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El verano era una de las estaciones del año más caóticas para los magos, en especial para aquellos que descendían de poderosas familias de Sangre Pura. Durante los tres meses que duraba la estación, las fiestas y eventos sociales llenaban casi por completo sus agendas. Pero no podían quejarse, todas aquellas reuniones eran los momentos perfectos para lograr hacer conexiones con otros individuos igual de poderosos o que en un futuro lo serían.
James odiaba esos eventos donde la hipocresía reinaba y sus padres también compartían su opinión y aunque habían podido excusarse de la mayoría, había algunas de las que simplemente no podían escapar. Como la mascarada de la familia Nott. Un evento que superaba en fama incluso los grandes eventos de grandes fortunas como la Malfoy y al cual asistían peces gordos de todos los países. ¿Quieres hablar con el primer ministro de Japón? No hay problema, probablemente este por ahí bebiendo champaña con la princesa de la isla Luna. No había dudas que era un gran evento y ni siquiera los Potter podían hacer la vista gorda ante él, incluso si ya no eran parte de los Sagrados 28.
Vestido con sus mejores ropas confeccionadas por los mejores sastres que el dinero podía pagar, fue arrojado a la boca del lobo. Apenas entraron en el salón sus padres fueron apartados por otros Sangre Pura, mientras que él desesperadamente buscaba a Sirius y su familia. Si tenía que sufrir de esa tortura, al menos no lo haría solo.
No sería la primera vez que él y Sirius escapaban del bullicio para ir a hacer el vago a algún rincón. Tal vez al pasar tanto tiempo escabulléndose de las fiestas fue lo que les dio su para escapar y pasar desapercibidos en Hogwarts durante sus merodeos nocturnos.
El problema ahora radicaba en encontrar a Sirius. Todo mundo usaba máscaras y se empujaban unos a otros cazando alguna oportunidad con algún pez gordo. Aunque miraba y miraba, no lograba encontrar a la persona que buscaba. Ni siquiera podía encontrar a algún miembro de la familia Black y siendo tan numerosos como eran, ya decía mucho del tamaño del lugar. Ni él sabe cuántas vueltas le dio al mismo pilar o a la mesa de bocadillos, pero ya sentía que esos molestos zapatos le estaban irritando los pies.
– ¡Joder! – maldijo para sus adentros mirando como la marea de gente continuaba pasando. Plumas de colores, joyas de oro y plata que brillaban a la luz de las velas, sedas finas y risas exageradamente altas. Eso era todo lo que James podía ver.
Al final comenzó a considerar que tal vez Sirius no estaba en la fiesta para empezar. Con la cantidad de problemas en los que se metieron durante el año anterior, no sería extraño que Walburga encerrara a Sirius en su casa como castigo. Pero si eso le sirvió para evitar esa payasada con gusto hubiera querido ser castigado como él.
Lastimosamente no tuvo esa suerte.
Así que se dirigió al jardín sin su mejor amigo. Aunque habían algunas personas yendo de aquí para allá, eran muchas menos que las que habían dentro de la mansión, por lo que encontrar un rincón donde esconderse no fue difícil.
El jardín de los Nott era al menos tres veces más grande que la mansión y contaba con un estanque gigantesco, donde docenas de cisnes nadaban entre nenúfares y jancitos con la luz de la luna iluminando su camino. Era una vista hermosa.
James se sentó junto al estanque, junto a un par de frondosos arbustos que ocultarían su presencia. Ya en soledad procedió a quitarse la máscara que le había incomodado toda la velada. Era de un color vino y tenía elaboradas incrustaciones doradas que iban a juego con su túnica, según su madre, para resaltar también sus ojos castaños.
Se dejó caer en la hierba, soltando un largo suspiro, deseando poder regresar pronto a su casa para poder dormir, tal vez se colaría en la cocina para pedirle a los elfos algo de tarta de chocolate.
Como deseaba al menos haber podido traer su escoba.
Mirando al cielo estrellado, la mente de James se alejaba cada vez más en sus pequeños pensamientos.
Por eso no notó la figura que se detuvo junto a él hasta que esta misma habló.
– Este no es un buen lugar para tomar una siesta – la voz era grave, pero suave al mismo tiempo, mostrando que la otra persona era relativamente joven y al instante despertó a James de su ensoñación. Por las sombras de la noche, lo único que James pudo ver fue un par de ojos azules que resaltaban en una máscara de verde y plata.
– No estaba dormido – James recuperó su máscara y se la volvió a colocar. Como si quisiera que un entrometido supiera quien era él. – ¿no debería estar en la fiesta junto a los demás?
