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Cinco veces antes de caer (Five Times Through the Fallout)

Summary:

Cinco veces en las que Rumlow ayuda al Soldado del Invierno, y una en la que lo destroza.

Notes:

Traducción del extraordinario fic de Blink_Blue.

No puedo conseguir suficiente WinterBones. Mi propio canon principal insiste que Rumlow tiene sentimientos reales por el Soldado Invernal y su relación ha sido una horrenda tragedia desde el principio. (N.T.: Tengo el mismo sentir que la autora *sigh*)
Voy a intentar mantenerme en la línea histórica del MCU tanto como pueda, así que este fic partirá desde su primer encuentro, y todo el tiempo que siguió hasta los eventos de CA:TWS.
¡Disfrútenlo!
Traducción disponible en chino aquí: http://www.movietvslash.com/thread-134526-1-1.html

Chapter 1: Uno: Cuando Rumlow conoce al Asesino

Chapter Text

Uno: 1996.

Tiene ya veintiún años de edad y aún es ingenuo con respecto a la forma en la que el mundo funciona.

HYDRA le enseña que el orden sólo viene a través del dolor.

Después de pasar toda su vida de hogar sustituto en hogar sustituto, imagina que puede acostumbrarse a un poco de orden. Se une a HYDRA no mucho después de haber cumplido los dieciocho porque, ¿acaso esta secreta organización planea dominar al mundo? Suena bien para un imbécil que no tiene amigos ni familia a quienes les importe lo que le suceda. 

Mientras esté en el equipo ganador, claro que no tiene problemas ensuciándose las manos.

Crecer en las calles significa crecer de manera difícil. No había nadie cerca de él que lo cuidara, por lo que rápidamente aprendió a cuidar de sí mismo. Comenzó a boxear a una edad temprana como una forma de defenderse. Aprender a ser inteligente en la calle se convirtió en su ventaja y la usa mientras lentamente se abre camino en las filas de HYDRA. Ha oído que dicen de él que es un cabeza dura, pero que también es bueno en seguir órdenes y que muestra habilidades para ser un líder en el campo.

Tal vez empezó su vida sin tener nada. Pero está bastante seguro que no va a terminarla de igual forma, sin nada.

Es después de una larga semana de entrenamiento táctico sin descanso cuando él y otros dos son llamados para una reunión informativa especial. Tienen una nueva misión. Los tres son relativamente nuevos en la organización y entre todos ellos, no suman más de diez años de estar ahí. Por eso casi sufren un shock cuando son requeridos para esta misión.  

Alexander Pierce es quien los ha llamado. Eso es suficiente para saber que debe ser una misión importante, y también para que Rumlow sospeche que ellos serán los únicos asignados a ella.

–Hace dos días, cuatro hombres de un grupo de Resistencia trataron de asesinar al hijo del ex presidente iraquí. Fallaron. No solo eso, sino que fueron capturados y permanecen prisioneros del ejército iraquí para ser interrogados. Tenemos razones para creer que uno o más de esos hombres poseen alguna información  de HYDRA. Pueden ver el por qué es una preocupación para nosotros. No queremos que ninguno de nuestros secretos salga a la luz. Si son torturados, es posible que los hagan hablar. La misión es infiltrarse en esta base iraquí y asesinar a los cuatro hombres.

Pierce suelta un folder con la información sobre la mesa que está ante ellos. Rumlow lo abre para echarle un vistazo. Ve nombres, rostros, locaciones, etc.

–Señor, ¿debo entender que nosotros tres debemos infiltrarnos en una base del ejército, llena de militares, para matar a cuatro hombres fuertemente resguardados por soldados iraquíes?

Escucha nerviosos cuchicheos detrás de él.

–Me siento honrado de saber que nos tiene bastante confianza, señor, pero debo insistir que si solo somos  nosotros tres, esto parece más como una misión suicida.

Pierce se permite una ligera risa y le sonríe a él de manera en que lo hace sentir incómodo. –No, no sea ridículo. Vamos a enviar al Asesino.

Rumlow levanta una ceja. –¿El Asesino?

Pierce empieza a caminar lentamente alrededor de la mesa. –¿Alguno de ustedes ha escuchado hablar del Soldado Invernal?

Todos niegan con un leve movimiento de cabeza.

–Así es como los Rusos lo llamaron –camina hasta detenerse ante otra de las puertas que lleva al interior de la bóveda–. Nosotros lo llamamos el Activo. Él es arma más valiosa de HYDRA y uno de nuestros más grandes secretos.

La curiosidad de Rumlow crece. En cierto modo, siente como que lo han dejado entrar en un club exclusivo, sólo para miembros.

Pierce asiente a uno de los guardias y el hombre abre la puerta frente a él. Los tres siguen a Pierce al interior. El lugar es una habitación que ninguno de ellos había visto antes.

–Este es el Activo. Lo adquirimos de los rusos durante el desastroso colapso de la Unión Soviética –y suena tan malditamente engreído cuando lo dice.

Se sorprende bastante cuando ve por primera vez al tipo –tenía la vaga esperanza de ver un arma nuclear de destrucción masiva–, y sus ojos se estrechan mientras lo observa. De piel tan pálida que claramente indica que no ha visto mucho sol, largo y grifo cabello oscuro que se ve como si necesitara una buena lavada y un peine. Musculoso y construido, flanqueado por dos técnicos de laboratorio que se afanan colocándole un uniforme táctico hecho de cuero, con un montón de correas. No puede ser más que unos pocos años mayor que él. ¿Y se supone que este hombre es la grandiosa arma de HYDRA? 

Entonces, el técnico de la derecha retrocede un poco y Rumlow ve el brazo. Este está hecho completamente de metal. Hay una brillante estrella roja pintada en el hombro. De los rusos, se imagina. El técnico regresa y coloca un guante sin dedos en la mano metálica, mientras el tipo permanece con la mirada perdida al frente.

–¿Cuánto tiempo ha estado este tipo en el negocio? –susurra Rumlow al hombre de bata blanca de laboratorio parado a su lado.

