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Kakashi se queda pasmado cuando el niño salta delante de él.
Lo vio en la entrada hace unos días, sabe vagamente su nombre pero no está realmente interesado en lo que tenga que decir.
Aun así, se queda mirando cuando el niño se adelanta, agitando las manos mientras apunta en su dirección y levanta una de sus espesas cejas negras.
— ¡Tú serás mi Eterno Rival! ¡Pasa la primavera de la juventud conmigo!
Su voz es aguda y ruidosa. Kakashi pestañea, tratando de averiguar qué se supone que significa eso mientras ve a Gai angostar la mirada, dándose media vuelta atraído por algún ruido de sus compañeros.
Kakashi nunca ha hablado con Gai, pero sabe que es un niño escandaloso y extraño. Su padre también lo es. Así que la petición sumamente inusual no parece impresionarlo y se encoge de hombros, suponiendo que tendrá que soportar al chico desde ahora.
— Como sea.
Su voz es plana, pero parece lo suficientemente alta para llamar la atención de Gai, quién vuelve a mirarlo expectante y por uno momento Kakashi espera recibir un extraño discurso.
En cambio, los ojos de Gai se entrecierran cuando lo mira, dándole un gesto cercano a la incomodidad — ¿Eh? ¿Y quién eres tú?
Gai interrumpe la clase demasiado seguido para el gusto de cualquiera.
De pronto parece despertar de la nada. Con los ojos saltones y las manos temblando mientras se levanta de su lugar.
— ¿Quiénes son todos ustedes?
Kurenai es agradable cuando lo toca suavemente. Una desconocida para Gai. Se sienta a su lado cada día pero no sabe su nombre y cuando la mira es solo una revoltura de ojos y dientes. Un rostro. Nariz, boca, cejas. Hay al menos treinta rostros iguales en el salón y Gai pestañea hacia su compañera sin comprender la diferencia con el resto.
— Tranquilo, Gai, todo está bien.
La niña asiente, todos se ríen. Gai mira a su alrededor y no sabe todavía dónde está, o porque está de pie, o porque todos se ríen. Sus ojos vuelven a su lado y hay una niña tomando su brazo. ¿Uh? ¿Cuándo apareció?
— Estamos en la escuela, Gai, ya sabes. La Academia Ninja.
Gai escucha las palabras, mirando al frente. La Academia. El salón. Los niños. Por supuesto, ¡Gai se volvería en el mejor shinobi del mundo!
Sonríe amablemente y le da un pulgar, acariciando su cuaderno mientras sus ojos se fijan en la persona frente al pizarrón. Mnh, ¿y quién se supone que era ese hombre?
La niña a su lado lo toca en el hombro de forma agradable.
— Estamos a mitad de clase, Gai — explica, su voz es suave y Gai sonríe hacia ella, confiando en sus palabras por alguna razón incluso si es la primera vez que la mira.
— Bien.
Asiente, incluso cuando no recuerda a qué asentía.
Un hombre está al frente de todos hablando en voz alta. ¿Quién se cree?
Gai se sienta y toma su cuaderno, alguien ha rayado algo en él. Es un dibujo extraño de un gato al centro de la página, aunque le falta la mitad del cuerpo.
Ah, ¿de quién era el cuaderno de todos modos? Gai levanta la mirada, confundido. ¿Por qué había tanta gente en ese lugar?
— ¿Quiénes son ustedes?
El resto de la gente suspira y el hombre delante de todos solo gira los ojos, ignorando su pregunta mientras sigue hablando de cosas, cosas ninja. ¡Ah sí, Gai se convertiría en el mejor ninja de todos los tiempos!
Una mano acaricia su hombro y Gai ladea la cabeza, encontrando una niña de cabello oscuro y ojos rojos. Es la primera vez que la mira pero parece amable, aunque Gai no sabe cuándo fue que llegó ahí.
— Todo está bien, Gai.
Asegura y Gai sonríe, aunque no sabe cómo es que esa niña conoce su nombre, si esa es la primera vez que la ve.
— Está bien — murmura, mirando la libreta en sus manos.
¿Uh? Alguien había dibujado algo ahí. Parecía un gato, pero no podría estar seguro. De todos modos, ¿de quién era esa libreta y por qué estaba en su lugar?
Gai levanta la mirada otra vez, parpadeando cuando ve a su alrededor, ¿quiénes eran todas esas personas?
Gai reconoce más algunos aspectos que otros.
No los rostros, no las sonrisas. El tono de voz es algo, el olor, la altura, los colores, aunque algunos los confunde frecuentemente y eso lo lleva a perseguir a un niño media cuadra gritándole que es su Eterno Rival.
Asuma lo alcanza cuando Gai detiene al tercer niño equivocado con la misma altura que Kakashi. El cabello es azul claro, no blanco, y Asuma trata de explicarlo lo mejor que puede mientras se alejan.
— El color debe ser como la nieve, Gai — Asuma señala su propio cabello para conectar las cosas y luego baja la mano, hacia el propio cabello de Gai.
El chico salta un poco, pero todavía no ha perseguido al otro niño delante de la calle y eso le da esperanzas a Asuma de que no vuelva a equivocarse por ese día.
— ¡Lo sé, pero lucen igual! ¿No crees?
Asuma quiere decir que no, sin embargo, lo entiende y le da una suave palmada en el hombro — Lo es, pero Kakashi tiene más cosas, él…
— Él huele distinto… su olor es como… — murmura Gai, y luego olfatea en el aire. Un perro cruza la acera y los ojos de Gai lo siguen — ¡Oye, espera ahí, Eterno Rival!
Asuma gira los ojos antes de perseguir nuevamente a Gai.
Se familiariza lo suficiente con ellos cuando alcanza el segundo año de la academia.
Los nombres cortos es lo que sirve, así que Gai puede nombrarlos mientras caminan a su alrededor.
Podrían ser cualquier clase de cosas con esos cuerpos, manos, ojos, cabello, cejas. No significan nada. Las voces son lo que Gai reconoce con mayor frecuencia, y con su entrenamiento ninja logra diferenciar algunos símbolos y el sonido de sus pasos. La inclinación de la espalda, los movimientos, la forma de reír o de callar.
Kure, Asu, Gen, Ebi.
Rin es la única que pronuncia su nombre completo.
Y por alguna razón, Kashi es el más fácil de recordar.
Chouza-sensei es fácil de diferenciar porque huele a carne y pan. Siempre le da un poco de pan cuando llega como para asegurarse de que está en el lugar correcto y Gai sonríe a él, apenas entendiendo algo cuando Chouza le devuelve la sonrisa y despeina su cabello cariñosamente.
Sus compañeros son el problema. Ellos suspiran y le gritan. Gai sabe reconocer los gritos agudos de Ebi y la voz floja de Gen. El senbon. Los lentes, pero incluso entonces Gai termina en el campo de entrenamiento equivocado con frecuencia y solo sabe que no son sus amigos cuando le gritan que se vaya en un tono de voz que no resulta familiar.
— Bueno, Gai, ¿qué te parece esto? — dice Genma la tercera semana juntos, mostrándole a Gai un par de pañuelos oscuros de textura suave que le extiende y deja acariciar.
Gai salta emocionado. La tela es como un gato. Su papá atrapa gatos y Gai no cree que pueda olvidarlo ahora.
— Los usaremos, ¿sí? Así que los chicos que los usen, esos somos nosotros, ¿está bien?
La explicación de Gen es agradable y Gai brinca sobre sus pies, mirando el par de pañuelos que se atan a la cabeza con rasgos indistinguibles, algo que por una vez puede ignorar cuando no se tiene que concentrar en sus rostros para reconocerlos entre los demás.
— ¡Eso es genial! ¡Ahora sé que son ustedes! — el pulgar de Gai brilla, pero después de un momento se queda quieto, mirándolos con una nueva especie de confusión — Oh, pero, ¿quién es quién?
Genma baja los hombros.
Desde ese día su pañuelo va al revés para que Gai pueda diferenciarlos.
Un día, Gai simplemente desaparece y Dai pregunta por el lugar, causando un alboroto cuando todos los niños de su salón lo escuchan y lo persiguen, revoloteando la aldea entera en busca de un niño que podría perderse alrededor de sus propios pies.
Todos se unen a la búsqueda, incluso Obito, que seguía quejándose de ser el único sin un apodo mientras sigue llamando a Gai, frunciendo las cejas y echándole la culpa al polvo cuando lagrimea después de que se ha hecho tarde y no lo encuentran por ningún lado.
Dai solo pude correr alrededor, pero es Kakashi el que cruza tercamente la entrada, saliéndose de la aldea mientras camina alrededor del bosque y termina persiguiendo la orilla del río, donde finalmente encuentran a Gai.
— ¡Hijo mío! — la voz de su padre suena en el claro y Gai gira ahí, sosteniendo su pescado frito en una mano y encontrando a un grupo de personas.
Gente que huele y camina de forma conocida.
Los pasos profundos de Asu, el aroma de Kure, las manchas de Rin, el cabello blanco de Kashi y un niño extraño con protectores de ojos que Gai no había visto nunca.
— ¿Qué haces aquí? Solo tenías que ir afuera a recoger rábanos, Gai, a tres pasos de la puerta— la forma de lo que debe ser su padre habla. Se oye como él. El color de su traje que se parece a los árboles está opaco pero debe ser por el sol de la tarde.