El desconocido sonrió.
– Me sentí abrumado por el ambiente, demasiadas personas persiguiéndome, siempre buscando algo su beneficio y tú solo puedes sonreírles amablemente y aguantar sino quieres repercusiones para tu propia familia.
James, quien no era bueno para disfrazar sus emociones era como un libro abierto, mostrando su asombro tan libremente como una flor muestra sus colores. Aquello era exactamente igual a lo que él sentía, pero ni siquiera él se atrevería a decirlo tan abiertamente ante un desconocido, solo a Sirius o sus padres una vez que estuviesen en privado.
Ese hombre o era valiente o estúpido. Pero como Gryffindor que era, James abogó por lo primero, dándole una buena impresión del otro.
– Por ciento, mi nombre es Tom, Tom Riddle, ¿te molestaría si te acompaño aquí para descansar?
¿Riddle? Aquello no sonaba como un apellido mágico. Pero ¿a quién le importa?
– Seguro – contestó.
Tom se sentó junto a él, ni muy cerca, ni muy lejos. Lo suficiente como para poder ver su perfil contrastando con la luz lunar. Incluso con la máscara, James pudo decir que era un hombre atractivo y que probablemente no pasaba de los 25 años.
Por un tiempo ambos permanecieron en silencio observando las hondas del agua fluir y sintiendo el aroma a las flores. Era un ambiente muy ameno, más de lo que había sido cuando estaba solo. James se había estado aburriendo toda la noche y a decir verdad, tenía muchas ganas de charlar con alguien que no fuese un estirado que dijera “…mis pavos reales valen X cantidad de galeones” o “tengo más en mi bolsillo que tú en todas tus bóvedas”.
Miró al otro que todavía estaba en silencio, admirando el paisaje.
– No te había visto en otras fiestas antes – por algo había que comenzar.
Tom permaneció otros dos segundos en silencio antes de girar para verlo. De no ser por el ángulo, tal vez James hubiese visto que aquella sonrisa amable en realidad era de satisfacción.
– no suelo venir, pero esta vez tuve que a causa de un asunto importante.
– ¿Qué asunto? – con solo quince años, no podían culpar a James por ser tan curioso.
El otro levantó una ceja bajo su máscara, sin perder su sonrisa.
– Para alguien que ni siquiera se ha presentado, haces muchas preguntas – James sintió sus mejillas calentarse.
– Soy James, James Potter.
– Te vez bastante joven, probablemente todavía estudias en Hogwarts ¿o me equivoco?
– No te equivocas, estoy por entrar a sexto curso y soy parte del equipo de Quidditch de Gryffindor – presumió.
– Entonces debo suponer que eres muy bueno.
– Nunca me han derrotado – agregó con arrogancia, inflando el pecho de orgullo. ¿Cómo no estarlo si era la razón por la que la casa de las serpientes no había tocado la copa de Quidditch en cinco años?
– también estuve en Hogwarts, pero a decir verdad, el Quidditch no era lo mío, no niego que volar sea emocionante, pero prefería quedarme en la biblioteca haciendo mis deberes o simplemente explorando los libros.
– suenas como todo un Ravenclaw – comentó James, pero Tom no refutó ni afirmó nada.
A partir de ahí la plática se centró en Hogwarts, con James contándole a Tom algunas de sus hazañas en el colegio, como algunas bromas que les había hecho a sus compañeros, sobre sus mejores amigos y algunos problemas en los que se habían metido juntos.
Tom era un gran oyente, escuchó cada una de sus historias en silencio, atento a cada detalle.
James llegó a avergonzarse, pues no había dejado que Tom hablase casi nada, pero por otro lado, estaba feliz de que alguien a parte de sus amigos lo escuchara.
– ¿entonces tienes a alguien que te guste? – nuevamente el calor invadió las mejillas de James al pensar en una cabellera roja junto a dos brillantes orbes verdes.
– hay alguien… ella es bastante feroz, pero eso es lo que me gusta de ella, no se deja amedrentar por nadie, también es muy inteligente y linda, pero siempre está junto al idiota de Quejicus – escupió aquel feo apodo.
– parece que no te agrada mucho esa persona.
– El sentimiento es mutuo – bufó – yo lo odio, él me odia, es normal entre leones y serpientes.
– ¿es así? – Tom sonaba divertido.