El aludido le dirige una sonrisilla. –No tienes idea.

¿Qué tipo de respuesta es esa?

Los técnicos terminan su trabajo y se apartan, permitiendo que Pierce se acerque hasta quedar directamente frente al Asesino. Por el rabillo del ojo, Rumlow se percata que algunos de los guardias  preparan sus armas y sus propios dedos empiezan a cosquillear, preparándose para alcanzar el arma que lleva en su cadera.

Pierce no muestra temor.

El Activo habla. –ожидает протокол миссии  (ozhidayet protokol missii).

Pierce suspira y voltea con ellos. –Disculpen que hable en ruso; es su configuración inicial. Aún estamos tratando de arreglarlo –dice como si estuviese hablando de un mal funcionamiento en el software de su computadora.

–Habla. Inglés –le indica al Activo, acercándose a él mientras recalca cada palabra, como si le estuviese hablando a un niño.

–Esperando protocolo de la misión –habla en un tono quedo y se escucha como si no lo hubiese hecho en un largo tiempo. Su voz es demasiado suave, como la de un niño. ¿Cómo se supone que este tipo tome por asalto una base militar iraquí por sí solo?

Pierce levanta una mano hacia él y le sujeta la barbilla, haciéndolo levantar la cabeza. El otro hombre no hace ningún movimiento.

–Hmmm, ¿no es hermoso?

Rumlow estrecha aún más la vista. ¿Cómo se supone que deba responder a eso?

Entonces Pierce lo suelta y voltea hacia el técnico supervisor. –¿Está preparado?

–Listo para la misión, señor.

Mientras Rumlow observa, el técnico trae una máscara negra y empieza a colocarla en el rostro del Activo. El hombre no se mueve mientras ajustan las apretadas correas detrás de su cabeza, por debajo de su cabello.

–Bien.

Pierce se vuelve hacia el equipo. –El jet está listo. Tienen un largo vuelo por realizar. Les sugiero encarecidamente que lean el protocolo de la misión antes de que aterricen. Hay mucha información que deben conocer acerca de cómo manejar al Activo. Les daré los preliminares: el Activo no es un amigo, no es un camarada, es un arma y ustedes lo tratarán como tal. Cuidarán de él como lo hacen con sus propias armas. No hablen con él, a menos que sea para darle alguna orden. ¿Me han entendido?

Todos asienten en forma simultánea.

Rumlow dirige una mirada furtiva hacia el Asesino, quien permanece aún sentado en su silla, con la mirada perdida en el espacio mientras hablan de él como si fuese un objeto.

Tal vez HYDRA está un poquito más jodida de lo que él siempre había creído.

–Bien –continúa Pierce–. Porque no quisiera que por sus incompetencias, echen a perder al arma más valiosa de HYDRA –les sonríe, haciendo contacto visual con cada uno de ellos, tratando de intimidarlos.

Rumlow no se inmuta y le sostiene la mirada. –Una última cosa. La misión es para el Activo. La prueba es para ustedes; para cada uno de ustedes. Quienquiera que demuestre que puede dirigirlo en campo, será recompensado con el privilegio especial de ser su manejador personal. Eso no es un trabajo que se tome a la ligera.

Todos asienten con entendimiento.

Pierce le dirige a él una última mirada antes de retirarse. –Buena suerte, jóvenes. No me fallen.

Rumlow suspira con alivio. Pierce realmente es intimidante. Pero él está listo para probarse a sí mismo y como pueda, hará su maldito mejor trabajo con el Asesino.

Carpetas con papeles, declaraciones y protocolos de la misión son puestos en sus manos. Rumlow mira a los otros dos brevemente. Ninguno de ellos sobrepasa a los otros en rango. Esta es su oportunidad para hacerse cargo del asunto. –Vámonos.

Mientras se dirigen hacia la salida, Rumlow voltea a ver al Activo. Él aún está en la silla.

No se mueve un centímetro, excepto sus ojos, que parpadean para encontrar su mirada, dura e inquebrantable. Un pequeño escalofrío baja por su espalda cuando siente esa mirada fría sobre él.  

Siente una repentina y ridícula urgencia por decirle “párate chico, párate”, como si fuese un maldito perro. No lo hace.

Por el contrario, le dice:  –¿Qué estás esperando? Tenemos que irnos –con su mejor voz de mando.

El activo se levanta y da un paso, entonces espera. Ellos voltean hacia la salida y sin voltear hacia atrás, Rumlow puede sentir que los está siguiendo.

Puede decirse que HYDRA lo ha entrenado bien.

Hay un pequeño jet privado esperándolos. La puerta está abierta cuando llegan y observan en silencio, mientras varios agentes cargan cajones y cajones con armas. Las pistolas, ametralladoras y rifles de asalto son bastante comunes. Más al observarlas cuidadosamente,  ve lo que parece ser un maldito lanzador de granadas. Es un gran arsenal para un equipo tan pequeño. Cuando los hombres terminan con su labor, el activo se sienta silenciosamente en un asiento a pocos metros de las armas, como si fuera una más de ellas.

Los tres suben después de él y se sientan a los lados. Él los mira en forma inquietante, detrás de la máscara que usa.

–No esperé encontrarme con esto cuando me levanté esta mañana –murmura Erikson.

–Es jodidamente atemorizante –dice Sanford en voz baja. Los ojos del asesino se vuelven hacia él y eso hace que se calle de inmediato. Rumlow sonríe para sí mismo y observa los papeles que tiene en su regazo. Bien podría empezar por leerlos. Tienen demasiado tiempo libre durante el viaje. 

El jet levanta el vuelo lentamente y un poco inestable y ellos comienzan a acomodarse.

–Protocolo de la misión.

Los tres voltean a ver al Activo, sorprendidos. Ninguno le responde. Rápidamente, Rumlow vuelve a sus papeles, buscando la lista de qué hacer y qué no hacer que pueda ayudarle con esto.

–Esperando el protocolo de la misión –repite en el mismo bajo tono de voz.

