hacia donde estaba él. Una mariposa estaba sobre su hombro, plateada y traslúcida.

Su corazón se paralizó. Apenas un chasquido de energía espiritual emitida y su núcleo sintió la masiva energía demoníaca que estaba en ese chico. De forma inconsciente, tomó el mando de Suihua.

—¿Es así como tratas a un aliado? —el chico levantó una ceja oscura.

—Tú… eres.

—Soy el que está escuchando tus oraciones, por supuesto.

Jin Ling dejó escapar el aire. Alejó su mano de la espada mientras el chico se puso de píe, ignorando a Hada.

—Pero… ¿te ves…?

—¿Como alguien común? —«no precisamente», pensó Jin Ling, porque sus ropas y accesorios eran demasiado llamativos—. Imaginé que esta forma haría más sencillo visitar la torre Koi.

Se veía indiferente, mientras extendía un par de dados. Jin Ling los tomó sin entender.

—Cada vez que eleves una oración, frota la mano del rey fantasma y lanza los dados. Si estoy de mal humor, no vendré. Si estoy de buen humor, pasaré unas horas revisando cómo avanzas.

—Y jiujiu… —preguntó, con la vista en los dados—. Él como…

—Está en manos de Su Alteza. No puede estar en mejor cuidado. —Pasó a su lado. Pero al girar su rostro, Jin Ling no encontró nada.

Sin embargo, obedeció a las palabras de aquel rey fantasma e hizo lo que dijo. Decidió en qué momentos quería la presencia y en cuáles no. La mayoría de las veces no apareció y se frustró, pero cuando un día atendió su llamado, el joven atravesó la torre Koi y sorprendió a los ancianos de la secta. Jin Ling de inmediato lo trató como un amigo, dio órdenes de que le dieran paso, sin importar a qué hora viniera. Él sonrió con la travesura en el filo de sus labios.

—¿Qué quieres hacer? —le preguntó, esa tarde revisando los mapas y pergaminos en la mesa.

Xiao shushu levantó torres de vigilancia durante su liderazgo de las sectas. Yo… quiero continuar con esto. Se detuvo desde que xiao shushu… —Jin Ling miró al joven a su lado, sentado mientras contemplaba indiferente uno de los mapas—. Sé que nadie quiere hablar de él, pero creo que esto era bueno… La gente común se sintió protegida por estas torres.

—Entonces continúalo —arrojó el mapa, marcando las torres que no se llegaron a construir.

—Pero si lo hago, los ancianos reclamarán. No quieren nada de lo que hizo xiao shushu, solo dicen… las cosas malas que hizo.

—He leído sobre él —dijo—. Las personas que, como él, nacieron lejos de la gloria, no tienen otro remedio que tomar el poder de quienes lo poseen. Lo interesante es qué hacen sobre ese poder. Algunos usan el poder para aplastar. Otros lo usan para ayudar a la gente común.

Xiao shushu hizo cosas terribles, pero yo no puedo odiarlo.

—No lo odies.

—Pero quiero ser mejor que él.

—Entonces lee —señaló un cuaderno sobre la pila de libros—. Revisa los registros financieros de tu xiao shushu y cobra sus deudas. —Jin Ling sacó el cuaderno y lo abrió—. Gobernar en tiempo de paz es muy complicado. Las alianzas son demasiados frágiles, las lealtades, complejas. Si deseas un consejo de mi parte, trata todo lo que concierne a tu secta como un intercambio mercantil: no hay nada más justo y fácil de sobrellevar que eso. Paga tus deudas y cobra lo que te deben.

Siguió el consejo.

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Al primero que contactó fue al líder de la secta Gusu Lan, Lan XiChen. Lo recibió como el líder de su propia secta, a pesar de las miradas desdeñosas que aún estaban a su alrededor. Lan XiChen saludó a Jin Ling con respeto y juntos se dirigieron al lugar donde hablarían sobre el destino de las sectas de los cultivos. Ninguno pasó esta ocasión desapercibida, sintieron su piel conmoverse ante el peligroso movimiento del joven amo.

