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No sabía exactamente que estaba sucediendo con el revoltijo de emociones adentro suyo. O porqué su omega rascaba ansiosamente en su interior, y toda su piel hormigueaba, buscando aferrarse a algo, o hundir sus manos en algo. No sabía qué con precisión.
Más aún, por qué en los últimos días tenía el incontrolable impulso de buscar el olor de cierto alfa rubio.
Shoto detestaba su estúpida naturaleza omega en ese momento. Nunca antes había sentido la necesidad de buscar el olor de un alfa, nunca lo había pensado, no se lo permitieron. No entendía que era ese manojo de emociones que se rotorcia en su pecho cada que tenía a su alcance cualquier rastro de escencia del cenizo. Y porqué sus manos trataban de aferrarse a las telas suaves que tenía a su alcance con premura ante el mínimo contacto.
El bicolor no entendía nada de su propia naturaleza omega. Porque nunca antes se le había permitido comportarse como tal. Y estaba más que bien con reprimir esa parte suya, que a su parecer, solo era una debilidad más, una enorme.
O al menos eso fue lo que le enseñaron cuando se presentó como omega.
Ser parte la casta más baja de la sociedad, era un deshonra. Nunca llegaría a ser un héroe si se le permitía comportarse como un débil omega. No debía mostrar fragilidad, y debía trabajar diez veces más que el resto de sus congéneres. Así erradicaría todo rastro de vulnerabilidad.
Así lo decidió su padre.
No tenía que preocuparse por las feromonas de alfas, porque se le había sometido a ellas desde que era un niño de 5 años. Sin entender porqué sus piernas temblaban y su cuerpo se encogía cada vez que su padre llenaba de olor a alfa aquella horrible sala de entrenamiento. Apestando hasta el último rincón, y haciendo que el omega en su interior arañara con desesperación en una súplica silenciosa para que todo eso acabara. Hasta que dejó de tener efecto. Y un pequeño Todoroki de 13 años no debía preocuparse por cualquier clase de olor.
Nunca tuvo que arrodillarse ante ningún presumido alfa que usó su voz de mando sobre él. No cuando tuvo a Endeavor pronunciando orden tras orden, una y otra vez usando esa misma voz, durante años. Logrando que el heterocromático vomitara al resistir lo que su simple instinto le dictaba. Sintiendo como si cuerpo se estiraba y dolía por tratar de negarle al omega adentro suyo lo que se suponía que era natural en él. Complacer alfas. Y como cada vez que fracasaba, un nuevo moretón era pintado sobre su lechosa piel.
Mucho menos recuerda haber sucumbido al asqueroso instinto, como le decía Enji, de anidar para sentirse protegido cuando se sintiera amenazado. Su pecho nunca emitió un ronroneo complacido de comodidad. En su lugar fueron temblores y sollozos, cuando su primer y último intento de anidamiento fue cruelmente pisoteado. Al ser descubierto por el héroe número dos robando una de las camisas de su madre que aún conservaba su aroma, para poder llevarla a la comodidad de su cama. Y como esta fue reducida a cenizas delante de los dispares ojos antes de que si quiera pudiera salir de la antigua habitación de su madre.
Y definitivamente, jamás pidió que un alfa lo reclame durante su celo. Porque eso era jodidamente asqueroso, en palabras de su padre. Reducirse a una masa temblorosa y necesitada, era lo más repugnante de los omegas. Lo aprendió en su primer celo, aprendió a odiar aquel periodo en que era especialmente débil, lo odió cuando fue lanzado a una habitación fría, con nada más que agua, una cama y unos pocos supresores. Porque Todoroki Enji odiaba que la casa este llena de sus apestosas feromonas de Omega en celo. Y Shoto aprendió, de la forma más dolorosa,siendo un lío de gemidos adoloridos saliendo de su tembloroso y empapado cuerpo, que el celo era lo peor que le podía pasar como omega.