Maldición.

–Te infiltrarás en la base militar iraquí. Tenemos que eliminar a cuatro hombres que están prisioneros en el lugar.

Busca entre los documentos, agarrando las fotos de los hombres que buscarán y se levanta para mostrárselas al Activo, quien las toma con su mano metálica.

Los engranajes en el brazo giran ruidosamente y Rumlow echa una mirada a las brillantes placas de metal antes de volver a su asiento. Espera a que el hombre haga más preguntas, más este permanece en silencio. Observa las fotos por un momento antes de volver a perder la vista al frente.

A los otros dos no parece interesarles mucho ponerse a leer. Erikson saca su teléfono y Sanford tiene los ojos cerrados y la cabeza inclinada hacia atrás. Rumlow vuelve a sus papeles, convencido de que ha iniciado bien. Sólo el conocimiento le dará una buena ventaja durante la misión.

Las palabras de Pierce vuelven a sus oídos mientras se ilustra de cómo tratar y cuidar al Activo. Hay una larga lista de qué debe hacer y una mucho más larga de qué no debe hacer.

-El activo requiere mínimo sustento. Darle agua dos veces y comida una vez al día si es necesario (sólo MREs, que se proveen durante las misiones).

-Debe indicársele el momento de defecar, doce horas después de alimentarlo.

-Debe permanecer enmascarado todo el tiempo en público.

-Se le proporcionarán órdenes estrictas, incluyendo objetivos y puntos de reunión.

-No deben mostrarse sentimientos o emociones hacia el activo. Hacer eso interferirá con su programación fundamental y original.

Rumlow levanta la vista hacia el hombre sentado frente a él. ¿En verdad es un hombre? Parece más un cyborg asesino, considerando el brazo y la falta de expresión en su rostro.

El manual incluye también algunas palabras claves de activación. Hay una para deshabilitar el brazo, una para enviar una poderosa descarga eléctrica para incapacitar por completo al Activo, y la última, sólo para ser usada como último recurso, descrita como una "anulación manual" en caso de un mal funcionamiento del activo. Los términos están en ruso. Tendrá que poner al día su ruso por si acaso tiene que usarlos.

¡Mierda con ellos! Dejaron que HYDRA les robara un hombre-máquina, usándolo para hacer su trabajo sucio. Y ahora lo mandan a él aquí para asegurarse de que se comportará en forma debida. Jodidamente típico.

Casi medio día más tarde, por fin aterrizan en suelo iraquí. Hay un camión esperando por ellos. 

HYDRA tiene conexiones repartidas por todo el mundo. Son llevados a una casa de seguridad proporcionada únicamente para esta misión.

Finalmente llegan a su destino. De cualquier forma, esta casa será usada sólo por una noche. Están exhaustos y necesitan descansar antes de la misión del día siguiente. Rumlow piensa que si tiene que escuchar a Sanford quejarse una vez más de que la misión fallará, podría darle un buen puñetazo en la cara. Acomoda la última caja que tenía que llevar y cae sobre la cama inferior de una de las dos literas instaladas en la pequeña habitación. El lugar está desnudo. Además de las camas, hay una gran mesa plegable y un baño, que parece tan antiguo como antihigiénico.

Erikson sigue su ejemplo y colapsa en la otra litera. Estar sentado dentro de un estrecho jet por doce horas es mucho más agotador de lo que parece. 

–Así que, ¿qué demonios se supone que debemos hacer con este tipo? –pregunta Sanford. Los otros voltean a ver al Activo, quien no ha dicho una palabra desde que preguntara por la misión. Todavía lleva la máscara, que es inquietante por sí sola. Pero sus ojos oscuros parpadean, viendo a cada uno de ellos. ¿Estará tal vez midiéndolos?

–Tal vez quieras quitarte la máscara. O sentarte. ¿Podrías dejar de ser tan jodidamente raro?

–¡Sanford! –Rumlow observa al tipo. Una de las reglas más importantes es no hablar con el activo, a menos que sea para darle una orden directa.

Sanford suelta un bufido y pone los ojos en blanco. Si Rumlow fuese el oficial al mando, ya le habría puesto en su lugar. El tipo es un idiota en un buen día. Sanford sólo se sube a la cama de arriba de litera en la que descansa Erikson, adormilándose en poco tiempo.

Rumlow está por ir hacia el equipo que han llevado, cuando el Activo se mueve lentamente, llamando su atención. Eso lo detiene y observa que el otro levanta las manos hacia los broches de la máscara. Con movimientos mecánicos y lentos, se sienta en el piso, cerca de las armas y el equipo, dejando la máscara a un lado. Sus apagados e inexpresivos ojos no son menos espeluznantes sin ella. Si Sanford lo ha visto, no hace comentarios. Se pregunta si tal vez han reemplazado su cerebro, así como han hecho con el brazo. No parece ni remotamente humano.

Rumlow sigue moviéndose hacia el equipo, sintiéndose incómodo al estar tan cerca del tan valioso activo de HYDRA. Revuelve el interior de las cajas, buscando los paquetes de MREs que sabe que HYDRA empacó para ellos.

–¿Alguno de ustedes tiene hambre?

Erikson se sienta y voltea a verlo. –¿De comida militar apenas comestible? Trae aquí –dice con sarcasmo. Se levanta y camina hacia él de todos modos.

Rumlow suelta una risilla y le pasa un paquete y una botella con agua. Erikson alcanza una extra para Sanford y vuelve hacia la litera. El otro hombre baja un brazo y acepta la comida sin entusiasmo.

–¿Tendremos que alimentarlo? –pregunta Erikson, haciendo una seña hacia el activo.

Rumlow baja la mirada hacia el hombre sentado a sus pies. –Sip, una vez al día. –Le extiende un paquete de MRE y una botella con agua. El activo los acepta sin decir una palabra.

–Será mejor que pueda alimentarse por sí mismo –comenta Sanford.

