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Language:
Español
Stats:
Published:
2021-09-09
Words:
2,442
Chapters:
1/1
Comments:
2
Kudos:
39
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1
Hits:
240

Stay The Night

Summary:

José Antonio tiene algo en la cabeza que le lleva molestando desde hace un mes, se trata del chico de pelo rizado que conoció en una peda. El universo, tan benévolo, le dará otra oportunidad de encontrarse con él.

Notes:

Gente de Producciones Sin Contexto.... no lean esto xfa o lloro

Work Text:

No podía concentrarse en su libro, leía las palabras pero nada se quedaba grabado en su mente, todo parecía un simple balbuceo.

—Badía, Badía, vamos... concentrate...— Decía y alargaba las últimas sílabas mientras volvía a releer el párrafo uno. —Aghghagshgh verga.—

Se rindió ante su mente, y cerró el libro de Crowley que en anteriores ocasiones nunca fallaba en despejar su mente. Suspiró y se levantó de su sofá, llamando la atención de Maggie. El hombre sonrió y acarició la cabeza de la corgi, que volvió a acurrucarse en su cama. Badía tomó su cajetilla de cigarros y salió hacia su patio, donde se sentó, prendió su cigarrillo y miró a las estrellas. Se estaba comportando como adolescente cuando ya era todo un adulto, y aquello le molestaba un poco, pues no podía concentrarse incluso en la cosa más mínima. Mientras inhalaba y dejaba que el humo llegara a sus pulmones y saliera, intentaba desenredar el nudo de su mente, desde el principio.

Todo comenzó cuando rompió con su ex, pues aunque sabía que era una maravillosa mujer, y probablemente de las mejores que podría haber encontrado, su amor no se sentía completamente romántico. Era estúpido, pero sentía que lo que ambos sentían el uno por el otro era más admiración que otra cosa, así que se decidieron por seguir siendo amigos pero no más amantes, pues era lo mejor para ambos, supusieron.
Entonces Badía se dio la libertad de volver a recurrir algunos bares, incluso algún que otro antro, con la tonta esperanza de encontrar a alguien tan raro como él que no se hartase de sus pláticas ebrias sobre la magia por la que usualmente le echaban de bares y prefería beber en su patio al aire libre. Un día Gabe, su mejor amiga, le invitó a una fiesta entre amigos cercanos, y José Antonio no podía decir que no, obviamente.

La fiesta llegó y fue muy divertida, y entre las canciones de karaoke y alcohol, Badía no pudo evitar encontrarse con un chico de pelo rizado, intrigante cicatriz y que se reía de todos sus chistes, desde los más normales de la peda hasta los de aliens y fantasmas.
Ambos chicos intercambiaban chistes y risas, y aunque sólo fueran ambos pisteando tras la barra de bebidas, el ambiente se sentía extrañamente familiar y reconfortante. Aunque no se conocían de nada, ambos sentían que eran viejos amigos que se volvían a encontrar.

Las chelas siguieron, las canciones también y después de que Lolo —el nuevo amigo de Badía— y Gabe impresionaron a los invitados con sus habilidades musicales, la fiesta se tornó lenta, con cada vez más gente retirándose o dormida, la música baja y suaves conversaciones.
Pronto todos los invitados que iban a irse se fueron, y sólo los mejores amigos con los que Gabe tenía la confianza de compartir casa permanecieron para dormir. Obviamente les iba a dar una habitación o al menos un sofá para dormir por separado a todos los invitados... pero con todos los sofás ocupados y sólo una habitación disponible, Gabe decidió mandar a dos chicos a aquella habitación.