Por ello cuando tras una semana de aislamiento, Endeavor trajo unos supresores ridículamente caros, y aún más preocupantemente efectivos, que inhibían por completo el celo en él. No protestó, y los tomó religiosamente desde los 12 años. Siendo ese su primer y último celo. Y sin saber que era exactamente lo que le estaba metiendo a su cuerpo.
Pero no importaba, solo se estaba deshaciendo de su lado débil, aquel que no necesitaba.
Todoroki era duro como ningún otro omega, tanto, que todos jurarían que era un beta. No anidaba, no corría buscando protección, lloriqueandole a un alfa, y podía hacerle frente a los alfas de mayor rango en la U.A .
De no ser por el suave y dulce aroma a crema y fresas que envolvía al muchacho dual cada que entraba a una habitación. Nadie sospecharía que bajo aquella máscara de indiferencia se ocultaba un omega.
Fueron precisamente todos esos comportamientos no-omega que terminaron atrayendo la atención del alfa más agresivo y testarudo de su salón. Comenzando una especie de "relación" que aún no estaba del todo formalizada, pero tampoco era tan inestable. Simplemente se tomaban su tiempo.
Precisamente en ese tiempo, fue cuando Shoto descubrió algunas partes de su naturaleza omega que nunca había explorado. Y que solo relacionaba como algo que era signo de debilidad. Hallándose gratamente sorprendido de que no todo fuera tan malo como su padre había grabado en su cabeza.
Fue difícil y lo seguía siendo.
Pero la primera vez que se permitió a sí mismo aspirar de la escencia que desprendía Bakugou y retenerla en sus pulmones, sintió como su cuerpo se volvía flácido y suave contra el pecho que en aquel momento lo sostenía. Por primera vez su omega se removía feliz y no ansioso, y una desconocida pero agradable sensación de estar rodeado por un cálido fuego lo invadió.
Desde ahí no pudo parar.
Aunque no fuera tan demostrativo como otros omegas a su edad. El alfa que lo pretendía notaba los pequeños cambios y gestos en el despistado bicolor.
Él mismo ojirrubí era una mezcla de emociones, porque juró que odiaba toda esa mierda suave de omegas emparejados.
Pero cuando Katsuki vió al medio albino frotar su mejilla inconscientemente contra la almohada de su cama, que claramente estaba empapada en su aroma, y soltar un suspiro complacido tras ello. Decidió que quizá, y solo quizá el idiota en su cama era jodidamente la cosa más tierna que había visto en su vida. Si no lo dijo en ese momento, fue porque estaba demasiado ocupado tratando de calmar a sus instintos alfa que le gritaban que debía agarrar a su omega y envolverlo bajo mil capas de prendas suaves que olieran a él, para jamás dejarlo salir de ahí.
Si Bakugou había "olvidado" de pedirle a Shoto la polera que le había prestado esa noche por el frío del invierno, y que hacía que el omega luciera inexplicablemente pequeño bajo ella, dejando que el bicolor se marchara a su habitación a la mañana siguiente sin decir nada. Nadie debía saberlo, y nadie iba preguntar porque Bakugo y Shoto olían al otro después de eso, si no querían ganarse una explosión y un gruñido del alfa.
Todo aquello habían sido agradables sorpresas. Con las que estaban más que bien. El rubio ayudaba al del quirk dual cada que la situación era demasiado para él, y sus instintos Omega lo sobrepasaban mezclándose con su horrible infancia, produciendo crisis de ansiedad en el proceso. Crisis que Katsuki siempre se encargaba de arreglar con suaves caricias y palabras reconfortantes. Borrando los rastros de las horribles feromonas de Endeavor que aún persistían en la cabeza de Todoroki.
Pero aquella situación era completamente nueva, y diferente.
En ese momento, Shoto estaba siendo plenamente consciente, de que su omega raspaba en su interior, desesperado por conseguir algo de la escencia del alfa. Creía que quizás sus supresores estaban fallando. Y su celo volvería, por primera vez en 5 años. El pensamiento lo aterrorizó.