El aludido no dice nada. Pero abre el paquete que tiene en sus manos y empieza a comer. Rumlow vuelve a su propia litera y lo observa. Por lo que ha leído, el tipo apenas se preocupa por sí mismo. Si se le tiene qué decir cuándo y qué comer y en qué momento defecar, debería estar en un jodido hospital, no en una misión como el arma más poderosa de HYDRA. Está medio convencido de que la misión de mañana va a ser un rotundo fracaso. ¿Qué pasa si este tipo se mata solo? ¿Van a ser ellos responsables de la muerte del activo más valioso de HYDRA?

Y maldita sea si va a dejar que un inútil y despreocupado zombi arruine sus oportunidades de ascender dentro de HYDRA. Si el activo falla mañana, será él mismo quien tome por asalto la jodida base.

–Tomaré la cama de arriba –le dice–. Tú toma la de abajo.

El activo lo observa cuidadosamente mientras sube hacia la cama superior de la litera. Ha leído que el tipo no necesita dormir más que unas pocas horas cada pocos días. Pero mañana es la gran misión. No le hará daño estar bien descansado. Y si está en la litera, al menos no los estará observando en la oscuridad. Es jodidamente espeluznante, incluso para él.

Escucha al activo mientras se arrastra en el espacio debajo de él. Cierra los ojos y decide descansar un poco. El día de mañana garantiza que será un espectáculo de mierda.

*

Cuando Rumlow despierta la mañana siguiente, no tiene idea de cuánto ha dormido. No hay ventanas en la casa. Echa un vistazo a su reloj. Es tiempo de prepararse para la misión.

Baja de la cama tan silenciosamente como puede, viendo fugazmente a los otros. Erikson y Sanford aún duermen. Pero el activo observa sus movimientos con ojos afilados, silencioso como siempre. Se pregunta si el hombre ha dormido durante la noche. Rumlow fija su mirada en la del otro por algunos momentos, intranquilo, antes de darse vuelta e ir hacia el baño.

No hay señales de movimiento de ninguno de los otros cuando regresa. Alcanza una botella de agua para sí y otra para el activo.

–¿Necesitas... ir a hacer algo? –El activo sólo lo observa. –Ve al baño –le dice, exasperado.

Este se levanta a su orden. Y Rumlow casi piensa que le ha dirigido una mirada de agradecimiento antes de irse.

–¡Hora de levantarse, idiotas perezosos!

Los otros dos gimen y se revuelven en su incómoda litera, antes de sentarse lentamente.

Rumlow empieza a preparase para esta misión. Técnicamente, es la misión del Asesino. Saca las armas que serán utilizadas. El protocolo de la misión venía con un manual que muestra en forma explícita cómo prepararlo.

Al fin, Erikson empieza a revisar el protocolo. Al menos se toma la molestia en hacerlo. Sanford no le ha echado siquiera un vistazo a los papeles desde que se los entregaron.

Una hora más tarde, están listos para empezar. Ya se han alimentado y conocen el plan. Conducir a las afueras de la base, mantener una buena distancia, permanecer ocultos. Evaluar la situación y dejar el resto al Activo.

No hay instrucciones para cómo se supone que deba infiltrarse a la base. Tal vez las órdenes ya están programadas en su cerebro.

Cada uno de ellos se prepara con su equipo, colocándose sus uniformes tácticos y asegurándose que sus armas estén cargadas. Este es el protocolo estándar que ellos siguen, y que deben haber realizado una docena de veces. El Activo los observa desde cierta distancia.

Sanford voltea hacia el tipo. –¿Qué está esperando? –pregunta mientras coloca su Glock en la funda de su cadera.

–Bueno, si te hubieses preocupado por leer el protocolo de la misión...

–Sabrías que nosotros tenemos que prepararlo –termina por él Erikson.

–¿Es en serio? –se mofa–. ¡Jesús! ¿Es que este tipo no puede hacer algo por sí mismo?

–¿Puede un arma cargarse a sí misma? –le responde Rumlow sarcástico–. Ven aquí –dice, caminando hacia el activo.

Empieza por atar la correa de la funda de un arma personal en el muslo del lado derecho del activo. Este no se mueve, sólo mira enfureciendo a la nada. Erikson le ayuda en el otro lado con la otra funda.

Atan dos cuchillos a la parte posterior de la cintura, otro a un lado, junto con algunas granadas de mano. Y juntos, Erikson y Rumlow encuentran la manera de acomodar la correa de una ametralladora sobre su espalda. Sanford –esa pequeña mierda– sólo observa perezosamente desde una de las literas en la que se ha sentado.

Rumlow le coloca la máscara en el rostro, mientras Erikson revisa el protocolo para asegurarse de que no han olvidado algo. Intenta amarrar las correas sin jalar demasiado su cabello. Están mucho más apretadas de lo que piensa que deberían estar y le recuerda  más un bozal que algo que le permita ocultar su identidad. Esto es lo más cerca que ha estado del activo. Sus fríos ojos parpadean al encontrarse con los suyos.   

Son de un impactante color azul, brillantes y nítidos. Se ven mal en esa mirada tan muerta.

–Hey, ponle estos –Erikson le extiende un par de lentes tácticos.

Rumlow levanta una ceja al verlos y lo hace, fijando las correas bajo el largo y oscuro cabello del Activo. Retrocede unos pasos para observar su trabajo. Con la máscara y los lentes puestos, ellos no pueden ver en lo absoluto el rostro del Asesino.

–¡Santa mierda! Es terrorífico –murmura Erikson.

Rumlow asiente, dándole la razón. –Vamos, debemos irnos. –Alcanzan sus rifles de asalto y la bolsa de armas para el asesino y salen hacia el camión.

Sanford conduce y Erikson se sienta en el lugar del pasajero, dejando a Rumlow en la parte trasera, con el activo. Es desconcertante el no poder ver la cara del soldado. La máscara y los lentes le deshumanizan aún más. Ni siquiera puede decir si está mirándolo, aunque probablemente así es.