—Después de todo, ya se conocieron bastante, ¿no es así?— Aquella arqueada de ceja, la sonrisa ladeada... Gabe sabía que esto no iba a terminar de forma normal.
Los chicos intentaron protestar, pero como si la chica fuese su madre y los chicos estuvieran castigados, ambos se dirigieron a su [prestada] habitación. Incluso en la noche, la temperatura era elevada. Nada sorprendente para el norte del país, sin embargo hoy se sentía extrañamente cálido en la habitación, y Badia ya no sabía si era la combinación del clima y el alcohol, o si también le estaba afectando ver cómo las prendas del chico de pelo rizado cada vez disminuían más. Primero obviamente la chaqueta, después los pantalones, pero al momento de estar apunto de deshacerse de su camisa, parecía que pudo notar la mirada del otro hombre en la habitación.

—Ah... ¿quieres que te deje solo para que te desvistas?— Cuestionó, pues el otro aún conservaba hasta su bowtie.
El de cabello largo pareció haber salido del trance, y con vergüenza negó con la cabeza y manos rápidamente.

—¡No, no! Lo siento, estaba... pensando...—

—¿Estás tan pedo que realizaste un viaje astral?— Bromeó Lolo mientras sacaba unas sabanas limpias del closet y las acomodaba en la cama, y Badia rió.

—Sí, sí, sí...— Ahora él empezó a desvestirse, tenía como 5 prendas encima, seguro eso era lo que le daba tanto calor.

Primero el bowtie, después se deshizo del saco, lentamente desabrochó su chaleco y entonces es cuando pudo notar cómo Lolo hacía lo imposible para evitar el contacto visual, como distraerse con cosas totalmente aleatorias.
"Seguro es que me veo muy estúpido intentando desabrochar estos botones e intenta no reír. Probablemente debí traer otra cosa" pasó por la mente de Badia, mientras se deshacía de su camisa y pantalones también.

Sin embargo, su cara aún se sentía caliente.

Su diagnóstico: exceso de Carta Blanca. Tal vez.

Apagó la luz y sólo se guio por la luz de la luna que se colaba por la ventana, Lolo se hizo a un lado y ambos se encontraban recostados dándose la espalda. Esto es más incómodo de lo que imaginó.

Sin embargo, probablemente debido a el alcohol, sus recuerdos son borrosos, pero recuerda la terrible tensión sexual que se hizo en el momento, y ver los delgados brazos del chico, sus piernas y sentir sus rizos en la nuca, hacían que su piel se enchinara.

La mañana siguiente al parecer el chico se había marchado sin dejar ningún rastro de él, y sinceramente al hombre de 24 años le avergonzaba el pedir su número a su amiga en común. Supuso que todos los pensamientos relacionados con él se irían en cuestión de horas o, como mucho, días, sin embargo después de casi un mes, no pasa día en el que no pase por su mente su voz, su habilidad para tocar la guitarra o aquellas piernas que había casi memorizado.
Se llamaba patético a él mismo por no poder superarlo, pero tampoco quería recurrir a algo tan bajo como hacer magia simplemente para volver a verle. Sin embargo, el universo parecía decirle "no hace falta", o quizás de pensarlo tanto lo atrajo...

Dejó la colilla del cigarro terminado en su cenicero, y volvió dentro de su casa, estirándose y llamando a Maggie para que le siguiera a su habitación, donde se amarró el pelo y se recostó a descansar, mirando por última vez en el día su celular.

Casi al instante de tomar su teléfono, un mensaje salió en su pantalla:
"Nos vemos mañana a las 4"
Seguido de la ubicación de un café local a unos 10 minutos de su casa.

El mensaje era de Gabe, lo cual le extrañó mucho más, pues ella siempre da una anticipación de al menos 2 semanas, para que no haya excusa y seas puntual, pero un mensaje así de ella a las 12 de la noche... confundió a Badia. Le mandó varios mensajes preguntándole sobre ello, pero todo lo contestaba sólo con una carita feliz. Tenía un poco de miedo de que algo le hubiera pasado, pero un mensaje de "No es nada malo, es una sorpresa" le hizo cambiar el miedo por extrema curiosidad, y accedió a el encuentro, a lo que la conversación terminó con un corazón de parte de la chica.