– deberías saberlo si estudiaste en Hogwarts, la eterna rivalidad entre Slytherin y Gryffindor, las traicioneras serpientes y…
– Me parece una tontería – interrumpió Tom – ¿Por qué la una casa elegida por un sombrero chiflado te diferencia del resto? A lo largo de mi vida he conocido Gryffindors cobardes, Ravenclaws estupidos y Slytherins sumamente leales. Las características que pide el sombrero son demasiado generales, no definen verdaderamente lo que es una persona y quien juzga solo por estos es un idiota, al final solo existe poder y aquellos demasiado cobardes como para buscarlo.
Tom se levantó y dio la espalda a James.
– Por cierto, no soy un Ravenclaw, en realidad soy un traicionero Slytherin – dicho esto comenzó a alejarse.
James sintió pánico cuando lo vio marcharse. Sintió que en verdad lo había arruinado esta vez.
– ¡Espera! – Rápidamente fue tras Tom y lo sujetó de la túnica para impedir que se fuera – lo siento, de verdad, no quería ofenderte.
Aunque para James, Tom tenía una expresión de indiferencia y tal vez enfado. La realidad era que estaba muy complacido. James estaba dentro de las expectativas de lo que Tom había pensado que sería y actuaba tal y como lo había previsto. Era joven e ingenuo, por lo que era fácil jugar con él, solo bastó un tono ligeramente frio y había ido corriendo tras él como un cachorro, bajando las orejas con sumisión.
Pero aun no era suficiente.
– deberías tener cuidado con lo que dices entonces, tus palabras fueron bastante ofensivas – continuó señalando al menor.
James ni siquiera pensó en que estaba frente a un verdadero Slytherin, solo pensaba en que a aquella persona tan agradable la había ofendido sin motivo alguno y que podría incluso mandarlo a la mierda por ser un bocazas. No era la primera vez que lo regañaban por eso, su madre se lo recordaba cada que podía.
– Lo siento…
Tom miró al muchacho, ya lo había intimidado lo suficiente para hacerle entender su punto.
– Está bien, te perdono por esta vez.
Las orejas de James se levantaron al instante. ¿Eso significaba que no iba a dejar de hablarle?
– ¡Cornamenta! – un grito familiar hizo que James levantara la cabeza.
Sirius corría hacia él desde el otro lado del jardín, agitando su mano exageradamente.
– Ah, es Canuto.
Tom se soltó del agarre del menor y luego hizo una pequeña reverencia en señal de cortesía.
– Fue una charla divertida, pero se ve que el joven Black desea hablar con usted, así que nos mantendremos en contacto.
– Hm – James asintió torpemente al despedirse a la par que Sirius llegaba a su lado.
– ¡Cornamenta! – chilló el de ojos grises cuando prácticamente lo tacleó hasta el suelo con su abrazo. Por suerte Tom ya estaba lejos o habría sido muy vergonzoso – ¡estuve buscándote por todos lados! ¿Dónde rayos estabas? ¿Por qué me abandonaste con ese montón de capullos?
– ¿Yo abandonarte? Tú eras el que no aparecía por ningún lado, ¿Dónde te metiste?
– Estaba buscándote.
– Yo te estaba buscando a ti.
– ...
– ...
– Por cierto, ¿Quién era el sujeto con el que hablabas? – la vena curiosa de Sirius saltó rápidamente.
– Tom, un amigo que hice, también fue a Hogwarts como nosotros.
– ¿Amigo? – Apartó a James – ¿me desaparezco por un par de horas y ya conseguiste un nuevo mejor amigo? Ingrato, no sabía que fueras tan insensible Cornamenta. ¿Acaso soy tan fácilmente reemplazable para ti?
James rodó los ojos ante el drama de Sirius. No por nada era la reina del drama de Gryffindor. No el de Hogwarts, ese título era de Malfoy.
Mientras Sirius continuaba con su drama. Tom se había integrado nuevamente en la fiesta y pronto uno de sus seguidores se acercó, ofreciéndole una copa de licor que aceptó de buena gana.
– mi señor, ¿encontró lo que estaba buscando?
– Tal vez – una pequeña sonrisa apareció en su rostro dándole un escalofrió al otro mago – ¿Cómo va el reclutamiento?
– Abraxas y Avery se encargan de eso, hasta ahora varias familias han mostrado interés por nuestra causa y otras aunque no lo expresen abiertamente, están de acuerdo en lo que proponemos para el mundo mágico.
– Bien, continúen así – bebió todo el contenido de la copa antes de regresarla a su seguidor.
– ¿señor? – preguntó al ver a su maestro alejarse.
– Tengo otros asuntos que atender, te pediré que me excuses ante Nott por esta vez – antes de que el hombre pudiese decir algo, Tom ya había desaparecido tras las llamas verdes de la chimenea.
