Chapter Text
—Entonces no hay nada más que discutir —Dijo la reina juntando ambas manos después de haber dado su veredicto final.
—Reina, le prometo que no la decepcionaré; usted dejó la fabrica en manos de la persona correcta —Respondí emocionada tomándole de la mano, recibiendo a cambio una cálida sonrisa.
La reina tenía ya cincuenta años, se le notaba en la cara que el peso de sus responsabilidades iban a terminar de hacerla sufrir hasta en sus días de vejez. Ella tenía que disfrutar del tiempo que le quedaba, no tenía otra alternativa que pensar en una nueva persona que tomara el control de tan ardua tarea como cuidar la fábrica.
Puedo recordar que pensó en Bello y en mí para asumir tal responsabilidad, pero no pudo decidirse hasta el final de la semana.
Por un lado, Bello sabía perfectamente cómo funcionaba la fábrica y cómo mantenerla a flote, pero la única razón por la quería la fábrica era para presumir de un favoritismo imaginario. Debo admitir que tenía conocimientos tan elevados como su narcisismo, estaba muy poco preparado para lo que el futuro nos aguardaba y eso lo ponía en desventaja.
Si el día de mañana, la fábrica se llegaba a descomponer o a operar incorrectamente, él sería la última persona que sabría qué hacer al respecto.
Por otro lado, yo no tenía interés en cosas tan triviales. Los planes que ya tenía pensados para ejecutar cuando asumiera el control me nublaban el juicio e inclusive mi sentido de la moral en sí, moral...la única cosa en la que cualquier habitante de Jammbo podía superarme. De todas formas, no era como si me importara en lo más mínimo.
Para entonces ya estaba claro que mis intenciones y mi visión lejana del futuro no se comparaban para nada a las de Bello.
Al final fue evidente quien debía hacerse con la fabrica; la reina sabía perfectamente que no podíamos trabajar juntos por el odio que nos teníamos mutuamente, mucho de este, originado por algunos asuntos personales.
De todas formas, logré convencerla; su preocupación por el futuro la llevó a elegirme a mí.
Si no me falla la memoria, después de esta decisión, Bello tuvo una larga discusión con la reina cuestionando su juicio; no pude escuchar esa conversación tan privada, pero me hacía la idea de que Bello no asumiría del todo su derrota hasta dentro de algún tiempo.
Lo vi salir sin rumbo fijo de la fabrica luego de murmurar algunas cosas muy enojado mientras bajaba las escaleras, y esa fue la última vez que lo vi.
Esto fue hace ya ocho años y, de haber sabido lo que iba a pasar, nunca habría aceptado este puesto.
Ni por todo el conocimiento del universo.