Llegan cerca de la base militar y son muy cuidadosos al ocultarse detrás de las dunas. No quieren echar a perder el elemento sorpresa. Iraq es todo lo que imaginaba que sería. Arena, arena y más jodida arena por todos lados. De pronto desea tener su propia máscara y sus lentes para cubrirse el rostro con ellos.

El Activo observa la base, silencioso como siempre.

Hay un pequeño conglomerado de edificios. –Ahí –dice Rumlow, apuntando a uno de ellos, con guardias parados en ambas entradas–. Puedo garantizar que los hombres que buscamos están ahí.

Un momento después, el activo se mueve, desplazándose hacia ellos, como si esperara. Erikson abre la bolsa de armas. Le entrega un rifle de asalto Colt M5A1. Él lo coloca sobre uno de sus hombros, asegurándolo a la correa y extiende su mano. Erikson le entrega un cilindro lanza granadas  Milkor MGL6.

El Asesino está listo.

Camina sin vacilar, cada paso que da es con propósito y dirección. No se molesta en tratar de cubrirse o camuflarse con el paisaje. Los tres ven cómo levanta el lanzagranadas, enviando un proyectil directamente a un camión militar. Este explota y se vuelca y los hombres se desbandan en medio de gritos, tratando de alejarse de él. El sonido alerta inmediatamente a todo el campamento que se encuentran bajo ataque. Esta no es la operación encubierta que Rumlow esperaba.

Lanza otra granada hacia un grupo de soldados agazapados. Explotan, enviando fuego y partes de cuerpos alrededor del Asesino, quien se mueve con calma y en pasos medidos.

Los soldados empiezan a repeler el fuego. El brazo metálico del Asesino lo protege de las balas, hasta que encuentra cubierta detrás de un camión. Un momento después, otra explosión hace volar a los soldados. 

El Asesino deja el lanzagranadas y toma el rifle de asalto que lleva sujeto a sus hombros. Las balas vuelan hacia los soldados y estos caen como moscas. Cada uno de ellos se convierte en un blanco sin oportunidad. Su puntería es impecable. Todo es caótico, hasta que todos los soldados caen, quietos y silenciosos.

El Asesino se dirige hacia el edificio en donde se encuentran los prisioneros. Suelta el rifle de asalto y alcanza las armas de sus costados. Cada uno de sus movimientos es realizado con gracia. No corre hacia sus oponentes sino que camina como un depredador, en lenta cacería de su presa. Las balas vuelan y él las esquiva con giros y vueltas dignas de un gimnasta largamente entrenado. Los hombres caen a su alrededor. Ni siquiera pueden acercársele.

Literalmente, están viendo a un hombre convertido en una máquina de matar.

Los guardias de las puertas son eliminados por los proyectiles del activo. Éste abre la puerta, golpeándola  con suficiente fuerza para hacerla volar de sus goznes.

No pueden ver más. Pero escuchan el sonido de sus pistolas, produciendo ecos en todo el edificio.

Estuvieron en silencio antes, pero ahora...

–¡Santa mierda...!

–Eso fue... una locura

Rumlow no comenta. Sólo observa intensamente. Hay silencio por un momento, entonces se escuchan cuatro disparos sucesivos y nuevamente, silencio.

–Lo hizo. Joder. En verdad, lo hizo.

El Asesino camina hacia el exterior con su usual calma. Aún hay soldados tratando de dispararle. Lanza una granada de mano que aterriza limpiamente debajo del camión que protegía a un grupo de soldados. Observa hacia ellos –sus movimientos son tranquilos- mientras recarga una de sus pistolas. Cada tiro que disparan contra él es repelido por su brazo de metal. Los soldados caen, uno a uno.  

Hasta que finalmente, los disparos se detienen. El activo observa alrededor de la base. Ve un leve movimiento a su derecha y dispara, y un cuerpo cae desde el techo. Hasta ese punto, corre para salir del alcance de las balas y suelta sus armas en la arena, alcanzando a su vez los cuchillos que lleva. Los soldados se atreven a atacarlo ahora. Pero esto no les da ninguna ventaja. El activo esquiva cada bala y salta y gira en el aire con gracia y poder. Sus cuchillos se entierran en las gargantas de los soldados, salpicando sangre sobre su máscara. Él es tan capaz en combate cuerpo a cuerpo como con un rifle de asalto. Una sola patada del activo envía a un soldado a volar más de una veintena de metros atrás.

–Este tipo no es humano –murmura Rumlow, y son las primeras palabras que ha dicho en todo este tiempo. Es hermoso. Sus movimientos tienen una gracia que él jamás hubiese esperado encontrar en el campo de acción.

Es peligroso, y verlo es terriblemente impresionante.

El número de hombres que aún permanecen en pie pueden ser contados con una mano. El activo los elimina uno a uno. Lanza su cuchillo hacia el último, y éste se entierra limpiamente en la mitad del pecho del hombre, haciéndolo caer sobre sus rodillas.

El Asesino observa a su alrededor, sus manos ahora están vacías. La máscara y los lentes ocultan por entero sus facciones.

Rumlow desea poder verlo.

Hay hombres que gimen de dolor por toda la base, los que no están muertos. El activo no estaba apuntando a matar, les estaba apuntando a incapacitar. Lástima que la mayoría de los soldados que no están muertos probablemente se desangren antes de que reciban atención médica.

Esto es orden, se dice a sí mismo. Y no hay orden sin dolor.

La misión del activo ha sido completada. Los prisioneros están muertos. Cualquiera que trató de interponerse en su camino fue eliminado. Camina hacia ellos, lento y sin vacilación, como siempre.

No les dice una palabra. Ellos tampoco. Y se apresuran a subir al camión para volver a la casa de seguridad.

–Ya hice la llamada. El jet estará listo para llevarnos de regreso en algunas horas –dice Rumlow cuando llegan.

Aún están un tanto asombrados por lo que han visto. Ninguno le ha dirigido una palabra al Asesino. Este permanece de pie, quieto y silencioso, y su rostro completamente oculto.

–Bien, considerando que tenemos algunas horas libres, ¿alguien quiere ir por algo de comida real? –pregunta Sanford.