Pero fue descartado rápidamente al recordar su primera desagradable experiencia. Y no notar ningún impulso especialmente parecido a los de esa vez.
Se sentía expuesto en muchas formas, y avergonzado de estarse comportando como lo que por tantos años buscó reprimir. Un Omega.
La situación definitivamente fue peor cuando a hurtadillas, y no teniendo idea de cómo o cuando había llegado hasta ahí. Se encontró escabulléndose a la habitación de Bakugou varias veces al día, solo para olfatear un poco, y calmar su ansiedad.
El alfa rubio fingía no darse cuenta, dándole su espacio al menor. Siendo acosado por sus propios instintos que le exigían hacer algo para calmar el estado ansioso en el que se hallaba su omega. Pero el límite se tocó, al ver el preciso momento en que Shoto de deslizó fuera de su habitación como si estuviera cometiendo alguna clase de crimen, con una de las camisetas sin mangas del cenizo fuertemente aferrada a sus manos.
—¿Qué carajo...? Oi, ¿¡A dónde mierda crees que vas con eso?!—el reclamo no tardó en llegar, siendo mucho más suave de lo que realmente planeaba escucharse. Quizá siendo influenciado por el casi imperceptible temblor que percibió en el bicolor cuando se dirigió a él.
—Uhm...¿Mi habitación?—respondió aún sin perder la inexpresiva careta que siempre portaba, pero a la que si estabas lo suficientemente acostumbrado podrías fácilmente notar la vergüenza en los rasgos. Y el casi, imperceptible sonrojo en sus mejillas. Aunque estaba siendo captado infraganti, Shoto no soltó la prenda entre sus manos, cediendo un poco a sus impulsos omega al fruncir el ceño como un cachorro regañado.
Y al parecer habían pasado mucho tiempo simplemente parados ahí. Porque la voz de Uraraka se unió a su pequeña plática no-plática.
—¡Oh, no sabía que estabas anidando, Todoroki-kun!—la castaña observó enternecida lo que a sus ojos era la pareja comenzando a construir el futuro nido de Shoto. Pero lo único que recibió a cambio fue la expresión confundida del heterocromático, y el ceño fruncido en molestia de Bakugou.
—¿Hah? Que dices cara redonda. Por supuesto que el idiota no está anidando, solo roba mi jodida ropa.
—¡Claro que lo está! Por eso te robó eso, es una cosa omega.—señaló con entusiasmo a un aún silencioso Shoto. Que afiló su mirada cuando Ochako quiso acercarse a él.— y además parece que podría arrancarme un ojo si me atrevo a tocar su material. Ya lo dije, cosa omega.
—y una mierda, Shoto nunca-. —Katsuki estaba a punto de enlistar las razones por las que el menor de los Todoroki no podía estar anidando, y aquella deducción por parte de Uraraka era ridícula. Por supuesto que el omega no estaba anidando, él no hacía ese tipo de mierda.
Pero entonces un respingo por parte del hasta ahora silencioso tercer miembro de aquella charla llamó la atención de ambos chicos discutiendo.
—¿Anidando?—ladeó su cabeza, procesando la palabra y su significado en su cabeza. El chico explosivo casi podía ver los engranajes en su cabeza moviéndose. Todoroki miró fijamente la tela entre sus manos, frotando su pulgar contra esta inconscientemente, mientras parecía que algún lejano recuerdo se acababa de desbloquear en su cerebro.
—¡Sí! Ya sabes, nos ayuda a sentirnos seguros y es nuestra zona de confort. Normalmente paramos al ser adolescentes. Pero muchos omegas lo retoman al estar emparejados. Pero eso ya lo sabes, ¡Debes haberlo hecho un millón de veces de niño! Papá me daba una de sus mantas cuando hacía mis nidos.—la explicación salió casi de memoria, y de manera nostálgica al recordar la propia sensación de seguridad que tenía al hacer un nido. Asumiendo que, Shoto al igual que todos los omegas promedio, había pasado por la fase de anidamiento en su propio hogar.
