Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2021-09-30
Words:
1,709
Chapters:
1/1
Comments:
8
Kudos:
305
Bookmarks:
10
Hits:
4,039

Estrecho

Summary:

Tulio nunca pensó que la gota que derrama el vaso sería Bodoque

Notes:

A partir de aquí, no me hago responsable de infancia arruinadas.

Es puro lemmon sin trama, la verdad.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Entre tirones y toqueteos Tulio fue capaz de cerrar la puerta.

Todo había empezado muy normal ese día. Llegó al noticiero, dio las noticias como siempre, rodeado de notas cualquiera, y un entrevistado muy inútil. Todo era normal excepto esos pantalones super apretados que vestía Bodoque, y la forma tan descarada que parecía pavonearse en frente de él.

Tan apretados eran que no había necesidad de imaginarse nada. En especial en este momento, mientras se tambaleaban por llegar al sillón, y Bodoque se restregaba contra él.

Bodoque se apoyó sobre el brazo del sillón y jaló la corbata con desesperación, si tuviera unas tijeras ya la habría cortado. Mientras tanto, Tulio le intentaba quitar la chaqueta de cuero de sus hombros. Se ayudaron mutuamente en un punto medio; Tulio deshaciendo la corbata y Bodoque tirando la chaqueta al suelo y volvieron a hundirse sobre el otro.

Siguieron su recorrido, Bodoque teniendo la paciencia de deshacer todos esos botones molestos. Tulio recorría su espalda por debajo de la camisa, dando tirones cuando la tela empezó a obstaculizarlo.

Los besos se volvían más escasos a la par que no podían dejar de admirar el cuerpo del otro, pasando sus dedos por los abdómenes un poco descuidados y los brazos que solo se dejaban ver en esos días de calor extremo. Y el mundo se les abría tratando de imaginar lo que quedaba por ver.

Bodoque se tiró sobre el sillón, levantando sus piernas y caderas para que Tulio terminara el resto del trabajo. Y si vaya que eran apretados. Las manos de Tulio exploraron esas piernas que no lo dejaron resistirse a tumbarse en el sillón también, besando y mordiendo con ternura poco a poco cada centímetro.

Siguiéndole el juego, Tulio se deshizo de su cinto y después de un forcejeo, se paró para quitarse los pantalones y nivelar terreno. Unas manos se deslizaron por su cuello y jalaron para besarlo una vez más. Cualquier faceta que los dos tomaban allí afuera ya estaba por los suelos y no podían negar su impaciente deseo por el otro.

—Te quiero dentro de mi—Soltó Bodoque como si fuera la cosa más normal, haciendo que Tulio se sonrojara de sobremanera titubeando con su respuesta.

—Cla-Claro, por supuesto.

Tulio con la mínima de coraje que logró sacar, rompió los besos para poner toda su atención en las únicas prendas que quedaban. Por el bulto se podía imaginar el tamaño y ya lo había hecho, pero su mayor sorpresa fue el color. El vello tenía un color rojizo que Tulio solo podía describir como muy seductor.

Parece que se quedó de más observando, ya que un minuto después Juan Carlos interrumpió.

—¿Qué? ¿Nunca has visto a un pelirrojo ahí abajo?

—Pues la verdad es que no. — Se tomó un momento para reacomodar sus pensamientos — Es muy bonito.

Bodoque sacudió la cabeza por el cumplido, de todas las cosas por halagar eligió esa, Tulio realmente era un idiota.

El miembro dio un interesado rebote, pidiendo a gritos ser tocado. Tulio le cumplió el deseo y envolvió su mano sobre este, notando que era del alrededor del mismo tamaño, a lo mejor un poco más grueso que el suyo; sus dedos estaban más separados que cuando el hacia estas cosas solo. Fue lentamente bajando hasta chocar haciendo que el otro tirará la cabeza hacia atrás.

—Eres adorable. —Siguió, acercándose para dejarle un beso en la mandíbula, notando como su manzana de Adán se alzaba un momento.

Continuó dando curiosas caricias, no atreviéndose a ir a la parte más baja, pero su subconsciente le traicionó.

— Entonces, ¿quieres que entre? — Preguntó mientras se iba quitando la ropa interior. — ¿Puedo hacerlo ya?

— No seas idiota, Tulio. Me tengo que preparar antes. — Empujó un poco a Tulio hacia atrás, entre tanto se apoyaba en sus propios antebrazos.

— Oh, entonces déjame hacerlo.

— No es que no confíe en ti, pero creo que será mejor si te limitas a observar por hoy. —Tulio asintió avergonzado y se sentó de cuclillas, mientras que Bodoque pasaba sus dedos cerca de su entrada. — Por favor, dime que tienes lubricante.

— ¡Si! Déjame ir por él. — Contestó feliz de poder ser de ayuda.

Y en un santiamén Tulio le entregó la botella a Bodoque el cual sin perder un minuto se llenó los dedos del líquido.

Masajeó alrededor para luego insertar un dedo con delicadeza. Tulio tenía la mirada clavada, tomando notas mentales para la siguiente vez. Bueno, si es que fuera haber alguna, pero no tenía el valor de preguntar en este momento.

Bodoque parecía avergonzado por la atención y se cubrió la cara con su brazo, mientras probaba si podía meter el siguiente. Le tomó un rato, pero con algunos mimos a sus piernas por parte de Tulio, lo logró.

Tulio miraba con admiración, dándose cuenta de un momento a otro que, si Bodoque era tan hábil haciendo esto, tenía que significar que ya había tenido relaciones con otros hombres, o al menos fantaseando con, lo cual hizo hervir su sangre. Hasta que vio a Bodoque arquearse y lo volvió loco, ahora estaba aquí, solo para Tulio. Y así se quedaría.