Dai lo usa para que lo reconozca. Los calentadores brillantes también. El pañuelo. Y aun así, podría ser cualquier otro. Sin embargo, Gai ha aprendido las pausas que tiene su voz. El tono alto. Es eso lo que distingue del resto.
— Estaba haciendo eso, pero entonces terminé aquí, luego me dio hambre y atrapé un pez, entonces ustedes llegaron y me preguntaste qué estaba haciendo aquí.
Dai suspira con alivio y arrastra los pies hasta Gai, abrazándolo fuertemente contra su pecho — Estábamos tan preocupados.
El tono triste en su padre es doloroso y Gai quiere hacer algo para calmarlo, sin embargo, no sabe qué decir, pero en su defensa tampoco sabe dónde está y por unos momentos no reconoce a la persona que lo está abrazando. Le toma otros momentos darse cuenta de que hay más personas a su alrededor.
— ¡Ah, mi Eterno Rival! ¿Has venido a desafiarme?
Kakashi gira los ojos, pero no sale corriendo, simplemente sigue mirando a Gai como el resto de los niños presentes.
— No deberías salir de la aldea tú solo.
La persona con la voz de Kakashi dice y Gai parpadea hacía él sin entender, mirándolo por un largo momento antes de sentir unas manos en su hombro y girar hacia sí mismo — ¿Papá? ¿Qué haces aquí?
Todos se ríen de ese modo suave y Gai gira el pescado en su mano. ¿Qué estaba haciendo con eso de todas maneras? Oh, sí, tenía hambre, pero no sabe dónde está.
Al menos cree que conoce a la gente que ha comenzado a arrastrarlo de regreso y luego Gai escucha los pasos rápidos y precisos que reconoce de inmediato.
— ¡Eterno Rival! ¿Has venido a desafiarme?
Kashi solo niega en silencio, pero no se separa de él en todo el camino de regreso a Konoha.
Es Minato-sensei el que, días después, marca los árboles con símbolos especiales para Gai y deja una marca de transportación en su espalda.
También le da un Kunai de tres puntas en algo que parece un desperdicio considerando quien era Gai.
Sin embargo, es el único objeto que no pierde en toda su vida.
— ¡Ah, como quisiera ser un ninja! — dice Gai una tarde, dejándose caer en un pedazo de tronco y suspirando largamente mientras mira a sus compañeros.
Ebisu para en seco, dándole una mirada de reproche a Gai mientras Genma se limita a sonreír.
— ¡Esto no es una broma Gai, se supone que tienes que decirnos cómo mejorar! ¡Los exámenes chunin serán pronto!
Ebi es tan ruidoso como siempre y Gai tuerce el gesto, mirando a su compañero con ese enfoque desorientado que a todos les da.
— ¿Cuáles exámenes? ¡No he estudiado nada!
Gen se ríe fuertemente y la risa alegra a Gai, aunque no sabe de qué se estaba riendo y solo cuando Ebi suelta un gruñido Gai se da cuenta de que había alguien más ahí.
— Oh, mi querido Ebi, ¿cuándo llegaste?
Ebisu hace un gesto pero se pierde rápidamente dentro de su cabeza.
— ¡Gai, llevamos horas entrenando, no podemos quedarnos detrás de ti, necesito que nos digas como mejorar en taijutsu! — grita, y su voz es el tipo de voz que hace que Gai se tense y le da un asentimiento vigoroso, cruzándose de brazos cuando Genma y él vuelven a su posición.
— Bien, Gai, intenta ver en qué nos estamos equivocando, ¿sí? — Genma trata de ser amable y le da una especie de sonrisa con el senbon metido en la boca.
Los ojos de Gai se angostan cuando se enfrentan de nuevo, siguiendo cada movimiento hasta que Ebisu está tratando de sobrevivir entre una lluvia de armas y Gen tiene que luchar contra los alambres de chakra que Ebisu ha tejido alrededor.
El estruendo de golpes es asombroso y Gai parpadea, tensándose cuando Ebi alcanza a Gen y asesta una patada en su quijada que podría haber sido terriblemente dolorosa si no fuera porque era un clon de sombra.
El verdadero Genma salta del árbol, aterrizando con algo demasiado similar a una entrada dinámica que derriba a Ebisu, justo a tiempo antes de que otro senbon envenenado vuele entre los dos.
— ¡Wow! — Gai suspira cuando sus amigos se detienen, jadeando mientras esperan el veredicto de Gai.
— ¿Y bien? — los ojos de Genma brillan con emoción, Ebi detrás de él se sacude la tierra.
— Ustedes dos son asombrosos — Gai suspira, dándoles una sonrisa antes de que su expresión baje otra vez — ¡Ah, ojalá yo también fuera un ninja!
Ebisu está exhausto, pero de todos modos suspira, sabiendo que lo tendrían que intentar otra vez.
En los exámenes chunin tienen que recordarle a Gai su propio nombre cuando lo anuncia el moderador de la pelea y Gai salta al escenario.
No tiene idea de dónde está y sinceramente no recuerda haber llegado ahí, pero tampoco recuerda haber despertado, ni cuándo se levantó o qué comió, sin embargo, ¡está vestido!, y eso al menos es una señal de que algo hizo bien ese día.
Hay un hombre sosteniendo una bandera en un costado y alguien dice algo, pero Gai no reconoce la voz y tampoco entiende las palabras que dice.
— ¿Mnh? — tararea Gai, mirando las enormes gradas a su alrededor — ¿Estoy en la escuela?
— ¡No te hagas el tonto conmigo, cara de bestia! — un extraño niño frente a él grita. Es la primera vez que Gai lo ve pero parece como si el chico lo conociera de algún lado por la forma en que le habla — ¡Acabaré contigo!
— ¿Y quién eres tú? — Gai acaricia su propia barbilla y sigue mirando alrededor, sabiendo que esos enormes pilares no correspondían a la escuela, después de todo, hizo un gran esfuerzo por recordar la estructura del salón de clases.
— ¡Recordarás mi nombre cuando te derrote! — el niño sigue hablando y su voz es molesta, Gai apenas lo mira, distrayéndose cuando el hombre con la bandera hace un ademán para comenzar lo que sea que eso signifique.
— ¡Acaba con él, Gai! — Kure grita desde algún lugar y Gai gira en sus pies, tratando de mirarla a través de las sombras, tal vez ella sabía en donde se supone que estaba ahora mismo.
El raro niño dice algo pero Gai no presta mucha atención, retrocediendo a tiempo cuando una especie de mal golpe va hacia él.
— Oye, ¿qué haces?
— ¡Esto es una pelea! — el niño desconocido dice mientras vuelve a moverse, haciendo sellos de manos.
— ¡Pero yo no sé pelear! — los pies de Gai vuelven a retroceder, casi deslizándose entre el piso cuando esquiva otro golpe y luego salta hacia a un lado.
— ¡Claro que sabes pelear, Gai, ya termínalo! — la voz de Gen le dice en un grito y Gai gira nuevamente, saltando sobre el niño mientras da una vuelta en la pared de un modo que le recuerda a una especie de hábil guerrero.
— ¡Ah, pero no sé cómo! — sus pies se tambalean, esquivando otro golpe de su contrincante sin siquiera mirarlo.
— ¡Solo dale un golpe! — Ebi chilla, golpeando las manos en el barandal como demostración — ¡Eres un ninja!
— ¿De verdad? — Gai sonríe. Era verdad, ¡Gai se volvería en el mejor ninja del mundo!
El niño apunta nuevamente en su dirección, pero Gai se hace a un lado cuando otra patada va hacia él con una facilidad calculada, dando una vuelta en el aire y aterrizando ágilmente sobre sus pies.
— ¡Oigan, creo que sí se pelear!
Kure y Asu comienzan a vitorear, y Gai está listo para tener un enfrentamiento juvenil y maravilloso, girándose a un lado para estar delante de un niño extraño que veía por primera vez.
Gai se sobre salta, mirando a su alrededor. Está en un extraño lugar, y el recuerdo de haber llegado ahí es inexistente, así como lo que comió o cuando despertó. Mira hacia abajo con preocupación por un segundo, ¡pero al menos se puso la ropa! Eso hablaba de que había hecho algo bien.
— ¡Gai, derrótalo! — la voz de Asu viene de algún lugar y Gai gira.
¡Hay muchas personas ahí! Pero, ¿por qué? ¿Estaban en la escuela? ¿De qué estaban hablando? — ¿A quién?
— ¡A Obito! — Asu señala algo detrás de él, pero Gai solo sube los hombros con duda ante la explicación.
— ¿Quién es Obito?
— ¡Yo soy Obito! — una voz desconocida dice y Gai se da la vuelta, encontrando a un chico que jamás había visto antes.
— Ah, hola, yo soy Gai.
El niño nuevo suspira en frustración y Gai le preguntaría su nombre si no fuera por la voz suave que viene desde arriba.
— Ya termina el duelo de una vez, Gai.
Sus sentidos se activan de inmediato y Gai gira hacia ahí, encontrando el mechón de cabello blanco entre la gente. — ¡Ah, Eterno Rival, tengamos un desafío!