Claro que Uraraka no sabía que el bicolor no era un omega promedio.
—Uh, yo realmente nunca...Nunca anidé antes.—confesó con el habitual tono plano. Pero se podía notar la mirada ensobrecida en sus ojos, que no se habían despegado de la camiseta de Bakugou. El vago recuerdo del olor a tela quemada flotó en su cabeza, provocando que sus labios se apretaran en una pequeña mueca, y breve destello de dolor brilló en los ojos dispares.
Ahora todo se sentía tan mal. Estaba haciendo algo incorrecto. Y el nudo que llevaba en su estómago desde hace días solo se apretó más en él.
—Pero... Eso es imposible, ¡todos los omegas anidamos de niños! Debes haberlo hecho, con tus hermanos o tu mamá-. —lo que sea que Uraraka estuviera por decir, fue cortado por la filosa mirara carmesí del único alfa entre ellos. Entendiendo que no era prudente seguir mencionando el tema delante del bicolor. A menos, no mientras están a mitad del pasillo y cualquiera puede ver su charla. Y a Shoto luciendo demasiado pequeño en medio de ambos.
—Joder, solo cállate cara redonda.—masculló mordazmente el alfa. Apenas notando cuando la castaña se apresuró a dejarlos solos, estaba demasiado ocupado maldiciendo a la horrible crianza de Endeavor y arrastrando suavemente al menor hacia su propia habitación.
Una vez estuvieron en la ya familiar habitación del omega, dejó salir un pesado suspiro.
Shoto observó al contrario sin saber que esperar. No sabía si estaba enojado o si recibiría un regaño por lo que acababa de hacer. Y antes de que alguna de estas cosas pasara, el bicolor se atrevió a hablar.—lo siento.—pronunció estirando la camiseta en dirección a su dueño original, aunque el omega dentro suyo protestara, y casi le resultara físicamente doloroso apartarse de la prenda.
—¿Por qué te disculpas? No es nada malo. Yo fuí idiota al no darme cuenta de lo que pasaba. Debería haberte ayudado y todo eso.—explicó el alfa rubio aún con el ceño fruncido en frustración consigo mismo, mientras estaba siendo regañado por sus propio alfa adentro suyo.—solo no creí que tú, ya sabes, anidarías.
—Oh, ¿Entonces no estás molesto? —Shoto parpadeó lentamente, evidentemente sorprendido por la respuesta que le dió Katsuki.— creí que uhm, ya sabes, esta es una "tonta cosa omega".—masculló con el ceño fruncido, pronunciando inconscientemente las palabras de su padre.
Y Bakugou tuvo que hacer un esfuerzo monumental por no salir de ahí en ese mismo instante y buscar al bastardo de Endeavor para usarlo de saco de boxeo, por haber metido toda esa mierda en la cabeza de Shoto durante tantos años. Su prioridad en ese momento era el omega delante suyo, quién aún tenía la mirada de un cachorro herido en sus ojos. Y francamente Bakugou no iba a poder lidiar con ella durante más tiempo, ni con las estúpidas ganas que tenía de apretar al omega contra sí hasta borrar la expresión lastimosa en su rostro.
—no, idiota. Puedes quedarte con eso, tengo 5 iguales.
No era del todo mentira. Amaba las camisetas sin mangas. Pero particularmente esa era su favorita. Y aunque en cualquier momento Bakugou hubiera mandado a la mierda a quien sea que se atreviera a poner un dedo sobre su ropa, quizás esta podía ser una excepción. Claro que Shoto no debía de saberlo.
—abrígate, vamos de compras.
—¿De compras? pero ya son...—observó el reloj en su pared antes de terminar de hablar.— ya casi es toque de queda, Aizawa nos matará. Apenas tenemos una hora y media. ¿No puede ser mañana?