Con el tercero Bodoque ya no tuvo tanta dificultad, pero estaba seguro de que, si Tulio seguía con esos mimos, no podría aguantar mucho. Sentía su cara empezar a arder cuando notó que ya estaba listo.

Sacó sus dedos y con piernas ya un poco temblorosas se volvió a montar encima del él. Abrió el paquetito del condón, que Tulio trajo consigo, con cuidado, y se lo puso al otro, Tulio avistó vacilamiento por un momento. A pesar de las implicaciones, a Bodoque no parecía importarle ser el que recibía. Este inclinó la vista para ver como entraba el miembro de Tulio en sí mismo. Su boca parecía abrirse más y más conforme más entraba.

—¡No vayas muy rápido Juan Carlos! — Le dijo con un poco de preocupación no solo de su amado, sino también de no correrse tan rápido.

—Tonterías, ya casi está. —Respondió un poco más para sí que para Tulio.

Cuando finalmente todo estaba dentro, Juan Carlos levantó su cadera lentamente para dejarse caer un segundo después, repitió la acción con dificultad, pero no le importaba un poco de reto. Ya contento con la moción se lanzó a los labios de Tulio que aún se veía preocupado por la precipitación del otro.

Se besaron desesperados para dos personas que no podían estar más cerca.

Los besos se deslizaron hacia el cuello de Tulio, Bodoque saboreo con delicadeza mientras que el otro solo se retorcía de placer, quien no conocía esos rincones de su cuerpo que eran tan sensibles, pero Bodoque estaba ansioso de explorarlos.

El ambiente en el aire se sentía pesado y despilfarrando de pasión. Era agobiador pero intoxicante. Las palabras sobraban y esas miradas que se echaban parecían durar eternidades. Cualquiera que se encontrara con la escena no tendría más remedio que dejarse ser envuelto por la embriaguez.

Bodoque tiró su cuerpo hacia atrás mientras se apoyaba en los hombros de Tulio. Soltando gemidos que hacían pensar al otro que no le importaba el tremendo ruido que estaba haciendo. Por fortuna la mansión era bastante grande de por sí.

Iba a un ritmo que estaba matando a Tulio, que se limitaba a apretar sus muslos. Mordiendo su labio de costumbre por todos los encuentros amorosos con otras personas en los lugares más extraños. Aun así, nunca había anhelado un encuentro como el que ahora se encontraba.

Juan Carlos de un momento a otro se abalanzó hacia el frente, devorando la boca del otro, que tuvo que dejarse escuchar esos sonidos de placer que tanto deseaba callar.

—No te muerdas el labio. — Ordenó Bodoque entre besos.

El ritmo de Bodoque parecía perderse, sea por cansancio o por el inmenso placer. En cualquier caso, Tulio tomó sus caderas y empezó a embestirlo a un ritmo mucho mayor que pareció no molestar a Bodoque, que hasta agradecido parecía.

Sus besos cesaron por la falta de aire que cada vez se hacía más presente por las rápidas bocanadas de aire que Bodoque tomaba, parecía haber corrido un maratón. Este deslizo sus manos alrededor de cuello de Tulio, una de sus manos perdiéndose entre el pelo de su amado.

Tulio besaba donde podía, su mejilla, el pelo, la oreja, mientras que escuchaba hipnotizado esos gemidos por parte de Bodoque, que con su mano libre agarró la de Tulio moviendo su mano más abajo hasta su trasero el cual Tulio no desaprovechó de apretarlo.

En un momento, en vez de sus quejidos airosos Bodoque parecía intentar pronunciar palabra, lo cual le resultaba muy dificultoso con todos sus sentidos a punto de estallar.

—Me vengo, me vengo. — Logró decir.

Tulio de inmediato sintió el orgasmo del otro por la forma en que Juan Carlos hinchaba las uñas contra su brazo, el jaloneo desesperado en su pelo y como el interior de Bodoque prácticamente lo chupaba, lo cual hizo que Tulio se viniera desprevenidamente.

—¡Juan Carlos! — Dio un último gemido con unas embestidas muy decididas.

La habitación se quedó congelada. Abrazados, uno encima del otro, sin saber que decir después de tan íntimo encuentro. Años de amistad que culminaban en esto, todo por una pequeñez, que ahora viéndolo parecía más bien ser la gota que derramó el vaso, y ahora hasta parecía más difícil pedirse ser novios que tener sexo.

Tulio salió con cuidado para no lastimar a Bodoque, que aún se veía que su cuerpo reaccionaba al mínimo roce, lo recostó tomando en cuenta de no dejar que el líquido sobre su abdomen se escurriera. Bodoque no opuso mucha resistencia, lo cual lo sorprendía mucho, siempre imaginó que su amigo sería de esos que se visten al toque, piden transporte y se olvidan de ti, pero en estos momentos parecía un conejito que al movimiento saldría corriendo asustado.

—Deja de mirarme como conejo a punto de ser degollado. —Dijo Bodoque, retomando su genio tan característico. —Trae algo con que secarme.

Tulio obedeció y en unos minutos se encontraba secándole, mientras le daba caricias experimentales en sus muslos, que a Bodoque parecían no molestarle.

—Ya. Como nuevo. — Tulio se levantó para tirar la basura, pero Bodoque le agarró de la muñeca.

—¿Qué? ¿No me vas ni a acurrucar?

Notes:

¡Gracias por leer!