Gai quiere llegar ahí, pero un niño que Gai nunca ha visto se atraviesa, corriendo en su dirección antes de que Gai le dé una patada rápida y lo mande a volar hasta el suelo, noqueándolo de un solo golpe.
— ¡Lo derrotaste, Gai! ¡Eso es! — la persona con la voz de Gen grita y pronto sus amigos están a su lado, acariciando su cabeza y levantando las manos en un festejo.
— ¡Ganaste! — Kure grita, sonriendo dulcemente cuando lo abraza.
— ¿Ganar? ¿Qué cosa gané? — a pesar de su pregunta, nadie le responde, siendo abrazado todavía por sus amigos antes de que Gai se sobresalte un poco.
¿Qué era ese lugar? ¿Y cuándo fue que llegó ahí?
Obito solo se queja, tirado en el piso.
El padre de Gai muere un verano después.
Apenas pueden escapar de los espadachines ninja y cuando el Hokage organiza el funeral hay menos personas de las que Gai puede contar sin olvidar el número.
El ataúd está casi vacío, y Gai no lucha por ver adentro, simplemente llora desconsoladamente mientras bajan la caja en el hoyo terrorífico sobre el piso y sigue llamando a su padre, tallando sus ojos y manchándose de lodo las mejillas.
Para cuando la tarde llega, solo quedan Kurenai, Asuma y Kakashi junto a Gai, escuchando sus sollozos y dándole algunas palabras de aliento que probablemente ni siquiera tengan caso considerando que Gai no los mira. Tampoco parece escuchar.
La luz se desvanece después de un rato y justo un momento después de que Kurenai y Asuma se han ido Gai levanta la cabeza, parpadeando con los ojos hinchados hacia un lado.
— Kashi... ¿por qué estamos en este lugar?— la voz es suave, de un modo que Kakashi jamás la ha escuchado y de alguna manera lo lamenta — ¿Y por qué estoy llorando?
El corazón de Kakashi se aprieta y no tiene modo de decirle la verdad. No hay manera de explicarle el nombre en la lápida, o el sacrificio, o la pérdida, ni siquiera está seguro de que Gai lo entienda.
— No es nada, vamos a casa, Gai — la mano de Gai se siente increíblemente suave cuando Kakashi lo sostiene, tirando de él cuando comienzan a avanzar hacia la puerta del cementerio.
Antes de llegar, sin embargo, Gai se tensa y sus pies se clavan en el piso.
— Kashi, ¿dónde está mi papá?
Los dedos de Gai cuelgan alrededor del agarre y Kakashi mira al cielo, escuchando el vacío de la noche y el leve ruido de las lágrimas de Gai.
Incluso si los recuerdos se desvanecen, los sentimientos siempre permanecerían.
A la mitad de un entrenamiento Gai parece despertar, girando sobre su costado para evitar un fuerte golpe antes de aterrizar en el suelo, clavando los dedos entre la arena para detenerse.
Un kunai cae al piso y Gai se endereza, tratando de ubicar al enemigo ágilmente antes de que una figura se atraviese delante de él.
Los pasos son suaves y medidos. Los movimientos lentos. Gai cuenta los segundos entre su silencio y su respiración y levanta la mirada para comprobar el color de cabello, aunque a esas alturas ha olvidado como es el blanco, o la nieve, y es más una especie de presentimiento que una verdad cuando mira la forma a su lado.
— ¿Kashi?
El hombre con la máscara de tela levanta una ceja y sonríe un poco, pero el tono de voz no encaja y Gai se tensa, tratando de recuperar el arma en el piso.
— Soy yo, Gai — el olor a perro le dice que sí, pero hay algo en el tono de voz que Gai duda.
Generalmente es chillón y suave, en cambio, ahora hay una extraña sensación que lo hace sonar más fuerte. Es como si fuera un desconocido, aunque Gai no se siente amenazado por él, incluso cuando por unos momentos olvida quien se supone que era él.
— ¿Puedes seguir mi registro de crecimiento pero no el cambio de mi voz? — Kakashi se acerca y levanta el kunai, guardándolo en su bolsa con un movimiento fluido que Gai reconoce como parte de su Rival Eterno.
— ¡Kashi! ¡Entonces realmente eres tú!
Kakashi no menciona que llevan horas entrenando y sólo se sienta delante de Gai.
— Ya sabes, nos estamos haciendo hombres.
Gai salta de inmediato, poniéndose de pie mientras mira el atardecer. O la mañana. No hay mucho sol y no puede decirlo. Tampoco sabe qué día es, pero hay un chico delante de él y Gai tiene la sensación de que se trata de su Rival.
— Nos cambia la voz al crecer — el tono es nuevo, pero Gai distingue todavía unos hilos infantiles en el fondo y rápidamente salta a él.
— Kashi, eres tú — Gai sonríe — Tu voz ha cambiado, ¡pero también he notado esos cambios en mi varonil y hermosa voz!
La risa de Kakashi sigue siendo infantil, por lo que se relaja.
— Debemos encontrar una forma de que me reconozcas además de la voz.
Kakashi se encorva un poco. La máscara no funcionó. El ojo tapado tampoco. Gai no nota la diferencia con el sharingan y al parecer los colores se estaban volviendo algo irrelevante para su reconocimiento.
— ¿Que tal esto? — Kakashi hace una pausa, arrodillándose apropiadamente antes de sostener las manos de Gai.
Él se tensa, pero no se aparta porque olfatea el aire y huele a perro y humedad y a Kashi, así que deja que sus manos sean guiadas suavemente hasta que sus dedos tocan los mechones disparejos y despeinados, aunque Gai no puede distinguir su falta de forma.
— Es así como reconoces a Genma y Ebisu, ¿no?
Los dedos de Gai son fuertes y gruesos, pero no insensibles, y acaricia los mechones como pastos de primavera. Suaves. Kakashi no solo huele como uno, sino que también se siente como un perro y Gai está seguro de que jamás lo podría olvidar.
— ¡Bien! ¡Con eso siempre te tendré en la mira, Rival!
Gai festeja y se pone de pie, dando un par de vueltas antes de detenerse y preguntar dónde está y quién es la persona a su lado, lo que lleva a Kakashi a mostrarle a Gai el truco del cabello otra vez.
Y otra vez.
…y otra vez.
Después de eso, Minato muere.
Danzo reconoce a Kakashi como un miembro importante de ANBU y lo lleva a Raíz, donde la oscuridad es bienvenida y todo el desgarrador proceso de odio y muerte sirve para algo mejor que llorar todas las noches en su departamento.
Deja de ver a Gai por largos periodos, lo que es saludable para él, aunque en el fondo no deja de preocuparse y de vez en cuando todavía lo persigue, asegurándose de que el chico no se pierda en los alrededores y decida ir a dormir cuando está cansado.
Gai no lo nota, pero de vez en cuando Kakashi lo ve perseguir personas y acariciar su cabello antes de negar y desaparecer en una nube de humo.
Gai es ruidoso y bullicioso. Despistado. Lo hace reír cuando confunde a Anko con un muchacho y cuando Ibiki le repite por tercera vez que no es Ebisu y que solo lleva el pañuelo atado así por sus cicatrices.
Sin embargo, Kakashi no se acerca.
No por decisión, ni siquiera cuando Kurenai y Asuma le dicen en la cara lo mal amigo que es. Lo que de alguna manera debe de ser cierto, pero Kakashi ha sido mal amigo para todos desde el principio y no le puede preocupar menos por las cosas que digan.
Secretamente, pretende desaparecer de la vida de Gai. Los lazos no son la mejor idea y el chico es demasiado inocente para comprender algo sobre él, así que se convence a sí mismo de que prefiere dejarlo tranquilo, esperando que Gai se olvidara de que alguna vez existió.
Para su desgracia, Gai es todo menos débil, y en lo que parece muy poco tiempo Gai se ha vuelto un jounin reconocido y Kakashi hace de guardia en una misión de encubierto donde Gai finge llevar información valiosa.
Gai es el señuelo. Pero Gai olvida que es un señuelo apenas tres pasos afuera de la aldea y Kakashi sigue a Gai atentamente, que a su vez sigue un mapa. Un mapa que lleva directamente a una trampa de la aldea enemiga.
La batalla apenas y ocurre. Gai pregunta a los enemigos quiénes son y dónde están, lo hace tantas veces hasta que uno de ellos parece hartarse y da la orden de atacar al chico.
Es una emboscada, y Gai ni siquiera pude fingir indiferencia o desconocimiento antes de que todos se den cuenta del símbolo de Konoha en su cintura y lleven su armamento hacia él tan furiosamente que Kakashi apenas tiene oportunidad de intervenir.
Es un asesino, y el protocolo es proteger al jounin mientras extermina a los testigos y destruye la base.
El pergamino de misión dice que Gai debe huir. Pero Gai no recuerda el pergamino de misión. Gai no sabe que está en una misión. Así que cuando Kakashi aterriza delante de él, Gai no se queda mirando, comenzando a abrir las puertas mientras se une a la batalla junto a él.
Hacen buen equipo. Lo que debería ser una tortura pero Kakashi siente su pecho calentarse con Gai luchando a su lado. Saltando. Fluido y fuerte. Hábil. Sincronizado. Hacen ese intercambio por el resto de la pelea hasta que Gai llega a su límite de chakra y la séptima puerta lo deja con la guardia baja, recibiendo un golpe directo que lo arroja al suelo con un par de costillas rotas.