–Sí, claro –acepta Erikson a regañadientes.

Rumlow sacude la cabeza. –Voy a empezar a empacar estas porquerías y dejar todo listo para irnos. Tal vez lo ayude a limpiarse –comenta, haciendo un gesto hacia el activo.

La idea de tocar al Asesino claramente pone incómodos a los otros. Le desean buena suerte y salen del lugar a toda prisa, dejando a Rumlow solo con el silencioso activo.

Una vez que los otros se han ido, se dedica a ver detenidamente al Asesino y se percata entonces de la oscura mancha de sangre a un costado de su uniforme.

–¡Maldición! ¿Estás bien? –se acerca unos pasos más y sin pensar, coloca su mano en el costado del otro–. Estás sangrando.

–No es nada –dice al fin el activo–. No hay ningún malfuncionamiento.

Rumlow bufa. –Si no limpiamos la herida, podrías tener un mal funcionamiento más pronto de lo que piensas. Ven. –Lo sujeta por el brazo y lo lleva hacia una de las literas. El Asesino se sienta mientras busca el equipo de primeros auxilios.

Cuidadosamente empieza a desabrochar las correas del uniforme. Por un segundo se detiene y remueve la máscara y los gogles primero. Esto es demasiado inquietante. El Asesino no se mueve para ayudarlo. El cuero lentamente se despega de su cuerpo, revelando una herida de bala en el costado derecho. No está sangrando tan profusamente, pero un rápido vistazo le muestra que no hay herida de salida. Tendrá que extraer la bala.

–Recuéstate sobre tu espalda. Tengo que sacar la bala.

El hombre hace lo que le indica.

Rumlow se coloca un par de guantes de látex y empieza a limpiar el área con una gasa empapada de alcohol. Gotas de un brillante y vivo color rojo escurren por un lado.

–Así que sí eres humano –murmura. Y el Asesino parpadea, viéndolo. Le dirige una extraña mirada, casi como si esas palabras fuesen un misterio para él.

Alcanza un par de fórceps y los limpia lo mejor que puede con el alcohol.

–Esto va a doler.

Empieza a introducirlos en la herida, tratando de hacerlo tan lento y gentil como puede, buscando la bala.

Observa de reojo el rostro del Asesino. El hombre no cambia su expresión, pero puede ver que sus dedos se entierran en la delgada manta bajo él. No es inmune al dolor.

Siente cuando los fórceps golpean metal y con mucho cuidado trata de sujetar la bala. El Asesino deja escapar un gemido de dolor cuando lentamente retira las pinzas.

–¿Sabes? Eso que hiciste fue en verdad extraordinario –habla, pensando que con ello distraerá la mente del activo–. Definitivamente, tuve mis dudas por un momento. Creí que tendríamos que volver a casa con un cuerpo lleno de agujeros de bala.

El otro no le responde.

Se supone que no debería hablarle. Pero no puede dejar de intentarlo. –¿Tienes nombre? Porque es demasiado extraño llamarte sólo “el Activo” –cuidadosamente enreda el hilo quirúrgico en la aguja curva y seca la sangre fresca de la herida antes de empezar a coserla para cerrarla.

–Los rusos te llamaron el Soldado del Invierno, ¿cierto? Un nombre atemorizante. Te queda, ¿no crees?

Rumlow observa su rostro otra vez. Parece desolado, como si supiese que no debería estar conversando con él; entonces, ¿por qué este hombre le está hablando? –Como el soldado más fuerte. Fuiste implacable. Brutal. Jodidamente increíble.

El Asesino permanece en silencio, pero ahora lo observa.

–Aunque es un nombre muy largo. ¿Qué tal Winter? –Termina de suturar y amarra el hilo en un resistente nudo–. Podría llamarte Winter  –le dirige una leve sonrisa–. Mi nombre es Brock Rumlow. Siéntate, voy a terminar de limpiarte.

Agarra una toallita limpia y vacía una botella de agua sobre ella. La retuerce para quitar el exceso y comienza limpiando la cara del activo. Hay sudor y polvo cubriéndola. Sacude el pelo oscuro hacia atrás y suavemente roza la tela por un lado de su cara, luego el otro, limpiando suavemente la nariz. Los ojos azules lo miran en silencio. Pero no se ven tan muertos, no como antes... vacíos. Enmarcados por pestañas largas y gruesas, casi parecen tristes. Hermosos. Rumlow se mofa en su cabeza. Pierce sin duda ha tenido razón en eso.

Rumlow pasa uno de sus pulgares sobre los labios rojos y carnosos. No hay nada malo en ello, sólo está admirando algo sumamente hermoso.

Deja escapar un triste suspiro. –¿Quién eres? –murmura. Lentamente, baja su mano y moja otra vez la toalla, retorciéndola en seguida para quitar el exceso de agua en ella. Limpia por entero al hombre, quitándole sudor y polvo de las líneas que se marcan en sus músculos. Limpia su cuello, el torso y ambos lados de su pecho, teniendo extremo cuidado de no tocar la herida.    

Hay sangre seca en el brazo metálico. —¿Puedes levantarlo? —el Asesino lo hace, y el murmullo de los engranajes se escucha bastante fuerte en el estrecho cuarto. Cuidadosamente limpia el metal. Hoy ha sido testigo de lo que sucede cuando una persona es golpeada por un brazo cibernético. El Asesino es tan letal como hermoso. Esto lo hace especial, porque Rumlow nunca antes ha conocido a nadie como él.

Cuando termina, tira la toalla sucia al piso. Voltea a ver al Asesino. Hay un pequeño rastro de emoción en su rostro, pero Rumlow piensa que se ve... ¿confundido? Como si nadie le hubiese mostrado algún gesto de amabilidad anteriormente. Tal vez nadie lo ha hecho.

Los otros regresan justo cuando Rumlow termina de acomodarle el uniforme de cuero al activo.

Hacen escándalo y están ebrios —al menos Sanford lo está—, y mucho más relajados ahora que la misión ha terminado.