—No, debe ser ahora.—casi gruñó en respuesta mientras lanzaba un sweater hacia el bicolor para que este se lo colocara.— no te quedes ahí parado, se nos va a hacer aún más tarde y el centro comercial está lejos. —murmuró acercándose a su futura aún confundida pareja para colocarle él mismo la prenda, ya que este parecía apenas estar procesando todo esto.
Shoto realmente no entendía el repentino deseo del rubio por salir al centro comercial a esas horas. Pero una vocecita en su interior-la de su omega- le decía que no protestara.
"Alfa está haciendo esto por nosotros."
Y a ese punto del día y la semana, estaba demasiado cansado de luchar contra su propia naturaleza como para oponerse a la idea.
Después de ceder a esa pequeña lucha interna, siguió dócilmente al alfa fuera de los dormitorios, y posteriormente del recinto. El camino en metro pasó realmente borroso en la mente del semi albino al estar prácticamente recostado contra el costado de Bakugou, peligrosamente cerca de la fuente de su aroma. Haciendo que todo su cuerpo se adormeciera y un agradable aletargamiento se instalara en su cabeza. Su omega tarareaba feliz en su interior para cuando fue guiado cual niño pequeño a través de las tiendas del recinto. Hasta que se detuvieron frente a una, y para cuando pudo reaccionar, cayó en cuenta de que actualmente se encontraban frente a una de esas tiendas para el hogar.
Parpadeó tres veces antes de voltearse a la mirada carmín que le observaba impaciente.
—¿Qué hacemos aquí?—
Katsuki quiso golpear su propio rostro al escuchar la estúpida pregunta, y como su despistado omega no podía sumar dos más dos, y notar que obviamente, iban a comprar cosas para hacer un nido. En su lugar rodó los ojos, suspirando pesadamente.
—Estamos aquí por tu nido, medio idiota.—contestó con obviedad. Nada lo pudo preparar para la expresión que le dió Todoroki cuando conoció sus intenciones. No sabía si el bastardo era consciente de lo reluciente que se había vuelto su mirada. Y sus ojos casi parecían botar brillos cuando se agrandaron hacia el alfa. Si normalmente Shoto era tierno sin realmente estar consciente de ello, ahora era jodidamente lindo, demasiado para el corazón de Bakugou. Demasiado resplandeciente. Demasiado bonito.
Claro que lo único que pudo salir de la boca de Shoto fue un "Oh".
Sí, oh.
El bicolor sentía que corría peligro de derretirse ahí mismo. Su omega saltaba emocionado en su interior por recibir tal atención, y nada menos que de su alfa, de Bakugou. Sentía que ya había ganado en la vida.
Y la sensación de estar flotando sobre nubes de algodón no desapareció en todo el recorrido por la tienda, mientras metían mantas acolchadas, almohadas suaves, y básicamente cualquier cosa mullida y esponjosa que le gustara al omega. Shoto aún sentía que estaba en el sueño más grato que había tenido cuando entraron al tren cargados de bolsas y paquetes, para después escabullirse en los dormitorios de la forma más silenciosa posible cuando llegaron a la residencia.
Una vez en su habitación, y habiendo desempacado todo sobre el futón de su cama, miraron la pequeña montaña delante de ellos, uno sin saber que hacer con tantas cosas, y el otro esperando el primer paso del contrario. El omega se aproximó tomando una de las almohadas apiladas en la parte superior, tanteando el suave material en sus manos. Inconscientemente, acercó el objeto hacia su rostro, y frotó una de sus mejillas contra la mullida superficie. El aire escapó de sus pulmones en una suave respiración, y el omega en su interior suspiraba complacido.
Todo aquello siendo contemplado por los ojos rubíes al lado suyo.
Era de esas pocas veces en las que Bakugou podía observar a Shoto comportarse como lo que realmente era, sin reprimir nada y estando a gusto con ello. Y como siempre, era una imágen fascinante. Como contemplar a una pantera ronronear cual gatito.