Kakashi lidia con el resto de los enemigos él solo , de pie delante de Gai hasta que ha cortado todas las gargantas, clavando su espada repetidas veces entre los cuerpos antes de girar al chico, esperando que Gai solo pueda preguntar en dónde están.
En cambio, Gai lo mira fijamente, con sus ojos llenos de brillo y sorpresa que hacen que la respiración de Kakashi se sienta pesada detrás de la máscara.
— ¿Quién eres? — la pregunta de Gai es suave, pero parece importante, más allá de su desconocimiento habitual — ¿Tú… nosotros…?
Antes de que Gai pueda decir algo más, Kakashi salta sobre los árboles, avanzando rápidamente de regreso a la aldea.
— ¡Espera! — el grito de Gai se escucha por largos minutos detrás de él.
Kakashi no se molesta en detenerse un solo segundo.
Kakashi entrega el informe de misión mientras Gai va al hospital después de eso.
Apenas se asegura de que esté a salvo, pero no lo visita, decidiendo que lo mejor es mantener la distancia y jurando que de todos modos Gai no recordaría absolutamente nada de eso esa misma tarde.
Se encuentra a Asuma y Kurenai en la entrada del cuarto de Gai, y aunque ambos lo miran con recelo ninguno lo detiene y Kakashi escapa a su departamento para sentirse miserable en solitario. Es su situación actual, incluso cree que ver a Gai es peligroso y deja que las manchas de sangre se laven lentamente de su máscara de ANBU antes de que pueda pensar en dormir.
No lo hace.
Kakashi no duerme bien, apenas duerme, y cuando la puerta es golpeada cerca de la madrugada se levanta del sillón, dando algunos pasos confundidos mientras se aproxima a la puerta y se pregunta si, quién sea que esté ahí, tiene la intención de derribarla de los bordes (lo que al menos sería un poco más interesante que mirar el punto en la pared por las próximas horas).
Para su sorpresa, del otro lado está Gai, envuelto únicamente en una bata de hospital como un mal intento de atuendo y la mitad del cuerpo vendado, justo donde las costillas habían sido quebradas por su batalla del día en lo que claramente era una recuperación.
— Gai… ¿cómo…?
Y antes de que Kakashi pueda decir algo, Gai está ahí, con sus manos en su espalda, rodeándolo en un abrazo que podría ser más fuerte solo si Gai no tuviera tres costillas rotas y estuviera descalzo y frío, de pie a mitad del tercer piso de departamentos con un el tubo intravenoso cortado descuidadamente por él.
— Kashi, ¡de verdad eres tú! — la voz de Gai es alegre y bulliciosa.
Kakashi quiere preguntar cómo llegó ahí y cómo fue qué supo donde vivía cuando Kakashi nunca le dijo la dirección (lo que tampoco hubiera servido de mucho considerando su memoria), sin embargo, Gai parece mirar confundido a su alrededor y sabe que no tendrá respuestas claras por parte de él.
— ¿Qué pasa, Gai? — dice suavemente, todavía siendo abrazado por Gai, que está hundiendo sus dedos en su cabello de ese modo en el que suele acariciar a Pakkun, el único modo en el que puede reconocerlo.
— Yo… — comienza Gai, pero sus ojos contemplan la puerta con desconocimiento y Kakashi espera que pregunte en donde está para poder decir una mentira y llevarlo a su propia casa antes del amanecer.
La pregunta no llega, y lo siguiente que Kakashi ve es el suave frunce en sus cejas, el temblor en su labio y la forma en la que su pecho se contrae.
— Pensé que estabas en ese lugar horrible de ANBU… Kashi… — sus dedos vuelven a su cabello. Kakashi se estremece con el toque. Es como si hubiera esperado sentirlo en mucho tiempo — Y por un momento creí… que habías desaparecido — susurra — Así como desapareció Rin… y mi papá…
Sus ojos se cierran con la mención.
Puede decirle la verdad, o mentir, ninguna de las dos cosas calmaría la angustia de su amigo y no había forma en la que Gai comprendiera la diferencia entre alguien que ha muerto y alguien que deja de ver.
— Kashi… si vas ahí, ¡ten por seguro que te perseguiría! — Gai se pone firme, sosteniendo sus hombros — ¡Sabes que te perseguiría! ¿Verdad? ¡No hay ningún lugar al que no te pudiera seguir!
Kakashi no puede contradecirlo. Lo sabe. Incluso cuando Gai se sobresalta un poco y gira a su alrededor, preguntando donde está.
Gai tiene el suficiente valor para hacerlo.
Una semana después, Gai es echado por el propio Hokage luego de que ha solicitado diez veces seguidas una audiencia para entrar a ANBU.
El chico todavía no se rinde incluso después de eso, y Hiruzen considera encerrarlo en su departamento antes de que Gai se detenga en la ventana de su oficina, preguntando quién era ese anciano raro y exigiendo hablar con el Hokage.
Aunque a esas alturas ya no recuerda para qué.
Pasan dos años más antes de que la petición de Gai, secundada por Kuenai y Asuma, tenga un efecto y Kakashi quede libre de ANBU.
Vuelve a sus misiones regulares, siendo aconsejado por Hiruzen para volverse maestro Jounin antes de que escuche que el propio Gai ha hecho lo mismo.
Los golpes en el suelo indican la carrera de Gai por la mañana y Kakashi baja su libro para verlo dar sus vueltas, esta vez siendo perseguido por tres niños escuálidos y enanos que apenas pueden mantener la velocidad y no caer cuando Gai gira sobre la barda y aterriza en la calle sobre sus manos en un giro bastante difícil.
El chico Hyuga pude imitar el brinco, aunque dobla las piernas. La niña da un brinco mucho más desastroso y el último niño cae de cara contra el suelo de un modo que debería ser un poco injusto, pero Kakashi lo deja pasar. Después de todo, eran los alumnos de Gai y no los suyos.
Kakashi esperaba que no hubiera suyos. Nunca había sido bueno con los niños y no creía que pudiera comenzar ahora.
El estruendo de pasos sigue su rumbo y Kakashi lo observa moverse, todavía sorprendido con la rudeza, no había modo de que alguno de ellos pudiera seguirlo hasta el mediodía, e incluso podría decir que ninguno de ellos soportaría quince minutos más.
— ¿Eh? — dice Gai, deteniéndose en seco en la esquina y girando hacia Kakashi en un movimiento imposible que manda a volar a dos de los tres niños antes de que se gire hacia él, levantando una mano en modo de saludo cuando lo mira — ¡Eterno Rival!
El libro de Kakashi se cierra cuando Gai se acerca, sabiendo que tal vez no sería apropiado leer Icha Icha en las presentaciones. Lo que sinceramente también le hubiera gustado evitar, pero Gai está como un trueno delante de él en dos segundos, levantando un pulgar sobre su rostro.
— ¡Que maravilloso día es este, ¿no crees?! — la sonrisa de Gai brilla y Kakashi resopla, mirando a los chicos de Gai tomar aire pesadamente detrás de él.
— ¿Un buen día para torturar pequeños genin? — Kakashi se ríe entre dientes antes de volver a mirar a Gai, que parece extrañamente consternado.
— Kashi… no quiero sonar como un loco, pero… creo que tres niños me han estado persiguiendo desde hace algunas cuadras, he intentado perderlos, ¡pero son rápidos!
Kakashi suspira, dándole una mirada de disculpa a los tres niños detrás de él antes de sostener el hombro de Gai con cariño, odiando el hecho de que sin duda se tendría que involucrar más de lo que hubiera preferido (que era nada, sinceramente).
— Ven… vamos al campo de entrenamiento, Gai — dice Kakashi, volviéndose para mirar a sus alumnos— Ustedes vienen también.
Su equipo resulta ser increíblemente adorable.
Gai distingue a Neji por sus ojos de perlas. TenTen es fácil de seguir por sus pequeños moños y su voz. Lee es tan increíblemente intenso que Gai no puede siquiera pensar en olvidar al muchacho en los días que llevan juntos, señalándolo cada vez que le cruzaba un nuevo pensamiento para entrenar arduamente sus habilidades.
— Es increíble que realmente seas tan famoso como decías, sensei, ¡pensé que estabas mintiendo! — TenTen se ríe alegremente, dándole un suave codazo a Gai mientras avanza en la carrera — ¡Un jounin temido en todo el mundo!
Gai se ríe de vuelta, levantando un pulgar antes de que pueda darle un guiño energético a sus chicos.
— ¡Realmente lo he hecho, incluso he logrado estar a la altura de un shinobi como mi Eterno Rival! — TenTen no pregunta de quién habla, lo que es un alivio porque por unos momentos Gai tampoco sabe de quién habla.
— ¡Usted es asombroso, Gai-sensei! — Lee llora un paso detrás de él, casi cayendo cuando limpia sus ojos — ¡Ser un ninja increíble incluso con su condición!
Los pies de Gai tropiezan y mira hacia su alumno rápidamente, frunciendo sus cejas con duda — ¿Cuál condición?