Erikson le lanza una botella de vodka a los brazos. —Algo para el camino —dice con una sonrisa.

Rumlow la corresponde. —Gracias. Creo que necesito un buen trago justo ahora.

Toma un trago directo de la botella y hace una mueca mientras el vodka barato le quema la garganta. Lanza una mirada sobre su hombro. Sanford se ha metido al baño y Erikson hurga dentro de su bolsa. Pone la botella frente al asesino, ofreciéndosela, mientras levanta las cejas.  

El hombre la observa. Entonces desvía la mirada hasta encontrarla con la suya. Está confundido. Nadie había compartido algo antes con él. Pero sabe que no debería ser así. Sacude la cabeza en una negativa apenas perceptible.

Rumlow se encoge de hombros y toma otro largo trago. Es una buena forma de alistarse para otro vuelo de doce horas.

—Así que no tomas alcohol —dice bajito, apenas dejándose escuchar por él—. ¿Qué dices entonces de una fumada? —Saca el paquete de cigarros que lleva en uno de sus muchos bolsillos. Le señala con un gesto la puerta y lentamente, el Asesino lo sigue.

Rumlow saca un cigarro y lo enciende antes de extender el paquete hacia él. El activo lo observa, confundido. No sabe qué debe hacer. Rumlow le dirige una pequeña sonrisa. El arma más peligrosa de HYDRA no tiene idea de cómo encender un cigarro. Él mismo lo saca del paquete. —Abre —ordena. Pone entonces el cigarro en esos labios y lo enciende por él. —Inhala.

El Asesino obedece, haciendo que sus mejillas se hundan un poco mientras aspira el humo. Y de pronto voltea a verlo, con los ojos enormes, manteniendo el humo en sus pulmones, dando una imagen casi cómica. Rumlow le sujeta la mano humana, subiéndola hacia su rostro, y hace que tome el delgado cilindro entre dos dedos, retirándolo de sus labios.

—Ahora, exhala.

El otro lo hace, y le lloran un poco los ojos mientras la nicotina inunda sus sentidos.

—Se siente bien, ¿verdad? —Le dice con gentileza, reteniendo a su vez el humo que ha aspirado de su cigarrillo.

El Asesino lo observa con cuidado, imitando sus movimientos. Se siente bien. Se siente como un suave y delicioso zumbido en su cabeza, hormigueando en sus nervios. Esto le hace pensar que hay algo realmente importante que ha olvidado, desde hace un largo tiempo, algo muy, muy lejano.

Rumlow lo ve otra vez en forma discreta. El Activo tiene los ojos cerrados, y ha echado su cabeza un poco hacia atrás, viéndose sumamente relajado, como en ningún momento antes lo ha visto, mientras lentamente exhala, dejando salir el humo entre sus rosados y carnosos labios.

—Empiezo a creer que nunca te han permitido fumar.

El activo permanece tan silencioso como siempre. Abre los ojos, y al volver la vista a él, parece como si estuviese perdido.

—¿Qué ocurre?

—Creo... creo que hay algo que he olvidado. Algo importante. O alguien, tal vez...

Los labios de Rumlow se abren un poco y sus ojos demasiado. Porque hay un distintivo acento de Brooklyn que nunca estuvo allí antes, no desde que el activo hablara en voz baja, monótona.

El activo lleva el cigarrillo a los labios de nuevo, da una impresionante calada y suelta el humo de vuelta, como si hubiese sido fumador de toda la vida. En otra vida tal vez.

Memoria muscular.

—Está bien, ya fue suficiente. —Una punzada de terror lo golpea mientras le arrebata el medio cigarrillo fumado y lo deja caer, aplastándolo bajo su bota. Si de alguna manera ha roto la valiosa programación del activo, HYDRA lo desollará en vida por ello—. Volvamos adentro. Es hora de irnos de aquí.

El activo tiene el descaro de dirigirle una anhelante y triste mirada. Si Rumlow no tuviese miedo de romper la programación, le habría permitido fumar tanto como quisiera.

Pero es tiempo de volver a casa.

*

—Reporte de la misión.

—Misión exitosa. Objetivos eliminados. —El Asesino parece haber vuelto a la normalidad. La luz en su mirada que Rumlow había descubierto horas antes, ha desaparecido lentamente, casi por completo en el momento en que llegaron a la base de HYDRA.

Pierce asiente. —Bien. Muy bien. Y por lo que veo, sin bajas —dice mientras lanza una mirada hacia los otros tres hombres. Se inclina hacia el Asesino y murmura algo en su oído; Rumlow muere de ganas de saber qué le está diciendo.

Poco a poco, el activo se vuelve hacia ellos. Pero es muy claro que está haciendo contacto visual constante con él. Se pone un poco nervioso y espera que no se le note. Espera que Winter no lo traicione, pues sólo ha sido amable con él.

—Rumlow, quédese. Los demás pueden retirarse.

—Sí, señor.

Los demás se van y Pierce hace una señal al activo para que se dirija hacia la otra habitación, justo en donde lo vio por primera vez. Rumlow los sigue silenciosamente.

Los técnicos del laboratorio trabajan con diligencia cuando entran. Observa que su labor es metódica al quitarle el uniforme al activo. El cuero es removido, así como el guante en la mano metálica, hasta que sólo lo dejan en sus pantalones negros y las botas de combate. Los técnicos lo acomodan en la única silla que se encuentra en el medio de la habitación, rodeada de equipo médico.

—¿Qué le están haciendo?

—Están revisando sus signos vitales —responde Pierce en forma ausente—. Se aseguran de que sigue estando completamente funcional.

Uno de los técnicos lo conecta a un monitor y observa la pantalla, mientras esta devuelve varios números. Otro de ellos examina el brazo, abriendo las placas metálicas para revisar si hay algún daño en los cables y engranajes.

—Hizo un buen trabajo durante la misión, Rumlow —Pierce le dice en forma repentina.

Lo voltea a ver, sorprendido. —Gracias, señor.