Lan XiChen escuchó con dejos de incredulidad, sorpresa y admiración. Pudo ver la ferocidad con la que Jiang Cheng se presentó ante los líderes de las sectas cuando se preparaban para la campaña para derribar el Sol, tomando su lugar, a pesar de estar armado con un puñado de hombres en nombre de Yunmeng Jiang. Pudo identificar la pasión de su hermano jurado cuando hablaba del bienestar que traería las torres de vigilancias para proteger a las zonas más vulnerables. Su corazón se llenó de calidez, cuando Jin Ling fue despojando sus nervios para hablar lo que quería hacer.

—Cuenta con el apoyo de Gusu Lan.

Eso era lo que Jin Ling esperaba.

—Joven líder de la secta Jin, ¿puedo hacerle una pregunta?

—Sí, líder de la secta Lan.

—¿Ha pensado en las implicaciones de continuar con los planes de A-Yao para los ancianos de su secta?

—Sí. Pero no permitiré que sigan hablando mal de mi xiao shushu. Ya ha sido juzgado.

—Entiendo... —Una sonrisa calmada adornó sus labios—. Entonces, que así sea.

Para la reunión con los ancianos, Jin Ling tomó Zidian. La había mantenido guardada durante meses porque, a pesar de que su jiujiu la entregó para protegerlo, prometiéndole volver pronto, no quiso usarla y sentir que él estaba lejos. Pero ese joven le dijo la noche anterior: «ese es el respaldo de la secta Yunmeng Jiang, demuéstralo».

Vistió a Zidian y a la espada de su padre Suihua, antes de enfrentarse al consejo de anciano. Como esperó, el rechazo y la resistencia vino de inmediato.

«Escucha en silencio. Óyelos. Toma todo lo que dicen y úsalo a tu favor».

—¡Todos conocen la paz que vivió el mundo del cultivo con las torres de vigilancias que se construyeron!

«No cedas. Cuando argumenten algo que no sepas responder, responde con otra pregunta».

—¿Están diciendo que debemos abandonar a la gente que se encuentran fuera de los territorios de las torres de vigilancias, sin ningún tipo de protección?

«No caigas en provocaciones. Que te den pruebas de sus acusaciones. Si las tienen, toma el tiempo de analizarla antes de emitir un juicio»

—No hay ninguna prueba de que el dinero se haya desviado. ¿O tiene usted alguna que no me haya mostrado?

Jin Ling apretó sus mandíbulas cuando quiso gritar, contuvo el aire cuando quiso ladrar. Repentinamente, recibió consuelo al tocar a Zidian en sus dedos.

También se percató de cómo aquello tensó a los ancianos que lo miraban.

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«Ve a esa cacería nocturna, pero quédate atento. Es una trampa».

Con la advertencia en su espalda, Jin Ling fue. Zidian picaba en sus dedos, Hada estaba al pendiente y Suihua descansaba a su lado, esperando ser envainada. La formación demoníaca lo sorprendió de lleno, un ejército de cadáveres apareció sin ningún tipo de orden, rodeándolo. Era una trampa, ya lo sabía, pero jamás se esperó eso.

Jin Ling sacó sus flechas y su arco para atacar a la distancia. Subió y saltó entre los árboles mientras avanzaba con al ejército persiguiéndolo en su espalda. Hada ladró y él bajó para sacar su espada y atacar al primero, al segundo, al tercero. Vio la mariposa a su lado y supo que estaba bajo su cuidado, eso no hizo que bajara la guardia.

La flecha que pasó por su lado no lo sorprendió, tampoco las voces humanas, de personas vivas, siguiéndolo. Sin pensarlo, sacudió a Zidian y un látigo de relampagueante energía brilló en los cielos y esparció a los cadáveres lejos de él.

«No pierdas la visión de tus alrededores», escuchó en su oreja, la mariposa bailaba cerca de su hombro, «Debes demostrar ahora la fuerza de tu cultivo».