Neji le da un golpe discreto a Lee antes de que él niño parezca reaccionar, mirando con nerviosismo a sus compañeros y dándole un gesto de culpa.
— Yo… me refiero a… — la voz de Lee cae lentamente y Gai tiene la intención de preguntarle a qué se refería, pero siendo sincero no sabe de qué habla y tampoco está seguro de lo que hacen ahí.
— Está bien, todo se logra con esfuerzo — dice, aunque no tiene idea de qué estaban discutiendo o porqué están detenidos— ¡Sigamos trabajando!
Neji es el primero en acatar la orden, pasando por el lado de Lee antes de detenerse junto a su maestro.
— Eres fuerte, Gai, así que lo demás no importa.
El tono de Neji es bajo, pero basta para que Gai infle el pecho y sienta una sonrisa brotar desde su corazón, parpadeando contra las repentinas lágrimas mientras trata de averiguar quiénes eran esos niños parados a un lado de él.
Sin embargo, cuando los niños le sonríen, no puede sentir nada más que orgullo y cariño aun cuando su cerebro no puede entender quiénes eran.
Y la sensación es tan hermosa que duele.
Los quiere.
Incluso él entiende eso.
No hay un día en el que Gai no se detenga a mitad de su departamento sin saber en dónde está.
Es una sensación extraña, como despertar, pero Gai no recuerda cómo se siente despertar así que no puede decirlo y solo se queda ahí, quieto por unos segundos mientras las emociones de lo que sea que estuviera haciendo se desvanecen en su mente antes de que pueda reaccionar y todo vuelva a aparecer.
Esta vez, está sosteniendo una lata de comida con una mano.
Salsa picante de curry, ¡debe estar preparando la comida! Excepto que es curry suave, y no hay ollas en ese lugar, y distingue una respiración detrás de él que lo hace dar media vuelta.
— Kashi, mi querido Rival, ¿qué estamos haciendo? — parpadea, mirando alrededor con algo de duda antes de encontrarse con sí mismo, cubierto por un mandil de holanes y flores y unas pantuflas de perro que se ven demasiado similares a Pakkun, (aunque solo lo cree por el color similar al tronco de los árboles porque tal vez incluso no recuerda cómo se supone que debe lucir un perro).
— Me estás cocinando la cena, Gai, un desafío perdido — los ojos extraños de Kakashi se cierran en una sonrisa cretina y Gai casi lo odia, frunciendo el ceño mientras se da la vuelta para buscar una olla en lo que debe ser la casa de Kakashi.
A pesar de perderse cosas frecuentemente, sabe que su Eterno Rival nunca se aprovecharía de él para hacerlo cocinar o trabajar diciendo mentiras. También porque Kurenai y Anko le juraron golpearlo si lo hacía, aunque Gai no recuerda esa discusión.
— ¡Estoy seguro de que la siguiente vez ganaré! — Gai afirma desde el estante, aunque ni siquiera tiene idea de lo que hizo.
— Eso lo veremos, al parecer quedarte quieto no es lo tuyo — un reto de resistencia siempre era la debilidad de Gai, especialmente porqué olvidaba qué estaban haciendo. ¡Aunque eso nunca lo detuvo de seguir intentando!
— Ah, lo haré mejor en el siguiente reto— tararea con entusiasmo, llenando una olla con agua antes de girar a un lado, donde ha aparecido una estufa en algún momento y luego gira hacia sí mismo, encontrando un mandil de volantes rosados que en realidad eran bastante bonitos para mirar.
— Gai, la cena no se hará sola — levanta la vista para encontrar a Kashi sentado en la mesa, en lo que debe ser el departamento de su rival.
— ¡Haré la mejor cena del mundo! — se gira, mirando la lata en su mano. ¿Eso era curry? ¿Ya era hora de cenar?
Su cuerpo se mueve en automático y luego se encuentra preparando la cena, contándole a Kakashi a gritos la misma historia sobre sus formidables alumnos antes de que pueda preguntar qué hace ahí un par de veces, incluso sin cortar el silbido de su risa amena que hace que la conversación parezca más larga de lo que realmente es.
Terminan sentados uno delante del otro, comiendo en calma, aun cuando Gai mira confundido su plato y luego mira a Kashi al frente. Debe haber sido un desafío, una comida amistosa, y Gai debió haber hecho eso para Kakashi en un acto puro de amistad y rivalidad.
— Fue una cena genial, Gai, gracias — Kashi habla en voz baja, dándole una sonrisa a Gai de un modo que lo hace sentir cálido y agradable.
La sensación es abrumadora, y tal vez significa algo, pero Gai parpadea y está sentado en la mesa de lo que seguramente es el apartamento de su rival, y sea lo que sea que haya sido, se desvanece en la bruma de su mente.
Naruto tarda tres años en volver, pero cuando lo hace la felicidad en Konoha se desata como pólvora y Kakashi parece encontrar el pretexto suficiente para vagar en el pueblo y arrastrar una botella de licor a su departamento.
La bebida es agradable, lo suficiente como para considerar buena idea darle a Gai un trago y llevarlo a su habitación junto a él, sirviendo dos tazas de licor dulce mientras Gai parece ansioso, preguntando qué clase de té es ese y soltando suaves preguntas al respecto del lugar que Kakashi deja de oír desde el primer trago, manteniendo conversaciones fugaces y unilaterales que no terminan en ningún lugar antes de que Gai no lo recuerde.
Sin embargo, Kakashi cree que se siente bien y su corazón se acelera. Puede ser el alcohol, o el cansancio, o la emoción, y podría no tener nada que ver con la sonrisa mitad borracha y mitad dulce que le da Gai, haciendo que sus mejillas se sientan calientes debajo de su máscara mientras siguen balbuceando las mismas historias tontas y riendo sobre los mismos chistes (una ventaja de su memoria corta era que Gai siempre se reiría de sus chistes).
Gai habla sin parar, se acaba la botella en tiempo record y repite tantas veces la misma pregunta que Kakashi se siente más mareado de lo que debería. Aunque también inquietantemente feliz.
— Ah, típico del hombre de mi destino — Gai está girando en la cama después de un rato, golpeando las almohadas al rincón mientras gatea en la superficie — Siempre tan moderno y genial.
Kakashi quiere preguntarle a Gai que hace, pero solo puede quedarse en donde está, ebrio y medio dormido cuando Gai termina de acurrucarse en el lado contrario al suyo, robando su almohada.
— ¿Por qué te estás cobijando? — Kakashi pregunta y sus palabras se oyen lentas, quiere preguntarle a Gai como lo escucha pero no sabe si Gai lo escucha.
— Me siento extraño, así que voy a dormir — dice, ahora envuelto en el cobertor con estampado de perro.
— Te dije que estábamos en mi departamento, esta no es tu cama — murmura, arrastrándose sobre sus propias sábanas antes de que vea a Gai girarse. Abarca más espacio de lo que debería pero todavía hay lugar suficiente para los dos.
— ¿No lo es? — a pesar de su pregunta, Gai no se mueve, comenzando a quedarse dormido tan velozmente que Kakashi piensa en hacer una broma sobre que Gai olvidó como era estar despierto. Pero considera que la broma no tiene sentido incluso para él.
— Gai… ¿Gai? — Kakashi susurra, moviendo a Gai al mismo tiempo que sabe que es un caso perdido. No lo despertaría, y si lo hacía, entonces tendría que irlo a dejar a su departamento porque el chico realmente estaba ebrio y mucho más confundido que de costumbre (y era su culpa) (Y Genma lo mataría si lo veía).
Mueve las sábanas otra vez, pensando en ir al sillón para dormir antes de su cuerpo indique lo contrario y se recueste en su lugar, pensando que de todos modos Gai no lo recordaría por la mañana.
Aun así, probablemente era mala idea dormir en la misma cama que Gai, o inapropiado, pero el calor en su cuerpo parece agradable y se desliza debajo de la misma sábana, tentando a rozar con los dedos a Gai por razones desconocidas.
Sin embargo, fácilmente podría culpar al alcohol
Aunque no lo culpa.
Su segunda pelea con Kisame es a mitad de un desierto lleno de agua.
Gai parpadea ante el hombre azul con la enorme espada, sin recordar en qué momento había decidido llevar a sus alumnos a la playa y sorprendido de lo enrome que era ese pez.
— ¡Bestia Verde, nos volvemos a encontrar! — el hombre de la enorme espada apunta y Gai ladea el rostro, mirando sobre su hombro a sus alumnos que estaban bastante quietos.
— Oigan, ¿a quién le habla este tipo? — su voz es baja cuando murmura, tomándose unos momentos para distinguir quién de sus alumnos era cual antes de observar el mar, ¡genial! Estaban en la playa, pero, ¿por qué estaban ahí?
— ¡Te hablo a ti, pedazo de idiota! — un hombre azul dice y Gai gira a él, sorprendiéndose porque un pez pudiera hablar — ¡Tú eres la Noble Bestia Verde de Konoha! Temido en todo el mundo, ¡famoso por usar una técnica prohibida!
La espada levanta el agua en un ademán y las cejas de Gai se alzan, mirando al hombre con interés — ¡Wow, ese nombre suena genial! Me gustaría conocer a ese gran shinobi del que hablas.