Se le complicó dormir por el ansia de saber qué se traía Gabe entre manos, ¿quizá le había conseguido aquél libro de magia del que le había hablado tiempo atrás? o podría ser que le iba a proponer un nuevo plan disparatado... Su mente dispersa, gradualmente se fue callando, hasta poder conciliar el sueño.
Temprano por la mañana, ordenó su habitación, se sentía con energía que no había tenido desde hace semanas, como si el universo le dijera que hoy era el día. Desayunó, meditó y organizó todo lo que había dejado desordenado debido a su desorden mental. El tiempo le parecía ir lento, pero no quería ponerse ansioso, así que se relajó, paseó a Maggie y para las 4, hasta bañado estaba. Su ropa, aunque no quería usar una tan extravagante y anticuada como siempre, fue con una camisa blanca, pantalones color caqui sostenidos con unos suspenders, y unos botines de vestir cafés. Como complemento, decidió usar su bowtie amarilla clara y un sombrero con una pluma. Falló en su objetivo de no parecer anticuado y mamador. En fin.
Era muy tarde para planear otro outfit, y de todas formas no era nada que Gabe no hubiera visto ya. Tomó sus llaves, teléfono, y billetera, y con toda la actitud se dirigió a el café. Sonreía imaginándose las posibilidades, ignorando las miradas que pudiera atraer su vestimenta. Y en cuanto empezó a divisar la cafetería, extrañamente sus manos comenzaron a sudar un poco. Nunca era de ponerse muy nervioso, aunque quizá era porque hace tiempo no se emocionaba de aquella manera.

Abrió la puerta y miró al rededor, pero no parecía divisar a Gabe por ningún lado, así que le mandó un mensaje preguntando si estaba en la parte trasera, un área al aire libre. Tras unos minutos en los que Badia aprovechó para pedir un café con alcohol, Gabe contestó: "Pues si no me ves, obvio estoy allá, duuh."
Damn, rude. Con el teléfono en una mano y el café en otra, se dirigió a la parte de atrás, pero en cuanto alzó la mirada, sus ojos no pudieron evitar al chico de pelo rizado , que estaba distraído con algún tipo de juego en su celular. Badia no sabía muy bien cómo reaccionar, no sabía si gritar "LOLO" y correr hacia él, o dar la vuelta y correr por todo el desierto hasta al menos Tamaulipas, pero si podía, su objetivo era La Patagonia.

Primero miró al rededor, y no divisó a su amiga por ningún lado, así que lentamente se fue acercando a el chico, intentando no sufrir de un paro cardíaco de lo rápido que latía su corazón en ese momento. De forma cautelosa habló, intentando hacerlo cuando su juego estuviera en pausa.

—¿Lo... lo?— Dijo sonriendo, y pegando su celular a su pecho, casi como un fan puberto acercándose a su ídolo.

El chico alzó una ceja al reconocer la voz, confundido, y al levantar la mirada una ligera mueca entre sorpresa y alegría se adueñó de su rostro.

—¡José Antonio!— El de pelo largo rió, por el tono en el que salió su nombre de la boca del otro hombre.

—Pffft. Suena mejor cuando dices Badia, Eduardo.— Suspiró aliviado, al menos no era un encuentro totalmente incómodo. —¿Qué haces aquí?— Se atrevió a preguntar, dudando en si en este punto podía tomar asiento.

—¿Mhm? Esperando a...— El de chinos ladeó su cabeza un momento. —Ga...—

—¡¿Gabe?!—

—No, no, no, me tuve que confundir de fecha... Ella está...—

Y José Antonio tuvo una repentina revelación.
No sabe cómo lo pudo olvidar.

—Trabajando...— Susurraron los dos hombres al mismo tiempo, y ambos dándose con la palma en la cara.
Tienen una misma neurona y esa neurona es paranormal, ebria e idiota.