—El ser capaz de manejar al Asesino es una muy rara habilidad, y muy codiciada dentro de esta organización. Lo ha hecho bien. No lo olvidaremos.

Rumlow se hincha de orgullo. Es uno de los muy pocos cumplidos que ha escuchado desde que llegó aquí.

—Gracias, señor  —agradece de nuevo.

—El activo se encuentra en óptimas condiciones, señor. Todos sus signos vitales están bien.

—Bien —asiente Pierce—. Límpienlo y en cuanto terminen, almacénenlo.

Los técnicos se preparan para seguir sus instrucciones.

—Siéntase libre de quedarse a observar esta parte. Podría serle de gran interés. —Le sonríe antes de dirigirse hacia la puerta y salir del lugar.

Rumlow voltea hacia el activo justo a tiempo para ver que manipulan el respaldo de la silla, recostándolo hacia atrás. Sus ojos muestran una airada resignación, y parpadea un poco al voltear a verlo antes de abrir la boca para aceptar un protector bucal. Los hombres se retiran y un fuerte ruido metálico reverbera a través de la habitación, señalando el movimiento de los sistemas metálicos de retención que se cierran alrededor de los brazos del activo.

—¿Qué le están haciendo? —pregunta, dando un paso más cerca. Se detiene cuando la máquina que está detrás del activo empieza a zumbar, y el enorme aparato metálico se acerca hacia el hombre. Su pecho desnudo empieza a bajar y subir debido a sus rápidas y fuertes respiraciones. Está hiperventilando. Está aterrado.

—Estamos limpiándolo. Es el protocolo estándar para el almacenamiento a largo plazo.

—Almacenamiento a largo... ¿qué rayos?

La electricidad crepita en medio de rayos blancos y terroríficos, en las dos placas de metal que ahora están enmarcando la cabeza del activo. Se cierran, embonándose cada una en su lugar, alrededor de su cara y cráneo.

Los gritos son aterradores y casi salta en su lugar cuando los oye. Son crudos y llenos de angustia y sufrimiento. Se estremece cuando ve la cara del activo, desfigurado en agonía. Sus puños están cerrados y su cuerpo se sacude en espasmos mientras grita por el tortuoso dolor. Sólo puede imaginar lo que se siente al tener tantos voltios de electricidad enviados directamente a su cerebro.

El término traumatizante ni siquiera lo describiría. Y sin embargo, ni una sola persona se mueve para ayudarlo.

Los hombres vestidos con batas blancas lo observan como si ya hubiesen hecho esto cientos de veces antes. Probablemente así es, se convence Rumlow. Esto es el protocolo estándar.

Finalmente, los gritos se detienen. Y las máquinas son lentamente retiradas.

El activo yace relajado, su rostro ya no es una máscara de dolor, sólo permanece... inexpresivo. Su pecho se sacude en forma esporádica mientras hace respiraciones cortas y temblorosas. Hay una contracción ocasional en el brazo real, y en sus piernas, mientras su cerebro sigue fallando debido a las descargas eléctricas.

¡Santo Carajo!

Esto es lo que le hacen. Así es cómo lo mantienen dócil y sumiso. A su Asesino. Sin mente propia, incapaz de hacer decisiones por sí mismo, de hacer algo por su voluntad. Esto es lo que HYDRA le ha hecho. Le arrebatan todo lo que puede hacerlo humano.

¿Acaso esto es orden?

Uno de los técnicos remueve el protector bucal y mueve la silla hasta dejar al activo nuevamente sentado. Rumlow lo observa. No hay señal de reconocimiento en sus ojos, no hay vida, no hay dolor. Sólo vacío.

En forma literal, han limpiado su mente.

Los técnicos le quitan las botas. Lo hacen levantarse y le retiran el pantalón y la ropa interior mientras mira fijamente, sin ver, hacia Rumlow. Este ve como lo dirigen hacia una sala contigua, que parece ser sólo una gran ducha. El rociado se enciende y empiezan a lavarlo, frotando con fuerza su piel, limpiándolo con rudeza. No se molestan con agregar jabón o shampoo. Sólo acaban al hacerlo meter su cabeza bajo el agua y dejar que esta corra por su cabello, bajando por su cuerpo. El rociado se apaga y lo secan lo mejor que pueden con algunas toallas.

Lo traen de vuelta a la sala y le arrastran hacia una cámara de metal que se encuentra en un extremo de la misma. Está conectada por grandes tubos a un tanque de metal pesado que se asienta al lado. Hay una etiqueta de advertencia en él. Rumlow lee en ella 'nitrógeno líquido'. Uno de los técnicos abre la puerta de metal, que silba a medida que se abre, y una densa niebla blanca se filtra hacia el aire caliente.

Es una maldita cámara criogénica.

Con un empujón, obligan al activo a llegar al interior. Rumlow puede verlo que empieza a temblar, incluso antes de que cierren la puerta.

Con sólo pulsar unos pocos botones, el nitrógeno líquido comienza a inundar la cámara. Rumlow apenas suprime un estremecimiento mientras el sonido de chisporroteo y efervescencia llena el aire. Una vez que se detiene, los técnicos liberan el nitrógeno de nuevo en el tanque.

La pantalla inferior de la cámara criogénica se ilumina lentamente, hasta que se instala en -80 C.

Rumlow avanza con cautela hacia la cámara. Tiene que ponerse de puntillas para ver el interior del helado depósito a través de la pantalla. El activo permanece quieto. Demasiado quieto. Sus ojos están cerrados. Hay hielo a lo largo de los bordes de la pantalla. Un resplandor de color azul claro lo ilumina. Se ve pálido e inmóvil. Congelado y hermoso. Hasta la próxima vez que HYDRA decida descongelarlo para su uso.

Rumlow retrocede lentamente mientras los técnicos empiezan a retirar el equipo. Tal como lo hicieron con el Soldado. Nada de esto se volverá a usar hasta que el activo sea descongelado otra vez.

Desde ese día, no puede dejar de pensar todo el tiempo en el Asesino

Para su desgracia, serán años los que pasen antes de que vuelva a verlo.