Kisame aprieta los dientes, agitando su espada con frustración y creando una pequeña ola — ¿Te estás burlando de mí? ¡La Bestia Verde eres tú!
— ¿Yo? — el dedo de Gai apunta a su propio pecho — ¿Yo qué?
— ¡Tú eres la Bestia Verde! — Kisame gruñe, tallando los dientes.
— ¿La Bestia Verde? — Gai acaricia lentamente su barbilla — No sé quién ese ese sujeto, ¡pero ese nombre suena genial!
Los tres niños detrás de él tuercen los ojos por alguna razón, pero Gai solo puede mirar al hombre azul y gigante que de repente ha aparecido al frente de ellos.
— De todos modos, ¿quién eres tú?
Kisame suspira con derrota.
Tal vez la Bestia Verde no lo recordaba… pero al menos tampoco se recordaba a sí mismo.
La cuarta guerra ninja se desata rápidamente después de eso y los lleva a todos al campo de batalla.
Kakashi va al frente de la guerra, dirigiendo todo el ejército antes de que Tsunade lo haga hacer guardia y Kakashi tenga la oportunidad de tener un hombre de confianza junto a él para cuando levantan el campamento a mitad de la batalla en el camino.
Gai mira el mapa en sus manos, luchando por entender algo entre la luz anaranjada antes de levantar la vista y distinguir la silueta de su rival a unos metros de él, rebuscando entre hojas y papeles antes de que pueda sentarse al centro.
— Kashi… ¿estamos acampando? — Gai murmura, escuchando los pasos afuera. Golpes de lluvia y entrenamiento. Susurros acalorados, miedo, dolor.
No necesita más respuesta que la preocupación de Kakashi cuando lo ve. La sombra debajo de su ojo. La tensión. Tal vez Gai no podía diferenciarlo de otras personas pero todavía sabía entender el miedo.
— ¿Otra guerra? — su pregunta tiembla y se arrastra sobre el piso, sentándose a un lado de Kakashi y dejando el mapa cerca de sus pies. Por el camino marcado, podía adivinar que llevaban días en el campo de batalla — Todo estará bien, Rival, ¡saldremos de esto!
Gai no tiene modo de saber que ha dicho eso al menos veinte veces en la última hora, y Kakashi no tiene modo de decir que cada vez que lo escucha, le quiere creer.
— Lo sé, lo haremos — su sonrisa vacila, volviéndose algo demasiado similar a la decepción mientras mueve los papales sobre una pila como si no tuvieran importancia — Es solo que…
Sus palabras cuelgan y se sienten frías. Afuera el ruido de todo el ejército moviéndose hace sentir ansioso a Gai. Quiere salir y pelear, avanzar, correr, pero no puede dejar solo a Kakashi. Es una orden, pero Gai no puede recordar algo como eso y solo lo hace por pura reacción.
— Puedes decirme lo que sea, Kashi, ¡no tengas miedo de expresar tus sentimientos! ¡Es normal estar asustado!
El discurso de Gai es algo que aprendió a decir, porque Gai no sabe si es normal. El miedo va y viene junto con las emociones y ahora está tranquilo. Quiere que Kashi esté tranquilo.
— Esta podría ser la última vez que nos veamos — su ojo cansado parpadea y Gai sigue el movimiento. Pestañas, ojo, ceja, párpado. Quiere poder grabar eso en su cabeza y se siente repentinamente eufórico y molesto. Frustrado.
El pensamiento de saber que eso no significa nada para él es una tortura.
— ¡Nos veremos de nuevo! ¡Tenlo por seguro! — grita, incluso cuando no sabe contra qué están luchando, o cuántos están luchando, o si ya lucharon.
No puede decir si el enemigo es mejor. No sabe quiénes son los aliados pero deja que su mente descanse en las conjeturas de su corazón para confiar en ellos cuando llegue el momento.
— Sí, pero… creo que quería hablar contigo, incluso si después tú no…
Kakashi cierra la boca y muerde sus palabras con miedo y arrepentimiento.
Que absurdo. No era como si Gai no se hubiera imaginado que algo no estaba bien con él, sin embargo, tal vez podía imaginar que no lo había dicho en voz alta. No había tenido mucho tiempo para hacerlo.
— Algo está mal conmigo, ¿no? — la mirada de Kakashi se aprieta con la pregunta, pero Gai no lo deja negar — Lo sé, lo presiento. ¿Puedes decirme lo que es?
Debajo de la máscara Gai ve los labios de Kakashi temblar. Gestos que no llegan a su cabeza con algo de sentido antes de que Kakashi parezca llenarse de fortaleza.
— Cada pocos minutos olvidas… todo — es una línea simple, pero hace que el corazón de Gai duela. No por los recuerdos que no posee, sino por la forma en la que parece afectar a Kashi. Por el modo en el que parece sufrir al respecto.
Gai no quisiera, pero no sabe cómo, es la primera vez que lo escucha y sin embargo, realmente no sabe si es la primera vez. Tampoco tendrá idea de si será la última.
— Lo siento — se disculpa incluso si no tiene sentido. Se disculpa en nombre de lo que tal vez Kakashi perdió. Gai no lo sabrá nunca.
— Esta bien, es solo… que todavía hay una cosa que me hubiera gustado decirte — una sonrisa chueca sale de entre la máscara, y Gai se pregunta si siempre tuvo esa máscara. No lo sabe. Kashi podría ser totalmente distinto en un momento y no importaría para él. Sin embargo, quiere que se quede.
— Entonces dilo — Gai infla el pecho, mirando la extraña tensión y el nerviosismo implícito, como si Kakashi fuera a decir algo vergonzoso — Dices que no lo recordaré, ¿no? ¡Entonces no hay problema, Kashi, desahógate! ¡Puedes decirlo!
El ojo vidrioso de Kakashi se entrecierra y sus manos se aprietan en puños firmes cuando endereza la espalda, girándose a él con decisión.
Hay una voz. La voz de Kashi, diciendo algo en un murmuro firme, haciendo que las mejillas de Gai se calienten y su corazón lata con fuerza.
Sin embargo, parpadea y no sabe dónde está, pero puede escuchar el ruido de la gente afuera y el silbido del viento. También puede escuchar el ritmo frenético de su corazón y una emoción extraña, aunque se pregunta por qué.
— Kashi… — murmura, notando una inusual tensión en su rival — ¿Estamos en guerra?
A pesar de la respuesta afirmativa de Kakashi, Gai no puede abandonar esa sensación en su pecho.
Agradable.
Felicidad.
“Incluso si los recuerdos se desvanecen, los sentimientos siempre permanecerían.”
Entonces, Gai está en el campo de batalla.
Hay muchos gritos y mucho terror. Tiene algunas costillas rotas y casi no le queda energía, pero no tiene tiempo para flaquear cuando parpadea y mira al frente, sobre el hombre que vuela y se burla de ellos con maldad.
— Gai, no estarás pensando… — la voz de Kashi suena desde atrás, y Gai puede saberlo. Lo entiende. Jamás ha visto a ese tipo pero su cuerpo vibra con anticipación, como si supiera algo más de lo que entiende él.
Alguien que se parece al viejo maestro de Kakashi habla, pero Gai no escucha lo que dice, en cambio está escuchando una voz en su mente, algo que debería ser el primer recuerdo consciente al que puede acceder, incluso si solo se trata de una voz.
“Escucha, Gai…” la voz espesa de su padre. Ya no recuerda cuál era su nombre pero hay un sentimiento de amor con él.
En su habitación hay una fotografía de Dai, pero cada vez que Gai ve ahí, no hay nada que lo conecté a su padre. No hay nada que pueda entender, y aun así, su pecho silba con emoción ante el pensamiento.
“La fuerza no se mide de esa manera” su mano debió haberse sentido grande en su cabeza “No es importante cuánto puedas destruir… sino cuánto puedas proteger”.
Gai sonríe, mirando con firmeza al hombre que ha aparecido de pronto. Y sabe lo que tiene que hacer.
— No llores por mí, Lee… — Gai habla, dándole un suave pulgar — Conviértete en un hombre fuerte y genial, con una sonrisa fuerte y genial, como la mía.
Gai no mira atrás cuando salta, aun cuando la voz de Kashi lo llama algunas veces
Sabe que si voltea, no reconocerá a nadie. No habrá nada de esa imagen que se pueda llevar.
Y aun así, cree que le hubiera gustado poder despedirse de su Rival.
Hubiera querido poder pensar en su rostro mientras abría la octava puerta.
Gai despierta abruptamente, luchando contra una sensación de bruma y cansancio mientras trata de entender su alrededor, mirando con extrañeza el cuarto de hospital, la manta azul y la taza de agua entre sus dedos rígidos.
Está vestido con la bata de hospital, lo que no es buena señal, y por lo que alcanza a ver la mitad de su cuerpo está vendado. No sabe cuánto tiempo lleva ahí, pero ya lo odia, y por unos momentos piensa en ponerse de pie si no fuera por lo pesada que se siente su pierna derecha.
— Oh, con cuidado, no puedes levantarte aun — una voz dice y Gai voltea, encontrando a Kashi sentado a su lado, sonriendo amablemente mientras sostiene un plato de lo que parece la sopa horrenda del hospital.