Finalmente los dos chicos rieron, aunque les molestó un poco el último mensaje que recibieron de Gabe cuando ellos le recriminaron.
"Disfruten su cita"
O sea, sí, pero no lo digas tan alto... En el mensaje de texto privado.

Al final, como los dos no tenían nada que hacer, decidieron pasar ese día ahí, charlando de forma no ebria y conociéndose como gente normal. Resulta que sobrios, ambos igual tenían mucho en común y aún eran bastantes graciosos, así que la química seguía ahí.
Ni siquiera notaron cuándo ni cómo, pero entre los halagos a sus habilidades y sueños, el pequeño filtreo se notaba. Y también entre cafés irlandeses y cafés de vodka y chocolate, las sonrisas y miradas robadas comenzaban a hacerse incluso más frecuentes.

Lamentablemente el café no era 24 horas así que pronto tuvieron que irse, aunque alargaron la despedida lo más posible, caminando por las calles anochecientes de Juárez.

Se detuvieron en algún momento y antes de que Lolo se pudiera despedir, Badia habló de forma casi automática.
—¿Quieres pasar la noche en mi... ca... sa?— De forma gradual en lo que el de pelo largo notaba lo que estaba diciendo, su volumen disminuía y su vergüenza aumentaba. Y cuando no tuvo respuesta inmediata, se puso en extremo nervioso. —¡Digo! ¡Es sólo si quieres! Noséporquédijeesonisiquieratengouncuartodeinvitadosynoquierohacertedormirenelsofásiquieresignoratodoloquehedichoenestasúltimas5horas...— Desvarió, y Eduardo rió.

—¿Siempre invitas a tus nuevos amigos a tu casa?—

—Sólo cuando no quiero separarme nunca más de ellos.—

Ambos permanecieron en silencio por un momento, mirándose a los ojos y Lolo rió a carcajadas.

—¡Eso debe ser lo más cheesy y nerd que he escuchado en la vida!—

José Antonio fingió enfado, intentando no reír. —¡¿Vas a venir o no, chingados?!—

Al final los dos rieron y Lolo asintió, por lo que ambos volvieron a avanzar, ahora un poco más juntitos.
De alguna forma, cuando ambos pasaron el marco de la puerta, ya venían tomados de la mano y con el corazón a mil por hora. ¿Se les había subido la peda por café o simplemente se sentían seguros de hacer lo que tenían ganas desde hace un mes? Engañémonos a nosotros mismos y digamos que la primera opción.

Unos pasos más adelante, después de dejar todos sus accesorios, Badia decidió hacer algo al respecto, así que con cuidado atrapó a Lolo en la pared al lado de la escalera.
—Ah... Lo siento, es sólo que... Diablos, no aguanto más.— Admitió, y con rapidez se acercó a besarlo, tomando por sorpresa a el chico de pelo rizado, pero que no podía negarse. Sería estúpido decir que él no quería, no podía mentirse tanto a sí mismo. Después de unos pocos segundos se separaron y miraron un poco. —... Lo la-.—

—Dios mío, deja de disculparte, suenas estúpido.— Y de nuevo Lolo le besó, esta vez de una forma más profunda al saber que ambos querían lo mismo. Después de varios intercambios de gérmenes y arrimones, el de rizos se separó para mirarle y sonreír mientras se quitaba sus empañados lentes. —Dijiste que no tenías un cuarto para invitados... ¿Dónde planeas hacerme dormir, hm?—

El tono con el que lo decía, la sonrisa y la cercanía de cuerpos hacía que la mente de Badia se nublara, y que su respiración aumentara mientras él también comenzaba a sonreír casi como un cómplice, y tomándole de la mano, se dirigieron a la habitación.

Sabiamente, Maggie se quedó en el sofá. Simplemente no estaba interesada y sabía que era la mejor opción.