—¿Entonces que sigue?—habló pasados unos segundos. El bicolor aún contemplaba pensativamente la almohada en sus manos, pero había detenido sus testeo de material hace unos momentos atrás.
—Uhm, yo realmente no sé como construir un nido. Quiero hacer algo pero no sé qué.—confesó avergonzado, porque Katsuki había gastado en todas aquellas bonitas cosas para su nido, y él probablemente haría un desastre por su ignorancia en el tema. Quizás después de eso el alfa vería que en verdad era un mal omega y se arrepentiría...
—Hey, está bien.—como si fuera un cable a tierra, la profunda voz del mayor lo sacó de su remolino de pensamientos. Tranquilizando la pequeña tormenta que se había comenzado a formar.— no tienes que saberlo. Solo sigue tus instintos, yo te ayudaré. Y será el mejor jodido nido de todo el mundo. —afirmó sin ninguna pizca de duda mientras hablaba. En ningún momento sus ojos abandonaron los heterocromáticos, y Shoto le creyó.
—supongo que debería designar un área para el nido... Oh, tengo un futón extra, lo podemos ocupar para eso.—comenzó finalmente a moverse, arrastrando algunos muebles de su habitación para tener un espacio que se sintiera lo suficientemente grande. Bakugou por su parte se dedicó a acomodar el futón estratégicamente, hasta que el omega asintió en aprobación.
La siguiente parte fue acomodar el montón de mantas y almohadas en la superficie vacía. Armó y desarmó varias veces pequeñas torres y fuertes, hasta que su "prototipo" lo convenció... parcialmente.
Algo le faltaba. Se veía bien, era bonito. Pero no se sentía como esperaba que se debía sentir.
Hasta que su mente hizo "click" , y se devolvió a ver a Bakugou quien alzó una ceja ante el pequeño ceño fruncido de Todoroki. Casi podía escuchar los engranajes trabajando en su cabeza. Hasta que torpemente, el omega presionó una de las mantas contra el pecho del alfa.
—haz que huela a tí.—murmuró demandante y sin previo aviso, con un bonito rubor comenzando a cubrir sus pómulos, y su omega removiéndose ansioso. Por su parte el cenizo sintió su pecho inflarse de orgullo ante la petición. Su alfa aullaba de felicidad en su interior, y un bajo rumor se instaló en su pecho con satisfacción.
Shoto.
El príncipe de hielo.
Quería su aroma nada menos, en su nido.
No el de ningún otro alfa, nadie más tenía ese privilegio. El de ver al omega así
Su omega.
Los siguientes minutos fuero dedicados a impregnar cada artículo que conformaría el nido con el aroma de Bakugou. Shoto le pasaba un objeto y recibía otro ya perfumado. Y varías veces se tuvo que contener de hundir su rostro en las almohadas y poleras que le fueron entregadas mientras finalmente organizaba el nido en su forma final.
Parecía que apenas habían pasado unos minutos desde que comenzaron a armar el nido cuando finalmente el bicolor estuvo satisfecho con su creación, pero en realidad habían sido horas. Katsuki lo sabía porque su celular había vibrado en su bolsillo hacia bastante rato, indicando su alarma para dormir. Pero no le importaba saltarse su horario de sueño, valía la pena al ver la mirada iluminada y satisfecha del menor delante suyo. Maldita sea, se habría desvelado las noches necesarias solo para volver a ver esa expresión.
Estaba jodido.
Todoroki se adentró a su pequeña fortaleza tentativamente. Se sentía como caminar entre algodón. Todo suavidad y calidez. Y dios el olor. Podría vivir ahí el resto de sus días, sería perfectamente feliz con ello.
Katsuki, Katsuki, Katsuki.
Todo a su alrededor gritaba la presencia del alfa. Y Shoto solo quería zambullirse en el océano de mantas debajo suyo, ocultarse ahí y nunca más salir. Y lo hizo. Inclinándose y arrastrando su delgado cuerpo bajo las capas y capas de almohadas, peluches y mantas, hasta que solo fue visible una mata de cabello bicolor, y el pequeño botón de su nariz asomándose para no asfixiarse.