— Kashi, ¿qué hago aquí? — Gai parpadea, sintiendo el sabor de la sopa insípida y horrible, lo que solo puede decir que llevaba unos días en ese lugar… o quizá más. Su cuerpo se sentía extrañamente revuelto en su interior — ¿Me caí?
Su pregunta tiene que ver con su pierna y Gai extiende la mano, acariciando el borde de la venda y sorprendido con que abajo no sienta nada más que un hormigueo de dolor.
— Mmn, algo así — Kakashi mueve la sopa en el plato y Gai puede decir que Kashi tiene algo diferente, pero no sabe qué.
El sombrero de Hokage. Dos ojos. Gai no puede notar ninguno de los dos.
— Debió ser una caída fea — Gai se ríe lentamente, exhausto, como si pudiera llevar meses ahí, aunque no puede pensar en una herida tan profunda.
— Lo fue — Kashi se ríe, y la forma en la que se ríe es tan libre que confunde a Gai y por un momento duda que sea su Rival.
Sin embargo, lo es. Un poco distinto, accesible. Lo es.
— Bueno, espero que Tsunade-sama pueda curarme pronto, quiero levantarme de aquí — dice y Kakashi tararea, moviendo algo en un plato que parce sopa insípida de hospital. Gai ya la odia. Lo hace pensar que lleva demasiado tiempo ahí, aunque no está seguro, podría estar muriendo, aunque solo le duele la pierna.
— Ya veremos, Gai.
Kakashi levanta la cuchara y lo alimenta. Gai abre la boca, sin recordar desde cuándo su Rival era tan amable, aunque no había modo de que ese no fuera Kakashi, ¿no? Incluso si Gai sospechaba que había algo diferente en él.
— Kashi… ¿qué le pasó a mi pierna? — el dolor punzante le arde — ¿Me caí?
Los ojos de Kashi se cierran en una sonrisa y no responde, lo que a Gai no le importa mucho porque ya no recuerda lo que preguntó. El dolor en la pierna era terrible. ¿Qué le había pasado? ¿Se había quemado con algo?
— ¡Sensei! — la puerta se abre repentinamente y Gai sonríe, mirando el corte liso y los chongos gemelos entrando en la habitación.
— ¡Mis queridos alumnos! — Gai sonríe, extendiendo los brazos a los niños que se veían más grandes de lo que Gai tenía idea que eran.
— ¿Cómo está hoy, sensei? — TenTen sonríe, aunque Gai puede notar la preocupación en ambos.
— ¡Estoy fantástico, disfrutando de mi juventud! — les da un pulgar, y por alguna razón se siente como si tuviera la mitad del cuerpo desgarrado desde adentro — No se preocupen por mí, solo me rompí una pierna, ¡no es para tanto!
Por sus rostros, Gai sospecha que en realidad si era para tanto, pero cuando mira a un lado encuentra a Kashi y luego se da cuenta de que está en el hospital. Lo que tiene sentido, su pierna lo estaba matando.
— De todos modos — Gai parpadea, mirando a sus amados alumnos — ¿Dónde está Neji?
Después de eso, la habitación se queda en silencio.
La silla de ruedas es necesaria, como insiste Kakashi cuando va por él, pero Gai sigue diciendo que no la necesita, intentando escapar de ella en más de una ocasión hasta que el dolor de la pierna es tanto que no tiene la fuerza para levantarse ni otro pensamiento que no sea la punzada bajo la piel.
Es un proceso lento, como todos esperaban, pero Gai se acostumbra a la silla en menos de un mes, reaccionando a tiempo cada vez que parece reiniciarse para no levantarse, y también deja de preguntar por su lesión lo suficiente para permitir que Kakashi lo empuje libremente por el pueblo, animándose a decirle la verdad después de detenerse por algunos minutos en el viejo campo de entrenamiento que Gai mira con extrañeza.
— Abriste la octava puerta — la voz de Kakashi es baja y cautelosa, pero basta para que Gai gire hacia él, como hizo hace tanto tiempo.
— ¿Qué? — Gai arquea las cejas — ¡Claro que no, Rival, de ser así, habría muerto!
La risa de Gai sale, deshaciéndose cuando el rostro de Kakashi permanece serio y eso realmente dice algo.
Sus ojos bajan. La lesión de la pierna. El ahora nulo control de chakra. La imposibilidad de abrir cualquier puerta. El dolor. Las cicatrices. La silla de ruedas.
— Oh… — sus manos sostienen los neumáticos a los lados — ¿Y cómo fue…?
— Naruto — susurra — Estábamos en guerra.
Gai mira al piso, pensando en la marca en su pecho. No era como si supiera si eso estaba ahí antes, pero lo había sentido. Era lo que mantenía su cuerpo completo.
— Así que la guerra — sus hombros suben, y por un momento casi desea poder saber quién fue capaz de orillarlo a abrir las puertas. Pero no tenía sentido. Recordar esa clase de cosas pasadas y dolorosas no tenía valor.
En cambio…
— Entonces… Neji murió, ¿verdad?
Los ojos de Kakashi se vuelven brillantes. Su cabeza hace un movimiento y Gai lo entiende, clavando los dedos en sus ruedas mientras comienza a girar, aplastando las pequeñas hojas del camino.
— Gai, ¿a dónde vas?
— Al cementerio.
A mitad de su discurso, Gai pestañea, mirando las flores en sus manos mientras la silla da un movimiento más y sus ojos alcanzan a leer la lápida delante de él.
“Maito Dai”
— Ah, entonces aquí estabas, papá — Gai murmura, dejando una flor antes de girar a un lado, donde Kashi permanece de pie con las manos en los bolsillos — Entonces, ¿Asu y Rin también están aquí?
Kakashi asiente, y Gai lo lamenta demasiado, suspirando cuando se gira y lleva la silla a través de todos los nombres.
— Lo siento, mi buen amigo — susurra cuando alcanza a Asuma, dejando una flor en sus pies — Kure está bien, ¡y tienen una hija!
Su risa surge apenas, cortándose cuando Gai alcanza a leer el nombre y su cerebro vuelve a relacionar la información. Asuma Sarutobi.
— Kashi… — su voz raspa y Gai levanta la mirada, apretando el ramo de flores restante contra él — ¿En dónde está Neji?
Un dedo apunta más allá, y Gai se mueve por sí mismo.
Incluso si no lo recuerda, sabe que su alumno lo hizo con orgullo y valor, porque no había forma de que pudiera existir otra clase de batalla o sacrificio para alguno de sus alumnos.
Sobre la lápida de Neji, Gai escucha nuevamente las palabras de su padre y el sentimiento lo hace sonreír.
“No es importante cuánto puedas destruir… sino cuánto puedas proteger”
Sabe que Neji hizo ese juramento suyo.
Resulta que Kakashi es el nuevo Hokage. El sexto, por lo que puede oír de la explicación reiterada de Tenzou después de que Gai ha abierto la puerta de la oficina en busca de su Rival para un desafío a mitad de una junta importante.
A pesar de las palabras de todos, Gai insiste en llevarse a sí mismo por todos lados, arrastrando la silla de ruedas mientras se detiene de vez en cuando y se pregunta qué estaba haciendo, o hacia donde iba, o por qué no podía pararse, o incluso cuestionándose la razón de un par de ANBU detrás de él.
Así que Tenzou no puede hacer realmente mucho antes de que Gai esté en los pasillos de la torre Hokage otra vez, exigiendo hablar con Kakashi por un desafío e incluso para preguntarle a Tenzou porque Kakashi estaba en la oficina de Tsunade (y de paso porque estaba en una silla de ruedas, y el nombre de Tenzou, si eso tenía algún sentido).
Después de unas semanas en donde Gai se ha paseado por la oficina, charlando con todos los trabajadores, interrumpiendo a Kakashi casi todo el tiempo e incluso después de que Tenzou hace una rampa especial para él, Shizune se para frente a Kakashi con las manos en las caderas mientras mira al chico, que por supuesto ya olvidó donde está.
— Tienes que hacer algo — su voz es un fastidio y Kakashi baja el libro delante de él, pensando si estar tanto tiempo con Shikamaru lo había vuelto flojo. Aunque realmente lo duda y podría ser un talento natural.
— ¿Por qué? Gai no está haciendo nada malo — sus manos aprietan el papel que finge leer, manteniendo a cubierto el Icha Icha que está leyendo por segunda vez en el día fuera de la vista de Shizune.
Ella levanta los hombros con cansancio pero no lo contradice, sino que arquea las cejas como si su insinuación fuera obvia (y en opinión de Kakashi, no lo fue).
— Eso lo sé, pero me refiero a... — y baja la voz, como si Gai no estuviera hablando con el pequeño cerdo de Tsunade y preguntándole su nombre por séptima vez consecutiva — Gai no se va de aquí por una razón, Kakashi, ¡le debes algo! Así que sé un hombre y hazlo.
Las manos de Shizune golpean el escrito con valentía. Lo es, por supuesto, y Kakashi se hunde en su lugar mientras siente su rostro ponerse caliente y no precisamente porque los protagonistas de Icha Icha se estén besando.
(Oh, espera, ni siquiera lo estaban haciendo).
Shizune no dice nada más mientras sale, despidiéndose de Gai y llevándose a su cerdo consigo antes de que la puerta se cierre suavemente tras de ella.