Por eso no le dijo que se mantuviera en resguardo. Jin Ling apretó sus muelas y sacudió a Zidian mientras se abría el paso entre las decenas de cadáveres, antes de tomar su espada y comenzar a perforar sus cuerpos. Arrastró a sus adversarios al suelo, pero salían más y más. Otra flecha emergió de la nada y la partió.

«Escucha todos los sonidos. Los cadáveres ocultan al verdadero enemigo».

Aplastó la cabeza de uno, el brazo del otro arrancó una extremidad y sacudió a Zidian hasta abrirse un nuevo paso. Esta vez, vio de dónde vino la flecha. Se arrojó al lugar con violencia, la sangre palpitaba en sus sienes y su visión se aclaraba por la ira.

¡Una trampa! ¡Una trampa!

Partió el árbol y cayó sobre el traidor. El hombre se retorció cuando los pies de Jin Ling se apretaron en su columna. Con su espada, arrojó lejos el arco, con Zidian, sacudió la tierra para esparcir a los cadáveres que se avecinaban. En un instante más y la melodía de los Lan atravesó sus oídos y los dos jóvenes aparecieron inesperadamente en el lugar. Luego las figuras de familiares túnicas de la secta Yunmeng Jiang emergieron de la nada, con dos personas más de la secta Jin atrapadas con arco y flecha.

Los cadáveres fueron contenidos. Jin Ling soltó al hombre bajo sus pies, mientras veía en sus manos a Zidian gemir con ira. Llegó a sentir a jiujiu tan cerca por un instante.

—¡Ey! ¡Estás bien! —dijo Lan Jing Yi

—Joven líder Jin. —Ese era Lan SiZhui. Su compañero chasqueó la lengua como si no se acostumbraba a eso—. Eso fue…

—Una trampa —dijo, con el corazón pulsando contra sus costillas. Se giró hacía los dos chicos con una sonrisa confiada, que intentó matizar su propio terror—. ¡Pero ya me encargué de ello!

Frente a él, el actual segundo al mando de la secta Yunmeng Jiang hizo sus reverencias.

—Recibimos información del atentado y órdenes de SanDu ShengShou.

—¿Jiujiu ya salió de…?

—No, joven líder, aún no. Pero dejó órdenes expresas de acabar cualquier intento de sublevación que ocurra en contra de usted. —Los ojos oscuros del hombre se dirigieron a su hombro izquierdo—. Joven líder Jin, debe curarse.

¿Curarse?

Como si decir la palabra hubiera conectado sus nervios, el dolor en su hombro izquierdo irradió con fuerza. Una flecha había atravesado la extremidad desde su espalda y en el calor del momento, con la adrenalina cegándolo, fue incapaz de notarlo. Llevó su mano al hombro, antes de sentir a Lan SiZhui acercándose para revisar el alcance del daño.

«No es grave. Te curarás»

Aseguró la voz. Jin Ling apretó la garganta para no emitir un grito de dolor al intentar mover de nuevo su brazo.

—¡No le digan a jiujiu que me lastimaron! —gritó con frustración atravesada en la garganta.

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Zidian volvió a gemir, como un grito de rabia. Cuando se sacudió en los pisos de la torre Koi, los ancianos temblaron. Ni el hecho de que el brazo izquierdo estuviera aún lastimado, pudo mitigar la poderosa imagen de Jin Ling agitando a Zidian, mientras el respaldo de la secta de Yunmeng Jiang estaba tras él. Como testigos de lo ocurrido, los jóvenes Lan informaron lo ocurrido al líder de secta de Gusu Lan y este estaba allí, observando la situación y mostrando su pleno apoyo al joven líder de Lanling Jin.

El látigo de Zidian azotó las baldosas, los gemidos se contuvieron apenas entre los dientes. El líder Nie observó todo tras el abanico. Lan XiChen se mantuvo en un silencio estoico y el actual al mando de la secta Yunmeng Jiang, miró con ojos ardientes a los ancianos que se inmiscuyen en el complot. Una carta anónima reveló los nombres, tenía las evidencias en sus manos.

¿Qué decisión tomaría el joven líder de la secta?