Y oh, su omega estaba en la gloria. Oliendo al que ya había reclamado como su alfa por doquier. Completamente extasiado y cálido. Tan cálido que la sensación lo abrumó, y no recordó la última vez que se sintió así. Y sentía que se podría derretir entre todas esas mantas.
Un gimoteo escapó de sus labios. Una invitación al alfa delante suyo para adentrarse al sagrado lugar. Porque no estaba en condiciones de hablar, su estado se había reducido a masilla. Y cuando Bakugou llegó a su posición, se encontró con un cuerpo suave y maleable presionándose contra su cuello. Los fuertes brazos rodearon al omega, y lo acercaron más. El instinto de cuidarlo y mantenerlo seguro, rugiendo en su pecho.
No necesitaba que nadie se lo dijera, Bakugou sabía que ese era el lugar del bicolor, justo ahí, oculto de todas las miradas malintencionadas, o cualquier cosa que lo pudiera dañar, seguro y contento: entre sus brazos.
Se prometió a sí mismo cuidar del fuerte y al mismo tiempo frágil omega que sostenía contra su pecho como si fuera la reliquia más valiosa del mundo. De su mundo.
Shoto no estaba mejor. Si cuando se dejó hundir en las mantas se había sentido flotar. Ahora que estaba siendo cobijado por su alfa se había desconectado completamente. Todo lo que sabía era que se sentía acogedor, como los abrazos de su madre o mejor. Y no recordaba la última vez que se había sentido tan bien, de tener esa sensación en su pecho de pertenencia. De que no tenía que buscar más, no había expectativas que cumplir, ni inseguridades.
Solo la inequívoca sensación de que ese era su hogar, su lugar. Y nada más importaba.
Aquella oleada de sentimientos los debió preparar, o dar una pista. Pero ambos se encontraron gratamente sorprendidos sobre como después de 17 años. Todoroki estaba ronroneando por primera vez. La vibración saliendo suavemente de su pecho como un murmullo complacido, y ahogándose contra el torso de Katsuki. Quien acarició gentilmente los mechones combinados que sobresalían del escondite que el menor había hallado en su cuello.
—Alguien está contento.—comentó empleando un tono suave, que solo reservaba para cuando estaba a solas con el omega. La respuesta a sus palabras llegó en forma de un ronroneo más fuerte. Y un suave Shoto despegándose de su cuello para verlo. Los ojos dispares le devolvieron una mirada brillosa, como si lo hubieran drogado y su cabeza estuviera en otro lado.
No estaba tan alejado de la verdad.
Solo que la cabeza de Shoto estaba girando alrededor de una sola cosa. Y eso era el alfa que lo miraba con dulzura en ese momento. Y decidió que quizá no estaba tan mal ceder ante sus instintos a veces. Que de hecho se sentía muy bien, especialmente cuando parecía que estaba deslizándose en un tobogán especialmente suave y acogedor.
Por primera vez en años. Shoto estuvo cómodo con su naturaleza omega, e incluso feliz de ser uno.
Todo gracias al alfa gruñón que lo había sacado de compras en plena noche, y ahora lo sostenía con una delicadeza infinita. No podía creer lo suertudo que era.
Así que, bajo aquel montón de mantas. Escondidos de resto del mundo, se permitió ser él mismo. No la creación de Endeavor, no el alumno prometedor que todos veían, no la promesa de la familia Todoroki.
Solo él: Shoto.
Tomó entre sus pálidas manos las mejillas de Katsuki, apreciando el casi imperceptible rubor que tan rara vez podía ver en el rubio, antes de presionar con suavidad sus labios contra los ajenos. El pecho de Shoto aún vibraba felizmente por el constante ronroneo que no había dejado de emitir desde que el alfa apretó sus brazos alrededor de su delgado cuerpo.— gracias, alfa.