— Kashi... ¿quién era esa chica? Creo que la he visto antes — Gai pregunta mientras se desliza al escritorio, recogiendo algunas hojas en sus manos antes de suspirar — De todos modos, ¿por qué estamos aquí?
Kakashi gira en su silla a la ventana y pasa a la siguiente página de su libro.
Las confesiones de amor siempre llevan besos apasionados después.
Considera que Jiraiya pudo ser un poco mentiroso al respecto.
Kakashi está seguro de que es más fácil cuidar a Gai en su nueva casa, aún cuando Gai dice que no necesita ser cuidado, pero Gai tampoco sabe qué día es o dónde queda su nariz, por lo que Kakashi no toma en cuenta su opinión.
Lo acomoda en la habitación al lado de la suya para el otoño y descubre que Gai se mantiene más en casa cuando Kakashi vuelve cada noche ahí, prometiendo reunirse siempre que pueda escapar temprano. Lo que sucede a menudo. Shizune no nota los clones de sombra y a Shikamaru no le importan.
Tenzou se enoja pero Kakashi siempre puede cerrar la puerta de su departamento en su cara, y la mitad de las veces solo por diversión.
— Hoy es el festival de año nuevo — dice Kakashi al final del último mes, empujando una taza de café frente a Gai, que está leyendo la misma hoja del periódico de hace cinco meses por décima ocasión.
Sus ojos negros suben y lo observan atentamente por un largo segundo antes de sonreírle, lo que Kakashi ha sabido entender como el lapso que le lleva a Gai comprender con quien habla.
— ¡Eso es genial! El año nuevo siempre significa un nuevo comienzo, nuevas oportunidades y nuevas experiencias — Gai levanta el pulgar y se gira a la mesa entre los dos, recogiendo la taza de café antes de mirar con duda el periódico colgando en su mano que no sabe cuándo fue que llegó ahí.
— Supongo que sí — dice y sorbe de su propio café, consciente de que el sabor era demasiado fuerte, pero quería mantenerse despierto para el cumpleaños de Gai — Oye, ¿te gustaría ver los fuegos artificiales desde afuera?
Antes de terminar su pregunta Gai ya ha abandonado el periódico viejo, deslizándose ansioso a la puerta con un movimiento fluido de las llantas sobre el piso plano que Tenzou había acondicionado para él como una misión secreta de rango "S" especial para el Hokage.
— ¡Vamos, Kashi, hay que verlos! — la intensidad en el tono de Gai lo anima y Kakashi se desliza detrás de él, sosteniendo el borde de la silla de ruedas mientras empuja a Gai al frente y abre la puerta con una mano, llevándolos a ambos al patio extenso de su nuevo hogar, secretamente pensando para la comodidad de Gai en su nueva y vieja condición.
— Todavía faltan algunos minutos, pero estoy seguro de que pronto se verán — gira el ángulo hacia el monte donde extienden el festival y por unos momentos puede imaginarse el bullicio.
Sabe que Gai lo amaría, pero Gai también hace gestos de dolor en las tardes frías y Kakashi no puede arriesgarlo a mantenerlo mucho tiempo afuera, sin importar la juventud que Gai todavía asegure tener.
— Muy bien — Gai asiente y levanta un pulgar, mirando el horizonte antes de fruncir un poco el ceño — ¿Qué están festejando?
Kakashi sonríe. La sonrisa raspa su máscara desde adentro y el sentimiento extraño de pérdida y logro se acentúa en su pecho cuando se arrodilla a un lado de su compañero.
Incluso si Gai se perdía a menudo, toda la muestra de lo mucho que se había esforzado estaba ahí. Cada cicatriz, dolor, sufrimiento, pérdida, logro, sueño, anhelo.
Gai se las arregló para lograr lo imposible con lo que tenía. Menos de lo que Kakashi tuvo. Pero mucha más voluntad como para moverlos a los dos.
— Gai, estar a tu lado ha sido una aventura digna de vivirse — sus ojos se aprietan en una sonrisa y Gai le devuelve el gesto, mirando los pequeños bordes con arrugas finas que parecen fondos de hojas a principios de invierno.
— Me alegro mucho, Rival — Gai levanta su pose y siente una punzada de dolor en algún lado, pero como cada día no deja que eso lo detenga. Hasta ahora, lo único que había sabido hacer era pelear. Siempre contra lo desconocido. Y siempre había ganado — Nuestra rivalidad es estimulante.
Y sin embargo, no tiene idea de quién va ganando. Tampoco sabe cuándo fue el último desafío, pero cuando ve a Kakashi, tiene la certeza de que está ahí.
— Gai, hace tiempo, te dije algo importante — Kakashi mira al monte donde las luces del festival parpadean, pero luego parece demasiado concentrado cuando lo mira y Gai percibe el sondeo de su mano cerca de su pierna.
Sus dedos terminan en su brazo y Gai ladea un poco el rostro en interrogación. Hay una mirada inusual en Kakashi, pero Gai no la reconoce porque Kakashi ha deslizando su máscara hacia abajo y su expresión es una revoltura de gestos inentendibles.
Parece que va a decir algo importante, algo que Gai no puede imaginar pero basta para que su estómago sienta mariposas y su corazón se caliente.
No hay nada que pueda decir sobre el hombre que lo mira. Nariz. Boca. Rastros de edad. Por primera vez descubre que Kakashi tiene una marca al lado de sus labios que habla sobre lo mucho que se ha reído en su vida y la idea lo hace feliz. Lo hace preguntarse si él también lo tiene, Gai ha mirado su rostro en el espejo tantas veces, pero aun lo olvida.
— ¿Tan feo soy? — Kakashi bromea ante el gesto de Gai, y aunque su sonrisa es agradable Gai no puede decirlo.
Guapo, feo, bonito. No entiende nada. Hace tiempo que todo eso dejó de tener importancia para él.
Aun así, cree que Kakashi podría ser lo más hermoso que ha visto.
— ¡Para nada, Rival, tú eres...!
Y luego Kakashi hace un movimiento y sus labios están sobre los suyos, atrapando su respiración.
Sus ojos se cierran y por unos segundos no sabe qué está pasando. La suavidad. La emoción. Sus manos se levantan pero solo es para tocar el cabello de Kakashi en una confirmación de que sea él, porque tal vez incluso ahí no puede saberlo.
Kakashi suspira en el beso, apenas haciendo algo, tiene tantas cosas por decir y tantas cosas que tratar de justificar o inventar o aceptar, pero solo cuelga en ese momento, con los labios atrapando los labios de Gai.
El ruido de los fuegos artificiales los hace separarse y ambos miran ahí, quedándose en silencio por lo que las luces duran.
Son tan fugaces, pero Kakashi guarda la imagen en su memoria para siempre.
Las chispas brillantes sobre la oscuridad por unos segundos.
Esos segundos bastan para iluminar.
— Feliz cumpleaños, Gai — Kakashi lo felicita y acaricia su brazo. Así de cerca, puede ver cada pequeño rastro de todo. Quiere pensar que él también está ahí.
— Gracias, Kashi — sus ojos se cierran levemente cuando lo mira, claramente confundido con su rostro antes de que su sonrisa confiada haga brillar el patio — Un nuevo año siempre son nuevas oportunidades.
En un movimiento amistoso Kakashi asiente y sube su máscara, acariciando la mano de Gai antes de que sienta sus dedos ponerse tensos y el leve rastro de inocencia comenzar a fluir.
— Kashi, ¿por qué estamos afuera? Hace mucho frío — Gai dice con toda la energía que le queda, lo que es mucha incluso para la media noche y hace que la tensión en el cuerpo de Kakashi se haga ligera — Vamos adentro, Rival.
— De acuerdo, de todos modos, estoy exhausto — sus manos comienzan a girar la silla con tranquilidad.
Después de todo, las cosas son así. Algo sucede y Gai no olvida. Kakashi no puede exigirle nada más. No sería justo para Gai. Y hasta ahora, eso había funcionado de maravilla.
— Kashi — las manos de Gai tocan las ruedas y el movimiento los detiene en la entrada. No es un movimiento que pueda impedirle seguir, pero Kakashi se detiene de todos modos — Justo ahora, ¿pasó algo importante?
La cabeza de Gai mira arriba y sus ojos se encuentran. Un suspiro brota de él y piensa que no necesita nada más en la vida que estar a su lado. Kakashi adora cada pequeño gesto de Gai.
— Mmn, tal vez — dice, recargando sus manos en el respaldo de metal — ¿Por qué lo dices?
— ¡Porque me siento muy feliz! ¡Es como... si hubiera sucedido algo maravilloso! — dice con su tono alegre y sincero. Su emoción autentica calienta su cuerpo que rápidamente se enfría — Quisiera poder volver a sentirlo, ¿fue algo que hiciste? ¡¿Crees que podrías volver a hacerlo?!
Kakashi ahoga una carcajada y empuja la silla de Gai — Tal vez lo haga... ¿quién sabe? Quizá incluso lo haga de nuevo esta noche.
Gai tararea y sus ojos se levantan de nuevo cuando cruza el umbral — ¿Mnh? ¿Qué cosa harás esta noche?
— Tan moderno y genial como siempre, Gai — dice Kakashi, cerrando la puerta.