—Morirán. —Jin Ling los miró con desprecio.

No van a hacer que mi jiujiu se preocupe.

Suplicaron misericordia. Jin Ling les dio la espalda.

Voy a demostrarles que sí puedo hacerlo. ¡Sí puedo hacerlo!

Jiujiu, no te preocupes. Seré fuerte, como tú.

Seré fuerte.

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El castigo rodó entre todas las sectas de cultivo. Los cuchicheos se apagaron hasta casi hacerse indetectables. Jin Ling se miró en el claro donde los kois nadaban y fue como si no se hubiera visto en años. Se sentía mayor, como si un enorme peso hubiera caído en sus hombros y empezarán a desaparecer algunos rasgos de su tierna infancia.

¿Así se sintió jiujiu con su secta hecha añicos hace años?

¿Así de solo? ¿Así de triste? ¿Así de obstinado?

—Nada mal. —La voz de quién se presentó como el rey fantasma llegó a su lado. El joven estaba allí, distraídamente apoyado en la baranda del puente, mirando ociosamente algo en el aire—. ¿Qué se siente tu primera ejecución?

—Horrible.

El rey fantasma tarareó en comprensión.

—Extraño a mi jiujiu.

Él hubiera ido hasta allá, lo sabía. Hubiera ido a sacudir a Zidian ante todos, para mostrar su increíble fuerza y hacerlos temer. Y él se hubiera sentido feliz detrás de él, bajo su protección como lo ha hecho en todos esos años. Pero no, ya no podía contar con eso, era un líder y debía formar su propio camino, molestar a su jiujiu con los problemas de su secta, solo les traería problemas a ambos. Tenía que ser fuerte, para también proteger a Yunmeng Jiang, para también protegerlo cuando hiciera falta.

—Gege dijo que tardaría un poco más. —Fue lo que dijo el rey fantasma—. Mientras tanto, hay cosas que hacer. Necesitas tu red de inteligencia. Ningún líder sobrevive sin información.

Jin Ling guardó en su corazón con dolor la primera parte de la oración. Tardaría un poco más. No obstante, al mirar al rey fantasma, este jugueteaba con una mariposa como si fuera una compañera.

—¿Qué debo hacer?

—Lo primero, revisar las relaciones que tienes con otras sectas. Lo segundo, conocer a los que tienes bajo tu mando. Escuchar, escuchar mucho. Llevará tiempo.

—Sobre el líder Nie, ¿debería tenerlo cerca? —lanzó alimentos para los peces que se retorcieron bajo su imagen.

—Tenlo cerca, es importante. Pero nunca olvides quién es, ni lo que es capaz de hacer. Así nunca te sorprenderás.

—¿Esto es normal? ¿Que un rey fantasma esté aquí, aconsejándome, por mis oraciones?

El rey fantasma sonrió como un viejo zorro.

—No. Estoy sumando a tu deuda.

—¿Querrás mi alma? —pareció sacudido ante esa posibilidad. El rey fantasma resopló con una risa contenida.

—Ya veré qué deseo —dijo indiferente—. Nunca olvides quién soy y no te sorprenderé.

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Los rumores corrieron como polen llevado por el viento, germinando a donde quiera que se asentaba. El líder de la secta Lanling Jin tenía la protección de los dioses. Todo complot que se levantaba en contra él, era aplastado. Toda persona que intentaba lastimarlo perdía algo valioso. Joven y caprichoso para muchos, nadie pudo negar que la secta Yunmeng Jiang estaba tras él como una sombra irrefutable y que estaba organizando el interior de su secta para mantener a sus aliados cerca.

Se le veía revisando los antiguos escritos y aprendiendo el gobierno de sus antecesores. En las cacerías, su técnica y habilidades fueron mejorando, controlando el impulso juvenil para transformarlo en suspicacia, destreza y velocidad. Colocó la tablilla funeraria de Jin GuanYao, desafió a aquellos que intentaron cuestionar su decisión.

Y el incienso se encendió, sin pausa, durante dos años más.